Los ordenadores se han vuelto mucho más potentes y veloces en las últimas décadas, pero esos avances se han limitado al hardware diseñado para operar en la Tierra. El motivo es que a todos los ordenadores enviados al espacio se les debe reforzar de un modo especial para protegerlos de las radiaciones cósmicas que circulan fuera de la atmósfera terrestre. El proceso para acorazarlos conlleva restar velocidad a su rendimiento, e incrementa su tamaño y precio. El resultado es que aún cuando los satélites y las sondas espaciales han mejorado mucho su capacidad de recopilar información, la mayoría de sus datos debe enviarse a las estaciones en Tierra para su procesamiento, y las velocidades de transmisión de esas naves hacia la Tierra no son muy altas.
Los actuales vehículos no tripulados también tienen bastante limitadas sus habilidades para actuar de forma independiente, por lo que deben apoyarse mucho en informar a la Tierra y aguardar instrucciones. Las grandes distancias espaciales hacen imposible que los controladores de la misión en tierra respondan en tiempo real a sucesos inesperados o de corta duración a los que se enfrentan los vehículos. Si las sondas tuvieran ordenadores más sofisticados a bordo, podrían tomar más a menudo sus propias decisiones, como por ejemplo, seleccionar de inmediato el mejor sensor o la mejor cámara para registrar un suceso momentáneo de interés.
Para ser totalmente autónoma, una nave robótica necesita una gran capacidad de computación, y, hasta el momento, las tecnologías de procesamiento espacial convencionales no han sido capaces de alcanzar el alto rendimiento informático requerido.
![]() |
| Alan George (derecha), e Ian Troxel trabajan en el proyecto. (Foto: U. Florida) |
fuente: http://www.solociencia.com/informatica/06120815.htm
--
Gustavo Fernando Durán
http://www.flickr.com/photos/trekman
http://www.jpgmag.com/people/dxtrek
http://www.foto-naturaleza.com.ar
