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Hola a los quijoteros.
Cuando Jacques Chirac, el presidente francés, se enteró de que
Google iba a colocar en línea millones de textos de las grandes
bibliotecas norteamericanas y británicas, llamó a su ministro de
Cultura y al cabeza de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) para
pedirles que hagan lo mismo con la herencia cultural francesa (y de
paso, crear un motor de búsqueda francés para competir con el
americano).
¿Por qué no dejar que Google lo haga? Parece ser que los criterios
de búsqueda y de presentación de Google (popularidad de las páginas)
no satisface a las autoridades francesas. Pero puede ser que detrás
de todo ello no se encuentre otra cosa que el viejo combate entre
ambas naciones por defender su propia lengua, o más bien, la pelea
que Francia desarrolla desde el siglo XVII contra la invasión del
inglés.
Lo planteado acá no es trivial: si no es la popularidad de un sitio
web lo que determina su mayor puntaje, ¿qué, entonces? Un comite de
expertos, dice el director de la BNF. Típico enfoque francés, me
sonrío yo con sorna. La élite sobre el populacho, ¿no es cierto?
Me pregunto qué ocurre con la lengua española y las inmensas
bibliotecas que van desde México hasta la Tierra del Fuego. Bien,
gracias, todo bien.
Antonio W.
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