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[P/Lx@859] Entrevista a Eduardo Galeano   Lista de mensajes  
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"Mi norma es recurrir sólo a palabras que mejoren el silencio"
Eduardo Galeano
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[P/Lx@] A pedido del público...

Para seguir leyendo a Galeano. Compartimos esta reciente entrevista.

"Aprendí a desconfiar de la palabra éxito"
Entrevista a Eduardo Galeano
por Camilo Sánchez (Revista Ñ 21/5/05)

Este año se cumplen 35 de la primera edición de "Las venas abiertas de
América Latina", un título que marcó una bisagra en la obra de Eduardo
Galeano. El autor uruguayo reconstruye aquí el proceso de escritura de sus
libros -el último, "Bocas del tiempo", le llevó ocho años-, recuerda su
paso por Buenos Aires y responde a quienes critican la emotividad y
transparencia de sus textos.

Galeano Básico
Montevideo, 1940. Escritor.
Podría definirselo como un recolector de historias: "Mientras camino -dijo
en esta entrevista- las historias y las palabras caminan también y algunas
comienzan a salir y así el libro se va escribiendo". Traducido a más de 20
idiomas, sus libros condensan parte de su propia historia, desde los
ensayos de "Las venas abiertas de América Latina" (1971) hasta voces y
recuerdos que confluyen en "Bocas del tiempo" (2004). En el medio, Eduardo
Galeano estuvo exiliado en la Argentina y España hasta que en 1985 regresó
a Montevideo. Su obra reúne títulos como "La canción de nosotros" (1975) y
"Días y noches de amor y de guerra" (1978); con "Memoria del fuego: Los
nacimientos" (1982) inició una trilogía que cuenta la historia de América.
Más tarde llegarían "El libro de los abrazos" (1989) y "Las palabras
andantes"(1993). Como periodista, fue jefe de redacción del semanario
"Marcha", director del diario "Epoca" y, en Buenos Aires, fundó y dirigió
la revista "Crisis".


El hombre que camina contra el viento en la Avenida de Mayo en busca del
café centenario sabe o intuye que no se puede ser del todo turista en la
ciudad en la que se ha vivido alguna vez. Su mirada indaga, curiosa, pero
no llega as er la de yun extranjero. Eduardo Galeano tiene con Buenos Aires
una relacion ambigua: una amante de otros tiempos que se visita por
necesidad o deseo. Esta ciudad lo recibioó , en 1973, tras el autoigolpe de
Juan María Bordaberry en Uruguay y lo despachó de urgencia cuando aquí
también los militaresse adueñaron de todo, en 1976. "Me fui de Montevideo -
ha explicado Galeano- porque no me gustaba estar preso, y de Buenos Aires
porque no me gustaba estar muerto."

Como quien sostiene una pata aunque sea metafórica en el origen, en
aquellos años en Buenos Aires -en que formó parte del equipo que editó los
40 números de la revista Crisis- Galeano vivía en un departamento sobre la
calle Montevideo. "Ni me había dado cuenta -dice-. Cuando se lo comenté,
algo perplejo, a China Zorrilla, ella me respondió como si tal cosa: yo
vivo en la calle Uruguay."

Tiene, como los jugadores de fútbol uruguayos, un especial encanto por la
parsimonia, como si contara con la paciencia a favor: el último de sus
libros "Bocas del tiempo", lo ha trabajado durante ocho años. "Voy despacio
a la hora de escribir: soy de parición lenta, como las vacas de mi país. Es
cierto, el último libro lo escribí durante ocho años. Son historias breves,
una manera de reunir el universo de a pedacitos. De los pedacitos que
quisieron formar parte de las Bocas del tiempo, quedaron apenas la mitad.
Es que un libro se arma como una trama de hilos de colores y algunos hilos
combinan y otros no combinan. Ellos tienen que decir, quiero estar aquí, al
lado de estos otros, quiero dormir por acá. Un libro se arma como una
trama, como un tejido. Tejido, en latín, es textum, que es el origen de la
palabra texto. Quien escribe, de alguna manera, teje: cuando escribo estoy
tejiendo.

- Desde la trilogía Memoria del fuego para acá, hay algo artesanal en sus
libros.
- Es cierto. Me encargo de diagramar las páginas, una por una. Es un enorme
placer sentir la página como una unidad y de verdad que la diagramación me
da tanta alegría como la escritura. Poder diagramar tus propias páginas,
que es un privilegio que se gana con el tiempo, permite incluir el
silencio, los espacios en blanco, que están prohibidos por las reglas del
juego: el blanco, en estos tiempos, no es rentable. No hay vacío en la
radio, no hay baches en la televisión. El vacio, el blanco, parece ser un
desperdicio. Sí, es cierto, este vaivén entre las palabras y el silencio
tiene mucho de trabajo artesanal. Una paciencia disfrutada.

- ¿Cuando percibe que una historia que le cuentan va a ir a parar a un libro?
- Es una especie de electricidad. Mi cuerpo percibe la alegría futura de
contar esa historia. De todas maneras, no todas pasan la aduana del papel:
a la hora de escribirlas, muy buenas historias se me han embobado. No todas
resisten la palabra escrita.


Entra al Tortoni apurado por una racha de vientos del sur que Galeano no
esperaba cuando esta mañana embarcó hacia Buenos Aires. El especialista en
retratar, en tiempo presente, los vericuetos, chanchullos y preciosuras de
la historia, pretende cargar con los equipos de la reportera gráfica y
después pide un cortado y un jugo de naranja. Galeano revisita la historia,
remonta la experiencia para después contarla, acaso porque sabe, como
Padrón Estarriol lo sabe, que nunca se puede hablar de algo al ir: siempre
al volver. Este año se cumplen 35 de la escritura de Las venas abiertas de
América Latina, un libro que ha superado las 60 o 70 ediciones. Ni siquiera
el autor lleva muy bien la cuenta. "Es un libro que caminó bien
-desmitifica Galeano- que tiene buenas piernas. Tuvo suerte. Lo escribí en
las últimas 90 noches de 1970. Don Arnaldo Orfila, que lo publicó en
México, cuando se cumplió un año y el libro había vendido nada más que 400
ejemplares, me llamó por teléfono: "no se desaliente -me dijo- éstas son
tierras difíciles. Siga escribiendo". Porque el libro no nació como
fenómeno en los primeros tiempos, pero fue circulando y creciendo casi por
su cuenta. A mí me abrió el camino para que intentara, después, otros
libros. Fue un texto que, además de reunir lo roto y lo disperso de lo que
cuento, me ordenó también a mi: reunió en mi lo roto y lo partido.

- Si Las venas... marcó un lugar desde donde escribir, la trilogía de
Memoria del fuego, marcó el estilo: ese cruce o mixtura de géneros.
- Las venas... es al fin y al cabo un ensayo económico político. A partir
de ahí, son libros inclasificables: libros que intentan reunir géneros
diversos y contradictorios. Como en la vida. Creo que el estilo se asienta
un poco antes de la trilogía, con Días y noches de amor y de guerra, que es
el tecxo que marca mi partida de Buenos Aires. Ese libro tiene mucho dolor
y también una alta celebración a la vida que hace pie, justamente, en ese
sufrimiento. Y también tiene, a pesar de todo, humor. Como un amigo
brasileño me dijo entonces: no te tomes en serio nada que no te haga reír.
En aquellos años turbulentos el humor ayudó a levantarme para seguir viaje.
Memoria del fuego es una síntesis de las Venas abiertas de América Latina y
de Días y noches de amor y de guerra: la memoria americana, pero el modo de
narración ligado o a un mundo más íntimo. Fue entonces que me fugué de los
géneros y hasta ahora no me han podido capturar.

Los límites de la palabra

Galeano, como Jabes, cree que la memoria e imaginación no son
necesariamente términos que se contradicen; y que acaso la ficción permita
trascender el crudo acontecimiento para recuperarlo en sus facetas más
recónditas. Por eso, en Memoria del fuego se puso las botas raídas de
Artigas para emprender el exilio, salió de copas de Obdulio Varela tras el
Marcacanazo de 1950 o remontó el trópico entre las alucinacionesde Alvar
Núñez Cabeza de Vaca, cuando aterrorizado y seducido por un rumor
inclemente avanzó entre mosquitos y la selva cerrada hasta encontrarse con
un templo: las aguas del río Iguazú cayendo en el vacío del mediodía. "Esos
eran momentos de la historia que te están esperando. Me encerré años en las
bibliotecas para llegar a esas mil historias que reflejaran la otra
historia de América. Uno busca sin saber lo que busca y de golpe aparecen
cosas que recompensan la cacería."

- ¿Usted adhiere a la idea de que estar atento al lenguaje es estar atento
a sí mismo?
- En las profecías mayas de Chilambalan, en Yucatán, se refieren a lo que,
se supone, los dioses transmitieron en boca de sus elegidos antes de la
conquista de América. "Serán esclavas las palabras", anuncia una de ellas,
como una forma de que se venía lo peor. Yo leí esta frase, que me fue
ofrecida en el año 1979, y estamos conversando 25 años después y la frase
vuelve, por caminos misteriosos, para que yo la rememore aquí, sobre esta
mesa. Uno escribe para eso, para ayudar a liberar las palabras esclavas.
Como decía Salvador Espriú, gran poeta catalán, otro de los regalos que
tuve en el exilio: "Escribo para devolveros el verdadero nombre de cada
cosa". Ahora bien, ese rescate implica dolor, pero también humor, placer,
es un viaje en el que tiene que participar todo lo que sos, porque si no el
lector no va a recibir nunca esa liberación como una buena noticia. Estaba
escuchando unas declaraciones de un futbolista, compatriota, Poyet, que
anduvo jugando en España e Inglaterra. Y muy bien. Acaba de retirarse: el
fútbol, se sabe, es un oficio de gloria corta. Dijo Poyet algo que me
impresionó mucho: "Me retiro porque ya no siento placer cuando me toca
entrenar". Es decir, nada dice de los noventa minutos, del juego, sino del
día a día, de lo previo al partido del domingo. Y me gustó y tomé esa
sabiduría de Poyet como propia: el día que deje de sentir placer por contar
historias, por contagiar cosas, por percibir y transmitir esas
electricidades de la vida, espero tener la honestidad de mi compatriota
Poyet para dejar de escribir.

- Ahora, a los 65 años, mira hacia su propia memoria y qué agradece de su
formación.
- En mi adolescencia, tuve la suerte de encontrar un profesor, un argentino
que iba a Montevideo los fines de semana, Enrique Broken -abogado laboral,
socialista- que nos daba clases. Hicimos, créase o no, una lectura de El
Capital. A los 17 años tenía leídos La Biblia y El Capital. Qué palizas.
Este Broken era un hombre entrañable que nos permitió introducirnos en esa
jungla difícil y una de las cosas más importantes fue entender, en ese
período, la certeza de que la contradicción es el motor de la vida. Los que
saben dicen que Marx heredó esto de Hegel y en eso, el barbudo, no se
equivocó: la vida y la historia humana como una suerte de contradicción
incesante. Una visión que fue traicionada por sus epígonos, los que
evocaron el marxismo para, desde el poder, borrar toda contradicción, toda
diversidad, para imponer una verdad única. La tentación de morir acompaña
la alegría de vivir. Lo confieses o no. No tengo empacho en decir que me
muero y renazco varias veces por día.

- Entre las contradicciones está la de su épica de la derrota aunque es un
escritor exitoso...
-¿Exitoso? Es cierto que consigo comunicarme con mucha gente. Los libros
circulan, se multiplican, y tengo el poder de hablar para muchos jóvenes,
para los que vienen después, porque hablar para los que estuvieron antes es
en cierto modo practicar el monólogo. Un juego de ecos. Ser leído por los
jóvenes es una buena noticia para mí. Pero aprendí a desconfiar de la
palabra éxito porque es el valor supremo de la cultura del mercado que hoy
domina al mundo. Hay una exigencia del éxito y una condenación al fracaso y
eso reduce la vida a una pista de atletismo donde el que pierde muere.

- Se habla de "carrera literaria".
- ¿Carrera con quién? No corro contra nadie. Quizá por eso siempre he
preferido mantenerme leal a las editoriales independientes, pequeñas, con
las que empecé a trabajar. Nunca pasé a las grandes. Porque hay un riesgo
de someterse por contrato a algunas exigencias que son ajenas a la alegría
de crear.

-¿Cuáles exigencias?
-No me comprometo a escribir nada. Se me transformaría la literatura en un
deber. No hubiera podido escribir como escribo: yo escribo cuado me pica la
mano.


La voz de los maestros

Dice que camina mucho. Que las razones por las que ha elegido Montevideo
para vivir es que puede respirar y caminar por la ciudad. "Los vientos del
sur la purifican y tiene esa línea de playa infinita", dice, mirando hacia
la orilla del río de donde vien. Y dice que mientras camina, las historias
y las palabras caminan también y algunas comienzan a empujar para salir y
así el libro se va escribiendo, un poco por su cuenta. "Cuando le doy
órdenes -insiste Galeano- la mano no responde."

- En varios de sus libros aparecen menciones de Juan Carlos Onetti. ¿Cómo
marco a los escritores de su generación un narrador como Onetti?
- Fue mi maestro en algunas cosas. Estuve muy cerca de él cuando era muy
jóven y lo visitaba con frecuencia. Lo quise mucho y también lo detesté
mucho. Me sentí muy cerca y lejanísimo a la vez del Viejo. Yo estuve seguro
de que si en algún momento no era honesto con el hecho de seguir viviendo y
que más valía acabar con el asunto, lo iba a hacer de una vez y para
siempre. El Viejo, en cambio, tenía con la muerte una relación casi
masturbatoria. Había un contínuo acariciar a la muerte, sin entrarle. Al
mismo tiempo, él era muy cariñoso y me invitaba a compartir su mundo
sombrío: era el que tenía, era con lo que contaba. Y me enseñó mucho de
literatura. El Viejo sabía escribir. Citaba con frecuencia y mencionaba,
para escudarse y darles a la vez un prestigio oculto a sus citas, a
maestros chinos. "¿Será chino u oriental nomás el que dice eso?", le
preguntaba yo, para cargarlo un poco.

- ¿También influyó en el estilo?
- A nivel de escritura fui aprendiendo, copiando: se sabe, uno es el
resultado de numerosas influencias hasta que encuentra su propio tono. Del
Viejo heredé la devoción por Faulkner que en él fue eterna, hasta el final.
Me marcó Pavese: mis primeros textos eran un intento de copiarlo. Me
marcaron los grandes poetas españoles del siglo pasado: Luis Salinas (tus
sueños/ son verdaderos sueños/ cuando se desensueñan/ y en materia mortal
encarnan); Miguel Hernández, esa cosa vigorosa, áspera; la finísima
capacidad de síntesis de Antonio Machado. Nombres que los escritores
españoles de mi generación casi no conocían. A mediados del 70, cuando
llego a la costa catalana, ellos tenían otras fuentes. Quedé asombrado
cuado me di cuenta de que ese patrimonio de los americanos por los vaivenes
de la historia: allá esos poetas eran prohibidos o desconocidos. Ahora, mi
maestro por clarificar el estilo fue Juan Rulfo. Tuve la suerte de ser su
amigo. Hay que escribir -me decía- como se escribía con esos lapices de
antes, que tienen de un lado el grafo y del otro la goma de borrar, porque
se escribe más con el culo que con la cara, mas borrando que poniendo.

- Lo que le objetan algunos es la alta emotividad de sus textos.
- La emotividad no proviene de que yo busque ese efecto sino de la
emotividad que la misma vida contiene. Los guraraníes, que han trabajado
esto mucho, hablan de la médula poderosa de la palabra. Ellos creen que
venimos de la palabra, que la palabra es la materia que nos formó.
Entonces, no hay que palabrear el asunto, porque la materia que nos formó
es sagrada y nosotros también: más vale decir callando. El silencio es un
lenguaje poderoso.

- Y tambien se le cuestiona cierta transparecncia.
- La falta de transparecncia tienen sus adeptos. Es una paradoja del mundo
moderno, que a muchos expertos en comunicación mucho no se les entiende.
Hay una proporción tan alta de gente que escribe de manera incomprensible
que uno sospecha. ¿Será incomprensible porque es demasiado profundo lo que
quiere decir? ¿Será que no puede ser dicho de otro modo y no puedo llegar
a esas cumbres? ¿O será que todo ese palabrerío enmascara la nada , el
vacío de decir?

-¿En la literatura pasa también?
- Sí, hay frondosidades en exceso. Una forma del enmascaramiento: ya que no
podemos ser profundos, seamos complicados.

- Desde hace muchos años y muchos libros usted viene contando los sueños de
sus esposa, Helena Villagra.
- Es que los sueños de Helena son imbatibles. Mis sueños son burocráticos:
me peleo con un funcionario que no comprende mi lengua, no encuentro el
pasaje del tren mientras aguardo en el andén de la estación. Tengo sueños
de un border. Helena, en cambio, me humilla en cada desayuno. Hacer un par
de días soño que en los aeropuertos habían inventado unas máquinas y te
obligaban a pasar por la cinta la almohada de tu última noche. Dentro de la
almohada habían quedado los últimos sueños y la cámara era capaz de
revelarlos. Una metáfora preciosa de estos tiempos: que nos lleguen a
develar los sueños.


Así escribe

El viaje

Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona,
dice que el primer gesto humasno es el abrazo. Después de salir al mundo,
al principio de sus días, los bebés manotearn, copmo buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al
fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas
palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos
aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.


La partida

Esta mujer se marcha al norte. Sabe que puede morir de ahogo en la travesía
del río, y de bala, sed o serpiente en la travesía del desierto.
Dice adiós a sus hijos, queriendo decirles hasta luego. Y ya yéndose de
Oaxaca, se arrodilla ante la Virgen de Guadalupe, en un altarcito de paso,
y le ruega el milagro:
- No te pido que me des. Te pido que me pongas donde hay.


El alegato

- Declare su versión de los hechos -mandó el juez.
El escribiente, las manos en el teclado, transcribió los dichos del
acusado, conocido por su apodo de El Tornillo, residente en la ciudad de
Melo, mayor de edad, de estado civil soltero, de profesión desocupado.
El acusado no negó su responsabilidad en el delito que se le imputaba. Sí,
él había estrangulado una gallina que no era de su propiedad. Alegó:
- Tuve que matarla. Hacía tiempo que me chiflaba la panza vacía.
Y concluyó:
- Fue en defensa propia, señor juez.

de Bocas del tiempo. Edit. Catálogos / Bs.As. - México, Siglo XXI, 2004. 347 p

Tomado de Revista Ñ. Suplemento de Cultura de Clarín
Bs. As. Nro. 86. Sábado 21 de mayo de 2005
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2005/05/21/index.html

Sugerimos también releer nuetros números:
[P/Lx@842] Entrevista a Eduardo Galeano
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/887

[P/L@756] Eduardo Galeano: Bocas del tiempo (I)
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/796
[P/L@787] Eduardo Galeano: Bocas del tiempo (II)
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/830
[P/L@792] Eduardo Galeano: Bocas del tiempo (III)
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/834
[P/L@800] Eduardo Galeano: Bocas del tiempo (IV)
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/841

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