El Tribuno/ La entrevista/ Emil Sifuentes Carhuapoma, investigador
''Quienes gobiernan son andinos, pero desconocen su cultura''
Este especialista de la cultura andina llegó a Salta para participar en las
XIX Jornadas Precolombinas. Expondrá sobre "Decodificación de quipus" y sobre
"La razón naturalista". El encuentro se desarrollará del 19 al 21 de octubre, en
el Museo de la Ciudad "Casa de Hernández" (La Florida 97). Informes: Leguizamón
269, teléfonos. 4256272, 4256620, 4215670.
¿En qué basó sus investigaciones sobre los quipus?
Los quipus son mensajes codificados nemotécnicos. Son hilos gruesos, largos,
horizontales y con cordeles verticalmente sostenidos, de diferentes colores.
Generalmente se han utilizado las variables de diez colores diferentes. Cada uno
tenía que ver con el sonido de una consonante. En total, las consonantes eran
23, pero los antiguos sintetizaron su escritura en diez sonidos basándose en el
sistema decimal. La interpolación de apenas dos o tres consonantes, de acuerdo a
un sistema de orden lógico lineal horizontal, da una expresión. Es por eso que
la cultura andina ancestral no habla mucho, y hasta ahora se sigue callando.
La economía de recursos en la escritura también se notaba en la oralidad...
Sí. Nuestras leyes tenían como máximo cuatro palabras. No es como ahora, que
tenemos sistemas de códigos que tienen miles y miles de páginas y que a veces no
se cumplen. En cambio nuestras leyes eran muy concretas.
Pero lo más rescatable de los quipus es que es un sistema completo: es numeral,
consonántico y acrofónico (el color remite a un sonido).
Además, usaban otra forma de escritura, que era el tokapu (palabra), que era es
la representación simbólica del logotipo, la logografía. Se usaba en las
cerámicas o en los textiles. Cada tokapu tiene mensajes muy valiosos acerca de
cómo pensaban y cómo vivían.
¿Cómo se llega a decodificar estos sistemas de escritura?
Como se sabe, los incas no tuvieron papel, pero sí tuvieron escritura. Escribían
en textiles. Los estudios de estos códigos empiezan con las imágenes del libro
"Crónicas de un buen gobierno", de Guaman Poma de Ayala. Allí, el cronista nos
dejó mucha información acerca de esta escritura, pero hace falta conocer el
método para poder decodificarla. El mensaje nunca dejó de transmitirse de
generación en generación, independientemente del mestizaje.
Por ejemplo, el tokapu que está en el manto de la Doncella del Llullaillaco, es
un gráfico que significa "kpk ayllu": familia noble o familia del Inca. Eso
quiere decir que estos niños tenían que ver con la nobleza incaica.
¿Cómo afectó a la cultura andina el hecho de que se la considerara una cultura
inferior, ágrafa...?
Sabemos que cuando llegaron los europeos, la cultura andina no estaba tan
desarrollada como para transformarse en un imperio. Mucha gente habla del
Imperio Inca, pero es un error. Acá nunca hubo un emperador. Lo más lógico es
hablar del incario. La forma ancestral de gobierno era totalmente diferente. No
tenían la sofisticación militar de una cultura dominante, como se argumenta. Era
una civilización de bien, culta, no preparada para una guerra.
Pero algunos pueblos se aliaron a los recién llegados, pensando que les iría
mejor. Después, cuando vino la migración en masa de Europa, se dieron cuenta de
que era tarde porque no estaban tan desarrollados como los europeos en cuanto a
tecnología militar, caminos, etc.
Pero las comunidades guardaron los mensajes codificados, sobre todo en Bolivia,
Perú y Ecuador. Son mensajes que van a ir saliendo despacio. Nuestro legado es
decodificar esto para que haya una conjunción entre los que llegaron y los que
vivieron acá. Los Niños del Llullaillaco son un desafío en este sentido.
¿Qué puede derivar de esa conjunción definitiva?
Nuestro mensaje es de unificación de la cultura sudamericana, independientemente
del color y de la forma. Nosotros no planteamos ni el indigenismo ni el
indianismo. Queremos que nuestros conocimientos estén dentro de un mundo
moderno. No vamos a negar nunca la computadora, el avión, el teléfono y todos
los avances tecnológicos y científicos. Porque además muchos de esos adelantos
tienen que ver con nosotros.
Están saliendo a la luz algunas premisas científicas y matemáticas de la cultura
andina, una de ellas es la tetralogía de la composición que tiene la Puerta del
Sol, en Tiawanaku. Esta base matemática sirve ahora de solución a los problemas
de los números primos en las computadoras. Bill Gates ha tenido que comprarle la
fórmula a los matemáticos de Bolivia que hicieron el descubrimiento.
Para que esa convivencia sea posible, ¿los descendientes de los pueblos
originarios tienen que ocupar espacios de poder?
Los que gobiernan hoy también son andinos, pero con visión occidental, en muchos
casos porque desconocen esta cultura. Pero yo estoy muy seguro de que vamos a ir
recuperando ese legado.
Es positivo que ocupen espacios de poder, pero eso va a depender de los mismos
andinos ancestrales que representen esta cultura. Desde el momento en que
nosotros nacemos en Los Andes somos andinos. Hay tres tipos de andinos: de
costa, de sierra y de selva o amazonia. Si somos andinos debemos mirar con otros
ojos el legado de nuestros antepasados. Por eso invitamos a que la gente venga a
las Jornadas Precolombinas. Lo que buscamos es la integración tecno-científica y
cultural sobre una base moderna.
¿Cómo era la organización económica del Tawantinsuyo?
La economía del incario se desarrollaba en función de las economías regionales
(suyos), pero era altamente sofisticada desde el punto de vista del control
estadístico. Guaman Poma de Ayala muestra en su libro una imagen del "contador
mayor del Tawantinsuyu", que era Condor Chawa, del Chinchaysuyo. Este contador
se manejaba con quipus, que en definitiva eran códigos de barras o puntos.
Los frutos del trabajo se dividían en tres: para el sol, para el inca y para el
pueblo. Muchos autores dicen equivocadamente que el incario era una sociedad
esclavista y que el inca era un burgués. Eso es falso, porque ellos tenían una
economía acumulativa. Lo que guardaban para el sol lo consumían durante las
fiestas. Era una cultura muy fiestera: tenían al menos 180 días al año de
fiesta. O sea que lo acumulado volvía al pueblo. Ahora, cada familia gasta lo
que puede. En el incario hacían grandes ollas comunes. No era una cultura
comunista ni marxista, era comunitaria.
La producción en las tierras del Inca eran para las grandes construcciones
arquitectónicas. Además, el pueblo producía en sus tierras. Llevaban los
productos a sus casas y dejaban una parte como impuesto, para las fiestas. Era
un sistema de redistribución de productos naturales y de manufacturas, pero sin
dinero. Itercambiaban productos, pero sólo entre regiones cercanas. Se
autoabastecían
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