Solidaridad con las victimas de la masacre de Asunción.
P/L@
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[P/L@] Daños Colaterales
Sobre la trampa mortal del Shopping Center de Asunción, Paraguay.
Atrapados en el infierno. Al momento se registraron más de 400 muertos, y
centenares de sobrevivientes heridos, totalizando más de un millar de
perjudicados gravemente al incendiarse un centro comercial en la capital
paraguaya. Al parecer, los responsables del reducto comercial cerraron las
escasas salidas del edificio para que no se escape ningún cliente sin pagar
su compra o se registraran saqueos aprovechando el desconcierto. La
ideología del consumo erró su estrategia y produjo la peor de las tragedias.
P/L@
Lecciones de la Sociedad de Consumo (fragmento)
por Eduardo Galeano
"El "shopping center", o "shopping mall", vidriera de todas las vidrieras,
impone su presencia avasallante. Las multiutudes acuden, en peregrinación,
a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos
contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar,
mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta
incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras
mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y
las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar
peaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades
que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan
para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes
posaban al pie de la estatua del prócer de la plaza. Beatriz Sarlo ha
observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al "center",
al "shopping center", como antes acudían al centro. El tradicional paseo
del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la
excursión a estos oasis urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos
con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta que recorre el
universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje
alucinante de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, la cultura de lo efímero, condena todo al desuso
inmediato. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio
de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser
reemplazadas por otras cosas de vida fugaz.
En este fin de siglo, donde lo único permanente es la inseguridad, las
mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el
capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la
velocidad de la luz, ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y
todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradógicamente, los
"shopping centers", reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión
de seguridad. Ellos existen fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin
noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más alla de las
turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
En estos santuarios del bienestar se puede hacer todo, sin necesidad de
salir a la intemprerie sucia y amenazante... Los "shoppings", que no se
enteran del frío ni del calor, están a salvo de la contaminación y la
violencia. Michael A. Petti publica sus consejos científicos en la prensa
mundial, en una difundida serie llamada "Viva más". En las ciudades con
"mala calidad de aire", el doctor Petti aconseja a quienes quieran vivir
más: "Camine dentro de un centro comercial". El hongo atómico de la
contaminación pende sobre ciudades como México, San Pablo o Santiago de
Chile, y en las esquinas el delito acecha; pero en este frígido mundo fuera
del mundo, aire ascéptico, paseos vigilados, se puede respirar y caminar y
comprar sin riesgos.
Los "shoppings" son todos más o menos iguales, en Los Angeles o en Bangkok,
en Buenos Aires o en Glasgow. Esta unanimidad no les impide competir con la
invención de nuevos imanes para atrapar clientes. Por ejemplo, la revista
"Veja" exaltaba así, a fines del 91, una de las novedades del shopping
Praia de Belas, en Porto Alegre: "Para el confort de los bebés, se les
brindan cochecitos, facilitando así el paseo de estos pequeños
consumidores". Pero la seguridad es el artículo más importante que todos
los "shoppings centers" ofrecen. La seguridad, mercancía de lujo, está al
alcance de cualquiera que penetre en estos "bunkers".
En su infinita generosidad, la cultura del consumo nos regala el
salvoconducto que nos permite fugarnos del infierno de las calles... Allí
la gente se cruza con la gente, llamada por las voces del consumo, como
antes la gente se encontraba con la gente, llamada por las ganas de verse,
en los cafés o en los espacios abiertos de las plazas, los parques y los
viejos mercados: en nuestros días, esas intemperies están demasiado
expuestas a los riesgos de la violencia urbana. En los shoppings no hay
peligro..."
de "Lecciones de la sociedad de consumo",
Patas arriba. La escuela del mundo al revés.
Eduardo Galeano 1998. Ed. Catálogos. Bs. As
***
La metáfora del Shopping de Paraguay
Los muertos no pagan
por Gabriel Fernández
En una sorprendente metáfora sobre el tema de la deuda externa argentina,
los acreedores en un centro comercial paraguayo se fueron (al cielo) sin
pagar. La actitud criminal del empresario Juan Pio Paiva derivó en el
homicidio culposo de 311 personas -al menos hasta el momento de conocerse
las últimas informaciones-.
Se trataba de un día apacible en Asunción. Numerosos trabajadores -forzados
irregular pero a esta altura naturalmente- a laborar sin recompensa
especial los
fines de semana, esperaban recibir un importante volumen de público
comprador. Entre mate y mate dialogaron sobre precios y horarios, sobre
historias familiares y anhelos personales.
Tras la apertura, observaron que se trataba de un día singular, con muchos
potenciales compradores, paseantes y niños acompañados por sus padres. Nada
fuera de lo común, salvo la evidencia de una jornada de alto consumo,
dentro de los parámetros locales. Hasta que en uno de los espacios
destinados al almacenamiento, según cuentan, comenzó un incendio.
Y si la novedad resultaba preocupante, por lo que implicaba en costos
probables, el panorama no tenía por qué ser aterrador. Dada la voz, era
preciso desocupar el establecimiento para permitir el accionar de los
bomberos. Sólo llorarían, algunos con más intensidad que otros, las
pérdidas materiales. Y quizás, por supuesto, la de algún empleado de
maestranza, el sector más expuesto.
Grave, claro, mas no tanto. Hasta que varios imbéciles, propietarios de
locales en el shopping asunceño, comprendieron que si los compradores que
los enriquecen día a día se retiraban de apuro, lo harían sin abonar
algunos de los productos que habían adquirido. En la confusión, estimaron,
aprovecharían para llevarse alguna cosa de arriba.
Hablaron con uno de sus pares éticos, el tal Pio Paiva, quien resolvió
-ante la posibilidad de tan intolerable situación- la clausura de las
puertas de acceso. Sin recordar que los muertos no pagan, el tipo ordenó a
sus hombres de seguridad, siempre listos para cumplir las órdenes más
disparatadas, que impidieran la salida del público.
Esto originó, según el testimonio directo de los bomberos, un panorama de
interés: quienes fueron convocados para sofocar el incendio no podían
ingresar al establecimiento, convertido por la estupidez criminal de un
puñado de empresarios en una trampa sin salida. Como no podía ser de otra
manera, las llamas progresaron y empezaron a superar los daños materiales.
Decenas de niños murieron carbonizados después de permanecer aprisionados
absurdamente en un territorio dominado por el deseo de obtener el pago de
algunos de los juguetes que habían adquirido. Es difícil imaginar las
sensaciones de esos chiquitos en el momento previo a su turbia exhalación
final.
Por lo que nos narran desde Asunción, mientras los rescatistas prosiguen
con su tarea, ya se iniciaron las gestiones empresariales para lograr
impunidad.
Diálogos apurados con jueces y funcionarios, presiones sobre algunos medios
de prensa: toda la trama conocida por quienes se burlan de la vida y
convierten esta tierra en un infierno.
Los acreedores muertos no pagan.
Es un mensaje interesante que deberían tener en cuenta muchos: los bancos
argentinos, las empresas privatizadas, los medios de comunicación
neoliberales y, especialmente, los organismos financieros internacionales.
Ellos intentan ahogar ridículamente a los pueblos latinoamericanos, con el
mismo esquema observado crudamente en Paraguay: cerrando las puertas del
crecimiento y exigiendo el abono de facturas dudosas.
En la fantástica América latina las metáforas suelen aproximarse bastante a
las descripciones.
***
Nota:
En las navidades del 93, en Alto Palermo, se decidio abrir el Shopping
durante toda la madrugada del 23 de Diciembre.
Los pasillos y pasarelas del Shopping se vieron invadidos de una multitud,
no tanto de compradores como de familias, chicos, cochecitos y
fundamentalmente jovenes atraidos por las ofertas y sorteos. En un momento
determinado, a las 2 de la madrugada los servicios de seguridad y la
administracion se vieron rebalsados por la posibilidad de que hubiera
cierto descontrol y quedaran en manos de la masa de visitantes, para la que
no se habian preparado suficientemente. EntoNces, cortaron las escaleras
mecanicas, cerraron las puertas de acceso al Shopping, cerraron los baños,
decidieron cerrar el patio de comidas, y llamaron a la policia para que
colaboraran con ellos ya que habian comenzado a producirse algunos
episodios de hurto e inseguridad. Dieron la orden de cerrar los locales con
la gente adentro en colaboracion con los propietarios de los negocios hasta
que llego la policia. Hubo cinco horas de descontrol y de incomunicacion y
violencia hasta las 7 de la mañana. Solo le falto el incendio para que
tambien se produjera una catastrofe como la paraguaya.
Gentileza: Lista informativa NacyPop
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