/////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
" PRENSA INDEPENDIENTE"
- República Argentina -
"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma
Representativa, Republicana Federal..."
"Síntesis EXTRA 16 de octubre del 2004"
Año 5to. - Número 571
Publicado por mailing - 25.000 lectores suscriptores primarios a la fecha
Ver este número y todos los archivos desde enero del 2000 en nuestro sitio :
http://members.fortunecity.com/prensaindependiente/
Mails a:
prensa_independiente2003@...Mails para desuscribirse: ver al final de esta Síntesis
///////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
Todo lector que monte su propia cadena y nos retransmita,
contribuye a esta cruzada contra la desinformación ciudadana y
las deformaciones históricas dialécticamente inventadas ;
igualmente respecto a enviarnos notas o cartas para publicar.
/////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
En esta edición Extra brindamos la primera parte
de un valioso artículo del Contraalmirante (RE) Oscar J. Calandra
recientemente publicado en el ´Boletín del Centro Naval´
Por su extensión lo hemos dividido en dos envíos
==========================================================
Presentación de la Segunda Edición del libro:
"La Otra Parte de la Verdad" de Nicolás MárquezLos diputados Guillermo Cantini y Ricardo O. Busacca invitan a la presentación de la segunda edición del exitoso libro, en la que disertará como invitado especial el Sr. Bernardo Neustadt.
Sera el 20 de octubre a las 1830 horas en el Club Español, calle Bernardo de Irigoyen 172, ciudad de Buenos Aires. Recepción de invitados a 1800 horas.
==========================================================
Del Boletín del Centro Naval
Número 808 - Mayo / agosto de 2004
"UNA MALVERSACIÓN HISTÓRICA (1959-1983)"
por el Contraalmirante (RE) Oscar J. Calandra *
"Es hora de poner un elemento
de sinceridad en un tema oscurecido
por tanta mentira e hipocresía."
Félix Luna
La sociedad argentina asiste a la instalación de una irritante paradoja: uno de los dos grandes combatientes de los años setenta, los Montoneros, que pareció entonces derrotado, ocupa hoy posiciones en ámbitos gubernamentales y legislativos, tanto nacional como provinciales y municipales, y otro de ellos, las Fuerzas Armadas y de Seguridad, que pareció haber vencido, aparece hoy espiritualmente disminuido y en franca defensiva.
A través de una "estrategia sin tiempo", es decir de objetivos no relacionados con el tiempo sino permanentes y que están por encima de cualquier circunstancia del conflicto planteado, sectores ideológicos residuales de las antiguas organizaciones terroristas, a los que todavía mueve su nostalgia y espíritu de revancha, poyados por intemperantes organizaciones próximas que se muestran como "únicas tutelares de los derechos humanos", continúan aquella guerra por todos los medios posibles. Su fin es transformar su derrota militar en éxito político, sin renunciar a su objetivo de otrora - adueñarse del poder total del Estado - sólo que cambiando la estrategia.
Es así que comenzaron a principios de los años 80 una tenaz e ininterrumpida campaña de desprestigio y destrucción de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, causantes de su fracaso en aquella aventura , así como de deformación y ocultación de parte de lo acontecido en esos años, haciéndolas únicas responsables de una cruenta e indiscriminada agresión que ellos habían iniciado y cuyas acciones más virulentas y sangrientas fueron, contradictoriamente, realizadas en períodos de gobiernos constitucionales, legalmente elegidos por la población.
En un proceso progresivo y constante, silencioso al inicio y estrepitoso en los últimos años, pero siempre impulsado por el odio, el rencor y la venganza, esas organizaciones han utilizado con pertinaz intensidad medios de prensa afines, particularmente orientados hacia las generaciones más jóvenes, para lograr que hechos de enorme importancia desaparezcan de la historia, no de la memoria colectiva pero sí de la memoria pública. El resultado ha sido una malversación de nuestra historia reciente que no sólo echa un manto de olvido sobre parte de una época en la que los terroristas instalaron una violencia nunca vista en nuestro país, sino que ha logrado, hasta ahora, silenciar las voces de condena a sus aberrantes crímenes.
Que lo consigan finalmente o no, depende de los esfuerzos que la sociedad sana haga para sincerar la historia completa transcurrida desde el primer atentado terrorista, el 12 de marzo de 1960, durante la presidencia del Dr. Frondizi, que terminó con la vida de la niña Guillermina Cabrera, de 3 años, dejando herido a un hermano de 6, hijos del teniente coronel Cabrera Rojo. No podemos, no debemos permitir que esos sectores se hagan de la propiedad intelectual y moral de la historia reciente.
La historia de una Nación sólo se puede construir sobre la verdad total y no sobre una parte de ella. La parcialización de la realidad es siempre destructora e impide elaborar, en más de un aspecto, el panorama de una visión valedera y estable de esa historia.
Pero... ¿cómo ocurrió esta malversación que hoy afecta la memoria de los argentinos?
LAS TÉCNICAS DE DESINFORMACIÓN
Muchas veces hemos escuchado o leído el término desinformación sin que nos quede una idea concreta de su significado y alcance, pero una definición específica a la que podemos recurrir sería... "un procedimiento que consiste en comunicar un mensaje falso o incompleto, con la finalidad de inducir a error en la opinión pública o en la adopción de resoluciones".
Generalmente utilizadas por motivos políticos o ideológicos, las campañas de desinformación, cuyo origen es tan antiguo que puede ya encontrarse en ´El arte de la Guerra de Tsun Zu´, conducen a una distorsión de la realidad en cualquier ámbito en que se la aplique. La desinformación emplea un sinnúmero de variadas técnicas de distinta naturaleza, tanto abiertas como encubiertas, dirigidas a diversos públicos pero todas apuntadas a lograr el mismo objetivo. Lo hace tanto mediante la diseminación de rumores, de falsas informaciones o de escamoteo de parte de ellas, como de la generación de confabulaciones e intrigas políticas, y de operaciones sobre los medios de comunicación social y sectores de opinión pública incluidos en planes de acción psicológica.
Reflexionando Julián Marías sobre la mentira como herramienta de la desinformación en la guerra civil española, decía: "No se mide el inmenso poder destructor de la mentira, obre la que nada se puede edificar, mientras que la verdad es coherente, consistente, la tierra firme sobre la que se puede caminar, por dura y lamentable que sea. No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar [...]. Son incapaces de enterarse los que no quieren enterarse, y así se arrastran las falsedades, con la consecuencia de que se transmiten a generaciones más jóvenes, que no han vivido los sucesos, los dichos y los hechos, y están inermes frente a la falsificación. Los que vivieron otros tiempos pueden intentar engañar a los demás y hasta a sí mismos, pero saben que lo están haciendo. Los que han venido después reciben versiones fraudulentas del tiempo pasado, todavía reciente, y quedan afectados por ello" (1). Parece escrito por lo ocurrido en la Argentina.
Volvamos atrás en el tiempo. Desde antes de los años 70, quienes se convertirían en Montoneros - y otros grupos terroristas - siguieron en la Argentina una maniobra leninista: conquistar el poder mediante la violencia, dentro del marco de la Guerra Fría y utilizando la estrategia, los métodos y los procedimientos de la guerra revolucionaria concebida por el marxismo-leninismo. Y fracasaron (2).
Ahora con Antonio Gramsci
Pero volvieron desde los inicios de los 80 a buscar el poder de la mano política, ideológica y estratégica de Gramsci (3), diseñando una estrategia cultural al estilo del "Gran Hermano" de George Orwell: imponer la memoria de los años setenta en las nuevas generaciones que no los vivieron, siempre a través de una incansable campaña de desinformación, desde dentro y desde fuera del país, propalando falsedades sobre verdades parciales o incompletas en beneficio de una interpretación tendenciosa y reduccionista de ese trágico pasado que, por supuesto, impiden toda comprensión de la realidad efectiva y subrayan, constantemente, la barbarie militar pero omitiendo su propia barbarie.
Decididos a continuar la guerra perdida, por otros medios, los ex terroristas y las seudo organizaciones "de derechos humanos", que solventadas - entre otras formas - con importantes recursos financieros internacionales actúan como frente de las ex agrupaciones terroristas, han empleado tácticas sistemáticas, dinámicas e integradas - secuencial o simultáneamente con otras acciones - así como procedimientos planificados, dirigidos y controlados por su nivel estratégico, para elevar a los cultores del terrorismo a la condición de héroes de una cruzada popular y denigrar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad en el ámbito de la opinión nacional e internacional.
Pretenden a la vez encubrir que, ya en los años 60 y con mayor gravedad en la primera mitad de los 70, bandas de terroristas armadas deliberadamente y autodenominadas ejércitos, desarrollaban una guerra sin motivos valederos para hacerlo. Insisten en concentrar todas las culpas sobre el sector militar y ocultan, en cambio, las gravísimas responsabilidades de los guerrilleros subversivos, así como de los políticos, periodistas y educadores que, con su acción u omisión, coadyuvaron a difundir el imperio o la pedagogía de la violencia.
Con medidas activas potenciadas por una profunda penetración e influencia en una amplia gama de medios de comunicación social, así como debates en escuelas, universidades y foros de distinto tipo, lograron modificar los canales de percepción de la situación establecidos entre la realidad y el sujeto individual o masivo que la recibe, para generar una apreciación distorsionada de la violencia por ellos iniciada y de su posterior represión. Sus blancos: las elites de gobierno , las cúpulas de conducción sectorial y otras estructuras de gerenciamiento con importante capacidad de decisión o influencia, como también todos los públicos, tanto nacionales como extranjeros, que pudieran alinear para que adoptaran conductas y acciones favorables a los propios planes e intereses.
La desinformación recurre siempre a términos, frases o mitos de alto contenido emocional, repetidos con persistente obstinación, para impactar y establecerse en la mente y el ánimo del público a quien va dirigida. El caso que nos ocupa no fue una excepción: se volcaron todos los esfuerzos en desprestigiar, debilitar moralmente y desarticular a las instituciones que pudieran ser polos de resistencia, como las Fuerzas Armadas, las de Seguridad y los sistemas y normas de convivencia legales y republicanos, y desviar la atención pública para tratar de obtener condenas bajo una visión hemipléjica cuya pertinaz reiteración dificulte examinar razones, contenido e información verdadera. En verdad no es ése un reclamo de la sociedad en su conjunto, sino de estos minúsculos pero obstinados sectores.
El "plantado" de mitos
Es así que, mediante ruidosos anuncios con los que tratan de narcotizar día a día a la gente, han tratado de imponer la idea de que las acciones de las organizaciones terroristas constituyeron delitos comunes y que el Estado las combatió con procedimientos ilegales. Para ello acuñaron y "plantaron" vocablos-concepto - verdaderas ficciones - como "genocidio", "jóvenes idealistas", "represores", "30.000 desaparecidos", "lo ocurrido en el país, en esos años, no fue una guerra", entre otras, así como bregaron por idealizar la imagen del "Che" Guevara y los postulados de Fidel Castro como "reivindicadores de las masas oprimidas". Hacía falta referenciar un mito convocante y lo lograron.
Estos sectores ideologizados e intolerantes, que con sus recurrentes manifestaciones públicas exacerban los ánimos y procuran mantener encendida la llama del odio y la violencia entre los argentinos, desarrollaron también - y desarrollan - verdaderas "operaciones de influencia" mediante agentes que utilizaron y utilizan su posición, contactos, poder y credibilidad, para promover los objetivos impuestos por su conducción estratégica de manera no atribuible a la misma. Estas operaciones han sido realizadas tanto por agentes bajo control ("orgánicos"), personas de confianza que colaboran conscientemente pero no son reclutadas ni formalmente controladas como también colaboradores involuntarios que no toman conciencia del significado de su actividad y son manipulados.
Han logrado, por otra parte, a caballo de la desinformación, instalar el problema de la "represión" en un campo de solución jurídica y no política, del cual parece haber sido sacado olvidando que la guerra es una circunstancia política con objetivos políticos y sin atender a lo expresado por la Cámara Federal en la sentencia a los Comandantes (Causa 13) que dice: "... Como se desprende de lo hasta aquí expresado, debemos admitir que en nuestro país sí hubo una guerra interna, iniciada por las organizaciones terroristas contra las instituciones de su propio Estado...".
Subyace también en su prédica el firme objetivo de imponer como memoria oficial el discurso y la ideología de la izquierda peronista de los años 70, la misma que Perón echó de la Plaza de Mayo el 1º de mayo de 1974 calificando a sus integrantes de "imberbes, mercenarios, agentes del caos e inadaptados" (la Juventud Peronista y la Tendencia Revolucionaria ).
Como complemento de estas reflexiones no podemos dejar de recordar una ilustrativa frase del ministro de Propaganda alemán en la II Guerra Mundial, Joseph P. Goebbels: "Miente, miente, miente, que siempre algo quedará".
La cara oculta de esta historia
Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), hemiplejia es la "parálisis de todo un lado del cuerpo"; de allí que podamos calificar así a la historia que pretenden "contar" los que perdieron esa guerra, porque busca ocultar una parte del cuerpo histórico reciente de la Nación. Grupos coincidentes en intereses ideológicos, sectarios y políticos, bien definidos y generalmente sumados, buscan silenciar o presentar en forma arbitraria hechos del pasado cercano, para alcanzar y establecer una visión parcial e incompleta de aquellas circunstancias por parte de la sociedad que les permita, a la vez que condenar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, glorificar la acción de los subversivos y exaltar al terrorismo como una gloriosa gesta, de una heroicidad revolucionaria digna de ser enaltecida. Una falacia.
Aquí debemos recordar que para subsanar esta hemiplejia histórico-política, el gobierno del Dr. Alfonsín, por medio de su ministro del Interior Dr. Tróccoli, prometió publicar "la otra parte de la verdad", la parte de la historia maliciosamente velada y no cubierta por el "Nunca Más". Esa promesa nunca fue cumplida.
Y vayamos ahora a la cara oculta de esta historia a través de los principales mitos que las organizaciones quieren instituir.
"Lo ocurrido en el país, en esos años, no fue una guerra"
Merced a una exitosa campaña de desinformación, todo parecería haber comenzado el 24 de marzo de 1976. Y limitar caprichosamente el retroceso a esa fecha resulta, por lo menos, una discriminación y una estafa históricas. Pero esto permite a esos grupos concentrar el objetivo de sus acciones contra "la dictadura militar" excluyendo las que ellos mismos realizaran contra gobiernos constitucionales.
Esto pudo lograrse gracias a la particular idiosincrasia de ciertos sectores de nuestra sociedad, cuya volubilidad los hacía fácilmente influenciables, que apoyaron, aplaudieron y ensalzaron a las FFAA por haber librado del flagelo terrorista a una sociedad paralizada por el miedo, pero una vez sorteado el peligro se volvieron contra ellas.
Dice Juan José Sebrelli en su libro ´Crítica de las ideas políticas argentinas´: "Ernesto Sábato, quien había formulado declaraciones despectivas a la democracia en ocasión del golpe de Onganía, no se privó del elogio a Videla en la revista alemana Geo (1977). Fue un entusiasta propagandista de la operación política del Mundial 78 y de la guerra de Malvinas y aconsejaba a los exiliados que no contribuyeran a la campaña antiargentina. La enorme predisposición al olvido de la sociedad civil y la hipocresía de la dirigencia política permitieron que en 1984 Sábato se travistiera en héroe cívico y presidiera la CONADEP".
Otros argentinos adhirieron también, con diferencias de grados y matices, al régimen militar de 1976 y no tuvieron luego el valor de reconocerlo, olvidando que fue el factor militar el que impidió instalar en la Argentina un gobierno marxista-leninista.
Tampoco se libran de esta actitud numerosos políticos cuyas declaraciones, formuladas entre 1974 y 1976 para que las FFAA se hicieran cargo de la lucha contra la insurgencia, pueden extraerse de los Diarios de Sesiones de esa época; después "las olvidaron". Y pareciera que este "virus amnésico" también afectó a muchos periodistas que, después del 83, sintieron una repentina afinidad progresista con las organizaciones subversivas y sus seguidores, a quienes les brindaron generosos espacios mediáticos, ocultando sus hechos delictivos y, sobre todo en los últimos tiempos, utilizando una prédica que contribuyó a enardecer los espíritus, a reavivar enconos y a frustrar el avance hacia la reconciliación. En esto influyó un lamentable interés crematístico.
Realicemos un simple ejercicio de imaginación sobre el tipo de país que tendríamos si, hipotéticamente y por estricta falencia militar, se hubiera dado el triunfo del terrorismo subversivo: ¿acaso el de Fidel Castro, el de Allende, el que acompañó a Cámpora en su asunción, o el que puede esperar Colombia si defeccionaran sus FFAA? Hubiéramos entonces hecho realidad aquel poema de Echeverría escrito durante su exilio en Montevideo: "Lloremos hermanos,/ la patria no existe/ de Mayo el gran día/ sólo solemniza su acerba agonía/ sólo rememora su muerte fatal".
El inicio de las acciones subversivas
Los que hemos sido testigos de ese tiempo, conocemos la verdad de lo ocurrido: las acciones terroristas comenzaron, como señalamos, el 12 de marzo de 1960, durante la presidencia del Dr. Arturo Frondizi y que, como lo indicó la Cámara en la Causa 13, "... a partir de 1970 se agudizó en forma gravísima...", continuando en duro enfrentamiento con las FFAA durante los dos o tres primeros años del gobierno militar.
En realidad, la primera guerrilla se inició en la Argentina en 1959, pergeñada desde Cuba por John William Cooke, con un heterogéneo conglomerado de jóvenes que se decían justicialistas. Con el nombre de Uturuncos se instalaron al pie del cerro Cochuna, a menos de 100 kilómetros de la capital tucumana, pero en poco tiempo una drástica represión policial y de la Gendarmería desarticuló a la banda y detuvo a casi todos sus miembros.
Luego, en 1961, comenzó a operar en Santiago del Estero el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), primera banda organizada por Mario Roberto Santucho, futuro jefe del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
En 1963 surgió en Orán, Salta, el denominado Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), también pergeñado desde Cuba, conducido por el periodista argentino Jorge Masseti y el militar cubano capitán Hermes Peña Torres: su misión consistía en crear un foco rural preparatorio para la llegada de Ernesto Guevara y respaldar la formación de campamentos revolucionarios hacia el sur. Por orden del presidente Illia, su canciller Zavala Ortiz denunció en el Congreso los planes cubanos y la presencia en Cuba de centenares de jóvenes argentinos que habían viajado secretamente para recibir instrucción militar y afianzar su ideología. Enfrentado el EGP por la Gendarmería, quedó liquidado a comienzos de 1964, con la mayoría de sus integrantes presos.
En 1967, había ya en América latina alrededor de una docena de países donde la guerrilla operaba y parecía cerca del triunfo, lo que entusiasmó a muchos que, engañados, creyeron que en la Argentina sería fácil apoderarse del gobierno por las armas y establecer una patria socialista, sumándola al movimiento subversivo internacional con el que la ex Unión Soviética buscaba imponer su proyecto marxista-leninista, ante la superioridad tecnológica y nuclear de Occidente.
Bandas para todos los gustos
En consecuencia, hacia 1970, siete grupos armados claramente estructurados actuaban en la Argentina: Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), peronistas-marxistas; Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) , marxistas-leninistas; Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), trotskistas-guevaristas; Guerrilla para el Ejército de Liberación (GEL), chinoístas-nacionalistas, y tres caracterizados como peronistas de izquierda: Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), Descamisados y Montoneros. Cuatro de ellas confluirían unívocamente en Montoneros: FAR , FAP, Descamisados y Montoneros, conformando en 1971 las Organizaciones Armadas Peronistas (OAP) que luego desembocaría en la "organización político-militar Montoneros".
Otros movimientos menores activos eran: el Movimiento Revolucionario Argentino (MRA), el Movimiento Revolucionario de Pueblo (MRP), el Ejército Revolucionario Nacional (ERN), la Guerrilla del Ejército Libertador (GEL), el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), el Comando de Acción Revolucionaria Popular (CARP) y las maoístas Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).
Con las Actas tupamaras y el Minimanual del guerrillero urbano (del brasileño Carlos Marighela), esos movimientos guerrilleros crecieron soñando con la revolución. Pese a las diferencias, las bandas sólo competían entre sí por mostrarse con mayor capacidad de violencia. En los hechos actuaron aisladas y a veces expresamente coordinadas pero con el mismo objetivo común: la toma del poder mediante la lucha armada.
La Conferencia Tricontinental y la OLAS
Un hito importante en la política de subversión en América Latina, que no debemos desconocer, fue la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana el 3/01/1966, cuyo objetivo era unir al Tercer Mundo en contra de Occidente y sus posesiones en todo el planeta. Esta conferencia no sólo llevó a la creación de la Organización Latino Americana de Solidaridad (OLAS) en 1967, sino que resolvió que las actividades políticas deberían tener un estrecho correlato con actividades militares, uno de cuyos primeros ejemplos sería la actividad guerrillera de Ernesto Guevara en Bolivia.
Concurrió a la reunión inicial de la OLAS (31/07/67) una nutrida delegación argentina, en la que se destacaban John W. Cooke, representante de distintos movimientos subversivos que cobrarían luego notoriedad como terroristas (Norma Arrostito, Roberto Quieto, Fernando Abal Medina - ejecutor del TGral. Aramburu -, entre otros), y el hoy conocido periodista "Pepe" Eliaschev.
La OLAS produjo varios documentos, pero el comienzo de su "Declaración General", cuya parte resolutiva es de 20 puntos, lo dice todo: "El primer objetivo de la revolución popular en el continente es la toma del poder mediante la destrucción del aparato burocrático militar del Estado y su reemplazo por el pueblo armado para cambiar el régimen social y económico existente; dicho objetivo sólo es alcanzable a través de la lucha armada". Después de esta declaración, las acciones revolucionarias en el continente se aceleraron notablemente, no sólo en el campo militar, sino también mediante acciones especiales de penetración en los medios culturales y periodísticos.
El intento de tomar el poder por la fuerza, empleando la violencia armada, fracasó en la Argentina estrepitosamente por dos factores: porque jamás los terroristas lograron moverse entre el pueblo "como pez en el agua", que era un requisito exigido por Mao en su manual de guerra de guerrillas, y porque las Fuerzas Armadas, secundadas por las Fuerzas de Seguridad y Policiales, los derrotaron ampliamente en su propio terreno.
La guerra revolucionaria
Que lo ocurrido en nuestro país no fue una guerra se contrapone con la poco conocida y menos difundida (interesadamente) calificación y reconocimiento del hecho que realizaron los miembros de la Cámara Federal que condenó a los comandantes. Dijo en su sentencia,
en diciembre de 1985:
§
Que "... En consideración a los múltiples antecedentes acopiados en este proceso y a las características que asumió el terrorismo en la República Argentina, cabe concluir que, dentro de los criterios de clasificación expuestos, el fenómeno se correspondió con el concepto de ‘guerra revolucionaria’".§
Que "... algunos de los hechos de esa guerra habrían justificado la aplicación de la pena de muerte contemplada en el Código de Justicia Militar ...".§
Que "... No hay entonces delincuentes políticos, sino enemigos de guerra, pues ambas partes son bélicamente iguales".§
Que "... Como se desprende de lo hasta aquí expresado, debemos admitir que en nuestro país sí hubo una guerra interna, iniciada por las organizaciones terroristas contra las instituciones de su propio Estado".Los jóvenes que desfilan y gritan bajo los mitos y símbolos implantados por esos grupos ideologizados, sin haber vivido los hechos a que nos referimos y que lo ignoran todo, deberían leer ese documento íntegramente para conocer aspectos que no han tenido toda la difusión que merecían. Aquella falsedad se encuentra hasta en las antípodas del informe ´Nunca más´, publicado en 1984, cuyo prólogo comienza así: "Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda...".
Nada mejor para contribuir a entender la situación de aquel momento que lo expuesto por el ERP en su órgano ´El Combatiente´ en junio de 1974, durante el gobierno constitucional de Perón: "Siguiendo el exitoso ejemplo del pueblo y el ejército de liberación de Vietnam, ya se activan nuestras unidades rurales, transitando el concurso de la guerra revolucionaria hacia la patria socialista. La nueva etapa [...] indica como tarea más importante en el terreno militar la generalización de la guerra a todo el ámbito del país".
Esa "guerra revolucionaria", planteada por las organizaciones terroristas y así reivindicada por sus principales figuras como Firmenich, Santucho y Vaca Narvaja, entre otros, nunca respetó la Convención de Ginebra: en su forma urbana alteró varios factores que, como el terreno, desaparecieron y fueron reemplazados por la población, que es lo que les permitió a los terroristas enmascararse con el común de la gente, eliminando el factor distancia y dando un gran valor a la información. Integraban, por otra parte, una red internacional en la que el ERP, en 1974, pasó a dirigir la llamada Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) que lo congregaba, junto con Montoneros, a los Tupamaros uruguayos, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano y el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) chileno. Se establecieron además importantes bases de operaciones en Francia, Portugal, Italia, España, Suiza, Paraguay y Venezuela, a fin de desprestigiar internacionalmente a la Argentina, contando para ello en esos países con el apoyo de las izquierdas social-demócratas.
En octubre de 1976, el Consejo Nacional de Montoneros decidió que sus oficiales superiores y mayores abandonen el país. Esperando la caída del gobierno militar, la guerrilla debería mantener el acoso, a costa de sangre, como trampolín para volver luego y reconstruir lo perdido en una nueva expansión, equivalente pero en un plano superior a la del 72/73. Creían que si se salvaban unos 100 montoneros en el exterior y sobrevivían otros tantos en el país, bastaría para retomar su objetivo una vez liquidado el régimen militar. No pudo ser: en el primer trimestre de 1977, las FFAA terminaron de desarticular a los Montoneros como proyecto alternativo de poder.
"Jóvenes idealistas que bregaban por un mundo mejor"
Otro mito con el cual los terroristas se han autodefinido para la opinión pública. Nada más alejado de la realidad. "La idea de que los subversivos no eran criminales sino muchachos idealistas , especie de garibaldinos que luchaban por un mundo mejor, es la trampa con que pretenden cazar ingenuos ", decía el Dr. René Balestra (4). Eran simplemente terroristas, con el penoso privilegio de haber inaugurado ese tipo de crimen en la Argentina.
Sus principales mentores ideológicos, que pregonaron la dialéctica de las ametralladoras, no vacilaron en utilizar en sus operaciones a jóvenes adolescentes, como aquella niña de 16 años que murió despedazada por una bomba que ella misma estaba intentando colocar en una comisaría (5). ¿Cuál era la personalidad de aquellos que la programaron para esa inmolación y que desaprensivamente preparaban a esos jóvenes material, mental y anímicamente para matar y morir y los condujeron a la muerte? No precisamente la de jóvenes idealistas, ya que menospreciaron con sus prédicas y sus actos el valor de esas vidas.
El terrorismo es un método por el cual ciertos grupos fundamentalistas y fanáticos, cuyo poder es insuficiente para enfrentar a las fuerzas regulares del Estado, pretenden imponer sus ideas autoritarias utilizando una violencia delictiva e indiscriminada que destruye la convivencia pacífica, la libertad y los más elementales derechos humanos. De carácter preferentemente urbano, trata de domesticar a las sociedades por el terror, utilizando a los ciudadanos como rehenes para pretender los cambios que desea. Su lucha no es frontal sino selectiva y dirigida a objetivos que puedan mermar la legitimidad del Estado por la vía de la respuesta desproporcionada.
"El terrorismo no propone; dispone. Sabe que el diálogo es la senda que lo lleva a su perdición. De modo que no dialoga, monologa. Se hace oír matando. Condenando la diversidad de pareceres al exterminio. Su fortaleza la refrendan los muertos que siembra. Cuanto más mata, más real se siente [...] En la mira de su pistola están todos los que con él no coinciden. Sobre ellos concentra su fuego [...] Le urge la santificación del crimen, que al perder así todo relieve moral se convierte en mero operativo. En trámite. En procedimiento", afirmaba Santiago Kovadloff (6).
Los ejércitos subversivos
El terrorismo no es espontáneo. Es un procedimiento orgánico y predeterminado, destinado a instalar un clima intenso e incomprensible de temor. Los mismos grupos terroristas se autodenominaban "ejércitos". Así lo precisó el V Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) al fundar en 1970 el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). También lo hizo Montoneros en su parte de guerra 1/08/78 con el cual dio cuenta del atentado con bomba que mató a Paula Lambruschini y a 2 personas más e hiriendo a 10 vecinos y cuando copó el Regimiento 29 de Infantería de Monte, en la ciudad de Formosa, causando 12 muertos y 9 heridos.
Los ejércitos terroristas (ERP y Ejército Montonero) constituían una verdadera estructura militar. No eran partisanos (condición a la que no se le aplican las leyes de la guerra), ni grupos de delincuentes comunes o mafias que actuaban en provecho propio, sino organizaciones políticas y militares que querían tomar el poder por las armas; eran los brazos armados de las organizaciones terroristas que las mismas denominaron así, con la intención de desarrollarlos para enfrentar a las fuerzas regulares de la República. Muchos de sus cuadros fueron entrenados en escuelas para terroristas de Cuba, Nicaragua, Palestina, Vietnam, la ex Unión Soviética y otros países comunistas.
Poseían uniformes distintivos (en los ámbitos urbanos, en general, no usaban uniformes para poder confundirse con la población), mando dependiente del órgano político, grados, bandera (que no era la nacional), códigos de justicia militar, reglamentos de instrucción militar, servicios de inteligencia de muy alta profesionalidad, una desarrollada logística (servicio de sanidad, fábrica de armas, explosivos y equipos de comunicaciones y de interceptación de radio y TV, depósitos de alimentos, armas de gran poder de fuego y municiones, imprentas, cárceles clandestinas), servicios de finanzas, de prensa, de propaganda y de relaciones internacionales.
Lograron tener en el país, a mediados de los años 70, cerca de 5.000 combatientes (organizados, armados, equipados e instruidos) y 20.000 militantes "periféricos". Estos últimos, llamados "jetones" por los Montoneros, eran los que ponían la cara públicamente en nombre de la organización y al decir del ex montonero Gasparini, uno de sus integrantes, "poquísimos tenían autoprotección [...] se los dejó a merced de sus propios medios [...] eran profilácticos" (7).
Respecto de la capacidad de esos ejércitos, la Cámara Penal afirmó en su sentencia: "... También está fuera de toda discusión que a partir de 1970 el terrorismo se agudizó en forma gravísima, lo que se manifestó a través de los métodos empleados por los insurgentes, por su cantidad, por su estructura militar, por su capacidad ofensiva, por su poder de fuego y por los recursos económicos con que contaban" .
Nota:
* la segunda y última parte se publicará a la brevedad en este medio.
* la nota completa en soporte .hmtl está ya disponible en el ¨Foro de la verdad histórica¨,
en la dirección web: http://members.fortunecity.com/foroverdad/calandra.htm
********************************************************************
>>> Para nuevas suscripciones sin cargo al mailing de ´Síntesis de Prensa´:
Dirigir un mail con Asunto: 'SUSCRIBIR' a la dirección:
prensa_independiente2003@...
o, mejor alternativa:
- Dirigir un mail con texto en blanco, para suscripción automática, dirigido a la dirección yahoogroups:
prensa_independiente-subscribe@...
>>> Para retiro del mailing:
-
desde la misma dirección en que recibieron dirigir un mail con texto en blanco, para desuscripción automática, dirigido a la direcciónprensa_independiente-unsubscribe@...
********************************************************************
Correo Yahoo! - 6 MB, tecnología antispam ¡gratis!
Suscribite ya http://correo.yahoo.com.ar/