"...Y agonizante, dando un grito, expiró..."
Jesús no había gritado ni en la flagelación ni en la coronación de espinas, entonces...¿Por qué ese grito cuando ya era la hora de cumplir nada mas que la formalidad de la muerte, cuando regresaba a la casa de su Padre, con las manos llenas y la tarea cumplida? ¿De dónde proviene ése grito? ¿De la desesperación? ¿Del dolor físico? ¿Del miedo a la muerte?...
¡Cómo no iba a gritar! Gritó, y su grito sigue ahí. Taladrando las paredes de la eternidad. Y los hombres inventan un mar de ruids y de estruendos para no oír su grito. Nadie lo escucha, apagado por los televisores, amortiguado por la música estridente, disimulado por las risas de un mundo que no quiere oír los llantos de los hombres y mucho menos el llanto de un Dios.
Hay que guardar silencio para oír ese grito. Hay que amar para oírlo. El murió para salvarnos, para darnos nueva vida. Pero esa salvación se nos ofrece, no se nos impone. Está nosotros aceptarla o rechazarla. Está en nosotros caminar por esta vida como si no existiera otra, la definitiva; o caminar con Cristo hacia la vida eterna. De nosotros depende que Cristo, por nosotros, no haya muerto en vano.
Carlita Mora Augier - Felices Pascuas 2004
Carlita
......Do You Yahoo!?
Visíta Yahoo! Noticias.