Cuando Alejandro Sanz era niño, visitaba una zona de Sevilla donde había naranjos; este aroma a cítricos se convirtió en uno de sus favoritos y por ello quiso incluirlos en sus primeros perfumes, a los que llamó, sencillamente, Siete.
"Me hablaron del proyecto y me gustó poder involucrarme en el proceso creativo. También me sedujo la idea de contar historias a través de un aroma. Quise relatar parte de mi infancia. En estas dos fragancias hay algunos de los recuerdos más importantes de mi vida", confiesa un Alejandro Sanz relajado y sonriente, distinto al de los escenarios.
Orgulloso de los resultados que ha tenido su primera intervención en el mundo del perfume, explica que el lanzamiento en España fue en 2007 y que ya ha cosechado triunfos: la versión masculina logró el premio al Mejor diseño y comunicación gran distribución, que otorga la Academia del Perfume.
Fan del libro El Perfume, del escritor alemán Patrick Süskind, Alejandro Sanz comenta que ahí leyó que éstos se componen de tres tipos de notas (salida, corazón y fondo) y además que los aromas tienen el poder de seducir. "En el libro se descubre que el proceso de creación de un perfume resulta un trabajo increíble -dice- y también que aquel que domina el sentido del olfato es capaz de provocar a la gente y puede influir en sus actos (...) Yo también quería provocar a la gente con Siete. Con la versión femenina quería transmitir la frescura e intensidad de una mujer sofisticada; con fuerza y entereza. Con la masculina, por su parte, quería que despertara la seguridad, la pasión y el dinamismo (...) En realidad, las dos son muy versátiles. Para mí significaron una forma de expresarme, acercarme y comunicarme con la gente", señaló el intérprete, quien en el terreno musical ha vendido 21 millones de discos en todo el mundo.
Convencido de que las fragancias que usamos hablan, sin palabras, de nosotros mismos y reflejan nuestra personalidad, Alejandro Sanz nos confiesa a qué debe oler una mujer para enamorarlo: "A verdad y a pureza -expresa-. Debe usar fragancias con flores bien combinadas con toques cítricos; no me gustan las fragancias que son muy florales y dulces, porque me empalagan. Tienen que tener profundidad, un poco de ámbar y otras notas sensuales".
En cambio, si un hombre quiere inspirarle confianza, debería usar fragancias amaderadas y cítricas, "justo como las que se combinan en Siete" (ríe). Siguiendo en el terreno de los aromas, Sanz sabe que el ser humano reconoce hasta 10 mil olores diferentes, de los cuales nos menciona sus favoritos. "Me gusta el olor del vino, del ámbar y de la vainilla; me tranquiliza el sándalo; y me dan ganas de hacer ejercicio cuando algo huele a las gomas de los gimnasios.
"En mi casa de España tengo un jardín de plantas aromáticas; creo que siempre he estado involucrado con los perfumes de alguna forma. Cuando era chico y no tenía dinero para comprarme uno, le robaba unas gotas al de mi padre; como dicen por ahí, el perfume es un lujo inevitable, nadie puede renunciar a tener uno".