CLARIN ARQUITECTURA – BA – 2 MAYO 2006
LA 0.3
La destrucción del Código
Para alentar las actividades productivas en la Ciudad de Buenos Aires se ha
derogado toda la normativa sobre radicación de industrias. Es un error que
debe repararse.
_____
ENRIQUE GARCIA ESPIL*.
La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó, en primera lectura, un
proyecto de ley para alentar las actividades productivas en la ciudad. Esta
norma debería alegrarnos, porque la única manera de garantizar las
posibilidades de empleo y la calidad de vida de los porteños es
desarrollando la capacidad económica y productiva de la ciudad.
Hace 22 años, en las páginas de este mismo diario, reclamé la modificación
del Código de Planeamiento Urbano para permitir la convivencia de las
distintas actividades (residenciales, productivas, educativas) en un mismo
distrito. Estaba convencido entonces, y lo sigo estando hoy, de que la
mezcla de usos, la diversidad de funciones, enriquecen la vida urbana y
vuelven más interesantes a las ciudades. Por todo esto, el proyecto conocido
como Ciudad Productiva debiera ser una buena noticia... pero no lo es.
Las buenas intenciones quedaron sepultadas por algo tan nimio como la mala
redacción del texto legal. El proyecto, en vez de trabajar sobre la
legislación vigente, deroga toda la normativa sobre localización de
industrias y define, sencillamente, que toda actividad de industria
manufacturera, reparación de vehículos, efectos personales y enseres
domésticos "es una actividad permitida". Esto significa que la producción
podrá ser instalada en las Urbanizaciones Parque, en las Areas de Protección
Histórica y en los Distritos Residenciales de baja densidad.
No entendemos por qué, pero así quedó escrita la ley. Significa, también,
que si autorizamos en Villa Devoto la fabricación de alimentos y su venta
como actividad complementaria, en Palermo Chico la reparación y venta de
automóviles y en los arcos del Parque Tres de Febrero la fabricación y venta
de productos de confitería y panadería, aplicando el principio jurídico de
que quien puede lo más, puede lo menos, podremos habilitar hipermercados en
Devoto o cualquier otro barrio residencial, concesionarios de autos en el
Barrio Parque de Palermo Chico y bares (como los que antes se clausuraron)
en el Parque Tres de Febrero. ¿ O deberemos entender que podremos envasar y
vender carne en los distritos residenciales pero no podremos venderla si la
recibimos envasada?
Seguramente algún emprendedor se amparará en el principio de igualdad ante
la ley y sostendrá que si la industria se permite en toda la ciudad por ser
una actividad útil y necesaria, lo mismo debería suceder con la educación y
la salud, permitiendo institutos de enseñanza, consultorios y clínicas en
toda ubicación. Y como negar la necesidad y utilidad de la vivienda en la
ciudad. Entonces habrá caído toda zonificación.
Dejaremos de debatir el futuro de Retiro, Caballito y las demás playas
ferroviarias, ya que esta ley habilita la construcción de fábricas y sus
actividades complementarias en los Distritos de Urbanización Futura y, como
éstos no fijan límites para las alturas ni para las superficies edificables,
las fábricas podrán hacerse… sin límites. Y si algún juez entendiera que lo
que es válido para la industria debiera serlo también para las restantes
actividades se habrá logrado el sueño de la especulación inmobiliaria, ya
que se habrán vuelto legales las torres sin límites en las playas
ferroviarias y..¡ en las Urbanizaciones Parque! Todo esto suena como un gran
disparate pero, desgraciadamente, será la consecuencia inevitable de una ley
mal redactada que ya ha sido votada. Al desarticular una parte del Código se
lo habrá dejado sin racionalidad y se lo habrá vuelto inaplicable.
Reflexionemos sobre el camino a seguir y tengamos en cuenta:
El objeto de la ley es bueno y debe ser apoyado.
La industria existente debe tener posibilidades de modernización y
ampliación, pero también debe reducir las molestias.
La convivencia de usos es buena y debe ser alentada.
Las normas deben categorizar las molestias y no las actividades sólo por su
nombre. Deben fijar niveles de ruido, de emisiones, potencia instalada,
personal ocupado, vehículos que ingresan. Así son las legislaciones más
avanzadas del mundo y un cuadro así existía en nuestro Código. Debería
recuperarse y actualizarse.
La compleja realidad de la ciudad requiere que se legisle con estudio y
trabajo, sin buscar atajos que pretendan resolver todo con una sola frase.
En la Legislatura y en el Ejecutivo de la Ciudad trabajan técnicos y
profesionales altamente capacitados y conocedores en detalle del código de
Planeamiento Urbano que pueden redactar, renglón por renglón, las
modificaciones normativas que la ciudad necesita para consolidar su
desarrollo sustentable. Esperemos que así sea.
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