APARICION CON VIDA
de Jorge Julio López !
BASTA DE FASCISMO EN ARGENTINA !!!
Juicio y castigo a los genocidas.
Ni olvido ni perdón.
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8 años liberando palabras
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[P/Lx@] Impunidad y DDHH
El hombre común
Por Eduardo Pavlovsky *
W. Reich en las postrimerías de su vida escribió
un artículo que denominó “Discurso al hombre
común”. Lo escribió en 1946, sin intención de que
se publicara jamás. Pero se publicó. Algo de ese
artículo –de la música de ese artículo– me
involucró para intentar pensar ciertas cosas de
nuestra realidad actual. Me refiero al poco
conocimiento que tenemos del pensamiento del
“hombre común” de nuestro país. Conocemos poco de
la subjetividad del ciudadano común. El que no se
“mete” en política. Sólo vota. Que tiene su
merecida y respetuosa “vidita”. Los “millones”
que configuraron la complicidad civil. Los
tucumanos que votaron a Bussi represor es un buen
ejemplo. Fue atacada y diezmada solamente la
militancia activa, que comprendía desde la lucha
armada y los militantes pertinentes a las
numerosas organizaciones que trabajaban en las
villas, organizaciones de derechos humanos y todo
tipo de organizaciones sociales. Es decir, el
hombre comprometido con el destino de una vida
más justa socialmente para su país y donde la
desigualdad no fuera obvia y natural. Recursos
humanos para todos. Ese sector fue brutalmente
aniquilado por la dictadura y perseguido hasta
sus últimos escondites. Sindicalistas, delegados
de fábricas y gremialistas comprometidos. El 40
por ciento de los desaparecidos eran obreros.
Tortura, robo de bebés, arrojo de prisioneros
desde aviones al Río de la Plata, robo de
propiedades, allanamientos diarios, vejaciones y
tormentos de todo tipo. Un Terrorismo de Estado
organizado y entrenado por los militares
franceses que combatieron en la guerra de
Argelia. Hubo hasta un alto grado de
sofisticación en la represión cultural. Dentro de
ese sector 30.000 desaparecidos. Detenidos,
exilios y exilios interiores que vivieron con
terror esos años de plomo. Pero fuera de ese
sector esquilmado, muerto y perseguido existía
una franja enorme de millones de personas que
permanecieron indiferentes o no afectadas
directamente en su vida diaria o desconociendo las desapariciones y asesinatos.
Ultimamente nos sorprendió la manifestación de
Blumberg que convocó a decenas de miles de
personas en reclamo por una nueva doctrina de
seguridad nacional. Siempre nos sorprendemos del
fascismo agazapado y latente. ¿Cuántos millones
apoyaban esa marcha por TV? Hoy comienzan a
aparecer. A tomar cuerpo. A hacerse visibles. En
todas sus formas. Desde la desaparición de López
hasta las cartas amenazantes. Y pareciera que ya
están organizados para alguna marcha
reivindicatoria de la Otra justicia. Sin lugar a
dudas la profundización de los juicios los va a
envalentonar. La señora Pando no es la señora
Siro, “estábamos mejor con los militares, mis
hijos podían salir a bailar, había seguridad en
las calles, estábamos bien económicamente” (por
Radio 10). Hace pocos días la manifestación de
las organizaciones de derechos humanos molestó a
un hombre que gritaba: “prefiero la dictadura al
caos de esta democracia” (subjetividad del hombre común de W. Reich).
El apoyo del Presidente a todas las
organizaciones de derechos humanos no deja de ser
un fenómeno minoritario dentro de este punto de
vista. La increíble epopeya de las Madres y
Abuelas desde 1976 conmovía sólo a un sector del
país. Sólo a un sector minoritario (no más de un
millón). No nos engañemos, la mayoría silenciosa,
la masa gris astizforme, eran millones. Desde el
Gobierno se realizaron importantes manifestaciones culturales y políticas.
La película de Renán La fiesta de todos –sobre el
glorioso triunfo en el campeonato del ’78 y la
felicidad del pueblo argentino– y el cierre de
Félix Luna explicando por qué fue eso, una fiesta
de todos. Tampoco nos olvidemos de la salida de
Galtieri al balcón en Plaza de Mayo durante la
invasión a Malvinas. Hay que ver ese noticiario y
ver los brazos en alto de la multitud cuando
apareció el dictador de turno. En el ’76-’77
jamás escuché hablar en las tribunas de las
canchas de fútbol del gobierno y de los
desaparecidos. Y no era por miedo. Era un
problema de otros. Perón decía que un sector de
los militares, muy minoritario, era inteligente y
culto; otro sector era en cambio bruto, cerrado e
inculto y, en el medio, había un gran sector
volátil que no pensaba pero estaba siempre atento
a moverse hacia los sectores del poder. Olían el
poder. Eran los peores. Queremos a veces pensar
que el pueblo sufrió la dictadura en su conjunto.
Y es un tremendo error. Solo el sector más
radicalizado y pensante la sufrió. La mayoría
vivía indiferente. Esa gran complicidad civil es
la que sostuvo el Terrorismo de Estado. El famoso
2x1 de las compras de la clase media.
Se puede creer que el fenómeno de la desaparición
de López involucra a la población. Es una herida
institucional tremenda que afectará a futuros
testigos. Pero al hombre común –tomando a W.
Reich– no le afecta el problema, aun cuando esté
bombardeado por los medios. La subjetividad del
ciudadano común –aquel que no se mete en
política– es la que desconocemos. Además es
volátil (usando los términos de Perón). De la
misma manera que hoy apoya masivamente al
Presidente, podría dejar de hacerlo mañana.
Sabemos poco. Aun sabiendo que las circunstancias
hoy son diferentes no nos olvidemos de que el
pueblo votó tres veces a Menem como presidente.
Hoy ya lo olvidó. Se corrió de lugar. Ya Menem no
gana ni en La Rioja. El hombre común lo olvidó. No existe.
Realizamos un mal diagnóstico de situaciones
porque desconocemos la subjetividad del hombre
común. Esto es peligroso, porque esa mayoría hoy
no tan silenciosa tiene la fuerza de la sorpresa,
de su organización. Son millones de
“indiferentes”. Cuando Videla inauguró el mundial
en River, hubo tímidos silbidos y aplausos
concertados. Videla les había regalado la fiesta
y no fue repudiado. Yo estuve en 1956 viendo
desde la tribuna cómo Argentina le ganaba a
Italia 2 a 0. Cuando entró Aramburu, 50.000
personas silbaron simultáneamente. Fue la música
más ensordecedora que he escuchado en mi vida.
Era silbido de odio. No de indiferencia. Había
policías dentro de la tribuna. Me consta. Pero
qué se podía hacer: ¿prohibir silbar a 50.000 almas?
Los piqueteros y sus marchas y las “molestias del
ciudadano común”. Los piqueteros eran el retorno
de lo reprimido. El otro país. Los cuerpos
desperdiciados. El ciudadano común es indiferente
a los 10.000.000 de argentinos que viven con el
subdesarrollo de los recursos humanos. Pero, en
cambio, puede acompañar a Blumberg en sus marchas
porque tiene miedo. Siempre tuvo miedo. Es su
característica singular. El miedo a perder algo.
Por eso lucha por una nueva doctrina de seguridad
nacional. Con penas mayores para los menores. Ni
siquiera relacionan la pobreza con la
inseguridad. Con una buena doctrina de seguridad
se termina todo. Piensa además, como dice Bauman,
“culpar a la biografía del sujeto a conseguir
empleo, y el sujeto juvenil se siente culpable de
no poder estudiar o trabajar”. Todo se transforma
en un problema individual. Un ciudadano común me
dijo en Alemania que “si uno no era judío y no
criticaba a Hitler se pasaba bien” (subjetividad
del hombre común de W. Reich). Bergoglio dijo en
Luján que tenemos que terminar la discordia entre
hermanos argentinos. Y de esta manera se agrava
la polémica entre la Iglesia y el Gobierno.
Yo hubiera preferido que se refiriera a la
desaparición del hambre y la indigencia. Esa es
su misión pastoral. La de Jesús, a la que pertenece.
Me cabe una reflexión, ya que los juicios a los
militares recién empiezan. Yo no dudo de que se
deben realizar. Pero el Gobierno debe prevenirse
con diagnósticos políticos y sociales de lo que
puede avecinarse. Un buen diagnóstico situacional
de lo que puede ocurrir. En ese sentido López podría ser la punta del iceberg.
* Autor, director y actor teatral.
Contratapa Página/12. Miércoles, 04 de Octubre de 2006
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