Entrar
¿Nuevo usuario? Inscribirme
paraleer · Literatura e Ideas del Mundo Necesario
? ¿Ya estás suscrito? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...?
Podés cambiar el orden de los mensajes. Simplemente hacé clic en el enlace de columna fecha. Tus preferencias se guardarán, por lo tanto no necesitarás hacerlo otra vez cuando vuelvas a entrar.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
[P/Lx@831] El Tiempo de Octavio Paz   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #876 de 1054 |

Sitio recomendado paraleer:
ObeliscoPress
http://www.artepar.com.ar
Medio Alternativo Independiente de Información Cultural
Dirigido por el amigo Helios Buira
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬

[P/Lx@] Letras mexicanas

El Tiempo de Octavio Paz
por Carlos Fuentes

Qui le croirait! on dit, qu'irrités contre l'heure
De nouveaux Josués à pied de chaque tour,
Tiraient sur les cadrans pour arrêter le jour.

De esta manera, el versificador popular de las jornadas revolucionarias de
julio se refirió a un hecho insólito: apenas levantadas las barricadas del
primer día de combate, muchos grupos, sin concentarse, ambularon por las
calles de París disparando contra los relojes de las torres. ¿Para detener
el día? Sí, en cierto modo: para actualizar el presente, para radicarlo en
sí mismo. Las revoluciones tienen conciencia de su carácter inmediato,
exaltante, existencial, acaso fugaz, seguramente irrepetible. Cada
revolucionario es un hombre que se dice: «Los hombres no han visto nada
igual»: los reyes ascienden al patíbulo, los guajiros descienden de la
sierra, una pareja se enamora en las barricadas del Boulevard St. Michel y
descubre que debajo de los adoquines están las playas; la entrada de Pancho
Villa y Emiliano Zapata a la ciudad de México; la toma del Palacio de
Invierno en Petersburgo; la larga marcha; los cadaveres encajonados de la
Comuna son el cadáver resplandeciente de Guevara en un cajón de pino
boliviano. Se dispara contra los relojes para que el tiempo se detenga y el
irrepetible instante sea la eternidad. Pero en el instante de esa
cristalización absoluta de la cronología, ésta, milagrosamente, se
desdobla: el tiempo deja de ser ajeno sólo para empezar a ser objeto de una
nostalgia y de una esperanza.
A este orden revolucionario del tiempo pertenece la obra de Octavio Paz. Lo
recordé mucho hace poco -a él, que acaba de dar el más claro ejemplo de
ética e independencia intelectuales en México- viajando por los pueblos del
Valle de Morelos con el escritor norteamericano Jack Gelber. Nos detuvimos
en una aldea sin nombre, olvidada por los mapas de ruta y por las señales
de tránsito. Le preguntamos a un campesino cómo se llamaba el pueblo. Nos
contestó: «Garduño, en tiempos de paz; Zapata, en tiempos de guerra.» Ese
hombre, heredero de la leyenda revolucionaria del zapatismo, sabía que
había otro tiempo. Más bien: que podía aspirarse, simultáneamente, a un
tiempo lejano, el del origen, el del ser primero; y también a un tiempo
futuro que, de manera cierta, sería el cumplimiento de aquél. Encuentro y
transfiguración de la edad rememorada y de la edad deseada. Ese campesino
morelense nos estaba diciendo un poema de Octavio Paz: «Hambre de
encarnación padece el tiempo.»
La obra literaria de Paz es una constante encarnación del tiempo, pero no
del tiempo que marcan los relojes antes de que disparen contra ellos, sino
de ese triple tiempo humano que, al «arrêter le jour», se instala en el
presente sólo para recordar el origen del ser e imaginarlo en la meta.
«Todo poema es tiempo y arde» Ese tiempo reclama un espacio, que también es
el de la poesía: «desplegar un lugar, un aquí, que reciba y sostenga una
escritura» La poesía en Paz es la perfecta conjunción de un tiempo y un
espacio escritos; y esa escritura es la constante renovación de las
fundaciones del hombre: es profundamente histórica, no en el sentido de
consagrar una abstracción lineal y absoluta por encima de las cabezas de
los hombres vivientes, sino precisamente porque niega toda ilusión
mecánicamente optimista de progreso: «del mismo plato comen dioses, hombres
y bestias», y en ese plato común de la historia Tántalo, si lo desea, puede
al fin comer los manjares de su existencia plena: debe compartirlos con la
creación entera. Debemos salir del «laberinto de la soledad» a la
paradójica tierra común de la soledad: «Estamos solos. Como todos los
hombres... Nos aguardan una desnudez y un desamparo. Allí, en la soledad
abierta, nos espera también una trascendencia: las manos de otros
solitarios. Somos, por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de
todos los hombres.»
Con estas palabras termina (abre) Paz su brillante caracterología de los
mexicanos. A lo largo de doscientas páginas, el escritor no sólo ha
realizado la monumental tarea de cancelar lo muerto y alentar lo vivo de
una historia que ha procedido por rupturas, negaciones totales y constantes
reinicios desde cero; también -sobre todo- ha relacionado lo vivo de
nuestras tajantes divisiones históricas -mundo indígena, conquista,
colonia, independencia, anarquía republicana, reforma liberal,
intervenciones y mutilaciones, dictadura positiva, revolución
democrático-burguesa- entre sí, hasta configurar una identidad que, al
reconocerse, empieza a reconocer a los demás. «Un libro, un texto, es un
simple tejido de relaciones», ha escrito Paz: espejo y negación de las
sociedades históricas, la literatura las obliga (pues ellas quisieran
saberse, siempre, monolíticas, eternas, sin fisuras) a verse como
estructuras relativas y dependientes, mortales por mutantes, mutantes a su
pesar. El arte es la estructura, también relativa, dependiente, cambiante,
que se atreve a decir su nombre. O más bien, sus nombres: los nombres de la
tensión: nostalgia y deseo, pasado y futuro, hilación y circulación. El
lugar de encuentro es el poema: «consagración del instante» que hace
presentes -que hace presentables- las memorias y aspiraciones humanas.
Por todo ello, la poesía de Paz es crítica; su tiempo y su espacio, lejos
de pretender a la falsa perfección de lo cerrado, representan una apertura
permanente; son un signo de relación, de contaminación, de necesidad y, en
consecuencia, una forma rebelde y augural de la libertad. La poesía de Paz
es la lectura de un mundo verdadero y humano, ajeno en todo al gran mal de
la cultura positiva de Occidente: la reducción, el cerco, la mutilación de
lo que no cabe dentro de las justificaciones pragmáticas o idealistas de la
burguesía, el olvido de las advertencias fundamentales de Shakespeare («Hay
más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las soñadas en tu
filosofía»), de Pascal («La razón que no tiene conciencia de sus propios
límites es una débil razón») y aun del mal leído Descartes (que jamás
permitió que la razón se alejara de la compañía inquietante y sospechosa de
un universo infinito): la separación. La poesía de Paz es heredera en línea
directa de la gran tradición que, en el alba misma de la burguesía
victoriosa, opuso a su visión cómoda y mediana (clase media: clase
mediadora, in medio stat virtus), el verbo escandaloso y escandalizado de
la totalidad de lo real: Blake, Coleridge, Novalis, Hölderlin, Nerval,
Baudelaire, Lautreamont... Poesía de lo que no encontró cabida en la
generalización legal del capitalismo («todos los hombres son iguales») y
fue negado en su aplicación práctica («pero algunos hombres son más iguales
que otros»). A cambio de la igualdad abstracta, la burguesía ofreció a los
hombres un abandono concreto (uno de los primeros actos jurídicos de la
Revolución francesa fue la Ley Chapellier, que disolvió las formas
tradicionales de la asociación del trabajo); y, a cambio del abandono
concreto, les ofreció la ilusión del yo. Las aventuras del egoísmo son un
largo y lúgubre melodrama que parte del descubrimiento rousseauniano de la
«sensibilidad» y concluye en las formas degradadas del folletín televisivo
y el confesionario horizontal de los siquiatras. El positivismo capitalista
significó una ruptura de las relaciones de los hombres con el mundo y de
los hombres entre sí: una devastación del mundo humano en aras de la
simonía secular.
«Hemos sido esperados en la tierra», dice Walter Benjamín en uno de sus más
hermosos ensayos. La obra de Paz, encarnación del tiempo y escritura del
espacio, puede se leída a partir de estas palabras, negadoras del
determinismo, portadoras de la esperanza. Hemos sido esperados: el mundo
existe para nosotros, pero el mundo nos preexiste. Y nada en el mundo nos
preexiste tanto como el lenguaje. Y si el mundo que nos preexiste es un
mundo devastado, su recreación será idéntica a la del vehículo mismo de la
comunicación: el lenguaje. «El hombre -escribe Paz en su ensayo sobre André
Bretón-, aun el envilecido por el neocapitalismo y el seudosocialismo de
nuestros días, es un ser maravilloso porque, a veces, habla. El lenguaje es
la marca, la señal -no de su caída, sino de su esencial irresponsabilidad.
Por la palabra podemos acceder al reino perdido y recobrar los antiguos
poderes. Esos poderes no son nuestros. El inspirado, el hombre que de
verdad habla, no dice nada que sea suyo; por su boca habla el lenguaje.»
Doble paradoja, entonces: vivir «un ahora en perpetua rotación, un mediodía
nocturno...» vivir «un presente fijo e interminable y, no obstante, en
continuo movimiento»: ¿será esta muerte de lo que pasa por «historia» la
única manera de tener verdadera historia?, ¿la única manera de recuperar el
pasado e imaginar el porvenir?; y admitir, al admitir la soberanía del
lenguaje sobre el autor, que la única verdad personal es la apertura a lo
impersonal y que todo poema es colectivo: es el querer decir del lenguaje
mismo. (No es fortuito que la última obra de Paz sea, precisamente, un
renga «occidental» escrito colectivamente con los poetas Charles Tomlinson,
Jacues Roubaud y Edoardo Sanguinetti.) Personalmente, creo que Paz tiene
razón: esta doble paradoja es nuestra verdad y nuestra posibilidad en un
mundo de dictaduras tecnocráticas (y sus prolongaciones imperialistas)
caracterizado por «la perfección del sistema de comunicaciones y la
anulación de los interlocutores» En el fondo se trata de saber si diremos
(como la poesía) mi yo eres tú o (como el poder) yo soy tú.
Los ensayos de Octavio Paz, inseparables de su poesía, no son sólo una
extensión crítica de ésta; más bien, ambas formas integran un todo crítico
y participan de un signo idéntico: la elaboración de un conocimiento, de un
saber, por naturaleza antidogmático, de los problemas humanos. Pero si la
poesía de Paz es crítica del lenguaje, sus ensayos son crítica del mundo o,
mejor dicho, de las estructuras dentro de las cuales el el lenguaje se
inserta. Esas unidades estructurales, para Paz, no son ni el yo ni el
Estado, ni la nación ni el alma ni las iglesias; ni siquiera la debatible y
difusa noción de cultura, sino la suma de vertebraciones en permanente
tensión (tradición y ruptura, o tradición de la ruptura) que llamamos
civilizaciones. El mundo como contaminación, coexistencia, canje y rechazo
de formas de civilización. Pero no en el sentido literal de Toymbee o
Spengler, sino en el sentido circular, espiral y de permanente presente de
las mitologías de Lévi-Strauss. Las civilizaciones como obra del lenguaje;
el lenguaje como obra de las civilizaciones.
Creo que no hay un escritor actual de la lengua castellana que, como
Octavio Paz, haya sabido sumar en sus escritos tal pluralidad relativa de
experiencias. Creo, asimismo, que esta selección de ensayos que Alianza
Editorial reúne ahora para el público español da abundante prueba de mi
aserto. Peregrino de las civilizaciones, Paz el ensayista ha escrito una
sola, vasta obra de «conjunciones y disyunciones»: los encuentros, las
confrontaciones, las simbiosis, las unidades rescatadas y las diversidades,
en buena hora, mantenidas, de las civilizaciones. Hijo de México, hermano
de América Latina, hijastro de España, hijo adoptivo de Francia, Inglaterra
e Italia, huésped familiar y afectivo de Japón y la India, bastardo (como
hoy lo somos todos) de los Estados Unidos, Paz, abierto a todos los
contactos de la civilización, pertenece a ese reducido grupo de figuras
(algunos españoles: Cernuda, Buñuel, Goytisolo) que nos aseguran que los
ghettos de la cultura en castellano no son eternos. Dos ensayos incluidos
en esta antología, «Literatura de fundación» y «Conquista y colonia»
demuestran la seriedad y complejidad con que Paz se acerca a los conflictos
derivados de nuestra herencia hispánica. Somos «un capítulo de la historia
de las utopías»; vale decir, somos hijos de la palabra: fuimos imaginados
(deseados) antes de ser. Tradicionalmente nos hemos preguntado: ¿estamos a
la altura de la utopía que nos diseñaron? Hoy empezamos a preguntar: ¿por
qué no estuvieron quienes nos imaginaron a la altura de su propio sueño?
Somos una fundación de la contrarreforma española; vale decir, somo
excéntricos, voluntariamente marginados. Tradicionalmente, hemos aceptado
la tutela de queines sí participaron de la aventura de la modernidad.
Después de las purgas stalinistas, Auschwitz e Hiroshima, esa aventura, por
vía del crimen, también desembocó en la marginalidad. Nadie es inocente; el
mal es sólo lo que aún desconocemos. Los antiguos dominadores son hoy tan
excéntricos como nosotros lo hemos sido siempre; la excentricidad equivale
hoy a la escueta y central aspiración de ser. Somos «contemporáneos de
todos los hombres» No por la fuerza militar polarizada, ni por la injusta
distribución del poder económico, ni por la impersonalidad tecnológica.
Somos contemporáneos por la misma razón que fuimos creados: somos
contemporáneos por la palabra. Para decirnos, debemos decir el mundo; y el
mundo, para decirse, debe decirnos.
En los ensayos de Octavio Paz nuestra palabra se actualiza porque se
relaciona. En esta vasta y brillante red de circulaciones, Buda es
presentado a Marx y ambos se relacionan con Góngora y Michaux, Grecia
encuentra un signo en Teotihuacán y el oro de la conquista española se
transmuta en piedra de los altares hindúes; el mundo de la palabra de Blake
engendra la palabra del mundo de mallarmé. Los signos están en rotación. La
historia de los hombres es una sola. La sostiene, padece y goza, una pareja
primigenia y última, la persona amada y natural que es principio y solución
del mundo. Los ritmos, tersuras y asperezas de la prosa de Paz son, al
cabo, los del erotismo; la palabra descansa en los cuerpos, últimos altares
de la civilización. El cuerpo y la palabra, el arco y la lira: la
encarnación del tiempo, el espacio de la escritura, la reconstrucción del
mundo mediante la apertura del elnguaje preexistente, la posición relativa
del hombre dentro de las civilizaciones mortales pero representables y,
sobre todo, la liberación de los hombres en la soledad abierta que es su
relación con los demás hombres y con el mundo: «Aspiro al ser, al ser que
cambia, no a la salvación del yo.»

Tomado de:
ObeliscoPress
Medio Alternativo Independiente de Información Cultural
© HELIOS BUIRA - Director - Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Año
2005
ObeliscoPress es una publicación de Ediciones ArtePar en la Web.
Para comunicarse con la Redacción buzon@...
Para suscribirse al grupo Del Obelisco: delobelisco-subscribe@...

Paraleer a Octavio Paz:
[P/L@409] Octavio Paz: Poemas (I)
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/430
[P/L@430] Octavio Paz: Poemas (II)
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/451

Paraleer a Carlos Fuentes:
[P/L@33] Carlos Fuentes: ¡Viva Chile, mierda!
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/37
[P/L@338] Cronicas: Elecciones en EEUU
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/354

Sitio web de este número:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/876
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
Para leer por e@mail
Servicio solidario de lecturas por correo electrónico
Literatura e Ideas para el Mundo Necesario
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer
Ultimos números publicados:
[P/Lx@830] Alberto Laiseca: La caída del rey Nan
[P/Lx@829] Impunidad y Masacre en Once (II)
[P/Lx@828] Impunidad y Masacre en Once (I)
[P/Lx@827] Homenaje a Susan Sontag (II)
[P/Lx@826] Homenaje a Susan Sontag (I)
Para leer los últimos números encontralos en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/messages
Para consultar el índice de P/Lx@ entra en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/Indices/indice700.htm
Visita nuestro Almacén en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/Almacen.htm
Se aguardan con entusiasmo tus aportes con material literario afin
así como tus críticas sugerencias.
Envíalos a paraleer@... o también a paraleer@...
Agradecemos a todos los que solidariamente nos envian valiosos textos
para compartir.
Invita a tus amigos a sumarse a la red P/Lx@, diles que se subscriban
enviando un mensaje en blanco a: paraleer-
subscribe@...
Para borrarse: otro mensaje a paraleer-unsubscribe@...
-----------------------------------
Este verano los "Daños Colaterales" se van a dormir la siesta...
Vuelve el programa que cambio la manera de clasificar los paradigmas
radiofónicos...
DEL OTRO LADO DEL PARLANTE
Todos los sábados de 14 a 16 hs. por la 94.3 FM UTN
estamos Del Otro Lado del Parlante...
Una mirada desde el Mundo Necesario
Conducción: Tonio Blanco y un equipo de más...
Envianos tu información a parlante@...
-----------------------------------
© Red P/Lx@ - 1998/2004
Coordinador: Tonio Blanco - Córdoba, Argentina







Mié, 12 de Ene, 2005 5:48 pm

tonio_b
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Reenviar Mensaje #876 de 1054 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Sitio recomendado paraleer: ObeliscoPress http://www.artepar.com.ar Medio Alternativo Independiente de Información Cultural Dirigido por el amigo Helios Buira...
Para leer por e@mail
tonio_b
Sin conexión Enviar correo
12 de Ene, 2005
6:10 am
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! de Argentina S.R.L. Todos los derechos reservados.
Política de privacidad - Condiciones del Servicio - Reglas de la comunidad de Yahoo! - Ayuda