“…El primer muerto por torturas desencadenó, en
el Brasil, en 1964, un escándalo nacional.
El muerto por torturas número diez apenas si apareció en los diarios.
El número cincuenta fue aceptado como ‘normal’.
La máquina enseña a aceptar el horror como se acepta el frío en invierno…”
Eduardo Galeano
Dos meses de impunidad y perversa incertidumbre.
DEVUELVAN a Jorge Julio López !
Juicio y castigo a los genocidas. Ni olvido ni perdón.
Ya dijimos NUNCA MAS.
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
[P/Lx@] Número especial: A dos meses de la
segunda desaparición de Jorge J. López
"Pedimos que aparezca con vida el compañero López..."
Presidente Néstor C. Kirchner
“Si Dios y la Virgen nos ayudan, lo vamos a encontrar...”
Ministro del Interior Aníbal Fernández
Un tema que afecta el sistema nervioso central de
nuestra democracia en recuperación. Cargado de
simbolismo político e histórico, la incertidumbre
sobre el paradero del albañil J.J. López -testigo
en el caso del genocida Etchecolatz-, ha logrado
poner en peligro la credibilidad de las políticas
del gobierno en materia de derechos humanos, y
amenaza con perpetuar el descontrol y la
inseguridad que favorecen la impunidad de los que
aun no han sido juzgados y condenados por las
atrocidades de la dictadura que infectó de terror
y aniquiló en los 70 a lo mejor de nuestro pueblo y sus dirigentes.
Compartimos un lúcido análisis de nuestros amigos
del Colectivo Situaciones (Bs.As.) y un excelente
reportaje a María Casariego, psicoanalista y
querellante en la causa por la desaparición de su
padre, que involucra como responsable al ex
ministro de economía la dictadura José Martínez
de Hoz. Adherimos a la manifestación popular por
la aparición con vida de Lopez (que no
"desaparezca por tercera vez" por su olvido) e
invitamos a estar informados y alertas,
participando de acciones y manifestaciones que
exigen al gobierno su aparición con vida, el
apoyo a la Justicia, la Democracia y el Juicio y
Castigo a los culpables. No a la impunidad. No a
los que quieren volver a sembrar miedo. Ya dijimos NUNCA MAS. P/L@
Quizás se trate de una única pregunta: ¿Qué
significado otorgarle a la desaparición de Julio
López? A partir de allí, el texto del Colectivo
Situaciones llamado "Preguntas para compartir"
propone una lectura sobre lo que está ocurriendo:
el gobierno, el desmoronamiento del "final feliz"
en el tema derechos humanos, la derecha, y el sentido de las luchas actuales.
Preguntas para compartir
De la desorientación a las respuestas
Del Colectivo Situaciones
LaVaca.org 25/10/2006
1. ¿Qué significado otorgarle a la desaparición
de Julio López? ¿Cambió algo luego de este suceso siniestro?
Si comenzar una reflexión con preguntas se ha
vuelto ya una costumbre es porque la
desorientación radical es el punto de partida de
cualquier preocupación y quizás también de cualquier intervención política.
2. La desaparición de López no es un hecho aislado.
El conjunto de amenazas y de operaciones de
intimidación algunas de las cuales no se han
hecho públicas a quienes participan activamente
en los juicios contra los involucrados en la
represión dictatorial ofrece un primer marco
explícito. No se trata sólo del significado
simbólico que conllevan estos avances judiciales
como realización del histórico reclamo de los
organismos de derechos humanos. Está en juego
también la novedad de que los señalados esta vez
sean los cuadros medios ejecutores de las
políticas genocidas, los que gestionaron los
campos de detención y tortura e integraron las
bandas operativas: caras y nombres que han
guardado cierto anonimato y que por lo mismo
poseen hoy mayor efectividad que los altos mandos
de la dictadura. Es precisamente su inserción en
los aparatos de seguridad tanto estatales como
privados lo que les permite reaccionar con eficacia.
Pero la desaparición de López no puede ser
aislada de otras dimensiones de la realidad. La
reanimación de las tendencias sociales más
reaccionarias, elitistas y excluyentes encuentra
en el boicot a los juicios una oportunidad para
re-articularse e intentar ganar terreno político.
Guardando las diferencias de escala y de
contexto, diversas estrategias de
desestabilización buscan detener hoy el avance de
la voluntad democratizadora que emana de las
luchas de todo el continente: ya sea a través de
políticas abiertamente golpistas como en Bolivia
y Venezuela o de campañas ultra agresivas para
recuperar capacidad de maniobra como en Brasil, o
combinando efectivos fraudes electorales con una
represión feroz, como en México.
Entre nosotros, si bien las derechas no están
ausentes del propio aparato de estado, su
ofensiva actual no parece destinada sólo a ganar
presencia en el gobierno. Procura, sobre todo,
bloquear las políticas más democráticas (como las
de derechos humanos) y fortalecer el control
sobre la situación social. Incapaces por el
momento de elaborar alternativas enteramente
propias, recurren con desesperación a su
histórico repertorio de recursos, procedimientos
y retóricas “mirar al futuro”, “combatir la
inseguridad”, “pacificación” para recuperar influencia.
Sin embargo, percibimos dos modos de plantear el
problema que se desvían de aquello que nos parece
importante resaltar: de un lado, cuando se reduce
la discusión a una polémica puramente legal, que
se desarrolla en los espacios ya consagrados a
los derechos humanos; por otra parte, cuando se
subsume todo a la división entre oficialistas y
opositores. En ambos casos se pierde de vista lo
principal: la posibilidad de un retroceso
efectivo de las luchas sociales que cambiaron en
los últimos años nuestra realidad política. La
construcción de la condena social a un tipo de
ejercicio del poder intolerable tanto por su
forma como por su contenido no puede aislarse o
reducirse al reclamo sectorial de familiares,
víctimas o excombatientes, pues constituye un
componente fundamental e interior a las luchas
sociales que lograron replantear la cuestión general de la justicia.
3. ¿Cómo se presenta este retroceso?
Como el desmoronamiento de un “final feliz”, en
el que la justicia institucional y el
reconocimiento oficial coronaban la ardua labor
de aquellas luchas por la memoria, decretando la
superación de toda complicidad colectiva con
respecto al genocidio. La facilidad con que las
operaciones clandestinas de los últimos días
consiguieron desactivar esta escena desmiente la
ilusión de un final definitivo y justo, pues
señala precisamente la impotencia de las
instituciones estatales para inscribir, sostener
y garantizar por sí mismas las conquistas
sociales. El retorno de razonamientos perversos y
de las miradas más torvas son índices
inquietantes de lo ingenuo que resulta querer dar
por cerrado lo que constituye un asunto más complejo.
Así, ha quedado al desnudo la torpeza de un
gobierno que suele apelar al pasado de un modo
estrechamente retórico, aislándolo de las
dinámicas actuales con las que inevitablemente
aquellos recuerdos se articulan. Por el
contrario, las luchas de la memoria se
desarrollan en múltiples niveles y se entrelazan
con los más variados movimientos anti-represivos.
Es en el vínculo con las resistencias al “gatillo
fácil”, a la violencia doméstica, al trabajo
esclavo y el racismo con los migrantes; en la
apertura a dinámicas que desafían los códigos que
reglan la convivencia urbana y la gestión estatal
de la pobreza; en el encuentro con las luchas que
consiguen politizar “tragedias” como la de
Cromañón o cuestionar formas de “desarrollo”
esencialmente destructivas de los recursos
comunes... donde aquellas modalidades de la
memoria se encarnan, se enriquecen y contribuyen
a un proceso de democratización real de la
existencia. Esta multiplicidad y esta actualidad
es la que se inhibe cuando se convierte cada
conflicto en la teatralización simbólica de una
polarización rígida, montada sobre un exacerbado protagonismo gubernamental.
El golpe que implica la desaparición de López es
más doloroso aún en tanto sorprende a un cuerpo
social que ya no esperaba sucesos como éstos. Lo
que parecía una discusión socialmente saldada, un
balance colectivo, un piso común alcanzado, corre
el riesgo de evaporarse. Pero el verdadero riesgo
es el de intentar resolver este desgarro apelando
a una polarización y un enfrentamiento que ha
perdido su vigencia. Para evitar este retroceso
en el tiempo, es preciso indagar cómo estas
preguntas se vuelven sobre nosotros mismos:
¿cuándo y cómo comenzamos a acomodarnos a esta
imagen de “un final feliz”, siendo que jamás
habíamos creído en ella? ¿Qué tipo de “pereza” es
la que en estos casos nos domina y distrae? ¿Qué
tipo de dinámica puede sacudirnos de esta “modorra”?
4. ¿Por qué nos afecta tanto esta re-polarización?
Precisemos la sensación que nos recorre. Cuando
la posibilidad de una solución justa y definitiva
al terrorismo de estado se deshace por el
resurgir de una polarización que creíamos
conjurada, más que ante un retroceso estamos ante
el retorno de situaciones y peligros que
pertenecen a otras épocas. Esta convivencia de
lógicas y temporalidades muy distintas es lo que nos descoloca.
De un lado, al recordar los términos del
enfrentamiento pasado la discusión queda
encerrada otra vez en un escenario ocupado sólo
por los involucrados directos. Ya sea que se
imagine un arreglo “entre excombatientes” o que
se acepte una idea de la justicia estrechamente
ligada a la reparación de las víctimas.
Por otra parte, la posibilidad cierta de que
aquel enfrentamiento político que tuvo lugar en
los años setenta sea actualizado amplifica la
magnitud del anacronismo, renovando la distancia
entre quienes enfatizan la persistencia de una
añeja polarización y quienes constatan la
discontinuidad de los nuevos problemas y
preocupaciones. Los caminos se bifurcan entre
quienes sienten que es hora de volver a ocupar
sus puestos en el combate y quienes no pueden
dejar de percibir que se trata de una contienda
que ha perdido sentido. Los primeros parecen
pelear contra los fantasmas del pasado y los
segundos aseguran que no creen en tales
fantasmas, aún si no cesan de mortificar sus noches.
Un presente así escindido pierde el hilo de
contemporaneidad que permitiría aprehenderlo. Se
trata del estallido de una linealidad del tiempo
en la que se supone que lo viejo debe descansar
en paz para que lo nuevo pueda progresar. Quizás
sea hora de asumir que si hay algo común en
nuestra experiencia social es precisamente un
pasado que no cesa de reabrise en un presente que no cesa de quebrarse.
5. Pero, ¿cómo hacer para que la reapertura del
“tiempo” no nos traslade literalmente al pasado?
¿Cómo inventar un modo contemporáneo de convivir con ese retorno?
Estos días hemos escuchado que los sucesos
presentes traen a la memoria sin que la elección
sea conciente alternativas que conocimos en
décadas anteriores. Así como hubo quienes
vivieron el 25 de mayo de 2003 como una segunda
asunción de Cámpora, la desaparición de Julio
López recrea situaciones como las vividas en los
meses previos al golpe militar del 76 donde las
luchas cada vez más se encerraban en los límites
de un enfrentamiento entre bandas fascistas y
grupos armados; o como las que siguieron a los
juicios a los comandantes que tuvieron lugar en
la década del ochenta, en un contexto de plena
vigencia de la teoría de los dos demonios, cuando
la demanda de justicia de los organismos de
derechos humanos fue contestada y maniatada por
los levantamientos carapintadas.
Se trata de recuerdos dignos de ser escuchados,
en tanto constituyen el anuncio de que estamos en
peligro. Y el peligro consiste en el hecho mismo
de que la situación se polarice a la vieja
usanza. Si esto sucede, lo sabemos por
experiencia propia, la degradación puede ser
inminente, pues la consigna de "pacificar" puede
diseminarse como deseo mayoritario por toda la
sociedad. No es sólo, entonces, el resurgir del
miedo o la actualidad de aquel terror militar lo
que nos preocupa, aunque este último no deje de
resonar como antecedente inmediato de las nuevas
modalidades represivas. Es sobre todo la
despolitización del problema de la justicia, que
tan bien expresa la moral cristiana y progresista
cuando clama arrepentimiento y reconciliación
como condiciones para toda apertura al futuro
reponiendo así una versión débil pero no menos
eficaz de la teoría de los demonios.
Sin embargo, instalarnos demasiado en estos
recuerdos, adoptarlos como prisma para
interpretar lo que sucede, quizás impida entender
la singularidad de la situación actual. Si el
contexto presente no es de pura amenaza es porque
su trasfondo también está tramado por las luchas
que plantearon de un modo enteramente nuevo la
cuestión de la memoria y la justicia. Es en esta
otra fuente de recuerdos -opuesta a la de los
fantasmas que aterrorizan dónde quizás
encontremos la inspiración para eludir, atravesar
o conjurar esta vez el peligro, resistiendo la
despolitización que implica reducir esta
multiplicidad a un esquema de enfrentamiento simple.
6. ¿Se puede condenar y saldar cuentas con las
lógicas genocidas del pasado desde un hoy tramado
por formas de poder que han heredado mucho de
aquellas, incluyendo buena parte de su “personal”?
Si la desaparición de Julio López nos descoloca
no es sólo por su forma que de por sí no hemos
olvidado sino por el tipo de actualidad que
adopta esa forma en un contexto presente que
queríamos imaginar evolucionado, maduro. Lo que
desorienta no es tanto lo inusitado del suceso
como el hecho de que aquello que suponíamos
excepcional porque históricamente situado se
vuelve posibilidad latente en todo tiempo y
lugar. En el mismo sentido, se trata de algo
siniestro: es precisamente el ejercicio tenaz de
una memoria densa y no su déficit el que nos
muestra, como su reverso tétrico, el mal que pretende conjurarse.
Sólo asumiendo que esta oscilación es la
condición más íntima de un presente quebrado se
podrá resistir el miedo y revertir la impotencia.
Porque lo que trágicamente nos recuerda todo esto
es que la justicia es algo más complejo y
evanescente que las sentencias de los jueces y
las hegemonías de turno. Y esto es más verdadero
hoy precisamente porque aplaudimos y apoyamos
esas sentencias y nos vemos representados en
ciertos aspectos que han sido reconocidos y asumidos por el gobierno actual.
La singularidad de la situación nos obliga a
combinar planos diferentes en un mismo momento:
al mismo tiempo que corroboramos que no hay una
justicia definitiva, apoyamos como nunca con la
continuidad de los juicios estos momentos
provisorios. En el preciso instante en que vemos
con toda claridad que lo político no se resuelve
en decidir si “apoyar” u “oponerse” a los
gobiernos, comprendemos lo necesario que resulta
la continuidad e incluso la profundización de la
política actual de derechos humanos.
Quizás haya sido el escrache la práctica que
mejor entendió que la justicia es todo lo
contrario de un final feliz, precisamente porque
encontró el modo de convivir con el “mal” sin la
más mínima concesión hacia él. Lejos de
desaparecer, los torturadores siguen viviendo en
los barrios, trabajando en agencias de seguridad,
desarrollando su guerra contra “la pobreza” y “la
inseguridad”. Paralelamente, quienes pensaron,
legitimaron y explicaron el terrorismo de estado
se esfuerzan en identificar a los “nuevos
demonios”, definiendo sus rasgos actuales, instigando las nuevas cacerías.
Conviene entonces recobrar aquella pista: porque
asumimos que la justicia es algo que no se
resuelve de una vez y para siempre, porque
depende de la construcción cotidiana y del roce
permanente con las ambivalencias de nuestra
realidad social, es que nos preocupa la
polarización. Y es que la polarización nos deja
sólo dos alternativas: o bien forzamos la
resolución definitiva del problema, llevando al
máximo un enfrentamiento que deja mucha realidad
afuera es la película setentista y su reflejo en
la izquierda clásica que exige radicalizar esa
inercia; o bien, como suele suceder cuando el
antagonismo no se resuelve dialécticamente y más
bien se retuerce y pierde el sentido, llega la
hora de la reconciliación, que es siempre la de
un punto final cínico ajustado al juego de las
relaciones de fuerza y a las negociaciones que inevitablemente supone.
Esto no significa en ningún caso restar
importancia a los juicios. La cárcel común y
efectiva para todo quien estuvo implicado en la
represión genocida es un piso mínimo y aún un
objetivo que demandará mucho esfuerzo. De hecho,
estos ataques fascistas coordinados con una
derecha que no duda en aprovecharlos para
reorganizarse, constituyen una invitación a
involucrarnos más en su desarrollo. Insistimos:
se trata de comprender que sólo se avanza
realmente si se elude la tentación de reducir el
problema de la justicia a una polarización
simple, retórica y simbólica. Y si, por otra
parte, desconfiamos lo suficiente de una solución
fácil como para preocuparnos en serio de la
protección de quienes más directamente están
involucrados, acudiendo a todos los recursos al
alcance, incluyendo los que provienen esta vez del estado.
Justicia, condena social, construcción pública y
resistente de los recuerdos colectivos y una
capacidad efectiva para cuidarnos, son elementos
de una política de la memoria que no ha cesado
una y otra vez de ocupar las calles, de discutir
abierta y creativamente, de comprometerse con las
injusticias presentes y con las luchas actuales
en el más amplio de los sentidos.
Buenos Aires, 23 de octubre del 2006
Colectivo Situaciones
***
Análisis a partir del caso López
"Todo cambió para que nada cambie"
María Casariego es psicoanalista y querellante en
la causa por la desaparición de su padre, que
involucra al ex ministro José Martínez de Hoz:
"Hay tanto carnaval de los derechos humanos por
parte del gobierno, que el efecto es
contraproducente: genera cansancio y ninguna
concientización real". Desde el secuestro de ese
padre que no aceptó convalidar negociados, hasta
el de Julio López, Casariego habla con lavaca
sobre el vaciamiento cerebral, salir del miedo
que paraliza, cómo resignificar la palabra que
inventó Videla, desaparecidos, y lo que puede leerse en un espejo.
Telenovela
Julio López, Cromañón, los hombres y mujeres
juzgados por manifestar frente a la Legislatura
porteña. Los temas de esta semana evocan los
desafíos actuales sobre problemas que todavía
esperan ser mirados de frente. El caso del
testigo de la causa Etchecoltz, desaparecido hace
ya un mes, es analizado en esta conversación con
María Casariego, psicoanalista, impulsora de la
causa contra Martínez de Hoz por la desaparición
de su padre. Treinta años después del secuestro,
María advierte: "habría que resignificar la
palabra desaparecidos y hablar de asesinatos",
porque es la única manera de quitar esa perversa
ambigüedad que paraliza y confunde, tal cual
pretendió Videla cuando inauguró el término.
También advierte que en este caso "el gobierno no
es la víctima" sino el responsable no solo de lo
que no hizo, sino de las respuestas que siguen
sin aparecer. Por su parte, el Colectivo
Situaciones plantea una serie de preguntas que
intentan romper los esquematismos para pensar lo
que López simboliza. De un símbolo también nos
habla Sonia, una sobreviviente de Cromañón de 22
años, en esta carta que le escribe a la jueza que
ordenó pericias psiquiátricas a tres padres de
chicos muertos en esa masacre para determinar si
su duelo es "normal" o "patológico". En tanto,
hoy el fiscal de la causa que juzga a los hombres
y mujeres que manifestaron frente a la
Legislatura porteña leerá su acusación y revelará
-al fin- por qué estuvieron 14 meses privados de
su libertad. Todos temas que, una vez más, nos
permiten elegir: mirar la telenovela o leer la realidad.
María Casariego es psicoanalista, madre, mujer
movilizada por todo lo que significan los
derechos humanos, alarmada por sus
falsificaciones, y simboliza una curiosidad: es
la querellante en la causa por la desaparición de
su padre, Juan Carlos Casariego de Bel, español
radicado en la Argentina y funcionario del
ministerio de Economía en la época de la
dictadura, caso que confirma de un modo inusual
el verdadero sentido que tuvo la represión y el
genocidio de aquellos años. Esa causa tiene como
principal responsable al siempre recordado
ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz
y a algunos de sus súbditos en el ministerio,
como el secretario de Programación Económica
Guillermo Walter Klein. En una conversación con
lavaca María aceptó tocar estos temas, sus
sensaciones actuales frente al caso de la
desaparición desde el 17 de septiembre de Julio
López, el rol de las empresas periodísticas en
dictadura y ahora, el carnaval político, y qué
significa salir del miedo que paraliza hacia la
acción. Instrucciones para leer espejos, y
entender por qué lo que pasa, nos pasa a todos.
-¿Qué sensación le produjo la noticia sobre la
desaparición de Jorge Julio López?
-Lo primero es que no es cierto que sea el primer
desaparecido en democracia. Hay muchas víctimas,
ha habido muchos crímenes. Para los familiares de
desaparecidos fue muy fuerte lo de López, porque reactiva esa figura.
-¿De qué modo?
-Para mí, de un modo que me hace pensar lo
importante que es resignificar la palabra
desaparecidos . No son desaparecidos. Mi padre no
está desaparecido. Está asesinado. Y seguir
usando la palabra es seguir usando el significante que usó Videla.
(Aclaración: Jorge Videla, militar condenado,
presidente durante la dictadura, pronunció la
siguiente frase en una conferencia de prensa:
“Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no
están ni vivos ni muertos; están desaparecidos”.)
Esa palabra, desaparecidos, se usa como si fuera
posible que aparecieran. Hay que reacomodar eso
históricamene. Hubo asesinatos y personas
responsables de esos asesinatos. Se sabe donde
están, donde estuvieron, en otros casos no se
sabe porque quemaron documentación. Pero no se los tragó la tierra.
-Pero el uso de la palabra ha tenido un significado fuerte.
-En el 76 valía por el lema de aparición con
vida. En el 2006 no queda esa opción. Queda el
castigo a los culpables. Por eso es importante
resignificar la palabra desaparecido, por
asesinado. Porque si no, nos quedamos esperando
que aparezcan. Es uno de los temas para los
familiares, el duelo de los desaparecidos es muy
particular, una herida abierta todo el tiempo.
-Ocurre todo el tiempo.
-Eso, y además no hubo sentencias. Cuando mis
hijos eran chicos metieron presos a algunos
represores y les hice el versito de que las
personas responsables del crimen de su abuelo
estaban en la cárcel. Pero después vino el
indulto de Menem. Y los chicos me decían: "Mamá,
los que mataron al abuelo están caminando por la calle".
Y sí, todos caminan por la calle. es la herida
abierta todo el tiempo. Y va más allá de
cualquier ideología. En algún momento pensé que
si aparecen los culpables y se los condena,
limpia no solamente a los familiares sino también a las mismas fuerzas.
-¿Le parece?
-Sí, hay gente que comparte una ideología pero no
un estilo. No cualquiera con esa ideología mata,
asesina, roba, viola, tortura.
Por eso lo pongo más allá de lo ideológico. Aquí
hubo un vaciamiento del país, y en ese vaciamiento hubo gente de todos lados.
-¿En qué situación está pensando?
-Hubo pactos de todos lados. Cuando se habla de
los dos demonios parece que se habla de dos
demonios delimitados. Pero a veces se unieron. Se
vació el país con ideologías de derecha, y
también de izquierda. El pacto Firmenich -
Massera, por ejemplo. ¿Cuánta gente cayó a partir
de eso, a cuánta gente se entregó? Fue un pacto
con costo humano. (Aclaración: María se refiere
al posible acuerdo secreto entre el genocida
Eduardo Emilio Massera, almirante ya condenado y
Mario Firmenich, jefe del grupo Montoneros, para
apoyarse mutuamente en plena época dictatorial)
-El gobierno venía presentando la situación en
materia de derechos humanos como un éxito, un
paraíso que se esfumó con la desaparición de López.
-Primero, que no hay ningún paraíso. Se empezó a
plantear el tema de los derechos humanos con
fines políticos un poco menos importantes que lo
que realmente importaría como derechos humanos.
Pero el aparato represor no se tocó en lo más
mínimo. ¿Cómo no va a seguir desapareciendo gente
si están los mismos en los mismos lugares, o en
lugares diferentes pero con otro ropaje? Para mí
cambió todo para que no cambie nada.
-En ese caso, no se puede hablar de "resabios del pasado".
-No, porque no se rompió nada. No son pasado,
están ahora. Esa es la herida. No es que hubo
gente que cometió asesinatos y espantos y está
presa, sino que forman parte de la sociedad,
están en la patria financiera, en los negocios, en la seguridad.
El negociado de la Italo
María sostiene que la desaparición de Julio López
logró el objetivo de instalar el miedo.
-En mi casa, mis hijos entraron en pánico. "Mamá
cuidado, cuidado". Son chicos que no vivieron
todo este proceso, pero empezaron a decir "no te
arriesgues". Un día una de mis hijas estaba en
pánico porque no sabía donde estaba yo. Ese es el
efecto del terror, el terror sin nombre, que es
un estado de pánico. No te dicen nada y te dicen
todo. No está en ninguna parte sino en todos
lados, la sensación es que estás en riesgo todo
el tiempo. Yo aclaro que yo generé en su momento
una cosa reactiva porque en el 77, cuando
desapareció mi viejo, participé en todo lo que te
puedas imaginar, como diciendo "que sea lo que
sea". Nunca sentí miedo yo. Jamás. Pero creo que
porque estaba más allá de todo, y si lo llegaba a
sentir, no me iba a poder mover. Moverse ahora es una cosa, en el 77 era otra.
Año 1977. Juan Carlos Casariego del Bel era un
español de 54 años, radicado en la Argentina,
funcionario de carrera. María: "A mi viejo
querían echarlo del ministerio cuando fue el
golpe del 76, pero para hacerlo tenían que
justificarlo, prontuariarlo. Al final le
ofrecieron un cargo como para que no lo aceptara,
el de Director de Inversiones Extranjeras. Pero
era el único ingreso de la familia, y él aceptó
el cargo, con una cuestión bastante idealista de
poder hacer algo. Él no era un militante, pero
tenía una ideología socialista. En casa contaba
los negociados que veía, que no iba a firmar tal
o cual cosa. Habló muchas veces de la Italo.
Decía que había un desfasaje de plata infernal,
que él no iba a firmar. Van a pasar sobre mi cadáver, decía. Y pasaron".
En términos prácticos, la dictadura aceptó pagar
por la Italo casi 395 millones de dólares para
estatizarla. El precio era absurdo por lo alto, y
además la sola compra iba contra todo el programa
liberal y antiestatista del gobierno. El propio
Martínez de Hoz era director de la empresa, y
buena parte del equipo económico tuvo relación
interesada con la transacción que se realizó en
1978. Casariego, según diversos testimonios, se
oponía a firmar un trámite ostensiblemente irregular.
El 15 de junio de 1977 llamó a su casa avisando
que llegaría tarde porque tenía una reunión con
Guillermo Walter Klein. Nunca más apareció.
El silencio de la prensa
María: "Cuando papá desapareció fue muy loco: era
un funcionario del propio gobierno, cuando la
política era la de una guerra contra la
izquierda". Los Casariego sabían lo que ocurría
en el país. Tenían un familiar perseguido por la
Triple A, conocían la situación de represión ilegal lanzada por el gobierno.
"Al caso de mi papá lo quisieron hacer pasar como
un secuestro extorsivo. Estuvo en un centro
clandestino que fue donde estuvo Perrota".
(Aclaración: Rafael Perrota era dueño del que fue
uno de los mejores diarios de los 70, El
Cronista. Fue secuestrado por el Ejército y
ocultado en el centro clandestino conocido como
COT-I Martínez, donde entre muchos otros estuvo
también secuestrado otro periodista, el creador
del diario La Opinión Jacobo Timerman).
En el caso de Perrota los militares pidieron un
rescate a la familia de 85.000 dólares que se
pagaron. De todos modos Perrota, maltrecho por
los tormentos, terminó asesinado por sus captores.
En el caso de Casariego también hubo un pedido de
recompensa. "Pidieron un rescate -relata María- y
dijeron que yo tenía que ir a un bar a buscar una
prueba de vida que les exigía mi mamá. El bar era
en Recoleta. Yo tenía 17 años. Tenía que abrir
una tapa de luz y buscar una medallita de
Galicia, de mi papá. No encontré nada, pero me
mandaron a otro bar y ahí sí la encontré. Como mi
padre era hipertenso, mi madre pedía que
escribiera algo en un diario del mismo día, para
confirmar que seguía vivo. Los amigos hicieron
una colecta para juntar los 50.000 dólares que
pedían. La tercera prueba de vida tuve que ir a
buscarla a la estación Avellaneda, y me quedé muy
mal. Era la letra de mi padre, pero se veía que
estaba totalmente descompensado. Supe que era él
porque en el diario había escrito el modo en el
que sólo él me llamaba: Marujita, te quiero mucho".
La familia ya estaba haciendo denuncias y
presentando hábeas corpus, pedidos para que las
autoridades dijesen si sabían algo de Casariego.
María y su madre fueron a los diarios.
-No aceptaban publicar el hábeas corpus. Mi mamá
quería hacer una solicitada pidiendo a los
secuestradores que le dieran a mi papá la
medicación que necesitaba. Pero nos dijeron que
no podían aceptarlo, porque había 21 temas que
los diarios tenían prohibido tocar.
-¿En qué diario le dijeron eso, María?
-En Clarín. Mi papá era uno de los 21 temas que
no podían publicar, según nos dijeron.
Miseria planificada
María Casariego tiene un diagnóstico: el silencio
en el tema de derechos humanos, o la falta de una
política coherente, representan un cáncer en el cuerpo social.
-Hay un pedazo de historia que no responde a la
verdadera historia. Fue muy loca la experiencia
con un paciente que tiene ideología bastante de
derecha, y no sabía de mi participación en estas
cuestiones hasta que el tema salió en los
diarios. Un día vino muy impresionado, y me dijo:
"Yo sabía que se habían hecho horrores, pero no
que habían robado". (Traducción: para este señor
matar no era tan grave como robar). Hay un grupo
que justifica las limpiezas ideológicas, pero
desmiente y desconoce bajo qué efectos se hizo
eso. O sea: cuando te hablan de Videla y Massera
como los ejecutores, se miente. Porque fue un
plan mucho más serio que eso y que sigue vigente.
-¿Sigue funcionando?
-Nunca cambió. la economía no cambió. Esa es la clave.
-Es la idea de Rodolfo Walsh en su Carta Abierta:
que la verdadera explicación de los crímenes y la
mayor violación a los derechos humanos era el
plan económico que sometía a millones de personas
a lo que llamó miseria planificada.
-Es que por eso hubo muchas maneras de hacer
desapercer gente. Cuando Cavallo hizo un plan
económico con 15 millones de argentinos afuera,
también los hizo desaparecer. Hay muchas maneras
de matar. A mi me impresionó mucho una carta de
Haroldo Conti (escritor argentino que terminó
también desaparecido) a Roberto Fernández Retamar
(poeta e intelectual cubano) donde ya en 1976
cuenta que le dijeron que se cuide, va a haber
muchas muerta, y 30.000 desaparecidos. Ya Conti
tenía el dato. Eso muestra la planificación.
¿Qué nos da miedo en las películas?
-En las últimas semanas se ha sabido de decenas
de casos de familias amenazadas, instalación del
miedo. Como psicoanalista, María, le pregunto:
¿Qué se hace con el miedo, cómo se lo supera?
-Esto es como en las películas de terror. ¿Qué es
lo que genera terror? No es la escena, el
monstruo, sino lo que no se ve. Cuando aparece la
imagen del monstruo, termina siendo como de humor
negro. Lo que genera terror es lo que uno no ve,
lo que ni se imagina. Cuando uno sale del lugar
de víctima y se pone en un lugar de militancia,
de actividad, no se deja de tener algún temor,
pero es de otro tipo: activo, no paralizante. Lo
malo es cuando ese temor te paraliza y te dice:
quedate guardadito y en silencio. Ahí lo logran: te mataron.
María cree que algo que le permitió superar ese
terror fue no callar, no guardar silencio. ¿Qué
representa la indiferencia social que a veces se
percibe en estos casos? "Es una desmentida. Tiene
que ver con un enorme miedo, y con creer que si
algo le pasa a los otros, no me pasa a mí".
Cuando se supo de la querella de María,
acompañada por la Comisión de Desaparecidos
Españoles y la Asociación de Ex Detenidos
Desaparecidos de la Argentina, el secretario de
Derechos Humanos Eduardo Duhalde la convocó: "Me
querían pedir autorización para presentar al
Estado como querellante en la causa. Me pareció
todo muy light. Si quieren se presentan, no me
tienen que pedir permiso. Pero no hicieron nada,
porque todo es una gran parafernalia.
-O sea, mucho adorno y ruido.
-Pero pocas cosas contundentes. Hay tanto show,
tanto carnaval, que genera una cosa
contraproducente de cansancio, y no de
concientización en serio. Mucho show, recitales,
pero donde tendrían que estar funcionando en serio, no están.
-¿Por ejemplo?
- Dar apoyo a los juzgados. Cambiar los jueces.
Revisar la historia de los jueces, porque hay
muchos que eran de la dictadura. En la Comisión
de los Desaparecidos me dijeron que me presente
con la querella ante el juez (Daniel) Rafecas,
porque está haciendo algo. Eso es de terror:
todos tendrían que estar haciendo algo. ¿Cómo
puede ser que tenga que ver en qué juzgado me
presento, porque según eso va a pasar algo o no?
-¿Qué otro tema sería contundente, y no show?
-La bonaerense sigue siendo la bonaerense
histórica. Se sabe quiénes estuvieron en la
patota. Esos personajes no pueden estar en ninguna función, y siguen estando.
-De todos modos, el gobierno se defiende diciendo
que es una víctima del caso López.
-No. No me parece. El gobierno no actuó a tiempo.
No sé si se lo están haciendo al gobierno, ni sé
cuánto de esto lo hace el propio gobierno.
-¿En qué sentido?
-En que no se hizo una limpieza como corresponde.
Hay funcionarios que adhirieron a un proyecto.
Los que no adhirieron terminaron como mi viejo. Está claro.
Educación, preservativos y nietos
-¿Qué significa hoy la defensa de los derechos humanos?
-(Se queda pensando) Qué preguntas difíciles. Es
muy impactante que uno tenga que proclamar los
derechos humanos como si hubiera que defenderlos.
Hay problemas de exclusiones permanentes, en toda
la historia. Pero la verdad es que los derechos
humanos para mi hablan de la salud y la
educación, que son dos cosas totalmente
colapsadas en nuestro país. si pensás qué
posibilidad hay de hacer un país, esos son los dos pilares.
-Pero María, acabo de leer en los diarios que el
país posee un modelo educativo envidiable, de los mejores del continente.
-Cuando leo esas cosas pienso que el llamado
cuarto poder está comprado. Qué querés que te
diga. No hay un periodismo independiente, y el
que hay todavía no llega masivamente. Uno lee las
noticias, pero no es lo que se ve en la calle.
-La calle silenciada. Ahí falla el derecho de
libertad de expresión. Sigamos con la agenda de los otros derechos humanos.
-Hablábamos de no exclusión, salud y educación.
Perro salud en serio, donde los temas religiosos
queden por fuera de un Estado que no puede ser
religioso. Estoy hablando del aborto, de los
métodos anticonceptivos, de una educación sexual
en serio: todo eso tiene que ver con los derechos
humanos. Cuando una criatura discapacitada tiene
que llevar a término un embarazo porque no hay
ningún médico que firme el aborto, eso es un
abuso absoluto de sus derechos humanos.
-Es un nuevo modo de entender y ampliar la existencia de derechos.
-Es que el otro día escuchaba, por ejemplo, que
en El Rosedal por día se juntan 1500
preservativos (Traducción: El Rosedal es un área
entre los bosques de Palermo, devenida en zona
libre para mujeres y travestis en estado de
prostitución) ¿Cómo se resuelve el problema de la
prostitución en la Argentina? ¿Cómo se trabaja?
¿Llevándolo a un rincón para que no moleste a la
gente de Palermo? ¿Esas son las soluciones? ¿O
vamos a reivindicar el lugar de la mujer, para
que deje de ser parte de la sociedad sometida? El
derecho a la maternidad, a la planificación
familiar, a tener un hijo independientemente de
lo que marque el Estado, que son muy serios. ¿Por dónde empezamos?
Frente a la idea de que los organismos
tradicionales de derechos humanos no están
haciendo demasiado por esta nueva generación de
derechos violados, María cree que además hay
huecos de debate en temas anteriores: "Por
ejemplo, los nietos recuperados. ¿Cómo se les
devuelve la identidad? ¿Qué pasa por la cabeza de
la abuela? ¿Recupera al nieto o siente que
recupera a su hijo? En ese caso, ¿el nieto
adquiere su identidad, o está sustituyendo otra
identidad que no le pertenece, al tener la edad
que tenían los desaparecidos? Yo siento que ahí
hay temas muy profundos, que no se trabajan lo suficiente".
La desaparición cerebral y el Estado
-María, usted describe un escenario donde hay
shows gubernamentales, empresas periodísticas que
mienten, políticos que no actúan. Una telenovela,
una ficción. ¿Qué cosas en cambio le dan
confianza? ¿Dónde pone sus apuestas hacia adelante?
-Es difícil. cuando empecé con lo de mi viejo me
preguntaban si creía que iba a haber justicia. Yo
contestaba que no. Y me decían ¿para qué estás
haciendo esto, entonces? Porque aunque haya 50
personas que puedan pensar un poquito más sobre
lo que pasó, a mi me sirve. Creo que la cosa es
muy micro en este momento. Yo hablo mucho de los
desaparecidos cerebrales como consecuencia de la
dictadura. Además de los 30.000 desaparecidos
físicos, el efecto de vaciamiento cerebral es muy
serio porque habla de un país a muy largo plazo.
Hay una o dos generaciones de personas que no
piensan, o son contados los que lo hacen. Y el
estilo de vida es aquí y ahora, y todo muy light.
El no compromiso, no meterse con nada, la no
pasión en lo político, en la creación. Lo veo
como generaciones de clase media cuyo único
proyecto de vida se relaciona con cuestiones
económicas, casa en barrio privado, seguridad. Se
salió en el 2001 por el problema de los bancos,
pero después todos se guardaron. ¿Dónde quedó esa gente?
-Misterio. Pero el espíritu de acción colectiva
renació después en Cromañón, Gualeguaychú, y
cantidad de experiencias "micro", como usted decía.
-¿Pero cuántos genocidios tiene que haber para
que la gente salga? Mucha gente de Cromañón no
estaría haciendo nada si no le hubiera pasado lo que le pasó.
-¿Cómo cambiar esa inercia?
-Con educación en serio, educación solidaria,
para la salud. Educación para la salud mental.
Cuando fue lo de la AMIA me decían ¿por qué te
metés? Y yo pensaba: ¿cómo no voy a estar? Seguir
pensando que hay cosas que no nos corresponden: eso es la locura.
-Y la salud sería comprender que todo está relacionado.
-¿En qué lugar loco la gene cree que Cromañón le
pasó sólo a los que estuvieron allí? A algunos
les pasó mucho más cercanamente, pero nos pasó a
todos. Cuando un micro choca con un camión cuyo
conductor estaba borracho, se matan los chicos.
Nos pasa a todos como país, como sociedad.
-Hablaba antes del desaparecido cerebral. ¿Es una patología?
-Patología, y una estructura de Estado. No te
metás si no te tocó, no te involucres, para qué,
cuidá tu quintita, mirá que podés ser un
desaparecido. Son mensajes que te dicen: guardate en tu casa.
Agregale los medios, la televisión que te lava el
cerebro y demás verduras. Los adolescentes con el MSM. Siempre guardaditos.
María efectúa una enumeración: desaparecidos,
Malvinas, AMIA, Cromañón, inundaciones de Santa
Fe y la multitud de muertos "en catástrofes que
no son naturales. ¿Vos pensás que Malvinas no nos
pasó a todos? ¿O Cromañón? son los disfraces del
genocidio, mientras se sigue matando a la juventud".
El dilema persiste. Cualquiera de esos casos nos
pasó a todos, pero mucha gente no acepta el
razonamiento, y se encierra o toma distancia
frente a estas situaciones. María: "El psiquismo
ve. Uno no puede neutralizar parcialmente, decir:
no quiero que me afecte tal situación en
especial. El aparato psíquico no actúa así, sino
que bloquea de modo general, y ese bloqueo es
paralizante. No podés decir : me paralizo de tres
a cuatro y el resto sigue. Uno no se quiere
enterar de algo, y termina no enterándose de
nada, empieza el trabajo robotizado, y el cerebro bloqueado afectivamente".
Imaginar y crear
Tema pendiente, después de tanto diagnóstico ¿A
qué cosas apuesta esta mujer, como mirada hacia adelante?
"Siempre hay que plantar, y en algún lado va a
germinar. Mi hijo hizo un monumento a los
desaparecidos del colegio Carlos Pellegrini,
donde cursó el secundario. No me contaba mucho.
El día que se iba a inaugurar me dijo: quiero que
vengas un rato antes, veas lo que hice, a ver si entendí"
María llegó intrigada al auditorio, no vio
monumento alguno, salvo un objeto tapado con una
tela. "Mi hijo me lo quiso mostrar, y antes del
acto lo destapó. Era una placa de acero con el
nombre de los chicos desaparecidos y asesinados.
Me quedé un poco desconcertada, porque eso no me
parecía un monumento, y mi hijo me dice:
acercate. Cuando lo hago, soy yo la que entiendo:
la superficie era espejada. Mientras leías los
nombres, veías tu propia imagen. Y el texto
termina diciendo: vos también podés estar. Los
nombres eran de chicos de 13 o 14 años".
En la anécdota puede haber varias claves. Un
chico que supo entender. Que imaginó, pensó,
creó, destapó, mostró. Los espejos pueden ser una
creación inquietante en estos tiempos. El dilema
es eterno: quiénes serán los que acepten leer a
fondo lo que los espejos tienen para mostrarnos.
(cL) Copyleft-Copia Libre: estas notas pueden ser
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