Primero se llevaron a los comunistas
pero a mi no me importó
porque yo no era.
En seguida se llevaron a unos obreros
pero a mi no me importó
porque yo tampoco era...
(fragmento del poema de Bertold Bretch)
Casi 3 meses de impunidad y perversa incertidumbre.
Aparición con vida de Jorge Julio López !
Juicio y castigo a los genocidas. Ni olvido ni perdón.
Ya dijimos NUNCA MAS.
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
[P/Lx@] Una buena noticia en el Día Internacional de los Derechos Humanos
Los canallas viven mucho, pero algún día se mueren
A la muerte de un canalla
Obituario con hurras
Vamos a festejarlo
vengan todos
los inocentes
los damnificados los que gritan de noche
los que sueñan de día
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden
los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.
Mario Benedetti
***
Augusto Pinochet, asesino
Por José Pablo Feinmann
Y se murió de viejito nomás. En una cama, del
corazón (un corazón al que sólo acudió para morir
tranquilo), rodeado de fascistas y dolorosamente
impune. Cuesta encontrar las palabras para
expresar la monstruosidad de este hombre. Cuesta
expresar la tragedia que implicó en nuestras
vidas. Inauguró el golpe sangriento, con torturas
sin límite, con desaparecidos. Todo golpe
cruento, asesino, tomó su nombre: pinochetazo.
Aquí, a mediados del ’75, todos lo decían: “Lo
que se viene es el pinochetazo”. Debimos saberlo
desde el ’73. Debimos saber que el adversario no
sólo era poderoso, sino que era criminal. Debimos
haber puesto cautela en nuestra mano; no
frenarla, no pararla, pero reflexionar que lo de
Chile nos dejaba muy solos, era muy desmedido y
reclamaba eso: cautela. Pero estábamos embalados.
En septiembre de 1973 la Facultad de Filosofía y
Letras dictaba muchas de sus materias en la calle
Córdoba. Un lindo lugar con una capilla en el
medio. Ivannisevich se sacó una foto pegándole
con un pico a una pared, destruyendo el edificio.
Prolijos, dejaron la capilla. Todavía está. Un
pibe de la JUP me dijo del golpe y se me ofreció
para levantar mi clase. Yo, uno se creía, aún,
inmortal, le dije que la levantaba yo y llevaba a
mis alumnos a la marcha. Salimos de las aulas en
busca de las marchas. Sentíamos más la presencia
de la JP en las calles, vivando a Allende, que la
relación profunda, íntima, que la tragedia de
Chile tenía con nosotros. En esa época las
fronteras parecían más lejanas. Si algo pasaba en
Chile, no tenía por qué pasar aquí.
En seguida llegó la foto del carnicero. Es la
perfecta caricatura del general golpista
sudamericano. La jeta erguida, bigote, anteojos
negros. Después, la noticia de la muerte de
Allende. Decían: se suicidó. Un periodista le
pregunta a Ricardo Balbín qué haría él en una
situación así. El compadrito de comité se mandó
una histórica: “¡Ah, no! A mí no me hacen eso”.
No recuerdo qué dijo Perón. Nada memorable, sin
duda. Poco tiempo después cruzaba la cordillera y
se entrevistaba con el carnicero. ¡Qué vivos
están estos recuerdos! Los dos bien trajeados de
milicos. Con capas y todo. Le gustaban las capas
a Pinochet. Al día siguiente o a los dos días
empezaron a llegar los exiliados, los que apenas
habían salvado el pellejo o los que habían sido
escupidos del Estado Nacional. Estaban desechos.
En Ezeiza, el gobierno argentino les tomó huellas
digitales hasta de los dedos del pie. Les tomaron
todos los datos, los ficharon bien fichados, les
hicieron saber que si algo raro hacían duraban
media hora sin ser arrestados. El Descamisado
publicó las fotos y tituló: “Esta vergüenza se
hace en nombre del peronismo”. Claro que sí: eso
hizo el peronismo. Lo habría hecho cualquier
gobierno argentino. Pero el peronismo de esos
días era pinochetista. Cosa que, en algún oscuro
rincón de su alma, siempre puede volver a ser si es necesario.
López Rega habrá brindado con champán. El
carnicero de Chile estaba enseñando cómo se
arreglan las cosas con el marxismo internacional,
con la sinarquía apátrida. Nosotros empezamos a
enterarnos de las peores cosas. Las versiones que
llegaban sobre las torturas y las violaciones del
Estado Nacional estremecían. ¿Era posible tanta
crueldad? Se sabía que estaba lleno de tipos de
la CIA el Estadio. Que los de la CIA eran
especialmente activos en torturar y hasta
enseñaban a los empeñosos chilenos cómo hacerlo.
Las mujeres que maltrataron a Allende con los
cacerolazos salieron a festejar. Otros agarraban
lo que tenían a mano y huían. “Yo me contó años
después un escritor llegué a Perú, me metí en
una pensión, abrí mi valija y puse en un estante
los libros que me había llevado. Ahí estaba mi
nueva biblioteca: un libro de Cortázar, otro de
Lezama Lima y uno de Tolstoi. Era todo lo que tenía.”
Un día lo fue a ver Borges. El carnicero estaba
orgulloso: el gran escritor había cruzado la
cordillera y estaba feliz de verlo. Le puso una
condecoración bien llamativa. El gran escritor
el que decía un mar de concheterías bobas cada
vez que “comía”, porque un concheto no “almuerza”
ni “cena”, “come”, en lo de Bioy Casares le dijo
al carnicero: “Me honra esta condecoración porque
Chile tiene la forma de una espada”. También la
Thatcher lo recibió y le habló con un inglés
lento y vocalizado como para que el carnicero
entendiera: “Le agradezco su ayuda en la guerra
de las Falklands. Sin sus informaciones nuestros
pilotos no podrían haber hecho los blancos que
hicieron”. El carnicero sonrió, satisfecho, goloso.
Cierta vez estaba en una clínica en Londres.
Golpean a su habitación. Entra una mujer joven y
resuelta, treinta años, por ahí. El carnicero,
siempre seductor, sonríe y dice: “Pasa, niña.
Dime, ¿a qué vienes?” “A arrestarlo, general. Por
violaciones a los derechos humanos.” Se enfurece
y llama a sus matones: “¡Saquen de aquí a esta
comunista!” Días después regresa a su país. Llega
en silla de ruedas. No bien baja del avión se
pone de pie y saluda a los suyos. ¡Pícaro el
carnicero! Otra vez había engañado a todos.
No sirve para nada que se muera. Que estos tipos
se mueran cuando ya mataron a todos los que
querían matar es un pobre consuelo. Ni un cáncer
vale desearle. Nadie va a revivir por eso. Nadie
va a sufrir menos de lo que sufrió. Deja, para
colmo, problemas. Los militares de su país (al
que le aseguró la economía y todos sabemos cuánto
aprecian esto los pueblos) lo honrarán desde las
armas. Michelle Bachelet no lo honrará desde el
Estado. Pero habrá que organizar actos en toda
América latina. El New York Times ha anunciado su
muerte como la de un cruzado contra el marxismo.
Puño de hierro, dictador, pero un hombre que no
dudó. Fue la suma de las peores cosas que un ser
humano puede ofrecer: lo de asesino lo sabemos,
pero fue, además, ladrón, mentiroso, cínico, se
rió de sus adversarios y de sus muertos.
Descansará en paz porque morirse es eso. Pero que
no tenga paz su memoria. Que nadie olvide sus
crímenes. La era de horror que inauguró. Que en
las escuelas argentinas se sepa que Pinochet es
parte de nuestra historia, porque prefiguró
nuestra pesadilla, porque inspiró a nuestros
verdugos. Que gane la verdad por sobre la mentira
con que sus adeptos buscan protegerlo. Que su
nombre infunda pavor y que ese pavor se
transforme en coraje: nunca más un Pinochet. Que
haya un busto suyo con una placa en todos los
países del mundo. Que esa placa diga: “Augusto
Pinochet, asesino”. Porque olvidarlo sería como
olvidar Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.
Aparecido en Página/12
Gracias a Fede Fernández por este aporte.
***
Chile
El ex dictador Augusto Pinochet murió en el Día
Internacional de los Derechos Humanos y cumpleaños de su mujer
Por Ernesto Carmona
(especial para ARGENPRESS.info)* (Fecha publicación:10/12/2006)
Gran parte de Chile festeja la muerte del ex
dictador Augusto Pinochet Ugarte, mientras sus
partidarios protagonizaban desórdenes públicos en
los alrededores del Hospital Militar. El ex
dictador murió de manera repentina en el Día
Internacional de los Derechos Humanos y tras
celebrar el cumpleaños de su mujer, Lucía Hiriart.
El deceso ocurrió exactamente a las 14:15 horas
del domingo 10 de diciembre, a causa de una
inesperada descompensación cardiaca. Un
comunicado de prensa del centro médico castrense
informó en la mañana que Pinochet 'estaba muy
bien, en plena recuperación', pero a las 13:30,
el ex dictador sufrió una crisis cardiaca.
Trasladado a la unidad de cuidado intensivo, los
médicos no pudieron resucitarlo y 45 minutos más tarde ya era cadáver.
Pinochet fue internado el pasado domingo 3, por
un infarto al miocardio y un edema pulmonar, pero
después de una rápida recuperación fue retirado
de la unidad de terapia intensiva e incluso se
esperaba el alta médico para que abandonara el
hospital el martes. El cuerpo será velado en la Escuela Militar.
Carnaval en Santiago
En menos de una hora, la noticia desató un
carnaval en Santiago. Según informes de
radioemisoras y fuentes del ministerio del
Interior, a partir de las 15 horas comenzó a
concentrarse gente en diversos sectores de la
capital a fin de exteriorizar su alegría, a pesar
del intenso calor. Mientras los automóviles
hacían sonar sus bocinas, gente con banderas
salió a las calles para celebrar con gritos,
champagne, vino, refrescante cerveza o
simplemente agua. Se leyeron letreros que rezaban
“Gracias, Viejito Pascuero”, nombre chileno de Papa Noel o Santa Claus.
La mayor cantidad de gente se concentró en la
Plaza Italia, o Plaza Baquedano, de Santiago.
Asimismo, hubo champagne y masivas
manifestaciones de alegría en el monumento de
Salvador Allende frente al palacio gubernamental
de La Moneda, en la comuna de La Florida y Ñuñoa,
además en las poblaciones Villa Francia, La
Victoria, La Pincoya y otros sectores. También
hubo manifestaciones en las principales ciudades
del país. Carabineros agredió inesperadamente a
los manifestantes de Valparaíso con gases,
balines de goma y carros lanza agua. Se ignora si
fue una iniciativa propia de la policía o una
orden gubernamental. Al fin de la tarde partió
una marcha multitudinaria desde Plaza Italia, por
la Alameda, la avenida más importante de
Santiago, rumbo a La Moneda y el monumento a
Salvador Allende en la Plaza Constitución.
En la otra cara de la medalla, los partidarios de
Pinochet se congregaron en las afueras del
hospital Militar, hasta donde acudieron el
alcalde de Providencia, el ex oficial de la DINA
coronel (r), Cristián Labbé, el senador UDI Juan
Antonio Coloma y otros adherentes. Los
manifestantes pro pinochetistas piden duelo
nacional, banderas a media asta y funeral de
Estado. Dos mujeres exaltadas bajaron a media
asta dos banderas del centro médico, pero fueron
detenidas. Durante la semana que permaneció
internado, Pinochet no fue visitado por los jefes
de los dos partidos pinochetistas chilenos, la
Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación
Nacional (RN). Los desórdenes en el Hospital
Militar fueron permanentes pero Carabineros no intervino.
Los medios de comunicación, excepto el diario La
Nación, se refieren a Pinochet como “ex
presidente”, “ex mandatario”, “ex jefe de
estado”. Sólo La Nación ha venido titulando en
primera página con la expresión “dictador” o “ex dictador”.
La muerte le ganó a la justicia
Para algunos opositores a la dictadura, es
lamentable que Pinochet haya muerto sin haber
sido condenado por la justicia en ninguno de los
numerosos procesos por crímenes de lesa humanidad
y violaciones de derechos humanos, mientras la
mayoría simplemente celebra su muerte. Sergio
Bitar, Presidente del PPD, anunció que su partido
está contra los honores de jefe de Estado
simplemente porque no fue elegido por el voto popular.
Muchos partidarios del ex dictador destacan su
“modernización del país” y sus discutibles
“éxitos económicos”. Pero Mireya García,
dirigente de la Agrupación de Familiares de
Detenidos Desaparecidos, recordó que “se va con
1.127 desaparecidos y 3.000 ejecutados. ¿De qué
Chile moderno se habla?”, preguntó Mireya García.
El vicepresidente de la Democracia Cristiana,
diputado Jorge Burgos, recomendó “actuar con
respeto y respetar el sentimiento de la gente”,
aunque admitió que “la dictadura fue dañina, pero
ya pasó y lo que hay que mirar ahora es el
presente y el futuro, ser capaces de respetar el
dolor”. Añadió que para “quienes somos creyentes
será Dios quien decida el destino de quien sojuzgó”, etcétera.
La mayoría de los anti pinochetista no se hacen
mayores problemas para celebrar la muerte de
Pinochet. Parodiando la célebre frase de Fidel
Castro, durante el juicio por el Asalto al
Cuartel Moncada, un manifestante dijo que por fin
ha muerto y sólo cabe expresar: “¡Absolvedme, no
importa, la historia me condenará!”.
Fiesta de cumpleaños de Lucía
El día domingo fue dulce y agraz para los
familiares de Pinochet. Pese al estado de salud
del ex dictador, vivieron desde temprano una
jornada de fiesta, con motivo del cumpleaños 84
de su cónyuge, Lucía Hiriart. Con los más
allegados, entre ellos el alcalde Labbé, la
familia conmemoró el cumpleaños en la capilla del
Hospital Militar, donde aprovecharon de orar por
la pronta recuperación del ex dictador. En las
afueras del recinto médico, uno que otro
adherente al procesado y entonces convaleciente
Pinochet quisieron entregarle una torta a Lucía Hiriart.
Radio Bío Bío informó que Lucía Hiriart sufrió
una repentina alza de presión al conocer el
deceso de su cónyuge, mientras su hijo Augusto
(Agustito) se mostró destrozado por las
manifestaciones de alegría que brotan en diversos puntos de la ciudad.
Duelo del Ejército
Hasta el cierre se esta información se ignoraba
qué decidirá el gobierno de Michelle Bachelet
sobre el carácter del funeral. Mientras se
discute si habrá o no ceremonia de Estado y duelo
nacional, el Ejército tiene la prerrogativa de
decretar un “duelo institucional”, exclusivo para
el ámbito del arma, pero está descartado un
funeral de Estado, con la presencia de la jefa
del Estado Michele Bachelet. A lo sumo asistiría
al entierro la Ministra de Defensa Viviane
Blanlot. En horas de la tarde, la bandera fue
puesta a media asta en la Escuela Militar,
escenario del velatorio del ex dictador. Al fin
del día, la bandera fue izada a media asta en
todos los edificios militares. Se anunció que el
entierro se realizará el martes en la mañana.
Una fuente allegada al ministerio del Interior
señaló que probablemente haya un funeral militar
pero discreto, sin honores de jefe de Estado,
“quizás con un par de milicos disparando unas
salvas”, pero sin la fanfarria de cureñas con que
fueron sepultados otros ex comandantes en Jefe,
como el general René Schnneider, asesinado en
1970 por su lealtad con el proceso constitucional
que eligió Presidente a Salvador Allende.
Para la biografía de Pinochet, ver “Proyecto de
Obituario para un ex dictador” en
http://www.argenpres.info/nota.asp?num=037546
Notas tomadas de la última edición de Argenpress.info
Sitio web de este número:
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