| La nueva mandataria sabe que estará en la mira de todos y todas, pero su defensa es que la vida no se agota con su condición. Abrir la puerta y salir del clóset se lo debe Blanca Durán a un aspecto humano y a otro electrónico que se juntaron para darle el valor. Fue hace 8 años. La primera ayuda fue una mujer, una santandereana que conoció mientras trabajó en temas de reinserción, y con quien pudo aceptar su condición sexual sin una relación. Después, tuvieron un año de amores, a escondidas y viviendo en ciudades diferentes. Y la otra, fue Internet. "Allí me di cuenta de que no era la única en el mundo, ni un bicho raro. Encontré a muchas personas para hablar y fue una puerta a la libertad", asegura Durán, recién llegada del salón de belleza, lugar que frecuenta más desde que se posesionó como alcaldesa. No es que antes no fuera vanidosa. Pero ahora debe andar de
"punta en blanco". En la peluquería, le ayudan con su nuevo rol y con un maquillaje que le resalta sus ojos claros y su mirada. Pero la sencillez de esta mujer de 36 años, ingeniera industrial de la Universidad de los Andes de Colombia, sí es la misma de siempre, según quienes la conocen, porque eso, afirma, no es negociable. Su casa queda a dos cuadras del trabajo. Su casa es como ella. Los muebles necesarios. Desde la ventana se ve la arquitectura imponente de la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Durán vive en el corazón de la localidad que dirige, en un edificio viejo cuyo ascensor traquea. Su actual compañera sentimental, que estudió marketing y pidió omitir su nombre, también es una mujer sencilla. Se sienta al lado de Blanca y la toma de la mano. Para ellas el amor no es un lío - llevan juntas casi dos años-, pero saben que es un sentimiento para mostrar en pocos
escenarios: sus departamentos, cuando van de visita como pareja a la casa de la familia de Durán y con amigos. "El mundo sigue siendo homofóbico", dice Durán. Y agrega que, de todas maneras, "cuando una se asume, piensa que para los demás es fácil hacerlo y no es así". Además, había todo un antecedente religioso: "Vengo de una familia evangélica, estudié en un colegio con esa filosofía, fui guía de jóvenes, predicaba, evangelizaba... ¡Y no sabía que era lesbiana!", explica. La amiga del trabajo le dio el empujón más fuerte y su mamá también, con una pregunta típica de mamá: "¿Por qué es que sólo sale con mujeres?" Durán sacó valor y le explicó. "Mi mamá lloró mucho. Inicialmente lo asumió como una enfermedad de la que me podía curar. El proceso se dio más libremente cuando entendí que
para ella no era fácil, que no tenía que aceptarme porque sí, sino por lo que yo representaba", dice. Y en las audiencias públicas fue su escudera. "Que no me le vayan a decir nada, mija, de lo suyo, porque se meten conmigo", le decía. La compañera sentimental de Durán ha asumido su nuevo rol de pareja de la alcaldesa con las implicaciones que este lleva. "Tenía unos contratos con la Alcaldía de Chapinero a los que renuncié cuando Blanca fue elegida. Así como una tiene derechos y ha peleado por ellos, también tiene deberes", afirma. En el fondo, la pareja es distinta. Blanca ya no rumbea tanto como antes. Su compañera, por el contrario, adora parrandear y necesita paciencia para convencer a Durán de salir a los bares. Pero a la hora de los juegos de mesa, no discuten, compiten, porque les encanta a las dos. Su compañera le toma la
mano de nuevo. Y Luna, la gata de la nueva alcaldesa, blanca, gorda y gigante, las mira y emite un "miau" demasiado suave para su tamaño. |