"Una sociedad capitalista requiere una cultura basada en imágenes. Necesita
suministrar muchísimo entretenimiento con el objeto de
estimular la compra y anestesiar las lesiones de clase, raza y sexo. Y
necesita reunir cantidades ilimitadas de información para poder explotar
mejor los recursos naturales, incrementar la productividad, mantener el
orden, hacer la guerra, dar trabajo a los burócratas. El cambio social es
reemplazado por cambios en las imágenes. La libertad para consumir una
pluralidad de imágenes y mercancías se equipara con la libertad misma. La
reducción de la opción política libre al consumo económico libre requiere
la producción y el consumo ilimitado de imágenes"
Susan Sontag (1933-2004)
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[P/Lx@] Homenajes
En un muy triste fin de año de un año triste, nuestro homenaje a una de las
mujeres intelectuales del Mundo Necesario.
Nuestro recuerdo para Susan Sontag. Última entrega.
"EEUU echará de menos la voz de Sontag cuando más la necesita"
Günter Grass
Luebeck, 29 de diciembre. Para el Premio Nobel de Literatura, Günter Grass
la escritora Susan Sontag fue una "valiente y gran patriota americana";
mientras que intelectuales bosnios se mostraron consternados por el deceso,
ayer, de la ensayista estadunidense.
"Con mucho valor y sin dejarse amedrentar por nada, Susan Sontag criticó
las irregularidades en su país, por eso fue atacada y ofendida", dijo el
autor alemán en Luebeck.
Agregó: "Su patriotismo se exteriorizaba de esa manera, como también en su
oposición a la guerra de Irak, llevada a cabo con mentalidad de cruzado por
la administración Bush. Eso merece un gran respeto".
Sobre la escritora y directora de cine quien murió ayer a los 71 años, en
un hospital neoyorquino, Günter Grass expresó que cuando alguien no la
comprendía "ella aclaraba su posición en forma clara y tranquila.
"Fue una gran escritora" mérito que fue opacado debido a su actividad
política, dijo Grass quien añadió que "Estados Unidos echará de menos su
voz cuando ésta es más necesaria que nunca".
En Sarajevo, Gradimir Gojer, presidente de la Asociación de Escritores de
Bosnia-Herzegovina y director del Teatro Nacional, dijo sobre la escritora
estadunidense que "era una de las personalidades más importantes de la
literatura y el teatro en todo el mundo, con ella perdimos al mayor amigo
que tuvimos jamás".
La muerte de Sontag marca el fin de lo que puede llamarse "una reflexión
vanguardista". "A ella nos unía su compromiso con la tragedia de
Bosnia-Herzegovina durante la guerra de 1992-1995", agregó Gojer.
Mientras que Ibrahim Spahic, director del Centro Internacional de la Paz de
Sarajevo indicó que la escritora hubiera merecido el Premio Nobel de la Paz
por su lucha en favor de los derechos humanos y la libertad.
Sontag fue una de las primeras intelectuales que llamó a Estados Unidos y
al mundo a intervenir en Bosnia y detener el derramamiento de sangre en la
década de los 90.
El escritor Salman Rushdie, presidente del Club Pen de Estados Unidos,
calificó a Sontag de "literata destacada y pensadora intrépida, que siempre
luchó valientemente por la verdad", además -dijo-, insistía en afirmar que
los escritores "están comprometidos en tomar partido sobre los temas
importantes de la actualidad".
En Londres, los medios de comunicación también recordaron a la ensayista.
El Daily Telegraph, señaló: "Su obra hacía posible la crítica inteligente
de la cultura moderna y tiene, por lo tanto, efectos básicos sobre las
futuras generaciones de autores, críticos y periodistas".
Mientras que The Guardian la definió como "luchadora, cuya arma era el
bolígrafo". Este diario también publicó las palabras de la escritora
canadiense Margaret Atwood, quien comentó que Sontag "era una mujer única y
valiente. Incluso cuando uno no coincidía con ella, siempre propiciaba a la
reflexión".
The Times escribió: "Sontag encarnó para Estados Unidos el concepto francés
de un intelectual público". Y en un comentario de la BBC, se dijo que "su
legado fue la libertad de opinión".
Publicado en La Jornada (México) Jueves 30 de diciembre de 2004
***
ENTREVISTAS A SUSAN SONTAG
"Quiero ser más sabia, por eso me hago las cosas difíciles"
por Elena Poniatovska
Hace dos meses en Nueva York, Susan Bergholz me dijo: "Susan Sontag está
muy enferma con una leucemia muy avanzada, la tienen totalmente aislada,
nadie, salvo su hijo, la puede ver. Hablo con frecuencia con David Reiff,
su único hijo". Resulta que Susan había sido baby sitter de David cuando
niño, se querían mucho y ambos estaban desolados.
Ahora los desolados somos nosotros porque con Susan Sontag desaparece la
conciencia crítica de Estados Unidos, la combatiente del gobierno de Bush,
la feminista y la preocupada por el dolor de los demás.
En 1972, Susan Sontag vino a México a dar una serie de conferencias.
Primero la vi en la dirección de la facultad de Ciencias Políticas de la
UNAM. Allí estaban Víctor Flores Olea y Meche, su mujer, Francisco López
Cámara, Carlos Fuentes y Margarita García Flores. Cada vez entraba más
gente al auditorio. Susan Sontag llegó a la UNAM con Raúl Ortiz, su
traductor. También hizo irrupción el cineasta Louis Malle y los dos cayeron
en brazos el uno del otro. Si Susan venía a México a dar conferencias Louis
Malle quería hacer una película sobre los grupos paramilitares y fuimos a
la Cuchilla del Tesoro, cercana a San Juan de Aragón, a buscar el
campamento donde se entrenaban los halcones. Naturalmente la Secretaría de
Gobernación se opuso al proyecto y Louis Malle filmó en Francia Lucien
Lelong, sobre un mercenario.
En ésa época, Susan venía a México atraída por Ivan Illich, entonces en
Cuernavaca. Se quedaba en el CIDOC de tres a cinco días. En Ivan Illich
encontraba a un interlocutor verdadero. Allá estaban, además de Illich,
Sergio Méndez Arceo y Lemmercier quien mandó sicoanalizar a todos sus
monjes a la sombra del autor de El miedo de amar, Erich Fromm. Dos temas
apasionaban a Susan: Illich (su idea de la "no escuela") y el cine. Por eso
se fue a cenar esa misma noche con el director de Los amantes, El fuego
fatuo, El soplo en el corazón, Ascensor para el cadalso y Viva María,
filmada en México con Jeanne Moreau y Brigitte Bardot.
"Un momentito -decía Susan Sontag a los que querían retratarla o hablarle-
tengo que dar una entrevistita de cinco minutos": yo era la de los cinco
minutos. Nos sentamos en un sofá entre conversaciones y flashes. Luego
entró el noticiero 24 Horas, con la parafernalia que arrastra tras de sí la
televisión y un cuerito (una muchachita bonita) entrevistó a Susan sobre la
liberación de la mujer. Carlos Fuentes, que durante todo ese tiempo había
tratado de contener los ímpetus de mi hijo Felipe (entonces de 3 años y
medio), lo soltó exhausto, y Felipe cruzó frente a las cámaras pegando
gritos como de indio sioux en batalla, y aullando al final: "¡Mamá!". El
camarógrafo me echó una mirada asesina. Total, así fue nuestro primer
encuentro: el despiporre. Sin embargo conservo algunas de las cosas que me
dijo en medio del ajetreo, media hora antes de su conferencia en el
auditorio de la facultad de Ciencias:
-Yo sé mucho de Francia, (vivo en París con Nicole Stéphane) sé mucho de
Estados Unidos, pero sé muy poco de México. Por eso estoy aquí, para
aprender, para que ustedes me enseñen. Sé algunas cosas sobre México pero
hay muchas más que desconozco. Creo que es interesante que los mexicanos
sepan cómo se les ve fuera de México. Para los extranjeros, México es un
país pintoresco con mucha gente floja, envuelta en sarapes; un país de
violencia en el que permanece un gobierno curiosamente estable. Es un país
de turismo, es un país de folclor y de violencia Esto es lo que mucha gente
desde fuera piensa de México.
-¿Y por qué vives en París, Susan?
-Porque estoy volviendo a pensar en todo aquello en lo que siempre pensé y
es un lugar muy tranquilo para pensar.
-¿Nada sucede en París?
-Sí, muy poco pasa allí; por eso vivo en París.
-¿Y en Estados Unidos no podrías vivir?
-Sí, ¡cómo no! Podría vivir muy bien, pero quiero hacer las cosas difíciles
para mí misma.
-¿Y por qué quieres hacerte la vida difícil?
-Porque quiero seguir creciendo, quiero desarrollarme, quiero volverme más
sabia. (Todo esto lo dice con la cabeza gacha y una media sonrisa en su
hermoso rostro.) Creo que es demasiado fácil instalarse en una serie de
ideas después de una cierta edad, y pasarse el resto de la vida con las
mismas ideas. No quiero hacer eso.
-Pero, ¿por qué dices "después de una cierta edad"?
-Porque eso es lo que le sucede a la mayoría de la gente, dejan de crecer
después de una cierta edad. Cuando son jóvenes están abiertos y cuando
llegan a una cierta edad se detienen y no hacen esfuerzos ni se ponen reto
alguno.
La mujer más inteligente de Estados Unidos
-Eres muy abierta, pareces ser muy receptiva sobre todo con los jóvenes...
-Pues trabajo en ello, pero me cuesta mucho. Es mucho más fácil llegar
hasta un cierto punto y conformarse con un velicito lleno de ideas.
-Y, ¿qué piensas, Susan, de lo que dijo Sartre: que tú eres la mujer más
inteligente de Estados Unidos?
-¿Sartre?
-Sartre lo dijo, sí, y se publicó no sé cuántas veces.
-Es la primera vez que oigo esto. No lo sabía. Nunca lo leí. Yo sabía que
alguna otra gente había dicho eso, pero no pensé que era Sartre; en
realidad no sé ni quién lo dijo, alguien lo dijo, no sé. No lo recuerdo.
Sabes, Elena, cada vez que a uno lo entrevistan, corre uno el riesgo, en el
sentido de que uno se pone en las manos de alguien, porque incluso si
después se corrige algún concepto, el impacto de lo dicho primero ya hizo
efecto y la corrección hecha o la carta rectificadora ya no causan la
impresión que hizo la entrevista original. Claro, hay algunas personas a
quienes no les importa y dan entrevistas con tal de figurar, digan lo que
digan, se distorsionen o no sus palabras, no importa cómo suenen las
campanas con tal de que suenen, pero considero que en mi caso dar una
entrevista es un acto de confianza en el entrevistador. Yo quiero que tú
justifiques mi confianza. Hace dos o tres meses di en París una entrevista
acerca de mi trabajo como cineasta y el periodista puso en mi boca una
crítica que jamás hice sobre cierto director. Por eso casi nunca doy
entrevistas. En ese caso particular me molestó mucho que me atribuyeran esa
declaración porque incluso me gusta el trabajo de ese director.
En la conferencia de la UNAM, Susan Sontag iba a hablar de la liberación de
la mujer. La recuerdo muy alta, las uñas muy cortas -porque se las comía-,
los dientes levemente manchados -de allí su boquilla en la que encaja
cigarro tras cigarro porque no deja de fumar un solo instante-, muy
delgada, muy fina. Susan Sontag se veía tan guapa como en los retratos de
la contraportada de sus libros, los únicos dos en español: Estuche de
muerte y Viaje a Hanoi. Incluso se veía más joven, más frágil,
dispuestísima a aprender, a escuchar a los jóvenes, a buscarlos, a crecer,
como ella decía. Preguntaba, inquiría, quería ver. El ambiente
universitario estaba que ni mandado hacer para ella y en él se movía como
pez en el agua. En cambio, en las recepciones o conferencias de prensa su
rostro se endurecía y trataba a los preguntones con cierta altanería. Al
día siguiente de su primera conferencia regresó a la universidad a las 10
de la mañana como lo había ofrecido, se sentó en el pasto frente a la
Facultad de Ciencias Políticas como con cien personas y respondió a cuanta
pregunta se le hizo. El diálogo duró hasta las tres de la tarde. Rió a
carcajadas cuando un estudiante más atrevido que los demás le dijo:
"Nosotros queremos que las mujeres se liberen, pero mírelas, son ellas las
que no quieren".
Opositora y crítica
Susan Sontag siempre estuvo en contra de la guerra de Vietnam; participó en
manifestaciones y marchas, firmó manifiesto tras manifiesto, hizo
discursos, y escribió su espléndido libro Viaje a Hanoi. En mayo de 1968,
Susan Sontag fue invitada a Hanoi y el relato de su viaje no es un tratado
político o un simple reportaje, sino la respuesta que puede dar un
observador crítico e inteligente a un mundo por completo extraño a las
concepciones occidentales. Pero este mundo está también hecho a la medida
del hombre y Susan Sontag, dueña de una gran cultura, dijo entre otras
cosas algo que me llamó poderosamente la atención: "Los vietnamitas operan
con una idea de la educación diferente a la que nosotros estamos
acostumbrados, y ello implica un cambio en el significado de la honradez y
la sinceridad. La honradez entendida como tal por los vietnamitas se parece
muy poco al sentido de honradez sublimado por la cultura secular occidental
virtualmente por encima de todos los demás valores. En Vietnam la honradez
y la sinceridad son funciones de la dignidad del individuo".
Voluntad de comunicarse
Después nos dirigimos al auditorio de la Facultad de Ciencias. No cabía ya
un alfiler. En el presidium se sentaron Susan Sontag, Raúl Ortiz, Ernest
Mandel (el marxista heredero de Isaac Deutscher que había dado conferencias
días antes), Victor Flores Olea, Francisco López Cámara, Carlos Fuentes,
Louis Malle, y Antonio Gonzalez de León. A otros nos tocó en el suelo entre
estudiantes que hablaban de los 30 detenidos en Sinaloa, de la toma de la
universidad por la policía, de la protesta que iban a hacer. Como Mandel se
dirigió a los estudiantes en español, Susan Sontag comenzó su conferencia
diciendo: "No tengo las dotes linguísticas maravillosas de Mandel, sólo
puedo leer y entender un poco el español. Fui profesora universitaria,
enseñé filosofía, después escribí y ahora me dedico a hacer películas.
Empecé a enseñar en 1964 cuando los estudiantes eran buenos, pasivos, no
discutían ni hacían preguntas. Durante esos años quise establecer un
diálogo e intercambio de ideas con ellos pero me di cuenta de que los demás
profesores no venían a discutir sino a asentar sus premisas. La situación
académica era de dominio y sobre ella tengo reservas. Ayer, sentada entre
ustedes en la sala, escuché a Mandel y debo decirles que lo admiro y creo
que es uno de los pensadores más interesantes que puedan encontrarse,
comparto sus ideas, pero me di cuenta de que su lenguaje está destinado más
a la imprenta que a la alocución. Su ensayo seguramente se imprimirá pero
podría decirlo en Japón o en Singapur, en donde fuera, él lo dijo en
México. Estoy en contra de este tipo de enseñanza porque es abstracta. Por
eso me sentí incómoda y hoy me siento incómoda ante ustedes porque me
parece que éste es un ejemplo, un símbolo de la actitud autoritaria.
Quisiera que me entendieran, no estoy en contra de la teoría o del
pensamiento abstracto, despersonalizado. Insisto, me opongo al pensamiento
abstracto cuando se sustrae del contexto humano".
Susan respalda sus ideas con actitudes ya que anoche no le importó
acostarse a las tres de la mañana con tal de quedarse a hablar con dos
jovenes cineastas y levantarse a las seis para ver sus películas. Luis
Terán consigna que discutió con Víctor Sanen, Francisco Taibo, (¿será
nuestro Paco Ignacio) Carlos de Hoyos, Ramón Vilar, Eduardo Carrasco
Zanini, José Carlos Mendez, Tomás Pérez Turrent, crítico de cine. El día
que voló a Nueva York de regreso no tuvo empacho en salir de su hotel a las
6:30 de la mañana para presenciar el rodaje de El Mago, en el callejón de
Dolores, dirigida por Carlos Castañón.
Si esto no es buena voluntad y deseos de comunicarse con los demás, no sé
cómo pueda llamarse.
***
"La palabra puede ser caricia, pero debe decir la verdad"
por Elena Poniatovska
Susan Sontag, premio Príncipe de Asturias en 2003 y la voz crítica más
contundente de Estados Unidos, la que se opuso con vehemencia al "programa
imperial" de George W. Bush, la que denunció la atrocidad de las guerras,
la de Vietnam, la de Kosovo, la de Irak, murió el martes 28 de diciembre a
los 71 años de leucemia en el hospital Memorial Sloan Kettering Cancer
Center, donde la atendían desde 1975, cuando le diagnosticaron cáncer de mama.
Filósofa, hizo ensayos notables sobre la fotografía, la enfermedad como
metáfora, el sida, el kitch, el dolor, la tortura, pero lo que ahora más
impresiona es su crítica a la política estadunidense al lado de
intelectuales de la talla de Noam Chomsky, Norman Mailer y Gore Vidal. En
1993 tomó parte importante en la fundación del Parlamento Internacional de
Escritores, creado en Estrasburgo para luchar por la libertad de expresión
y proteger a los autores perseguidos y ese mismo año viajó a Sarajevo,
donde montó Esperando a Godot, en medio de las balas. El 17 de agosto de
1993 la estrenó en Sarajevo y el alcalde la nombró "ciudadana de honor".
Sontag vio venir el fascismo en Estados Unidos y lo denunció. Por su
postura política y por su literatura, en 1999, Francia le dio la Legión de
Honor, en grado de comendador de la Orden de las Artes y las Letras.
"Voy a hacer la película sobre México que Eisenstein no hizo"
En 1974 le hice otra entrevista en la ciudad de México. Susan en esos años
hablaba más de cine que de literatura. "What are you doing now?"
-era su primera pregunta. La última vez que la vi fue en el coloquio que
dirigió Carlos Fuentes en el Festival del Centro Histórico al lado de José
Saramago, Juan Goytisolo, Edna O'Brien y sobre todo J. M. Coetzee, cuya
espiritualidad saltaba a la vista, pero entonces ya no la entrevisté.
-¿Sabes?, ya voy a hacer la película sobre México que Eisenstein no hizo.
Eisenstein sólo tocó una de las culturas. Yo pretendo abarcar las tres
culturas.
-¿Has ido a la Plaza de las Tres Culturas, la de Tlatelolco?
-Sí. Me fascina tu país; su contradicción, el hecho de que la arquitectura
esté concebida para hombres que tienen una altura de dos metros cuando los
mexicanos son más bien pequeños.
-La que tiene dos metros de alto eres tú, Susan.
-Sí, aquí nada está hecho a escala del hombre. Todo es desorbitado; hay un
amor del gigantismo que a mí me deja con la boca abierta. ¡Qué museo el de
Antropología; es como para un cíclope! De hecho, desde que desciendo del
avión empiezo a abrir la boca; todo me parece in-cre-í-ble, lo que dice la
gente es in-cre-í-ble, verla moverse, ver su ropa, todo me asombra. Vivo en
un perpetuo estado de asombro, siempre estoy interrogándome, siempre estoy
dispuesta a aprender algo nuevo.
-Susan, tú eres escritora, ¿qué diablos estás haciendo metiéndote en el cine?
-Pero sigo escribiendo; tengo cuatro libros listos para su publicación;
trabajo ahora mismo en cuatro libros. ¿Tú sabes lo que es eso? (se ríe)
Tengo un libro de relatos que ya está terminado, un libro de ensayos, una
novela, mi tercera novela, ¿recuerdas las dos primeras: El bienhechor y
Estuche de muerte?, y un pequeño libro sobre la idea de la Revolución
Cultural. El año pasado estuve varios meses en China y me fascinó lo que
vi. ¡No sabes cómo me impresionó! Todo el mundo tiene su lugar en la
comunidad. En vez de la lavadora, la licuadora y todos estos utensilios
irracionales de la sociedad de consumo, los viejos son los que hacen las
compras, guisan la comida en forma comunitaria, cuidan a los niños. Ninguno
se va al asilo para ancianos, ninguno se vuelve loco o neurótico porque ya
no sirve para nada; todos son necesarios y conservan su dignidad y no se
hacen esos ridículos estudios sobre geriatría. A los 55 años los chinos se
retiran, pero sirven en otros campos: niños, cocina, lavado; se sienten
útiles, nadie los rechaza. Quince por ciento de la población está en los
centros urbanos, es decir, es gente de ciudad, y 85 por ciento es gente del
campo. Sí, sí es cierto que todos los chinos se parecen, que hombres y
mujeres se visten igual, pero a mí esto me gustó; me gustó que las mujeres
me miraran derecho a los ojos, me gustó su actitud responsable. Además, las
mujeres siguen teniendo hijos a pesar del uniforme. Así es que, como verás,
sigo escribiendo.
-Pero, ¿y el cine?
-En 1969 y en 1971 filmé en Suecia Dúo para caníbales y Hermano Carl.
-¿Por qué en Suecia?
-Porque allá encontré productor. Son dos películas de ficción con actores,
etcétera. Terres promises (Tierras prometidas), sobre la guerra de Israel,
la filmé en 1974. Judía yo misma, filmé a las tropas israelíes en los
campos de batalla y en los Altos del Golán y aunque la palabra documental
no me gusta, podría considerarse así dentro de su género, puesto que se
trata de un testimonio sobre la guerra de Israel.
En el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, Sontag mostró su
película sobre Israel. Acompañada de su hijo David Rieff y por su
productora, Nicole Stéphane, dulce como un campo de trigo, Susan dio una
pequeña charla sobre Tierras prometidas, siempre con su boquilla entre los
labios. "No -respondió Susan Sontag-, no soy sionista, sino simpatizante de
Israel". Algún joven le hizo ver que la película era parcial, unilateral, y
David Rieff, asistente de director y de fotografía, aclaró que había
costado 80 mil dólares, lo que Nicole Stéphane corrigió diciendo que sólo
habían sido 30 mil reunidos en el mismo Israel. A propósito de la guerra de
Vietnam, Sontag aseveró: "Estaba en su derecho: el agresor era Estados
Unidos. En el caso de Israel se trata de dos derechos que se confrontan: el
de los palestinos y el de los israelíes y ambos tienen razón".
Años más tarde, Susan habría de condenar la ocupación de tierras palestinas
por los israelíes, como habría de tener una postura disidente frente al
atentado en contra de las torres gemelas en Nueva York el 11 de septiembre
de 2001, que hizo que muchos estadunidenses la consideraran antipatriota.
Cuatro libros a la vez
-¿Y cómo puedes trabajar en cuatro libros a la vez?
-Así ha sido siempre: tengo varias cosas sobre mi mesa de trabajo.
-¿Y qué te hace creer, Susan, que tú podrías hacer la gran película sobre
México?
-En primer lugar, porque no es un país que desconozco; viví los 13 primeros
años de mi vida en Tucson, Arizona, en el territorio suroeste robado a los
mexicanos, e hice muchos, pero muchísimos viajes a la frontera. Conozco
bien el norte de México y esta relación data de mi infancia y todo lo que
proviene de la infancia se vuelve siempre íntimo y entrañable; por esto,
siento que tengo una relación íntima con México. Además, me llama
poderosamente la atención no sólo la cultura precortesiana y la de la
Colonia, sino esta cultura moderna importada y en cierto modo impuesta por
los estadunidenses. Todo me fascina: el sadomasoquismo mexicano, la
atracción por todo lo que es mórbido, este laboratorio de las tres
culturas. Lo que no soporto es la falta de curiosidad; el hecho de que nada
se te mueva por dentro. Oye (se ríe), ¿viste mis canas? Hace dos años no
las tenía.
-Susan, ¿por qué eres feminista? ¿Qué es lo que te impulsa a ello?
-Mira, Elena, incluso aquí en México, en el medio universitario, entre los
jóvenes con quienes he estado, las mujeres me parecen más sensibles, más
curiosas, más dispuestas a cuestionarlo todo, a interrogarse a sí mismas, a
plantearse problemas. No es cierto que las mujeres sean pasivas y menos
inteligentes que los hombres. Lo son tanto o más. Lo que sucede es que sólo
ahora se están atreviendo a levantar la voz, a hacerse oír. Si tú te
encuentras entre un grupo de mujeres, fíjate bien, verás qué bien hablan,
con qué lucidez plantean sus problemas; me refiero a mujeres solas. Si
llegan los hombres, entonces, por toda una serie de resortes ancestrales,
se callarán, se harán a un lado, volverán a la sordina anterior, a
resguardarse a la sombra del hombre. Por eso creo que es muy importante que
las mujeres sean agresivas. ¿Por qué no habrían de serlo? Los hombres sí
son agresivos.
-¿Y el exhibicionismo? ¿Qué piensas de él? ¿No te parece a veces que el
feminismo lleva a un exhibicionismo desorbitado, a desplegar toda una serie
de facetas que antes se escondían? ¿Por qué de pronto las mujeres se
complacen en contar lacras o en mostrar como en un quirófano su vida sexual?
-Un aborto no es una lacra, Elena. Yo no cuento lo que me ha sucedido; mi
vida, mi casamiento con Peter Rieff, con quien escribí Freud, la mente y el
moralista, mi separación siendo aún muy joven y después mi divorcio, el
nacimiento de mi hijo, David Rieff; mis dos abortos, uno horrible en
condiciones atroces, otro en un hospital sólo para exhibirme; lo cuento
porque trato de ver por medio de estos acontecimientos, trato de ver lo que
soy, lo que voy a ser. Soy muy ambiciosa: quiero ser una gran escritora,
por esto observo tanto; quiero ser también una gran cineasta. Escribir y
filmar, además del feminismo, son mis intereses. No quiero esconder mis
ideas, quiero decirlas porque al hablarlas se clarifican, incluso para mí;
nada de falso pudor.
-Entonces, ¿no crees en el misterio?
(Sonríe y se ríe como si le explicara a una niña algo que difícilmente
pudiera comprender, y me da una palmadita en un hombro).
-¡Mira qué bonita está tu blusa, te ves muy bien! Claro que creo en el
misterio, creo que la palabra no es sólo un borbotón de sonidos que salen
de una boca, creo que la comunicación no es únicamente una avalancha de
discursos y de peroratas. Creo que la palabra puede ser caricia (se ríe),
pero la palabra de verdad, tiene que decir la verdad.
-¿Y el silencio no es también la verdad?
-Ay, Elena, ¿cuándo vas a París? Ahora me tengo que ir a Cuernavaca, a ver
a Ivan Illich; es mi gran amigo, lo quiero porque me enseña cosas que
siempre resultan verdaderas. ¿No lo conoces? ¿Nunca has ido?
Susan Sontag se despide con la desenvoltura, la seguridad que caracteriza
todos sus actos; no hay en ella nada cohibido, no hace el menor movimiento
en falso: pertenece a la raza de los conquistadores, los que usan la mente
para llegar a donde se lo proponen.
Ahora que ha muerto Susan nos va a hacer mucha falta, mucha más falta que
antes aunque podemos leerla y leerla mejor que antes. Ojalá y la fotógrafa
Annie Leibowitz, que compartió sus últimos años, comparta también las
múltiples fotografías que debe de haber tomado de ella.
Hasta el último momento debió ser hermosa porque antes que nada era hermosa
por dentro. La inteligencia es la joya más perdurable, la más dura, la más
cortante y, en el caso de Susan Sontag, fue la más alta en su corona.
Publicado en La Jornada (México) Viernes 31 de diciembre de 2004
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[P/L@725] Susan Sontag: Los valores de la literatura
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[P/L@758] Susan Sontag: Diálogo entre una descendiente de Noé y un pájaro
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