Todo el pensamiento moderno está impregnado por la idea de pensar lo imposible.
Michel Foucault
Grafitis para leer ;-P (envianos el tuyo)
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[P/Lx@] Siguiendo los pasos del Maestro
Foucault sigue dando cátedra
por Edgardo Castro
[Revista de cultura Ñ - Buenos Aires 8/01/05]
Nacimiento de la biopolítica
por Michel Foucault (fragmento)
"Se puede decir, finalmente, que el lema del liberalismo es: 'vivir
peligrosamente'. 'Vivir peligrosamente', es decir, que los individuos estén
perpetuamente en situación de peligro o, más bien, ellos son condicionados
para que experimenten su situación, su vida, su presente, su futuro como
siendo portadores de peligro. Y es esta especie de estímulo del peligro lo
que será, creo, una de las consecuencias más importantes del liberalismo.
Toda una educación para el peligro, toda una cultura del peligro aparece,
en efecto, en el siglo XIX. Tomemos, como ejemplo, la campaña sobre el
ahorro a comienzos del siglo XIX; encontrarán la aparición de la literatura
policial, el interés periodístico por el crimen a partir de mediados del s.
XIX y todas las campañas acerca de la enfermedad y de la higiene. Observen
todo lo que sucede en torno a la sexualidad y al miedo a la degeneración:
degeneración del individuo, de la familia, de la raza, de la especie
humana. En fin, por todos lados encontrarán esta estimulación del miedo al
peligro que es, de alguna manera, la condición, el correlato psicológico y
cultural interno del liberalismo. No hay liberalismo sin cultura del peligro."
De "Nacimiento de la biopolítica" (p.68)
"Después de todo, lo que hago (...) no es, finalmente, ni historia, ni
sociología, ni economía. Más bien, algo que tiene que ver, de una manera u
otra, y por razones simplemente de hecho, con la filosofía, es decir, con
la política de la verdad; pues no veo muchas otras definiciones del término
'filosofía', sino ésta. Se trata de la política de la verdad."
De "Seguridad, territorio, población" (pp. 4-5) Trad. de Edgardo Castro
Foucault básico
Francia, 1926-1984 Filósofo
Alumno de Maurice Merleau-Ponty y Louis Althusser, con su "Historia de la
locura en la época clásica" (1961) y, sobre todo, con "Las palabras y las
cosas" (1966), Foucault logró imponerse en el horizonte intelectual francés
del siglo XX, determinando tanto la epistemología como la filosofía
política contemporáneas. A partir de los 70, ya profesor en el Collège de
France, comienza a ocuparse del análisis de los mecanismos de poder
("Vigilar y castigar", 1975, y "La voluntad de saber", 1976). En sus
últimos libros y cursos emprende un largo e influyente viaje por la
Antigüedad grecorromana. Murió en París.
Desde 1970 hasta su muerte, en junio de 1984, Michel Foucault dictó trece
cursos en el Collège de France. Un tema diferente cada año, según el
recorrido que seguían sus investigaciones. En ese entonces, ingresaba en
una sala desbordada de auditores, encendía la lámpara de un escritorio
invadido por grabadores y leía velozmente el material que había preparado y
con el que daba cuenta de su trabajo.
Pronunciado públicamente, el contenido de estas grabaciones no está
afortunadamente comprendido por la prohibición testamentaria de toda
publicación póstuma.
A partir de las grabaciones y consultando el texto del que se servía
Foucault, un grupo de trabajo comenzó a editar estos cursos a partir de
1997. Ya están disponibles seis en francés y tres de ellos se publicaron
también en español: "Hay que defender la sociedad", "Los anormales" y
"Hermenéutica del sujeto". Todavía faltan traducir "El poder psiquiátrico"
(publicado en 2003) y los dos que aparecieron en francés en octubre pasado:
"Seguridad, territorio y población" (el curso de 1977-1978) y "Nacimiento
de la biopolítica" (de 1978-1979).
Estos últimos dos, que nos interesan aquí, han sido preparados por Michel
Senellart.
En "Vigilar y castigar" (1975), Foucault describe la formación y el
funcionamiento del dispositivo disciplinario: una forma de ejercicio del
poder que tiene por objeto los cuerpos individuales y que busca hacerlos
políticamente dóciles y económicamente provechosos. En la última parte de
"La voluntad de saber" (1976), luego de haber analizado el dispositivo de
sexualidad, Foucault describe otra forma de ejercicio del poder que también
tiene por objeto el cuerpo, pero no el individual, sino el de la especie,
el de la población, el cuerpo colectivo. Se trata de la biopolítica.
La formación de una biopolítica, de una política de la vida biológica,
marca, según Foucault, el umbral de la modernidad biológica. Con sus
palabras, si, para Aristóteles, el hombre era un animal viviente y además
capaz de una existencia política; el hombre moderno es el animal cuya
política tiene por objeto su ser viviente. Como lo mostró el propio
Foucault, este umbral biológico de la modernidad no es sólo el umbral a
partir del cual una política afirmativa de la vida es posible, también lo
es una política negativa de la vida, una política de muerte: una
tanatopolítica. El racismo moderno, biológico y de Estado, de hecho, ha
llevado a su expresión paroxística el funcionamiento de los mecanismos que
se originaron al atravesar este umbral.
Con la publicación del curso "Seguridad, territorio y población", se agrega
al análisis del dispositivo disciplinario y de sexualidad, el estudio de
los dispositivos de seguridad. A través de ellos se describe la formación
de una de las piezas esenciales de la biopolítica. Las tres primeras
lecciones de este curso abordan, precisamente, las características
generales del dispositivo de seguridad, comparándolo con los mecanismos de
la soberanía y de la disciplina. Para describir los dispositivos de
seguridad, Foucault estudia la formación y la problemática de las nociones
de medio -especialmente urbano- de población y de normalización.
Respecto de la historia de los dispositivos de poder, vale la pena señalar
que, si bien Foucault nunca sostuvo una total substitución de los
dispositivos de soberanía por los disciplinarios y de éstos por los de
seguridad, algunos intérpretes (como Michael Hardt y Toni Negri, en
Imperio, por ejemplo) presentaban la historia foucaulteana de los
dispositivos de poder como una sucesión. Sin embargo, Foucault insiste,
cuando se ocupa de caracterizar los dispositivos de seguridad, precisamente
en la posición contraria. No hay una época antigua de la soberanía, otra
moderna de las disciplinas y otra contemporánea de la seguridad y de la
biopolítica. Soberanía, disciplina y seguridad forman, más bien, un
triángulo. Lo que ha cambiado, de una época a otra, es el vértice dominante.
A partir de la cuarta lección del curso, el eje del análisis se desplaza de
los dispositivos de seguridad al estudio de la historia de las artes de
gobernar y de lo que denominará la gubernamentalidad: la racionalidad de
las prácticas de gobernar. Esta lección y la siguiente, particularmente
interesantes desde un punto de vista teórico y metodológico, pueden
considerarse, por ello, como la bisagra del curso. Las lecciones siguientes
se ocupan del primer gran capítulo de esta historia, del poder pastoral.
Este comienza por sus orígenes en la cultura política oriental (Egipto,
Babilonia, Israel), continúa con el análisis del significado de su ausencia
en la cultura política grecorromana (Foucault dedica una especial atención
a "El político", de Platón), analiza su desarrollo con el cristianismo y
culmina con su crisis y estatización en los albores de la modernidad.
Luego, con las transformaciones del poder pastoral, se inicia el segundo
gran capítulo del estudio de las artes de gobernar: la razón de Estado.
Las últimas dos lecciones del curso abordan el estudio de la policía como
técnica propia de la razón de Estado. En la época, el término "policía", en
efecto, es utilizado para referirse al nuevo dominio en el que el poder
político y administrativo del Estado puede intervenir. El objeto de la
policía, como lo muestra Foucault, es el hombre mismo. En este sentido,
"ciencia de la policía" (Polizeiwissenschaft) fue el primer nombre que
recibió lo que nosotros conocemos actualmente como estadística.
Nacimiento de la biopolítica está enteramente dedicado al estudio de la
otra gran forma de la racionalidad política moderna, que surgió
precisamente en contraposición a la razón de Estado: el liberalismo.
El análisis de Foucault, luego de algunas consideraciones generales y
metodológicas, comienza por el cameralismo y el mercantilismo (siglos XVII
y XVIII); pasa luego a la fisiocracia, al surgimiento de la economía
política y del liberalismo clásico (siglo XVIII). Con la lección del 7 de
febrero de 1979, emprende el estudio del neoliberalismo (siglo XX): el
neoliberalismo alemán y el llamado Ordoliberalismo, la difusión del modelo
alemán en Francia y los Estados Unidos, el paso hacia el neoliberalismo en
Francia y el neoliberalismo americano. Las últimas lecciones están
consagradas al estudio de lo que él llama el modelo del homo oeconomicus.
Fobia del Estado
Asistimos, según Foucault, a una sobrevalorización y, consecuentemente, a
una fobia del Estado. Por un lado, bajo el lirismo de un monstruo frío que
nos enfrenta (una alusión a Nietzsche); por otro, bajo la forma, paradojal
y reductiva, de la limitación del Estado a ciertas funciones consideradas
esenciales. Pero, desde su perspectiva, no es el Estado ni la estatización
de la sociedad lo que realmente importa para nuestra actualidad, para
nuestra Modernidad, sino la gubernamentalidad. Curioso término, casi una
mala palabra.
Foucault es el primero en señalarlo. Con él se refiere al conjunto
constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y
reflexiones, cálculos y tácticas que permiten ejercer esta forma de poder
que tiene por objetivo la población; por forma mayor, la economía política
y los dispositivos de seguridad como instrumento técnico esencial. De ahí
que la era de la gubernamentalidad sea la era de la biopolítica, y el
liberalismo, una de sus formas constitutivas.
No es extraño, entonces, que el curso dedicado a la historia del
liberalismo se titule Nacimiento de la biopolítica. Para Foucault, en
efecto, la cuestión fundamental que nos plantea el liberalismo no es la del
mercado o la de la representación ideológica que la sociedad tiene de sí
misma, sino el gobierno de la vida, tal como ésta aparece en ese nuevo
objeto de acción y de análisis, descubierto en el siglo XVIII, esto es, la
población. Desde este enfoque, la historia del liberalismo, con sus apogeos
y sus crisis, aparece como la historia de una difícil y riesgosa relación
entre libertad y seguridad; pues, como lo expresa Foucault, "la formidable
extensión de los procedimientos de control, de restricción, de coerción,
constituirán la contraparte y el contrapié de las libertades".
Foucault, quien utiliza por primera vez el término "biopolítica" en 1974
(en una conferencia en la Universidad de Río de Janeiro: "El nacimiento de
la medicina social"), no fue su inventor. Por cuanto sabemos, su origen se
remonta al sueco Rudolf Kyellen (1905). Tampoco ha sido Foucault el primero
en ocuparse de la problemática que este término plantea, es decir, la
relación entre la política y la vida biológica. Según informa Roberto
Esposito, en su libro más reciente -"Bíos. Biopolítica y filosofía",
publicado en Italia en 2004-, antes de Foucault es necesario distinguir
tres etapas de la biopolítica. Una etapa organicista, en el primer trienio
del siglo XX, mayormente en lengua alemana, en la que hay que ubicar a
Kyellen y al barón Jacob von Uexküll. Esta primera fase está dominada por
el esfuerzo de pensar el Estado como un organismo viviente. En segundo
término, una etapa humanista, alrededor de los años sesenta y mayormente en
lengua francesa. Aquí encontramos a Aaron Starobinski y a Edgar Morin. En
esta segunda fase, se busca explicar la historia de la humanidad partiendo
de la vida (en griego, bíos), sin reducir por ello la historia a la
naturaleza. En tercer término, se distingue una etapa naturalista, surgida
a partir de mediados de los sesenta y en lengua inglesa (en autores como
Lynton Caldwell y James Davies). Aquí la naturaleza aparece como el único
referente regulativo de la política. Respecto de estas etapas, la obra de
Foucault (junto con la de Hannah Arendt) representa una cuarta que no está
en relación de continuidad con las precedentes.
Foucault ha renovado la problemática y ha conferido a la noción de
biopolítica un valor interpretativo y una potencia especulativa que
modifican notablemente el cuadro de la filosofía política contemporánea. A
pesar de ello, su análisis deja abiertas algunas cuestiones fundamentales:
por un lado, la relación entre categorías jurídicas y biopolítica; por
otro, la relación de reversibilidad entre política de vida (biopolítica) y
política de muerte (tanatopolítica).
A partir de ellas y, por lo tanto, continuando su trabajo, es necesario
señalar la aparición de una quinta etapa en la teoría de la biopolítica,
representada por dos filósofos italianos: Giorgio Agamben (especialmente
sus textos "Homo sacer. El poder soberano y la vida desnuda", de 1995, y
"Estado de excepción", de 2003) y Roberto Esposito (además del texto que
mencionamos antes, "Immunitas. Protección y negación de la vida", 2002). La
primera cuestión -la relación entre categorías jurídicas y biopolítica- es
la que afronta Agamben estudiando la noción de estado de excepción: el
mecanismo por el cual el poder se refiere a la vida. La segunda
-reversibilidad entre bio y tanatopolítica- es la que aborda Esposito con
la noción de inmunidad. Mientras Agamben considera que la relación entre el
poder soberano y la vida es constitutiva de todo poder soberano, no sólo
moderno, Esposito sostiene, en cambio, que la biopolítica, estrictamente
hablando y como piensa Foucault, es un producto propio de la modernidad
(llega incluso a afirmar que la noción de inmunidad puede convertirse en el
paradigma interpretativo de la modernidad).
Más allá de estas diferencias, una cosa es cierta: Foucault, con sus
análisis de la biopolítica, la razón de Estado y el liberalismo, ha abierto
una nueva y fructífera etapa para la filosofía política. Por un lado, ya no
podemos pensar la política de la misma manera. Aunque sigamos utilizando
las viejas categorías modernas (soberanía, propiedad, libertad), ellas ya
no tienen el mismo sentido: están atravesadas por la problemática de la
biopolítica. Por otro, pensar una biopolítica que no incluya como mecanismo
inmunológico una tanatopolítica -que no se convierta por seguridad en
política de muerte- parece ser el desafío más importante que debemos afrontar.
Aparecido en Suplemento de Cultura Ñ
Nro.67 Sábado 8 de Enero de 2005
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