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[P/Lx@917] A 5 años del 11-S   Lista de mensajes  
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[P/Lx@] Daños Colaterales a 5 años del 11-S: Documentos para el debate

Lunes, 11 de septiembre de 2006
Dossier especial preparado por la
AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

El ataque a las Torres Gemelas: advertencias,
decisiones y víctimas de George Bush, el
irracional que decide la vida y la muerte en el mundo

(AW). El 11 de septiembre de 2001, el cielo de
Nueva York fue vulnerado por aviones
supuestamente en manos de 19 terroristas
islámicos de la organización Al Qaeda, que
durante más de un año vivieron, se entrenaron y
planearon el golpe en el propio suelo
estadounidense. La CIA y el FBI avisaron al
gobierno de estas actividades. Pese a esto, los
atentados derribaron el World Trade Center, en
donde convivían oficinas federales, bancos,
aseguradoras y empresas privadas. Murieron 2.749
personas, aunque sólo poco más de 1.500 cuerpos
fueron identificados como víctimas del ataque.
Todo a pedir de Bush, que aprovechó esta
situación para desplegar todos sus contactos con
los traficantes de armas y avanzar sobre
Afganistán e Irak, tal como hizo su padre a
principios de los 90. Cinco años después, más de
70.000 personas fallecieron en los conflictos
provocados por la voracidad del imperialismo norteamericano.

Buenos Aires. 11 de septiembre de 2006 (Agencia Walsh).
"La noche cayó sobre un mundo diferente", definió
George Bush aquel martes 11 de septiembre de
2001. Entonces, el polvo del World Trade Center
aún cubría las calles de Nueva York, donde 19
terroristas habían causado la muerte de cerca de
tres mil personas y puesto fin al mito de la
invencibilidad de Estados Unidos desde la caída
del imperio soviético a principios de los '90. El
incendio del Pentágono también enrojecía el cielo
de Washington y un cuarto avión se estrellaba en Pensilvania.
Unos días más tarde, parado sobre los escombros
de las Torres Gemelas, Bush se presentó al mundo,
dispuesto a liderar el debate político interno y
las acciones norteamericanas en el extranjero con
su "guerra antiterrorista". Cinco años después
del inicio de esa lucha, Estados Unidos está en
el atolladero del sangriento conflicto en Irak,
comprometido en una batalla que puso en jaque las
libertades que definen la identidad del país.
Además, los primeros éxitos de su misión ya
parecen lejanos, como la victoria sobre el
régimen de los talibanes en noviembre de 2001 en
Afganistán, donde la violencia recrudeció en los últimos meses.
Entre sus promesas, el presidente
norteamericano había garantizado capturar "vivo o
muerto" a Osama bin Laden, el instigador de los
atentados, el ex socio de la familia Bush en
varios emprendimientos empresariales y el aliado
de Estados Unidos a fines de los 70, cuando la ex
Unión Soviética invadió Afganistán y el Imperio
solventó con armas y dinero a los talibanes que combate desde hace un lustro.
Bin Laden, supuestamente, logró escapar a los
soldados estadounidenses pese a los intensos
bombardeos en las montañas de Afganistán. Este
fracaso, de todos modos, no impidió la cómoda
reelección de Bush en noviembre de 2004. A esa
altura, sus tropas ya habían sufrido muchas más
muertes de lo previsto en Irak, un país al que
atacó en 2003 en nombre de la lucha
antiterrorista, sin el aval de la ONU pero con el
respaldo de Tony Blair en Gran Bretaña y José María Aznar, en España.
Allí, las fuerzas estadounidenses no
encontraron las armas de destrucción masiva que
su Gobierno había denunciado para atacar el
régimen de Saddam Hussein, y tampoco fueron
recibidas con los brazos abiertos por la
población, a la que habían acudido para
“liberar”. Aquella entrada triunfal en Bagdad en
marzo de 2003 y la posterior declaración de Bush
de que la guerra había llegado a su punto final,
sólo son un recuerdo. Por estos días, regiones
enteras de Irak se encuentran sometidas a un
estado de violencia diaria y la oposición de los
demócratas y otros partidos políticos no dejan de
crecer a cada momento en Estados Unidos.
Más de 2.600 soldados norteamericanos murieron
desde la invasión a Irak, mientras que 4.700
ciudadanos de ese país fallecieron sólo en Bagdad
en los últimos tres meses. Al mismo tiempo, los
tribunales estadounidenses cuestionaron la
legalidad de los medios utilizados por el
Gobierno para llevar a cabo la lucha
antiterrorista. En Estados Unidos, la Corte
Suprema invalidó los tribunales establecidos por
Bush para juzgar a los detenidos en la cárcel de
Guantánamo y las autoridades tienen dificultades
para justificar su programa de escuchas
telefónicas sin mandato legal y el uso de la tortura en los interrogatorios.
Frente a las críticas, los partidarios de Bush
recuerdan que ningún atentado volvió a
perpetrarse en Estados Unidos desde 2001,
mientras las bombas de Al Qaeda sí explotaron en Madrid, Londres e India.
Cuando aún le quedan más de dos años de mandato,
y a dos meses de las elecciones legislativas, el
Presidente perdió parte de su popularidad en las
encuestas, aunque tampoco se desplomó por
completo, más allá de las malas noticias
provenientes a cada momento desde Irak.
La ola de solidaridad internacional expresada
tras los ataques a las Torres Gemelas tampoco
sobrevivió a la guerra en Irak. Algo similar
ocurrió con el unilateralismo de EE.UU., que se
rompió para dejar lugar a un país extremadamente
polarizado. La revelación de vuelos secretos de
prisioneros de la CIA, que aterrizaron en varios
países europeos, y cárceles clandestinas también
dejó mal parados a los aliados de Washington.
"La diplomacia estadounidense no logró aislar a
los terroristas, sino a su propio país", analizó
James Dobbins, experto del Centro de
Investigaciones RAND Corporation. En sus
diferentes discursos tras el 11 de septiembre,
Bush aseguró que luchaba contra el "eje del mal",
constituido por Irak, Irán y Corea del Norte, y
también advirtió al resto del mundo que "o están
con nosotros, o están contra nosotros". De hecho,
aún sigue sin perdonar al presidente español,
José Luis Rodríguez Zapatero, el retiro de las
tropas desplegadas en Irak por su predecesor José
María Aznar, amigo y estrecho aliado.
El pánico que se había apoderado del país hace
cinco años, alimentado por las alertas regulares
del Ministerio de Seguridad Interior, ya se
redujo en gran parte de Estados Unidos. Salvo en
ciudades como Washington y Nueva York, donde la
población todavía sigue siendo sensible a las alertas.


***

La primera demostración de que el poder militar estaba en sus manos

(AW). Por orden de Bush, la fuerza aérea
norteamericana derribó dos aviones en vuelo.
Estados Unidos aseguró que una de las máquinas
secuestradas dio contra el Pentágono, y que la
otra cayó a tierra tras la acción heroica de los
pasajeros. Las pruebas y los testigos dicen lo contrario.

Buenos Aires, 11 de septiembre de 2006. (Agencia Walsh).
“Realmente leen muy bien", logró articular luego
de escuchar lo que, en secreto, le había
comunicado un colaborador que ingresó al aula de
la escuela Emma Booken, de Sarasota, pasadas
apenas las 9.10. Aquellas palabras parecieron
dejarlo perplejo, aunque con él nunca se sabe. En
su mente alterada repiqueteó la noticia que ya
conmovía al mundo fuera de esa clase en la que
chicos de 6 años repasaban un cuento que relataba
la historia de una cabra. "Señor presidente, otro
avión impactó contra el World Trade Center. La
nación está en peligro", escuchó.
George Bush salió rápido de la escuela, habló por
teléfono con el vicepresidente Dick Cheeney para
confirmar lo que ocurría y de inmediato subió al
avión presidencial, en el que viajaría durante 12
horas por el cielo estadounidense, justo desde
donde venía el ataque. Allí tomó la primera
decisión: "Derribar cualquier avión fuera de
control". La segunda fue una aclaración fiel a su
estilo: "Si es preciso, perder vidas en el aire
por salvar vidas en la tierra".
La Operación Cielos Limpios despejó en minutos el
espacio aéreo estadounidense de 4.500 aviones,
que fueron obligados a aterrizar. Sólo dos
máquinas desobedecieron la advertencia: los
vuelos 93 de United Airlines y 77 de American
Airlines, que habían partido de New York y
Washington con 44 y 65 pasajeros en su interior, respectivamente.
Algunos de los funcionarios más cercanos a Bush
aseguran que la verdad de lo que ocurrió con las
máquinas se encuentra en una carpeta negra,
dentro de un cajón de su escritorio. A ese
informe, que también incluye las fotos jamás
vistas de las víctimas de las Torres Gemelas,
recurre el mandatario si su ánimo decae, escribió
la periodista española Pilar Urbano en su libro
“Jefe Atta, el secreto de la Casa Blanca”.
Allí están las explicaciones que nunca supieron
los familiares de quienes viajaban en los
aviones. La versión oficial, casi pensada para
los films, aseguró que un grupo de pasajeros del
vuelo 93 UA se rebeló contra los terroristas que
tomaron el avión y provocó que la máquina cayera
en un bosque de Pensilvania, antes de impactar
contra un supuesto blanco federal. Sin embargo,
decenas de testigos aseguraron que el avión fue
destrozado en el aire por al menos tres misiles
disparados por aviones militares. Tiempo después,
Richard Myers, jefe del Estado Mayor Conjunto,
admitió frente al Senado: "Mi memoria me dice que
lanzamos un caza sobre ese avión". En el lugar no
se encontraron cuerpos ni restos de la máquina,
aunque sí se obtuvo la caja negra; su contenido nunca fue divulgado.
Otro avión, el 77 AA, iba dirigido por los
terroristas rumbo al Pentágono, pero
"misteriosamente" cayó seis millas antes de
ingresar a la zona militar restringida. Pese a
que nunca impactó en el Pentágono, allí se
sucedieron una serie de explosiones, demostradas
en las filmaciones de las cámaras ubicadas en la
periferia del edificio, que ocurrieron adentro de
la estructura. El agujero que causó la detonación
tenía una dimensión muy inferior (6 metros de
ancho por 7,5 metros de alto) a la que hubiera
ocasionado el impacto de un avión 757, que tiene
una extensión de 38,5 metros de ancho por 14
metros de alto. La principal hipótesis es que el
mecanismo de defensa del Pentágono, que incluye
misiles, falló y provocó una explosión interna en
cadena en la que murieron 132 personas.
Días después del 11 de septiembre, los asesores
presentaron a Bush el plan para invadir
Afganistán. "Será una guerra desigual en la que
va a morir mucha gente". Las primeras víctimas de
esa supuesta "guerra", sin embargo, murieron mientras viajaban en aviones.


***

Bush fue avisado por el FBI de los ataques

(AW). Un memorándum interno y secreto fechado en
agosto de 2001, días antes del ataque a las
Torres Gemelas, advirtió a George Bush acerca de
una posible acción terrorista en el país de parte
de integrantes de la organización Al Qaeda.

Buenos Aires, 11 de septiembre de 2006 (Agencia Walsh).
"Bin Laden ha decidido atacar a Estados Unidos"
fue el título del informe presentado a Bush
durante una reunión que se realizó en su rancho del estado de Texas.
"Informaciones del FBI indican patrones de
actividad sospechosa en este país consistente en
la preparación de secuestros o de otros tipos de
ataques, incluyendo la reciente vigilancia a
edificios federales de Nueva York".
Una comisión legislativa que investigó los
atentados y el rol del gobierno republicano
difundió el documento, que además incluyó la
advertencia de que Osama bin Laden buscaba
"preparar atentados en Estados Unidos desde
1997", y que en 2001 varias oficinas de
Inteligencia en el país tuvieron en sus manos no
menos de 70 investigaciones que aseguraban que
quienes cometerían los ataques "entraron y
salieron" del país en repetidas ocasiones.


Las explicaciones que sus servicios desmienten

(AW). George Bush decidió invadir Irak
supuestamente por dos razones: poseía armas
nucleares y respaldaba la acción de Osama bin
Laden. El armamento nunca se encontró, y un
reciente informe de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) aseguró que el régimen de
Saddam Hussein "sólo expresaba sentimientos
negativos hacia Bin Laden", según Tarek Aziz, el
primer ministro del dictador iraquí.

Buenos Aires, 11 de septiembre de 2006 (Agencia Walsh).
El informe de la Agencia Central de Inteligencia
es contundente: El régimen de Saddam Hussein
“sólo expresaba sentimientos negativos hacia Bin
Laden”, dijo al FBI Tarek Aziz, el primer
ministro adjunto al dictador. Aún así, quienes
han escuchado durante estos cinco años la
retórica de Bush, que tras comprobarse la
ausencia de armas de destrucción masiva en Irak
se ha esforzado en ligar la invasión con los
atentados del 11-S, están convencidos de que la
causa terrorista les obliga a luchar en el país pérsico.
Ya en octubre pasado, la agencia de inteligencia
aseguraba que Saddam “no tenía relación, ni
albergaba o hacía la vista gorda con Al-Zarqawi
(otro líder de Al Qaeda) y sus asociados». Es
más, según el Comité de Inteligencia del Senado,
de mayoría republicana, que ha autorizado su
publicación, Saddam consideraba a Al Qaeda más
como una amenaza que como un aliado potencial, y,
de hecho. Sus servicios de inteligencia
“intentaron activamente localizar y capturar a al
terrorista jordano sin éxito”.
Este informe sale a la luz junto a otro que
critica a la Administración republicana por
haberse apoyado en el grupo de exiliados iraquíes
del Congreso Nacional Iraquí, que manipuló a
Washington para que interviniese en su país al
proveer con falsos testimonios sobre la
existencia de armas de destrucción masiva.
Los documentos no sólo aparecen en un momento
doloroso para las víctimas del 11-S, sino también
“inoportuno para George Bush”, dijo The New York
Times, al recordar que el presidente ha pasado la
semana del aniversario dando discursos para
cambiar el foco de atención de la guerra civil
que vive Irak a la necesidad de combatir el terrorismo.
La oposición del Partido Demócrata lleva ventaja
en las encuestas de cara a las elecciones
legislativas de noviembre próximo, precisamente
por la incapacidad norteamericana de detener el
baño de sangre que vive el país del Golfo Pérsico
invadido hace tres años y medio en nombre de la
lucha antiterrorista y de la memoria de las víctimas del 11-S.

AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

***

EEUU: Bush pierde la guerra desatada el 11-S
Análisis de Jim Lobe

WASHINGTON, 8 sep (IPS) -
Las noticias de los últimos días son un mentís a
los cantos de victoria del presidente
estadounidense George W. Bush en la "guerra
global contra el terror", en la que se embarcó
tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En Kabul, los ataques de las resurgentes milicias
del movimiento islamista Talibán acabaron desde
el 1 de este mes con dos docenas de soldados de
la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN), entre ellos dos estadounidenses.
Fue en Afganistán donde comenzó en 2001 la guerra
contra el terrorismo de Bush, entonces con el
objetivo de desalojar al entonces gobernante
Talibán, que daba refugio a campamentos de
entrenamiento de la red Al Qaeda, a la cual se
atribuyen los atentados del 11 de septiembre.
El comandante estadounidense de la OTAN, general
James L. Jones, admitió el jueves que la alianza
occidental pasaba por un "periodo difícil" y
necesitaba 2.500 soldados más, así como aviones
adicionales, para arrebatarle a Talibán las áreas
del sur afgano que controlan.
El gobierno del vecino Pakistán, mientras,
accedió a retirar sus tropas del norte de la
provincia de Waziristán, como lo hizo el año
pasado del sur, lo que deja el área a merced de
milicias tribales aliadas de Talibán.
Según diversos informes, el acuerdo incluye la
liberación de sospechosos de integrar Al Qaeda
detenidos por el gobierno pakistaní.
Eso reanimó el debate en Estados Unidos sobre la
conveniencia de reclutar en septiembre de 2001 al
presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, para la
coalición que encabeza Washington en la lucha contra el terrorismo.
En Iraq, considerado tanto por Bush como por el
líder de Al Qaeda Osama bin Laden el "campo
central de batalla" en la guerra entre Occidente
y radicales islamistas, el panorama no podía ser más desalentador.
A comienzos de este año, altos funcionarios
estadounidenses confiaron en que 30.000 soldados
volverían a casa desde el país del Golfo Pérsico (o Arábigo).
Pero el mes pasado, el Departamento (ministerio)
de Defensa confirmó que mantiene en Iraq 140.000
uniformados, 10.000 más que a fines de junio,
debido a los crecientes choques religiosos en
Bagdad y otras áreas, calificados por observadores de "limpieza étnica".
Por otra parte, el jueves, la morgue de Bagdad
informó que la cantidad de muertes violentas cayó
el mes pasado, pero sólo un poco respecto de los
1.855 registradas en julio, dato que contradice
lo afirmado por el Pentágono: que las muertes habían caído a la mitad.
Esa constatación, combinada con informes de
crecientes masacres en poblados cercanos, tiende
a confirmar lo que dicen altos militares
estadounidenses: que Iraq avanza hacia una guerra
civil, y que Washington podrá enlentecer ese avance, pero no frenarlo.
El propio Bush pareció reconocer en sus últimas
declaraciones que la situación en Iraq es pésima.
Luego de insistir en que sus tropas estaban
"avanzando" en varios frentes, el presidente
prefirió evitar ese tipo de manifestaciones y
concentrarse, en cambio, en la necesidad de
mantener la presencia militar estadounidense en
Iraq para evitar la catástrofe que sobrevendría en caso de retirada.
El impacto de la guerra de Iraq en la intención
de ganar "corazones y mentes" del mundo islámico
con miras a su democratización ha sido
devastador, según recientes encuestas en todos
sus países desde Marruecos a Indonesia.
"Mientras la masacre continúa, el mundo árabe e
islámico está cada vez más furioso por el
sufrimiento del pueblo iraquí y el odio hacia
Estados Unidos alcanza nuevas marcas", dijo el
experto israelí en relaciones internacionales
Alon Ben-Meir, de la Universidad de Nueva York.
A esa ira se sumó la guerra del mes pasado entre
Israel y el partido chiita libanés Hezbolá, de
tendencia proiraní, descripta esta semana por el
propio Bush parte integral de la guerra mundial contra el terror.
El choque entre Israel y Hezbolá tuvo el efecto
de inflamar las opiniones antiestadounidenses en
todo el mundo musulmán, incluida la comunidad
chiita mayoritaria en Iraq, oprimida por el
régimen de Saddam Hussein que cayó con la invasión de 2003.
Y también debilitó los gobiernos sunitas, como
los de Arabia Saudita, Egipto y Jordania, que
siguen siendo los únicos aliados firmes de Estados Unidos en el mundo árabe.
La guerra devastó Líbano, donde la "revolución
del cedro" de 2005 había sido aplaudida por Bush
como un hito en su lucha por democratizar Medio
Oriente, y elevó a los dirigentes de Hezbolá al
rango de héroes y mejoró la imagen de los
principales aliados del partido islamista, Sira e Irán.
Sin tomar en cuenta el estado de la opinión
pública del mundo islámico, Bush alineó a Al
Qaeda, el partido palestino Hamás, Hezbolá, Siria
e Irán en el campo de los "fascistas islámicos".
Para muchos críticos, la ampliación de la lista
de objetivos de la guerra antiterrorista de Bush
más allá de Al Qaeda, y particularmente a Iraq,
fue uno de los grandes errores estratégicos del conflicto.
En efecto, esa política convirtió lo que fue
originalmente una conspiración terrorista
dirigida por Al Qaeda con el apoyo tácito de
Talibán en una "amplia guerra que se libra" en un
territorio "desde Líbano a través de Afganistán",
como dijo uno de los principales representantes
de Washington en la región, el embajador James Dobbins.
"Estados Unidos siempre pierde. Si insiste en
que la población de Medio Oriente elija entre
Siria, Irán, Hezbolá y Hamas, por un lado, y
Estados Unidos e Israel, por el otro, elegirán
siempre al mismo bando", dijo Dobbins, director
de programas sobre seguridad internacional de la Corporación RAND.
En ese contexto, el apoyo entusiasta de Estados
Unidos a Israel en su guerra contra Hezbolá sería
tan contraproducente en esta guerra como la
decisión de invadir Iraq sin el aval del Consejo
de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La guerra en Iraq se lanzó en momentos en que Al
Qaeda había sido exitosamente expulsada de
Afganistán, su capacidad operativa estaba
severamente reducida y sus máximos líderes eran
prisioneros o estaban ocultos en las montañas.
Pero la invasión a Iraq dio nueva vida a la red
terrorista de Osama bin Laden y sembró el diente
del dragón no sólo en Medio Oriente, sino también
dentro de las comunidades musulmanas de Europa occidental.
Todo eso llevó al ex jefe de la oficina de Medio
Oriente del Consejo de Seguridad Nacional de la
Casa Blanca Flynt Leverett a advertir este
viernes, en un foro del Instituto CATO: "Cinco
años después del 11 de septiembre, Estados Unidos
está perdiendo la guerra contra el terrorismo."

Marcos Jesus Concepcion Albala
Presidente de Argos Is-Internacional
MIEMBRO DE LA 'CAMACOL' Y DE LA 'FELAP'

Gracias a los compañeros de la AGENCIA DE
COMUNICACIÓN RODOLFO WALSH por esta colaboración.
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