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[P/Lx@947] DDHH: El turno de la Triple A   Lista de mensajes  
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"Si asumes que no hay esperanza,
garantizas que no habrá esperanza.
Si asumes que hay un instinto hacia la libertad,
que hay oportunidad para cambiar las cosas,
entonces hay una opción de que puedas
contribuir a hacer un mundo mejor.
Esta es tu alternativa."
Noam Chomsky

FELIZ 2007 !!!
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8 años liberando palabras
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬

[P/Lx@] DDHH: El turno de la Triple A
La justicia tardía no es buena,
pero siempre es mejor que la impunidad.
Publicamos este dossier de notas relacionadas a
las causas reabiertas de los crímenes de la Triple A.

«Hay que tener en cuenta que en la Argentina
existe el delito de opinión. Que está prohibida
la expresión de las corrientes políticas que
contradigan al sistema en lo esencial. Que se
persigue individualmente a todos aquellos
periodistas que tratan de violar esos cánones».

Rodolfo Walsh, mayo de 1972

Los que se adelantaron al terror del '76
Irina Hauser (Página/12 - Buenos Aires)

Por primera vez la Justicia argentina analiza
calificar los asesinatos cometidos por la Triple
A durante el gobierno de María Estela Martínez de
Perón como crímenes de lesa humanidad. Esta
novedad es consecuencia de la aparición en España
de Rodolfo Eduardo Almirón, un ex jefe de aquella
organización terrorista de ultraderecha, que fue
encontrado por periodistas de ese país. El
hallazgo obligó al juez federal Norberto Oyarbide
a desempolvar una vieja causa y a descubrir,
entre los papeles amarillentos, que desde 1984
existía un pedido de captura contra el ex
subcomisario por los homicidios del diputado
Rodolfo Ortega Peña, del ex subjefe de la policía
bonaerense Julio Troxler y del profesor Silvio
Frondizi, hermano del ex presidente, entre varios otros.

Una investigación periodística del diario español
El Mundo reveló la semana pasada que Almirón, de
70 años, vive en la localidad de Torrente, a diez
kilómetros de Valencia. Hasta entonces caminaba
muy tranquilo por el barrio de Xenillet. Había
llegado a España en julio de 1975 junto con el
propio fundador y líder de la Triple A, José
López Rega, cuando éste, radiado del poder, tuvo
que irse de la Argentina. Almirón y su ex suegro,
Juan Ramón Morales, quien también viajó, eran
jefes de seguridad de “el Brujo”. En Europa se
vincularon con otros grupos fascistas.

Con el reciente descubrimiento de Almirón, el
Movimiento Argentinos en el Exterior se presentó
ante el juez español Baltasar Garzón y le pidió
que lo investigue como “responsable operativo” de
la Triple A, una organización que anticipó el
Terrorismo de Estado desplegado a partir del
golpe de 1976 y que “trasladó su conducción a
Madrid” desde donde “continuó su accionar”. Pero
el organismo también recordó que en la Argentina
existía al menos una causa sobre los asesinatos,
secuestros y atentados del grupo terrorista que
montó, financió y dotó de armas López Rega desde
el Ministerio de Bienestar Social.

Fue así como, el lunes pasado, el juez Oyarbide
puso a un secretario a revisar las estanterías y
encontró, en medio de los 39 cuerpos de una vieja
causa sobre los crímenes de la Triple A, un papel
con un pedido de captura contra Almirón fechado
en 1984 donde se lo acusaba de “asociación
ilícita en concurso real con homicidio doblemente
agravado en hechos reiterados”. Se le imputaban
por lo menos cuatro asesinatos: los de Ortega
Peña, Troxler, Frondizi y su yerno Luis
Mendiburu, acribillado cuando trataba de salvarlo.

Oyarbide se tomó una semana de licencia. Lo
primero que hizo su reemplazante, Julián
Ercolini, fue enviar a Interpol España una
notificación para recordarle la existencia de la
orden de captura y solicitarle que confirme si el
hombre identificado en las cercanías de Valencia
es efectivamente el represor Almirón. Al día
siguiente, la agencia internacional mandó una
nota pidiendo al juzgado una serie de precisiones
como paso previo a una posible extradición, entre
ellas, de qué delitos se acusa al ex policía y si la causa sigue abierta.

Según informaron a Página/12 allegados al
expediente, Oyarbide contestará a mitad de esta
semana el requerimiento de Interpol y, de ese
modo, ratificaría el pedido de detención con
miras a la extradición. Pero no será un trámite
más: tendrá que resolver si los crímenes de los
que se acusa a Almirón como miembro de la Triple
A son delitos de lesa humanidad y por lo tanto
imprescriptibles. “Si no se hace esa aclaración
se podría llegar a interpretar que la causa
prescribió”, advirtió un funcionario de la causa.
El juez, señalaron, está estudiando el asunto.

Hace poco más de un año, el fiscal Eduardo Taiano
pidió el desarchivo de esta causa que, en rigor,
nació en 1975 con una denuncia del abogado Miguel
Radrizzani Goñi. En su dictamen, Taiano reclamaba
que se reabriera la investigación sobre por lo
menos ocho de los secuestros y asesinatos de la
Triple A teniendo en cuenta, planteó, que son
crímenes de lesa humanidad. Argumentó que fueron
cometidos desde el aparato del Estado por “un
grupo” que “afectó gravemente a un gran número de
personas, contrariando la concepción humana más
elemental, hechos que de acuerdo al derecho
internacional constituyen delitos de lesa humanidad”.

La fiscalía recordó –al citar el trabajo de
Ignacio González Jansen– que “entre julio y
septiembre de 1974 se produjeron 220 atentados de
la Triple A, casi tres por día, 60 asesinatos,
uno cada 19 horas, y 44 víctimas resultaron con
heridas graves. También 20 secuestros”. Como
cifra global al accionar de la organización
terrorista se le atribuyen más de 1500 crímenes.
Para Taiano, a la luz del derecho internacional
que Argentina suscribe, retomar aquella investigación “es una obligación”.

El juez Oyarbide reabrió la causa, pero nunca se
pronunció sobre el planteo de Taiano. Pasado
mañana un grupo de organismos de derechos humanos
(entre ellos la Asociación de ex Detenidos
Desaparecidos, la Liga Argentina por los Derechos
del Hombre, la Asociación Gremial Docente y el
Centro de Profesionales por los Derechos Humanos)
se presentará en el juzgado para pedir la
extradición de Almirón y ser aceptados como
querellantes, además de adherir al planteo del
fiscal. El representante del Movimiento
Argentinos en el Exterior, Luis Pérez Leira,
pidió a la Justicia española que detenga a
Almirón cuanto antes. A su entender, lo
importante es que se lo juzgue “en alguna parte, pero que se lo juzgue”.

Antecedentes promisorios

El Estado argentino reconoció su responsabilidad
en los homicidios de la Triple A –lo que los
equipara con delitos imprescriptibles– al
resolver que se debía indemnizar a los familiares
de víctimas del terrorismo anterior a 1976. Entre
ellos, por ejemplo, figuran los hijos de Ortega
Peña y la familia del sacerdote Carlos Mujica. El
ex rector de la UBA Raúl Laguzzi y su esposa, que
perdieron a su bebé de cuatro meses al explotar
una bomba en un atentado en su propia casa,
donaron la indemnización a entidades que ayudan a chicos carecientes.

Como antecedente judicial, la Corte Suprema
encuadró el asesinato del general chileno Carlos
Prats y su esposa, ocurrido en septiembre de 1974
en Palermo, como un crimen de lesa humanidad. Por
ese homicidio, ejecutado en el marco del Plan
Cóndor, el ex agente de la policía secreta de
Chile fue condenado a reclusión perpetua por el
Tribunal Oral 6. Al confirmar la sentencia, la
Corte preparó el terreno para declarar, tiempo
después, la inconstitucionalidad de las leyes de
Punto Final y Obediencia Debida.

En la antigua causa sobre la Triple A se llegó a
procesar a López Rega en octubre de 1983, aunque
recién se logró su detención y extradición desde
Estados Unidos en julio de 1986. El entonces
fiscal Aníbal Ibarra pidió para él la pena de
prisión perpetua en la etapa final del juicio,
pero Martín Irurzun, el juez que estaba a cargo
de la pesquisa, no alcanzó a dictar sentencia:
“el Brujo” murió antes, en junio de 1989.

Ibarra responsabilizó a López Rega por seis
asesinatos, todos en 1974, que la Triple A reivindicó:

- Uno fue el de Ortega Peña, que recibió quince
disparos cuando bajaba de un taxi en Carlos
Pellegrini y Arenales. Estaba con su esposa,
Helena Villagra. A ella un proyectil le atravesó
la mejilla derecha y salió por la izquierda, pero
sobrevivió. Ortega Peña era diputado, integraba
el Frente Justicialista de Liberación y denunciaba abiertamente a López Rega.

- También se culpó al “Brujo” por el crimen del
abogado de presos políticos Alfredo Curutchet, que recibió cincuenta disparos.

- Julio Troxler había sido militante peronista y
subjefe de la Policía Bonaerense. Participó en el
levantamiento contra la Revolución Libertadora y
se había salvado de milagro en los fusilamientos
de José León Suárez. Lo mató la Triple A con varios disparos en la cabeza.

- A estos casos la acusación agregó los
asesinatos del académico Silvio Frondizi (hermano
del ex presidente Arturo Frondizi) y el
periodista Pedro Barraza y su amigo Carlos Laham.

En el expediente hay una larga lista de
asesinatos que incluyen al padre Mujica, al ex
vicegobernador de Córdoba Atilio López y el ex
secretario de Economía de esa provincia Juan Varas.

En una derivación de esta causa se llegó a
condenar por secuestros, robos y toda clase de
ataques a la banda del fallecido agente Aníbal
Gordon. Pero varios de los laderos clave de López
Rega siguen impunes, entre ellos Miguel Angel
Rovira, quien en 2001 fue descubierto cumpliendo
la función de jefe de seguridad de Metrovías.
Perdió el puesto después de ser escrachado por HIJOS, pero sigue en libertad.

***

Dos causas complejas que afectarán al peronismo

Isabel Perón y jefes de la AAA, con pedidos de
capturas y extradiciones por crímenes.
Si bien la principal afectada por la resolución
de la justicia es María Estela Martínez de Perón,
los ecos de los fallos pueden llegar más arriba
suyo, hasta el propio fundador del peronismo. Y
seguro, ya llegaron abajo, a varios jefes operativos de la AAA.
por Emilio Marín (www.laarena.com.ar)

No es que los crímenes cometidos durante la
dictadura militar hayan sido totalmente
investigados y menos aún enjuiciados y
castigados. Todavía falta mucho para eso. Ahora
comenzó, en rigor recomenzó, una tarea similar
enfocando el período anterior al golpe del 24 de
marzo de 1976, cuando la organización fascista
Acción Anticomunista Argentina (AAA) cometió
1.500 asesinatos políticos contando con la venia del gobierno de Isabel Perón.
Esa administración justicialista está ahora
jaqueada por dos causas. Una la tramita el juez
federal Norberto Oyarbide y apunta directamente
contra jefes operativos de la Triple A como el ex
subcomisario Rodolfo E. Almirón, acusado de los
crímenes del ex diputado Rodolfo Ortega Peña, el
cura Carlos Mugica, el ex subjefe de la Policía
Bonaerense Julio Troxler, el intelectual Silvio
Frondizi y el abogado laboralista Alfredo Curutchet, entre otros.
El otro expediente lo lleva el juez federal de
Mendoza, Héctor R. Acosta, quien acaba de pedir a
Interpol la detención de la ex presidente
residente en Madrid. La acusa de privación
ilegítima de la libertad y torturas en perjuicio
de Héctor A. Fagetti, un joven detenido en
Mendoza por fuerzas policiales y militares en
febrero de 1976, un mes antes del golpe, y que
nunca recuperó la libertad pese a haber sido visto vivo en dos cuarteles.
Dos ex ministros de entonces, Antonio Cafiero
(Economía) y Carlos Ruckauf (Trabajo), también
están imputados en la causa. Son los únicos
sobrevivientes pues los demás ministros ya
fallecieron, excepto el ex presidente provisional
Italo Luder, quien padecería una enfermedad
mental propia de su avanzada edad y fue dejado de
lado en las actuaciones judiciales.
Todos ellos firmaron el 6 de octubre de 1975 los
decretos 2770, 2771 y 2772 ordenando a las
Fuerzas Armadas entrar en operaciones para
“aniquilar el accionar de los elementos
subversivos en todo el territorio del país”, como
aclaraba el texto del último de esa serie. Isabel
estaba de vacaciones en una residencia de la
Fuerza Aérea en Ascochinga, junto a las esposas
de los tres comandantes, por lo que los
instrumentos del PEN llevaron la rúbrica de
Luder. De todos modos la presidente los ratificó
y avaló a su regreso a la Casa Rosada, diez días
después, y lo más importante, los puso en
práctica como máxima autoridad del Estado y
comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Si esta causa mendocina no hubiera dormido el
sueño de los justos, los argentinos podrían
haberse ahorrado el pago de suculentas sumas de
dinero a la señora de Perón en 1983, la
candidatura presidencial de Luder ese mismo año,
la gobernación bonaerense de Cafiero en 1997 y
sus senadurías nacionales, y la gobernación del
“meta bala” Ruckauf, devenido en canciller y
actual diputado. Hasta se habrían salvado de
verlo como comentarista internacional
proestadounidense en los noticieros de Canal 9.

De lesa humanidad

Las medidas ordenadas por Oyarbide contra Almirón
y otros pistoleros como el ex comisario Ramón
Morales y Miguel A. Rovira y el ex director de la
revista fascista El Caudillo, Felipe Romeo, así
como las enviadas a Interpol por su colega
mendocino, se fundamentaron en que las acciones
de la AAA y la represión derivada de los tres
decretos fueron catalogados como crímenes de lesa
humanidad. De lo contrario esos asesinatos,
cometidos hace más de treinta años, habrían prescriptos.
Particularmente Oyarbide fundó su resolución en
que “la existencia de la Triple A y los distintos
hechos cometidos por sus miembros, obedecieron a
circunstacias políticas enmarcadas en cuestiones
ideológicas y montadas desde el aparato del
Estado, bajo cuya garantía de impunidad actuó la
asociación”. Así lo estampó en su decisión del 26
de diciembre último, de la causa 1075/2006, que
desairó la aspiración de la defensa jurídica de
los imputados de burlar la justicia por la vía de la prescripción.
Y no es que la opinión pública deba comprar la
idea de que Oyarbide y Acosta sean magistrados
impolutos e independientes. El primero era parte
de la lista de jueces de la “servilleta” de
Carlos Corach y tenía relaciones de amistad con
comisarios de la Federal acusados de
recaudaciones non sanctas. El segundo fue testigo
propuesto por el banquero menemista Raúl Moneta,
además de haber sido acusado por el ex magistrado
Luis Leiva de avalar apremios ilegales contra un joven discapacitado.
Pero independientemente de la calidad moral, o de
la falta de ella, las actuaciones de esos
magistrados están bien orientadas. La mayoría de
los organismos de derechos humanos, incluso los
que actúan en España como el Movimiento de
Argentinos en el Exterior y la Acusación Popular
de Madrid –dirigidos por Lois Pérez Leira y
Carlos Slepoy respectivamente- avalaron la
reapertura de la causa Triple A y la calificaron de “una buena noticia”.
Almirón, Morales y Rovira están detenidos; Romeo
está con pedido de captura lo mismo que Isabel
Perón. La viuda del desaparecido mendocino
declaró que la orden contra la ex presidente era
una “noticia muy movilizadora”. Lo mismo debe
pasar por la cabeza de los demás familiares y
amigos de los 1.500 masacrados por la Triple A.

Rol del peronismo

Las causas apuntan a un período de la historia
gobernada por el peronismo, en especial el de la
viuda de Perón, entre julio de 1974 y el día que
fue desplazada por los militares.
La Triple A fue una cloaca donde confluyeron
policías como Almirón y Morales, jefes de la
custodia de Isabel y José López Rega; militares
de la derecha peronista como el coronel Jorge
Osinde y los capitanes Ciro Ahumada y Héctor
Vergez, que animaba la seccional cordobesa
“Comando Libertadores de América”; la banda nazi
de Aníbal Gordon y Eduardo Ruffo, etc.
Sobre el organigrama y funcionamiento de la
asociación ilícita las mejores denuncias fueron
hechas por Rodolfo Walsh y la inteligencia de
Montoneros, editadas en las revistas como El
Descamisado. Esto es así, mal que les pese a
quienes aún consideran que Mario E. Firmenich es
“el otro demonio”. La Juventud Peronista y el
peronismo revolucionario fueron las víctimas
preferidas de la Triple A, porque los
organizadores de ésta la habían concebido para
“depurar” el movimiento de los “traidores, zurdos
e infiltrados”. “El mejor enemigo es el enemigo
muerto”, se ufanaba Romeo en “El Caudillo”,
financiado por López Rega desden Bienestar
Social, cartera que también daba el dinero para la compra de armas.
Cuando “el Brujo” cayó en desgracia por
movilizaciones de los gremios y se exilió en
España, en julio de 1975, allá fue Almirón como
su custodia, en base a un decreto firmado por
Isabel Perón. Almirón fue entonces “culata” de
Manuel Fraga Iribarne, de la derecha
posfranquista, y se involucró en la muerte de dos
integrantes de un partido carlista opuesto a la
Falange. Fue otra prueba, una más, de los difusos
límites del “ser nacional” al que adherían los fascistas criollos.
Gordon, Ruffo y Raúl Guglielminetti se reciclaron
como eslabones de la represión de la dictadura,
bajo la jefatura del general Otto Paladino, de la
SIDE. Fueron asignados a Automotores Orletti, un
centro clandestino de detención que funcionó
dentro del Plan Cóndor coordinado con las demás
dictaduras del Cono Sur. ¿Y éstos eran los
peronistas-peronistas que iban a salvar al país del golpe?
La causa sobre Triple A, como otras de su tipo,
se presta a juegos políticos. Ya se dijo aquí que
el presidente Néstor Kirchner puede aprovecharla
para sepultar al peronismo tradicional y formar
su “Concertación Plural”. Y que la defensa de los
genocidas alegará que éstos cumplieron las
órdenes de anquilamiento impartidas por un gobierno constitucional.
Lo que no está claro es si la investigación
salpicará o no al ex presidente Juan D. Perón,
que fue el temor de Eduardo Duhalde. Algunos
indicios en su contra serían que varios de los
integrantes, como Osinde y Ahumada, debutaron en
la masacre de Ezeiza, en junio de 1973; y que el
primer atentado firmado por el grupo, fue contra
Solari Irigoyen en noviembre de ese año. El
general avaló la actuación de Isabel y López
Rega, además dió vía libre al golpe policial de
febrero de 1974 en Córdoba y promovió a jefe de
la Federal a otro implicado en la AAA, el comisario Alberto Villar.

***

LOS ORIGENES DE LA TRIPLE A
Almirón, la Triple A, Villa Constitución y Santa Fe

El asesinato de Constantino Razzetti, la invasión
a Villa Constitución financiada por los
empresarios de la ciudad, entre otros José
Martínez de Hoz y Arturo Acevedo, la trayectoria
de Agustín Feced y el relato de un santafesino
sobreviviente de los años setenta y que da cuenta
del origen de la Triple A, son elementos que
deben ser tenidos en cuenta a la hora de reabrir
la investigación sobre el grupo paraestatal y que
arrojan luz sobre los soportes económicos y
políticos de asesinos como Rodolfo Almirón, ahora
descubierto en una localidad cercana a Valencia,
en España, a través de una investigación
periodística publicada por el diario “El Mundo”. Por Carlos del Frade.

LOS PROLOGOS
Por Carlos del Frade.

El asesinato de Constantino Razzetti, la invasión
a Villa Constitución financiada por los
empresarios de la ciudad, entre otros José
Martínez de Hoz y Arturo Acevedo, la trayectoria
de Agustín Feced y el relato de un santafesino
sobreviviente de los años setenta y que da cuenta
del origen de la Triple A, son elementos que
deben ser tenidos en cuenta a la hora de reabrir
la investigación sobre el grupo paraestatal y que
arrojan luz sobre los soportes económicos y
políticos de asesinos como Rodolfo Almirón, ahora
descubierto en una localidad cercana a Valencia,
en España, a través de una investigación
periodística publicada por el diario “El Mundo”.
El capítulo santafesino de la Triple A o la
huella de Almirón en el segundo estado
santafesino resume algunas certezas: los grandes
empresarios apoyaron la conformación de estos
grupos de tareas y lo siguieron haciendo durante
el terrorismo de estado; la información en torno
a la militancia social, gremial y política ya
venía acumulándose desde los años sesenta; los
integrantes de las patotas irregulares de
principios de los setenta luego se fusionaron a
través del Batallón 601 de inteligencia; y el eje
de la producción de torturas, información y
secuestros fueron los archivos de la Policía
Federal Argentina que, increíblemente, no tiene
ningún imputado en la justicia federal santafesina.

Almirón y la Triple A

Horacio Salvador Paino llegó a ser teniente
primero del ejército argentino e integró, desde sus orígenes, la Triple A.
Sus declaraciones ante la Cámara de Diputados de
la Nación, primero, y en los medios de
comunicación uruguayos, después, sirvieron para
explicar la ingeniería inicial del organismo paraestatal.
La parte operativa estaba dividida en ocho grupos
dirigidos por Rodolfo Almirón, “Coquibus”, Miguel
Ángel Rovira, López, Farquarsohn, Pasucci, José
Miguel Tarquini y Rubén Escobar.
“Almirón, otro defenestrado por la policía
federal por su visible complicidad con
contrabandistas, traficantes y ladrones, la
verdadera pesada de la década del sesenta,
acumulaba además una acusación por homicidio: el
9 de junio de 1964, él y un tal Vicente Lavía
fueron detenidos por el asesinato del teniente
Earl Thomas Davies, un norteamericano de 23 años
en la conocida boite Reviens, de Olivos. Almirón
y Morales en algún momento estuvieron asociados
con la banda de “El Loco” Prieto, que murió
quemado en la prisión. Una venganza por sus
actividades como delator”, contó en su
indispensable libro “Buenos Muchachos”, el
imprescindible y siempre presente Carlos Juvenal.
El 14 de julio de 1975, la señora de Perón y del
doctor Antonio Benítez, ministro del Interior,
suscribieron un decreto por el que enviaban en
comisión al exterior a Miguel Angel Rovira,
Rodolfo Eduardo Almirón, Oscar Miguel Aguirre,
Pablo César Meza, Héctor Montes y Jorge Daniel
Ortiz. “El decreto aclaraba que los fondos para
la misión en el extranjero serían provistos por
el Ministerio del Interior. Un puente de plata,
como el que cruzó López Rega”, explicó Juvenal en su impecable trabajo.
En abril de 1983, la revista española “Cambio 16”
publicó una nota titulada “Así mata Almirón” y
apuntó aquel asesinato del teniente Davis en la década del sesenta.

Villa Constitución

“El Grupo Villar fue una de las principales
vertientes en la formación de la Alianza
Anticomunista Argentina (AAA), siendo el autor de
los atentados que se produjeron en el período
anterior a su aparición pública, de indudable
origen policial. Algunos de sus miembros
prestaron servicios en tareas de represión
política como los llamados viborazos, en Córdoba,
los tucumanazos y otros. Posteriormente, pese al
retiro de Villar, el grupo permanece cohesionado
y en operatividad bajo el liderazgo de su
inspirador. Del entorno de Villar integran las
AAA, el principal Jorge Muñoz, el inspector Jorge
Veyra, el inspector Gustavo Eklund, el
subinspector Eduardo Fumega, el inspector
Alejandro Alais, el principal Bonifacio, el
inspector Félix Farías y el principal retirado
Tidio Durruti”, sostiene el ex comisario de la
policía federal, Rodolfo Peregrino Fernández, en
su declaración ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos, en 1983.
Se trató de la más precisa y clara descripción
sobre el origen de la Triple A en la Argentina y
sus principales operativos, entre ellos, Villa
Constitución, el 20 de marzo de 1975.
“La designación de José López Rega en 1973 como
ministro de Bienestar Social trae aparejada la
rehabilitación de los oficiales de la policía
federal, Juan Ramón Morales y Rodolfo Eduardo
Almirón, que habían sido separados del servicio
por su vinculación con importantes bandas de
delincuentes comunes. Morales y Almirón fueron
ascendidos y reincorporados como oficiales
retirados a cargo de la custodia del ministro de
Bienestar Social y posteriormente, de la custodia
presidencial”, agregaba Fernández.
Morales y Almirón, “conjuntamente con el
principal José Famá -quien era de confianza
personal de López Rega en razón de su parentesco-
y sectores parapoliciales reclutados entre
conocidos delincuentes comunes, como Antonio
Melquíades Vidal, alias Tony o antiguos
represores como Héctor García Rey, conformaron la
otra vertiente principal de las AAA, cuya
existencia, así como el nombre de sus jefes
principales, era conocida por la oficialidad de
la policía federal argentina”, añadió.
Almirón habría participado del asesinato del
diputado peronista Rodolfo Ortega Peña y en junio
de 1975 “abandonó el país junto a López Rega”.
A continuación, Fernández relató la represión
ilegal en Villa Constitución contra los
trabajadores de Acindar, Metcon, Vilber y Marathon.
Señaló que el procedimiento, la invasión de aquel
20 de marzo de 1975, fue comandada por el
comisario Antonio “Don Chicho” Fischietti, quien
había sido delegado de la Federal en la provincia de Tucumán.
“Al frente de los efectivos policiales regulares
destinados en la zona rotaron los oficiales
Salas, Morales, Muñoz y otros”, indicó.
Después narró cómo se les pagó dinero extra para
generar las detenciones y posteriores torturas en
el ex albergue de solteros de Acindar, cuando el
gerente era José Alfredo Martínez de Hoz y el
presidente del directorio, Arturo Acevedo.
“Las patronales de las industrias metalúrgicas
instaladas allí, en forma destacada el presidente
del directorio de Acindar, ingeniero Arturo
Acevedo, establecieron una estrecha vinculación
con las fuerzas policiales mediante pagos
extraordinarios en dinero. Acindar se convirtió
en una especie de fortaleza militar, con cercos
de alambres de púas. Los oficiales policiales que
custodiaban la fábrica se alojaban en las casas
reservadas para los ejecutivos de la
empresa...Acindar, pagaba a todo el personal
policial (jefes, suboficiales y tropa) un plus
extra en dinero, suplementario al propio plus que
percibían oficialmente los efectivos, tarea que
estaba a cargo del jefe de personal de dicha
empresa de apellido Aznares, así como del jefe de
relaciones laborales, Pellegrini”, informó el ex comisario de la Federal.

La “banda” Aníbal Gordon.

El 25 de setiembre de 1983 fue secuestrado Guillermo Patricio Kelly.
Cuando fue liberado, luego de ser “retenido” en
una casa operativa de Rosario, San Martín al
4800, acusó directamente a Aníbal Gordon y su
grupo de tareas, “la brigada Panqueque”.
Gordon formó parte de la Alianza Libertadora
Nacionalista, justamente al lado de Kelly, se
enroló en la Concentración Nacional Universitaria
y luego se integró a la Triple A y a la inteligencia militar.
Junto al general Otto Paladino, llegó a formar
parte de la selecta custodia de Juan Domingo
Perón cuando se entrevistó con el líder radical
Ricardo Balbín. Era el 31 de julio de 1973 y los
aires de Ezeiza anunciaban las furias de marzo del ’76.
Fue uno de los cuatro mil hombres que asaltaron
Villa Constitución el 20 de marzo de 1975.
Bajo su mando operacional estuvo la suerte de los
detenidos de Automotores Orletti y también de
sus órdenes dependían las maniobras de militares
como el entonces capitán Cabanillas que, en la
década del noventa, llegó a ser titular del
Comando del Segundo Cuerpo de Ejército con asiento en Rosario.
Gordon, junto a Palladino, llegó a tener una
agencia de seguridad privada, “Magister” y su
“brigada Panqueque” fue relacionada con el robo a
los tribunales rosarinos y al museo Estévez.

El crimen de Razzetti

“El crimen de Constantino Razzetti fue político,
resulta verosímil que haya sido cometido por la
Triple A, encuadra en la calificación de 'lesa
humanidad', es por lo tanto imprescriptible y
corresponde una investigación amplia, profunda y
sin limitaciones en el fuero federal”, sostuvo el
fiscal federal rosarino, Claudio Palacín, al
oponerse a la apelación presentada por su colega
Adriana Saccone que había negado la posibilidad
de considerar e investigar el crimen de
Constantino Razzetti, producido el 14 de octubre
de 1973, como un hecho de lesa humanidad y
atribuible a la Alianza Anticomunista Argentina.
"Comencemos a bucear, dejemos de hacer surf",
escribió el fiscal en su dictamen. Agregó que
efectivamente se trató de un crimen
"esencialmente político" y que, además, "debe
calificarse como un crimen de lesa humanidad".
"No puedo menos que coincidir también con el
denunciante en que los delitos de lesa humanidad
son imprescriptibles", dijo el fiscal general que
con su posición confirmó la decisión de Sutter
Schneider en cuanto a que era pertinente abrir la
investigación pero avanzó sobre el criterio de
que se haga por averiguación de la Verdad
Histórica sin la citación a imputados.
"No debemos continuar con el dilema popular del
huevo o la gallina ni seguir atando el carro
delante de los caballos... Gráficamente:
comencemos a bucear, dejemos de hacer surf", remarcó el fiscal.
Para Palacín corresponderá la intervención de la
Unidad de Asistencia para Causas por Violaciones
a los Derechos Humanos a cargo de Griselda Tessio
y creada, justamente, por la Procuración General de la Nación.
“Seguramente impulsará, sin dilación alguna, la
rápida, total y cabal investigación" del homicidio de Constantino Razzetti.

El origen de la Triple A

Jorge Castro es sobreviviente por partida doble.
Primero resistió las torturas del terrorismo de
estado por su militancia en el Ejército
Revolucionario del Pueblo, y segundo, cuando el
agua del río Salado se llevó todo y dejó a su familia en el barro.
Fue militante cristiano en tiempos de la iglesia
de Vicente Zazpe, mientras su papá, Saturnino “El
Potrillo” Castro, se empeñaba en su fe peronista
a pesar de las persecuciones, cárceles y la
muerte cercana después de la caída del general, allá por 1955.
En el relato de la historia de su familia parece
sintetizarse gran parte de la historia argentina.
La pelea de su viejo, del Potrillo, lo llevaron a
ser militante reconocido nacionalmente de la
mítica resistencia peronista y luego, por esas
extrañas y profundas razones de la vida colectiva
de los pueblos, estuvo en la conformación de la Triple A.
El relato de Jorge es el primero que revela fecha
y lugar del principio del grupo paraestatal y su
profunda relación ya no sólo con López Rega, sino
con el mismísimo Juan Domingo Perón.

“El 8 de octubre de 1973, Osinde le organizó el
cumpleaños a Perón. Se hizo una comida en Gaspar
Campos y a esa comida asistieron quinientos
suboficiales de todo el país. Entre ellos, mi
viejo con la delegación de Santa Fe...
“En esa comida Perón les da un discurso. Los
saluda uno por uno y ejerció una presión política
muy fuerte. En un momento Perón les dice que los
va a necesitar, que de vuelta va a necesitar de
suboficiales del ejército argentino. Que él sabía
que habían resistido y que después Lopecito, por
López Rega, se va a encargar de la organización de ellos...
Quedaron entre 200 y 300 suboficiales de todo el
país. Se reunieron en un salón aparte.
“Perón, Ossinde y López Rega están con ellos. Les
pide que en los viajes de Isabelita conformaran
grupos para custodiarla de los zurdos...
“Cuando mi viejo vuelve, justo se había producido
el nacimiento de nuestra primer hija,
Victoria, el 9 de octubre. Viene muy parco, no
cuenta todo, no es ningún boludo. Y la cosa se
destapa el 7 de noviembre, porque viene Isabelita a Paraná...
“Entonces ese día a la mañana, mi vieja estaba
que trinaba. El viejo le había dicho que le
planchara el traje, la camisa, y todo el día
nosotros habíamos escuchado cruces de palabras
entre ellos, hasta que como a las tres y media de
la tarde viene un Falcon verde con tres tipos que
yo conocía, que eran del Círculo de Suboficiales
de Santa Fe y lo buscan a mi viejo...
“Entra al dormitorio, yo no lo veo, se pone la
pistola y se va, y mi vieja queda llorando.
Cuando se va, mi vieja nos agarra a nosotros y
nos cuenta: “Tenés que pararlo, está metido en
cosas raras…”. Y se va de custodia de Isabelita a
Paraná, entonces cuando vuelve, yo empiezo a
hablar con mi viejo, y al principio mi viejo no quería reconocer.
“Nosotros ya teníamos conocimiento de que se
estaban conformando grupos paramilitares,
entonces ahí le dije realmente vas a estar en la
vereda de enfrente, y ahí lo cagué: “Vos en
cualquier momento vas a dejar sin padre a tu
nieta”. Eso fue directo a la mandíbula. No sabía
qué contestar ante eso. Bueno, ahí viene un
período de impás. Teníamos conversaciones hasta
que llega el intento de copamiento al regimiento
de Azul. Aparece Perón de uniforme por televisión
y mi viejo golpeando la mesa. Nos fuimos de casa.
“...Yo a principios del ‘73 me había ido a vivir
a Chile porque el partido me mandó cuatro meses.
Vuelvo justo para la asunción de la democracia y
mi viejo se entera después porque la hace
confesar a mi vieja que me había firmado la
patria potestad para pasar la frontera. Hasta que
lo mataron a Allende...Hasta llega a colaborar
con nosotros sobre los cuidados que había que
tener con los fierros...pero duró hasta que Perón
se fue a la derecha. Después el partido quería
que mi viejo entrara...No se dio”, dice Jorge y
sigue en su militancia en la Casa de los Derechos Humanos de Santa Fe.

Feced siempre estuvo...

Hijo del director de escuela pública, el español
Blas Feced, Agustín nació el 11 de junio de 1921,
en Acebal y antes de ingresar a la Gendarmería
Nacional trabajó como docente en Colonia “El Ombú”, en Arroyo Seco.
Su primera actuación contra “la subversión
peronista” fue en noviembre de 1960, cuando
distintos grupos de la resistencia tomaron el
Batallón 11 de Infantería, en Rosario. Feced al
mando de una docena de hombres reconquistó el lugar.
La segunda aparición fue en ocasión del segundo
Rosariazo, en setiembre de 1969, en apoyo a la
represión que había comandando el entonces
teniente coronel Leopoldo Fortunato Galtieri,
encargado de un batallón de Corrientes. En 1970,
Feced fue nombrado, por primera vez, jefe de la Unidad Regional II de Policía.
Ya por entonces estaba casado con Martha Abal y
tenía cuatro hijos, tres mujeres y un hombre.
Hasta el advenimiento de la primavera democrática
de la mano de Héctor Cámpora, el comandante
estuvo en Rosario combatiendo a la subversión,
primero al Ejército Revolucionario del Pueblo y
luego del asesinato de Aramburu, a Montoneros.
Fue la obsesión de su vida y el sello que lo
identificaría ante las fuerzas armadas argentina, paraguaya y chilena.
El 28 de noviembre de 1972 participó del
secuestro, torturas y muerte de Angel Brandazza,
como lo reconoció el ex agente de policía Angel
Farías, ahora extrañamente incluido en la lista
de pedidos de captura internacional que realizara
el juez español Baltasar Garzón.
El propio Farías admitió ante la Comisión
Bicameral de la Legislatura de Santa Fe,
presidida por el entonces diputado justicialista
Rubén Dunda, que “Feced torturaba con su propia
gente, hacía trabajos por las suyas”.
Desde 1974 a principios de 1976, Feced volvió a
la clandestinidad. Tenía otro nombre bajo el cual
recibía el sueldo y la jubilación y se desplazaba
por toda la región del litoral argentino.
El 11 de setiembre de 1984, ante el Consejo
Supremo de las Fuerzas Armadas, declaró que
estuvo “escondido, tres años en Misiones, diez
condenas a muerte por los tribunales populares de
la FAR y el ERP, en aquel tiempo el ERP era dueño
de Rosario, después aparecieron los Montos”.
Aseguró que estuvo exiliado dentro de su propio
país, agradeció al Ejército Argentino “que nunca
le quitó el apoyo” y dijo pertenecer a un
organismo que no identificó. Gracias a eso pudo
mantener a la familia “allá lejos y un auto
viejo, necesario para seguir peleándolos” y así
descubrió “la cárcel del pueblo de Campana” y el
ERP de Resistencia que “se había extendido hasta Oberá”.
Le llegaron a ofrecer el mando de la Triple A,
desde el seno de la administración de María
Estela Martínez de Perón, pero no aceptó porque
no era un cargo público, si no subterráneo.
Esto lo dijo la mujer que acompañó a Feced
durante diez años en su trayectoria en Rosario a este cronista en 1999.
Feced quería ser nombrado ante las cámaras de televisión...
Pero no se lo aceptaron, comentó entonces la concubina del ex gendarme.
La misma mujer fue muy clara al decir que su
marido era permanentemente invitado a comer o
desayunar junto a Arturo Acevedo, presidente de
Acindar, o Alberto Gollán, titular de Canal 3 y Radio 2.
Aquel ofrecimiento fue después del asesinato del
comisario Villar a cargo de una célula de Montoneros.
Por aquellos tiempos, Feced ya era integrante del
Batallón 601 y cobraba sus haberes bajo el apellido de Carlucci.

Señales

En sus declaraciones ante la Comisión Argentina
de Derechos Humanos, el ex oficial de la Federal,
Rodolfo Peregrino Fernández, sostuvo que uno de
los primeros nombres de la Triple A fue “Comando
Libertadores de América”. Aquella definición fue
utilizada por el ex oficial de la policía
santafesina, José Lo Fiego, uno de los
principales imputados por delitos de lesa
humanidad en Rosario y comentada en la causa
47.913 por una sobreviviente a sus torturas.
Los primeros crímenes de la Triple A no son los
vinculados a Rodolfo Ortega Peña o al padre
Carlos Mugica, sino los registrados en octubre de
1973, contra el periodista José Colombo, en San
Nicolás, y contra el dirigente peronista rosarino, Constantino Razzetti.
El comisario Muñoz que formó parte de los
primeros grupos de las 3 A, como bien señala
Fernández, desarrolló su actividad en San
Nicolás, como lo apunta la excelente
investigación que está llevando a cabo el fiscal
federal de aquella ciudad, José Murray.
El principal hecho de envergadura de la Triple A
es la invasión a Villa Constitución y allí,
aunque por ahora no se lo menciona, todo el grupo
vinculado a Rodolfo Almirón participó de los
secuestros y torturas, avalados y pagados por la
gerencia de Acindar, en aquel momento a cargo de José Alfredo Martínez de Hoz.
De acuerdo al testimonio de Jorge Castro al
relatar las experiencias de su padre, la Triple A
no es solamente una creación de José López Rega,
sino que, aunque cueste aceptarlo especialmente
entre los militantes y simpatizantes del
peronismo, tuvo el aval -por lo menos en el
comienzo- del propio general Juan Perón.
El ofrecimiento de la jefatura de las 3 A a
Agustín Feced cuando supuestamente debía estar en
posición de retiro y muy lejos de cualquier
actividad policial o de inteligencia interna
(1974 - 1975) muestra la existencia de un aparato
estatal ilegal que no es lo mismo que decir
paraestatal. Feced recibía sueldos, información y
logística al mismo tiempo que en la cámara de
diputados de la provincia de Santa Fe lo
denunciaban como un feroz torturador. Y ese
dinero venía del estado nacional democrático y nunca dejó de llegarle.
Si no se tienen en cuenta las causas Razzetti,
Villa Constitución y la propia historia personal
de Agustín Feced, es posible que vuelva a
demorarse la condena judicial contra el poder
económico expresado en José Alfredo Martínez de
Hoz y los dirigentes políticos, gremiales y
eclesiásticos que apañaron y sostuvieron a hombres como Rodolfo Almirón.
La pista santafesina de la Triple A, en
conclusión, no se trata de un simple apéndice
más, sino de una clave estructural para entender
los puentes que van desde los años sesenta al
terrorismo de estado del 24 de marzo de 1976.
Ojalá que jueces federales y medios de
comunicación de Buenos Aires entiendan que la
historia argentina va mucho más allá de la General Paz.

***

Pidieron la captura internacional de Isabel Perón
Diario Clarín - Buenos Aires

Un juez federal de Mendoza ordenó esta tarde la
captura internacional de Isabel Perón por una
causa en la que se investiga la desaparición de
un estudiante, ocurrida en febrero de 1976,
durante el mandato de la ex presidenta.
La medida fue dispuesta por el juez Héctor
Acosta, quien en octubre ya había dictado la
detención "sin fecha" de Isabel. En ese momento,
y como paso previo a efectivizar la orden de
captura, el magistrado pidió a la Policía Federal
la verificación de domicilio y datos filiatorios.
Acosta investiga la desaparición del estudiante
Héctor Faggeti, de 24 años, quien fue secuestrado
el 25 de febrero de 1976 por fuerzas de seguridad en San Rafael.
De acuerdo a la investigación, Faggeti estuvo
detenido en dos cuarteles del Ejército. Lo vieron
por última vez el 10 de marzo, dos semanas antes
del golpe que derrocó a Isabel: la Policía dijo
que fue liberado, pero el joven nunca volvió a su casa.
La ex presidenta -que reside en España- se
encuentra imputada por supuesto secuestro
agravado junto a los ex ministros Carlos Ruckauf,
Antonio Cafiero, Manuel Arauz Castex, Tomás
Vottero y Carlos Emery. La medida también alcanza
a Italo Luder (ex presidente del Senado) y al ex
ministro del Interior Angel Robledo (fallecido).
Todos ellos firmaron decretos que en octubre de
1975 establecieron "ejecutar las operaciones
militares y de seguridad que sean necesarios a
los efectos de aniquilar el accionar de los
elementos subversivos en todo el territorio del país".

***

Entrevista a Esteban Cuya
"Isabel Perón tiene responsabilidad en el genocidio"
por Eva Usi (Deutsche Welle)

En libertad provisional se encuentra la ex
presidenta argentina María Estela Martínez, viuda
de Perón, en espera de que la Justicia española
resuelva sobre el pedido de extradición
presentado por Argentina. El juez argentino Raúl
Acosta, de la ciudad de San Rafael, había
solicitado la detención de la viuda de Perón,
también conocida como Isabelita, para responder
en el caso de la desaparición del joven Héctor
Aldo Fagetti, el 25 de febrero de 1976, ocurrido
un mes antes del golpe militar que la derrocó.

DW-WORLD habló con Esteban Cuya, coordinador de
la organización pro-derechos humanos, Coalición
contra la Impunidad, con sede en Nuremberg, Alemania.

- ¿Qué significa políticamente la orden de aprehensión contra Isabel Perón?
- La actuación del Tribunal de San Rafael,
Mendoza, es posible, gracias a la voluntad
política del gobierno de Nestor Kirchner, quien
de una vez por todas aspira a pagar las deudas
del pasado en materia de derechos humanos,
terminar con la impunidad de aquellos delitos y
dar lugar a un nuevo pacto social que ubique a
Argentina en una posición más decisiva dentro de la comunidad internacional.

- ¿Qué impacto tendrá sobre el peronismo actual?
- El impacto, dentro de las fuerzas del peronismo
será mínimo, no será determinante, ya que ese
partido abarca una gran diversidad de
concepciones político-económicas, incluso
contradictorias entre ellas mismas. Muchos allí
se reclaman herederos de la ideología peronista,
la que es como un acordeón que se estira para dar
muchas notas. No creo que, por ejemplo, las
mafias que imperan en los sectores sindicales de
Argentina, y que se califican de peronistas, se
expongan a perder sus privilegios de tantos años,
por intentar defender a la señora viuda de Perón.
Eso no les traería beneficios políticos ni
económicos. Pero, en general, las fuerzas
democráticas en el peronismo tienen la
oportunidad histórica de consolidarse en el país
y en la comunidad latinoamericana como fuerza
dirigente del peronismo. Para eso tienen que
dejar de lado la ambigüedad y ser más claras en
sus posturas respecto a los graves temas que esperan solución en Argentina.

- ¿Cuál es la responsabilidad, desde su punto de
vista, de María Estela Martínez?
- Es muy conocido que la Sra. Martínez de Perón
no contaba con las condiciones básicas para
gobernar Argentina, y por lo tanto cayó en
cautiverio bajo el poder de José López Rega, un
aficionado al esoterismo, la brujería, y un
fanático anticomunista. López Rega era un miembro
de la Logia Propaganda Due, que en Italia se
dedicó ente otras cosas a chantajear a
empresarios y atentar contra la vida de exiliados
latinoamericanos críticos de los regímenes
militares de Argentina, Chile y Paraguay. La
orden firmada por la Sra. Martínez de Perón en
1975, de "eliminar a la subversión", ofreció en
Argentina un marco legal para los actos ilegales
que cometían los escuadrones de la muerte
organizados por López Rega, que en corto tiempo
asesinó a dirigentes barriales, sindicales y estudiantiles, entre otros.

En octubre de 1975 el Comandante general del
Ejército argentino, Jorge Videla, emitió la
Directiva N°. 404/75, con la cual toda la
policía, el personal penitenciario, y las
diversas fuerzas militares fueron subordinados al
mando del ejército, que tenía la potestad de
establecer blancos "personas a eliminar",
declarar áreas libres, "zonas de operaciones
militares" en la que la policía no podría
intervenir. Ya en estos meses se gestó el Estado
totalitario, la maquinaria de muerte que condujo
a la desaparición y el asesinato de 30,000
personas y forzó al exilio a miles de argentinos.
Por todo esto considero que existe una
responsabilidad penal de la Sra. Martínez de
Perón, en los dos casos concretos que se le
acusa, como también en el genocidio cometido por
las juntas militares entre 1976 y 1983.

- ¿Puede esperarse que la justicia argentina
esclarezca a fondo los crímenes cometidos por la
Alianza Anticomunista Argentina?
- Para que eso ocurra tendría que ser renovado
casi totalmente el poder judicial. Hay pocos
jueces y fiscales honestos y comprometidos con
los derechos humanos. Pero es muy importante que
se sigan investigando los crímenes de la Triple
A. Las ramificaciones de esa organización
criminal pueden llegar incluso a delegaciones
diplomáticas acreditadas en Argentina, que favorecieron su actuación.

- ¿Qué respaldo puede esperarse de Europa y que
hace la Coalición contra la Impunidad en este sentido?
- Nuevamente España es puesta en prueba. Aquí
puede producirse, como ocurrió con la Alemania
Federal en los años 70, un conflicto de
intereses. Cumplir con las responsabilidades de
defensa de los derechos humanos y los compromisos
de cooperación judicial internacional, o
privilegiar las inversiones y la plusvalía de las
empresas españolas presentes en Argentina. España
debería cumplir con este pedido de extradición,
con lo cual honraría los esfuerzos del juez
Baltasar Garzón, quien comprobó los delitos de la
dictadura militar argentina, pero no logró que
atiendan sus pedidos de extraditar a generales
argentinos a España. España puede dar un ejemplo
de respeto por los acuerdos de cooperación
judicial y defensa del estado de Derecho y los derechos humanos.

La Unión Europea, ahora presidida por Alemania,
debería manifestar en hechos concretos su apoyo a
los esfuerzos de Argentina por terminar con la
impunidad. Las demandas de los tribunales
europeos a la justicia Argentina contribuyeron en
junio del 2005 a la anulación de las leyes de
amnistía e impunidad para los delitos de la
dictadura militar de 1976 a 1983. En Alemania,
la Coalición contra la Impunidad espera que el
poder judicial reinicie las investigaciones de
los casos de los ciudadanos alemanes o
descendientes de alemanes asesinados en
Argentina, investigaciones suspendidas por la
Fiscalía y el tribunal de Nuremberg.

Considero que valorando los esfuerzos del
gobierno argentino actual, la Fiscalía de
Nuremberg debe solicitar nuevamente la
cooperación del poder judicial argentino para
interrogar a los militares acusados, así como
solicitarle a la justicia de Paraguay la
documentación jurídica reunida acerca de la
Operación Cóndor, relacionada al asesinato del
ciudadano alemán Jorge Federico Tatter. En este
caso actualmente desarrollamos una campaña de
tarjetas postales pidiendo la reapertura del caso.

Los casos de los descendientes de familias judías
en Argentina, y que fueron desaparecidos por la
dictadura militar, también deberían ser
investigados por la justicia alemana. La
Coalición contra la Impunidad ha pedido al
gobierno alemán que reconozca los errores del
pasado, al haber ignorado los pedidos de apoyo de
los familiares de cerca de 100 desaparecidos de
ascendencia o nacionalidad alemana, y se disculpe ante ellas.

***

"Que declaren y se los condene"
por Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo)

Estábamos diciendo que se está hablando mucho de
la Triple A, de López Rega, y más que hablar se
los está citando. Hoy estaba revisando el diario
de las Madres, de la primera etapa que es un
diario histórico, y ya decíamos todo lo que están
diciendo ahora, ¿no? Todos estos personajes
siniestros que nombró López Rega, que los mandó a
España, que mataron y torturaron en este país.
Que mataron a lo mejor, que empezaron matando a
lo mejor y siguieron con la dictadura. Todo el
fascismo que había en el peronismo se arrimó, se
adosó, acompañó lo que era la Triple A. Triple A
que tenía la juventud, que era la CNU (Comando
Universitario Nacionalista) que actuaba en las
universidades y las escuelas secundarias,
persiguiendo, señalando a todos los pibes que
habían empezado a luchar por la revolución. Y de
la CNU casi ni se habla. Y las Madres vamos a
tener que empezar a sacar los nombres de la
gentuza de la CNU, porque hay todavía un montón.

Es importante llamar a Isabel, a Ruckauf, a toda
la basura esa que está en libertad. Yo espero que
declaren y se los condene, porque si van a
declarar sólo, no nos sirve. Es lo mismo que lo
de Gerez y lo de López, si no aparecen los que
secuestraron todo queda a medias, no nos va a
servir. En buena hora que está Gerez, pero no
sirve sino conseguimos saber quiénes son los
secuestradores y que vayan a la cárcel. El tema
de la Triple A es lo mismo, no nos vamos a
conformar. Aunque las Madres ahora estamos
abocadas a construir viviendas, escuelas,
guarderías, porque para nosotras es más
importante que un niño coma, que un niño tenga
vivienda, que un niño vaya a la escuela que
perseguir a los milicos. Eso se lo dejamos a los
abogados, que hay muchos y muy buenos, y ellos
están siguiendo con los juicios. Y nosotras los
vamos alimentando con todo el archivo que tenemos.

Hoy cuando iba leyendo todo lo de la Triple A,
los nombres, Guglielminetti, Ruckauf, Cafiero, no
nos vamos a conformar con que los llamen y ellos
digan que no tienen nada que ver y se van a la
casa, no. Señores, hay muchas cosas que los
condenan, hay muchas pruebas para condenarlos de
esos asesinatos de hombre extraordinarios, que
son los primeros que ellos mataron como para
marcar. Silvio Frondizi, Rodolfo Ortega Peña,
iban eligiendo, los abogados, las mejores
personalidades que había. Y los liquidaban en la
calle porque tenían ese poder y esa prepotencia.
Y eso estaba alimentado por la Triple A y por la
CNU, por eso las Madres pensamos que también hay
que buscar a los de la CNU, que hoy tendrán 45
años, a lo mejor un poco más o un poco menos.
Pero no nos podemos olvidar, porque esos fueron
parte de la Universidad y fueron parte de las
escuelas secundarias. Y se hacían los compañeros
de nuestros hijos para después señalarlos, para
que se los llevaran o para ponernos bombas en
nuestras casas, o para tirarles cincuenta tiros si se les antojaba.

En estos días salió a relucir también Raúl
Guglielminetti. Guglielminetti tenía mucho poder
y en la época de Alfonsín, en 1983, cuando ya
estaba llegando la época de que se iba a entregar
el poder a un gobierno constitucional, las Madres
salimos a Europa llevando carpetas a cada
gobierno, para mostrarle a cada gobierno europeo
cuanta complicidad había de parte de ellos.
Porque había desaparecidos de Italia, de España,
de Francia, que en todos los países europeos
había desaparecidos, hay desaparecidos de 126
países acá. Entonces les llevábamos las listas y
a cada gobierno le pedimos entrevista y le fuimos
entregando. Pero, nos mandaron un espía que era
Guglielminetti. Entonces yo estaba sentada con
todas las maletas que llevaba, cuidándolas, y el
tipo en el asiento de al lado. Hay paradas en el
avión que hay que bajarse, porque cargan
combustible. Yo dije que me sentía mal, que no
quería bajar, porque yo sabía que si bajaba no
podía bajar con todo el equipaje y él me lo iba a
robar, porque estaba para eso para robarlo.
Cuando bajamos en España había un montón de gente
que lo abucheaba, que ya sabía que venía en el
avión, y le empezaron a gritar y a tirar monedas;
y a vivar a las Madres. Para nosotras fue un
momento importantísimo, pero también un momento
que nos puso sobre aviso. Y a él no lo quisieron
llevar ni los taxis del aeropuerto, lo dejaron
solo, nadie lo quiso llevar ni nadie lo espero.
Pero después nos pasó que cuando estábamos en los
hoteles, siempre había alguien de ellos que se
quedaba toda la noche en los halls de los hoteles
para espiar lo que hacíamos las Madres. No fue
poca cosa lo que hicieron. Después de eso venían
a ponernos “Madres terroristas”, quemar las
casas, perseguirnos, golpearnos, atentados. Pasó de todo.

Desde marzo vamos a hacer un programa en la Radio
para contar la historia y las anécdotas de las
Madres. Porque la gente sabe que venimos a la
Plaza, que hacemos cosas, que luchamos por la
Aparición con Vida, por Cárcel a los Genocidas.
Pero todo lo demás, todo lo que pasamos, todo lo
que fuimos capaces de enfrentar, y todo lo que
fuimos capaces de investigar casi como
investigadoras privadas que está hoy siendo
digitalizado, es el archivo más grande que hay en
Latinoamérica que va a llevar casi 6 años.
Imagínense ustedes la cantidad de cosas que hay
para que tres universidades tarden seis años en
digitalizar el archivo. Esto es lo que les
queremos contar. No nos vamos a conformar con que
los llamen a declarar y se vayan a sus casas, de
ninguna manera. Tienen que declarar y tienen que
ir presos. Y no nos vengan a decir que se
olvidaron, que ellos no fueron, porque por suerte
el juez de Mendoza (Raúl Héctor Acosta) los llamó
y los quiere condenar por haber firmado el
aniquilamiento del opositor político. Y el juez
Oyarbide lo declara esto crimen de lesa
humanidad. Y como crimen de lesa humanidad,
nuestros abogados con nuestro empuje, con nuestra
Plaza y con ustedes, vamos a seguir empujando
para que vayan a la cárcel común por toda la vida
hasta el día que se mueran, como se merecen.

***
El órgano oficial de la Triple A del Brujo
EL DIRECTOR DE "EL CAUDILLO" FELIPE ROMEO, VIVE
EN BUENOS AIRES Y RESTAURA EDIFICIOS ANTIGUOS

Autor de la consigna "el mejor enemigo es el
enemigo muerto", publicaba las listas de
"sinárquicos" a matar y es figura prominentemente
en la causa que investiga a la Triple A. Fue uno
de los fundadores de la JPRA y ya en 1975 figura
en una denuncia por un arsenal clandestino. En
1988 fue preso por drogas. Y ahora es restaurador de cúpulas.

Felipe Romeo en 1982, cuando volvió a sacar su
revista. Los ejemplares de los setenta muestran
la violencia de sus consignas. Su oficina en la
cúpula de Ayacucho y Rivadavia, que él restauró.

Por Sergio Kiernan

Felipe Romeo fue uno de los personajes más
conocidos de la derecha dura del país, el creador
de la divisa "El mejor enemigo es el enemigo
muerto". Con apenas treinta años, en 1975 llevaba
dos al frente de El Caudillo, el house organ de
la Triple A que gritaba que "estamos en guerra" y
saludaba los asesinatos, atentados y amenazas de
la organización clandestina como actos de
limpieza de una patria amenazada "por las dos
pinzas de la sinarquía". Hoy, pasados los
sesenta, luego de un breve exilio español, una
vuelta a la trinchera que terminó en la nada y un
arresto por drogas, Romeo figura de forma
prominente en la causa que investiga el terror
negro y que a fines de diciembre culminó en la
detención en España del ex subcomisario Rodolfo
Eduardo Almirón, custodio presidencial y guerrero
contra la "sinarquía". Romeo pasa ahora sus días
recuperándose de sus problemas cardíacos y en una
nueva profesión, inesperada en alguien con su
historial: es restaurador de edificios antiguos.
Romeo tenía 28 años cuando fundó la revista
favorita de Almirón, el jefe de la Triple A que
espera su extradición en España. Nacido en la
zona sur bonaerense, Romeo era un miembro
veterano de la Guardia Restauradora Nacionalista
que se escindió de Tacuara y para el '73 ya tenía
un nuevo referente, Alberto Brito Lima, jefe del
Comando de Organización. Romeo participó del
nacimiento del paraguas político de la
ultraderecha en el peronismo de la época, la J.P.
de la República Argentina, la jotaperra, junto a amigos como el coronel Osinde.
El Caudillo apareció el 16 de noviembre de 1973,
"cuando el general Perón se aprestaba a comenzar
a depurar el movimiento de los infiltrados que se
habían encaramado en distintas posiciones merced
al traidor Héctor Cámpora". Abiertamente
militante, sin la menor pretensión de periodismo
-el sello editorial era Vertical SA, nada menos-,
la consigna era "Perón o muerte" y "Perón manda".
Otra característica de este tabloide quincenal
era el casi total anonimato, ya que la única
firma visible era la de Romeo, el director, en el
staff y en el editorial, siempre a doble página,
que funcionaba como una bajada de línea a la derecha peronista.
El lenguaje, las ideas y las propuestas de El
Caudillo eran un llamado constante y una
justificación de la violencia de su organización
madre, la Triple A. Desde su logo -una tacuara-
hasta secciones como "Buscado", donde se
publicaba la foto de un "zurdo" con un
"prontuario" y la invitación a "compañero, ya lo
conoce: grábese esta cara para reconocerlo cuando
se lo cruce", El Caudillo arrancó pidiendo
cabezas y terminó aplaudiendo y reivindicando a los que las hicieron rodar.
Que Romeo, su revista y su anónimo grupo de
redactores tenían el mismo patrono y referente
que la Triple A, José López Rega, no era ningún
secreto. Una vez que El Brujo asumió el
Ministerio de Bienestar Social, la revista se
pobló de interminables, amplios y repetidos
avisos de diversos programas oficiales
financiados por esa repartición. Así, hay dobles
institucionales sobre nada en particular, avisos
sobre programas de viviendas y páginas enteras
sobre encuentros deportivos juveniles. En la
pauta comercial de El Caudillo se puede seguir el
avance de la derecha de la época sobre el aparato
del Estado, proceso que se acelera a partir de la
muerte de Perón en julio de 1974. Van apareciendo
anunciantes como ELMA, la desaparecida empresa
naval estatal, el Instituto Nacional de
Vitivinicultura, la Caja Nacional de Ahorro, el
Banco Nacional de Desarrollo, el Banco Social de
Córdoba y, poco antes del golpe, la municipalidad
porteña. Nunca hubo un anunciante privado, pero
alcanzaba con las muchas páginas pagas con dineros públicos.
La identidad política de Romeo y de El Caudillo
queda en claro no sólo por sus odios sino por sus
amores: Lorenzo Miguel, Casildo Herreras, Jorge
Camus, Raúl Lacabanne, Oscar Ivanissevich,
Ricardo Otero -"a todos hemos apoyado y todos
tienen la confianza de la compañera Isabel"-, las
62 Organizaciones y la Falange Española, citada
como ejemplo "de revolución nacional".
Isabel o muerte
La revista de Romeo ganó protagonismo a la muerte
de Perón. La edición 35, del 19 de julio de 1974,
proclama en tapa que "Isabel no es la heredera de
Perón". La aparente contradicción se resolvía al
dar vuelta la revista, que en contratapa
continuaba con que "Es presidente por mérito
propio". La bajada de línea a la derecha es
clarísima: a partir de este momento hay que
enfrentar "la alianza Gelbard-Romero-Firmenich
que sabotea el proceso de Reconstrucción y
Liberación Nacional". Esta "rosca gorila",
explica El Caudillo, acaba de vivir una derrota
porque las 62 Organizaciones lograron
"reperonizar" la CGT. "Nosotros estamos aquí para
hacer una revolución y para cumplir a sangre y
fuego el mandato de Perón", editorializa Romeo en
ese entonces, "para apoyar a muerte a Isabelita y
para convertir en realidad efectiva los
postulados del justicialismo. Este será nuestro
homenaje militante para con Perón y nuestro
Pueblo." Y si alguien se pregunta por qué esta
plataforma debe cumplirse, Romeo explica en el
final "porque es así y porque Perón manda".
Mientras que las protestas revolucionarias de El
Caudillo no son muy creíbles, resultan mucho más
tangibles sus explicaciones paranoides sobre la
coyuntura de esos años difíciles. Romeo explica
que "hay una pinza sinárquica con una pata
izquierdista y otra derechista", lo que fuerza a
los peronistas "de verdad" a luchar en dos
frentes. Por un lado, hay que combatir a personas
como Adalberto Krieger Vasena o Alvaro Alsogaray,
la pata sinárquica derecha. Por el otro, a
Montoneros y el ERP, la pata izquierdista. Todo
indica que Romeo y su gente realmente creían que
estos grupos e intereses literalmente servían al
mismo amo y actuaban coordinadamente.
Una de las estrategias del "enemigo" era "irritar
a los militares" para que "pongan orden". Romeo,
sarcástico, ya se imagina "un gabinete con
socialistas democráticos, demoprogresistas,
manriquistas, radicales y algún peronista
complaciente" sirviendo "al coronel de turno". En
su estilo desaforado y ultraagresivo -que lo
llevaba a gritar constantemente-, Romeo avisa
sobre otro frente, la universidad, "que es el
antro sinárquico por excelencia" donde "bolches,
yankys (sic) y demás yerbas se preocupan
especialmente en degenerar a la juventud
argentina" con "desnacionalización y coloniaje
mental". El Caudillo saludó alborozado el
nombramiento de Ivanissevich como ministro de
Educación y la intervención a la UBA del todavía
más desatado Alberto Ottalagano, que apareció en
la tapa de la revista Gente haciendo el saludo
nazi y con el título de "Sí, soy fascista, ¿y
qué?". Tanto le gustó el reportaje al interventor
universitario, que lo mandó a reeditar en un librito con el mismo título.
Para marzo de 1975, El Caudillo advertía sobre la
"intentona subversiva" de aumentar las acciones
armadas en centros urbanos para aliviar la
presión sobre las "zonas liberadas rurales".
Mostrando una vez más su formación
"nacionalista", Romeo advierte que estas zonas
liberadas se parecen mucho al Plan Andinia, "que
es un antecedente". El Plan era un invento,
todavía reciente, del profesor Walter Beveraggi
Allende, que afirmaba que "el gobierno judío
mundial" buscaba crear un segundo Estado de
Israel robando la Patagonia argentina. Ramón
Camps, eventual amigo y mentor de Romeo, era un
fan convencido de la existencia del Plan Andinia,
tanto que intentó que Jacobo Timerman se lo admitiera en la mesa de torturas.
Según la causa que investiga a la Triple A, Romeo
habría prestado otros servicios a su causa: la
redacción de la avenida Alcorta funcionaba
también de arsenal y base de operaciones.

Bajo las Malvinas

Hubo una tercera etapa de El Caudillo, que se
abre con el retorno de Romeo de un exilio
bastante fácil en España, donde contaba con
amigos locales e "importados", como Casildo
Herreras, ya famoso por su frase "yo me borro", y
el ahora detenido Almirón. El Caudillo reaparece
en mayo de 1982, con oficinas en Uriburu 260,
piso 4, y con avisos salutatorios de la
Secretaría Política del PJ, de la CGT y de las 62
Organizaciones. El tema excluyente es la guerra
de Malvinas: "Reaparecemos porque Argentina está
en guerra", explica el editorial, nuevamente de
Romeo, que pondera que el país sufrió tres
agresiones, la guerrillera, la económica y la
militar, siempre a manos del enemigo sinárquico.
La revista de los ochenta publica muchas notas a
y de referentes sindicales ya olvidados, y brinda
generosos chivos a entidades como el Frente de
Acción Nacional Justicialista, grupo cuyo logo
era la insignia militar del Tercer Reich, sólo
que con cóndor en lugar de águila y escudo justicialista en vez de svástica.
Romeo fue detectable en política hasta el fracaso
electoral de Italo Luder, su esperanza para
volver a escena. Por entonces se dedica a
editarle los libros a Camps, bajo el sello RO-CA
(Romeo-Camps), y acompaña a su socio a las
presentaciones de su libro El poder en las
sombras, explicando que lo une al por entonces
todavía militar "un fervoroso patriotismo y la identidad de nuestros enemigos".
Al triunfo de Raúl Alfonsín le siguió un largo
período de bajísimo perfil del que salió en las
páginas policiales. El 26 de octubre de 1988, la
División Moralidad de la Policía Federal lo
detuvo en el bar de una persona "con antecedentes
de delitos contra la propiedad y robo de
automotores", en Gascón 1460. Según la causa
abierta, Romeo tenía "entre sus ropas" 110 gramos
de cocaína de alta pureza. Después de seis días
preso fue liberado bajo fianza de 50.000
australes y acusado de tenencia de
estupefacientes, sin que se pudiera probarle que intentaba traficar.
Según personas que lo conocieron en los años que
siguieron, Romeo sufrió recurrentes problemas de
salud por su estilo de vida, que culminaron en un
infarto en 2006 y la instalación de dos stents, a
los 61 años de edad. Ya formaba parte hace años
-en carácter de socio, amigo o acreedor, de
acuerdo a distintas fuentes que se contradicen-
de la empresa "CR", dedicada a las restauraciones
y que tiene como sede el último piso y la cúpula
gaudiesca de Ayacucho y Rivadavia. El edificio
fue restaurado por la firma y, según su propia
declaración en un site especializado, "por el
profesor Felipe Romeo". Tras las ventanas
espejadas hay un espectacular dormitorio. Quienes
conocen a este Romeo dicen que ya no habla de
política, que repite aquello de que a cierta edad
no hay que creerse ciertas cosas, pero que cada
tanto arenga a sus albañiles -"¡sean valientes!",
los exhorta, para desconcierto general- durante
obras como la restauración de la catedral de Chascomús.
De Caudillo a restaurador. Un raro cambio para
alguien que proclamaba que "sólo la desaparición
física del enemigo nos dará la victoria".

Nota aparecidas en Página/12, Bs.As..

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