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Síntesis de Prensa - 23 de diciembre del 2001   Lista de mensajes  
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"PRENSA INDEPENDIENTE"

- República Argentina -

"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma Representativa, Republicana Federal..."

"Síntesis de Prensa del 23 de diciembre del 2001"

Año 2 - Número 302

Archivos desde enero del 2000 en : http://www.geocities.com/prensa_independiente

sitio web alternativo: http://groups.yahoo.com/group/prensa_independiente

mail: prensa_independiente@...

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A nuestros lectores y amigos, les deseamos muy Felices Navidades y rogamos por la recuperación de la paz entre los argentinos, retomando el camino de la sensatez

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Índice de la fecha

* Saqueadores.

* Un presidente se fue y la crisis no concluyó.

* Justicia despreciable, sigue el disparate oportunista, ahora contra el gobierno saliente.

* Editorial :Paradoja.

* Ministerios de Defensa y RREE no fueron fusionados.

* Hacia el caos o hacia una nueva democracia.

* La violencia descontrolada.

* El riesgo inmadurez.

* Editorial: Demora suicida.

* ¿Una provocación? - abogado globalista Alberto Zuppi Ministro de Justicia.

* "Los políticos usaron pandillas en las villas".

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La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 22 de Diciembre de 2001

Saqueadores

Todo era previsible. Argentina expresó en hechos violentos el estado de disolución a la que llevó su clase dirigente, banda inalterable que ha derramado, como los parásitos, su saliva sobre todo cuanto este país tenía de bueno y de promisorio.

Porque donde había justicia hoy hay impunidad, donde había riqueza todo está vacío, donde había educación hay huelgas, donde había trabajo hay desconsuelo y comercios destrozados, donde había honor y sacrificio hoy hay enriquecimientos ilícitos.

¿Qué se podía esperar? Sólo la inopia del gobierno era capaz de creer que la paciencia extraordinaria de la gente no tendría el límite del estómago.

Sobre todo en un país, donde la dirigencia, - salvo alguna que otra excepción - enseñó con su accionar cotidiano y desenfadado que la única autolimitación que existe es la propia necesidad, ya sea de poder, dinero, amantes o prebendas.

Lo cierto es que la Argentina es un país saqueado por sus dirigentes de todos los niveles. Hay aquí, desde hace medio siglo, una cultura del saqueo de recursos, pero, sobre todo, del saqueo de valores.

Y lo sucedido, con el reclamo generalizado de la gente en la calle, pidiendo que se vayan todos, muestra que llegó el momento en que "nuestros políticos" empezaron a cosechar lo que enseñaron.

Porque poco faltó para que el asco de la gente se materializara yendo a buscarlos y sacándolos a empujones a la calle.

Tal vez, y ojalá, el camino emprendido ahora sea la última oportunidad que se les presenta. Sino, descubrirán pronto que ni el alma más caritativa es capaz de expresar un mínimo de piedad ni siquiera al momento en que los golpes arrecien sobre ellos.

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La Nación - La semana política II - 23 de diciembre del 2001

Un presidente se fue y la crisis no concluyó

por Joaquín Morales Solá

¿Que han hecho los argentinos con la Argentina?, gritó, no sin indignación, Carlos Fuentes desde México. La respuesta es compleja, pero podría mencionarse la posibilidad de que un proceso de desvarío se haya apoderado de la cabeza de sus dirigentes. Fulminado Fernando de la Rúa entre sus vacilaciones e ineptitudes, lo ha seguido el peronismo embaucado por una disputa entre ambiciones innobles.

De la Rúa se fue después de decantar él mismo, en la hora más dramática de su vida, el único gobierno que tenía. Sólo, frente a Chrystian Colombo y Adalberto Rodríguez Giavarini (a los que la nación política les debe, al menos, haber sostenido la ficción de un gobierno) escuchó lo irremediable: tenía que renunciar....

...La clase media de la Capital lo empujó del poder con la misma decisión que lo entronizó en el gran escenario de la política, 28 años antes. La rebelión de los pobres fue la consecuencia y no la causa de la conversión de la clase media, que pasó de conservadora a revolucionaria. La decisión de retener los ahorros y los sueldos en los bancos fue el hecho maldito que hizo imprevisible las reacciones sociales. No sólo eso: esa misma clase media venía también clamando contra una dirigencia política corporativa, mezquina y distante. Los ahorros no se han devuelto - ni se devolverán hasta donde se puede prever - y la dirigencia política sigue haciendo de las suyas. El peligro acecha...

...La teoría se demostró en la práctica. Cuando la clase media pacífica salió a la calle, en el acto la siguió la marginalidad sin medidas ni códigos. Hubo más muertes a manos de civiles, que cuidaban sus pertenencias, que de policías. Los trazos de una guerra civil comenzaron a tomar cuerpo en un horizonte desgraciado, entre patéticos vandalismos, justicia a mano armada y excesos y ausencias policiales...

...No pudo contra la inercia lenta y vacilante de su estilo, contra la desconfianza omnipresente de su espíritu y contra un círculo íntimo impolítico, cargado de infundadas vanidades. El fuego y la muerte en la calle, la debilidad que le tocó y que ahondó, la propia impericia y el apetito atropellado de sus opositores hilaron la soga que lo degolló...

...El peronismo no aflojó la presión desde las elecciones de octubre. Nombró a un virtual vicepresidente peronista, rompiendo una vieja tradición argentina, y comenzó en el acto a hurgar en leyes de acefalía y de comicios anticipados. Confundía al Presidente formal con puros formulismos, mientras ordenaba no detener la ofensiva. Lo peor de todo es que nunca se detuvo cinco minutos para pensar un plan político y un plan económico. Lo aquejan ahora las mismas dolencias que al gobierno que se fue...

...A una sociedad que reclama por un gobierno y por decisiones rápidas y cruciales (el valor de la moneda, la deuda externa, la carencia social, el control de las fuerzas de seguridad), el peronismo le ofrece un gobierno tan débil como el anterior con la promesa de darle, dentro de dos meses, otro gobierno débil. La ley de lemas no sólo es un engendro de muy dudosa constitucionalidad, sino la probeta ideal de una administración frágil...

...El mundo espera y la sociedad espera. En el medio, los dirigentes peronistas parecen moverse contra el apresurado reloj de la historia, que está marcando una trágica ruptura de los lazos sociales, una patética desobediencia civil y un peligroso desconocimiento de cualquier liderazgo. Un ciclo ha concluido.

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De lo nuestro lo peor

Justicia despreciable, sigue el disparate oportunista

La misma injusticia seudo derecho humanística aplicada a Jorge Rafael Videla y tantos otros militares, ahora se ensaña con el caído De la Rua. Muchos y graves fueron los desaciertos del renunciante, pero no merece esta burda persecución que bastardea los tribunales de la República

La noticia de La Nación - 23 de diciembre del 2001:

De la Rúa enfrenta una Justicia que nunca domesticó

Tiene una veintena de causas penales

Dos jueces federales le prohibieron salir del país . Dos fiscales lo acusaron por homicidio reiterado . Otros dos pidieron su indagatoria por irregularidades durante su gestión en la Ciudad.

Fernando de la Rúa renunció a la presidencia acorralado políticamente. El día después, en la Casa de Gobierno, parecía aliviado. Pero los problemas no se terminaron para él. Sin cargo ni investidura, deberá enfrentar otras tensiones y en lugar de lidiar con políticos tendrá que hacerlo con jueces y fiscales.

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La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 23 de Diciembre de 2001

Editorial: Paradoja

Si hubo algo clamoroso y unánime en las manifestaciones de la noche del miércoles 19, fue el hartazgo y repudio de los partidos políticos. Sus estandartes no se alzaron entre la multitud y, cuando alguno apareció, pronto hubo de ser recogido por el extraviado que lo intentó.

Este sentimiento se expresó tanto en la Plaza de Mayo como en la del Congreso. No fue, entonces, únicamente el presidente de la República el destinatario de las críticas y los insultos. Fue el conglomerado de los políticos, de los cuales ninguno se atrevió a acompañar a los manifestantes, salvo dos o tres de rango menor que, reconocidos, terminaron expulsados sin más ceremonias.

No ocurrió como acaba de alardear el diputado Leopoldo Moreau que el pueblo, confiando en el Congreso Nacional, le ha otorgado el mandato de reparar el desastre.

El pueblo se expresó por vez primera, sin falsos intermediarios, en forma libre y espontánea, para decir lo contrario: que ya no confía en nadie, que sus representantes le han sido infieles.

Ello, en esta suerte de asamblea inorgánica de aquella noche. No así en la tentativa de repetirla en la mañana siguiente, donde asomaron otra vez los partidos antes desalojados. Ahora también sin sus distintivos, pero mostrando su pertenencia a la izquierda en la virulencia de sus actitudes y en los destrozos que comandaron, lo cual forzó a una represión enérgica e inexcusable.

Nadie pidió la intervención del Parlamento. Se ha producido por no existir ningún otro mecanismo legal para salvar la continuidad institucional. El entramado de privilegios y atribuciones, de que se han dotado los partidos, los tornan en un mal hoy por hoy ineludible.

Ahora se anuncia una nueva votación para presidente, a fin de dar legitimidad al que resulte elegido. A lo sumo, se lo dotará de legalidad, porque será tan sólo el producto de la elección que se practica en los comités, sin dejar a la ciudadanía sino la opción de optar entre los previamente elegidos.

Aquí reside la paradoja: los partidos, defenestrados por una multitud hastiada e indignada, reaparecen bajo el disfraz de representantes de esa multitud.

A juzgar por lo sucedido y dicho ayer en el marco de la Asamblea Legislativa, donde nuevamente se vio cómo casi todos y cada uno de los que hablaron volvieron a buscar chivos expiatorios y plantear el escenario, pero no las respuestas a la crisis de representatividad que ellos mismos representan, al margen de tener que postergar el nombramiento del presidente provisional hasta hoy, para poder seguir "armando" su juego.

Y acaso el colmo sea el lamentable mamarracho que es el gabinete que nombraría Rodríguez Saá para el tránsito hacia las soluciones que necesita el país y que se alejan, hora tras hora.

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Ministerios de Defensa y RREE no fueron fusionados

El nuevo Ministro José María Vernet asumió el Ministerio de Defensa en carácter provisorio ¨a cargo¨, en paralelo a su puesto en RREE. El extraño anticipo de una fusión se aclaró en la TV durante las ceremonias.

Nos privamos así de otro disparate.

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La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 23 de Diciembre de 2001

Hacia el caos o hacia una nueva democracia

Los acontecimientos no hicieron más que precipitarse y acentuarse a partir de su primer estallido. Su lectura e interpretación - dada la fenomenal aceleración de los hechos, de la acción y de la reacción - se dificultan y hasta se hacen imposibles, porque todos tenemos la sensación de que "algo falta, algo todavía va a seguir ocurriendo"; estamos ante una cuestión abierta.

Cuando el viernes 14 se iniciaron los primeros actos de pillaje, nadie o muy pocos estaban en condiciones de prever su magnitud, aunque muchos podían establecer su signo y descubrir sus inspiradores. La atmósfera en que tales tropelías se daban era más una excusa que un justificativo; la situación económica no hacía más que agravarse con el correr de los días y los primeros síntomas de una crisis total que amenazaba con ahondarse progresivamente a una escala casi geométrica actuaban como disparadores y como bombas de tiempo alternativo. Los piqueteros, integrantes del Foro de San Pablo, que acababa de terminar una reunión cumbre en La Habana, no tuvieron que poner mucho de sí para producir y llevar al paroxismo tanta preocupación acumulada, tantos inconvenientes sumados hora a hora sobre los cuerpos y los corazones de los más necesitados.

Las cifras que habían sido conocidas poco antes indicaban un notable incremento de la desocupación y subocupación, de manera que podía calcularse que unos cinco millones de argentinos carecían de trabajo y que, por lo tanto, estaban o podían estar en cualquier momento por debajo de la línea de pobreza. La demagogia obvia, una organización adecuada, unos pocos activistas infiltrados podían, de actuar coordinadamente, prender fuego al polvorín. Y así acaeció.

Como tantas otras veces, la izquierda utilizó a los pobres y marginales y también al "lumpen" en que suelen insertarse, no como débiles sino como fuerzas potenciales (recuérdese el "movimiento villero" de los años 70, que ocupó calles junto a Montoneros y a la JP sin conseguir nunca una reivindicación) como ariete y avanzada para un comportamiento pre-revolucionario. En efecto, todos los indicios llevan a la conclusión de que los asaltos y destrozos que se sucedieron tan simultánea y funcionalmente a lo largo y ancho del país respondieron a una misma inspiración, ejercieron una misma táctica y tuvieron los mismos beneficiarios.

Esto es tan evidente que no puede ser probado. La sociedad asistió, durante varios días, a una gimnasia motinera similar a la que se ejerció en su momento en Córdoba y en Rosario como prólogo para la guerra que vendría después. De modo que no se trató de una conducta espontánea de los sumergidos, sino que alguien les proporcionó la ocasión y los mecanismos para manifestar sus broncas y satisfacer sus necesidades más inmediatas.

Se ha de insistir en que había (y hay) una base de realidad y un contexto de justicia en estos reclamos violentos contra una situación social que tendía a deteriorarse. Por lo demás, no es necesario insistir en que, por una especie de ley psicosocial, es fácil provocar estos desmanes en un ámbito propicio determinado, así como se puede (y así suele ocurrir) arrastrar a los círculos cercanos a realizar este tipo de desmanes. Es como una histeria colectiva que, a partir de un momento dado, se realimenta a sí misma y se extiende como una mancha de aceite, hasta que descubrimos que todos nos hemos convertido, fuera del control del Estado, en delincuentes por un rato. La impunidad tienta.

Pero si así fueron los hechos de la mañana, lo sucedido por la noche - y concretamente luego del anodino discurso del ex presidente insistiendo con su estilo neutro, apagado y lejano - es más difícil de explicar y requiere una consideración más detenida. No faltará quien vea en esta reacción espontánea de la clase media, representada en sus más diversos estratos, un nuevo 17 de octubre en otras circunstancias y con otras motivaciones, pero asemejándose en su espontaneidad y en su carácter de actitud colectiva, confusa e infraconsciente.

Se ponía de manifiesto un requerimiento de cambio y un repudio a lo establecido. Una energía subterránea que recorría a la sociedad, un sentimiento oscuro que anidaba en el interior del pueblo, un anhelo constante y sistemáticamente desairado, todo ello se hizo presente y salió a la superficie por la noche del miércoles 19. No conviene forzar la interpretación de tan inédita reacción estrictamente popular ni empezar a diseñar, desde esta nueva perspectiva, una política que terminaría por reflejar, invirtiéndolos, los términos del actual modelo que acaba de desplomarse junto con su ideólogo e instrumentador. Los problemas subsisten en toda su crudeza más allá del optimismo de cada uno.

Lo que se observa - y esto podría quedar como conclusión de un balance provisorio e inevitablemente acotado por falta de distancia - es, junto a un espantoso vacío de poder propio no sólo de la ausencia de una personalidad clara y de una inteligencia de fuste al frente del gobierno, una discordancia cada vez más profunda entre la sociedad y su dirigencia. Es obvio que el primer gran derrotado - fruto de la bronca de la noche, no de la de la mañana - fue De la Rúa (el segundo fue Cavallo), pero también toda la partidocracia y la tecnocracia que lo acompañaba aunque lo criticara.

Con respecto a la primera, su inutilidad quedó demostrada por dos hechos: uno, que la gente en la calle, y de un modo fundamentalmente pacífico, consiguió el alejamiento del hombre que había simbolizado en sí la imagen del técnico miope incapaz de una mirada supraeconómica, preso de sus fórmulas escolásticas y de los influjos de sectores de intereses incompatibles con el bienestar general, habiendo hecho del pago incondicional de la deuda externa (de la interna se desentendió rápidamente) la estrategia central de su programa.

Otro dato de la realidad consiste en que, como siempre, la clase política llegó tarde y apenas si atinó a colocarse por delante de los sucesos que terminaron por superarla. Los cacerolazos, apagones, abucheos y bocinazos que aturdieron esa noche del 19 no fueron realizados por ningún partido, sino por los mismos autoconvocados y, eventualmente, por algunas organizaciones intermedias - de esas que se encuentran fuera del sistema - de empresarios y vecinos. Esto es harto importante destacarlo, porque ningún partido está en condiciones de convocar reuniones de estas características en muchos lugares a la vez en la Capital ni en el interior. Sin contar con que esas expresiones tuvieron un alto contenido crítico contra los propios partidos, cada vez más ilegítimos en cuanto desprestigiados y poco confiables.

Los incidentes del día siguiente fueron protagonizados por elementos de izquierda que también llegaron tarde y se vieron obligados a cambiar de clientela rápidamente, infiltrándose entre los "pequeños burgueses", que sólo buscan un cambio ordenado y razonable, un reemplazo de dirigentes, un poco de decencia y un mínimo de seguridad para sus derechos y propiedades (agraviados tanto por los piqueteros como por las autoridades).

Las Madres y las Abuelas, aunque aisladas, no se quedaron solas en la Plaza de Mayo en su intento de restablecer la desgastada dialéctica víctima-victimario de la que tanto abusaron; porque hoy la preocupación social auténtica pasa por otro lado: el restablecimiento de la política sobre la economía y la sujeción de la política a la ética, el retorno a la sensatez, la recuperación de un cierto grado de prosperidad, el abandono de la alquimia demencial de una tecnocracia fracasada.

Es decir que la izquierda, apostando a dos puntas, procuró agitar las aguas estancas de la base de la pirámide (para lo cual pone en actividad a los oscuros instintos delictivos jamás desterrados del todo), al tiempo que trata de auparse a un movimiento multiforme e indefinido con objetivos y hasta valores distintos que por principio la repudia.

La situación es volátil como nunca. Ha entrado en juego un factor nuevo y, si se quiere, inesperado con el que nadie contaba más allá de la retórica: el pueblo anónimo, pero concreto. Una realidad que hace tiempo viene escapando de los meridianos de los partidos y de los sindicatos. Quizá lo más interesante de todo este proceso - si así se lo puede llamar - es que el sistema partidocrático en su integridad, impertérrito ante la realidad, ha sido llevado a un callejón que no puede seguir ignorando y que tiene una sola salida, su renovación completa y leal.

Pero, en este sentido, nuestro pronóstico es poco esperanzador. Nada indica que la clase política - el justicialismo acechado por su propia izquierda y por otras menores - no está tampoco en aptitud de renovarse ni de desafiar con criterio nacional la problemática que debe enfrentar. No puede desprenderse, en el curso de una sola generación, de sus vicios y limitaciones morales e intelectuales. Tiene una clientela a la que atender, poderosos a los que satisfacer, intereses a los que respetar. El fantasma de Menem dista de haberse evaporado con su inescrupulosa praxis y su reconocida desaprensión para encarar todos los asuntos. Tememos caer en más de lo mismo.

Si esta crisis convulsiva e inorgánica arrastró al propio presidente (desde Alvear, ningún radical terminó su mandato), hay que destacar enérgicamente que fue por la acción del conjunto de ciudadanos no comprometidos y en modo alguno por la de los violentos que reaparecen cada vez que pueden.

¿Cuál es el reemplazante, no sólo de De la Rúa sino de los estamentos que actuaron junto o contra él? ¿Dónde están? Porque, al fin y al cabo, De la Rúa no es más que un Menem menos exitoso. Hay que tenerlo en claro, porque un salto al vacío haría que fuera peor el remedio que la enfermedad y entonces, simplemente, la anarquía sustituiría al caos.

Víctor E. Ordóñez , abogado, se desempeñó en la Magistratura y durante varios años realizó comentarios bibliográficos por Radio Municipal, de la ciudad de Buenos Aires.

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La Prensa - 23 de Diciembre del 2001

La violencia descontrolada

Ante posibles nuevos actos de saqueos y destrozos de comercios se necesita que la policía estructure medidas de prevención antes de la represión final.

Serán imborrables las escenas de los graves incidentes de los últimos días con saqueos a supermercados y los destrozos en comercios céntricos. Golpean más nuestros espíritus porque en otro tiempo las vimos y soñamos con no volver a verlas. Buscamos reconstituirnos socialmente y terminamos lamentando una represión que produjo muertos y heridos, por asaltos con gente engañada que buscaba qué comer y agitadores y delincuentes que cumplieron con su cometido y aprovecharon tan lamentable situación. La seguridad dentro del estado de sitio es uno de puntos más importantes de la futura política, con una acción policial que debe ensayar más la prevención que la desesperada represión con resultados inciertos. Es hora de controlar villas de emergencias, asentamientos ilegales, con la severidad que determina la misión de prevenir, que no es otra cosa que adelantarse a los hechos. Pero en sus lugares justos.

Porque lo que ocurrió en la Plaza de Mayo se debe a un error táctico: en vez de controlar zonas donde los revoltosos se reunían para llegar al centro de la ciudad, se los esperó aquí y los riesgos se multiplicaron y agravaron. Si lo que se debía custodiar era la zona que circunda a la Casa de Gobierno, pues la policía debió estacionarse a no menos de una decena de cuadras, en vez de una decena de metros de la Pirámide.

Entonces, el violento jugó en terreno ajeno con comodidad y alcanzó su objetivo subversivo: desorden y caos, desborde policial y represión indiscriminada. Estos hechos pueden repetirse porque el mero cambio de gobierno no deja de lado automáticamente los problemas sociales, pero sí debe estructurarse de otra forma la contención de los violentos. La sociedad toda así lo exige, porque el orden es el único valor social que permite edificar todos los demás que hacen a la vida normal y progresista.

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La Nueva Provincia - Bahía Blanca - República Argentina - 23 de Diciembre de 2001

El riesgo inmadurez

Si pudiéramos agregar otro índice de medición cotidiano de la realidad a la vida de los argentinos, de esos que nos recuerdan que aún nuestras penurias más espesas pueden sentirse todavía con un poco más de dolor y angustia - como la sensación térmica durante el verano, por demás calurosa, o el índice de riesgo país, una especie de cuantificación especulativa de las desgracias económicas del país--, sin duda que este índice bien podría ser - y llamarse - el "riesgo inmadurez".

Serviría para medir cada día la inmadurez con la cual la dirigencia política nacional se desenvuelve en el gobierno, en la administración de la cosa pública y en el ordenamiento de la vida ciudadana hacia el bien común.

Tal vez, si ese índice se publicara todos los días mediante placas informativas en los diversos medios de comunicación, al menos, la ciudadanía lograría que los políticos se sonrojaran - si es que eso es posible - al ver crecer y progresar geométricamente los valores de tal "riesgo inmadurez" correspondiente a su talla de servidores del bien común.

Resulta verdaderamente insólito que después de un resultado electoral único en la historia constitucional argentina, que en cualquier otro país del mundo habría provocado una obligada e imprescindible revisión estructural de todo el sistema político institucional de la Nación, cuando no una verdadera reestructuración constitucional de la República en su conjunto - como el caso de la República Italiana hacia el año 1994 o, más recientemente, el caso del primer ministro Guterres, en Portugal -, ningún dirigente político criollo haya siquiera esbozado una lectura elemental acerca del severísimo llamado de atención que la ciudadanía le hiciera al conjunto de la dirigencia política argentina.

Sencillamente, la mitad del padrón electoral argentino (aproximadamente 10 millones de votantes) se mostró severamente crítico ante la actual realidad imperante en el sistema político e institucional de nuestro país, ya sea absteniéndose de emitir su voto, anulando su voto o votando en blanco.

¿Es que hay que ser cartesianamente preciso para explicarle al senador que se proclamó ganador en la ciudad de Buenos Aires que sobre el resto de los votos válidos emitidos (la mitad del padrón) no sólo no ganó, sino que resultó segundo, por menos de la mitad de los votos de los que obtuvo el primero, que en realidad fue nadie, porque resultó el voto en blanco o "bronca", como lo denominaron los medios de prensa?

¿Llega a tanto la ineptitud e inaptitud de nuestros vitalicios y casi eternos legisladores de la Nación?

El índice "riesgo inmadurez", sin duda, contribuiría al menos a que, proporcionalmente a su lamentable y cotidiano incremento, decreciera la irrefrenable proliferación de discursos vacíos de nuestros dirigentes, y que de algún modo quedara algo de tiempo para atender con oídos suficientes a las urgentes y apremiantes necesidades de una nación que sufre y se diluye día a día.

O, tal vez, al menos, permitiría a la dirigencia política pensar un poco más antes de hablar; y, en lo posible, cuando lo hicieran, tal vez hasta pronunciar las "eses" correspondientes en todas las palabras.

Julio Roberto Montaron, residente en la Capital Federal, es licenciado en Historia.

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Sitios web recomendados

"True Peace, terrorismo argentino"

www.geocities.com/true_peace.geo

"Foro Verdad Histórica"

www.geocities.com/forocombat

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Diario ¨Río Negro¨ - 23 de diciembre del 2001

¿Está preparado Rodríguez Saá para gobernar con el vigor y la inventiva necesarios para que pronto se echen las bases de una recuperación sostenible?

Editorial: Demora suicida

Por impresionante que haya sido la rapidez con la que los peronistas, sin prestar ninguna atención a los reparos formulados por los demás, decidieron nombrar a Adolfo Rodríguez Saá presidente interino de la Nación, el país tendrá que esperar hasta que las elecciones convocadas para el 3 de marzo produzcan un jefe de Estado cuya autoridad no sea meramente transitoria.

Y, como si el intervalo así supuesto ya no fuera excesivamente largo, por basarse en la llamada ley de Lemas, el sistema electoral que según parece será empleado es tan complicado y tan confuso que no hay ninguna seguridad de que el resultado de los comicios complazca a más que los partidarios del eventual triunfador.

Puede comprenderse, pues, la sensación de inquietud que se ha apropiado de tantos a raíz de la reacción superficialmente contundente pero en verdad muy lenta de los peronistas ante el colapso ignominioso del gobierno de Fernando de la Rúa, colapso que ellos mismos habían ayudado a provocar negándole su colaboración. Aunque resulte que Rodríguez Saá tenga todas las cualidades necesarias para ser un líder auténtico que tanto le faltaban a De la Rúa y nadie duda de que el peronismo, gracias menos a sus méritos propios que a las gravísimas deficiencias ajenas, constituye hoy por hoy el movimiento político más poderoso, ya queda claro que tendrá que transcurrir mucho tiempo antes de que por fin se conforme un polo de poder que sea capaz de brindarle a un país en caída libre la clase de gobierno que precisará para tocar fondo y entonces levantarse de nuevo.

Es una regla fundamental de la política que a un gobierno que asuma en medio de una emergencia siempre le conviene tomar las decisiones más antipáticas el primer día de su gestión. Caso contrario, no tardará en convertirse en dueño exclusivo de la crisis que le permitió surgir.

Es lo que le sucedió al gobierno de la Alianza y tal como están las cosas el país podría llegar a marzo plenamente convencido de que el desastre, que para entonces será aún peor, es obra de "los peronistas", de suerte que el sucesor de Rodríguez Saá, siempre y cuando se trate de un compañero, comenzaría su gestión con su autoridad ya minada, mientras que de triunfar un candidato de otro origen debido al desencanto ante los esfuerzos del gobierno interino, sus posibilidades de éxito serían nulas.

¿Está preparado el puntano para gobernar al país con el vigor, inventiva y resolución necesarios para que en el lapso breve que le ha sido otorgado se echen las bases de una recuperación sostenible? Si bien es factible que Rodríguez Saá nos tenga guardadas algunas sorpresas, sus declaraciones iniciales hacen prever que se limitará a "administrar la crisis", defendiendo la convertibilidad, acaso formalizando el "default" que en efecto ya se ha concretado y flexibilizando las restricciones al retiro de dinero de los bancos. Es decir, haría lo que bien pudiera haber hecho De la Rúa si hubiera sobrevivido a los estallidos de ira callejeros y embestidas políticas que demolieron su mandato y lo haría por la misma razón: en la Argentina actual, lo que podría resultar económicamente viable se ha desvinculado por completo de lo que se considera políticamente viable y al país no le es dado dotarse ni de un gobierno ni de un movimiento político con la capacidad para reconciliarlos.

Lo mismo que la Alianza dos años antes, el PJ se ha concentrado tanto en debilitar a sus adversarios con miras a desplazarlos del poder, que no se ha preocupado por elaborar un programa de gobierno realista para poner en marcha en cuanto alcanzara su objetivo. Y, lo mismo que sus equivalentes aliancistas, distintos voceros peronistas ya están informándonos de su asombro por la condición sumamente precaria de la economía nacional.

Tales afirmaciones podrían resultarles útiles, pero lo único asombroso es que antes de asumir la responsabilidad de manejar la economía dirigentes supuestamente cumplidores ni siquiera se dieron el trabajo de pensar en serio sobre lo que les sería aconsejable hacer, es de suponer por entender que en la Argentina actual el realismo, por diluido que estuviera, es un veneno prohibido a todos los políticos exceptuando a los dispuestos a suicidarse.

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¿Una provocación?

Alberto Zuppi ministro de Justicia

Abogado especializado en cuestiones de derechos humanos. Su relación con Adolfo Rodríguez Saá es indirecta, pues fue asesor en el Senado de Alberto Rodríguez Saá, hermano del futuro mandatario.

También actuó como abogado de Italia en el pedido de extradición del jerarca nazi Eric Priebke y como patrocinante de Alemania en el proceso de extradición del ex general Guillermo Suárez Mason. En estos casos bregó en favor de la extradición de los ex represores, posición diametralmente opuesta a la que siempre sostuvo el gobierno nacional, defensor del principio de territorialidad (La Nación)

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Clarín - 23 de diciembre del 2001

La posición de los lideres piqueteros:

"Los políticos usaron pandillas en las villas"

Así lo afirmaron el concejal del Polo Social de La Matanza, Luis D'Elía, y el dirigente de la Corriente Clasista y Combativa, Juan Carlos Alderete.

Dicen que se produce "delirio de saqueo" en el conurbano: "Banditas de narcos armaron los saqueos"

-Luis D'Elía, ¿los saqueos a los supermercados fueron espontáneos u organizados?

-Hubo un mix de cosas porque hay una situación humana que no se puede ignorar: en la Argentina viven 14 millones de pobres. Sin embargo, hubo una acción clara de los servicios de inteligencia y un dejar hacer de altos funcionarios de la gobernación bonaerense.

-¿Ustedes no fueron responsables en parte de los saqueos?

-No, por el contrario. Soy testigo de que después de la caída de De la Rúa, el jueves a la noche, aparecieron coches particulares recorriendo las barriadas de La Matanza y sus ocupantes alertaban sobre la inminencia de la llegada de una ola de saqueos a casas particulares. Fue una clara maniobra para sembrar el terror.

-¿Cuando habla de altos funcionarios bonaerenses que dejaron hacer, a quién se refiere?

-El ministro Juan José Álvarez tuvo responsabilidad, pero fue el último de una cadena. Había sectores peronistas que querían el estallido social para imponer el estado de sitio y poder avanzar en el ajuste en la provincia de Buenos Aires.

-Juan Carlos Alderete, ¿usted cree también que los saqueos fueron organizados?

-Hubo una parte de la política que usó pandillas para hacer acción psicológica, pero aprovechando la crisis social. Se montó un operativo. El miércoles quisimos marchar sobre la Plaza de Mayo para pedir la renuncia de De la Rúa pero nos balearon al salir de la ruta 3, kilómetro 7. Nos tiraron con balas de plomo porque acá hubo intereses políticos por detrás.

-¿Le consta que se hicieron operaciones de acción psicológica?

-Cerca del mediodía del jueves ingresó en el barrio María Elena, donde vivo, una caravana de tres autos: un Renault 19 chapa UBA 015, una camioneta Ford y un Peugeot 504. Bajaron hombres de pelo corto y anunciaron a punta de pistola que venía gente a robar. Decían que eran de Fuerte Apache. Pero mis vecinos estaban alertados y empezaron a hacer tiros al aire por lo que los instigadores se fueron.

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