[P/L@] Tecnología apropiada y apropiable
UN FANTASMA RECORRE EL MUNDO VIRTUAL
Linux es un sistema operativo libre, que se distribuye gratuitamente. Su
configuración es parecida a la de Windows, sólo que más flexible y más
estable y sigue en continuo desarrollo bajo la coordinación de Linus
Torvalds, la persona que inició este proyecto. Linux se puede utilizar en
las plataformas 386, 486, Pentium, Pentium Pro, Pentium II/III/IV y hasta
en las ya viejas Amiga y Atari.
(Pagina12web.com.ar)
Manifiesto linuxista
Por Leonardo Moledo
@Un fantasma recorre el mundo virtual: el espectro del software libre.
Contra este fantasma se han conjurado en santa jauría todas las potencias
del software encabezadas por Microsoft. La historia de la informática es la
historia de la lucha entre programadores y usuarios, y la actual sociedad
virtual no ha abolido ese conflicto; lo que ha hecho es crear nuevas formas
de opresión que sustituyeron a las antiguas. Sin embargo, nuestra época se
caracteriza por la concentración del poder y el mundo virtual tiende a
separarse abiertamente en dos campos antagónicos: Microsoft y los usuarios.
En los inicios de la historia de la computación, cuando las computadoras
apenas se veían en algunos laboratorios especializados, todos los programas
eran libres, pocas personas se dedicaban a desarrollarlos y en general
trabajaban en una gran comunidad donde el intercambio de los programas,
todavía en disquetes, facilitaba que pudieran ayudarse a mejorarlos. Era la
época del comunismo primitivo.
Pero las computadoras personales se multiplicaron, las necesidades
aumentaron; la clase media de los pequeños fabricantes de software hubo de
dejar paso a los grandes magnates virtuales, jefes de verdaderos ejércitos
informáticos. La gran industria del software creó el mercado mundial.
Condiciones virtuales de producción
Con la aparición de la PC, cuando las computadoras empezaron a ser masivas,
algunas empresas consideraron que no era bueno que cualquiera pudiera ver
cómo estaba hecho un programa: ellas habían invertido dinero en su
desarrollo y cualquier otra empresa podría utilizar sus avances para su
propio beneficio. Entonces escondieron el código fuente de los programas
-las instrucciones que los programadores le dan a la computadora- para que
sólo pudieran verlo quienes trabajaban allí, a la vez que se concentraban
hasta producir el monstruoso gigante casi monopólico de hoy en día:
Microsoft y su hijo Windows.
Pero Microsoft sólo puede existir revolucionando incesantemente (e
innecesariamente) los instrumentos de programación: los modelos de Windows
se suceden unos a otros, obligando a los usuarios a cambiarlos para
satisfacer la voracidad de los magnates informáticos que lanzan sin parar
nuevos productos al mercado. La propiedad privada del software obliga a las
empresas a sacar un nuevo modelo todos los años, y a cada uno debe
agregarle nuevas funciones para que los usuarios deseen adquirirla. Y como
un retraso en los tiempos pautados suele espantar a los inversionistas, los
programas salen a la venta con problemas que después deben resolverse a
través de parches (patches), que sólo pueden ser realizados por los mismos
programadores de la empresa, ya que su código fuente está oculto para el
resto de la humanidad. Así, el progreso se transforma dialécticamente en
retroceso, y las mejoras en dificultades.
Determinación en "última instancia" tecnológica
La burguesía informática ha logrado una expansión de las fuerzas
informáticas sin precedentes en la historia, que le ha permitido establecer
su propio código y régimen social de propiedad: las licencias, mediante las
cuales, quienes usan sus productos deben pagar regalías que después se
reciclan, aumentando la plusvalía extraída a los usuarios. Los softwares
más conocidos, como por ejemplo el sistema operativo Windows, permiten la
instalación en una sola máquina y no ofrecen la posibilidad de modificarlos
o ver cómo están hechos. Todos vienen con un documento que, en general, se
muestra durante la instalación. Este texto indica en qué forma es posible
usarlo, y en general establece que no es posible copiarlo ni modificarlo y
ni siquiera prestarlo. Probablemente, además, se vean obligados, si son
desarrollados en los Estados Unidos, a brindar un código para que los
organismos de seguridad tengan acceso a las máquinas, poniendo así el
trabajo de todo usuario al servicio de las agencias de control del país más
poderoso de la Tierra, aliado con la burguesía informática.
Pero la misma expansión de las fuerzas productivas de la burguesía
informática crea las condiciones de su propia destrucción. Incapaz de
satisfacerse con los meros productos comunes, se desarrolló Internet, que
abrió un nuevo espacio a las ambiciones de rapiña de esa burguesía,
condenando a los usuarios a explorar el mundo virtual con las herramientas
fabricadas por ella. Frente a esta inusitada expansión y dominación, que
llega a controlar el 95 por ciento de las computadoras del mundo, el
movimiento del "software libre" habilita al usuario a que vea cómo está
hecho, lo modifique y después pueda dárselo a quien quiera, en especial a
través de la red de redes. En el año 1984, y no por casualidad, Richard
Stallman, un investigador del Massachusetts Institute of Technology (MIT),
inició un movimiento para mantener el software y su código libre de las
trabas de las empresas y grandes emprendimientos de la burguesía
informática. Compartiendo los conocimientos, pensaba, la sociedad se
beneficiaría con mejores programas, fortaleciendo el poder del proletariado
de los bits: los usuarios.
El opio de los pueblos
Los programas de software libre son respuestas no sistemáticas que aparecen
por azar en diferentes lugares cuando un programador se enfrenta a la
difícil tarea de ensamblar las instrucciones necesarias para que su
computadora haga lo que él necesita. En un segundo momento, este mismo
programador, o algunos de ellos, dejan el programa en algún sitio de
Internet donde otros pueden enterarse de la existencia del proyecto y bajar
lo que está hecho para verlo, probarlo y modificarlo. Alrededor de este
programa se forman comunidades o células que se encargan de mejorarlo,
escribir la documentación necesaria, probarlo nuevamente. Al tener todos
los usuarios acceso al código, ellos mismos pueden trabajar hasta encontrar
la solución y después publicarla para todos los demás; de esta forma el
programa se somete prueba en diferentes configuraciones de computadoras lo
que facilita encontrar la mayor cantidad de errores posible. Gracias a la
dificultad de controlar Internet –o, dicho de otra manera, gracias a la
facilidad de intercambio que genera–, los más variados y flexibles
programas del software libre públicos, y no sometidos a la garra de la
propiedad privada, pueden aventajar a los grandes monstruos apropiados
individualmente, y garantizados por la impunidad y el secreto.
Base y superestructura
El software libre puede bajarse de Internet en tres versiones diferentes:
a) alpha, para desarrolladores; b) beta, para usuarios experimentados que
quieren probar las nuevas características y se arriesgan a que algunas
cosas no funcionen, pero tienen las herramientas para solucionarlas y c)
estable, para los usuarios finales. Las versiones alpha van introduciendo
las nuevas características que, a medida que van quedando sin problemas, se
incorporan a las versiones beta y estable. Como en este tipo de desarrollo
no se tiene la presión de la venta, los cambios se van realizando con
seguridad, y cuando llegan a la versión estable, ya tienen pocos o ningún
problema. Este es el camino que recorrieron algunos programas famosos como
Linux. Linux puede derrotar a los grandes gigantes de la burguesía
informática, e inaugurar una nueva sociedad sin clases,puesto que los
usuarios son a la vez los productores de los programas. En el mundo global,
hoy, los usuarios no tienen nada que perder más que sus cadenas
informáticas. ¡Usuarios del mundo uníos!
***
AVANCE DEL SOFTWARE LIBRE EN LA ADMINISTRACION PUBLICA
El otro pingüino
Linux -el sistema operativo libre representado por un pingüino- ya se usa
en varias dependencias oficiales y hay dos proyectos de ley sobre el tema.
Para pesar de Microsoft, la tendencia es mundial. El caso de Brasil.
Por Andrea Ferrari
En la Argentina cada vez gusta más el Pingüino. Pero en este caso el
Pingüino no es el presidente Néstor Kirchner, sino el símbolo de Linux, el
sistema operativo libre que compite con el todopoderoso Windows de
Microsoft y que no requiere pagar licencias. Siguiendo una tendencia
internacional, en Brasil ya anunciaron con bombos y platillos que la
administración pública adoptará el software libre. El gobierno de Lula lo
plantea no sólo como una posibilidad de ahorrar millones de dólares, sino
también como parte de una política tendiente a la "inclusión digital" de la
población. Por eso pretenden, según palabras del ministro de Cultura,
Gilberto Gil, que Brasil se convierta en "un polo mundial de software
libre". Aunque en la Argentina las definiciones son menos tajantes, el
proceso avanza en la misma dirección: este año ya hubo cuatro reuniones
organizadas por el Gobierno para analizar la implementación del software
libre en el Estado. Hay dos proyectos de ley para impulsar su adopción y en
varias dependencias públicas ya trabajan con Linux: sin ir más lejos, la
página Web de la Presidencia fue desarrollada con software libre. Aunque
todavía no le dicen adiós a Bill Gates, en estas tierras el Pingüino parece
estar avanzando a los saltos.
Si bien Microsoft sigue presente en la mayor parte de las computadoras del
mundo, la fuerza de Linux no ha dejado de crecer desde que fue creado por
un estudiante finlandés, Linus Torvalds, en 1991. Que se trate de un
software "libre" no sólo significa que es gratuito sino que sus códigos son
abiertos, lo cual permite adaptarlo a necesidades particulares y observar
sus “entrañas”, es decir saber exactamente cómo opera el sistema.
En la administración pública argentina, varias dependencias empezaron a
usar Linux en los últimos años para cubrir necesidades y tapar los huecos
que deja la falta de recursos económicos. Pero lo hacían sigilosamente, sin
demasiado respaldo. Quienes finalmente decidieron levantar la cabeza y
discutir abiertamente la implantación del software libre fueron Eduardo
Thill, director general de Gestión Informática, y Pedro Janices,
coordinador de Informática de la Secretaría de Medios de Comunicación. El
primer encuentro del llamado Ambito de Software Libre en el Estado Nacional
(ASLE) se realizó el 5 de mayo. Cuentan ellos que muchos les dijeron que
estaban locos, por lanzar una iniciativa semejante en plena etapa de cambio
de gobierno. Pero antes de la segunda reunión el emprendimiento ya había
sido declarado "de interés nacional" y recibido adhesiones de Brasil,
México, Venezuela y Cuba.
Con la nueva gestión, la iniciativa recibió un espaldarazo: en el tercer
encuentro estuvo presente el ministro de Interior, Aníbal Fernández, que
definió el proyecto como "un cambio político importante".
A punto de convocar a la quinta reunión, Thill y Janices consideran al ASLE
como un espacio de consenso, donde los responsables de la administración
pública pueden discutir el uso del software libre junto con organizaciones
sociales y expertos universitarios. Lo plantean como "una posibilidad de
elección" y niegan que exista un enfrentamiento con Microsoft u otras
empresas productoras de software. "Esto no es un RiverBoca", insisten.
- Sin embargo, a esas empresas esta iniciativa no les debe haber alegrado
mucho.
- En principio ellos lo tomaron como una cuestión de veredas enfrentadas
–admite Thill– y llegaron a solicitarle al secretario general de la
Presidencia que se derogara la declaración de interés nacional, porque
atentaba contra la producción nacional. Pero tuvimos una reunión con la
gente de la Cámara de Empresas de Software y Sistemas Informáticos (CESSI),
donde estuvieron representantes de cinco empresas, entre ellas Microsoft, y
entendieron cuál era nuestro objetivo. Y no es cierto que seatente contra
la producción nacional: tres de esas empresas hasta declararon tener una
política comercial basada en productos para ser usados con software libre.
Por ley
A la CESSI tampoco le cayó bien la presentación de proyectos de ley que
promueven el paso de la administración pública al software libre. En
noviembre pasado, la Cámara envió una carta a todos los legisladores para
oponerse a las iniciativas en curso, que consideraron "discriminatorias".
Ahora, esos proyectos, uno de Marcelo Dragán (Unión por Argentina) y otro
de Pablo Fontdevila (PJ), están siendo unificados en la Comisión de
Informática y Comunicaciones. El borrador del nuevo texto fija un orden de
preferencia para incorporar software en el Estado: a igualdad de otras
condiciones, se debe dar preferencia en primer lugar al software de código
abierto.
Además, establece que cualquier entidad que distribuya información debe
hacerlo en formato estándar: hoy, por ejemplo, para registrar el ISBN de
una publicación hay que hacerlo con Word, el procesador de texto de
Microsoft. Lo mismo con los accesos telemáticos, que no podrán obligar al
uso de software determinado como sucede ahora: existe información de la
AFIP que sólo puede verse con el Explorer.
¿Es necesario legislar el cambio? Enrique Chaparro, miembro de la
organización Vía Libre y asesor del diputado Dragán en este proyecto, da
dos motivos para hacerlo: “El primero es que el Estado trata y almacena
información que no le pertenece: la información es de los ciudadanos, por
eso hay un interés público en legislar sobre la materia. Debe haber
garantías de transparencia y supervivencia de esa información. Otra razón
es la necesidad de un acceso efectivo y sin discriminaciones de todos los
habitantes a las fuentes de información. Si uno tiene que usar un software
determinado para cumplir con sus obligaciones impositivas, eso es
discriminatorio".
En el Gobierno, en cambio, la idea de fijar una fecha en que las
computadoras del Estado deban pasarse forzosamente al software libre no les
convence: prefieren tomar decisiones caso por caso. “Hay plata invertida
en
productos licenciados -dice Thill-, eso se compró y no se va a tirar.
Cuando se venzan las licencias, veremos, porque habrá capacidad de elección
en base a la experiencia adquirida. Tenemos que hacer una buena
administración de recursos”. Porque si bien en el software libre no se
pagan licencias, Thill aclara que no es gratis: "Hay que capacitar gente,
dedicar tiempo y recursos. En la balanza de costos y beneficios, es
probable que al final salga más barato, pero hay que estudiar cada caso".
Nadie duda, en cambio, de las ventajas en materia de desarrollo y
seguridad: "El software libre nos da el código abierto, y desde el Estado
tenemos que garantizar la seguridad de los datos, no podemos tener un
código que no sabemos lo que hace. Tampoco comprar un paquete cerrado en el
que mañana tengamos que hacer una modificación y debamos acudir al
propietario de ese código".
Por ahora, sin embargo, la política estatal parece inclinarse por un avance
sostenido en la aplicación de Linux sin grandes gestos políticos al estilo
de Brasil ni choques con las empresas concernidas. Otros países eligen
caminos diferentes.
Los caminos del Pingüino
La revista británica The Economist contó recientemente que en mayo pasado
las autoridades de la ciudad alemana de Munich decidieron pasar sus 14.000
computadoras de Windows a Linux. El director ejecutivo de Microsoft
interrumpió sus vacaciones para intentar frenar ese cambio, ofreciendo todo
tipo de ventajas, pero se topó con una respuesta tajante. La decisión, le
dijeron, era una cuestión de principios: la municipalidad quería controlar
su destino tecnológico. "Lo que es más preocupante para Microsoft -dice The
Economist- es que Munich no está sola en esa visión. A lo ancho del globo,
muchos gobiernos están volcándose hacia el software de código abierto que,
contrariamente al software propietario, permite a los usuarios
inspeccionar, modificar y distribuir libremente sus programas. Cantidades
de gobiernos nacionales y locales han elaborado legislación en la que se
reclama preferencia para el software libre."
Uno de los ejemplos es el de Brasil. El gobierno de Lula pretende que al
menos el 80 por ciento de las computadoras que el Estado compre el año
próximo tengan software libre. Sergio Amadeu, a la cabeza del Instituto de
Tecnología de la Información, explicó así la política asumida: "Si hacemos
las cosas bien, más de 17 millones de personas tendrán acceso a
computadoras. Si cada una de ellas paga cien reales por paquetes de
software de escritorio, estaremos enviando al exterior 1700 millones (unos
600 millones de dólares) para pagar licencias. Sin el software libre es
imposible hacer una política de importante de inclusión digital".
"No tenemos nada en contra de Microsoft -agregó después-. Pero el modelo de
software comercial simplemente no es sostenible en los países en desarrollo."
***
JAVIER DIAZ, VICEDECANO DE INFORMATICA DE LA UNLP
"No hay forma de detenerlo"
Por Andrea Ferrari
"Creo que el software libre es una realidad innegable y no hay forma de
detenerlo", sostiene Javier Díaz, vicedecano de la Facultad de Informática
de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Díaz cree que el Gobierno
debería apoyar claramente el software libre y aquí explica por qué.
-¿Cuál es la situación del software libre en el país?
-El software libre no ha sido promovido aquí desde ninguna política activa
de gobierno. En este momento es una efervescencia, como en muchos lugares.
Es un movimiento basado en los individuos, con una apoyatura fuerte en el
desarrollo que hacen las Universidades. Está muy consolidado en todo lo que
son servidores, una tendencia internacional. En cambio, en la parte de
escritorio el avance es más lento, los productos que son más fáciles y
amigables son recientes. Sin embargo, la diferencia de costos hace que ya
haya máquinas con Linux en venta en un supermercado. La gente más joven no
está tan atada a un producto u otro, usa lo que le conviene. Y en la medida
en que haya desarrollo se lo va a usar más. En este momento hay un montón
de proyectos activos: más de la mitad de los desarrolladores del mundo
trabajan en software libre, por eso la tendencia es creciente, en pocos
años va a haber más utilitarios, más programas, más jueguitos.
-¿Qué política asumen otros países?
-Hay más de 20 países que lo apoyan y promueven su uso. En Alemania, por
ejemplo, es obligatorio para el gobierno. En cada país hay variantes
distintas, pero se lo promueve como forma de mantener la soberanía y la
sustentabilidad: no depender de que una empresa provea las soluciones. Por
otro lado, el modelo económico que sustenta software libre es un modelo
distinto, en vez de que el dinero vaya a un punto centralizado, es un
modelo más de derrame. Se paga al que brinda el mantenimiento, el soporte.
Pero al tener el código abierto se puede seguir con el proveedor o pasarse
a otro, no hay tanta concentración.
-¿Cuáles son las ventajas y desventajas del software libre?
-Muchos asocian las ventajas al costo de licencia y pertenencia. Pero no se
puede suponer que uno va a reemplazar productos estables simplemente
bajando y usando el software libre: se necesita capacitación y soporte
general. Es posible tenerlo porque existen los recursos humanos. Pero
también son ventajas importantes la seguridad y sustentabilidad: si soy el
dueño del producto instalado, nadie me puede condicionar el futuro
desarrollo. En cuanto a la seguridad, en este momento hay muchos problemas
que pasan por cuestiones que están instaladas y uno no lo sabe: puertas
traseras, lo que está oculto. El software libre, al ser abierto, da menos
chances de que eso ocurra, porque hay más ojos mirándolo. En ese aspecto,
diría que el software libre es más seguro.
-¿Cómo cree que debería ser la política estatal aquí?
-Creo que el software libre es una realidad innegable y no hay forma de
pararlo. Le da mucha libertad a la gente. Recientemente vino gente de Japón
que mostró lo que se gana en educación cuando los alumnos pueden
desarrollar sus productos y no depender de lo que dan otros. Yo pienso que
el Estado debería darle una clara línea de apoyo, porque es mucho más
racional apoyar un modelo de desarrollo en el que la gente puede participar
activamente, ya que el propio usuario interactúa con el desarrollador. Es
un modelo más activo de ciudadano.
***
La opinión de Gilberto Gil
"No debemos olvidarnos de que la cultura digital que hoy extiende su red
por todo el planeta vive momentos decisivos desde la perspectiva del
pensamiento transformador e incluso de la utopía. (...) Lo que vemos hoy en
el mundo, en la dimensión informática, digital, tiene su punto de partida
en el movimiento libertario de la contracultura. Nada más natural, por lo
tanto, desde esa perspectiva político-cultural, que un movimiento en favor
del software libre, a fin de viabilizar pragmáticamente un proyecto más de
nuestras utopías realistas.
"Es una posición estratégica. El software libre será esencial, fundamental,
para que tengamos libertad y autonomía en el mundo digital del siglo 21. Es
condición 'sine qua non' de cualquier proyecto verdaderamente democrático
de Inclusión Digital.
"No podemos contentarnos con ser eternos pagadores de royalties a los
propietarios de lenguajes y patrones cerrados. El software libre es lo
contrario de eso. Permitirá la inclusión masiva de las personas. Permitirá
el desarrollo de pequeñas empresas brasileñas, de nuestras futuras 'soft
houses'. Y podrá generar empleos para miles y miles de técnicos.
"Por todo esto, el Ministerio de Cultura del Gobierno de Lula piensa que
Brasil debe prepararse, concretamente, para convertirse en un polo de
software libre en el mundo...".
(Fragmento de un discurso pronunciado por el ministro de Cultura de Brasil,
Gilberto Gil, en agosto.)
Podes ver tambien: [P/L@631] Gilberto Gil: Cultura
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/659
Para saber más de Linux
Se puede obtener más información en los sitios de Internet:
http://www.linux.org (sitio oficial del proyecto GNU/Linux);
http://lucas.hispalinux.es (proyecto de documentación sobre Linux en español);
http://www.barra punto.com (noticias sobre Linux y software libre en español).
Sitio web de este número:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/753
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