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Jue, 11 de Oct, 2007 7:29 pm

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  Por Cuba con emisiones periódicas le lleva la información del acontecer internacional relacionado con nuestro país y las batallas que libra por su pueblo y su soberanía; contiene espacios noticiosos y de opinión, seleccionados de medios de prensa internacional o generados desde nuestro país.  ISSN 1819-4044  
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Año 5 Número 83
TITULARES
Opinión
CHE, EXPRESIÓN VIVA DE LA HEREJÍA CUBANA por E. A. Moreno-Uribe
ANIVERSARIO DE LA CAÍDA EN COMBATE DEL CHE. por José Ignacio Fleites Adán
CHE, UNA MIRADA DESDE EUROPA por Marc Vandepitte
EL MUERTO QUE NO PARA DE NACER por Raúl Zibechi
EL RUGBY, EL PERIODISMO Y EL CHE GUEVARA por Alexis Cuello y Alejandro Manzano
Opinión
CHE, EXPRESIÓN VIVA DE LA HEREJÍA CUBANA
por E. A. Moreno-Uribe
El guerrillero será una fuerza muy importante, no como ser abstracto, sino utilizando su concepción de la liberación social y humana, opina Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2006
 
Las ideas de rebelión y cultura del profesor Fernando Martínez Heredia proponen siempre más interrogantes que certezas. El proceso histórico cubano es su «campo central de actividad intelectual». Autor de libros imprescindibles para nuestro pensamiento político como Desafíos del socialismo cubano (1988), Ché, el socialismo y el comunismo (Premio Casa de las Américas, 1989) o En el horno de los 90 (2005), por estos días, dicta clases en Brasil; haciendo guevarismo al andar. Desde allá nos respondió este cuestionario.

—Muchos definen al Che como el teórico por antonomasia de nuestro proceso revolucionario. ¿Qué aportó a un hombre de acción esta pasión por teorizar?

—El Che, como Fidel y un número creciente de sus compañeros, se vieron en la necesidad de pensar la revolución que estaban haciendo, y proyectar su estrategia hacia el futuro. Desde el Moncada, la acción de ellos fue «un asalto contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios». Después del triunfo hubo que pensar una y otra vez frente a cada uno de los desafíos y las tareas, porque no había fórmulas ni recetas válidas para llevar adelante una revolución verdadera. Siempre unido a Fidel en el desarrollo de las ideas más revolucionarias, el Che pronto se destacó por su enorme capacidad de análisis, de combinar la concreción con el vuelo y audacia de ideas que la revolución necesitaba, de extraer núcleos teóricos de las experiencias vividas y los problemas planteados, y también por su capacidad reflexiva e intuitiva para teorizar e ir mucho más lejos que el pensar sobre lo contingente.

«Como es obvio, en el Che concurrió otra característica: sentía vocación y gusto por el pensamiento elaborado, para enfrentar mejor los problemas y para potenciar la actividad práctica, y nunca dejó de estudiar. Nos dejó un aporte maravilloso, que todavía no hemos aprovechado suficientemente: su pensamiento, su concepción marxista revolucionaria».

—Según Ud. «el marxismo del Che es un fruto de la Revolución Cubana». ¿Cuánto de ese marxismo le falta por incorporar en la vida práctica a la propia Revolución?

—Soy cuidadoso en cuanto a las relaciones que existen entre el desarrollo de un proceso histórico determinado y el de las ideas que existen dentro de él, porque no se trata de relaciones simples. Después de los primeros años setenta, el marxismo sufrió graves deformaciones en nuestro país, y aunque comenzó a recuperarse desde que Fidel lanzó la campaña de rectificación de errores y tendencias negativas, hace 20 años, todavía le falta mucho para salir de los efectos de aquellas caídas y volverse capaz de influir en el presente y el proyecto socialista cubano. Entonces hay cierta distancia entre la vida práctica de la revolución y el marxismo existente. Es una de las tareas que tenemos por delante, importante para la profundización de nuestro camino y la creación de conductas más socialistas y más humanas.

—¿Por qué Ud. afirma que la rebeldía «comunista» y «organizada» del Che nos conduce a un proyecto «tan ambicioso que resulte viable»?

—Existe una enorme distancia entre un socialismo formulado como resultado del desarrollo de las fuerzas económicas y la riqueza material, y las realidades de los países en los cuales se han llevado a cabo todas las revoluciones socialistas. He sostenido y creo que, sin embargo, la posición revolucionaria practicada y defendida por Cuba, expuesta en las ideas del Che y de Fidel, es a la vez muy ambiciosa y viable. Es decir, no pretende conducirse por «etapas», porque así no se sobrevive a enemigos tan poderosos y ubicuos, o se estanca el proceso, sino movilizar siempre las fuerzas que sí se poseen, las capacidades y la conciencia que se hagan cada vez más masivas y organizadas. Como sintetizó tan bien el Che al decir que debemos salir para el comunismo desde el primer día, aunque nos pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo.

—¿A qué se debe que, como Ud. sostiene, «nadie asocie al Che al pasado del socialismo, sino a su futuro»?
 
—El Che es una expresión viva de la herejía cubana: una revolución comunista de liberación nacional, internacionalista de verdad —no como un ropaje de la razón de Estado— ejemplo de universalización real de los ideales de Marx, Engels y Lenin, al mismo tiempo que del pensamiento y los ideales de José Martí, vanguardia insurrecta del llamado Tercer Mundo. Está claro que nada de eso puede ser confundido con lo que llegó a llamarse «socialismo realmente existente», como pidiendo disculpas por no parecerse o haber abandonado los ideales y el camino de la gran Revolución de Octubre. Pero más allá de las críticas tan profundas que pueden encontrarse en el pensamiento del Che a lo que hoy llamamos pasado del socialismo, está en pie el venero extraordinario de sus ideas acerca de la creación de personas nuevas, del proceso de transición socialista, de los cómo para lograr tantas transformaciones y creaciones, del proyecto como guía y rector del poder revolucionario. Y la fuerza de su ejemplo.

—Ernesto Guevara es visto como un ídolo de la cultura revolucionaria del debate. Esa faceta suya, ¿cómo se imbricaría en los procesos socialistas por venir?

—Che advertía a todos, al final de su primer texto del famoso debate económico de 1963-1964, que existían posiciones e ideas diferentes acerca de la construcción del socialismo en el seno de la dirección revolucionaria, y que estaba muy bien discutirlas públicamente, siempre que fuera de manera fraternal y se mantuvieran las reglas del debate. Si entonces nos fortaleció mucho profundizar y concientizar mediante el debate —cuando nuestras fuerzas y nuestros conocimientos eran mucho menores que los actuales—, está clara la importancia de asumir hoy el debate como un recurso indispensable para la revolución socialista, como es el oxígeno para la vida. Hay quienes subestiman la expresión «socialismo del siglo XXI», porque no les parece suficientemente fundamentada y «seria». No se dan cuenta de que nunca puede ser el socialismo calco ni copia, como reclamaba Mariátegui. Para lograr esa creación heroica no se puede partir de una donación, hecha por unos pocos iluminados, sino de la participación calificada y creciente, de millones. Para eso es imprescindible el debate y la militancia, la discusión y la conducción, el trabajo infatigable y la libertad.

—En El Socialismo y el hombre en Cuba (1965) se advertía sobre «la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias». Sin embargo, en las experiencias socialistas la burocracia y el inmovilismo han minado estas instituciones. ¿Cómo el legado guevariano podría contribuir a combatir estos males?

—Depende de cada país, del momento de su proceso liberador en que se encuentre y de las circunstancias que lo favorezcan o amenacen. De todos modos, rescato la advertencia del Che, que alaba la relación carismática que multiplica las fuerzas populares y permite avanzar con celeridad, pero pide que se vaya avanzando en una institucionalidad revolucionaria, garantía de los avances del proceso y de los derechos individuales y sociales, y enemiga jurada de la burocratización. El pensamiento y las prácticas del Che contienen una enorme cantidad de abordajes concretos e ideas más generales acerca de estas cuestiones. Es muy necesario que se publiquen las actas de las Reuniones Bimestrales del Ministerio de Industrias, y otros materiales muy valiosos del Che, para que estén al alcance y contribuyan a los trabajos y debates actuales.

—Ud. alertaba en 1989 sobre la necesidad de que los socialistas elaboráramos «una guía más creíble y vivible cotidianamente, un espíritu, una cultura propia, que crezca y ocupe cada vez más el lugar que tan completamente ocupó la cultura del capitalismo». Hoy los aparatos ideológico-culturales del capitalismo amenazan con tragarse todos los espacios, ¿cuánto del Che coadyuvaría a crear aquella «cultura propia»?

—La mayor tragedia del socialismo hasta hoy es que no ha podido acumular fuerzas culturales suficientes a su favor, eficaces y atractivas en la lucha contra el capitalismo, y sobre todo en el combate por las transformaciones liberadoras de las personas, de las relaciones interpersonales y sociales y de la naturaleza y las funciones de sus propias instituciones socialistas. Mientras, el capitalismo ha llegado a un callejón sin salida por su propia naturaleza actual, excluyente para las mayorías, parasitaria en economía, depredadora del medio, antidemocrática y militarista agresiva. Pero saca un inmenso provecho al modelo cultural a escala mundial que desarrolló y a las enormes fuerzas y conocimientos con los que cuenta; con ellos les hace a todos los pueblos —incluido el nuestro— una formidable guerra cultural que aspira a que todo horizonte de vida cotidiana, de realización personal y de convivencia sea controlado por el capitalismo.

«Debemos darnos cuenta a fondo de esa guerra cultural, y enfrentarnos a ella, porque es una necesidad vital. Precisamos una gigantesca movilización de nuestras fuerzas, inteligencias y sensibilidades, y romper todos los diques que nos impidan u obstaculicen librar la guerra cultural. Está claro que el Che será una fuerza muy importante a nuestro favor, pero no dándole el lugar de un ser abstracto, ajeno y superior, sino utilizando sus colosales valores de símbolo y de ejemplo, y su concepción de la liberación social y humana.

—En opinión de Guevara, «los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarias para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales». ¿Cuáles serían, en clave guevariana, los métodos no convencionales para intentar formar el hombre nuevo del siglo XXI?

—Tenía mucha razón el Che, que dejó muchos criterios generales e indicaciones puntuales acerca de esta cuestión cardinal. No se trata solamente de deficiencias en cuanto a los instrumentos o los comportamientos de los encargados de las instituciones y las tareas de la revolución. Su reclamo de conocimientos y audacia intelectual sigue en pie. Por cierto, el peso tremendo de lo establecido es muy pertinaz. En 1997, planteé homenajear al Che cambiando la expresión de «hombre nuevo» a «persona nueva»; entonces me aplaudieron, pero hasta hoy no se ha cambiado.

«Creo que existe una acumulación cultural extraordinaria a favor del desarrollo de personas nuevas, lograda con las vidas, heroísmos y sacrificios de cientos de millones de personas durante el siglo pasado y lo que va de este. El gran desafío es ser conscientes de esa acumulación y utilizarla, sin amedrentarnos por la fuerza y la fascinación que ejerce la cultura del capitalismo; es asumir que la rebeldía es la adultez de la cultura; es pelear contra todas las formas de dominación; es no tener miedo a examinarnos a fondo y criticar nuestros errores y debilidades; es partir de lo que existe, pero no para someternos a lo que existe; es trabajar y crear, con método y entusiasmo, consolidar y arriesgarse a la vez, atreverse a vencer.»
Fuente: Juventud Rebelde Digital
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ANIVERSARIO DE LA CAÍDA EN COMBATE DEL CHE.
por José Ignacio Fleites Adán
El mes de septiembre debió ser un mes de recuperación para la guerrilla boliviana, pero la emboscada en que cayeron Miguel, Coco y Julio lo malogró todo. Además, hubo dos desertores, que al ser capturados por el ejército, dijeron hacia donde se dirigían los guerrilleros y los lugares por donde marcharían.

La madrugada del ocho de octubre fue fría. Los guerrilleros marchaban muy lentamente. Eran 17 figuras silenciosas que avanzaban en la oscuridad por un angosto cañón llamado El Yuro.

A las cinco de la mañana llegaron al cruce de la quebrada del Yuro y San Antonio. Che ordenó la exploración de la zona y extremar las medidas de seguridad, pues los cerros eran semipelados, con arbustos muy bajos, que hacían casi imposible ocultarse.

Dos de los exploradores informaron el movimiento de guardias en el firme… Los soldados estaban cerrando el cerco. Che ordenó la retirada… quebrada abajo y estructuró la defensa previendo todas las situaciones posibles.

A las 11 de la mañana Inti fue a reemplazar a Benigno, pero su estado de salud le impidió moverse del lugar. Entonces, se quedó junto con él y con Darío. En el otro extremo de la quebrada estaban Pombo y Urbano, mientras que el Che con el resto de los combatientes estaba en el centro.

Orlando Pantoja Tamayo, “Olo” o “Antonio”, nació el 2 de octubre de 1933, en el municipio de Maffo, Santiago de Cuba. Militante del Movimiento 26 de julio, participó en actividades clandestinas contra la tiranía de Batista, por las que fue encarcelado.

Se unió al Ejército Rebelde en Octubre de 1957 y fue Capitán de la Columna del Che. Después del triunfo de la Revolución, ocupó varios cargos en el Ministerio del Interior y fue Jefe de las Tropas Guardafronteras.

Llegó a Bolivia el 12 de diciembre de 1966, con pasaporte ecuatoriano a nombre de Antonio León Velasco. Siete días después se incorporó a la guerrilla, donde fue designado para el grupo del centro.

A la una y treinta de la tarde aproximadamente comenzó el tiroteo. El Che había enviado a Ñato y Aniceto a Relevar a Pombo y Urbano, pero fueron descubiertos y se generalizó el fuego, excepto por el flanco izquierdo, algo no previsto, por lo que Aniceto fue a pedir instrucciones.

“Aniceto”, cuyo nombre real es Reinaldo Gordillo, había nacido en el distrito minero de Siglo XX, Departamento de Potosí. Fue miembro de la Juventud Comunista de Bolivia. Estudió en Cuba, y se unió a la guerrilla en enero de 1967.

Al no encontrar al Che, Aniceto regresó, se lo informó al Ñato y cuando trató de reunirse con los otros, fue alcanzado por un proyectil en el ojo y murió inmediatamente. La batalla había comenzado, y todas las salidas para los guerrilleros estaban cerradas.

René Martínez Tamayo, “Arturo”, nació el 2 de febrero de 1941, en el Municipio Mayarí, Provincia Holguín. Fue encarcelado por actividades clandestinas contra el régimen de Batista. Se unió al Ejército Rebelde en noviembre del 58.

Después de 1959 ocupó diferentes responsabilidades en la Fuerza Aérea, el departamento de Investigaciones y el Ministerio del Interior. Se unió a la guerrilla de Bolivia el 11 de diciembre de 1966. Fue designado como operador de radio del grupo del centro.

Teniendo en cuenta las circunstancias, el Che decide retirarse, tratando de salvar a los enfermos. Separa al Médico, Morogoro, Eustaquio y Chapaco, y los envía custodiados por Pablito. Él se queda con el Chino, Willy, Antonio, Arturo y Pacho.

Juan Pablo Chang Navarro, “Chino”o “Francisco”, nació en Perú, en 1930. Fue miembro activo del Movimiento contra la dictadura militar. Arrestado en 1948, estuvo preso durante dos años. Después seguirían varios períodos de encarcelamiento y finalmente pasó al exilio.

Pertenecía al Partido Comunista del Perú del cual había sido nombrado miembro de su Comité Central. Participó en un movimiento guerrillero organizado por el Ejército de Liberación Nacional del Perú en 1963, y estableció relaciones con el Che para trabajar en el reinicio de la lucha armada.

En marzo de 1967 se incorporó a la guerrilla boliviana, donde fue destinado al grupo del centro.

En la garganta de la quebrada se escuchaba el tableteo regular de las ametralladoras del ejército, que al parecer cubrían el camino por donde habían llegado los guerrilleros.

La situación más difícil era la de Pombo y Urbano, ocultos detrás de una roca donde recibían fuego ininterrumpido.

Simón Cuba Sarabia, “Willy”, Nació en Cochabamba, Bolivia, en 1932. Fue dirigente de los mineros en Huanuni y Oruro. Estudió y trabajó con Moisés Guevara. Militó en el Partido Comunista de Bolivia y se incorporó a la guerrilla en febrero de 1967. Fue designado al grupo del centro.

El Che, al conocer que el ejército avanzaba, cumplió la primera parte de sus propias instrucciones, y se retiró por el extremo inferior de la quebrada.

Al darse cuenta que era perseguido, seleccionó a los que mejor estado combativo tenían, y poniéndose al frente de ellos creó una línea defensiva para contener a los soldados y permitir la retirada de los enfermos.

Alberto Fernández Montes de Oca, “Pacho” o “Pachungo”, nación en San Luis, Santiago de Cuba, era maestro. Fue miembro activo de la red urbana del Movimiento 26 de julio en Santiago de Cuba y Santa Clara. Se unió al Ejército Rebelde en 1958.

Después del triunfo Revolucionario desempeñó varias responsabilidades. El 3 de noviembre de 1966 llegó con el Che a Bolivia, y fue designado para el grupo de la Vanguardia.

Al continuar la marcha, los guerrilleros chocaron frontalmente con el ejército dentro de la quebrada. El Che fue herido en la pierna y los demás establecieron una defensa cerrada. Willy ayudó al Che a subir por el flanco derecho, mientras el resto se defendía en sus posiciones.

Ernesto Che Guevara de la Serna, “Ramón”, “Tatu”, “Mongo” o “Fernando”, nació en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928. Desde pequeño comenzó a padecer de un asma crónica que lo acompañaría toda su vida.

Cuando cursaba el último año de Medicina, emprendió un primer viaje por varios países de América, en diciembre de 1951, regresando a Buenos Aires en agosto del siguiente año, para graduarse de Médico y reiniciar el recorrido por otros países latinoamericanos.

Durante ambos periplos adquiere conciencia de la necesidad de luchar para lograr la justicia social en nuestro continente.

Se brindó voluntariamente para combatir la invasión mercenaria que financiada por la CIA, derrocó al gobierno progresista de Jacobo Arbenz, en Guatemala.
 
Posteriormente se trasladó a México, donde se unió a Fidel Castro y el Grupo de Revolucionarios que se preparaba para reiniciar la lucha armada contra la dictadura batistiana en Cuba.

Formó parte de la expedición del Yate Granma y se incorporó a la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Se destacó como combatiente y fue el primero en comandar una Columna del Ejército Rebelde, y en ser ascendido a Comandante.

Luego de liquidada la gran ofensiva enemiga, parte al frente de la columna invasora que se dirigió al centro del país. En la antigua provincia de Las Villas desarrolla una brillante campaña militar que termina con la toma de la Ciudad de Santa Clara.

El Che conquistó con su ejemplo, modestia y ejemplo como revolucionario integral, un gran prestigio y popularidad. Desempeñó varias responsabilidades en la construcción del nuevo estado socialista cubano, entre los que se destacan, el de presidente del Banco Nacional y Ministro de Industrias.

Representó a nuestro país en importantes reuniones internacionales, y cuando creyó necesario prestar “el concurso de sus modestos esfuerzos” a otros pueblos del mundo, partió hacia Zaire, hoy República del Congo, y posteriormente partió hacia Bolivia, para iniciar la creación del Ejército de Liberación de ese hermano pueblo.

Después de un intenso combate, caían muertos Pacho, Arturo y Antonio. Al Chino lo capturaron en la misma quebrada y después lo asesinaron. Willy y el Che también fueron apresados. Che estaba herido, sin cargador en la pistola y con el fusil inutilizado por un disparo.

A Willy lo asesinaron en la escuelita de La Higuera, hasta donde fue llevado junto con el Che.

Los últimos momentos de los guerrilleros han tenido numerosas versiones, tratando de minimizar su heroísmo, pero está claro que, aunque la mano ejecutora estuvo en La Higuera, la orden había llegado desde Washington.

La mirada de Che, aguda y penetrante, ha perseguido desde entonces a todos los enemigos de los pueblos, y su imagen se agiganta en cada continente, multiplicando en millones de gargantas su grito de lucha y de victoria, que no dejará de escucharse hasta alcanzar la verdadera independencia de todas y todos, en un mundo mejor, que tenemos la obligación moral de hacer posible.
Fuente: Kaos en la Red
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CHE, UNA MIRADA DESDE EUROPA
por Marc Vandepitte
En Europa, un ídolo es un producto perecedero. En general no dura más de una generación. Dentro de poco John Lennon, Mao Zedong, Malcolm X o James Dean ya serán recuerdos vagos del pasado. No es el caso con Ernesto Guevara. Cuarenta años después su ejecución todavía está inmerso en nuestra conciencia colectiva. En todas partes se encuentra su imagen: callejeando una hora en una calle comercial verás seguramente pasar una cantidad de t-shirts con la imagen del Che. Sin hablar de baratijas como llaveros o pins, tatuajes, pósters y su imagen en botellas de cerveza, cajas de cigarros, calcetines, pañuelitos, bálsamo de labios, hasta preservativos. El hecho que el semanal Time le clasificó entre las cien personas más influentes del siglo XX, nos enseña que se trata  más que de la comercialización, de una figura progresista.

Si enfocamos con el zoom sobre una parte de la población, su presencia es mucho más fuerte. En los foros sociales, en los congresos sindicales o en marchas de izquierda su presencia es dominante. Muchas organizaciones de jóvenes progresistas utilizan su logotipo para perfilarse. Cada año en Bruselas el evento 'Che Presente' atrae unas mil personas. Hasta el periódico El País habla de un resurgimento del Che en los ultimos años.

De hecho es un asunto notable: jóvenes intelectuales o obreros de nuestra sociedad de alta tecnologia que se identifícan con un guerrillero que interumpió sus actividades en la selva con unos años de cartera ministerial en un país pobre y subdesarollado. Se podría comprender todavía que ese luchador por la liberación es popular en America latina, en Africa o en Asia. Pero que es también popular en Europa o en el resto del mundo rico, es mucho menos evidente. Aùn más extraño es el hecho que el Che sobrevivió al colapso ideológico después del caida del Muro de Berlín. En los años noventa quitaron todas las estrellas marxistas del firmamento, pero la del comunista sangre pura, el Che, siguió brillando. Y hasta la histeria alrededor del 'war on terror' por lo visto no lo perjudica.

El Che parece sobrevivir a todo eso. Ganó fama universal gracias a una foto de Alberto Korda. La mirada de esa foto - según el fotógrafo 'encabronado y dolente' - por lo menos es tan intrigante como la de la Mona Lisa. Después de su muerte en 1967 esa foto circuló en todo el mundo para convertirse en el icono de la generación de mayo '68. La foto fue sacada en el funeral de los cien víctimas que murieron el día anterior a causa de un atentado terorista a un barco en La Habana, presumiblemente ejecutado por los servicios de inteligencia estadounidenses.

Fueron los turbulentos años sesenta. La pregunta es por qué hasta el presente esa foto sigue siendo la imagen más reproducida del mundo. ¿Cómo explicarlo? ¿De donde viene el carisma aperentemente eterno y universal de este revolucionario profesional? ¿Cómo explicar su inspiración mística? Una repuesta sencilla o unívoca no es posible ya que el Che toca demasiadas facetas del ser humano.

Sin duda el Che evoca el rebelde, que se encuentra en cada de nosotros, pero que a menudo es reprimido por el oportunismo, por la educación o por el acondicionamento. El Che encarna la protesta ante el establishment, la lucha contra la explotación y la opresión. Simboliza la revolución, el empeño incansable para un mundo más justo. La ofensiva neoliberal de los últimos 25 años solo hace ese empeño más urgente y cada día más actual.

La vida del médico argentino irradia autenticidad y radicalidad. Che fue inflexible en relación con los principios y dispuesto a dar su vida por ellos. Son carecterísticas que están pasado inadvertidas en nuestra sociedad pequeño burgesa, pero que nunca pierden su atracción en los hombres honestos. Jésus de Nazareth goza de una aureola semejante, pero tiene dos factores en su desventaja. El hijo del carpintero vivió hace muchos siglos en una sociedad eslcavista que tiene muy poco en común con la nuestra. Además, más tarde su figura fue mancillada por una porquería teológica increíble. Con el Che, una identificación directa y sin complicaciones es mucho más fácil.

El Che es el arquetipo de la lucha anti-imperialista. 'Dos, tres, mucho Vietnams', era su lema. Según el, los pueblos del tercer mundo solo podían liberarse de la independencia y el dominio con un actitud inquebrantable. 'La bestialidad imperialista' solo podía vencer con las armas. Hoy no hay mejor ilustración que Irak y Afghanistan. Pero, para el Che no se trató de un anti-americanismo primitivo. De la misma manera se oponía contra 'los paracidistas belgas (en el Congo) y los imperialistas franceses en Argelia'. A medida que el imperialismo júnior de Europa se fortalecerá y se lanzará a las aventuras militares, se puede esperar que la atracción de la figura del Che aumentará en Europa.

La influencia y irradiación del Che se debe por una gran parte a la revolución cubana. El mismo dijo ya: 'Para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales, si ese esfuerzo se hace solo, solitario en algún rincón de América. (...) Para hacer revolución se necesita esto que hay en Cuba: que todo un pueblo se movilice'. Inudablemente el Che era un hombre extraordinario, pero las circunstancias en las que vivía también eran extraordinarias. Una revolución engendra sus propios líderes, los forma y los hace madurar. Dirigentes de una revolución adquieren una riqueza en conocimientos y sabiduría a través de derrotas y triunfos, a través de miles de discusiones sobre cuestiones vitales. Guian las luchas pero también aprenden de esas luchas de miles, a veces millones de obreros y campesinos. Son esas circunstancias que los transforman en grandes personalidades. Por eso es importante ver este compañero de Fidel no solo como un individuo, como una personalidad única, sino también y ante todo como un fruto maduro de un proceso revolucionario. ¿Además, que hubiera pasado con el Che si la revolución cubana no le hubiese tratado con tanto afecto? La intervención alerta de la dirección cubana estorbó los planes de la CIA para falsificar el diario del Che en Bolivia. ¿Qué otro país le hubiera dado un funeral decente? ¿Cómo lo evaluaríamos si la revolución, de la cual fue un arquitecto trascendental, se hubiera descarrilado o hubiera dejado de existir? El pueblo cubano está ligado indisolublemente con el Che pero igual se puede afirmar lo opuesto.

Cada era tiene su héroes, inspiradores y figuras de identificación. En el llamado período del Eje (siglo IX hasta III aC), personajes como Boeddha, Confucius, Jeremía y Socrates pasaron al primer plano. Rompieron con las ideas primitivas y fatalistas y introdujeron la ética en la vida social. No solo eran precursores de civilizaciones nuevas y más cultivadas, sino también eran catalizadores de ellas. Es evidente que es demasiado pronto para pronunciarse sobre la pregunta si la figura del Che es un precursor de una civilización que sobrepasa el capitalismo. Pero sí es obvio que en los ultimos cincuenta años hay muy pocas figuras con la misma irradiación.

Hasta la victoria siempre.
Fuente: Radio Habana Cuba
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EL MUERTO QUE NO PARA DE NACER
por Raúl Zibechi
Lejos de la opción ideológica o del "consumismo burgués", a 40 años de su muerte, para una porción significativa de jóvenes el Che parece representar la resistencia al conformismo.

Tiene sólo 20 años y ninguna camiseta con la imagen del Che en su ropero. Pero cuando tuvo que concurrir al programa de tevé Locos por Saber representando a su liceo, se decidió por el desafío. Pidió prestada una remera con la emblemática imagen a un amigo y se presentó con su mejor sonrisa ante las cámaras. "Fue por rebeldía", razona Yamandú. "El programa lo auspicia la secta Moon…". No hace falta dar más detalles. En las culturas juveniles las palabras sobran y las imágenes no necesitan explicaciones. La contundencia del gesto de Yamandú lo dice todo.

Entre los jóvenes la imagen del Che aparece asociada a una concepción mestiza de rebeldía, alejada de cualquier filiación política u opción partidaria. Quizá sea Maradona, con su Che tatuado en el hombro que enseña con desafiante orgullo, el mejor ejemplo de esa rebeldía espontánea lindante con el desafío. Para quienes suelen leer la vida en clave ideológica, ese mestizaje resulta incomprensible; condenable por ecléctico, poco sólido, incoherente. Sobre todo cuando la efigie del guerrillero parece intercambiable con la de personajes como Bob Marley, otro icono habitual de los decorados juveniles, con quien comparte un aura de provocación y rechazo al doble discurso.

Maxi, 22 años, estudiante de sociología, tiene por el contrario una visión diferente del personaje que en forma de pegatín luce en su matera. "Es el símbolo de la revolución, de la entrega, del sacrificio por una causa", explica en un lenguaje que no ahorra conceptos. Este caso representa una inequívoca construcción que hace de la coherencia su razón de ser. Aún así, Maxi combina la ideología con los afectos, una combinación que se ha mostrado imbatible en el imaginario juvenil.

Entre ambos extremos, por decirlo así, viven muchos Che: desde la chica que enfatiza en la "estampa", hasta el "porque sí" incrédulo que no entiende porqué haría falta una lógica que explique un gusto, una opción estética o una afinidad política. Ahí radica, quizá, la fuerza de la imagen que Ernesto Guevara trasmite a generaciones que no vivieron el clima de confrontación de los sesenta y los setenta, pero tampoco conocen detalles de la vida del guerrillero, más allá del constante "murió peleando" o "dio la vida por sus ideas" que repiten unos y otras. Puede sospecharse, aunque es difícil encontrar quien lo formule de ese modo, que el Che es sentido como un héroe, más cultural que político, en el sentido partidario del término. De ahí que en tantos lugares aparezca junto a otros "héroes" vinculados a la música y al deporte, en general varones que vivieron a contramano de lo establecido.

En todo caso, preguntar a los jóvenes por razones a la hora de saber los motivos de una elección –como hizo este cronista- es casi herejía que se paga con indiferencia. El historiador peruano Alberto Flores Galindo observa en su país cómo la imagen del Che acompaña a las estampas del Señor de los Milagros o a la Virgen del Carmen. Concluye que se trata de "la reelaboración de un personaje histórico desde la cultura popular", lo que explica que se lo emparente con vírgenes y santos, y no de una herencia de los sesenta como en ocasiones se pretende. Quizá esa reelaboración popular explique porqué en el Río de la Plata, el Che aparece en las tribunas donde las barras bravas agitan banderas manyas o tricolores. Qué otra cosa podría ser el Che en estos pagos sino un icono asociado al fútbol.

Si fuera cierto que estamos ante una reelaboración popular-juvenil de un mito, asentado en un personaje histórico que en sólo cuatro décadas sobrevuela invicto desde la crisis del socialismo real hasta la dificultad de las izquierdas a la hora de cambiar el mundo, sólo sería comprensible desde el interior de esa cultura, desde sus códigos, modos y formas de vivir el presente. Es en este sentido que la expansión de la iconografía del Che no puede sorprender a nadie. ¿Podrían acaso los jóvenes mitificar algún futbolista cuando asistimos al estrepitoso fracaso del principal deporte nacional? Dicho de otro modo, ¿hay algo de heroico en nuestra sociedad, en sus gobernantes, en sus intelectuales, en sus artistas, que merezca convertirse en icono, en representación de los sueños de los adolescentes? Mientras esto siga siendo así, y quizá aún aunque cambie, la imagen del Che seguirá sonriendo en el imaginario juvenil.
Fuente: Alai-Amlatina
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EL RUGBY, EL PERIODISMO Y EL CHE GUEVARA
por Alexis Cuello y Alejandro Manzano
Lejos de la revolución, fue cronista de un deporte elitista de sus tiempos

El 5 de mayo de 1951 es para muchos una fecha más, perdida en la memoria. Para otros, un casillero en un calendario del cual ni siquiera fueron testigos. Seguramente, en la biografía de Ernesto Guevara de la Serna no figure especificado ese día, aunque aquel 5 de mayo fue la primera incursión formal del Che en el periodismo deportivo.

Fue el quinto día del quinto mes de 1951, cuando la revista Tackle estuvo en las calles por primera vez. La publicación fue la tercera en la Argentina dedicada al rugby, tenía una frecuencia semanal y en sus páginas figuraban las crónicas de los partidos jugados el domingo anterior en todas las divisiones.

Los que hacían la revista eran diez amigos que usaban seudónimos, el de Guevara era Chang-Cho, derivado de Chancho, apodo obtenido por la desprolijidad de su aspecto.

"Atalaya y las terceras", fue el primer artículo firmado por Chang-Cho y salió publicado en la primera entrega. Sus líneas describen lo sucedido en el torneo de 1950 de la tercera categoría, cuando Atalaya obtuvo el ascenso.

En total fueron seis las notas del Che publicadas los días 5, 12 y 19 de mayo; 23 y 30 de junio y 28 de julio. En el segundo número aparece: "Rugby en el interior", la más crítica del sexteto de textos rugbísticos del rosarino. "La mitad de los clubes tienen su nombre y el color de la camiseta como única propiedad", denuncia el texto. Guevara pone foco en la faceta social del deporte: "Quizás el punto inicial sea la falta de núcleos de población de nacionalidad inglesa en el interior". Y afirma: "No prendió el rugby entre las clases adineradas y, salvo excepciones, lo practica una pequeña burguesía, gente que puede poner mucho entusiasmo al servicio del deporte, pero nada más".

La editorial en la undécima entrega anunció que el próximo número saldría dentro de quince días acusando a la falta de papel como principal culpable. Esos quince días pasaron y Tackle no estuvo en los puestos de diarios. Roberto Guevara, hermano de Ernesto y parte del staff de la revista, aseguró: "Dejó de salir por falta de fondos". El testimonio figura en el libro "Che Deportista" de William Gálvez. Esta fue la anteúltima incursión de Guevara en el periodismo, ya que en México, durante los II Juegos Panamericanos de 1955, se reavivó su parentesco con la profesión. En el país azteca, fue el encargado de la cobertura de la competencia continental para Agencia Latina.

Por entonces, el Che estaba más cerca de hacer historia como revolucionario, que de ser un cronista deportivo.
Fuente: www.voltairenet.org
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