"Cada hamburguesa cuesta nueve metros cuadrados
de selva centroamericana."
E. Galeano. (Úselo y tírelo. 1994)
...
Para Leer por E@Mail [P/Lx@]
Multiplicar es la tarea.
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[P/Lx@] Leyendas de nuestro pueblo
Presentamos a partir de hoy una serie de mitos y leyendas tradicionales de
nuestros pueblos originarios. Ellas nombran y describen la importancia de
seres de la naturaleza, personajes, símbolos y costumbres que han venido
siendo desarraigadas de nuestra identidad por la colonización cultural.
Comenzamos con un árbol que identifica el paisaje de nuestro centro y norte
argentino, desde el monte chaqueño hasta hasta el Perú inclusive, y que
viene siendo extinguido por la increíble depredacion de su madera y el
desmonte irracional para cultivos de soja transgénica, tal como lo refleja
la nota que acompaña el final de este número.
Les sugerimos a aquellos lectores que tengan más o mejor informacion sobre
historias de las culturas aborígenes de nuestro continente, que nos envien
material o direcciones donde hallar textos para seleccionar y compartir.
Gracias. [P/Lx@]
El ALGARROBO
El algarrobo es un árbol con fuerte presencia en Argentina. Un ejemplar
famoso de esta especie, que posee más de cinco siglos se encuentra en la
localidad de Purmamarca, en la Quebrada de Humahuaca, en la provincia
argentina de Jujuy. Bajo sus ramas, en el siglo XVl, el cacique Viltipoco y
otros jefes se conjuraron para resistir al español, conformando un ejército
de 10000 guerreros. Una de las estrategias urdidas por el cacique fue
simular una conversión al cristianismo para acercarse al enemigo y
estudiarlo antes de atacar. Y fue también allí, bajo el árbol, que
Viltipoco fue sorprendido mientras dormía, víctima de una traición. Así lo
recuerda una placa al costado del tronco.
Pero en el imaginario de las leyendas el algarrobo puede vincularse con la
vida y la fertilidad más que con la guerra. Este es el caso de la leyenda
del algarrobo nacida en el norte argentino.
LA LEYENDA DEL ALGARROBO
Era en tiempos de los Incas.
Los quichuas adoraban con las principales honras a Viracocha, señor supremo
del reino. También adoraban a Inti, a las estrellas, al trueno y a la tierra.
Conocían a esta última con el nombre de Pachamama, que es como decir "Madre
Tierra" y a ella acudían para pedir abundantes cosechas, la feliz
realización de una empresa, caza numerosa, protección para las
enfermedades, para el granizo, para el viento helado, la niebla y para todo
lo que podía ser causa de desgracia o sinsabor.
Levantaban en su honor altares o monumentos a lo largo de los caminos.
Los llamaban apachetas y consistían en una cantidad de piedras amontonadas
unas encima de las otras, formando un pequeño montículo.
Allí se detenía el indio a orar, a encomendarse a la Pachamama, cuando
pasaba por el camino al alejarse del lugar por tiempo indeterminado o
simplemente cuando se dirigía al valle llevando sus animales a pastar.
Para ponerse bajo la protección de la Pachamama, depositaba en la apacheta,
coca, o cualquier alimento que tuviera en gran estima, seguro de conseguir
el pedido hecho a la divinidad.
Respetuoso de la tradición y de las costumbres, el pueblo quichua jamás
había olvidado sus obligaciones hacia los dioses que regían sus vidas.
Pero llegó un tiempo de gran abundancia en que los campos sembrados de maíz
eran vergeles maravillosos que daban copiosa cosecha, la tierra se
prodigaba con exuberancia y la ociosidad fue apoderándose de ese pueblo
laborioso que, olvidando sus obligaciones, abandonó poco a poco el trabajo
para dedicarse a la holganza, al vicio y a la orgía.
Se desperdiciaba el alimento que tan poco costaba conseguir, y con las
espigas de maíz, que las plantas entregaban sin tasa, fabricaban chicha con
la que llenaban vasijas en cantidades nunca vistas.
Fue una época sin precedentes.
El vicio dominaba a hombres y mujeres. Ellos, en su inconsciencia, sólo
pensaban en entregarse a los placeres bebiendo de continuo y con exceso,
comiendo en la misma forma y danzando durante todo el tiempo que no
dedicaban al sueño o al descanso.
Los depósitos repletos proveían del alimento necesario y nadie pensó que
esa fuente, que les proporcionaba granos y frutos en abundancia, se
agotaría alguna vez.
El desenfreno continuaba y nada había que llamara a ese pueblo a la
reflexión y a la vida ordenada y normal.
Llegó la época en que se hacía imprescindible sembrar si se pretendía
cosechar, pero nadie pensaba en ello.
Inti, entonces, al comprobar que el pueblo desagradecido olvidaba los
favores brindados por la Pachamama, queriendo darles su merecido, resolvió
castigarlos.
Con el calor de sus rayos, que envió a la tierra como dardos de fuego, secó
los ríos y lagunas, los lagos y vertientes y, como consecuencia, la tierra
se endureció, las plantas perdieron sus hojas verdes y sus flores, los
tallos se doblaron y los troncos y las ramas de los árboles, resecos y
polvorientos, parecían brazos retorcidos y sin vida.
En los géneros aún quedaban alimentos, y en los cántaros, chicha. ¿Qué
importancia tenía, entonces, para esas gentes, que las plantas se secaran y
que el río hubiera dejado de correr, y seco y sin vida, mostrara las
paredes pedregosas de su lecho?
Mientras durara la chicha no podría desaparecer la felicidad ni la alegría.
Pero un día llegó en que, con asombro, comprobaron que los graneros no eran
inagotables y que, para servirse de sus granos y de sus frutos, era
necesario depositarlos primero. El alimento comenzó a escasear, y con ello
las penurias, la miseria y el hambre hicieron su aparición.
Recapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los
campos y a sembrarlos.
Pero el castigo de Inti no había terminado y la tierra, cada vez más reseca
y dura, no se dejaba clavar los útiles con que pretendían labrarla, y así
era imposible poner la semilla. La desolación y la miseria fueron soberanas
de ese pueblo que, en un instante, olvidó las leyes de sus dioses y sus
obligaciones con la vida.
Los animales, flacos, sin fuerzas, morían en cantidad y parecía mentira que
esos campos, que al presente se asemejaban al más desolado de los páramos,
hubieran podido ser, alguna vez, praderas alegres cubiertas de hierbas y de
árboles o de extensas plantaciones de maíz, en las que los frutos se
ofrecían generosos.
Los niños, pobres víctimas inocentes de los pecados y de la disipación de
los mayores, débiles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes
y desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, sólo abrían
sus bocas resecas para pedir algo que comer. Los más débiles morían sin que
nadie pudiera hacer algo por ellos.
El sol caía a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en los
alrededores de la población, una mujer salió, corriendo desesperada.
Era Urpila que, enloquecida porque sus hijos morían de hambre y de sed ,
arrepentida de las faltas cometidas en los últimos tiempos, demostrando a
todos su vergüenza, su pecado y su olvido de Inti y de la Pachamama, corría
a la primera apacheta del camino a pedir protección a la Madre Tierra y a
depositar su ofrenda de coca y de llicta, últimas porciones que había
podido conseguir.
Llegó a la apacheta y, casi sin fuerzas, comenzó a implorar:
Pachamama,
Madre Tierra,
Kusiya... Kusiya...
Lloró y se desesperó ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y
sacrificios.
Extenuada, sin fuerzas para continuar, se sentó en el suelo, apoyando su
cuerpo cansado en el tronco de un árbol que crecía a pocos pasos y cuyas
ramas secas parecían retorcerse en el espacio.
Tan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, bajó la cabeza
y no tardó en quedarse profundamente dormida.
Tuvo sueños felices. La Pachamama, valorando su arrepentimiento, llenó su
alma de visiones de esperanza y acercándose a ella, con toda la grandeza
que como diosa le concernía, le habló generosa:
No te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo,
arrepentido como tú misma de su ocio y desenfreno, retornará a su
existencia anterior, que es la justa, la verdadera. La vida renacerá sobre
la tierra que volverá a brindar sus frutos y su belleza.
Cuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que
ha de regalarte este "Arbol", desde hoy sabrás. Que las coman tus hijos y
los hijos de otras madres, que con ellas calmarán su hambre y apagarán su
sed. Tu humildad y tu arrepentimiento han hecho posible este milagro que
Inti realiza para ti.
Cuando Urpila despertó, creyó morir, tal era su decepción. El aspecto de la
tierra en nada había variado y la visión había desaparecido.
Se convenció de que su sueño había sido sólo eso: un sueño. Pero,
recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y recordó
al "Arbol".
Levantó entonces sus ojos hacia las ramas que parecían secas, y tal como la
diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrecían a su desesperación como
una esperanza de vida.
Cambió en un instante su estado de ánimo dándole fuerzas extraordinarias.
Se levantó ansiosa y cortó... cortó los frutos generosos hasta que entre
sus brazos no cupieron más.
Entonces corrió al pueblo, hizo conocer la nueva y todos se lanzaron a
buscar las milagrosas vainas color castaño, mientras ella repartía entre
sus hijos el tesoro que encerraban sus brazos de madre y que le había
concedido la Pachamama.
El pueblo volvió a la vida y veneró desde entonces al "Arbol Sagrado" que
fue su salvación y que ha partir de ese día les brinda pan y bebida que
ellos reciben como un don.
Ese árbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, además de las
nombradas, de ser, en tiempos grandes sequías, el único alimento de los
animales.
Leyenda recopilada por Leonor Lorda Perellón.
Tomado de Temakel.com
***
El destino del algarrobo y demás especies autóctonas en la actualidad.
Tala implacable en el monte chaqueño
[Diario Página/12 10/8/04]
Organizaciones sociales y ambientalistas presentaron un recurso contra una
ley que, según dicen, permite la tala indiscriminada en El Impenetrable.
Página/12 pudo ver el bosque quemado, destinado a cultivo de soja.
El incendio de bosques es la forma más rápida de desmonte, luego las
topadoras arrasan los troncos.
Son muertos de pie. Es un bosque de árboles quemados, pero aún de pie. En
breve pasará una topadora que dejará tierra arrasada y lista para la
siembra de soja. Son miles de hectáreas de milenario bosque en El
Impenetrable chaqueño, el pulmón argentino que está siendo talado desde
hace décadas por las empresas forestales y desde hace unos años por las
compañías sojeras. A los dos depredadores los ayuda, desde diciembre
último, una nueva ley impulsada por el gobierno del Chaco, que facilita el
desmonte del bosque nativo. Organizaciones sociales y ambientalistas
advierten que, de seguir el desmonte, en diez años no habrá más bosque. Por
eso hicieron una presentación ante la Justicia local la Secretaría de
Ambiente de la Nación parece darle la razón: su último informe sobre
desertificación reveló que, en las últimas décadas, la Argentina perdió el
70 por ciento de sus bosques y denunció que cada año se destruyen 30.000
hectáreas. En una recorrida por la zona de El Impenetrable junto al Equipo
Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa), Página/12 pudo confirmar la tala
indiscriminada y, mediante dudosas ventas de tierras fiscales a
empresarios, el avance de la soja sobre el milenario bosque.
“Acá pasaron con cadena”, explica Julio García, abogado de comunidades
aborígenes y ocasional guía, y señala un mar de troncos inclinados casi a
ras del suelo. Es una de las formas más rápidas de desmonte, con dos
tractores a algunos metros de distancia, unidos por cadenas, que avanzan al
mismo paso y arrasan con todo lo que encuentran, desde arbustos hasta
árboles centenarios. Durante decenas de cuadras, al costado del camino de
tierra, se ven los troncos caídos.
El desmonte se nota, yacen hileras de algarrobos y palo santo apilados en
línea, son cuerpos que pronto serán cargados en camiones de las compañías
cordobesas y chilenas. “El cactus es señal de la desertificación que
produce el desmonte”, explican los dirigentes de Endepa. Y en El
Impenetrable, a la vera del camino, hay muchos cactus. El maderero sólo
necesitará un guinche, un camión y pagará 30 pesos por tonelada a quien
permitió la tala –“casi siempre un puntero político”, aseguran–, precio que
luego multiplicará varias veces al venderlo.
Para el “boom de la soja”, explican, la preparación del terreno es más
simple, ni siquiera se preocupan por conservar los troncos: prenden fuego
el bosque –pagan a sus efímeros empleados 50 pesos la hectárea quemada–,
después la topadora acumula los cadáveres y barre la ceniza. La soja
transgénica, impulsada en el país por las multinacionales del agro, crecerá
sin problemas durante algunos años, pero todas las organizaciones
ambientalistas advierten que el suelo se empobrece tanto que en el futuro
muy poco se podrá extraer de la misma parcela. “También hay que sumar el
microclima especial que es El Impenetrable, con una temperatura muy alta y
con una vegetación que se acomodó a este ecosistema. Cuando esta vegetación
desaparezca el bosque no volverá a crecer, el mismo clima no permitirá
crecer nada. No hay reforestación posible, será un desierto”, advirtió el
titular de la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam), Raúl Montenegro.
El gobierno chaqueño impulsó en diciembre último la ley 5285, que modifica
la Ley de Bosques 2386. Según denuncian Endepa, Funam e Incupo, entre otras
organizaciones, la norma es inconstitucional, porque nunca se dio
participación a los pueblos originarios, como señalan la Constitución
Nacional y el Convenio 169 de la OIT. También aseguran que facilitará la
destrucción del monte nativo.
Tanto las organizaciones como las comunidades remarcan que la ley 2386 no
era buena, pero coinciden que la nueva legislación es peor, sobre todo el
artículo 19 que, según los abogados, presenta variados espacios para el
desmonte: “No podrán realizar aprovechamiento ni desmonte de los bosques
sin la debida autorización, que será otorgada previa presentación y
aprobación del plan de trabajo respectivo”, dice la ley. El escrito parece
muy bueno, pero los abogados y ambientalistas traducen: “Es una trampa. La
‘debida autorización’ corre por cuenta del gobierno o ingenieros agrónomos
que deben aprobar un ‘plan de manejo de bosque’, o sea que es una forma
encubierta de permitir el desmonte”. El abogado Julio García evaluó que
“han sido muy astutos en la redacción porque aparenta ser correcta, pero
leyendo detenidamente se deja ver que se flexibilizan los controles, se
eliminan los frenos a los desmontes y el Estado termina reglamentando el
asesinato de El Impenetrable”. La norma anterior no permitía el desmonte.
El subsecretario de Recursos Naturales y Medio Ambiente provincial, Bruno
Schwesig, dijo que el reclamo “es historia vieja” porque en abril el
gobierno chaqueño reglamentó la nueva ley modificando parte de la norma.
“Es una ley muy restrictiva, protege el bosque como ninguna otra, da
participación a todos los sectores, y es tan buena que fue copiada por
Santiago del Estero y Salta”, señaló el funcionario. Sobre la ausencia de
participación indígena, Schwesig eludió las culpas: “Yo no participé de la
confección de la ley”, se defendió.
El abogado Julio García aseguró que “el decreto sólo cambia quién elabora
el plan de manejo. Antes los hacía el gobierno y ahora un particular, que
en realidad puede ser un aliado del mismo gobierno. Además, el decreto
tiene menor rango que la ley, por lo tanto lo que hay que modificar es la
ley, y ya como cuestión de fondo hay que remarcar que ambas normas ven al
bosque como una colección de palos, no ven que ahí vive gente y que la ley
vigente está, justamente, jugando con esas vidas. Los ambientalistas
también explicaron que, en realidad, debiera hacerse una evaluación de
impacto ambiental, un estudio de mayor complejidad que el solicitado por la
ley 5285, con participación de diversos sectores. El artículo 19 también
estipula que se puede desmontar si luego se reforesta: otro punto muy
cuestionado por los ambientalistas. “La ley desconoce completamente
elementos de medio ambiente, no entienden que una vez que elimine el bosque
no volverá a crecer nada y tampoco entienden que cada espacio natural es
único: no pueden arrasar una zona y creer que la suplantan por otra. La
explicación de esto es que trabajan bajo el concepto de `fomento
productivo’ y no de conservación ambiental, como debiera ser”, dijo el
titular de Funam.
Las organizaciones ya presentaron dos recursos de amparo, que esperan
definición para fin de mes. Exigen la declaración de emergencia ambiental
para acabar con la venta de tierras fiscales y el desmonte. Piden un
estudio de impacto ambiental y social “serio” y la redacción de una nueva
ley con participación de todos los actores involucrados, que privilegie los
derechos a la alimentación y a la salud de los pueblos originarios.
En todo el Chaco hay 1,6 millón de hectáreas fiscales, de las cuales
1.450.000 están en los departamentos de Güemes y Almirante Brown, zona de
El Impenetrable. Las tierras fiscales, siempre de bosque chaqueño y muchas
veces propiedad ancestral de los pueblos originarios, son vendidas por el
Instituto de Colonización, un organismo autárquico del gobierno chaqueño
muy cuestionado por las organizaciones sociales. El instituto sólo puede
ofrecer tierras a productores agropecuarios locales e hijos de productores,
maestros y también a personas o profesionales relacionados con el sector
agrícola con más de cinco años de residencia en el lugar. Pero éstos suelen
ser testaferros de empresarios con sedes en Córdoba y Santa Fe, que pagan
desde 18 pesos la hectárea, según explican las organizaciones.
El presidente del instituto, Roberto José Cogno, admitió a Página/12 que ha
existido esta práctica de testaferros en El Impenetrable y también confirmó
el avance de la frontera agrícola sobre el bosque y que su área está en un
proceso de revisión de adjudicaciones. También remarcó que su función llega
hasta la adjudicación de tierras y, si se comprueba ladeforestación, la
cancelación de la entrega. “El instituto no tiene nada que ver con la
práctica clientelar de entrega de tierras a empresas”, respondió Cogno a
las acusaciones de las organizaciones.
En la recorrida, de la que también participaron integrantes del Instituto
de Cultura Popular (Incupo), explicaron que hay una forma muy simple de
confirmar la venta de tierras fiscales en el bosque chaqueño: “El alambrado
delata al dueño”, advierte el dicho. Las grandes empresas sojeras instalan
líneas, postes y varillas nuevas, de madera prolijamente cortada, que
cercan decenas de cuadras. En tanto el criollo usa tronco de espinillos, un
arbusto del monte. En El Impenetrable hay mucho alambrado nuevo.
Informe: Darío Aranda.
**
LA RED NACIONAL DE ACCIÓN ECOLOGISTA REPUDIA LA VENTA DE TIERRAS PROTEGIDAS
EN SALTA
LA RED QUE REUNE A MÁS DE 70 ORGANIZACIONES ARGENTINAS INVOLUCRADAS CON LA
PROBLEMÁTICA AMBIENTAL, SE OPONE A LA DECISIÓN DEL GOBERNADOR JUAN CARLOS
ROMERO.
[Enviado por nuestros amigos de la Agencia Rodolfo Walsh - 5/7/04]
La Red Nacional de Acción Ecologista - RENACE - manifiestó su total
desacuerdo con la decisión del Gobernador de Salta, Juan Carlos Romero, de
vender tierras que forman parte de la Reserva de Pizarro.
Esta determinación no sólo preocupa por el futuro ambiental de la zona,
sino porque sienta precedentes jurídicos que podrían utilizarse en otras
partes del país para intervenir y decidir deliberadamente sobre las demás
tierras argentinas que actualmente gozan de protección.
La reserva, ubicada en la localidad de General Pizarro, en el Departamento
de Anta, fue creada en 1995. Hoy, el gobierno decide desafectarla de su
sistema de áreas protegidas; sin dar importancia a las protestas, cartas y
reclamos.
La reserva es el único sustento de comunidades criollas y de la etnia
wichí, asi como es única en su tipo, ya que en ella hay especies arbóreas
del ecosistema de las Yungas (cebil, lapacho, cedro) así como del
ecosistema del Chaco Semiárido, (quebracho colorado y blanco, algarrobo,
mistol).
La fauna es enormemente rica, destacándose especies como el loro hablador,
los tucanes y las carzuelas, pecaríes, monos y armadillos.
El gobierno nacional, escudado en la "falta de jurisdicción", mantiene una
actitud pasiva ante las topadoras que arrasan con el futuro en Pizarro.
Gracias a los amig@s que colaboraron para armar este número.
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