LA PALABRA
Alexis Márquez Rodríguez
NEGOCIAR
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En nuestro idioma hay palabras que, sin ser intrínsecamente
peyorativas, en el uso adquieren un matiz de esa naturaleza. Una de
ellas es el verbo negociar.
La gente tiende a considerar que las palabras negocio y negociar
encierran de por sí una actividad moralmente negativa. El hecho mismo
de negociar algo resulta sospechoso, y a menudo se emplea el
sustantivo negocio con una implícita connotación adjetiva, para
referirse a algo que se juzga inmoral e inescrupuloso. Esto quizás se
deba a que las palabras negociar y negocio frecuentemente se refieren
a actividades comerciales, o mejor, mercantiles, y estas suelen
asociarse indiscriminadamente con conductas inmorales, como la
especulación y el enriquecimiento ilícito, para peor, a costillas de
los demás. De ahí surge la expresión mercantilista para referirse
despectivamente a personas o actividades que ilustran esa conducta
inmoral.
Pero no siempre es así. Aunque en ocasiones los comerciantes ejercen
su oficio de una manera vil y despreciable, a veces descaradamente,
de hecho el comercio es una actividad que, además de ser necesaria y
muy importante en cualquier sociedad, puede realizarse de manera
honesta.
En cuanto al verbo negociar, su uso no siempre se refiere a
actividades mercantiles. El DRAE registra cinco acepciones de dicho
verbo, extraídas de su uso: "Ajustar el traspaso, cesión o endoso de
un vale, de un efecto o de una letra. || 2. Descontar valores. || 3.
Tratar y comerciar, comprando y vendiendo géneros, mercancías o
valores para aumentar el caudal. || 4. Tratar asuntos públicos o
privados procurando su mejor logro. || 5. Tratar por la vía
diplomática, de potencia a potencia, un asunto, como un tratado de
alianza, de comercio, etc".
Como puede verse, al menos las acepciones 4ª y 5ª no se refieren a
cuestiones de comercio. Y un diccionario muy moderno, como es el
Diccionario de uso del español de América y España VOX, registra en
primer lugar la siguiente acepción: ³Tratar un asunto para llegar a
un acuerdo o solución (Š)², y sólo en segundo término la de ³Realizar
operaciones comerciales con la intención de obtener un beneficio (Š)².
No se crea, sin embargo, que esa acepción del verbo negociar ajena a
la actividad comercial es nueva. Todo lo contrario, ella corresponde
al origen de la palabra, que al principio no tenía nada que ver con
dicha actividad, de modo que ese significado específico se agregó
luego por el uso.
El Tesoro de Cobarruvias (1611) no registra el verbo negociar, pero
sí el sustantivo negocio, con una definición que en nada se refiere
al comercio de manera explícita: eLa ocupación de cosa particular,
que obliga al hombre a poner en ella alguna solicitud, latine
negotium". Definición que está muy en concordancia con el de la raíz
latina del vocablo, pues negotium, en lengua de los romanos, de donde
deriva, significa "Ocupación, trabajo, quehacer, asunto, negocio"
(Diccionario Latín-Español Sopena; 1985), y es palabra compuesta,
formada por el adverbio de negación nec (no) y el sustantivo otium
(ocio, reposo, descanso). Es decir, que negocio, según su raíz
latina, significa literalmente no ocio, es decir, la negación o lo
contrario del ocio, del no hacer nada.
Según Corominas la palabra negocio aparece ya en Gonzalo de Berceo
(Obras: 1220-1250), mientras que negociar figura en el Vocabulario de
Alonso Fernández de Palencia, que es de 1490. El Diccionario de
Autoridades (1732), a su vez, también registra el vocablo negocio en
ese mismo sentido: ³Término genérico que se significa cualquiera
ocupación, empleo o trabajo². Y en artículo aparte incluye la
acepción relativa al comercio: ³Vale también utilidad o interés, que
se logra en lo que se trata, comercia o pretende (Š)². Sin embargo,
este mismo diccionario, al definir el verbo negociar, privilegia la
acepción mercantil, pues la coloca en primer lugar: ³Tratar y
comerciar, comprando y vendiendo, o cambiando géneros, mercadería u
dinero (sic) para aumentar el caudal², y en artículo aparte se
refiere a la otra acepción: ³Vale también manejar políticamente las
dependencias o pretensiones disponiéndolas de modo que se logren². Y
como hecho curioso incluye igualmente una acepción que hoy no figura
en el DRAE: ³Vale también corromper con el soborno la integridad con
que se debe proceder².
Como puede verse, pues, el verbo negociar no tiene intrínsecamente
ninguna connotación peyorativa, especialmente en campos extraños a la
actividad mercantil, como la política o las relaciones
internacionales. En todas ellas puede haber negociaciones honestas,
sanas, de signo positivo. Lo cual no quiere decir que no pueda haber
también negociaciones en que se incurra en vicios, ilegalidades e
inmoralidades, o que impliquen una claudicación, ante ciertos
intereses o conveniencias, de principios e intereses nobles. Pero
ello será responsabilidad específica y casuística de los
negociadores, y de ninguna manera puede imputarse a la palabra o al
hecho de negociar.
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