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"PRENSA INDEPENDIENTE"
- República Argentina -
"La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma
Representativa, Republicana Federal..."
Síntesis de prensa - ´Edición extra´
16 de enero del 2007
Año 8vo. - Número 752
Publicado por mailing - más de 40.000 lectores suscriptores primarios a la fecha
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"Un acto de justicia permite cerrar un capítulo,
un acto de venganza escribe un capítulo nuevo".
Marilyn Savant
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Índice
1 – Publicado en ´Gualeguay al Día´: “Todos estamos llamados a la paz - ¿cómo lograrla?”, por el Dr. José María Sacheri.
2 – De ´Ambito Financiero´:“El desprecio al uniforme”, por Roberto
García.
3 – De La Nueva Provincia: "Elemental, Mr. Watson", por Armando Ribas.
4 – Tan breve como contundente - Publicado en ´La Historia Paralela´: “La familia Falcón”, por Raquel Eugenia Consigli y Horacio Martínez Paz.
5 – Del Blog de José Benegas: “Hedor”.
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1 – Publicado en ´Gualeguay al Día´ - 14 de enero de 2007
“Todos estamos llamados a la paz - ¿ cómo lograrla ?”
por el Dr. José María Sacheri, para ´Gualeguay al Día´
Nadie puede discutir que la Paz sea algo importantísimo,
para la Argentina en particular, y para el mundo en general. Nadie puede discutirlo con palabras, pero hay gente que lo discute con hechos. Como la ETA en España, que acaba de demostrar su vocación por la violencia, el odio y el resentimiento.
La Paz es un objetivo permanente y demasiado importante, como para que lo puedan manejar los que ignoran cuestiones elementales de la Filosofía Política y la Historia , por ello debemos ser cuidadosos en su análisis y propuesta de soluciones.
La Paz no pueden manejarla los que ignoran cuestiones tan graves como las consecuencias, para toda una Nación, de algo tan tremendo como una guerra. El actual presidente de los argentinos es uno de éstos, pero no es el único; hay demasiada gente ignorante que está entreverada entre la gente de bien y debemos cuidarnos de los “lobos disfrazados de corderos".
El problema de la guerra de los años 70, es un problema político. No es un problema jurídico. Fue una guerra y así lo han reconocido los propios terroristas en miles de oportunidades, en importantísimos documentos de los terroristas, documentos
de todos los gobiernos desde 1960 -de jure y de facto- hasta el 2003, todos los diarios y revistas importantes de aquellos años. Hasta el importantísimo diario "La Opinión" que dirigía Jacobo Timermann, reconoce con una claridad que habría que releer varias veces, que aquellos hechos constituían una guerra.
Fue una guerra civil, un "conflicto armado no internacional" como lo establecen con absoluta claridad los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y los dos protocolos adicionales (I y II) aprobados en las Naciones Unidas en 1977. Nuestro país adhirió a estos tratados adicionales en el año 1988, a través de la ley 23.379. Y ese tratado internacional nos obliga a todos los argentinos,
desde el Dr. Kirchner para abajo, o mejor dicho para arriba...
Ni el gobierno, ni muchos que -voluntariamente o no, lo acompañan- entienden que una amnistía no es un pedido de Perdón, ni un "perdón" en el sentido estricto de la palabra.
Un indulto es un perdón, una amnistía no lo es.
En nuestra historia política hubo desde 1810, 24 amnistías, es decir 24 actos del poder político echando un manto de olvido sobre los delitos políticos.
Y ese manto de olvido o de piedad, mal que le pese a Kirchner, no es para los "militares genocidas", es para todos los que cometieron errores u horrores en aquella triste guerra terrorista de los años 70.
Es para los terroristas que asesinaron inocentes, terroristas como Kunkel, Bettini, Villanueva y tantísimos otros que están en el gobierno, y también para quienes combatieron el terror y en ese fragor del combate cometieron errores, aunque los Comandantes en Jefe ya hayan sido juzgados y condenados.
Que la última "amnistía" haya sido una simple liberación de asesinos por parte de sus cómplices, en el gobierno del Dr. Héctor J. Cámpora, y haya sido un fracaso, no quiere decir que la amnistía no sea un recurso atendible para
lograr la Paz.
Una amnistía significa una suerte de "olvido" político, no un olvido histórico de hechos políticos graves que, generalmente, han producido muertes, heridas y persecuciones graves. Y el instituto de la amnistía es para TODOS los que lucharon en aquella contienda, no sólo para los de un lado.
La última amnistía, no fue una amnistía, por más nombre de "ley" que le
hayan puesto aquellos congresales del 26 de mayo. No podemos considerar que eso fue una amnistía real, aun cuando haya sido denominada "Ley de amnistía".
En 1973 sólo salieron en libertad los terroristas que habían matado ciudadanos, el otro terrorismo, aquel del que se acusa a los gobiernos militares, no existía; tampoco existía el combate por cualquier medio que dispuso el Gral. Perón cuando asumió su tercera presidencia el 12 de octubre de 1973, que ahora quiere investigar el juez admirador de bellos efebos.
Las amnistías han sido utilizadas muchas veces por muchos gobiernos del mundo, y son la única solución posible para las guerras civiles o conflictos civiles graves, pues de lo contrario se traslada, al haber víctimas y victimarios, esa lucha y venganza política, a los hijos de los muertos y heridos, y a los hijos de sus hijos, y ello no ayuda a la Paz.
El Protocolo II de los convenios de Ginebra, al que adhirió el gobierno de Alfonsín, establece (art. 6, inc. 5º): " 5. A la cesación de las hostilidades, las autoridades en el poder procurarán conceder la amnistía más amplia posible a
las personas que hayan tomado parte en el conflicto armado o que se encuentren privadas de libertad, internadas o detenidas por motivos relacionados con el conflicto armado."
Esto no es un invento de las víctimas, o de alguna víctima en particular del terrorismo que sufrió nuestra Argentina; esto es un documento de las Naciones Unidas que es ley en casi todos los países civilizados del mundo.
Y Kirchner está obligado a cumplir esta ley, y no lo hace, y no sólo no lo hace sino que echa leña al fuego de la ya convulsionada sociedad argentina; por esa actitud le cabe una sentencia condenatoria penal a nuestro presidente Kirchner, por incumplir los tratados internacionales.
Nosotros, como víctimas que somos del Terrorismo, pues a nuestro padre (Profesor de Filosofía de 41 años y siete hijos) lo asesinaron terroristas en pleno gobierno democrático el 22 de diciembre de 1974, hemos ofrecido una mano abierta -solamente para lograr la Paz- por que la Paz de la Argentina está muy por encima del vuelo corto de las gallinas, que por una u otra razón, pugnan
por una supuesta "Justicia" que no llega y no parece llegar nunca.
No la ofrecimos para que liberen a los de un "bando", ni que no condenen a los terroristas, sino que la ofrecimos por un valor muy superior, que es la Paz.
El problema es un problema de orden político, y no es un problema "judicial". Si fuera un problema judicial, se aplicaría el Derecho: el derecho de la guerra para los tiempos de
guerra, y el derecho de paz para los tiempos de paz. En los tiempos de guerra esa posibilidad de aplicar el derecho de la paz, no existe en la realidad concreta de la vertiginosa situación bélica.
Entonces, si el problema es un problema judicial, que se sigan las reglas judiciales del debido proceso que establecen nuestra Constitución Nacional y las leyes concordantes.
Pero ya hemos visto los argentinos que no hay
administración, real y concreta de Justicia, hemos visto hasta el cansancio que en nuestro país, la administración de justicia está tan manoseada, que casi ha perdido su sentido. Entonces, si el problema es político, no podemos ser tan inocentes, tan crédulos, de creer cándidamente, que el problema se va a solucionar con éstos jueces. El tonto que no ve esta realidad, se convierte a la larga en un necio que no quiere verla.
El único problema acá es político y es político el amañado secuestro de Gerez y es amañadísimo el discurso en cadena nacional del presidente de los argentinos, en que nos desafía burdamente
desde el pedestal de una operación política tan mal hecha.
No podemos entonces darle credibilidad a un politiquero como Gerez, ni menos podemos contestar seriamente al discurso de un presidente que se sube lucrativamente a una operación política de tan baja estofa, mintiendo y jugando con las emociones de los argentinos de bien.
La mano abierta que ofrecimos el pasado 5 de octubre, aun a los asesinos de nuestro
padre, no es para obtener ninguna ganancia. Por el contrario, nosotros, con ese gesto hermano, ofrecíamos perder nuestra posibilidad de buscar y encontrar a terroristas asesinos, como Garzón Maceda que mató a mi padre, que vive tranquilamente como si fuese un ciudadano igual que Ud. y que yo, que nunca asesinamos a nadie.
No perdimos el derecho por ese gesto que nos honra, pero resignábamos el derecho de ejercer la vindicta pública, que es la persecución de los criminales que asesinaron a nuestros padres, hijos o hermanos.
Pero como el gobierno no sólo no aceptó el gesto de poder "perdonar" a los asesinos terroristas, sino que nos agravió a pesar de ser "víctimas", con discursos, declaraciones, solicitadas y nuevos discursos por cadena nacional, que ahora quieren olvidar rápidamente, nos vemos relevados de nuestro ofrecimiento de Paz.
Nuestro ofrecimiento de paz ha sido bienvenido y aceptado por todos los argentinos que verdaderamente valoran la Paz. Pero el rechazo gubernamental y de algunos asesinos instalados en el poder, nos obliga a iniciar el largo camino de la justicia para enjuiciar a los terroristas que masacraron a nuestros padres civiles e inocentes, y también a todos aquellos que no eran civiles, y murieron defendiéndonos a los argentinos para que vivamos con una bandera celeste y blanca, y no con un trapo rojo con la hoz y el martillo.
Pero ese camino de la "justicia" es largo y lleno de sinsabores, los abogados lo sabemos largamente, y veremos si el trabajo de llevar a los delincuentes a un tribunal podremos lograrlo; no es fácil. Para ello hacen falta muchas ganas de trabajar, mucho empeño, mucha
esperanza y tenacidad. Pero sobre todo -y eso es realmente difícil- jueces probos y políticos dispuestos a no inmiscuirse (desconsiderando gravemente los principios republicanos) en las cuestiones ajenas a la Justicia.
Una cosa es declamar la Paz y dar lindos discursos sobre ella. ¿Cómo lograr la Paz ? La paz no se logra sólo con la Justicia humana, se logra con el perdón y la grandeza.
La paz no
se logra con el mero olvido, se logra a partir de la verdadera historia, y a ello hay que sumarle gestos magnánimos para poder superar las ofensas y dolores tan grandes recibidos, y caminar -todos los argentinos juntos- hacia una Patria grande con la que soñaron nuestros abuelos. La Paz se construye poniendo el hombro para construirla despacito, ladrillo a ladrillo, paso a paso, minuto a minuto... A eso los invito.
José María Sacheri
Abogado y Profesor de Derechos Humanos
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2 – De ´Ambito Financiero´
“El desprecio al uniforme”
por Roberto García
Se ofende cualquier conciencia indiferente, hasta las argentinas.
Por dos hechos que Néstor Kirchner produjo en un mismo día y a un mismo sector: deslizó la imputación de que los militares podrían ser responsables por la desaparición de Julio López y, al mismo tiempo, hizo vetar ascensos y continuidad de oficiales superiores (unos 14
sólo en el Ejército) por la simple razón de que son hijos de ex jefes que participaron en gobiernos de facto en el pasado. Impuso, como en los tiempos bíblicos, la ley de sangre: demasiada arbitrariedad para el sueño democrático.
Desde que se desconoce el paradero del testigo López (en la causa del ex comisario Etchecolatz), hace ya tres meses, el Presidente casi nunca se refirió al tema en público (inclusive, hasta viró, primero al oponerse a que lo trataran como «desaparecido» -lo recriminó a Felipe Solá por la utilización del término- y luego él mismo asumió esa definición).
Sí habló en la última jura y ceremonia de los cadetes militares, con un cargo suplicante: «Hagan aparecer con vida a López». Sin referirse a nadie ni añadir ninguna prueba o fundamento, dejando en el aire la sospecha de que algún grupo de tareas castrense se hizo cargo de pasar a la oscuridad a López.
Como si él no fuera el jefe de esos militares. Cuando, se sabe, es del Estado la responsabilidad por la ignota suerte del testigo y, cuando menos, resulta irritante ese
traslado de culpas a una multitud de imberbes recién recibidos, incapaces de contestar, y otros adultos uniformados que han hecho del silencio debido una profesión. Como se sabe, en el sector público, se tolera cualquier humillación por aguardar un retiro remunerado. Sin entrar en el «detalle» de que a los militares les está vedado entrometerse en cuestiones de seguridad interior, sería mejor bienvenido el mismo ruego del Presidente a la Policía que él también comanda.
Aplicó un recurso ya advertido en el comienzo de su gestión, cuando en un programa de TV con Mirtha Legrand, Kirchner estiró su dedito a la cámara y le advirtió a un banquero privado (nunca dio el nombre, aunque
todos sabían a quién se dirigía) que lo estaba observando, que lo tenía en su mira, que no le iba a ser tan fácil la vida como hasta ese momento.
Poco importa si, luego, ese banquero se convirtió de sospechoso a un hombre de su cercanía, casi un hermano de leche: algo habrá hecho para merecer el cambio.
Pero el episodio, intimidante, sin reconocer fundamento, a la distancia resulta nimio frente a lo que
enunció en su encuentro con los cadetes: hay una vida en juego y, en lugar de señalar a una persona, le pasa a una institución la posible responsabilidad por el desaparecido (recordar que se hicieron distintas excavaciones en los cuarteles en busca de López). Las prácticas políticas, cuando se exceden, no disfrutan de finales felices: Raúl Alfonsín, cuando por salir de un aprieto, acusó a varios ciudadanos por una presunta «desestabilización», exageró hasta denunciarlos por trata de blancas y tráfico de estupefacientes. Un disparate que luego debió pagar el Estado.
No es lo mismo, claro. Tampoco el otro episodio que involucra a Kirchner como comandante en jefe de las Fuerzas
Armadas, quien dispuso -bajo la aparente insinuación de que son activistas por sus familiares- del pase a retiro de distintos oficiales que han cometido el pecado de portar el apellido de su padre, ominoso en apariencia por haber servido en gobiernos de facto del pasado.
Sea en tiempos de Juan Carlos Onganía o de la Junta Militar, acusados algunos por violaciones a los derechos humanos y otros sin ningún cargo de esa repudiable dimensión. Más allá del amor paternal, uno no puede achacarles a los hijos posibles fallas de sus padres, sería como interpretar al Presidente por la vida de su progenitor. O aplicar la misma lógica sobre su hijo, ahora o en el incierto futuro. Inclusive, cuando muchos de ellos han sido
reconocidos por sus aptitudes, figuraban en lugares expectantes para ascensos no como parte de una conspiración sino como epílogo de distintas calificaciones.
Entonces, parece un rasgo de grave discriminación -¿se ocuparán de esta cuestión los organismos ad hoc?- esta limpieza étnica sobre «los hijos de», más de tribu que de sociedad desarrollada, una afrenta a la carrera militar por lo menos.
Y si es desconsiderada,
caprichosa la decisión, aun para habituales indiferentes de este país, cierto bochorno inunda cuando se sabe que nadie, de los militares, ha honrado a sus compañeros, a su propia dignidad por haber sido insultado.
Ninguno, joven o adulto, renunció por aprecio a su uniforme ni a su persona, se escudan -dicen con escasa fe en no vaciar las Fuerzas Armadas para que sean ocupadas por comandantes tipo Quieto, Mendizábal, Firmenich, Arrostito, cuando la presunta ejecutora de esas determinaciones -la ministra Nilda Garré- apenas se interesa para ubicar a un amigo que conoció en Caracas, un agregado militar que la acompañó como embajadora, a quien las calificaciones ubicaron último y
ahora figurará primero.
También es hora de terminar con el marxismo indigente que se le atribuye a cierto peronismo, el que todavía se disimula en la defensa de los derechos humanos como una actitud exclusiva de la izquierda y gobierna con los principios provinciales del conservadorismo.
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3 – La Nueva Provincia – 14/01/2007
"Elemental, Mr. Watson"
por Armando Ribas
Aunque la cita "Elemental, Mr. Watson" no aparece en obra alguna de Conan Doyle y, por consiguiente, nunca Sherlock Holmes la dirigió a su ayudante, como lo afirma la mitología popular, asumámosla como legítima. En ese marco, yo me atrevería a decir que el secuestro y reaparición del señor Gerez responde al análisis más elemental de la criminología. Y que parte de la siguiente pregunta: ¿A quién puede beneficiar el crimen? O sea, ¿quién podría obtener un beneficio político en este caso del inopinado secuestro y más sorprendente reaparición en el momento preciso? Si nos referimos al comportamiento de la mafia, podría suponerse que respondía a una venganza. Pero si bien el secuestro podría explicarse en tales términos, su reaparición con vida elimina esa posibilidad.
La explicación de que su reaparición respondió al ´impacto´ del discurso del presidente no resiste el más somero análisis. De la misma manera, la explicación de que los secuestradores se asustaron ante la "eficacia" del cerco policial que se había desarrollado por las autoridades, bajo la tradicional eficiencia de la dirección del Dr. Arslanian, deja a Aristóteles inerme. Es evidente que la seguridad y/o impunidad de los secuestradores habría sido muy superior si hubieran matado a la víctima y no dejarla con vida y como testigo de cargo.
Tenemos, entonces, un testigo de cargo que supuestamente debió de conocer a sus secuestradores, pues el acto se produjo a plena luz del día. No creo que los secuestradores anduvieran por la calle con la cara cubierta, pues tan pronto se acercaran a su víctima propiciatoria, esta, en plena calle, habría intentado huir, pedir auxilio, algo que, evidentemente, no hizo. No es descartable la teoría de que los que se acercaron eran conocidos del señor Gerez. Pero lo más curioso es que el testigo de cargo no puede ni identificar a sus captores ni vio el auto en que se lo llevaron y, por supuesto, menos adónde lo llevaron. Tampoco ha intentado reconocer un identikit ni nada que pueda llevar a la captura de los captores. Ahora sí, fueron sus primeras palabras de reconocimiento que lo habían soltado gracias al discurso del presidente. Palabras mágicas o
contubernio.
Este señor tan sagaz, que reconoce, después de treinta años, la voz de su supuesto captor, parece haber perdido, con los años, esa facultad. Por supuesto, enseguida aparece la figura del "opresor" Patti, a quien el gobierno primeramente responsabiliza por el hecho.
La declaración acusatoria de este señor al señor Patti ya había tenido total efecto ante el cinismo de un Congreso tan
democrático que no sólo anula leyes con efecto retroactivo y parcial, sino que desconoce la voluntad de quienes votaron por el susodicho señor Patti. Entonces, si hubiera sido el supuesto torturador y violador de los derechos humanos quien, por venganza, hubiera secuestrado al señor Gerez, no se habría detenido y lo hubiera hecho matar y no dejarlo vivo para que tuviera una nueva oportunidad para acusarlo.
El más elemental razonamiento hubiera permitido a Patti concluir que, ante un hecho de esta naturaleza, el primer inculpado por el gobierno habría sido él, tal como fue. Entonces, pensar que Patti hubiera podido ser responsable de esta aventura delictiva de secuestro y reaparición nos llevaría a
la conclusión de que, además de todas las acusaciones a su persona como ´torturador, opresor y violador de los derechos humanos´, es un estúpido. Y no parecería tal una persona cuya actividad le ha permitido lograr los votos suficientes para alcanzar una banca en el Congreso nacional, que finalmente tendrá que ser reconocida por la Corte.
La tesis de que estos actos se realizan con el objeto de modificar la excelsa política de derechos humanos del gobierno tampoco resiste un análisis racional. ¿Cuál sería la relación de causalidad entre estos actos y la política del gobierno, cuando es a todas luces el gobierno el único beneficiario aparente de actos de esta naturaleza, dada su posición al
respecto? La otra cara de la moneda, entonces, es ¿a quién beneficia ese actuar delictivo? Nada más hay que oír las manifestaciones del gobierno para comprobar la interpretación de estos hechos, precisamente, a favor de la idoneidad de su política frente a la maldad intrínseca del pasado tenebroso de la opresión y la tortura. Y, por si fuera poco, la reaparición ha hecho olvidar la verdadera desaparición del señor López, cuyo paradero y razón de ser de su secuestro o muerte siguen siendo una incógnita que persistirá por los siglos.
No obstante la ´eficiencia del discurso presidencial´ para el retorno de Gerez, la inseguridad continúa en la calle, amparada en la impunidad
resultante de culpar a la pobreza por la delincuencia existente. El realismo de los razonamientos anteriores parece haber infiltrado el cerebro del gobierno, que ya había descartado la posibilidad de que Patti hubiera sido el autor de crimen. Pero, si no fue Patti, ¿quién? Es la responsabilidad del gobierno, entonces, encontrar a los culpables y, de no hacerlo, "elemental, Mr. Watson"...
Armando Ribas
Analista
político
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4 – Publicado en ´La Historia Paralela” - 10 de enero del 2007
“La familia Falcón”
por Raquel Eugenia Consigli y Horacio Martínez Paz
Nos llamó la atención, luego de muchos años desaparecido de la pantalla, encontrar al actor Alberto Fernández de Rosa apareciendo nuevamente en TV, pero esta vez como “vocero” y casi guardaespaldas del desaparecido-aparecido y torturado (sin una sola marca visible) albañil Gerez, en Escobar. Claro, el actor es el candidato del presidente para oponerse a la abrumadora mayoría del ex comisario Patti, que ya marcan hasta las encuestas “arregladas”, respecto a la intendencia del partido de Escobar.
Eso nos movió a hacer un poco de memoria, ya que somos -años más, años menos- de la misma generación del ex actor que nos ocupa, y pertenecemos a esa “oligarquía” que crecimos con televisor. Blanco y negro, por cierto, ya que el color en nuestras pantallas lo pudimos ver recién en plena dictadura militar.
La memoria la avivamos con otro poquito de documentación. Y confirmamos que trabajó en la exitosa serie “La Familia Falcón”, financiada por la empresa capitalista Ford. Serie dirigida por David
Stivel, siempre sobre libretos de Hugo Moser, que -curiosamente- pasaban por la censura de un coronel, que cuando ascendió a general, ocupó la Presidencia de la Nación, en otra más antigua etapa dictatorial.
En su currículum, el Sr. Fernández de Rosa se declara como perseguido por la dictadura de 1976 a 1983 y obligado al exilio. No obstante, durante ese período, filmó 15 películas en Argentina.
Raquel Eugenia Consigli y Horacio Martínez Paz
Córdoba. Argentina
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5 – Del Blog de José Benegas
“Hedor”
por José Benegas
El
caso Gerez es una lupa sobre la naturaleza del kirchnerismo y de sus agentes. Verbitsky por ejemplo, trabaja hace más de veinte años escribiendo la historia, presionando sobre la educación para que la transforme en oficial y sobre la justicia para que la convalide con teorías jurídicas "ad hoc" que se suceden unas a otras hasta que cualquier cosa se transforma en oficial.
El kirchnerismo es el beneficiario principal de este gigantesco armado, por motivos más pedestres como ya comentamos varias veces en este blog.
Esta etapa tiene que servir para ver el interés por la verdad que tienen estos individuos que en su impunidad han tratado de construir una historia con una víctima y unos victimarios también de ficción.
Esto sería un detalle si no fuera por el hecho de que este armado absurdo proviene de los gurúes de "la verdad" de la última parte de la historia Argentina. "Verdades" que impregnaron las aulas, las redacciones, la televisión, la justicia y lo que se conoce de nosotros en el exterior. Pero para no caer en la misma barranca
que "el perro" Verbitsky, esto no quiere decir que todo lo que dice o haya dicho sea falso.
Sólo digo que es una falsa deidad, que su preocupación es servir a la causa de los de su facción, que encima una vez ensangrentaron el país y luego volvieron para destruirlo moralmente, que sus pedestales deben ser derrumbados de una vez para siempre para que el país se cure de él y de sus equivalentes.
El
periodismo está muy contaminado de esta tendencia. Desde que volví a Buenos Aires los comentarios que oigo en radios y televisión sobre el caso Gerez y alguno vi en la prensa escrita son de una cautela que tiene que ver con el temor de perder la cobertura de las podridas usinas de verdades que padecemos. Hay miedo a "quedar afuera" y ninguna preocupación por ser parte activa por omisión de la maquinaria des-informativa.
Este es abordaje típico de alguien que se cuida: "no se puede negar la existencia del secuestro" (oído en cable ayer). No se trata de negarlo, se trata de ponerlo en duda porque sobran los motivos para hacerlo. Y después de
la duda corresponde seguir averiguando dejando los finales abiertos hasta que puedan cerrarse. ¿Es algo que no debe mencionarse hasta contar con elementos más firmes? Eso no explica por qué se ocupan de negar algo que no están en condiciones de negar. ¿Cuál es el impedimento para conservar la hipótesis de que esto fue una truchada 100% y no sólo el 85%? El interés está puesto en seguir perteneciendo al club mediático "correcto". Pueden quedarse con mi carnet.
Otra afirmación que se repite en periodistas y políticos: "Engañaron al presidente". El mismo Luis Patti la repite. ¿De dónde sacó que lo
engañaron? ¿Es un hecho, una expresión de deseos, una revelación divina, un temor a algo?
Hechos, no clubes. Las hipótesis siguen abiertas, los más involucrados en este hecho son el gobierno y el kirchnerismo de Escobar. No importa si conviene, si es demasiado pesado el asunto, si se pierde la oportunidad de mostrarse "objetivo" siendo trucho. Algún resquicio de seriedad debe quedar en el país todavía.
Nadie ha hecho la observación más obvia de todas. Estos tipos fueron los instrumentos utilizados por el gobierno (y no me vengan con que "el presidente es víctima de su entorno" porque además lo más sensato es pensar lo contrario) para excluir a un diputado elegido en la provincia de Buenos Aires.
En el mismo acto este gobierno, con esta gente, impidió a Patti llegar a una banca que le correspondía legítimamente a la vez que convalidó la compra de Borocotó. Detalle adicional para los que están trabajando en la posibilidad de pedir el juicio político de Néstor
Kirchner.
En un reportaje en la revista ´Gente´ Patti lanza una hipótesis sobre el caso López que tampoco nadie se anima a levantar. Luis Patti es policía de alma y no acostumbra a hacer afirmaciones incriminatorias sin alguna información. Allí dice Patti que "tal vez" Julio López fue víctima del intento de construir un primer caso Gerez con un presidente justiciero que le pusiera fin y con unos "paramilitares" que demostraran que la cruzada setentista se tiene que seguir haciendo. Tal vez, dice Patti, López no sobrevivió al stress de esa situación.
Motivos, más allá de la información que maneje el diputado electo para sostener esta hipótesis hay. El principal fue uno que pasó desapercibido para todos y que ya señalé: la prematura disposición oficial de dar a Julio López por muerto. Además de los intentos de Bonafini por descalificarlo.
Algo huele podrido en Dinamarca y también mucho más acá.
José Benegas
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