> >Desapego Osho
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> >Hakuin y el niño pequeño
> >
> >
> >Siente continuamente algo dentro de ti que es
> igual, pase lo que pase en la
> >periferia. Cuando alguien te insulte, céntrate en
> el punto donde sólo le
> >escuchas, sin hacer nada, sin reaccionar,
> simplemente escucha. Te está
> >insultando. Y después alguien te alaba; simplemente
> escucha.
> >Insulto-alabanza, honor-deshonor, simplemente
> escucha. Tu periferia se
> >alterará. Obsérvalo, no trates de cambiarlo.
> Míralo; permanece
> >profundamente centrado, mirando desde allí. Así
> lograrás un desapego que no
> >es forzado, un desapego espontáneo, natural. Y una
> vez que percibas ese
> >desapego espontáneo, nada podrá alterarte.
> >
> >
> >En el pueblo donde vivía el gran maestro zen
> Hakuin, una muchacha se quedó
> >embarazada. Su padre le presionó para que declarara
> quién era su amante y,
> >al final, para huir del castigo, ella dijo que era
> Hakuin. El padre no dijo
> >nada más, pero cuando llegó el momento y el niño
> nació, se lo llevó
> >inmediatamente a Hakuin y lo tiró al suelo ante él.
> -Parece que se trata de
> >tu hijo -dijo, y se puso a insultarle por aquel
> asunto tan desgraciado.
> >
> >-Ah, ¿es así? -respondió Hakuin. Tomó al retoño en
> sus brazos. A partir de
> >entonces, donde quiera que iba llevaba al niño
> consigo, envuelto en la
> >manga de su túnica. Durante los días lluviosos y
> las noches tormentosas
> >salía a mendigar leche por las casas vecinas.
> Muchos de sus discípulos,
> >considerándolo caído, le daba la espalda y se iban.
> Y Hakuin no decía
> >palabra.
> >
> >Entre tanto, la madre se dio cuenta de que no podía
> soportar la agonía de
> >estar separada de su hijo. Confesó el nombre del
> verdadero padre y su
> >propio padre corrió a postrarse a los pies de
> Hakuin, implorándole una y
> >otra vez que le perdonara. Hakuin sólo dijo: -Ah,
> ¿es así? -y le devolvió
> >al niño.
> >
> >Para el hombre ordinario lo que dicen los demás
> importa demasiado porque no
> >tiene nada propio. Lo que piensa que es, sólo es
> una colección de opiniones
> >de otros. Alguien le ha dicho: «Eres precioso»,
> otra persona le ha dicho:
> >«Eres inteligente», y ha ido coleccionando todas
> esas frases. Por lo tanto
> >siempre tiene miedo: no debe comportarse de tal
> manera que pierda su
> >reputación, su respetabilidad. Siempre tiene miedo
> de la opinión pública,
> >de lo que dicen los demás, porque lo único que sabe
> de sí mismo es lo que
> >le dicen los demás. Si lo retiran, le dejan
> desnudo. Entonces ya no sabe
> >quién es, si es feo o guapo, inteligente o tonto.
> No tiene ni una vaga idea
> >de su propio ser; depende de los demás.
> >
> >Pero el hombre que está en meditación no necesita
> las opiniones de los
> >demás. Se conoce a sí mismo, por eso no importa lo
> que digan. Aunque todo
> >el mundo diga algo que va en contra de su
> experiencia, simplemente se
> >reirá. Esa puede ser, como mucho, la única
> respuesta. Pero no va a dar
> >ningún paso para cambiar la opinión de la gente.
> ¿Quiénes son ellos? Ni
> >siquiera se conocen a sí mismos y están tratando de
> ponerle etiquetas.
> >Rechazará las etiquetas. Simplemente dirá: «Soy lo
> que soy, y así es como
> >voy a ser».
> >
> >Desde Mar de Ajó y Jujuy( Argentina )
> >
> >Estas mensajes se envían con un solo fin.
> >Aportar buena onda!!
> >El que hablar puede con los ojos
> > también puede besar con la mirada..
> >
> > Ríe y se feliz
> > Un abrazo Héctor...y yo