Muchachos, si volamos sin límite de seguridad sobre aguas profundas, las posibilidades de morirnos ahogados son muy altas. Lo de volar con altura
de seguridad lo aprendemos al primer o segundo día de cualquier curso
de vuelo. Y sirve tanto para volar sobre tierra como sobre agua. Y debería ser tenido en cuenta tanto por pilotos nuevos, como por aquellos con mil años de experiencia.
Atropellar a alguien porque pasamos un semáforo en rojo, no es un accidente. Es una imprudencia.
Acuatizar por volar bajo, tampoco es un accidente. Porque es algo que se puede prever y, sobre todo, evitar.
Desabrochándonos las perneras tenemos apenas un poco más de tiempo para desengancharnos del equipo si caemos al agua. Pero ¿estamos vulnerando medidas de seguridad para mayor seguridad? ¿No suena medio ilógico?
Además, ¿vale la pena? Arriesgar la vida, perder el equipo, arruinarle el día a nuestros compañeros de vuelo, a nuestros seres queridos, sumar anécdotas negativas para nuestro deporte...
¡Si se pueden hacer las cosas bien!.
Un ejemplo de alguien que hace las cosas como corresponde es Ramón Morillas. Vuela hace... SIGLOS, bate records de distancia, de altura, vuela cientos de kilómetros entre islas del Mediterraneo...
Pero, para volar sobre el mar, no es suficiente un salvavidas, o una cámara de camión autoinflable, o llevar el tanque de nafta lleno al tope para no quedar flotando debajo del motor.
Muchachos, para volar sobre el mar, o sobre aguas profundas, hay que tener todo eso y, además un apoyo de seguridad en el agua, por ejemplo, como hizo la gente del Bagual cuando fue a la isla Martín García (además de la altura de seguridad, claro)
Me parece que si nos ponemos a hablar de todas las posibilidades que existen de tecnología aplicada a la flotabilidad, van a seguir apareciendo todos los días inventos nuevos.
Obviamente, TODAS las medidas de seguridad que podamos implementar sirven.
Pero no nos olvidemos de las más elementales y básicas, porque si no, estamos en el horno.
Nos vemos por arriba.
Manu