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#7260 De: Rocío Terlizzi <rocioterlizzi@...>
Fecha: Mar, 29 de Dic, 2009 5:27 pm
Asunto: En enero: Curso intensivo!!! Integración: Canto - Jazz - Tap
rociolujante...
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Curso Intensivo: Integración Canto – Jazz – Tap

 

Docentes: Rocío Terlizzi – Cecilia Fatta

Días: Lunes 18 y 25, martes 19 y 26, miércoles 20 y 27  de enero

Horario: 18.30 a 21 hs

Dirección: Corrientes 3181 (entrada por kiosko verde), Abasto

Arancel: $175

 

Inscripción  y reservas de vacantes: 4674-4991 / 15 5471-8149 / 156-354-5397

 

La propuesta de este curso es acercar a los alumnos al trabajo de integración de las disciplinas de canto, danza jazz y tap dance. Es nuestra intención brindar las herramientas básicas e introductorias de cada técnica para luego trabajar en la realización de un montaje específico, para el que seleccionamos material de la famosa comedia musical “Cabaret”. El objetivo es que los alumnos terminen el curso con un material cerrado, entendido, aprendido, disfrutado, cantado y bailado.

 

 

Canto:

 

  • Relajación
  • Ejercicios de respiración
  • Ejercicios foniátricos
  • Vocalización
  • Interpretación
  • Repertorio

Objetivo: Que los estudiantes puedan utilizar el conjunto de órganos que posibilitan la fonación de forma adiestrada, controlada. Esto es, que aprehendan la técnica vocal. Luego de tener un manejo importante de la técnica vocal, que desarrollen sus habilidades interpretativas. Es decir, que puedan proyectar tanto gestual como fonéticamente sentimientos y emociones en las canciones.

 

Tap Dance

 

  • Desarrollo de los movimientos básicos de la técnica, desde las nociones más sencillas a combinaciones más complejas
  • Ejecución del tap en movimientos estáticos y desplazados
  • Trabajos rítmicos a tiempo, contratiempos y sobre la melodía
  • Desarrollo de la agilidad y soltura de los pies
  • Trabajo progresivo sobre la coordinación que nos permitirá crecer como intérpretes
  • Realización de coreografías para sumar lo interpretativo y expresivo de cada alumno al trabajo técnico que se realiza durante la clase

 

Danza Jazz

 

  • Desarrollo de los movimientos básicos de la técnica, en pasos estáticos y desplazados (entrada en calor, plie, tendu, aislamientos, elongación,  diagonales, coreografía) 

Se trabaja:

  • Alineación postural
  • Disociación
  • Coordinación
  • Fuerza muscular – estilización de piernas, abdomen y brazos
  • Elongación
  • Movimientos y cadencias para distintos estilos musicales
  • Trabajo sobre una coreografía para sumar lo interpretativo en cada alumno

 

 

 

__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 4722 (20091228) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

http://www.eset.com




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#7259 De: Arte Histriónico y Lúdico (Tutopia) <arte_histrionico_y_ludico@...>
Fecha: Mar, 29 de Dic, 2009 3:12 pm
Asunto: Se convocan movileros para TV abierta.
n_catino
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Se convocan movileros/as para programa de TV abierta de salida semanal.

Debe tener espontaneidad y frescura.
Los móviles se podrán hacer en Buenos Aires o interior del país.
Contar con disponibilidad para viajar a interior del país con equipo de producción.
Edad entre 20 a 30 años.
Casting sería del 4 al 8 de enero de 2010.
Disponibilidad para rodar a partir de fines de enero 2010

 

Más detalles de la convocatoria:

 

http://www.artehistrionico.com/modules.php?name=News&file=article&sid=5134

 

Por favor no escribir agencias/representantes ya que no co-trabajamos con otras agencias.

Saludos,

 

 

Néstor Catino
Equipo de
Arte Histriónico y Lúdico ®
Argentina

 

www.artehistrionico.com

www.talentos.artehistrionico.com.ar

Perfiles de talentos, locaciones, etc. representados por nosotros.

www.mundoaudiovisual.com.ar/Curriculums Talentos que suben su material.

www.artehistrionico.ar.gs: Nuestro grupo en Yahoo! desde agosto de 2003.

 

MSN: n_catino@...

 


#7258 De: Roberto Saunier <robsaunier@...>
Fecha: Lun, 28 de Dic, 2009 8:33 pm
Asunto: Convocatoria
robsaunier@...
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Brilla Cordelia! convoca a artistas (actores, directores, dramaturgos, músicos, artistas plásticos, fotógrafos) para programar sus actividades para el próximo año 2010.

Brilla Cordelia! abre el registro de artistas (actores, directores, dramaturgos, músicos, artistas plásticos, fotógrafos) para participar en las Tertulias.

Brilla Cordelia! ofrece su sala en alquiler, a docentes y artistas.

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#7257 De: Compañía Nacional de Fósforos <lafosforera@...>
Fecha: Lun, 28 de Dic, 2009 7:55 pm
Asunto: ULTIMAS VACANTES - Talleres de Verano: Clown-Dramaturgia-Rutinas de Humor-Buenos Aires-Argentina
lafosforera@...
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De: WALTER VELAZQUEZ <carloscalostro@...>


TALLER DE ARMADO DE RUTINAS: “GANANDOSE EL COBRE

TALLER DE DRAMATURGIA: “DANZANDO EN EL TITANIC”

(Presencial y a distancia vía mail)

By Walter Velázquez

CIERRE DE INSCRIPCIÓN 31 de diciembre

 

1- ) TALLER  INTENSIVO DE ARMADO DE RUTINAS-“GANÁNDOSE EL COBRE”-ENERO 2010

 Lunes/Miércoles y viernes de 19 a 23 hs

A partir del lunes 4 hasta el lunes 18 de enero de 2010

Lugar: Teatro Puerta Roja- Lavalle 3636- Abasto-Buenos Aires-Argentina.

Arancel:  $300(€54 aprox.)

Carga Horaria: 28 horas a full !!!

 

2-) TALLER DE DRAMATURGIA: "DANZANDO EN EL TITANIC"-Enero-febrero

 Clases presenciales y a distancia vía mail/La escritura de un espectáculo teatral//Principiantes y avanzados

Presenciales: Día y horario: Martes de 19 a 23 h- a partir del martes 05 de enero de 2010 //// Lugar: Quintino Bocayuva 1545- Buenos Aires -Argentina

CUOTA: $150 (Argentina)/DURACIÓN: Enero-Febrero 2010

A distancia: Argentina $150/Resto del mundo €50/ Forma de Pago: Argentina: Transferencia Bancaria/Escribir solicitando información- DURACIÓN: Enero-Febrero

Informes e Inscripción:carloscalostro@...//carloscalostro@...

0054-11-4922-5437// (Dejar mensaje con teléfono o mail)

www.velazquezwalter.blogspot.com

 

 




--
Compañía Nacional de Fósforos
Teatro - Eventos - Talleres
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#7256 De: Rocío Terlizzi <rocioterlizzi@...>
Fecha: Lun, 28 de Dic, 2009 5:46 pm
Asunto: Curso Intensivo: integración canto-jazz-tap / Se agradece la difusión
rociolujante...
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Curso Intensivo: Integración Canto – Jazz – Tap

 

Docentes: Rocío Terlizzi – Cecilia Fatta

Días: Martes 12 ,19 y 26 y Jueves 14, 21 y 28 de enero

Horarios: 18.30 a 21 hs

Dirección: Yatay 1162

Arancel: $175

 

Inscripción  y reservas de vacantes: 4674-4991 / 15 5471-8149  / 156-354-5397

 

La propuesta de este curso es acercar a los alumnos al trabajo de integración de las disciplinas de canto, danza jazz y tap dance. Es nuestra intención brindar las herramientas básicas e introductorias de cada técnica para luego trabajar en la realización de un montaje específico, para el que seleccionamos material de la famosa comedia musical “Cabaret”. El objetivo es que los alumnos terminen el curso con un material cerrado, entendido, aprendido, disfrutado, cantado y bailado.

 

 

Canto:

 

·         Relajación

·         Ejercicios de respiración

·         Ejercicios foniátricos

·         Vocalización

·         Interpretación

·         Repertorio

 

 Objetivo:

                  Que los estudiantes puedan utilizar el conjunto de órganos que posibilitan la fonación de forma adiestrada, controlada. Esto es, que aprehendan la técnica vocal. Luego de tener un manejo importante de la técnica vocal, que desarrollen sus habilidades interpretativas. Es decir, que puedan proyectar tanto gestual como fonéticamente sentimientos y emociones en las canciones.

 

Tap Dance

 

  • Desarrollo de los movimientos básicos de la técnica, desde las nociones más sencillas a combinaciones más complejas
  • Ejecución del tap en movimientos estáticos y desplazados
  • Trabajos rítmicos a tiempo, contratiempos y sobre la melodía
  • Desarrollo de la agilidad y soltura de los pies
  • Trabajo progresivo sobre la coordinación que nos permitirá crecer como intérpretes
  • Realización de coreografías para sumar lo interpretativo y expresivo de cada alumno al trabajo técnico que se realiza durante la clase

 

Danza Jazz

 

  • Desarrollo de los movimientos básicos de la técnica, en pasos estáticos y desplazados (entrada en calor, plie, tendu, aislamientos, elongación,  diagonales, coreografía) 

Se trabaja:

  • Alineación postural
  • Disociación
  • Coordinación
  • Fuerza muscular – estilización de piernas, abdomen y brazos
  • Elongación
  • Movimientos y cadencias para distintos estilos musicales
  • Trabajo sobre una coreografía para sumar lo interpretativo en cada alumno

 

 

 




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#7255 De: Gustavo Enrique Böhm <gustavobohm@...>
Fecha: Lun, 28 de Dic, 2009 2:55 pm
Asunto: Formas de la Muerte
gustavo_bohm
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Se quisiera ver o no, el país era ya otro país.

 

Es claro que muchos lo habían advertido incluso antes de la aventura de Malvinas, pero otros seguían aferrados al “Proceso de Reorganización Nacional” como si esta expresión significara algo similar, parecido o incluso idéntico a lo que significó en marzo de 1976.

 

Pero no era así, otro país comenzaba a percibirse, en medio de broncas y esperanzas, todo había cambiado.

 

Un hombre, un desconocido, podemos llamarlo Pablo como José, no tiene importancia, es la única vez que lo vamos a mencionar; este Pablo o José, sentado en un limpio y ordenado living, miraba expectante las noticias por televisión. Así había sido para él desde el 2 de abril, parecía que no se hubiera movido del mismo lugar desde el cual se convertía en el observador de una realidad cambiante a través del mentiroso discurso de las Fuerzas Armadas.

 

Ese día, el 20 de junio de 1982, la información daba cuenta de que un grupo de fuerzas británicas había completado un ataque contra la base científica "Corbeta Uruguay" de la isla Morrell (Sandwich del Sur), y desalojado por la fuerza a los científicos argentinos allí establecidos.

 

En realidad no fue con la rendición en Puerto Stanley sino con este acto que terminó definitivamente la guerra.

 

Inglaterra declaró en ese momento el cese de las hostilidades.

 

Este señor, Pablo o José, da lo mismo, sufría de un problema congénito en el corazón, que se había desarrollado hasta una situación de verdadero peligro en su adultez. Fue por eso que, con sólo cuarenta años, había conseguido una pensión por invalidez y desde ese momento, no trabajaba. Ya habían pasado quince años.

 

Sin embargo, formalmente, él era el Encargado de un Edificio del barrio de San Telmo, viejo caserón medio venido abajo, no muy problemático, valga aclarar, ya que sus vecinos, pocos, eran personas de edades que superaban, en promedio, los cincuenta años. Gente tranquila, nada molesta, vecinos amables.

 

Pero la verdadera “Encargada”, ya desde hacía muchísimo tiempo, era su mujer. Amelia. Una vieja charlatana a quien él alguna vez, en un remoto pasado, había amado.

 

Concibieron una hija que en la actualidad, con veinticinco años, se había casado “bien”, con un arquitecto de la zona norte, y cada vez los visitaba menos. Para las fiestas, seguro, para traer al nieto, para confraternizar mínimamente con los consuegros, pero Pablo o José, se sentía a veces como un objeto abandonado por todos. Menos por Amelia, cuya perpetua charla, inundada de quejas, era su compañía cotidiana.

 

Amelia regresaba de hacer las compras.

 

Tenía que ir al dentista, ya hacía mucho tiempo. Había un problema en su dentadura postiza, eso le ponía los nervios de punta, porque cuando hablaba demasiado (nunca demasiado era demasiado para ella) ocurría un desplazamiento en el objeto que la obligaba a reacomodarlo con la lengua. Todo esto producía también un particular sonido que se filtraba en su conversación, como si fuera una extranjera con acento difícil de determinar, o una enferma con un problema de dicción.

 

Amelia, la portera, la mujer de José o Pablo, que bien podría haber sido su viuda, viuda de un muerto en vida (no podía quejarse, era una compañía para ella, aparte del marido tenía unas plantas pero ningún otro animal en la casa), metió en ese momento la llave en la cerradura de la pesada puerta de metal que daba acceso al edificio. Venía cargada de bolsas del almacén. Las había puesto en el piso mientras abría. Luego, al empujar la puerta, colocó una de las bolsas como obstáculo para trabarla.

 

¿Por qué hizo esto en lugar de entrar, simplemente, al edificio?

 

Porque tenía mala espina.

 

Cuando salió a hacer las compras, vio a un muchacho en la vereda de enfrente que observaba detenidamente su edificio (el posesivo no podría ser más adecuado, tanto la casa como la gente que vivía en ella era propiedad de la vieja Amelia, ella lo administraba todo y a todos a la vez).

 

Al regresar del almacén, el joven seguía allí. No en el mismo lugar, se había desplazado unos metros, pero no dejaba de observar, mirando siempre hacia arriba.

 

Amelia siguió el trayecto de esa mirada y se encontró con las persianas cerradas del departamento del tercer piso que daba sobre la esquina, el Tercero “B”.

 

Regresó la vista a su posición original: Se detuvo un momento en el joven hasta que se le prendió la lamparita de su siempre activa mente. Lo conocía. Es decir, lo había visto antes. Y no solamente husmeando en los alrededores, lo había visto entrar a su edificio.

 

Fue entonces cuando se decidió y le chistó.

 

Udo la miró asombrado desde el otro lado de la calle. No se había percatado de la presencia de esa vieja mal vestida que, cargada de bolsas, sostenía la puerta de la Casa de San Telmo.

 

Vio que le hacía señas y cruzó inmediatamente a su encuentro. Una luz de esperanza le iluminó el alma.

 

“Buenos días”, saludó Udo, “¿Usted vive aquí?”

 

“Soy Amelia, la encargada”, respondió ella con cierto disgusto, había esperado poder preguntar primero pero el muchacho se le había adelantado.

 

“Claro, que tonto, ya la he visto en otras oportunidades”, exclamó Udo y le tendió una mano, que la vieja rozó con desconfianza. “Es una suerte encontrarla”, siguió el muchacho, pero ella lo interrumpió.

 

“Lo vi mirando hacia la casa y me llamó la atención, por eso lo chisté, ¿busca a alguien?”

 

“Sí, efectivamente”, respondió Udo. “Busco al dueño del Tercero B. Pasé muchas veces, toqué el timbre, pero nadie responde”.

 

La mujer levantó con interés la mirada, que antes había recorrido de arriba abajo al joven para ponderar su aspecto, y clavó sus ojos en los de Udo. Dudó sobre las palabras a utilizar, pero finalmente dijo:

 

“Lamento tener que ser yo quien se lo informe, jovencito, pero el dueño del Tercero B falleció recientemente”.

 

Por un instante a Udo se le cerró el estómago, imaginó lo peor que podía imaginar. Luego se dio cuenta de lo que la mujer le estaba diciendo y se relajó:

 

“No, sí; claro… No me refería a Aníbal, sino a Emilio. A Emilio Scarfi, el muchachito que vivía con él”.

 

Allí la desconfianza de la vieja recuperó toda su fuerza y esplendor. Se puso en guardia. Nunca, nunca jamás había tragado a ese “amiguito” del señor Aníbal. Ella sería una mujer poco cultivada, no leía mucho y hablaba por demás, lo sabía y no le importaba, pero si algo había aprendido en la vida era a calar a la gente. Y aquél “Emilito”, como le decía el señor Aníbal, era un mal bicho, de eso no cabía la menor duda.

 

“El dueño de casa murió. No sé que pasó con el chico que vivía con él”.

 

Acto seguido, Amelia dio la espalda a Udo dando por terminada la charla y disponiéndose a entrar en la casa. Udo la detuvo, con una desconcertante urgencia en la voz. Tal fue por efecto de ese sonido que la vieja no pudo sino dar vuelta sobre sí misma y regresar a la posición anterior.

 

“Por favor, dígame donde se fue Emilio y cuándo”.

 

La Portera hizo una pausa, luego dijo, con lentitud.

 

“No se por qué razón tendría que informarle de cosas que no le incumben. Yo a usted no lo conozco”.

 

“Perdone, señora. Yo creo que usted me ha visto en la casa. Yo, al menos, recuerdo haberla cruzado alguna vez. Soy amigo de Emilio, era amigo de Aníbal, también. Lamento mucho su fallecimiento, por supuesto ya estaba al tanto. No se si usted sabe que ahora el dueño del departamento es Emilio. Aníbal se lo dejó”.

 

La vieja tomó aire por la nariz sonoramente al oír esa información, una desagradable novedad para ella.

 

“Ajá”, dijo. “Bueno, no sé nada de él jovencito. ¿Cómo es su nombre?”

 

“Udo Heinrich, perdone, no me había presentado”.

 

“Usted me cae bien. Me parece una buena persona, y yo tengo mucha experiencia sobre las personas. En fin, no puedo decirle mucho. El señor Emilio…”, pronunció la palabra “señor” como si hubiera dicho “excremento”, o “basura”, para Udo fue muy chocante darse cuenta de eso, “…se fue un par de días después de la muerte de don Aníbal. A mi me dijo que volvería más adelante, que le había dejado la llave a un amigo para que pudiera entrar y encargarse de pagar expensas y otras cuentas. Pero no me aclaró nada más”.

 

Algo se desmoronó dentro de Udo.

 

“¿Le dio algún teléfono? ¿Sabe adónde fue o quién es ese amigo que dejó como encargado?”

 

“No, muchacho. No tengo más datos que darle, es todo lo que sé”.

 

“¿No le dijo adónde se iba? Él es de Bragado, quizá se fue unos días a la casa de la madre”.

 

“No tenía idea de que ese chico no era de acá. Usted sabe más que yo de él, evidentemente”, había doble intención en esa frase. “No puedo ayudarlo, discúlpeme. Tengo que entrar, es tarde y mi marido espera que le prepare el almuerzo. Mi marido es un hombre enfermo”.

 

“No quiero molestarla pero, ¿de veras no le dejó ningún dato, ni de él ni de la persona que dejó a cargo?”

 

Allí la vieja miró a Udo con una violencia en los ojos que congeló al muchacho.

 

“¿Usted me está acusando de mentirosa?”

 

“No, por Dios”, exclamó Udo, “sólo es que necesito ver a Emilio. Es un tema importante, y no puedo dar con él”.

 

Pensó rápidamente y agregó, mientras sacaba del bolsillo de su campera algo para escribir y un pedazo de papel que encontró ahí mismo, una propaganda de quien sabe qué. “Oiga, yo le voy a dar mi teléfono. ¿Le puedo pedir que si Emilio regresa me avise o le avise a él y le pase este papel? Es importante”.

 

Amelia miró la nota con desprecio. Sospechaba lo peor de todo eso, pero no supo negarse. Luego vería que iba a hacer con el papelito.

 

“Está bien, joven. Si sé algo lo llamo. Mi nombre es Amelia, ya se lo dije, se lo repito para que me recuerde cuando lo llame”.

 

Udo no se atrevió a pedirle el teléfono a ella. La vio entrar por la puerta que tantas veces él mismo había usado para ingresar en la vida de ese chico que lo amaba (al menos eso había creído hasta ahora) y del cual él se había enamorado.

 

Luego de que la vieja desapareció, el desconcierto, la tristeza, un decaimiento atroz se apoderó de Udo.

 

No sabía que hacer. A quién recurrir.

 

¿Cómo pudo sostener todo ese tiempo una relación sin conocer a nadie más que pudiera haber servido de enlace entre ellos si ocurría algo?

 

Pensó. A Emilio lo había conocido por Norberto Abrahmson, habían ido a ver una obra de teatro en la que el chico trabajaba con él. También lo conocía Alejandro Truffaux. Pero todas esas relaciones eran circunstanciales, por haber compartido trabajos en teatro, nada más.

 

No tenía manera de comunicarse con él. Solo podía esperar.

 

Mientras regresaba a la casa, de pie en el colectivo 152, aferrado a un barrote del techo para no caerse, sintió que se quedaba sin fuerzas. ¿Cómo era posible? Emilio había desaparecido de su vida sin decirle nada.

 

Aquello no podía tener que ver con su ausencia en el velorio, eso era seguro. Fue un accidente el no enterarse y Emilio no se había enojado con él, solo había manifestado la tristeza de no compartir ese momento de dolor con su amigo.

 

Luego, no había querido recibirlo en la casa. Le había dicho que necesitaba “aire”, recordaba esa palabra. Le había pedido unos días.

 

Udo temía a una depresión y necesitaba verlo, además, por su propia ansiedad de abrazarlo y de ser abrazado por ese hombre que él, ya no podía negarlo, amaba.

 

Cuando llegó a su departamento entró por la cocina. La nueva vivienda de Udo tenía dos accesos, lo cual resultaba muy conveniente si no quería ser visto.

 

Se quedó un rato apoyado en la mesada donde descansaban tres platos y dos tazas lavados por su madre, además de una serie de cubiertos apoyados en un costado. Un repasador húmedo pendía de la canilla cerrada.

 

No pensó lo que hacía. Simplemente lo hizo.

 

Su mano tomó un plato, lo levantó en el aire, por sobre su cabeza y con una violencia brutal lo arrojó al piso, donde se hizo añicos generando un estruendo al partirse la loza y saltar por todos lados. Creyó que una minúscula porción del destrozo le había lastimado la piel del brazo. No era así, fue sólo un roce al volar los pedazos por el aire.

 

La madre de Udo abrió la puerta de la cocina, asustada, e intentó comprender lo que había ocurrido. Se dio cuenta de que su hijo lloraba.

 

“¿Qué pasó? ¿Qué te pasa?”

 

“No, no es nada. Se me resbaló el plato, quería guardarlo”.

 

Carmen no creyó una palabra.

 

“Estás llorando”.

 

“¡No estoy llorando, mamá!”, respondió Udo histéricamente. Sus lágrimas caían como una catarata por sus mejillas.

 

La madre se mantuvo en silencio mientras buscaba una escoba para levantar el destrozo.

 

Udo se metió en su habitación y cerró su puerta con violencia.

 

Se había hecho la oscuridad.

 

28 de diciembre de 2009

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#7254 De: mariano dossena <mdossena@...>
Fecha: Dom, 27 de Dic, 2009 9:38 pm
Asunto: Taller de verano: "De la improvisacion al texto" dictado por Mariano Dossena
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Taller de Verano 2010:

 " De la improvisacion al Texto"

Dictado por Mariano Dossena

www.marianodossena.wordpress.com

 

 Febrero/Marzo

Descripción:

El taller que tendrá una duración de 9 clases, trabajara con el objetivo de brindar las herramientas basicas para arribar al hecho dramático, pasando en primer instancia por la improvisación con diferentes estimulos y disparadores creativos , para luego abordar el texto, la escena escrita

Temario a Desarrollar:

  • Ampliar la capacidad expresiva del participante
  • Encontrar la propia expresión
  • Vinculo-Acción-Conflicto
  • Diferentes maneras de abordar un improvisación y a partir de distintos estímulos
  • Estructura para la escena
  • El cuerpo al servicio de la escena
  • Creación del personaje
  • Estructura dramática
  • Creatividad, Fantasía del personaje
  • Cuerpo al servicio del per
  • sonaje
  • Vinculo-Acción-Conflicto
  •  

                                                 Lugar: Bravard 1178(P.Centenario)

                                                Arrancamos martes 5 de febrero 19hs

Horarios y docentes
Martes - 19 a 21:30 hs - Docente: Mariano Dossena
Período
Del 05/02/2010 al 30/03/2010
Arancel
$ 100,00
Más información
4861-9809 / 15-4025-8266


#7253 De: mariano dossena <mdossena@...>
Fecha: Dom, 27 de Dic, 2009 9:10 pm
Asunto: LOS INVERTIDOS 2010-el blog
mdossena
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LOS INVERTIDOS
de Jose Gonzalez Castillo
 
con Pepe Monje, Alejo Garcia Pintos, Maia Francia, Emiliano Dionisi y gran elenco
Direccion: Mariano Dossena
produccion general: Silva Producciones
 
ESTRENO 2010
 
podes ver todas las novedades entrando al blog: www.losinvertidos.blogspot.com
 
Feliz año!
 


#7252 De: Silvestre BYRON <eaf_elangelblanco@...>
Fecha: Dom, 27 de Dic, 2009 5:39 pm
Asunto: EAF - Ver "Simone"
eaf_elangelb...
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VER "SIMONE"

http://www.youtube.com/results?search_query=Simome+y+Floren+Delbene&search_type=\
&aq=f

SIMONE
Imágenes: "La vuelta de Rocha" (Lumiton, 1937) de Manuel Romero. Versión:
Noemí Bonasera. 7º Festival de Videominuto (SAVI, 2000). Dur: 1:00.
Sinopsis: Un paradigma de la película de tango argentina de los años treinta.

Hoja de Información EAF.-
http://www.underground-eaf.com.ar
Contacto: Adel





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#7251 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Dom, 27 de Dic, 2009 2:00 pm
Asunto: El Goce de la Actuación
gustavo_bohm
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La sangre saltó al rostro de Udo cubriéndolo por completo,
transformando su piel en una máscara roja por la consternación.

A muy poco de comenzar la muestra de LOS FUSILES DE LA SEÑORA CARRAR,
Udo, en su personaje de José, había trastabillado en el texto y, por
falta de experiencia, por desconcentración, por demasiada seguridad
asumida o quién sabe por cuál de todas esas razones o por todas, el
joven no siguió simplemente adelante, el camino más simple para evitar
empeorar el desliz, sino que hizo una pausa, sus músculos faciales
transformaron su cara en una mueca, un movimiento inconsciente le
recorrió todo el cuerpo y repitió el mismo texto en que había quedado
trabajo: En definitiva, todo un manual de lo que un actor no debe
hacer sobre el escenario.

Y se dio cuenta, además, en el mismo momento, de lo erróneo de su
salida, pero no lo hizo intencionalmente, no pudo hacerlo de otra
manera. Por eso la cara como un tomate, por eso la vergüenza.

Encima, al levantar la vista, que debió haber estado fija en un punto
como buscando rastros de la barca de su hermano, encontró la mirada
angustiada de María Marta Fresias, que sufría por lo que le estaba
pasando a él. Fue peor.

Pero respiró.

Una energía quién sabe salida de dónde se reconcentró en su cuerpo y,
el resto de la muestra, fue más “José” de lo que nunca había sido.

Durante el desarrollo de su actuación tuvo tanta conciencia de cada
cosa que hacía, de cada movimiento, suyo y de todos los demás
compañeros, que comenzó a sentir un placer enorme proveniente del
manejo de la atención. No es que los sentimientos hubieran dejado de
bordear su piel, no es que el público no lo viera emocionado, si debía
mostrar emoción, pero a la vez, él tampoco dejaba de ser público de sí
mismo, se veía en esa emoción y, duplicadamente, se emocionaba.

“¿Estaré representando esto como Brecht hubiera querido?”, pensó, en
su obsesión por intentar seguir el camino del autor alemán, por
comprenderlo, por pasarlo por su cuerpo. Sin embargo, hay justamente
dos obras que, tanto desde el punto de vista de la forma como de la
función, deben situarse casi sin reservas en la tradición dramática
aristotélica: Una es, justamente, LOS FUSILES DE LA SEÑORA CARRAR, la
otra es Vida de Galileo.

Más difícil de interpretar es el regreso al principio aristotélico en
la Vida de Galileo. Brecht anotó en su diario de trabajo el 30 de
julio de 1945: “en lo formal, no defiendo esta obra con especial
vigor”, y por qué la consideraba esencialmente, desde el punto de
vista de la dialéctica en el teatro, un contraste interesante con las
obras estructuradas como parábolas.

Quizá sea que la reescritura teatral de una historia real no puede
lograrse mediante la manipulación y el montaje.

Esto se evidencia en el contraste del Galileo con la pieza sobre
Chicago. En el caso de Galileo tuvo por tanto que seguir la historia;
en el de Juana no tenía que preocuparse de ella. Esto indicaría que la
forma de representación demostrativa sólo puede llevarse a cabo en la
figuración de acontecimientos inventados, no transmitidos
históricamente.

Pero La vida de Galileo no supuso, en modo alguno, una renuncia del
autor a la dramaturgia no aristotélica, aunque sí mostró ciertas
resistencias sumamente curiosas de la materia histórica en su
transposición a un teatro no aristotélico.

Esto no significó un triunfo postrero de Aristóteles sobre los no
aristotélicos, puesto que Galileo, a pesar de todo, no permitía la
catarsis del espectador: de esto se ocupa el “ardid” del revelador
autoanálisis del célebre físico. Pero sí se había evidenciado una
dificultad específica del trabajo teatral dialéctico. La exigencia de
Brecht de amplitud y variedad de la escritura realista se correspondía
con la necesidad de una praxis teatral amplia, variada, de formas
plurales, pero siempre dialéctica.

Llegado el tan discutido momento de la entrada del cadáver, Udo fue
consciente de otro desfasaje, pero este, a diferencia del primero, le
gustó.

Le sobraba tanta fuerza, había tanta tensión acumulada en su ser, que
la dejó escapar toda en la explosión de llanto a la vista del cadáver.
Transformó la escena en un melodrama. Obviamente luego no recibió
ningún halago de Villa por esa distorsión, pero su goce fue atroz.

Finalmente, había traicionado a Brecht y rescatado a Aristóteles.
Según Hacks, en Aristóteles tenemos a “un hombre cuyo mérito consistió
en que el drama se hiciese romo e inofensivo para las sociedades de
explotadores”. Por tanto, no es “ocioso prevenir sobre este antiguo
apologeta”. En Gespräch über die Nötigung zur Einfühlung (Conversación
sobre la imperiosidad de la empatía) de 1953, el dramaturgo inicia la
conversación con sus colaboradores con la siguiente introducción:
“Tengo aquí la Poética de Horacio en la versión de Gottsched. Formula
con elegancia una teoría planteada por Aristóteles para el teatro de
la que nos hemos ocupado a menudo:

Debes hechizar y ganarte el corazón del lector, se ríe con los que
ríen y también se vierten lágrimas con los que están tristes. Por eso,
si debo
llorar muéstrame primero húmedo de llanto tu ojo.

En el célebre pasaje, Gottsched remite a Cicerón, quien, cuando
escribe sobre el arte de la oratoria, nos habla del actor romano
Polus, que debía representar a Electra cuando llora a su hermano. Como
hacía poco que había muerto su único hijo, llevó su urna al escenario
y declamó los versos pertinentes haciéndolos suyos de forma tan
poderosa, que su propia pérdida le hizo derramar verdaderas lágrimas.
Y no hubo ni una sola persona en el lugar que pudiera contener las
suyas. Brecht acotaría: “Ciertamente, semejante procedimiento merece
el nombre de bárbaro”. La actuación de Udo en el lloroso José,
trasladada a términos de Brecht fue, entonces, una actuación
“bárbara”. Supo por testimonio de uno de sus invitados que, esa
escena, había causado horror, rechazo. Udo pensó “temor y temblor” y
no pudo evitar recordar las claves referidas por Aristóteles en su
poética sobre el momento del horror de la tragedia y la catarsis
posterior. En tal sentido, había sido fiel a lo que habían discutido
en los ensayos, aun en contra de lo que él había intentado proponer.
Pensó luego nuevamente en Brecht y en Voltaire, tan alabado por Villa;
en Shelley, en Hasek: La representación de la realidad en sus
contradicciones. El evitar la identificación empática. La didáctica
orientada a mostrar la situación como transformable y digna de
transformarse. Literatura del extrañamiento.

Brecht confronta al Aristóteles histórico y la tarea histórica de su
filosofía, sobre todo de su poética.

Se trata de la contradicción entre la dialéctica formal y la real, una
estética de la permanencia y la confirmación frente a una teoría del
arte que aspira a transformaciones reales.

Cuando Brecht habla de la “miseria alemana” se refiere al arte alemán
clásico aristotélico y a la interpretación del arte como expresión de
la miseria, deformidad e insuficiencia de la situación alemana. El
antiaristotelismo de Brecht se refiere tanto a la función histórica
del Estagirita y a la polémica del frente popular del año 1935, a la
interpretación en exceso limitada del realismo, como a la
interpretación transfiguradora y en el fondo no realista del pueblo y
de lo supuestamente popular.

La confrontación con Lukács y sus partidarios en 1938 tuvo una
profunda influencia posterior en Brecht, sobre todo si se considera
que diez años después, en Berlín, volvió a ser de actualidad para él y
para su Berliner Ensemble. Fue entonces cuando formuló la maliciosa
sentencia: “El pueblo puede ser cualquier cosa, menos popular”.

Al final de la representación, cuando la madre afirma que el pan está
listo y se suma a ellos en la lucha, dispuesta a salir, fusil en mano,
el público estalló en aplausos.

Evidentemente, habían logrado el objetivo.

Villa sonreía desde el fondo.

Mientras saludaba y, al ver a Tavo y a José entre los presentes, el
alemancito extrañó en el alma no encontrar allí a Emilio. Hubiera
deseado tenerlo a su lado en ese momento en que se sentía tan feliz,
tan completo. Después de todo, él nunca lo había visto trabajar, a
diferencia de Udo que sí había visto a Scarfi en una obra.

Allí lo había conocido.

Pero seguía sin saber nada de él.

27 de diciembre de 2009
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#7250 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Dom, 27 de Dic, 2009 1:43 am
Asunto: Un sol oscuro
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Los días que siguieron fueron como una tormenta que no se detenía.

La angustia se había convertido en la norma de los días de Udo.

Casi lo primero que hacía por las mañanas era llamar a Emilio. Emilio
no respondía al teléfono.

Pensó en dejarlo pasar unos días sin molestarlo, es decir, sin
presionarlo. Pero no podía con su genio. Al día siguiente insistía. Y
de nuevo sin respuesta.

La preocupación era cada vez mayor.

Decidió aguantar un poco más.

Tavo le propuso ir a ver la versión de MEDEA que hacía Inda Ledesma en
“Los Teatros de San Telmo”. Fueron.

El nombre de la versión era “Medea: Un sol oscuro” y esa magnífica
actriz interpretaba el personaje de una manera que ponía la piel de
gallina.

Había intercalado poemas de un escritor llamado Víctor García Robles,
y cuando su voz desgranaba las palabras de ese poeta, en el espectador
ocurría algo hipnótico, como si no se tratase de palabras sino de
mágicos abalorios que brillaban en cada frase. La respiración que se
oía era sólo la de Inda, el resto permanecía callado, en un silencio
mortal.

Salieron muy impresionados.

Udo dudó un momento, pero no pudo evitar pedirle a Tavo que caminaran
unas cuadras, hasta lo de Emilio. Le explicó la verdad (a medias): es
decir, que luego de la muerte de Aníbal había intentado comunicarse
con él y que, como resultaba imposible porque nunca atendía el
teléfono, estaba realmente muy preocupado. Tenía miedo de que
estuviera demasiado deprimido y, si a Tavo no le molestaba, para él
sería una tranquilidad pasar y al menos tocar el timbre, ver si
respondía, escuchar su voz.

Lo hicieron.

Treppani no opuso ninguna resistencia, al contrario, le pareció algo
muy humano tal como se lo planteaba su amigo.

Al llegar a la esquina de la casa que había sido de Aníbal, un
estremecimiento recorrió la espalda de Udo. Se quedó mirando como sin
comprender. No sólo no había luz, eso podría no significar nada, pero
además de estar todo apagado, las ventanas estaban completamente
cerradas. Las persianas metálicas, trabadas. Esto era evidente por el
simple detalle de que no había ninguna saliente, estaban todas al
mismo nivel. Completamente cerradas.

Como si no hubiera nadie en la casa.

Udo pensó un momento.

No podía bajar la mirada, fija en las ventanas del tercer piso, donde
se encontraba el departamento.

Realmente, no había nadie en ese lugar.

“Quizá cerró así para más seguridad, ¿qué sabés?”, trató de
tranquilizarlo Tavo.

“Por ahí tenés razón. Pero es raro cerrar de esa manera…”, por primera
vez desde que llegaron a esa esquina bajó los ojos y encontró los de
Tavo. “Tal vez se haya ido unos días. El es de Bragado. Es muy
probable”, decía esto para conseguir calmarse y, de alguna manera, lo
consiguió.

Volvieron a la avenida y tomaron en 152.

Mientras regresaban Udo le preguntó a su compañero cómo le caía Rosa
Mata, la alumna de Martha Sánchez que compartía clase con él. La
respuesta fue muy entusiasta, le parecía una chica inteligente,
alegre, divertida. Nada de esto había podido apreciar Udo en esas
pocas cuadras que caminaron juntos luego de la muestra de MUERTOS SIN
SEPULTURA, digamos que no podía cuestionar su inteligencia, pero no la
había percibido ni alegre ni divertida.

Seguramente había estado teñido por su propia afectividad en ese
momento, y no era uno de sus mejores días, valga decirlo.

Algo que lo perturbaba sobremanera era la presencia de sus padres en
su nuevo departamento. Desde la mudanza, no se habían ido. Esto había
ocurrido pocos días atrás, el 11, pero ya venía conviviendo con su
madre las dos semanas anteriores. No es que no los quisiera, es sólo
que, incluso cuando todo iba bien, Udo necesitaba encontrar un espacio
vacío al regresar a su casa. Esto era algo muy propio de su
personalidad que se transformaba en una necesidad vital.

Y además, estaba claro que este tiempo no lo estaba pasando nada bien.
Era imperioso para él encontrar un espacio en el cual distanciarse de
todo y de todos y se hacía imposible con la continua intromisión de
los padres.

Supuso, de todas formas, que esta situación no duraría mucho más.
Debían regresar a la costa en algún momento.

El día 14 fue una jornada completamente caótica en Buenos Aires. Como
caja de resonancia de lo que pasaba a la distancia, la capital sufrió
un fuerte choque al desayunarse, de la noche a la mañana, de la
verdadera situación en las Islas.

Tras duros combates, la guarnición argentina de Puerto Argentino había
capitulado.

Entre los generales Jeremy Moore y Mario Benjamín Menéndez,
respectivamente comandante de las fuerzas británicas y Gobernador
militar de las Islas, quedó entonces acordado el alto al fuego y la
consiguiente rendición.

Durante la noche la gente comenzó a agolparse en las calles, inundando
Plaza de Mayo, en una manifestación en rechazo a la capitulación, en
la que se produjeron desmanes.

La represión policial no se hizo esperar.

Tavo cenó junto a Udo y sus padres, viendo lo que ocurría por
televisión.

Las palabras con las que el Dictador había comenzado su discurso, a la
tarde, no dejaban de resonar: “¡La Batalla de Puerto Argentino (pausa
dramática) ha finalizado…!”

En realidad no es posible asegurar a ciencia cierta que la incorrecta
pausa introducida por Galtieri en esa frase fuese un toque de
dramatismo, o una pérdida de conciencia, del hilo de lo que debía
decir, o quizá un terror oculto a lo que se venía, la caída.

El comienzo del fin.

Efectivamente, Galtieri fue reemplazado por Reynaldo Benito Bignone y,
por primera vez desde 1976, el país pasó a ser gobernado sólo por el
Ejército, desmembrándose la Junta Militar que se había formado en
“garantía del Proceso de Reorganización Nacional”. La Armada y la
Fuerza Aérea ya no eran de la partida.

Tarde, esa noche, Udo volvió a intentar comunicarse con Emilio. Siguió
sin obtener respuesta.

La fecha de la muestra de LOS FUSILES DE LA SEÑORA CARRAR ya estaba
encima, por lo cual Udo casi no se ocupaba de EL ORGANITO. Trató de
concentrarse en el trabajo, pero un dolor inmenso se repartía por su
cuerpo. Necesitaba de las caricias de Emilio, necesitaba abrazarlo y
volver a pedirle perdón por no haber estado cuando tanto lo
precisaba.

Se escapó por el lado que mejor conocía, el del estudio. Se hundió en
Brecht. Había encontrado puntos interesantes de relación entre este
autor y Lessing. Udo descubrió que la construcción de una pieza como
una “ecuación con varias incógnitas” en Brecht no necesariamente
estaba en contradicción ni con Lessing ni con Aristóteles. Desde aquél
ensayo en el cual Villanueva Cosse le había dado la razón en cuanto a
“no abandonar a Brecht” en su estilo a pesar de estar haciendo la obra
menos “brechtiana” de todas las suyas, Udo buscaba en los libros
justificaciones que le sirvieran de base teórica para sentirse más
tranquilo en sus planteos que, en principio, sólo eran intuitivos.

Ahora tenía algo a que aferrarse: “la fábula”.

Este concepto, en el que se basa sobre todo Aristóteles, fue adoptado
por Lessing y también por Brecht. La auténtica diferencia que explica
por sí misma el incesante esfuerzo de Brecht en pos de una dramaturgia
no aristotélica se basa en la dialéctica marxista. Pero si bien esta
aparece en las parábolas y en las piezas didácticas, no puede vérsela
con tanta claridad en obras más complejas. Para éstas, sería más
exacto hablar de funcionalidad marxista. En Aristóteles, al igual que
en Lessing, la función del drama se limita a la duración de la velada
teatral, al espacio cerrado del teatro. La función de la dramaturgia
brechtiana aspira a trascender la velada teatral y el patio de
butacas, quiere enseñar, señalar las contradicciones del ser social,
desencadenar procesos de conocimiento, provocar una actuación clara e
inteligente en la vida. Todas las coincidencias formales entre Lessing
y Brecht no pueden ocultar estas divergencias.

Las posiciones básicas de la dramaturgia de Lessing, orientadas al
equilibrio burgués, están mucho más cercanas a la postura básica de
Aristóteles que a la dramaturgia revolucionaria. Aristóteles y Lessing
aspiran, en último término, a que el espectador reconozca los valores
y las acciones morales. Purificar las pasiones, provocar compasión y
temor, supone el reconocimiento de valores estables. Brecht, sin
embargo, se pregunta siempre por las situaciones concretas, pone en
tela de juicio los valores de validez supuestamente universal. Donde
Lessing entiende la catarsis como proceso de humanización, Brecht no
ve más que la mera barbarie.

Con eso en mente fue que Udo apareció en uno de los últimos ensayos de
LOS FUSILES. Planteó que la diferencia debía estar allí, en la
catarsis. La escena cuestionada seguía siendo la de la entrada del
muerto, la cual Villa quería jugar de una manera, por decirlo de una
forma simplista, “stanislavksiana”. O, por decirlo desde la manera de
catalogar de Brecht, “aristotélica”. La solución propuesta por Villa
estaba en poner las tintas ideológicas en la escena final.

“Mi preocupación”, insistía Udo, “es lo que pase con el público luego
de la entrada del cadáver, velorio incluido, ante sus ojos. Es muy
fuerte. Es imposible que, actuado tal como está escrito, no produzca
una identificación. ¿No estaríamos cayendo en lo que Brecht llama ‘la
mera barbarie’?”

“Pero, chiquilín”, respondía Villa, “no fui yo el que escribí la obra,
fue Brecht. Y está contada de esa manera. Si metemos artilugios de
distanciamiento, música, alteraciones de ritmos, palabras dirigidas al
público, cualquier otra cosa por el estilo, estaríamos violando lo que
claramente está escrito por el propio autor, que, dicho sea de paso,
era un maestro en la estructura dramática”.

“¿Entonces, qué?”

“Entonces, nada”, respondió Villa. “Actúan la obra como el autor la
escribió y listo. En el momento final, cuando la Señora Carrar asume
ideológicamente el punto de vista que hasta ese momento había
rechazado, la escena anterior va a servir para que el público se
identifique también con ese punto de vista”.

“No cabe duda de eso”, respondió Udo, “pero la razón de esa
identificación será… sentimental, no ideológica”.

“Así está escrita la obra, no la vamos a alterar”.

Fueron las últimas palabras sobre el tema.

Udo se relajó y pensó: “Después de todo, ¿qué mejor para mí que actúo
el hermano del muerto? Voy a llorar como un condenado. Y con todo lo
que me está pasando, material no me va a faltar”.

Esa suerte de humor oscuro lo hizo sonreír.

La tristeza regresó pronto, sin embargo.

Cuando caminaba hacia la Avenida Santa Fe tomó una decisión: “Desde
ahora hasta la muestra, que es el 19, no pienso más que en LOS
FUSILES…, luego veré”.

Un trueno resonó en la noche. Quizá fuera la aprobación de la
naturaleza.

Quizá, un ominoso presagio.

26 de diciembre de 2009
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#7249 De: Silvestre BYRON <eaf_elangelblanco@...>
Fecha: Sáb, 26 de Dic, 2009 7:43 pm
Asunto: EAF - "Simone"
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"SIMONE"
Sube al Tpte. Internet el primer clipe del eaf_kanal

EAF.- Ya está en YouTube la primera experiencia piloto del trazado
«eaf_kanal», televisión en red. Del apartado So Sanciful, "cine y TV de
culto" se publicó "Simone" (El Ángel Blanco, 2000), miniatura de Noemí
Bonasera. Es un experimental cuyo modus de representación opcional se basa en
la mirada asistida y el acorde impreciso sobre un film clásico. En la escena,
un raccord de miradas entre Mercedes Simone y Floren Delbene. Editor: Jorge L.
Pallares (Kairos - Comunicación Audiovisual). Soporte técnico: Sergio
Burello (Dibit Producciones). Cf:

SIMONE
Imágenes: "La vuelta de Rocha" (Lumiton, 1937) de Manuel Romero. Versión:
Noemí Bonasera. 7º Festival de Videominuto (SAVI, 2000). Dur: 1:00.
Sinopsis: Un paradigma de la película de tango argentina de los años treinta.

Hoja de Información EAF.-
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Contacto: Adel



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#7248 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Sáb, 26 de Dic, 2009 6:32 pm
Asunto: Nadar en nada
gustavo_bohm
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Rosa Mata se metió en la bañera, llena ya con agua tibia y con esas
sales que parecían darle un olor a mundos lejanos y extraños,
seguramente orientales.

Rosa sabía, ya hacía mucho tiempo, que la verdadera calma en su vida
sólo aparecía bajo el agua.

No podría asegurar a ciencia cierta cuando lo había descubierto, pero
imaginaba que había sido alrededor de un mes después de la
desaparición de su madre y su hermano, cuando ambos fueron
secuestrados por los militares y nunca volvió a saber de ellos.

Fue una noche en la que, contra la que había sido hasta ese momento su
costumbre, se preparó un baño de inmersión. Dos fueron las
alteraciones en sus hábitos de vida; una, la forma de bañarse, que
dejó de ser la ducha para ser la bañera; la otra, el horario, dejó de
ser la mañana para ser la noche.

Luego de comenzado ese ritual, que nunca se detuvo, empezaron los
sueños.

No eran pesadillas, aunque en verdad podría decirse que en ellos había
algo peculiar, que habría puesto nerviosa a otra persona sujetada a
aquellas imágenes oníricas. No a ella. A ella la tranquilizaban.

Ella era un pez.

No al principio; sucedía una transformación, pero igualmente, ella
sentía que todo el tiempo era un pez, sólo que su forma humana era una
mascarada, un disfraz que ocultaba su verdadera especie. Entonces, en
el sueño, Rosa entraba en el agua (a veces era el mar, a veces un
lago, o arroyo; pero la mayoría de las veces fue el mar, o bien mar
abierto, cuando se arrojaba de un barco; o bien el mar entre las
rocas, en una bahía, donde se sumergía con un placer que jamás hubiera
podido apreciar en la vida real… ¿real?).

Una vez que entraba en el agua, por un instante, no podía respirar;
pero eso pasaba rápido, luego aspiraba la sustancia líquida con
muchísima más naturalidad de lo que inspiraba el aire. Sus pulmones no
se agitaban. Los oídos comenzaban a percibir otra forma de mundo,
escondido y presente a la vez, y Rosa llegaba, en algunas
oportunidades, a tocarse a ella misma.

Esta hubiera sido su manera de explicarlo si se lo hubiera contado a
alguien. Se tocaba a ella misma. Se descubría en el agua. Era de
verdad, no como en lo cotidiano, donde perdía toda realidad.

Luego del baño se vistió un poco mejor que de costumbre, aunque no
demasiado. Iba a asistir a la muestra de MUERTOS SIN SEPULTURA, de
Jean-Paul Sartre, en la Escuela de Actores de Villanueva Cosse.

La muestra era del otro profesor, Néstor Romero, y correspondía a los
alumnos de segundo año.

Por las clases de Martha Sánchez Rosa conocía a uno de los actores,
Tavo Treppani, y también a una de las actrices. Ellos la habían
invitado. Además, también era un trabajo de Martha, desde el punto de
vista vocal.

Era la noche del 13 de junio.

Tomó un taxi.

Durante el trayecto, pudo oír por la radio que, tras un dificultoso
avance, las fuerzas británicas habían penetrado las defensas
argentinas, ocupando todas las alturas que rodeaban Puerto Argentino.

Un intento de desembarco en la península Camber, por otro lado, había
sido rechazado y aviones argentinos habían atacado el puesto de
comando del general Jeremy Moore; quién había resultado ileso.

A Rosa la recorrió una comezón. Era tan desagradable escuchar los
comunicados, con su numeración y la voz horrorosa de ese hombre que
ella imaginaba como un “macho violador” que cada día se encargaba de
informar, en la medida en que las autoridades lo permitieran, de lo
que ocurría en el lejano sur.

Llegaron a la escuela.

Había mucha gente.

Entre ellos reconoció a José Lonterer, otro compañero de la clase de
Martha. A su lado había dos muchachos. Uno de cabellos oscuros, cara
muy ancha, pómulos salientes y ojos un tanto separados, digamos que
ninguna belleza, pero portador de una ostentosa sonrisa. El otro tenía
un aspecto tímido. Era rubio, de mirada triste y, al menos en ese
momento, con ojeras y unas grandes bolsas de agotamiento bajo los
ojos.

El primero le fue presentado como Tulio Domenici. El segundo, como Udo
Heinrich.

Recordó que ya se había cruzado con Udo un par de veces, que era muy
amigo de José y Tavo y que, incluso, habían intercambiado un par de
frases. Al otro no lo había visto nunca.

No pudo evitar sentirse atraída por la evidente tristeza de Udo
Heinrich.

No pudieron sentarse todos juntos, lamentablemente, porque ella quedó
junto a Tulio, quien hablaba demasiado.

Ya a esas alturas sabía que era uruguayo, que le encantaba el teatro,
sobre todo la Comedia Musical y que alquilaba un departamento junto
con Tavo y José.

Udo había quedado del otro lado.

La sala estaba dividida en tres sectores y dos de ellos se encontraban
enfrentados. La acción ocurría entre medio, en una especie de “T” que
formaba el espacio interior.

Udo había encontrado un asiento en diagonal a Rosa, ella lo podía ver
perfectamente desde su posición. Seguía pensando que la mente del
muchacho estaba en cualquier parte menos en lo que iba a ver.

Como pudo comprobar al terminar la muestra, ella compartía la opinión
de la mayoría en cuanto al desnivel de las actuaciones, pero también
en cuanto al excelente clima de opresión logrado y al notable trabajo
de la actriz que hacía de Lucie. Tavo tampoco había estado para nada
mal. Pero Lucie…

El problema central de la pieza era el de la libertad, radicalmente
experimentado en situaciones tremendas que, quizá si Rosa hubiera
conocido previamente, hubiera evitado. No era bueno para ella ver algo
que de alguna manera la tocaba en los bordes de su verdadera
existencia. Pero tenía el agua, y eso no es una broma, en su
imaginación: cuando algo la angustiaba, nadaba. Se iba a la nada del
agua y se desplazaba en ella. Por eso también se sintió identificada
con Udo, ninguno de los dos podía seguir la evolución de la pieza
normalmente, aunque por muy diferentes razones.

Sartre muestra al hombre siempre libre; porque aún en las peores
circunstancias, conserva, a partir de su conciencia, la posibilidad de
distanciarse de lo que le rodea y afirmar su subjetividad (es decir,
su libertad) frente al mundo y a los otros. Es más, es en esos casos
en que el hombre puede precisamente, experimentar más agudamente su
libertad.

Así dice en La République du Silence:

Nunca hemos sido más libres que bajo la ocupación alemana. (...) Todos
aquellos de entre nosotros (...) que conocían algunos detalles
tocantes a la Resistencia se preguntaban con angustia: “¿Si me
torturan, lo soportaré?” Así quedaba planteada la cuestión misma de la
libertad y nos encontrábamos al borde del conocimiento más profundo
que el hombre puede tener de sí mismo. Porque el secreto de un hombre,
(...) es el límite mismo de su libertad, es su poder de resistencia a
los suplicios y a la muerte. A quienes tuvieron una actividad
clandestina, las circunstancias de sus luchas le aportaban una
experiencia nueva: ellos no combatían abiertamente, como los soldados;
perseguidos en soledad, detenidos en soledad, era en medio del
abandono, de la privación más completa que resistían las torturas:
solos y desnudos ante verdugos bien afeitados, bien alimentados, bien
vestidos que se burlaban de su carne miserable y a quienes una
conciencia satisfecha, una potencia social desmesurada daban todas las
apariencias de tener razón. Sin embargo, en lo más profundo de esta
soledad, era a nosotros, a todos los otros, a todos los camaradas de
resistencia que ellos defendían; una sola palabra era suficiente para
provocar diez, cien arrestos. ¿Esta responsabilidad total en la
soledad total, no es la revelación misma de nuestra libertad?”.

Udo permanecía en un mundo lindante, donde MUERTOS SIN SEPULTURA era
la muerte de Tavo, por asfixia, ante su mirada; pero también era la
muerte de Aníbal, en el silencio de una distancia ya imposible de
franquear. Y también, quién sabe, su propia muerte.

¿De qué depende la vida?

En la obra de Sartre se hablaba de libertad. A Udo le sonaban a
palabras vacías. El sentía la necesidad de una caricia, ya fuera Tavo,
ya fuera Emilio. A veces de Tavo, a veces de Emilio. Pero la vida,
para él, no era ser libre, sino permanecer encadenado a esa necesidad
de amor que, cuando no aparecía, hundía su cuerpo en una atonía sin
centro, y se sentía perdido.

¿Libertad? ¿Qué era eso?

El caso de Canoris era diferente al de los demás personajes. La obra
enfoca el problema de la tortura desde un punto de vista individual y
puramente ético. Lo social no se hace presente sino a través de
Canoris, que es el único que sigue pensando en función de la Causa y
de los compañeros de lucha en el exterior. En ese sentido, aunque
presentada de una forma muy breve y esquemática, su figura es casi
dialéctica.

A Udo le resultaba chocante.

En determinado momento comenzó a transpirar.

Emilio había rechazado nuevamente verlo. Nuevamente Udo le había
pedido perdón por no haber estado con él durante ese trance
insoportable. Pero Scarfi había logrado tranquilizarlo un poco,
gracias a una sola palabra: “Pichón”.

“Pichón”, había dicho, “eso ya lo sé. Fue un desencuentro, la vida
está llena de desencuentros, qué le vamos a hacer. No se trata de vos,
entendeme, se trata de mí. Necesito estar solo”.

“Tengo miedo de que te deprimas”.

“Estoy deprimido”.

“Dejame estar con vos, entonces, te lo ruego Emilio”.

“No, mi pichoncito, no hoy. Te prometo que… no sé si mañana, pero te
prometo que pasado o en los próximos días vamos a estar juntos. Dame
aire, lo necesito”.

La palabra “aire” se repetía varias veces en la pieza de Sartre. La
atención de Udo volvía a la escena cuando esa palabra aparecía. Y
cuando sonó el tape con la lluvia, miró hacia un costado, y del lado
de enfrente, desde la otra parte del público, encontró que alguien no
le sacaba los ojos de encima. Se detuvo en ella. Era esa chica, Rosa.
Se miraron. Dejaron de hacerlo. Udo puso su oído en la obra y descansó
la vista.

¿Cómo puede el hombre, cargado de cadenas y torturado, ser libre?

Libertad es autonomía de la elección.

Somos libres porque nos determinamos a querer por nosotros mismos.

Aún cuando tomemos el camino de la esclavitud somos nosotros los que
elegimos ser esclavos, no podemos escapar a la libertad, que es, según
muestra Sartre, la estructura misma del existencialismo.

Si Udo no podía evitar el apego al amor, la terrible necesidad de
llenar esa falta de su vida de la manera que fuese, ¿podría afirmarse
que eso lo “encadenaba” a una vida tortuosa e infeliz? Quizá sí, pero
en tanto se manifestaba como su propia elección, correspondiente a un
goce inevitable, también era una expresión de su libertad.

¿Lo era?

La libertad es un proyecto que se lanza a la realización de sus
posibilidades, trascendiendo su condición presente.

En este sentido, el hombre es siempre lo que logra hacer con lo que
han hecho de él. Tampoco es que ni Udo se pusiera a culpar a la
ausencia de su padre ni a la voracidad de su madre; ni que que Tavo
culpase a su familia religiosa o que Rosa culpase a quienes le habían
desgarrado la trama misma de su vida al robarle a su madre y a su
hermano. Pero, efectivamente, esas circunstancias los habían hecho
quienes eran. A pesar de los condicionamientos y alienaciones que
pueden limitarla, la persona, en su ser mismo, es libre, no puede
dejar de serlo en la medida en que actúa y se proyecta hacia sus
posibilidades. Es precisamente toda esta concepción de la libertad la
estructura filosófica que constituía la base de  MUERTOS SIN
SEPULTURA.

La mayor parte de sus personajes expresan ese tipo de libertad: Una
libertad que ningún lastre puede limitar y que no se plantea su
pertenencia a la Historia o a los conjuntos sociales que la rodean. Es
la misma libertad de que hacía gala Orestes. Aquí también los
personajes, como dice en un cierto momento Henri, no tienen que rendir
cuentas más que ante sí mismos; es para sí mismos que deben salvar su
vida al salvar su muerte. Seguirán siendo libres mientras logren
mantenerse firmes frente a los embates de la tortura, mientras que su
conciencia se afirme victoriosa frente a los verdugos. La única
conciencia empastada y comprometida en las circunstancias es la de
François, el personaje que asumía Treppani, quien inútilmente se
rebela ante sus cadenas y rechaza los suplicios y la muerte que le
esperan.

A la salida, cuando Rosa vio que todo el grupo iría a tomar algo, bajó
para sumarse a ellos. En la esquina, a corta distancia, vio como se
abrazaban Tavo y Udo. No podía oír lo que se decían. Tavo sonreía,
probablemente Udo le estuviera alabando su trabajo. Pero, ante su
sorpresa, en determinado momento ambos se abrazaron con afecto y,
mientras Tavo regresaba al grupo, Udo se retiraba por la avenida
Pueyrredón, hacia el lado de Córdoba.

Rosa se escabulló también y siguió a esa enigmática figura. Algo le
atraía de él. Lo abordó a los pocos pasos:

“¿Te gustó la muestra?”

Udo la miró, la reconoció en seguida, pero se sorprendió de que esa
chica comenzara una charla con él. No se conocían, casi.

“No, más o menos. Me gustaron algunas actuaciones, me gustó como la
manejó Néstor, pero no me gusta la obra”.

“Me pasa parecido. ¿Fumás?”, preguntó Rosa sacando un cigarrillo de un
paquete que a su vez había extraído de su cartera.

“No, no fumo. Soy asmático”.

Eso detuvo el movimiento de la joven.

“Ah, ¿te molesta si yo fumo?”

“No, para nada, en la calle no me molesta”.

Caminaron en silencio.

Al rato, ella le dijo que iba a doblar por Marcelo T. de Alvear,
porque vivía sobre esa calle. Udo la acompañó unas cuadras más, le
quedaba de paso.

Mencionaron lo maravillosa que era Martha Sánchez como profesora y
como persona y, cuando parecía que ya no había tema de conversación,
en la esquina de Uriburu y Alvear, se dieron un beso. Pero ella lo
retuvo un momento más.

“Yo se que no son cuestiones mías, pero me pareció que estabas muy mal
hoy y también me llamó la atención que no te quedaras a tomar algo con
los chicos. Sólo te lo digo porque si alguna vez querés hablar, yo se
que tengo buen oído”.

Udo sonrió, incómodo. Anotó el teléfono de Rosa y le dijo que quizá la
llamara para tomar algo, que gracias y que sí, efectivamente, no
estaba bien y por eso no se había quedado.

Nada más.

Se despidieron y cada uno continuó su camino en silencio y soledad.

26 de diciembre de 2009
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#7247 De: "laura rodriguez" <laugyn@...>
Fecha: Sáb, 26 de Dic, 2009 2:45 pm
Asunto: laura rodriguez te saluda en estas fiestas.
laugyn@...
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stanislavsky, ¿todavía no te enteraste?

laura rodriguez te envió un saludo muy especial por las Fiestas, y en la calle todo el mundo está hablando de eso. ¡Entrá y miralo!
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#7246 De: alejandro benedetti <inventario_1917@...>
Fecha: Sáb, 26 de Dic, 2009 1:57 pm
Asunto: Comunicado de Prensa: Basta de gatillo fácil y represión a la juventud Justicia y seguridad para todos
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El asesinato de Rubén Carballo, Juvelio Aguayo, las vecinas de zona sur y el caso Pomar, fueron la gota que rebalsó el vaso, reavivando la movilización en distintos puntos del país contra la violencia creciente y el gatillo fácil...

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#7245 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Vie, 25 de Dic, 2009 1:24 pm
Asunto: La confabulación del olvido
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Aníbal abrió los ojos en medio de una sensación de hundimiento.

Su pecho se hundía. No volvía a levantarse.

Creía que no respiraba.

Sí, respiraba.

Tenía conectado un respirador.

Todo era extraño.

No estaba en su casa.

¿Dónde estaba Emilio?

Vio un guardapolvos, creyó ver un guardapolvos.

Era una escuela de lujo, la suya.

Lo mejor de lo mejor.

Chicos agradables que sabían comportarse.

Su padre no lo quería.

Su madre lo adoraba.

Aníbal no podía ver con sus ojos, a no ser que los ojos fueran esa
memoria atolondrada.

La madre le tomó su mano.

Estaba sentada a su lado.

No estaba sólo, entonces.

Quizá fuera mejor que no estuviera Emilio.

Con dolor en su cuello, giró la cabeza y reconoció el rostro amado de
su madre.

“¿Hice bien?”, le preguntó.

La gorda hermosa que tanto amaba le sonrió con un brillo más allá de
lo natural y le respondió:

“Hiciste muy bien. Siempre hacés lo que tenés que hacer”.

Aníbal pudo aflojar su cuello, descansar su cuerpo plenamente y
disfrutar de la añorada compañía del ser que más había amado en el
mundo.

Cerró sus ojos por última vez.

Un pitido desorbitado gritó la ausencia real de esa persona que aun
parecía estar allí. Las máquinas siempre saben decir aquello para lo
que no hay palabras.

Una enfermera descorrió, urgente, la cortina.

Sabía lo que estaba ocurriendo. Llegó un médico.

Acallaron ese ruido insistente.

Se ocuparon de palpar el cuerpo, de comprobar lo obvio.

Era el 11 de junio de 1982.

Aníbal había muerto.

Uno quiere que la vida sea otra cosa, y como la obstinación de ese
deseo inventa relatos inexistentes, uno llega a suponer que la vida
pudo, de alguna manera, haber sido otra cosa. Pero no es así, no hay
más que lo que es, incluso lo que fue va cambiando, según las palabras
del hoy, y se transforma en otro hoy dibujando un ayer inaprensible.

Udo hubiera deseado otro 11 de junio. Un alerta que le hubiera avisado
de lo que ocurría. Una permanencia junto a un teléfono que sonó muchas
veces en el día.

Pero resultó que ese día fue tan diferente de cualquier otro, que no
estuvo nunca al lado de ese teléfono junto al cual ya no volvería a
estar.

El 11 de junio fue el día de la mudanza al departamento de la Avenida
Santa Fe.

Sus padres se ocuparon solos de todo ese engorroso traslado, liberaron
a su hijo del quehacer y, con una empresa especializada, lo hicieron
ellos.

Y todo porque su hijo quería ver al Papa.

Ni siquiera era católico, Udo, pero qué importaba, el Papa era una
figura internacional, como una estrella del rock, había llegado a
Argentina, para convocar a una reunión de oración por la paz, en medio
de una fervorosa manifestación de afecto de la gente.

Y Udo estuvo allí, junto a Tavo, en la aglomeración de Palermo.
Primero alcanzó a ver pasar el Papamóvil, mucho más temprano. Luego,
esperó horas en los grandes parques, hasta que escucharon todo el
discurso, y recién al atardecer, regresaron ambos al centro de la
ciudad, más bien a la zona norte, a su nuevo barrio, lindante con
Recoleta, y por primera vez Tavo ingresó en lo que se convertiría en
un espacio habitual de su vida. El departamento de Udo.

Emilio fue despertado por los timbrazos del teléfono.

Alguien, del otro lado de la línea, le decía que por favor se acercara
al hospital urgentemente.

“¿Falleció?”, preguntó con angustia.

“Venga cuanto antes”, evadió la voz femenina.

“Por favor, dígame si falleció”.

Luego de una duda poco sostenida, la mujer asintió: “Sí, señor, lo
lamento mucho”.

La primera reacción de Emilio fue abrir la ducha y meterse bajo el
agua. Estuvo más de diez minutos ahí.

Luego, aun desnudo, seco ya, llamó a Udo por primera vez en el día. El
teléfono sonaba, nadie atendía.

Se vistió y fue a hacer lo que tenía que hacer.

Familiares de Aníbal no había, salvo una tía muy mayor, hermana de su
padre, con la que no se trataba y Emilio no sabía cómo ubicarla,
tampoco. Ni siquiera conocía su nombre, exactamente.

Necesitaba tanto que Udo estuviera a su lado.

Todos esos trámites, que al principio le causaron rechazo, finalmente
fueron su refugio. Una manera de anestesiarse a través del hacer.
Papeles, aprobaciones, la explicación de una relación no aplicable a
la burocracia escrita, la aparición de la palabra “conviviente”. La
responsabilidad de todo.

El frágil peso de lo que ya no tiene consistencia.

El sonido más que agradable del horrendo teléfono rosa en el espacio
destinado a living no dejaba de sonar. Enrique no atendía, por lo cual
Sergio levantó el aparato, que parecía un falo descomunal, un regalo
de muy dudoso gusto que un amigo del pintor le había traído de
Holanda.

“¿Sí?”, dijo Sergio, poniendo su voz con cierta duda, temiendo que
luego Enrique se enojara de que él hubiera atendido, pero su “sexto
sentido” lo condujo a no dejar pasar esa llamada.

“¿Enrique?”, la voz del otro lado sonaba con un extraño dejo de
irrealidad.

“No, soy Sergio. Enrique está durmiendo. ¿Quién lo llama?”

“Despertalo por favor, soy Emilio, Aníbal falleció”.

Un frío glacial recorrió la espalda de Sergio Martínez. Él no tenía
ninguna relación con el muerto, de hecho la única vez que lo había
visto fue en aquella fiesta de disfraces que intentaba dejar en el
olvido; pero sabía de la amistad que unía a esos hombres. Enrique
quería mucho a Aníbal. ¿Cómo le iba a dar la noticia?

“Claro, ¿podés esperar en el teléfono? ¿Te puede llamar Enrique?”

“Espero”, respondió Emilio.

Pocas veces, más bien sólo las veces en que sus servicios sexuales
eran requeridos, Sergio había entrado en el espacio privado de su
amante y “protector”, pero esta era una ocasión en la que no podía
sino romper las reglas.

No lo escuchó aunque intentó con la voz lo más alto que se animó,
repitiendo el nombre del dueño del Loft: “¡Enrique! ¡Enrique
despertate!” Tuvo que sacudirlo y, cuando los ojos enrojecidos del
artista se abrieron, lanzó la noticia sin ningún cuidado, intentando
evitar una reacción de violencia en contra de él por la intrusión.

“¿Qué?”, aulló Gummer May. Saltó de la cama, en pelotas como estaba, y
corrió al teléfono.

Sergio, mientras le preparaba un café a las disparadas, oyó la voz
compungida del otro que decía: “Sí, por supuesto nene, sí; dame un
ratito, en menos de lo que imaginás voy a estar allá. No te preocupes,
yo te acompaño en todo, no hagas nada. Lo lamento mucho, lo lamento
tanto”.

El “no hagas nada” estaba de más. Emilio, en lo que se refería a
trámites legales, ya había completado casi todo. Pero lo que no se
animaba a hacer sólo era lo referente a la casa funeraria. Por otra
parte, Gummer May era un hombre de dinero, y en esta situación se
necesitaba resolver algunas cosas con dinero, aunque fuera prestado.

No hubo necesidad de pedir nada. El pintor se hizo cargo de todo lo
relativo al funeral, como dijo, sin ironía, aunque sonara así: “Es mi
último regalo a alguien que quiero tanto”.

Cada media hora, más o menos, Emilio insistía con el teléfono de Udo,
el del departamento de Pasteur. Se había olvidado de que ese era el
día de la mudanza. Por otra parte, Udo tampoco le había facilitado su
nuevo número telefónico. ¿Cómo era posible que dos olvidos tan
concretos se cruzaran ese día para generar un desencuentro doloroso,
más doloroso de lo que se pudiera en principio suponer?

A la nochecita, cuando ya estaba instalado en su nuevo lugar e
intentaba dar forma a lo que sería su dormitorio, dentro de ese
departamento de tres ambientes, su hogar definitivo, quizá, Udo pensó
en llamar a Emilio. Lo dejó pasar un rato y luego comenzó un
infructuoso discado del número de su amigo. Lo intentó dos o tres
veces y, finalmente, abandonó.

No había nadie en la Casa de Aníbal, ahora de Emilio. Todos estaban en
el velatorio. “Todos” significaba una cantidad bastante apreciable de
viejos compañeros, algunos del trabajo, otros de la vida marginal del
fallecido. Emilio no se alejó del cajón casi en ningún momento y, como
la viuda formal (y real) para todos, recibía el pésame de cuanta
persona entraba allí. Algunos, los más despistados, supusieron que se
trataría de un sobrino. Uno tuvo hasta la idea de que sería el hijo de
Aníbal, tan poco conocía a la persona que había trabajado a su lado
durante años en una oficina estrecha y húmeda.

Durante todo ese tiempo, Sergio se ocupó de recibir a la gente, de
ofrecerles café, de atender a todos y cada uno de la mejor manera
posible. Nadie conocía a ese muchacho, a todos les cayó muy bien.
Alguno lo recordó de la fiesta de disfraces, pero no pudo relacionar
demasiado aquella imagen con la actual.

Antes del entierro, por la mañana, en una soledad que le partía la
vida en dos, Emilio volvió a intentar comunicarse con el número de la
calle Pasteur. Luego, acompañó junto a los demás el féretro hasta su
destino final, en Chacarita.

Enrique se ofreció a quedarse con Emilio en la casa de San Telmo, a la
que regresaba, por primera vez verdaderamente vacía. Scarfi agradeció,
pero prefirió estar solo. Dormir, necesitaba dormir. Ya era 12, el día
en que el "HMS Glamorgan" fue puesto fuera de combate por un Exocet
argentino lanzado desde la costa. Murieron trece tripulantes
británicos. Las tropas inglesas, mientras tanto, atacaban los montes
Two Sisters, Longdon y Harriet, en búsqueda de la batalla final por
Puerto Argentino. Un helicóptero inglés lanzaba un misil que impactaba
en viviendas de Puerto Argentino, matando a dos malvinenses e hiriendo
a otros cuatro.

Cerca del mediodía, Udo llamó a Scarfi. Le parecía extraño no tener
noticias de él. Luego recordó que el muchacho no tenía su nuevo número
y pensó: “¡Qué tarado! ¿Cómo me olvidé de dárselo?”

Oyó como la línea hacía conexión y la señal de llamada repetía su tono
varias, muchas veces. Al fin, una voz casi irreconocible respondió.
Cuando se saludaron, Emilio simplemente dijo:

“¿Dónde estabas? Ayer te llamé todo el día”.

“Ayer me mudé. Perdoname que no te di el teléfono nuevo, me olvidé,
¿querés anotarlo? Vi al Papa”.

Udo pudo oír la poca saliva que lograba pasar por la garganta de su
querido amigo, quien lo interrumpió con la simple frase:

“Aníbal se murió ayer a la madrugada. Lo enterramos esta mañana”.

Udo sintió un corte en su piel. Alguien le había cruzado el pecho con
un cuchillo afilado y tardó en comenzar a percibir el dolor que se iba
extendiendo, junto al calor de una sangre imaginaria, por toda la
extensión de su cuerpo.

Atinó a decir: “Emilio, Emilio. No sé que decir… Por favor, perdoname.
Te llamé yo también, a la noche, pero no te encontré. Nunca me
imaginé… Perdoname, por favor. Tendría que haber estado con vos”.

“Sí”, expresó secamente el doliente, “tendrías que haber estado
conmigo. Te necesitaba. Como nunca te necesité”.

Udo no encontraba la manera de seguir hablando, a no ser por la
repetición de su ruego: “Perdoname, no fue intencional, hubiera estado
con vos. Fue todo un desencuentro. ¿Voy para allá ahora?”

“Estoy agotado, creo que voy a dormir todo el día”.

“Voy y te preparo algo de comer”.

“No, Udo. Dejemos por hoy. Venite mañana”.

“Perdoname, por favor”.

“Por supuesto, no fue tu culpa. No fue culpa de nadie. Solamente es
que te necesitaba tanto”.

Cuando colgaron, el muchacho de Malón Ahumado rompió a llorar con
tanto desconsuelo que sus padres acudieron al instante. Tuvo que
explicarles de la muerte de un amigo y de su ausencia. Se encerró en
su habitación.

La soledad se hizo más propia que nunca, robando toda otra expresión
de la existencia. Si la soledad fuera persona, se hubiera reído tanto
en su venganza por el olvido. Pero la soledad no es nada. Ese es el
horror, no es nada, y en definitiva, es todo lo que somos.

25 de diciembre de 2009
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#7244 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Jue, 24 de Dic, 2009 4:33 pm
Asunto: Realidad y realismo
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La puerta se abrió abruptamente, lo que hizo que Udo saliera de su
profundo sueño. Casi saltó de la cama. Su madre jamás había aprendido
que las puertas cerradas están para ser golpeadas suavemente en señal
de aviso y a la espera de una respuesta, como por ejemplo: “Entre”,
“Pase”, “Un momento”, “Ya voy”, “Esperá”, o una infinidad de
posibilidades más.

Pero Carmen, simplemente, irrumpía.

Le dijo a Udo: “Te llama alguien por teléfono”.

Intentando comprender la situación, Udo hizo dos preguntas casi
simultáneamente: “¿Quién? ¿Qué hora es?”

Con cierta susceptibilidad, la madre hizo notar que el muchacho
(parecía un joven por la voz) no había querido identificarse. En
cuanto a la hora, eran las ocho de la mañana.

Udo se dirigió al teléfono. Vio el tubo apoyado a un costado de ese
armatoste negro con disco giratorio que descansaba en la repisa del
living.

“Hola”.

“Perdoname, amor, perdoná la hora”. Era Emilio.

“No, no importa, ¿qué pasa?”

“De nuevo tuve que internar a Aníbal. Está muy mal. Hoy no me
reconocía. Me siento pésimo, Pichón, ¿te molesto mucho si te pido que
vengas un rato? ¿Tenés algo que hacer ahora?”

“Me visto y voy”, respondió Udo con rapidez.

Era el mismo hospital de la vez anterior, cerca del parque Lezama, por
lo cual, como no tenían mucho que hacer dentro de la institución,
caminaron un rato por el parque.

Emilio parecía mucho más tranquilo de lo que Udo había imaginado.

“No sabés lo bien que me hace que vengas a acompañarme”.

“A mi me hace bien estar con vos. No dudes nunca en avisarme”.

Se sentaron en un banco en la zona más alta, junto al edificio que de
un lado da a la calle empedrada y del otro se interna en el parque.
Primero estuvieron apoyados en la baranda, viendo el tránsito de los
autos y colectivos atronando el aire con sus ruidos y contaminándolo
todo de sustancias mal combustionadas.

Luego se sentaron.

Udo le pasó el brazo sobre los hombros pero Emilio prefirió, al rato,
recostarse sobre la falda de su amigo y allí se adormiló.

Parecía mucho mayor que cuando se habían conocido, y hacía tan poco
tiempo de eso.

Cómo cambia la vida cuando la realidad ingresa, sorpresivamente, como
un ladrón de ilusiones.

La más concreta de las realidades es la muerte.

La vida es sólo un borde de la muerte, una ceguera que mediatiza la
visión del corte final, de lo indistante y sin embargo siempre
ignorado.

En un momento, cuando Udo pensó que Emilio se había dormido, le
sorprendió oír de su boca: “Se me está yendo”.

No había respuesta que tomar del aire, ni de ningún lado. Las
respuestas no están, cuando se trata de aquello que no las necesita.

“No se qué voy a hacer sin él”.

Udo lo miró y le dijo: “Yo estoy con vos”.

Luego de un silencio, Emilio abrió los ojos, dolidos, y refutó: “Más o
menos. Estás con Tavo, también”.

¿Por qué todo es tan difícil?

“No puedo prometerte nada ya, pero yo te quiero en serio, Emilio. Voy
a ver cómo hago, pero no me vas a perder”.

“¿Lo vas a dejar?”.

“Hoy no te lo puedo asegurar, no me puedo comprometer con una promesa,
pero me imagino que…”, no supo muy bien qué palabras usar, “…cuando ya
estés solo y tengas el departamento para vos, quizá podamos armarnos
algo y yo vaya dejando la vida que tengo ahora; dejando a Tavo, quiero
decir y, si vos estás de acuerdo, quizá podamos vivir juntos”.

“Imagino que…”

Scarfi se había quedado sólo con esa parte de todo lo dicho: “Imagino
que…”

Agregó: “Imaginamos tantas cosas. No sabés todo lo que yo imaginé
cuando comenzó mi relación con Aníbal. ¿Te conté cómo comenzó?”

“Sí…, no”, la contradicción surgió de la boca de Udo: “En un baño, me
dijiste”.

“Había ido a un baño de Constitución porque tenía ganas de cojer. ¿Vos
nunca hiciste algo así, ¿no?”

“No”, Udo no pudo evitar una cierta reacción de rechazo ante la idea.

“No es tan sórdido como parece. Aunque algo de esa… sordidez… es lo
que le da su atractivo también. En fin, fui a ese baño y, luego de
quedarme un rato, lo vi entrar. Me pareció un tipo tímido. Me pareció
en ese momento mayor de lo que era, pero no me importó. Algo me atrajo
de él. No se si su inseguridad, la manera con que me miraba. Eso me
dio seguridad a mí y lo miré a los ojos, directamente. El los evitó,
pero al ratito se metió en una cabina y me di cuenta de que no
bloqueaba la puerta. Me metí ahí con él. Era muy pequeño el espacio,
como te imaginarás. El olor del ambiente, horrible, pero uno se
acostumbra…”

Hizo un silencio tan largo que, como había cerrado sus ojos,
nuevamente Udo creyó que se había dormido. No era así, continuó
hablando para sí mismo, esto era evidente: “Me sentí amado. Te va a
parecer idiota, en medio de toda esa procacidad, pero me sentí amado
por ese hombre. Había algo de una fuerza, de una necesidad en él, que
se acomodó a la mía, qué se yo. Lo quise porque supe que él me quería,
cuando lo que estábamos haciendo ya te lo imaginarás, me chupaba la
pija, nada más. Y sin embargo, era un acto de amor, realmente un acto
de amor. ¿Podés entenderlo?”

“Sí”, respondió Udo con seguridad. Emilio abrió los ojos un poco
sorprendido de ser oído y de obtener una respuesta. Sin embargo, a
pesar de hablar para sí mismo, también estaba claro de que no hubiera
podido hacerlo si su amigo no hubiera estado allí, sosteniéndolo (en
más de un sentido) acariciando sus cabellos con una suavidad de
ángel.

“Luego me llevó a su casa, al departamento que ahora es mío”, dijo
esto de una manera extraña, con una voz más áspera de lo normal.
“Desde que entré supe que él no quería que yo me fuera. Esa noche
dormimos los dos en la camita chica, en esa donde duermo ahora. El
todavía no se había trasladado al cuarto de la madre… La madre vivía.
Fueron sus últimos días, pero vivía”.

Una brisa fresca les permitió cambiar de posiciones, buscando más
abrigo. Un policía pasó cerca de allí, no les prestó mucha atención.

“Yo volví a mi pensión, pero generalmente pasaba las noches en el
departamento. A no ser que Aníbal me dijera que quería estar solo, a
veces quería estar solo”.

Un corto silencio.

Udo miró hacia atrás por un instante y se dejó llevar por ese
movimiento que el viento produce en las copas de los árboles y que
hace pensar que son los árboles, y no el viento, los que adquieren una
vida especial con esa movilidad.

“Una noche llegué y toqué el timbre. Yo todavía no tenía llave. Esperé
mucho, toqué varias veces. Al fin me iba a ir y oí que descorría la
traba y abría la puerta. Pensé que quizá la madre estuviera de regreso
y me dio miedo, un miedo irracional. Aníbal estaba completamente
borracho. Fue la primera vez que lo vi así. Pasé. Me abrazó. Me dijo:
Mamá murió antes de ayer. ¿Pero por qué no me llamaste?, reclamé yo.
Hacía tres días que no nos veíamos. No pude, me dijo, ya no puedo nada
en mi vida, no puedo nada. Quedate conmigo, por favor… Y desde ese día
no volví a dejarlo solo. Es decir, desde ese día me instalé en el
departamento”.

Regresaron al hospital.

Estaba en terapia intensiva, la posibilidad de verlo era mínima.
Fueron a almorzar a un bodegón. Luego, promediada la tarde, Udo dijo:
“Emilio, ¿querés que nos turnemos? Yo tendría que irme ahora porque
más tarde tengo clase y quiero preparame un poco, pero puedo venir a
la noche o mañana, cuando prefieras”.

“No, amorcito, no tiene sentido. Si estuviera en una habitación,
quizá, pero así no tiene sentido. Yo también me voy a ir al
departamento más tarde. Lo que sí, si querés, llamame y venite a
dormir conmigo, mañana podés acompañarme un rato también”.

“Bueno”, le aseguró Udo, “voy a hacer eso”.

Era 7 de junio. Un avión de exploración Lear-Jet argentino había sido
abatido por un misil Sea Dart, falleciendo el vicecomodoro De la
Colina y otros cuatro tripulantes. Esa era la noticia del día. Los
partes oficiales se volvían cada vez más magros, y el fantasma de una
derrota se hacía presente contradiciendo los mentirosos titulares de
los diarios sensacionalistas que imponían su: “Le vamos ganando a los
piratas”.

En el año 1938, Georg Lukács había escrito durante su exilio un ensayo
titulado Es geht um den Realismus. Ese título se refería a un debate
del exilio literario alemán sobre la fertilidad o esterilidad del
expresionismo en relación con la posteridad literaria. La disputa, en
la que también había terciado Ernst Bloch, se desarrolló en las
páginas de la publicación Das Wort, de la que Brecht era
corresponsable. Lukács escribía pensando en esta discusión, y
planteaba la tarea de “demostrar la conexión íntima, múltiple y
múltiplemente mediada, entre frente popular, lo popular en la
literatura y realismo auténtico.”

En la polémica aludía tanto a Bertolt Brecht como a Ernst Bloch. El
autor de Geist der Utopie no había querido admitir ninguna oposición
entre expresionismo y lo popular. Bloch, por el contrario, opinaba:
“El expresionismo carece totalmente de esa altanería hostil a lo
popular, muy al contrario: el Blaue Reiter reflejaba la imaginería en
vidrio de Murnau, dirigía por primera vez la mirada a ese conmovedor e
inquietante arte campesino, a los dibujos de niños y presos, a los
estremecedores documentos de los enfermos psíquicos, al arte de los
primitivos.” Lukács replicó cortante: “Mediante una concepción tal de
lo popular se confunde todo. Lo popular no es la recepción
ideológicamente acrítica, artística y culinaria de productos
'primitivos'. Lo verdaderamente popular no tiene nada que ver con
esto. Si no, cualquier ricachón dedicado a coleccionar imaginería en
vidrio o escultura africana, cualquier esnob que viera en la locura
una liberación del hombre de las cadenas del entendimiento mecánico,
también sería un paladín de lo popular.”

Mientras recordaba haber leído sobre todo esto, no ahora, en la
preparación de LOS FUSILES DE LA SEÑORA CARRAR sino el año anterior,
cuando ensayaba EL LIBERADO, de Terror y Miseria del Tercer Reich, Udo
pensó en Artaud. Sin embargo, la consecuencia se extraía aludiendo
expresamente a Thomas Mann: “Y como fue el período imperialista el que
conllevó las más fuertes represiones del progreso y de la democracia
(tanto en el ámbito político como en el cultural), una crítica
rigurosa de las manifestaciones de decadencia política, cultural y
artística de este período es un elemento necesario para que pueda
avanzarse hacia lo auténticamente popular.”

Táctica del frente popular, lucha en favor del realismo: en el arte y
en la literatura, lo popular, herencia de la estética clásica alemana,
Thomas Mann como representante literario.

¿Por qué las discusiones artísticas volvían siempre al mismo punto
muerto? Durante sus estudios en el Conservatorio, Udo había tenido que
analizar por primera vez “La poética” de Aristóteles; lo haría muchas
más veces en su vida. Así como el “Ión” de Platón, un diálogo
demasiado poco estudiado por los actores y actrices que deberían
leerlo para encontrar algunas claves sobre la esencia de su trabajo.

Brecht no había sido expresionista. En estas cuestiones, siempre había
pensado de forma diferente a Ernst Bloch. Sin embargo, en la polémica
del año 1938 estaba mucho más próximo a Bloch que a Lukács. La
apelación de Lukács a Thomas Mann significaba, indirectamente, una
negación de los esfuerzos de Bertolt Brecht. Contraste en lo político:
el frente popular y las relaciones de propiedad. Contraste en los
modelos literarios: pro o contra el autor de La montaña mágica.
Interpretación contraria a las posibilidades actuales del clasicismo
alemán. Opiniones encontradas sobre Aristóteles.

Para Lukács, la filosofía del peripatético significa adhesión a
Lessing y a la incólume validez del clasicismo alemán; el esfuerzo de
la literatura por reflejar la realidad. Los estorninos, que vuelan
hacia las uvas pintadas “por el realismo con el que han sido
pintadas.” La inteligibilidad y lo popular como criterios artísticos.
Aspiración del arte a su inmediata efectividad sobre las masas.
Aspiración de la política antifascista a la suma de fuerzas.

Brecht es en todos los casos el contrincante. Insistencia en las
oposiciones entre marxistas y no marxistas incluso en el antifascismo
compartido. Transformación de la conciencia de las masas mediante el
pensamiento dialéctico en lugar de la estipulación de un carácter de
lo popular que ignora la situación del pueblo real. Se pueden
confrontar las escenas populares de la Santa Juana de los mataderos o
La buena persona de Sezuán, y de las correspondientes interpretaciones
en los diálogos del exilio, con la demanda de “lo popular”. El
realismo no puede excluir la dialéctica; nada se avanza con meras
descripciones de la realidad depuradas de contradicciones. Es preciso
reconvertir los clásicos alemanes. La dramaturgia aristotélica debe
ceder el sitio a una no aristotélica.

El trabajo de esa noche sobre LOS FUSILES… fue agotador. Quizá porque
la mente de Udo vagaba por otros lados, pero sentía que no se avanzaba
hacia nada concreto. Se pasaba la letra, los movimientos y, en
determinado momento, Udo preguntó:

“¿Qué es lo que pretendemos hacer con esto?”

Los compañeros y el profesor lo miraron.

“No me refiero a los objetivos de los personajes sino al
superobjetivo, usando el término de Stanislavky, ¿qué es lo que se
quiere con la obra? Cuando venía para acá estuve recordando lo que
vimos el año pasado sobre lo aristotélico y no aristotélico y su
relación con lo popular. ¿Queremos, con la escena de la llegada del
cadáver, que la gente llore junto con nosotros, o queremos que
piensen?”

“Ambas cosas”, respondió Villa.

“¿Cómo se hace?”, preguntó desesperado Udo.

“Estamos buscando”, dijo el alumno que representaba a Pedro.

“No, no se trata de buscar ciegamente. No está mal lo que plantea el
compañero”, la palabra fue usada con toda intención por Villa.
“Estamos trabajando con categorías stanislavskianas por dos razones.
Primero, porque es parte del plan de estudio que tengo para ustedes;
segundo, porque aunque quisiéramos, esta obra no es abordable de una
manera muy diferente. A pesar de ser de Brecht, es una obra
‘aristotélica’. Pero sigue siendo Brecht, en eso tiene razón Udo. Y es
verdad que la escena de la entrada del cadáver, por la empatía que
genera, es crítica. No ‘busquemos’ en el aire. Pensémoslo juntos. Yo
podría aportar algo en la puesta para evitar la empatía, pero no es ni
lo deseado por el autor ni lo que quiero de ustedes. Este es un
trabajo de escuela, no hay que olvidar eso. No puedo hacer una puesta,
estrictamente hablando. Sin embargo, hay que pensar que esta escena
desata la decisión de la Señora Carrar de entregar los fusiles y
llamarse ella misma a la resistencia”, Fidela, que hacía ese
personaje, asintió, “lo que me pregunto, entonces. ¿No podríamos dejar
que la empatía se instale y luego, en la escena siguiente, poner las
tintas en el pensamiento en sí, en la bajada de línea? Es una
pregunta, no lo tengo resuelto”.

Así quedaron. En pensarlo todos.

Udo pasó por la casa, ya había avisado a sus padres que dormiría
afuera pero, por una razón que no supo justificar, quiso llevarse
consigo una muda de ropa para dejarla en lo de Emilio y Aníbal.

Llegó muy tarde.

Emilio se había quedado dormido, pero se alegró de verlo. Se metieron
juntitos en la cama y se dieron calor. Durmieron profundamente.

Al día siguiente, 8 de junio, la Fuerza Aérea Argentina rechazaba un
intento de desembarco inglés en Bahía Agradable.

También se hundía el transporte de tropas "RFA Sir Galahad" y una
barcaza de desembarco; mientras que la fragata "HMS Plymouth" y el
transporte de tropas "RFA Sir Tristam", resultaban seriamente
averiados.

Apagaron la radio y salieron para el hospital.

Hacía frío.

Emilio abrazó en la calle, sin ningún pudor, a su querido Udo. A pesar
de la tristeza, una felicidad pequeña pero fuerte, brillaba en su
corazón.

“No estoy solo”, pensó.

Quién sabe si eso sería verdad, pero al menos, podía pensarlo y ser un
poquito feliz.

24 de diciembre de 2009
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#7243 De: alejandro benedetti <inventario_1917@...>
Fecha: Jue, 24 de Dic, 2009 4:30 pm
Asunto: A tres Meses del inicio del juicio a los represores en Rosario: Causa Guerrieri - Amelong
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Notas a Representantes de Derechos Humanos y Organizaciones Sindicales de Rosario (HIJOS, APDH, AMSAFE, SITRATEL)

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Los organismos de Derechos Humanos y sindicales que conforman el Espacio Juicio y Castigo, acompañaron la última etapa del juicio que se sigue desde le 31 de agosto a cinco represores que actuaron bajo la órbita del 2do Cuerpo de Ejército durante la última dictadura militar en la causa conocida con el nombre GUERRIERI-AMELONG con la convocatoria a "Rock de la cárcel perpetua común y efectiva a los genocidas".

Bajo la consigna "Rock de la cárcel perpetua común y efectiva a los genocidas", el espacio Juicio y Castigo Rosario realizó un festival de Rock y arte callejero el lunes 14 de diciembre frente al Tribunal Federal de Rosario, en Oroño 940. Vemos esta secuencia con los testimonios de referentes del Espacio Juicio y Castigo a 3 meses del comienzo de los juicios.

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#7242 De: nacho vavassori <nachovava@...>
Fecha: Jue, 24 de Dic, 2009 4:03 pm
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Mi compu no andaba bien así que Felices fiestas y próspero año nuevo
si ya habias recibido mis saludos, recibílos otra vez y gracias!!!!!!!!
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#7240 De: alejandro benedetti <inventario_1917@...>
Fecha: Mié, 23 de Dic, 2009 8:11 pm
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#7239 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Mié, 23 de Dic, 2009 6:14 pm
Asunto: Felcidades
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MIS DESEOS PARA LA DÉCADA QUE COMIENZA

Las relaciones entre nosotros, personas, lo es de palabras. Una
relación de palabras es un relato y eso es lo que somos cuando
conformamos la trama del mundo en que vivimos. Somos el relato y los
relatores.
No hay otra manera de ver al otro sino a través del puente que arman
las palabras (dichas, escritas, pensadas…)
Pero las palabras son también objetos que nos mienten.
Sin embargo, no podemos escapar de ellas, somos ellas.
Arrinconados en nosotros mismos buscamos la comunicación, el abrazo,
la amistad, el amor. Y a veces creemos encontrar algo de todo eso, y
somos felices. La creencia alcanza, es suficiente, mientras haya otro
que la respalde.
Gracias a nuestras ilusiones proyectamos delante de nosotros mismos a
esa persona que necesitamos para continuar existiendo y, en algunas
oportunidades, tenemos la inmensa buena fortuna de cruzar nuestra vida
con la de alguien que a su vez imagina en nosotros su propio apoyo.
Compartimos tiempo y eso nos da felicidad.
A veces nos enamoramos. Y cuando esto ocurre, también puede ocurrir
que anhelemos una detención del tiempo, una congelación de la vida en
algún momento de plenitud compartida; anhelamos una aprehensión del
otro ignorando la mentira inicial que nos reunió, la base de nuestro
común encuentro.
Entonces, el tiempo se revela, nos deja de lado, y nos destruye. ¿Cómo
pudimos obviar su molesta existencia, el palpable camino hacia la
vejez y la confirmación de nuestra extrema soledad?
Pero tenemos también la oportunidad de ser algo más flexibles, de
poder abrazar al elegido/a sin el anhelo de su captura ni de su
sumisión a nuestro deseo. Es posible, existe esa forma de comunicarse,
pero la sentimos tan contra natura por su completo rechazo a la
repetición que pedimos para ser felices por temor a descubrir que lo
nuevo no nos gusta, que por lo general optamos por seguir sufriendo
antes de ver la realidad.
Es que más allá de la proyección que hagamos sobre los demás, hay una
realidad.
No importa que nuestra imaginación construya, con el material de las
palabras, lo único accesible. Aunque no podamos llegar allí, sabemos
(sospechamos) que hay su soporte real detrás de tanta mentira. Alguien
nos está mirando sin saber que mira. Y nosotros también vemos, aunque
no sepamos.
Ese real que sostiene la imagen que deseamos puede ser tocado por
nosotros, a veces lo vemos surgir en la sangre que corre de una
lastimadura, y el tocar la cicatriz que juega como rastro nos devuelve
a algo que allí estuvo y da cuenta de que está. Un cuerpo, una
transpiración, el aliento cercano, un beso, la unión deseada y
consumada.
Es posible ser felices, sólo tenemos que ser un poco más flexibles y
saber que no hay nada que nazca si no va a morir luego. El universo
entero sigue esa ley, todo muere a cada instante, si sabemos
sumergirnos en lo que nace y renace sin abocarnos al rastro de lo que
se fue, quizá tengamos la oportunidad de ser felices.
Mi deseo para esta próxima década, para todos mis amigos y, por sobre
todo, para el amigo más cercano, que soy yo mismo (aunque a veces me
odie) es que aceptemos con valor la mentira de la vida y nos
permitamos seguirle el juego; que podamos soñar; que nos dejemos amar
y ser descubiertos por otros; que podamos descubrir sin buscar nada.
Seamos felices, aunque cueste

Gustavo Böhm
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#7238 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Mié, 23 de Dic, 2009 2:38 pm
Asunto: Sol y lluvia
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Aníbal abrió sus ojos y por un momento dudó.

¿Se encontraba en el hospital o en su casa?

El olor a remedios lo invadía todo, por lo cual bien podría ser un
lado como el otro.

Pero era su casa. La inmensa cama matrimonial que su madre nunca había
cambiado por otra, a pesar de los años que pasó sin compartirla con
nadie.

¿Qué hora sería?

Se dio cuenta de que uno de los efectos de su enfermedad era la
pérdida de la noción del tiempo. Dormía mucho, por efecto de los
calmantes. Eso también era razón para despertar en cualquier momento.

Si tenía necesidad de ir al baño y estaba en su casa, se levantaba
sólo. No quería despertar a Emilio, le daba pena molestarlo. El chico
tenía ojeras cada vez más notables, evidentemente dormía muy poco y la
razón, ¿cuál otra podría ser que él mismo, su enfermedad?

Pero también tenía miedo a marearse, a perder el equilibrio. Por eso,
a veces, a pesar de la urgente necesidad de llegar al baño, pasaba un
tiempo apoyado contra la pared, junto a la puerta, para asegurarse de
que no había movimiento, de que el espacio seguía quieto y no se
sacudía ni se desplazaba. Recién entonces caminaba hacia el baño.

Emilio le había dejado una chata al lado y un balde, también por
cualquier uso necesario que surgiera. Pero a él no le gustaba.
Mientras pudiera realizar la travesía hasta el inodoro, la haría.

Al salir del baño ya se había percatado de que era de día, aunque
todavía no estaba seguro de si sería de mañana o de tarde. Una luz un
tanto difuminada caía sobre los objetos. Oyó ruidos en la habitación
de Emilio y caminó hacia allí.

Se detuvo en el marco de la puerta. Emilio no lo notó al principio.
Estaba leyendo un libro, sentado en una pequeña silla que había
apoyado contra la pared. La luz de la tarde (ya estaba seguro de que
se trataba de la tarde) le pintaba el rostro. Lo miró con
detenimiento. Hacía mucho que no se fijaba en unas marcas no demasiado
notables, pero visibles, que había dejado alguna enfermedad infantil
en el rostro del joven. Viruela, seguramente.

Amaba esas marcas.

Quería acariciarlas pero sabía que el tiempo se le iba y se preguntó
(¡qué pregunta tonta!) si se podría saber la cantidad de veces que le
volvería a tocar esas marcas; la cantidad de caricias que lo separaban
entre el momento actual y el instante de su muerte.

Emilio alzó la vista y se sorprendió tanto de verlo allí que dio un
salto. Quizá fue de susto, Aníbal no se miraba al espejo, lo evitaba
en la medida de lo posible, pero sabía que día a día su cuerpo se
volvía más espectral.

“¿Qué hacés ahí parado?”

“Te miro, te admiro y te amo”.

Scarfi rió con dulzura: “Sos un romántico”.

“Sí”, respondió el avejentado amigo mientras se acercaba a él,
lentamente. “¿Está mal?”

“Ni mal ni bien. Sos romántico”.

Emilio lo ayudó a llegar hasta la cama y lo sentó, apoyándolo
suavemente contra el espaldar.

La respiración agitada de Aníbal se calmó y su mirada se fue por la
ventana hacia el otro lado, donde un edificio derruido dejaba pasar la
luz mortecina del sol.

“Me acuerdo de tantas tardes”. Miró a Emilio y siguió: “Esta era mi
habitación, yo dormía en esta cama, y a veces me quedaba pensando,
sentado como estoy ahora, mientras la luz se iba. Y mamá aparecía,
enojada, no se por qué se enojaba, y me decía: Prendé la luz, che, te
va a hacer mal a la vista. Pero mamá, le contestaba yo, si no estoy
leyendo. Ella se desconcertaba pero de todas formas insistía: Prendela
igual, te va a hacer mal. Y se iba a hacer cosas, la cena, no sé,
algo. Siempre estaba haciendo algo”.

Emilio notó que Aníbal lloraba, veía cómo resbalaban sus lágrimas por
su rostro, y también notó, con asombro, que él no se daba cuenta.
Lloraba sin saber que lloraba.

“¡Cuánta pérdida!” dijo al fin, y calló. Durante media hora o más
compartieron el silencio. Emilio se acomodó a su lado y lo abrazó. Al
rato Aníbal se durmió en sus brazos y el propio Emilio dejó que el
sueño lo llevara lejos de allí, a algún lugar donde todo hubiera
pasado, todo, y no hubiera transcurso. Donde las cosas fueran esferas
fijas de colores y la única acción de la gente estuviera en
admirarlas.

Cuando despertó, acalambrado, ayudó al enfermo al regresar a su
habitación, le acomodó la cama lo mejor que pudo y fue a preparar algo
para cenar los dos.

En la medida en que se acercaba la fecha de la mudanza al departamento
que los padres de Udo compraran en Santa Fe y Uriburu, un especial
nerviosismo recorría la piel del muchacho.

El 3 de mayo Gerardo Heinrich, el padre de Udo, viajó a Buenos Aires
para encargarse junto a Carmen, quien ya estaba allá, de algunos
preparativos. Había que terminar no sólo de hacer habitable el
departamento que habían comprado, al que decidieron cambiar los
colores de las paredes y hacerle algunas modificaciones a la cocina,
sino que había que chequear que quedara en buen estado el inmueble que
devolvían a su dueña, el de Pasteur.

Ese mismo día, en la Habana, el Canciller Costa Méndez, pronunciaba un
discurso ante los representantes de los Países No Alineados, pero al
día siguiente, en las Naciones Unidas, el nuevo proyecto de cese del
fuego era vetado por Estados Unidos y Gran Bretaña.

La muestra de MUERTOS SIN SEPULTURA iba a coincidir casi en fecha con
la de LOS FUSILES DE LA SEÑORA CARRAR. Todavía no habían decidido cuál
de las dos iría primero, pero lo más probable sería que la obra de
Sartre se diera antes que la de Bertolt Brecht.

En un par de oportunidades en que se cruzaron en el Bar de Angelita,
en la Escuela, Udo había mantenido entretenidas charlas con Néstor
Romero. Poco a poco lo fue conociendo, si bien no como profesor, sí
como un compañero en el camino en construcción que era esta vida del
actor.

Si eso se fue dando de esa manera es porque, al sentarse a tomar algo
Tavo con sus compañeros, muchas veces eran acompañados por el
profesor, quien solía seguir hablando de lo que trabajaban en la clase
y Udo, sentado al lado de su pareja, escuchaba y a veces incluso
intervenía.

Seguramente fue esa frecuentación lo que llevó a Néstor a invitar al
joven a un ensayo de MUERTOS SIN SEPULTURA. Esto a la vez alegró y
puso muy nervioso a Tavo, quien sentía que la mirada de su pareja, a
quien admiraba como actor, podría serle de ayuda, pero también podría
inhibirlo ese día en el trabajo.

Udo aceptó encantado y se quedó en un costado, sentado al lado de
Néstor, viendo los notables progresos que sobre ese dificultoso texto
habían realizado los alumnos de segundo año.

Mientras se desarrollaba la pasada, Udo tomó nota del cariz
abiertamente sexual con que se encaraba el personaje de Lucie, la
manera de trabajar de la alumna, la forma en que se movía, el cómo
llevaba su ropa hecha girones, cómo ocultaba su cuerpo de la mirada
invasiva de sus compañeros y del público, un ocultamiento que a la vez
era desocultamiento. Todo eso se veía perturbador, sutilmente
perturbador, fue uno de los aspectos que luego alabaría del trabajo de
Néstor y de la actriz. Era evidente la razón por la cual había sido
encarado de esta manera, en la mujer, la tortura cobra necesariamente
un sentido sexual. A veces también en el hombre, pero particularmente
en la mujer.

Es decir, es cierto que un hombre, al ser torturado, puede sufrir
también sevicias sexuales, pero éstas son por lo general más
frecuentes, por no decir sistemáticamente realizadas, cuando la
víctima pertenece al sexo femenino. Y en estos casos, el suplicio
sexual que debe soportar la mujer, no es más que la prolongación
lógica y llevada al extremo, de la situación de sumisión y explotación
a que la mujer está sometida en todos los sistemas patriarcales.

En determinado momento, Canoris impone su decisión, en nombre de la
Causa, secundado después de muchos esfuerzos por Lucie, quien no cede
sin embargo a los argumentos de sus compañeros, sino a la sensación de
la vida que vuelve a resurgir en ella al escuchar el ruido de la
lluvia.

La tendencia stanislavskiana de Romero se ponía en clara evidencia en
momentos como ése, donde efectivamente una banda de sonido introducía
la lluvia. El ruido se dejaba oír y se hacía un tiempo para que
penetrara no sólo en los actores, sino también en el público. Ese
efecto fue apreciado por Udo. Había una sensación extraña de
tranquilidad que el sonido traía luego de la tensión del diálogo
anterior, pero la tensión se retomaba con el sonido de las voces
apagando el de la lluvia (que efectivamente se iba desvaneciendo hasta
desaparecer).

Lucie decía: “La lluvia”. Iba hacia una ventana y se quedaba de pie,
como observando el agua cayendo. Luego, aun sin moverse de allí,
seguía hablando: “Durante todo este tiempo, hubo sol, es horrible. Ya
no me acordaba, creí que había que vivir siempre al sol. Cae con
fuerza, habrá olor a tierra mojada”.

Lo que había logrado Néstor es que, a esas alturas, el sonido de la
lluvia, que en determinado momento subía, comenzara a bajar hasta
desaparecer, mientras la voz de la actriz, visiblemente emocionada, se
imponía en lugar del sonido del agua: “No quiero”, decía, “No
quiero”.

Este era el punto álgido de la pieza donde Henri y Canoris se le
acercan y Henri trata de hacerla entrar en razón, pero Lucie insiste:
“No quiero llorar, voy a sentirme una tonta”. Y cuando Henri la tomaba
en sus brazos ella se deshacía de él. “¡Suéltenme!”, gritaba, “¡Me
gustaba vivir! Me gustaba vivir!”

Udo estaba realmente impresionado.

Nada de lo que hasta ese momento le había transmitido Tavo lo había
hecho imaginar que el trabajo había llegado a cuerdas tan sensibles.
Cuando Treppani hablaba, más que nada lo hacía de sus dificultades con
el personaje, y sobre eso giraban siempre las charlas con su pareja.
No le había dado a Udo un pantallazo sobre el aspecto general del
trabajo. Sí había mencionado que le gustaba mucho la actriz que hacía
Lucie, Udo recordaba que su amigo había dicho, textualmente: “La
envidio”.

La mente del invitado, sentado junto a Néstor, comenzó a divagar. Esa
es una de las maravillas del teatro, como puede incidir en lugares
desconocidos de uno mismo y despertar pensamientos y sentimientos que
allí estaban, escondidos en guaridas, esperando a que alguien o algo
los llamase. Hay situaciones en que no se puede, dignamente, elegir
sino la muerte. Eso pensaba Udo ante lo que veía.

Unos momentos antes, Lucie se había negado a pactar con los verdugos,
que le ofrecían la vida a cambio de una delación, y  proclama
abiertamente su triunfo y su venganza. Unos minutos antes, solamente,
discutiendo con Canoris que quería convencerla, le había dicho:
“¡Corazón puro! Vos podés vivir, tenés la conciencia tranquila, te
sacudieron un poco, eso es todo. A mí me han envilecido, no hay ni una
parte de mi piel que no me horrorice” y, dirigiéndose a Henri,
agregaba: “Y vos que hacés aspavientos porque estrangulaste a un
mocoso, ¿te acordás que ese mocoso era mi hermano y que yo no dije
nada? Cargué con todo ese mal con vos. ¡Váyanse! Váyanse a vivir ya
que pueden aceptarse a sí mismos. Yo me odio y deseo que después de mi
muerte todo sea en la tierra como si nunca hubiese existido”.

Udo detuvo su mirada en el cuerpo inerte de su amigo. Había visto la
escena de la estrangulación a la que se refería Lucie y no le había
gustado. No sabía muy bien por qué y eso era un problema, porque luego
tendría que darle una devolución a Tavo sobre lo que había visto. Pero
había algo incompleto, no resuelto, en esa muerte. Y no correspondía
sólo a la responsabilidad de Tavo, sino también del actor que hacía el
papel de Henri, que era muy malo. De eso sí estaba prevenido, por las
charlas con su pareja.

Pero la muerte en sí misma, el permanecer inerte, el ser imagen
inmóvil que moviliza la acción, eso era un logro de la relajación de
Tavo y de su atención como actor a no hacer nada de nada. Cosa
difícil.

No sabía si, estrictamente, tenía razón en lo que pensaba, pero Udo
dedujo por lo que veía que si Lucie había cedido, era porque la
lluvia, al caer, había despertado en ella su deseo de vivir, y
cediendo a esa debilidad, se había dejado convencer por Canoris.
Entonces comprendió el por qué de esa elección de un sonido realista
de lluvia invadiendo el espacio. Néstor le había dado a ese sonido
carácter de personaje, de actante que hacía efecto en la acción.

O era así, o la decisión de Néstor había llevado a que se percibiera
de esa manera.

Igualmente, entre una posibilidad o la otra hay una línea tan delgada
como una nada. Una obra de teatro no es, estrictamente hablando, hasta
que se representa. Antes es literatura, y con eso se quiere decir que
antes es como un nonato, un ser sin forma al que por más que se
apliquen análisis y pensamientos, no se logra nunca aprehender. A
diferencia de la novela (no tanto de la poesía, que debe sonar, ser
dicha) el teatro necesita de la representación para ser. Con leerlo no
alcanza.

Mientras Udo reflexionaba, al terminar el ensayo de MUERTOS SIN
SEPULTURA, la mirada de Emilio acariciaba los ojos demasiado cansados
de Aníbal, compartiendo con él una cena silenciosa, lenta y
silenciosa.

23 de diciembre de 2009
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#7237 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Lun, 21 de Dic, 2009 11:47 pm
Asunto: Resistencia y Esperanza
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En 1954, Brecht afirmó programáticamente:

“Una dramaturgia no aristotélica es una dramaturgia para la
representación de las contradicciones y para el goce de esas
contradicciones. Aristóteles no es un pensador adialéctico, pero su
dialéctica es unívoca. Así, tomemos por caso, cita el ejemplo de los
estorninos que vuelan hacia uvas pintadas por el realismo con el que
han sido pintadas. Es necesaria la semejanza, por supuesto, pero
también lo es la diferencia.”

Esta formulación tardía es en comparación conciliadora:
manifestaciones anteriores sobre el estagirita son más mordaces.

La confrontación de Brecht con Aristóteles no se limitó a su oposición
sobre las concepciones de la función del drama. Detrás había más.
Resulta también un elogio bastante extraño el que Georg Lukács, en el
día del entierro de Brecht, durante la ceremonia fúnebre celebrada en
el teatro Schiffbauerdamm, proclamara que Brecht era el sucesor
legítimo de Lessing y Aristóteles; esto no aportaba ninguna
interpretación de Brecht, sino que subrayaba de nuevo el contraste
teórico entre Brecht y Lukács.

Los ensayos de LOS FUSILES DE LA SEÑORA CARRAR se tiñeron del tufillo
a guerra que reinaba en el ambiente. Era como si recién en ese
momento, luego de tanto tiempo de comenzado el conflicto del Sur,
Buenos Aires comenzara a tomar conciencia de que su país estaba en
guerra.

En guerra, además, con una de las Señoras del Mundo, la Gran Bretaña.
Un poco venida a menos, la Dama, pero todavía una gran señora. Al día
siguiente, luego de sangrientos combates, la guarnición argentina de
Darwin capitulaba.

De regreso del Estudio de Villanueva Cosse, Udo se hundió en el
trabajo sobre LOS FUSILES…, no es que hubiera dejado de lado EL
ORGANITO, pero la primera de ambas muestras sería la de Brecht y
sentía que debía meterse en el ambiente de la Guerra Civil, estudiaba
con el libro de Hugh Thomas. A algunos le parecería una exageración, a
él, no. Para comprender una pequeñez en el escenario a veces hay que
devorar diez libros sobre temas colindantes. Algo va quedando,
sedimenta en los nuevos recuerdos instaurados en el actor, en ese
préstamo que hace de otras vidas, para poder exponer la propia y decir
un texto que no debe serle extraño. Al menos no más de lo necesario
para no confundir actuación con locura.

La sublevación de la fracción fascista-colonialista del ejército
español, a mediados de julio de 1936, fue rechazada por los
trabajadores, y con ello dio comienzo a la guerra civil española.

A principios de octubre Franco fue nombrado jefe del Estado, era el
ascenso irresistible de un nuevo “Führer”, una condensación de toda la
basura moral de las antiguas castas dominantes.

El peligro que corría la República española de los trabajadores
organizados era tan alarmante para comunistas como para no
comunistas.

Debería llamar la atención que Brecht, si bien incorporó en 1953 Los
fusiles de la señora Carrar a sus Ensayos, no le asignó, sin embargo,
a la pieza un número de opus y no publicó el tomo en la serie del
resto de los ensayos, sino que lo denominó Sonderheft, es decir,
Número extraordinario.

Teresa Carrar forma parte de la serie de figuras maternas que ya antes
de la época del exilio se había iniciado con el tipo de la viuda
Begbick y de la señora Peachum. La cantinera Anna Fierling, llamada
Madre Coraje, es una especie de amalgama de ambos tipos de mujer.

La señora Carrar, por el contrario, está, por su carácter y modo de
expresarse, muy cercana a la madre Pelagea Vlasova, así como, un año
después, la mujer pez de El proceso de Lúpulo.

Ajeno a la “gran política”, y a instancias de Slatan Dudow, Brecht
reunió material de los periódicos y empezó a escribir una pieza que
llamaba a arrebato para la solidaridad armada. Die Rundköpfe había
surgido de su trabajo sobre Medida por medida; así como Generäle über
Bilbao (Generales sobre Bilbao), que se inspiró en la obra de un acto
Riders to the Sea (Jinetes hacia el mar), del escritor judío irlandés
J. M. Synge al que Brecht tenía en la más alta consideración, y que
fue la primera obra de Brecht que tuvo como punto de partida una
crisis política en curso.

Fue redactada hacia fines de marzo de 1937, y uno de los borradores
finales está fechado en junio de 1937.

En la obra de Synge, la madre, que no ha conseguido disuadir a su hijo
más joven de que se haga pescador, se resigna a su muerte:

“Ningún hombre puede vivir para siempre, y debemos conformarnos.”

La obra de Brecht, retitulada Die Gewehre der Frau Carrar, prefigura
uno de los temas de Mutter Courage: en ambas obras una madre intenta
convencer a sus dos hijos de que no arriesguen su vida combatiendo,
Con arreglo a la misma pauta que en Die heilige Johanna y Die Mutter,
construye la acción en torno a la conversión a la militancia del
personaje central femenino.

Tras la muerte de su primogénito, no sólo exhorta a luchar al hijo más
pequeño, sino que decide luchar ella misma, un esquema melodramático
de profundas resonancias humanas, no en vano los soldados que luchan
en el frente, cuando se ven en mayores apuros, suelen evocar a su
madre. Estilísticamente, con todo, la obra es menos progresista que
las anteriores de Brecht. Expresó un contenido progresista por medio
de una forma “reaccionaria”, (así lo dijo el mismo Brecht, medio en
serio, medio en broma). Es la única de sus obras que él denominó
“drama (de empatía) aristotélico”.

La conclusión decisiva de la mujer del pescador andaluz para explicar
la muerte del hijo, “la culpa la tuvo la gorra. Estaba andrajosa. Un
señor no lleva algo así”, también podría haberla expresado la madre
Pelagea Vlasova como causa del asesinato de su hijo, el revolucionario
Pawel Vlasov. A pesar de todo, la madre es una figura del teatro
épico, no aristotélico, si bien no es ése el caso de Teresa Carrar.
Los fusiles de la señora Carrar es, desde el punto de vista
dramatúrgico, una obra de estructura aristotélica.

Esa fue la reflexión a la que condujo Villanueva Cosse a sus alumnos
durante el trabajo del día siguiente. De alguna manera, ese año se
había aferrado a Stanislavsky.

Quizá fuese una deuda pendiente para él, pero tanto en Tercer Año, por
la manera de trabajar un texto que no necesariamente admite un
tratamiento stanislavskiano, como es EL ORGANITO; más la particular
elección para Segundo Año de una obra de Brecht que no es considerada
brechtiana por sus analistas (ni por él mismo, de ahí esa ubicación en
el Sonderheft, es decir, en un Número extraordinario que aludía a una
secreta ilegitimidad, a una vergonzante existencia extraordinaria de
la obra cuyo tema era la Guerra Civil española).

Los versos finales de la pieza escolar La excepción y la regla ya
habían manifestado cómo debería entenderse, según el autor, una obra
de teatro de tipo no aristotélico:

Ya conocen lo habitual, lo que se repite de continuo. Pero nosotros
les pedimos:

Lo que no es raro, ¡considérenlo extraño!
Lo que es corriente, ¡considérenlo inexplicable!
Lo que es habitual, debe sorprenderlos.
Lo que es la norma, reconózanlo como abuso,
y cuando hayan reconocido el abuso, ¡pongan remedio!

La transformación de Pelagea Vlasova era mostrada, interpretada
didácticamente, concluida en forma de oratoria mediante un relato
épico: en la representación en Berlín se añadieron montajes
cinematográficos.

La transformación de Carrar se produce en el interior de un espacio
escénico tradicional, sólo los propios personajes están en juego, los
principales elementos de la acción son representados, no relatados, no
hay canciones, no hay montajes. Al espectador le es posible hacer una
"interpretación empática" de la señora Carrar y sus decisiones: nunca
se le impone el extrañamiento del personaje.

La forma de representación es posible porque no es preciso mostrar el
complejo proceso de la conciencia revolucionaria, sino la -en opinión
del autor- sencilla transición desde la neutralidad a la acción en un
conflicto político-militar con frentes definidos.

El drama debe ofrecer ante todo información. Brecht quería mostrar
quién combatía en la Guerra Civil española, cómo y por qué se luchaba.
Ésta es una pieza al gusto de Lukács: el realismo y lo popular, la
transformación de la heroína, quizá no compasión y temor, pero
posiblemente resistencia y esperanza, para emplear una fórmula de
Ernst Bloch. Y la ampliación de la alianza, el frente popular en la
guerra civil, como muestra el diálogo entre el obrero Pedro y el
padre.

Al regresar a casa Udo encendió el televisor y buscó algo que no
tuviera que ver con la guerra.

Toda es histeria de las donaciones para los soldados llenaba las
pantallas.

En un canal estaban dando algo español, un recital.

Un joven cantaba con un coro detrás parte de Jesus Christ Superstar.

Luego, el cantante, que era apabullado por los aplausos, dijo unas
palabras: Que iba a dedicar algo a su madre, que se encontraba en el
público.

La madre de Udo se acercó a ver lo que estaba mirando su hijo.

Las palabras usadas por el cantante español fueron: “será una canción
para ella solita”.

A poco de comenzar, se quedó sin aire y rompió a llorar. El texto de
lo que cantaba era un pedido de perdón por no haber sido el hijo que
ella esperaba.

Cuando se puso a llorar, el público lo adoró. Se puso de pie para
aplaudirlo. Él seguía llorando.

Intentó dos veces continuar con la canción pero no pudo. El público no
detuvo sus aplausos.

La madre de Udo, visiblemente emocionada, regresó a la cocina.

Udo quedó impresionado.

Era 27 de mayo.

Las tropas inglesas, engrosadas por nuevos contingentes, avanzaban
sobre Darwin y Pradera del Ganso. En las acciones fallecía el teniente
coronel Jones de las fuerzas británicas.

El día 28, el papa Juan Pablo II, durante su visita a Londres, hacía
un encendido reclamo por una paz justa y honrosa. Por otra parte,
durante una Reunión del TIAR quedaba aprobada una resolución favorable
a la Argentina.

Por la tarde de ese día tan cercano al fin de mayo salieron ambos a
caminar, madre e hijo, y hablaron con mucha tranquilidad.

Parte del tiempo lo pasaron en una confitería, tomando algo.

La noche no estaba fría. La gente parecía nerviosa. La violencia se
había transformado en algo francamente perceptible.

La concepción del carácter inevitable de la violencia es abiertamente
leninista, y con Johanna, Vlasova y Carrar, Brecht está contradiciendo
lo que dijo en Mann ist Mann; en vez de ensalzar al “nuevo tipo
humano” que asume con conciencia las condiciones externas, está
glorificando al inconformista que va más allá de lo que la “normalidad
le exige”.

A lo largo del verano de 1937, acompañado por Ruth Berlau y Karin
Michaelis, Brecht asistió a un congreso de escritores en París cuya
finalidad declarada era debatir la actitud de los intelectuales del
mundo ante la guerra española en clave antifascista, una prioridad que
Brecht no se cuestionaba. No obstante, en los pasillos, el tema que
los delegados comentaban con mayor atención entre ellos, y en más de
una vez incluso en público, fue la defección de André Gide del
comunismo oficial. En 1932, Brecht había escrito que de buena gana
sacrificaría su vida por el triunfo de la Unión Soviética, sin entrar
en mayores consideraciones como las que habían desarrollado amigos
suyos como Wilhem Reich que se había aproximado a la oposición
trotskista.

En junio de 1936, cuatro días después de su llegada a Rusia, pronunció
un discurso en el entierro de Gorki. “Las grandes fuerzas
internacionales y revolucionarias -dijo-, tienen la responsabilidad de
proteger la cultura y de hacerla ilustre”, pero antes de partir había
visto que la cultura soviética estaba monolíticamente consagrada a la
glorificación del Estado. Aparentemente se fomentaba la "autocrítica",
pero con la línea del Partido-Estado como única norma. En el colectivo
modelo que visitó las casas eran idénticas, todas ellas con los mismos
muebles feos y el mismo retrato de Stalin. El uniformismo se había
impuesto sobre el libre juego de las ideas, de las escuelas y de los
gustos.

Esta uniformidad de estilo marchaba además emparejada con la
uniformidad de criterio. Al principio no pudo encontrar en los
periódicos una sola mención de la guerra civil española, y la gente
con la que habló no se atrevía a aventurar una opinión hasta que, unos
días después, Pravda se puso de parte de los republicanos, un detalle
que Gide denunciaría. En realidad, Stalin abandonó la política de no-
intervención cuando ya no pudo hacer otra cosa.

Contaba Gide que en Leningrado fue invitado a dirigir la palabra a una
asociación de estudiantes y escritores, pero no le permitieron decir
lo que quería. Sus palabras eran traducidas no según su significado
real, sino en función de lo que se tenía como “correcto”.

Aunque reacio a cualquier aventura disidente, Brecht no fue ajeno a lo
que escribió Gide en su regreso de la URSS, y de alguna manera le
afectó la consternación general. La misma prensa comunista que lo
había aclamado como el más grande escritor francés vivo; era la que
ahora le denunciaba como un monstruo fascista. Los delegados rusos
vinculaban su nombre con el de Trotsky, y Mihail Kolzov, el
corresponsal de Pravda, improvisó parodias de su libro. Brecht no
estaba tan ciego como para no percibir la contradicción.

En París, fueron Mihail Kolzotv (el modelo de Ernest Hemingway para su
personaje Jarkov en Por quién doblan las campanas, eso antes de
desaparecer en las purgas a su vuelta de España como tantos otros
“españoles”) y André Malraux quienes propusieron que el congreso se
aplazase para ser reanudado en Madrid, como gesto de solidaridad con
la república. Tanto Malraux como Arthur Koestler y George Orwell
habían estado en España el año anterior; Hemingway, Stephen Spender y
otros muchos habían venido a principios de 1937. Pero Brecht no tenía
intención de hacerlo.

Aunque a la tripulación de Das Badener Lehrstück le preocupaba poco la
supervivencia individual, a él le inquietaba mucho la suya, y, aparte
de escribir Die Gewehre der Frau Carrar, su única aportación conocida
a la causa republicana fue un discurso que envió para ser leído en
Madrid: “Aunque durante mucho tiempo -demasiado- fue defendida sólo
con armas intelectuales, pero atacada con armas físicas, la cultura,
que en si misma no es sólo un fenómeno intelectual sino también, más
concretamente, físico, debe defenderse con armas físicas”.

Por su parte, su compañera Ruth Berlau, más valiente y más impetuosa
que su amante, decidió volar a Madrid en compañía de Kolzov, y eso a
pesar de que Brecht trató de disuadirla. Al fracasar, volvió a
Dinamarca, donde descubrió que algunos de los actores que habían
intervenido en Die Mutter habían ido a combatir en España.

En Frau Carrar afirmaba rotundamente que mantenerse al margen de la
lucha equivalía a respaldar a los generales; para él, sin embargo, no
había ni que hablar de combatir con otra arma que no fuera la pluma.

En su estancia en España, Ruth  Berlau se hizo amiga de la mujer de
Kolzov, María Osten, y fue al frente acompañada del novelista germano
Egon Erwin Kisch y del célebre dramaturgo noruego Nordahl Grieg. Ernst
Busch estaba allí, y “su voz infundía valor a muchos combatientes”.
Ruth recibió cartas de Brecht en prosa y verso, suplicándole que no
corriera riesgos y ordenándole que releyera mañana y noche las
siguientes líneas:

Aquel a quien
amo me ha dicho que me necesita.
Así que
extremo el cuidado voy ojo avizor
para que no me mate cualquier gota de lluvia.

Brecht sería desde los años sesenta, uno de los autores de teatro más
emblemáticos, y fue extensamente representado, no solamente en los
grandes escenarios, también lo fue por compañías de aficionados. Tenía
la virtud de reunir una categoría cultural de primer orden con una
exaltación de la lucha social y de la participación militante. Y entre
sus obras más representadas estuvo siempre Los fusiles de la  señora
Carrar.

Udo se hundía cada vez más en un mundo virtual, el del aprendizaje.

Disfrutaba su personaje de José, en LOS FUSILES…, se dejaba estar,
permanecía en una mirada que se prolongaba en los ojos del otro.
Respiraba cuando el otro respiraba, y mantenía su atención en el
afuera, como si viviera en una cárcel, con una madre carcelera.

La realidad no tenía que ver con esta ficción, pero a veces la
bordeaba.

El anteúltimo día de mayo la aviación argentina consiguió averiar el
portaaviones “HMS Invincible”, pero el primer día de junio, avanzadas
británicas llegaron al monte Kent, a unos 20 kilómetros de “Puerto
Argentino”.

Fue en ese momento cuando comenzaron los duelos de artillería
terrestre.

El avión Hércules TC-63 de la Fuerza Aérea fue derribado por un
Harrier, falleciendo el vicecomodoro Meisner y otros seis
tripulantes.

Entre la literatura y la vida, reapareció la radio y la televisión. La
madre seguía allí. Cada vez Udo veía menos a Tavo, alguno que otro día
se encontraba con Emilio, pero mientras la guerra avanzaba y los
ensayos de LOS FUSILES… cobraban forma, la vida de Aníbal se
extinguía.

El último encuentro había sido en el hospital, con Aníbal internado.
Udo pasó seis horas haciendo compañía a su amigo, tres de las cuales
lo relevó para que descansara, lo que hizo en un banco, apoyada su
cabeza en el regazo del amante.

Una crueldad ajena a toda conciencia se desparramaba por el mundo del
muchacho pero no podía ser fijada en una sombra, en una idea. Al
pensarla, se ocultaba. Así como Udo se ocultaba en los ensayos; y
Brecht se ocultaba en sus poemas a su amante; y Tavo se ocultaba en su
trabajo, y Emilio lloraba, desconsoladamente, sin que las lágrimas
llegaran a asomar en sus ojos.

Un atardecer muy rojo brilló a través de la ventana del hospital.

Udo se levantó para irse.

21 de diciembre de 2009
http://groups.google.com/group/lahistoriadeudo
http://www.facebook.com/pages/Gustavo-Bohm/149720522687?ref=ts
http://poderactuar.blogspot.com/

#7236 De: Silvestre BYRON <eaf_elangelblanco@...>
Fecha: Lun, 21 de Dic, 2009 6:35 pm
Asunto: EAF - 2da Encuesta Dana Coral
eaf_elangelb...
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2da ENCUESTA DANA CORAL
-Los contenidos del «eaf_kanal» (Web TV, en progreso)

EAF.- En dos sesiones (28/11 - 5/12) la menor Dana Coral (Buenos Aires, 2005)
vio un demo con contenidos del trazado «eaf_kanal». Apartados: EAF Net Art
Gallery, EAF Net Photo Gallery, Wonderment y Mr Gross´ Saga. Contenidos:

-EAF NET ART GALLERY
THE VOLBERG CITY CITY
Sinopsis: Cine absoluto, desencuadre y anécdota dramática sobre "City
City", pintura digital sobre tela de Enrique Jorge Volberg (Fundación
Internacional Jorge Luis Borges, 2009).

-EAF NET PHOTO GALLERY
TEDDY, OUR FAVOURITE SAMOYED (DOG)
Sinopsis: Dos fotografías entintadas e iluminadas por color empírico de Carlos
Arcobe (1938).

ON A EAMES LOUNGE CHAIR WOOD (LCW).
Sinopsis: La imagen en transición continua.

WHAT A WONDERFUL CHILDHOOD!
Sinopsis: La casa de la infancia (1948-58). Su intimidad.

-WONDERMENT
GLORIOUSLY
Sinopsis. La bandera argentina desplegada al sol.

-Mr. GROSS´ SAGA
Mr. GROSS AND LITTLE ELLA
Sinopsis: Escenas del ejecutivo F. W. Gross con la pequeña Ella.

Mr. GROSS UNSEEN
Sinopsis: La madurez de Mr. Gross.

Mr. GROSS IS GONE -THE HEIR
Sinopsis: Fin de la saga de Mr. Gross. La herencia.

Hoja de Información EAF.-
http://www.underground-eaf.com.ar
Contacto: Adel




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#7235 De: adriana barenstein <abarenstein@...>
Fecha: Lun, 21 de Dic, 2009 2:57 pm
Asunto: intensivos enero 2010
abarenstein
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Cursos Intensivos de Verano

Enero 2010

 

 

Workshop "DUO"
Investigación sobre
la fisicalidad compartida


profs. jazmin chiodi & alexandre iseli

Inicio
Miércoles 20 y jueves 21 de enero de 2010

Horario
de 11 a 14 hs..-
 
La Compania Iseli-Chiodi de Irlanda ofrecerá un seminario de dos dias "DUO" . Además del trabajo de investigacion Jazmin Chiodi Y Alexandre Iseli trabajarán con material de repertorio de su ultima creación « Me seeing You »
 
Se trabajará la relación entre dos ejes verticales que se encuentran. Compartiendo el peso y el eje se materializa el duo. Una conciencia activa del trabajo de peso y la orientación de diferentes partes del cuerpo permiten multiplicar las posibilidades y la diversisdad para enriquecer la fisicalidad dentro del trabajo de parternaire.
 
De esta fisicalidad nace la expresividad del duo.
* Análisis del estado físico : textura corporal, ejes compartidos, repartición del peso, roles, ...
* Elementos estructurantes / improvisación
* Herramientas de investigación y composición
* Transmisión de material de repertorio

Jazmín Chiodi / CV
Nacida en 1976, Jazmín se formó en el Taller de Danzas del Teatro San Martín. En el año 2000 gana la Beca Antorchas Francia y durante dos años estudia Mathilde Monnier, Carlotta Ikeda, Pina Bausch, Michelle Anne de Mey, Susan Buirge, Julyan Hamilton, Trisha Brown, entre otros. En Argentina trabajó con: Mariana Bellotto-Compañía de Danza Teatro; Susana Szperling SZ Compania de Danza. En Europa trabajó con: Mathilde Monnier, Centro Coreográfico Nacional de Montpellier; Fabrice Ramalingom ; Patrice Barthes; Leonardo Montecchia; Rex Levitates Dance Company; Dance Theatre of Ireland; Now Dance Company (Seoul, Korea)
Como parte de este background desarrolla un lenguaje de la danza que se conecta más con lo sensitivo que con lo técnico utilisando técnicas como el Yoga, Feldenkrais, M.F. Alexander.
Alexandre Iseli / CV
Creció en Suiza, donde empezó a bailar desde una temprana edad, y se gradúa con un Master en Ciencias de Bioquímica y Zoología.
Alexandre participó en la creación de muchas obras con diferentes coreógrafos y compañías, y bailo en muchos países de Europa, Asia, América y África: Régine Chopinot (Centro Coreográfico Nacional de La Rochelle , Francia); Velvet-Joanne Leighton (Bruselas, Bélgica); Odile Duboc (Centro Coreográfico Nacional de Belfort, Francia); Philippe Saire (Lausanne, Suiza); Martine Pisani (Paris, Francia); Now Dance (Seoul, Corea); Dance Theatre of Ireland, (Dublin, Irlanda).
Alexandre también practica la técnica F.M. Alexander y Yoga. Su lenguaje de movimiento se basa en el juego sensorial. Se interesa en la búsqueda de situaciones donde el entendimiento y la práctica sensitiva comparten el mismo espacio, y cuestionan la relación entre natural y cultural.
Actualmente Alexandre y Jazmín Chiodi dirigen juntos la Residencia artística de danza en el Centro Cultural en la provincia de Tipperary (Irlanda).

 

 

 Intensivo de Verano l Danza Contemporánea


 

Espacio propio. Augenblick
espacio de investigación



coord. fernando n. pelliccioli
y carlos osatinsky

Duración:
5 encuentros de 3 horas.

Fechas:
Del 25 al 29 de enero del 2010
de 11 a 14 hs

"Espacio Propio.Augenblik" es un taller de investigación de la performance que conjuga aspectos técnicos del movimento con elementos ligados a la improvisación escénica bajo la conviccíon de que la "técnica" constituye una via de preparación para lo inesperado e imprevisible.
"Espacio Propio" da nombre al sentido de espacio interno, refiriéndose al proceso de estudio de las conexiones que pueden descubrirse en nuestro propio espacio corporal y el espacio fuera de él, con las múltiples posibles interacciones y asociaciones ligadas a un espacio compartido kinético, emocional y poético. El vocablo alemán "Augenblick" se traduce al español como "momento" o "instante". Literalmente está compuesta por las palabras "ojos" (Augen) y "mirada/imágen" (Blick) dando al término un significado pleno y metafórico rico en asociaciones físicas: parpadeo, lo que ocurre en un abrir y cerrar de ojos, la duración de una mirada, ser testigo del instante pleno, el aqui-ahora.
Cada encuentro comienza volcando nuestra atención hacia la estructura ósea del cuerpo como principal medio de apoyo y sostén. A través de una serie de secuencias simples buscaremos concientizar la presencia del hueso, las uniones y del tejido más profundo con el fin de lograr un movimiento más eficiente, conectado y creativo.
Abordaremos, luego, un trabajo de exploración donde el cuerpo se exprese como un medio bajo un flujo de constantes cambios de necesidades internas y externas. Trabajamos en generar estados energéticos y emocionales haciendo incapié en el desarrollo de la energía individual y de su interrelación con la energía grupal y con el entorno. Con el objeto de desarrollar habilidades en la improvisación, de generar un estado de permanente alerta, nos apoyaremos fundamentalmente en la capacidad de observarnos a nosotros mismos para así poder darnos a lo que ocurre en nuestro entorno con confianza. La intuición, la entrega, la escucha y la aceptación, son las capacidades fundamentales que potenciaremos para así establecer vínculos expresivos y trascender obstáculos para el libre flujo del ser creativo y escénico.
Propondremos diversas experiencias y recursos que entrecrucen lo vivencial y la reflexión sobre el evento escénico.
"Espacio Propio.Augenblick" está dirigido a bailarines, performers, actores, artistas y toda persona buscando experimentar y ampliar el campo expresivo a través del cuerpo.
 
Breve Biografia Conjunta
Fernando N. Pelliccioli, nacido en Buenos Aires, y Carlos Osatinsky, nacido en Tucumán ,Argentina, son bailarines y coreógrafos residentes en la actualidad en Berlin, Alemania. Ellos se encontraron mientras cursaban los estudios en el Taller de danza Contemporánea del Teatro San Martín en Buenos Aires donde estudiaron, entre otros, con maestros como ser Haichi Akamine y Marina Giancaspro. Luego de sus respectivas experiencias como bailarines en diferentes compañías y coreógrafos en Argentina (Cia. de Danza Contempóranea del Teatro San Martín, Nucleodanza, Antikos, Sísifo Teatro Físico, Grupo de danza contemporánea de Tucumán, etc.), en el año 2000 viajan a Europa con el deseo de expandir sus experiencias profesionales y de vida. Alli profundizan sus estudios con Jeremy Nelson, Susan Klein, Emio Greco, David Zambrano, Angels Margarit, Roberto Oliván, Sasha Waltz, Los Ballet C. de la B., Luis Lara Malvacias.
Desde entonces trabajan como bailarines independientes y creadores en diferentes proyectos de la escena europea, principalmente en España, Bélgica, Suiza, Austria y Alemania junto a Tomi Paasonen, Anna Huber, Toula Limnaios, Davide Camplani, Trisha Brown, Roberto Oliván, Andres Corchero y Rosa Muñóz, Andrea K. Schlewein, Heike Hennig, Helena Lizari, entre otros.
A su vez, ellos transitan un camino de colaboración materializando diversas experiencias artísticas y educativas impulsados por la búsqueda de un lenguaje escénico de apertura y riesgo donde investigan diferentes modos de relación entre intérpretes, obra y espectadores. Sus últimos trabajos son "CAER" -presentado en Argentina, Madrid, Barcelona y Berlín-, "También Tan Poco", improvisación en escena con 11 bailarines, " La Inmediatez de la Presencia Pura " y "Pido el Silencio", creada para el Grupo de Danza Contemporánea de la Provincia de Tucumán, estrenados en diciembre del 2005 y "Winners" bajo la dirección de Helena Lizari en Barcelona, España.
Como educadores han dictado cursos y talleres en Kassel, Berlin, Barcelona, Granada, Madrid y en Argentina en Buenos Aires, Jujuy y en numerosas ocasiones en la provincia de Tucumán. Han sido invitados a dictar clases en el Taller de Danza del Teatro General San Martín en Buenos Aires, y en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán
 


Adriana Barenstein
155-008-8011



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#7234 De: alejandro benedetti <inventario_1917@...>
Fecha: Dom, 20 de Dic, 2009 9:17 pm
Asunto: 4º ENCUENTRO DE PSICOANALISIS IMPLICADO EN ROSARIO NOTA A ALFREDO GRANDE
inventario_1917
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PARA VER NOTAS CLIQUEE AQUI:4º ENCUENTRO DE PSICOANALISIS IMPLICADO EN ROSARIO NOTA A ALFREDO GRANDE


El Colectivo El Puente, Psicólogos/as en La Toma organizó los días 4 y 5 de diciembre el
4TO ENCUENTRO DE SUBJETIVIDAD Y TRABAJO, VIDAS PRECARIZADAS: LA NATURALIZACIÓN DE LAS CRISIS.
Sumó la jornada del 5 de diciembre, el 4º ENCUENTRO REGIONAL DE PSICOANALISIS IMPLICADO LAS MÁSCARAS DE LA IMPUNIDAD.
En referencia a estas jornadas compartimos la primer parte de la nota realizada al Dr. Alfredo Grande, médico psiquiatra y psicoanalista, actual Presidente Honorario y Director Medico del Área Asistencial de ATICO, centro de Salud Mental organizado como Cooperativa de Trabajo.
CRÓNICAS DE TRAPO...desde el psicoanálisis implicado. con prólogo de ALBERTO MORLACHETTI y epílogo de VICENTE ZITO LEMA es una publicación de Ediciones APe (Agencia de Noticias Pelota de Trapo).
ALFREDO GRANDE es su autor, nos cuenta hacia el final de este 2º tramo de la entrevista sobre esta iniciativa editorial presentada por la Fundación pelota de Trapo.
Nota Alfredo Grande, médico psiquiatra y psicoanalista, ATICO Cooperativa de trabajo en Salud Mental. PARTE 2 - MIRADA INTERIOR - SÁBADOS 11 HS POR CANAL 6 TELEVISIÓN COOPERATIVA.

Podés adquirir EL LIBRO enviando un mail a agenciapelota@... o llamando al 011 - 4209 - 5109 o 4208 - 4341.

Podés ver los programas MIRADA INTERIOR LOS SÁBADOS A LAS 11 HS en:
http://www.canal6tvcooperativa.com.ar


VER NOTAS: AGENCIA DE NOTICIAS JOHN REED


PARA VER NOTAS CLIQUEE AQUI:4º ENCUENTRO SUBJETIVIDAD Y TRABAJO: NOTA A CINTIA BERDAGUER CASA DEL PUEBLO MAR DEL PLATA


El Colectivo El Puente, Psicólogos/as en La Toma organizó los días 4 y 5 de diciembre el
4TO ENCUENTRO DE SUBJETIVIDAD Y TRABAJO VIDAS PRECARIZADAS: LA NATURALIZACIÓN DE LAS CRISIS.
la actividad reunió diferentes profesionales y trabajadores relacionados con la salud mental.
Sumó la jornada del 5 de diciembre, el 4º ENCUENTRO REGIONAL DE PSICOANALISIS IMPLICADO LAS MÁSCARAS DE LA IMPUNIDAD.
Profundizamos en conocer diferentes realidades durante el 4TO ENCUENTRO DE SUBJETIVIDAD Y TRABAJO. Cintia Berdaguer del Colectivo Frida e integrante del Seminario Marplatense de Psicoanálisis Implicado y del Centro Cultural Casa del Pueblo nos explica la interconexión de distintos grupos marplatenses en este campo de acción de la salud mental en relación al trabajo y las problemáticas de género.
MIRADA INTERIOR Nº 276 - POR CANAL 6 TELEVISIÓN COOPERATIVA - SÁBADOS 11 HS
Podés ver los programas MIRADA INTERIOR LOS SÁBADOS A LAS 11 HS en:
http://www.canal6tvcooperativa.com.ar







AGENCIA DE NOTICIAS
John Reed
Periodismo Revolucionario
http://agenciadenoticasjohnreed.blogspot.com/
Alejandro Benedetti- Mora Nin
msn: inventario_1917@...
Cel: (0341) 156838170 Rosario
Cel: (011) 1567092331 Buenos Aires
Rosario, Santa Fe. Argentina

Programa de Televisión
MIRADA INTERIOR
(Sabados 11:00 hs y Doningos 9:00 hs)

Greta Roquero/ Fabian Naistat
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#7233 De: Gustavo Enrique <gustavobohm@...>
Fecha: Dom, 20 de Dic, 2009 3:37 pm
Asunto: La garganta oprimida
gustavo_bohm
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Luego sufrir daños de magnitud en 4 fragatas, el hundimiento de la
"HMS Ardent", la pérdida de tres aviones Harrier y dos helicópteros,
los británicos lograban finalmente establecer una cabecera de playa en
Puerto San Carlos, con la oposición de 2 secciones del RI 25. Combates
aeronavales de gran violencia.

Violencia.

Violencia.

De eso se trataba.

Del regreso de la madre.

Faltaban días para la mudanza de Udo.

Tavo, José y ese chico Tulio ya se habían trasladado al nuevo
departamento.

Por primera vez desde que Tavo y José llegaran a Buenos Aires, tenían
un lugar decente, al cual podían llamar “propio”.

Si bien esto era llamarse un camino hacia el equilibrio, la presencia
de la madre hizo que esa adolescencia no superada, esa fijación de Udo
en sus dieciséis años a pesar de sus veinte, lo llevara a una crisis.

Udo creía tener una ideología, creía pensar por sí mismo sobre sí
mismo y sobre el mundo.

La madre tenía otra idea de las cosas.

Se enfrentaron.

Había amor en el enfrentamiento.

De eso se trata siempre, del amor.

“Qué fácil es equivocarse”, pensaba Udo. Y sus pensamientos saltaban
entre las palabras dichas y los arrepentimientos.

El reclamo de la madre:

“Tenés que estudiar algo decente, algo que te de dinero. El teatro
está muy lindo pero ¿de qué vas a vivir? ¿Hasta cuándo pensás que te
vamos a apoyar si no estudiás algo como la gente? Ahora dejaste el
traductorado de Inglés…”

“No me gusta”.

“¿Y qué te gusta?”

“El teatro”.

El círculo vicioso y la violencia.

Verbal.

Pero violencia.

Finalmente Udo encontró un escape: “Me gusta la Literatura”.

La madre encontró un respiro: “Vos escribís muy bien, ¿por qué no
hacés la carrera?”

“¿La carrera?”

“Letras”.

“No es una mala idea”, aceptó Udo. “Puedo anotarme para el curso de
ingreso y comenzar el año que viene”.

“Pero hacelo, no lo dejes en el camino. Siempre dejás todo”.

“Nunca dejo el teatro”.

La madre se silenció, en palabras y movimientos, pero parecía haber
recibido una cachetada y desear responder con otra.

¡Cómo se amaban, Dios, cómo se amaban!

Y no es ninguna ironía.

“Nos estás estafando en la medida en que no estudiás una carrera”. Esa
fue la frase más dura, pensada por la madre. El padre no pensaba
igual, pero callaba.

“Me siento un criminal cuando compro un libro que no declaro”. Esa
frase de Udo significaba que a veces usaba la tarjeta de crédito, no
para comprar comida o ropa, que era para lo que se la habían dado,
sino para comprar libros. El padre no se enojaba por eso, la madre,
paradójicamente, a pesar de su hambre de cultura, sí.

El día 22 de mayo el "GC83 Río Iguazú" establecía un combate aeronaval
contra 3 aviones británicos, perdiendo un hombre y derribando un
Harrier.

Día horrible.

Udo no podía soportar la angustia, le dolía la cabeza, la alergia a
tope.

Necesitaba silencio.

Cuando Tavo estaba en la casa, había silencio. Cuando estaba la madre,
se hablaba.

Había ruido. El ruido, para Udo, era la madre.

La gente dice: “Me hace ruido”, Udo decía: “Me hace madre”.

Y no soportaba el ruido. Quería gritar.

Se iba a lo de Emilio.

En aquella casa cada vez había más olor a medicina (en su mente
flotaba otra idea, pero no se animaba a emerger en una frase más
violenta que la violencia madre: “En aquella casa se olía cada vez más
a muerte”).

Pero entre las piernas de Emilio encontraba paz, su lengua acariciando
el miembro erecto, tragando vida, devorando pasión.

Y luego descansando al lado del olor del hombre que no podía
abandonar, a pesar de la infidelidad, de la culpa.

La tristeza agobia.

El amor, también.

Gritos en el silencio de una pesadilla. Despertar en la noche, buscar
un vaso de agua y oír los ronquidos de la madre, que descansa.

El día 24, luego de numerosos ataques aéreos, la fragata británica
"HMS Antelope" terminaba hundiéndose en aguas del estrecho de San
Carlos. El Mercado Común Europeo decidía el mantenimiento de las
sanciones económicas a la Argentina por tiempo indeterminado, con
excepción de Italia e Irlanda que no adherían a la medida.

“Dame la posibilidad del silencio”.

Se levantaba más temprano que de costumbre y salía a caminar. Iba a
visitar a Tavo por las tardes y hacían el amor antes de que llegara
José. Tulio tenía una habitación propia, pero Tavo y José compartían
la misma.

Se habían acostumbrado el uno al otro.

Tavo no preguntaba por Emilio, pero sabía.

Varios tiempos se giraban a un tiempo.

“No me importa la vida”, pensó Udo, uno de esos días. La madre no lo
miró, preparó el almuerzo, cosa que le disgustaba.

“Me importás vos”, le dijo Udo a Tavo luego del amor, en la
transpiración de la tarde, “quiero quererte siempre y que nunca te
pase nada. Sos mío y yo soy tuyo, ¿no es cierto?”

“Sí, Meno, es cierto”, un eco más que una respuesta eran las palabras
de Treppani, en su departamento compartido de la calle Uriburu.

“Me duele la garganta”.

“¿Vas a ir al médico?”

“No, no creo que sea necesario”, respondió Udo a Tavo.

Al rato llegó José. Estuvieron charlando, hubo alegría, descanso,
luego Udo regresó con la madre.

Otra pesadilla.

Esta vez se suicidaba en sueños. En verdad, Udo no recordaba si
alcanzaba a poner fin a su vida, pero el proceso de lo soñado era un
suicidio. Creía haber despertado gritando, seguramente no fue así.

El día 25 de mayo era el cumpleaños de Tavo Treppani, además de la
fiesta patria. Ese día, aviones argentinos averiaron tres fragatas
misilísticas y hundieron al destructor "HMS Coventry" y al transporte
pesado "Atlantic Conveyor". Parecía un violento regalo de cumpleaños
para el país.

Tavo recibió una camisa celeste de parte de Udo. La eligió su madre.
Ella adoraba el azul y el celeste.

Un día Tavo le dijo a José: “Quiero ser mudo”. Y José enmudeció.
Tomaron mate durante un rato, hasta que el charloteo del uruguayo,
Tulio Domenici, los reinstauró en el mundo de las palabras.

“Ayer quería ser ciego”, culminó Udo la charla de esa tarde.

Cuando se despedían, José le dijo: “¿Sabés qué es lo que querés,
realmente?... Vivir. Lo que querés es vivir”.

Mientras regresaba a la compañía de su madre, Udo recordó Costa Verde:
“Hay árboles en mi lugar”, pensó. “Se puede caminar solo o con
alguien. No importa. Allí se está bárbaro. El mar se oye pero no está.
Si uno quiere, confunde el sonido con arroyos”.

Entonces, Udo recordó otro lugar, donde verdaderamente había arroyos.

Era en Córdoba, había pasado un verano allí, en la casa de unos amigos
de la familia, en Villa Berna. “Ahí sólo hay árboles”.

Se pensó en las caminatas en las cuales creía hablar con esos árboles,
o que le hablaban, porque un frío interior le decía que había otra
forma de palabras, es decir, que había otros mundos en el mundo, o
junto a él, quién sabe.

“Hay rocas que veo a lo lejos”, Udo se deleitaba en el recuerdo, tanto
que percibía, sobrepuesto al hedor de Buenos Aires, el aroma de Villa
Berna. “Ahora las rocas están acá. Estoy en las rocas. Me baño desnudo
en el arroyo”. La memoria verdadera de esa tarde en la que se quitó
todo y se metió en el agua, fría como hielo, y se sintió feliz, lo
conmovió. Ante la vista de sus amigos de allá, en ese momento junto a
dos muchachos y una chica, no tuvo pudor. Ellos también se quitaron
las ropas, también se metieron en el agua y jugaron.

Fueron libres de todo, por un rato.

“Yo fui feliz esos días en Córdoba”, los pensamientos de Udo no podían
encauzarse más que en aquellos recuerdos adolescentes: “No era un
arroyo, era un lago, pequeño, en la montaña. En Londres era
distinto”.

Su camino hacia mojones de felicidad saltaba de geografía, respondía a
la propuesta de José, “lo que querés es vivir”.

“Fui feliz en Londres, de otra manera, no como en Córdoba. Me
encantaba pisar descalzo el pasto en Córdoba”.

Había sido en el verano de 1978-79. De pronto recordó cómo había
extrañado a Tavo cuando estuvo en Villa Berna. Nuca la felicidad es
completa.

Llovió mucho en Buenos Aires.

El 26, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la
Resolución 505; que pedía al Secretario General que emprendiese una
misión renovada de buenos oficios, entablando inmediatamente contactos
con las partes para negociar condiciones mutuamente aceptables para
una cesación del fuego; y exhortaba a las partes en conflicto a que
cooperaran plenamente con el Secretario General en su misión.

Corrió bajo la lluvia en San Telmo.

Emilio le abrió la puerta de calle y subió. Estaba empapado.

Lo primero que hizo, porque lo vio sentado en el living, fue darle un
beso cariñoso a Aníbal, que este recibió, contento. ¡Cómo había
cambiado todo!

Aníbal le dijo: “Sacate esas ropas, te vas a enfermar”, y a Scarfi,
“Emilito, por favor, dale algo tuyo, o una bata al menos. Si querés
dale la mía”.

Pero mientras las ropas se secaban permaneció desnudo, abrazado a
Emilio, esperando juntos que el poco sol que se reflejaba en el espejo
del ropero de la habitación del muchacho desapareciera, tragado por la
oscuridad.

Se besaron hasta colmarse de excitación y Udo se entregó al deseo de
Emilio, que entró en él, violentamente, pero con violencia deseada.
Una misma palabra para mundos diversos.

Acabó dentro de su cuerpo. El calor del semen lo revivió.

Era feliz, de nuevo, feliz.

Y quería vivir.

20 de diciembre de 2009
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#7232 De: Alejandro Barratelli <abarratelli@...>
Fecha: Dom, 20 de Dic, 2009 12:20 am
Asunto: Invitación Estreno "El Amarillo" con: Moyano / Barratelli
abarratelli
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EL Amarillo Película Basada en la Obra Teatral Olivos "sainete de ruta"



__________ Información de ESET NOD32 Antivirus, versión de la base de firmas de virus 4613 (20091116) __________

ESET NOD32 Antivirus ha comprobado este mensaje.

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#7231 De: Rocío Terlizzi <rocioterlizzi@...>
Fecha: Sáb, 19 de Dic, 2009 2:47 pm
Asunto: fw: Desaparecio hace dias. Mirá la foto!
rociolujante...
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---------- Mensaje reenviado ----------
De: Diego Feierstein <diegofeierstein@...>
Fecha: 16 de diciembre de 2009 10:16
Asunto: Fwd: desaparecio hace tres dias. Mirá la foto!
Para:


Por favor reenviar con copia oculta.

Este mail es de un compañero de Daniel del Banco Comafi. La hija (18 años) fue a la facultad hace tres días y no volvió más. El tipo está desesperado, por favor hacer una cadena para que, si alguien la vio, se comunique con los teléfonos que están abajo... Gracias! 

 

Negro, acá te mando las fotos de mi hija. Hace la cadena lo más grande que puedas. Pasásela a la bancaria para que se la pasen a los demás bancos. Gracias.

SI VES A JULIETA POR FAVOR COMUNICATE:

15-65135077 (papá)

15-65478671(mamá)
 4254-5736  4254-5736
 4253-4618  4253-4618







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