A continuacion les dejo un texto que amplia el tema expuesto por Osvaldina sobre la figura del curador de arte, que creo muchas veces genera controversia, inquietud o simple curiosidad. A veces parece ser una especie de ente que e interpone entre el artista y su obra para implantar su ego y en otras oficia de maestro de ceremonias y mediador entre el mensaje artistico que portan las obras y el publico. Mas adelante expondre mi postura personal al respecto.
Saludos!
A.Villagra
Curaduría crítica
José Roca
Una vez leí una entrevista en la que un curador se
vanagloriaba de haber curado más de 1000 exposiciones en veinte años. Un dato
como este no puede dejar de despertar admiración. Sin embargo, haciendo la
división respectiva encontramos que 1000 entre 20 da 50. ¡Cincuenta
exposiciones al año! ¿Cual es la naturaleza, entonces, de lo que en una época
se entendía por curaduría en este país? ¿La gestión y organización de
exposiciones? ¿La confección de una lista de artistas? Creo que estas son
preguntas que vale la pena hacerse, para tratar de definir esa categoría
imprecisa que llamamos Curaduría.
Existen, por supuesto, las asociaciones coloquiales que despierta la palabra en
nuestro medio. A mi oficina han llamado a preguntar por el »curandero« de la Sección de Artes
Plásticas, y hay no pocas personas que identifican el término con la
restauración, por aquello de curar las obras. Lo de curandero tiene algo de
cierto: el chamán de una tribu tiene la función, entre otras, de guía espiritual,
y podríamos pensar que un acto de curaduría es el ejercicio de una posibilidad
de visualidad para la obra y el artista, una suerte de guía para el mismo y
para el público que va a ver la exposición.
Una forma de buscar una definición básica es, por supuesto, la raíz
etimológica. El término curador proviene originalmente del latín, y es
utilizado en el ámbito de lo legal, del cual migró al contexto artístico.
Curador es »aquel que está a cargo de los bienes de los niños y los locos«.
Esta definición, aunque se refiere al ejercicio legal, no deja de tener algún
sentido cuando se aplica al arte, pues pone de presente que la práctica
artística incluye dos aspectos presentes en el mundo infantil y en las
dimensiones insondables de la locura: la voluntad de vivir fuera de ciertas
convenciones sociales como el sentido utilitario de los actos, el
comportamiento convencional, el manejo del tiempo.
La crítica argentina Marta Traba, cuyo ejercicio crítico marcó toda una
generación de artistas colombianos, no se refiere explícitamente a la figura
del Curador en su extensa obra; en cambio, aborda en muchas ocasiones el tema
de la labor de la crítica en un país que ella consideraba un terreno casi
baldío. En ese contexto, la labor de los críticos no era tan importante en lo
que se refiere a la organización misma de las exposiciones (pensemos en ella
misma o en Casimiro Eiger como galeristas-críticos), sino en la esencial
función educativa y de filtro que debía, imperativamente, ejercer el crítico de
arte. Marta Traba habló de la necesidad de una crítica »destructiva«, (en
oposición a una crítica »constructiva«, complaciente y conciliatoria) que »todo
lo redime teniendo en cuenta nuestra irreparable mediocridad, considerándonos
como débiles mentales que, en este continente subdesarrollado, 'hacemos lo que
podemos'« [1].
Marta traba se refería a lo que ella misma definía como »la crítica de arte
semanal, persistente, obstinada, dispuesta a formar un criterio normativo,
aunque solo fuera por su cronométrica regularidad«[2]
.
Esta función la ejercía de manera autoritaria y sin ambigüedades - pues
consideraba que era una actitud ética separar la maleza del grano, señalar
tanto los aciertos como las salidas en falso de los buenos artistas - pero en
su formación moderna, consideraba que la obra debía ser analizada en sí misma,
en su lógica interna. Es decir, que la exposición entendida como un texto
complejo en el cual la obra es una frase que cobra sentido al ser vista en
relación con el resto, no era visto por Marta Traba como el sujeto de fondo del
ejercicio crítico.
En las entrevistas imaginarias que hizo a varios críticos importantes nos da
claves de su pensamiento a este respecto, tanto en la escogencia de los
»entrevistados«, como en las preguntas que inducen las calculadas respuestas.
Tomemos a Benedetto Croce: »el único fin de la crítica es aquel que señala tan
admirablemente Croce (...) al decir que sólo puede realizar un acercamiento
entre el público y la obra de arte; apasionarlo por ella e iniciarlo en su
misterio. (...) Debe ser inmisericorde y no tener la más mínima blandura, si
realmente quiere adiestrar al público en el conocimiento de la verdadera
belleza y de los auténticos valores artísticos«. [3]
En realidad, solo recientemente la figura del curador ha hecho aparición en las
reflexiones sobre el ejercicio artístico en nuestro país. Carolina Ponce de
León hablaba de una »complicidad« con los artistas en el sentido de una
cercanía con el medio artístico que le permitiría al curador (y al crítico)
involucrarse de manera sincera con las instancias de la creación para
convertirse en un catalizador de las posibilidades de visualidad de la obra.
El crítico neoyorquino Dave Hickey establece la diferencia entre la labor del
crítico y la del curador [4].
»En primer lugar, el crítico de arte siempre habla por sí mismo. Se concibe a
sí mismo como un 'ciudadano particular' con opiniones singulares que lucha por
ser oído en medio de una cacofonía de voces y opiniones concurrentes. No decide
lo que vemos, en otras palabras. Solamente discute sobre si vale o no la pena
verlo. Los curadores, por el contrario, deciden. Incluyen y excluyen, y como
consecuencia, los gustos excéntricos y combativos y las opiniones que
constituyen la virtud que esperamos del crítico, rápidamente se convierten en
vicios en la práctica curatorial«. »Los críticos tienen libertades
conmensurables con su ausencia de poder. Los Curadores tienen responsabilidades
que se derivan de su claro poder de excluir, así que deben siempre verse a si
mismos, en un cierto sentido, como servidores públicos. Cuando dos curadores
están de acuerdo, este acuerdo es visto como representativo de un consenso del
gusto público. Cuando dos críticos están de acuerdo, uno de ellos es
redundante«.
El conocido curador suizo Harald Szeemann, quien concibe en este momento la
próxima edición de la Bienal
de Venecia, se ha convertido en el paradigma de la figura del curador
contemporáneo. Varias de sus exposiciones pertenecen ya a la mitología del
mundo del arte, como »Cuando las actitudes devienen forma« o la quinta
Documenta. Szeemann reflexiona sobre la figura del Curador [5]:
»Los organizadores de exposiciones son figuras ambivalentes. De hecho muy
autónomos, funcionan tras las bambalinas de las grandes manifestaciones, pero
están, de una cierta manera, condicionados por el conjunto de sus diversas
funciones. En tanto que administradores, en tanto que mediadores o negociadores,
en tanto que prospectores, en tanto que managers de su propia imagen. Tienen el
poder de escoger, designar y poner en valor. Pero, naturalmente, el término
'poder' debe ser colocado entre comillas, pues en el contexto cultural, 'poder'
significa ante todo 'hacer las cosas realizables para los demás'«.
Un curador joven como Hans-Ulrich Obrist, quien se ha caracterizado por
proponer constantemente proyectos expositivos en los que vincula artistas entre
sí y los pone en contacto con casas editoriales, museos y contextos en los
cuales normalmente no ocurre el arte, apoya la noción de un curador que está en
una especie de espacio intermedio, en el centro de las cosas y en el medio de
nada [6]:
»En cierto sentido, el curador es un catalizador, y debe poder desaparecer en
un momento dado. (...) Otra de sus funciones es la de crear situaciones en las
cuales las propuestas de los artistas sean catapultadas hacia la esfera
pública. Cuando el arte solamente reside en el museo, se realiza el flujo usual
de visitantes y puede faltar un efecto de perturbación«. Pero si se atacan otros
espacios, este efecto se puede potenciar: »Con respecto al asunto de los
espacios museales versus aquellos fuera de la institución, la cuestión no es
'lo uno o lo otro', sino 'lo uno y lo otro', sin distinción. Marcel Broodthaers
siempre decía que el museo era una verdad rodeada de otras verdades igualmente
dignas de ser exploradas.« [7]
A mi modo de ver, la curaduría puede ser definida como una serie de parámetros
que permiten que las ideas que han tomado forma en la obra de un artista o conjunto
de artistas se sumen para construir un nuevo juego de significados por
asociación, yuxtaposición y acumulación, con el fin de estimular una apertura
del campo significacional de la obra aislada.
Los parámetros que validan la inclusión o exclusión de un determinado artista y
de su obra en el contexto de una exposición temática varían según la agenda de
cada curador, pero es importante que estos parámetros sean explicitados para
que las convenciones que permiten moverse a través de esa nueva obra que se
llama exposición - compuesta por las obras, pero también por el in-between que
se genera a partir del diálogo entre ellas - sea comprensible para el público.
Al respecto cabe traer a cuento la metáfora cartográfica de John Tagg: »Cada
exposición es un mapa. Como tal, no solamente separa, define y describe un
sitio particular, resaltando sus rasgos principales y puntos significativos y
omitiendo o simplificando otros, sino que también representa el territorio de
acuerdo con un método de proyección: un juego de convenciones y reglas bajo las
cuales el mapa es construido. El problema radica en que en las exposiciones,
como en los mapas, la naturaleza convencional de la representación tiende a
estar oculta durante su utilización. Las leyes de proyección se vuelven
invisibles.« [8]
En el pasado el curador era alternativamente cauce o barca respecto al río
creativo. Actualmente esta distinción se subvierte, al existir una tendencia en
la que los artistas se erigen en curadores de sus propias exposiciones. El
artista francés Daniel Buren decía en una ocasión (refiriéndose a Harald
Szeemann) que »el curador de una exposición es el único artista realmente
expuesto«. Szeemann había sido provocador, pues en una ocasión dijo que los artistas
eran como »manchas de color« con las que componía su propia obra. En realidad
Szeemann se refería al acto curatorial como un acto de creación, en el sentido
en que la coexistencia de varias obras en un espacio dado establece diálogos
entre ellas que comienzan a tejer nuevas posibilidades de significación. La
exposición es un medio, como la pintura o la fotografía, para expresar ideas,
conceptos, sentimientos. Tiene una lógica propia y debe ser entendida como una
creación artística autónoma.
Retomando la proposición de Buren, el curador como el único artista realmente
expuesto, encontramos que una forma de invertir críticamente el postulado es
cuando el artista se constituye en curador. Esta tendencia no es nueva, pero sí
ha tenido un auge innegable en la última década, y es uno de las fuerzas
detrás, por ejemplo, del surgimiento de lo que ha dado por llamarse el »nuevo
arte británico« [9].
Colombia no ha sido la excepción. Experiencias de espacios de artistas como
Gaula, Espacio Vacío, Artistas en Residencia y el espacio de arte que acaba de
organizar Rafael Ortiz en el centro de la ciudad; eventos como la Bienal de Venecia (de Santa
Fé de Bogotá), el conjunto de acciones artísticas en el Parque Nacional llamado
por ejemplo: un parque, Lejos del Equilibrio, obra colectiva complementada por
discusiones y tertulias realizada en la Galería Sextante,
Homenaje a Pedro Manrique Figueroa, El traje nuevo del Emperador o la revista
Valdez, son tan solo algunos ejemplos de esta tendencia [10].
En lugar de esperar que un precario medio del arte se ocupe de ellos, los
artistas han comenzado a ejercer las funciones de galeristas, editores,
críticos y curadores, logrando en muchas ocasiones llegar a públicos más
amplios que las curadurías »tradicionales«, arraigadas en la ortodoxia de la Historia del Arte y con
reputaciones personales e institucionales a las cuales atender.
En mi caso personal, he tratado de apoyar esta tendencia a través de un
programa que lleva a cabo la
Sección de Artes Plásticas de la Biblioteca Luis
Angel Arango, llamado »La mirada transversal«. Esta serie de exposiciones
consiste en una mirada crítica sobre la Colección Permanente
del Banco de la República,
la cual es tomada como una suerte de material básico sobre el cual ejercer un
trabajo curatorial desde ejes temáticos. Una característica del programa es que
los curadores son exclusivamente artistas, que son seleccionados tratando de
establecer una relación entre los intereses explicitados en su obra personal y
una posible mirada curatorial sobre la Colección. El resultado han sido excelentes
exposiciones sobre temas tan diversos como el cuerpo y sus representaciones
(curada por José Alejandro Restrepo y Miguel Huertas), la abstracción
geométrica como modelo de realidad (Jaime Iregui), el rol de la museografía en
la interpretación de la obra de arte (Mauricio Cruz), la historia cultural del
color (Luis Luna), las funciones cambiantes del género Paisaje (Rafael Ortiz) o
el tópico de la ciudad, exposición que está actualmente siendo preparada por la
artista antioqueña Gloria Posada.
En una entrevista reciente, Szeemann toca este tema: »Exponer no es solamente
exponer; es acompañar las obras y los artistas. La aventura puede ser también
concentrar las energías en torno a la colección que una institución ha
adquirido a través de muchos años y mostrarla. Pero no se puede simplemente
dividir un espacio en tantas secciones como artistas invitados haya. Este
sistema, que funcionaba en los años setenta, ha devenido obsoleto. Es el error
más grande y más corriente, y fuera de todo no es ni siquiera democrático. Hoy
en día se impone más que nunca la necesidad de un hilo conductor o de una
visión detrás de la exposición.« [11]
Esta última nota es pertinente al analizar la exposición »Puntos de cruce«, a
la que este encuentro teórico está directamente ligado. La curaduría
multicéfala estuvo ausente durante el montaje, dejando la responsabilidad de
este último al museógrafo, cuyas prioridades son la limpieza visual y la
legibilidad global de la exposición. A mi modo de ver se perdió la posibilidad
de haber trabajado la exposición misma como postulado, no en el papel de los
textos curatoriales sino en el espacio mismo, en donde los argumentos que
sustentaron la escogencia de los artistas son puestos a prueba. Las relaciones
problemáticas entre las obras que conforman una exposición son la base de su
coherencia como tal, y no deberían delegarse en un tercero, que debe sin duda
existir, pero como interlocutor del curador. A las labores propuestas por
Szeemann para el curador, »administrador, amante enfático, escritor de
prólogos, bibliotecario, apoderado, contabilista, animador, conservador,
financista y diplomático« se añadiría aquella de montajista, entendiendo el
montaje como la posibilidad de que las relaciones obra-espacio y obra-obra se
den en función de la »mitología individual« que motivó la curaduría.
Si el espacio es »la forma a priori de la sensibilidad exterior« (Kant) y la
mentalidad es »el conjunto de las creencias y hábitos comunes que informan y
definen el pensamiento de una colectividad«, Szeemann propone la ecuación
espacio+mentalidad=clima. La curaduría debe tratar de conformar este
espacio-mentalidad, generar un clima emotivo e intelectual que genere una
experiencia estética a la vez que se constituya en un campo amplio de
discusión.
(Esta ponencia participó en el foro en torno al tema »El papel del curador en
el arte contemporáneo«, que se organizó con motivo de la exposición »Puntos de
Cruce« - Premio Johnnie Walker en las Artes, en junio de este año).
notas:
[1] Marta Traba, La crítica »destructiva«, la reacción
y saber decir que no, Revista estampa, Bogotá, 1960. En Marta Traba, Museo de
Arte Moderno de Bogotá, 1984. pp. 134-135.
[2] Marta Traba, Autocrítica y crujir de dientes,
Ibidem, p.p. 145.
[3] Marta Traba. Carta, Revista Espiral, Bogotá, 1957.
[4] Dave Hickey, ensayo para la exposición Mixology en
Apex Art Curatorial Program, Nueva York, 1999.
[5] Harald Szeemann, Ecrire les expositions (La lettre
volée, Bruselas, 1996). p.p. 40-.
[6] Una frase tomada de Deleuze.
[7] Robert Fleck, If it's tuesday, entrevista a
Hans-Ulrich Obrist, en ARTFORUM, Mayo 1995, p.p 112.
[8] John Tagg, »A socialist perspective on
photographic practice«, Three perspectives on photography, Hayward Gallery,
Londres, 1979. Citado en Ferguson, Greenberg, Nairne, »Mapping international
Exhibitions, Curating. The contemporary art museum and beyond, Academy
Editions, Londres, 1997. p.p. 30.
[9] Este fenómeno es en el artículo de Julian
Stallabrass, Artist-curators and the new british art, en Curating. The
contemporary art museum and beyond, Academy Editions, Londres, 1997. p.p.
79-81.
[10] Me he referido en detalle a esta tendencia en el
artículo Curar el Museo en OJO, revista de la Universidad Jorge
Tadeo Lozano No. 1., y una versión más corta del mismo artículo fué publidada
en el Magazín Dominical de El Espectador No. 715, 26 de enero de 1997.
[11] Por la exposición como medio de expresión.
Entrevista a Harald Szeemann, Blocnotes No. 1, Strategies d'exposition, p.p. 29.
Días atrás participé de un Coloquio Internacional desarrollado en mi país (Paraguay) denominado LAS IMÁGENES DEL CONCEPTO, en él se trató temas relacionadas con la curaduría y critica del arte, quiero compartir con ustedes algunas posturas luego del mismo.
Antes del citado Coloquio, ya era para mí una inquietud el papel del curador en una exposición de arte.
Cuándo surge el papel del curador? Porqué motivos?
Es mi opinión como artista que el papel del curador es muy delicadoes muy difícil ser objetivo cuando se hace este papel porque para "intentar" transmitir una idea, un concepto de otra persona (en éste caso el artista), el mismo debería convivir con él, conocerlo muy a fondo, ya es bastante difícil para el artista transmitir sus conceptos al público, sin tener que pasar por la interpretación de una segunda persona…
En todo caso una postura correcta sería que el curador nada más dirija la exposición y respete el concepto o los conceptos que el artista quiere expresar, sin intentar influir en ellos.
En Paraguay la actividad de curador, es relativamente nueva, y muy pocos son los que tienen la formación necesaria para realizar este trabajo a cabalidad, lo digo por la experiencia que viví en una exposición organizada por una curadora, cuando la misma colocó un reflector a medio metro de distancia de mi obra (ya ustedes se imaginaran el daño que podría causar a una obra este procedimiento).
Me pregunto porqué se hace necesario el apoyo de un curador?
Yo como artista hasta hoy realicé el trabajo de la organización de la exposición desde sus trámites iniciales, hasta el día de la inauguración, todo lo que implica una actividad de curador acompañando mi papel de artista expositora (leí en un artículo publicado en Internet que cada día más artistas se convierten en curadores de sus exposiciones).
Según yo entiendo (digo "según yo entiendo" porque dejo lugar a dudas de que sea así, no quiero ofender a quien piense diferente), me puedo permitir eso en Paraguay, porque no todas las galerías, museos o centros culturales cuentan con una persona destinada a ser curadurías ni todos tienen como requisito de que el artista debe estar acompañado por un curador.
Entiendo que si alguna galería o museo tiene un curador contratado, es para organizar mejor las mismas, adecuando las obras al espacio, a sus instalaciones, sin tener que pasar por los deseos o caprichos (a veces los artistas somos un poco caprichosos), que cada artista traería consigo.
Entiendo además que es positivo para la galería desde el punto de vista empresarial, "pero", también es la primera objeción con la que tropieza el artista en el momento de querer manifestar sus ideas, sus conceptos (si de eso se trata), cuando es con fines comerciales esto pasa a segundo plano (claro si se puede cumplir con ambas cosas, sería mejor).
Me parece que ser curador de obras pictóricas en todo caso serían las más complicadas, requiere (como mencioné antes), de un "conectarse" con el artista.
Pude observar en algunas exposiciones que el artista sucumbe ante el concepto impuesto por el curador ante sus obras.
En cuyo caso no culpo al curador sino al artista que abandona su postura de ser él el protagonista principal de la exposición y pasa a segundo plano.
No obstante aquellas exposiciones de instalaciones que llevan algún tiempo y que son acompañadas en todo momento por el curador, se presta mása que el curador haga el contacto necesario con los artistas, ya que al convivir con los protagonistas, va captando y comprendiendo los conceptos y puede quitar una idea cumpliendo así a cabalidad su rol …
Me gustaría que algunos de ustedes pudieran escribir sus opiniones al respecto así podemos debatir el tema.
El feísmo se ha apropiado de algunas manifestaciones delarte actual, que expresan iconoclastia o provocación. Si el mundo solo se vefeo, el arte es feo. O se expresa como dinamita intelectual que pone enevidencia la disgregación, el caos, la ruptura crítica y a veces doliente de larealidad. No todo el arte contemporáneo bebe de la misma fuente, a Diosgracias. Pero es necesario preguntarse si este tipo de manifestaciones norevelan un déficit de sensibilidad, de pobreza de recursos para conmover.
Leo en un túnel de tren de cercanías: "La ausencia deautocrítica genera cretinismo". Una máxima cargada de verdad, a modo degraffiti de la conciencia, válido también para los profesionales del mundo delas artes plásticas. Quizá resuma esta necesaria actitud la afirmación de unade las más grandes coleccionistas del siglo XX, Peggy Guggenheim, quien siempredijo que era su deber "proteger al arte de su propio tiempo". ¿Porqué esta mujer de sutil instinto para descubrir nuevos virtuosismos en lacreación plástica decía "proteger"? ¿Por qué precisamente "de supropio tiempo"?
Una exposición controvertida
La exposición "Sensation: Young British Artists From the Saatchi Collection", inaugurada el pasado 2 de octubre en el Brooklyn Museum de Nueva York, ha vuelto a poner sobre el tapete la polémica agria del arte versus ética, arte versus belleza, arte versus sociedad, arte malo versus convención artística; o, lo que es peor, el debate controvertido sobre los límites del arte y aquello que sea la emoción estética. Lamentablemente se plantean cuestiones como esta de la mano de una muestra de "arte",que genera posiciones extremas.
La exposición contiene piezas como la de Damien Hirst, unavaca seccionada flotando en formol; o el retrato de Mira, de Marcus Harvey, que representa a una institutriz británica que asesinó a varios niños: se realizó con su imagen policial y las manos de niños embardunadas de pintura; o la Madonna negra del británico de origen nigeriano Chris Ofili, pintada con uno de sus recursos expresivos habituales, excrementos de elefante; a lo que le añadió recortes de revistas pornográficas.
Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, estuvo a punto de prohibir su instalación en un centro que recibe de los fondos municipales másde mil millones de pesetas al año, "porque no hay derecho a contar con ayudas gubernamentales para escarnecer la religión de nadie" (Wall Street Journal, 27-IX-99). Asimismo, Giuliani amenazó con recortar la financiación pública al Museo de Brooklyn y despedir a su consejo directivo, ante lo que se opusieron más de 30 instituciones culturales de la ciudad.
Estas medidas, por otra parte, no afrontan la cuestión estética de gran calado que se plantea. Philippe de Montebello, director del Metropolitan Museum de Nueva York, comenta al respecto que la mayor parte de la polémica ha girado en torno a la política, las finanzas públicas y el derecho constitucional a la libertad de expresión; pero la cuestión crucial es"¿qué pasa con el arte y sus méritos relativos? (...) El arte bueno o malo tiene que ver con los valores y su pertinencia, o con la falta de los mismos. El buen arte eleva el discurso de lo que Sartre llamó 'el monótono desorden de la vida cotidiana' y puede plantear, y a menudo lo hace, temas más oportunos". Por contra, comenta: "Escandalizar sólo por escandalizar no hace que un obra de arte sea buena" (El Cultural, 17-23/X/99).Convertir el arte malo en una causa solo por la intimidación de los poderes establecidos del arte -véase críticos, marchantes, artistas- y el temor a ser tildada de farisea se llama, sencillamente, manipulación.
Por su parte, Glen D. Lowry, director del MOMA de Nueva York (Modern Museum of Art), advierte la enconada hostilidad hacia el arte contemporáneo que se ha puesto de manifiesto en torno a esta polémica. No todo el arte contemporáneo es ofensivo, ni repugnante ni indigno de nuestra atención: "¿Qué es lo que nos hace tan intolerantes hacia el arte contemporáneo en nuestra sociedad? ¿Por qué nos apresuramos a condenar aquelloque no comprendemos, a descartar lo que nos obliga a enfrentarnos con temas molestos? (...) Muchos de los artistas cuya obra ha sido atacada recientemente merecen nuestro respeto. Su trabajo es serio, meditado y osado, y el tiempo dirá si también duradero. (...) La innovación en las artes tiene lugar alforzar las fronteras de las normas estéticas y sociales, al reconfigurar lo que vemos y sabemos. Manet y Cézanne lo hicieron, al igual que Picasso y Pollock" (El Cultural, 24-30/X/99). Lo peor de este tipo de polémicas es la alineación beligerante de los extremos y la ceguera para el sentido común.
La meta del arte
La emoción estética es gozo, atracción, entusiasmo. En cambio, la mera provocación trae consigo repugnancia: "shock, vómito,confusión, pánico, euforia y ansiedad", como se advierte al posible espectador de la exposición del Museo de Brooklyn.
Oscar Wilde, en el prefacio de El retrato de Dorian Gray,hacía un elogio de la belleza en términos de sublimidad independiente de las modas y convenciones, cautivadora: "El artista es creador de belleza.Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte. El crítico es quien puede traducir de manera diferente o con nuevos materiales su impresión de la belleza. (...) Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza". De lo que deducimos que cuando la "creación" se limita a provocar al espectador, el artista se coloca en primer plano y oculta al arte.
La pregunta sobre si la contemplación del arte -prehistórico o cretense, gótico o contemporáneo- provoca una emoción estética de la misma naturaleza que la lectura de un buen poema, la audición de una rapsodia, o el disfrute de una interpretación conmovedora del Hamlet de Shakespeare se pone sobre el tapete ante el fenómeno de la provocación en algún arte actual.
¿Buscamos belleza o provocación?
En primer lugar, la provocación (iconoclastia, intimidación,activación, pronunciamiento) a la que nos referimos tiene un efecto intelectual más que emocional. Es decir, pone en marcha un mecanismo conceptual, transmite una idea más que generar una experiencia íntima, un placer estético. Según Marc Fumaroli, de la Académie Française, "la iconoclastia que monopoliza abusivamente el arte contemporáneo es un fenómeno cerebral", una"enfermedad" del arte contemporáneo que conduce a manipular todo concepto o dogma existente (Le Figaro, 7-X-99). Es decir, que la belleza a laque se refiere el arte contemporáneo es una "belleza rancia", según Fumaroli, parafraseando a Proust (Écrits sur l'art, Ed. Jerôme Picon, París,1999). Una suerte de "belleza" de la razón experimentada, crítica,decepcionada, ideológica, negativa, de vuelta.
En segundo lugar, otra de las incógnitas que se plantean es la de si el arte está exento de crítica moral; hasta qué punto la libertad de expresión de un artista no acaba donde empieza la libertad de emoción, o de intelección del espectador.¿No se estará confundiendo innovación con provocación? ¿Hasta qué punto la libre expresión significa transgresión necesariamente? ¿No es este un camino "facilón" para el arte?
Déficit de sensibilidad
A la puerta del Brooklyn Museum te recibe un pequeño anuncio que dice así: "HEALTH WARNING: el contenido de esta exposición puede provocar shock, vómito, confusión, pánico, euforia y ansiedad. Si padece alta presión sanguínea, algún desajuste nervioso o palpitaciones, debe consultar asu médico antes de ver esta exposición". Reacciones todas ellas que poco o nada tienen que ver con la contemplación o fascinación de la emoción estética.Arnold L. Lehman, director del Museo de Brooklyn, se defiende afirmando que"parte del trabajo del museo consiste en apoyar el derecho de los artistas a expresarse libremente" (Wall Street Journal, 27-IX-99).
Otro ejemplo: en octubre pasado, el Museo de Arte Moderno de París ha expuesto obras de jóvenes artistas que "inventan zonas de activación colectiva" como formas de favorecer un cambio ideológico e incluso la ruptura con el público y las instituciones habituales que alojan obras de arte (Le Monde, 14-X-99).
Pero ¿la emoción estética se activa o es el arte bello el que "activa" por sí solo la seducción en el espectador? ¿No es de la misma belleza de la que se trata? El historiador del arte Gombrich vio en ciertas obras del arte medieval una "estética de lo feo" al servicio de los contenidos religiosos. El feísmo o la provocación de algún arte de hoy¿tiene contenidos o se agota en el escarnio, en la provocación o en la iconoclastia?
Pero la belleza no es un concepto, ni la obra de arte una idea. Si las obras de arte provocan emoción es porque no son para el sujeto un objeto banal, percuten en el interior, le dominan. Una reciente obra de un artista parisino, La masacre de la sensibilidad, pone el acento en esta cuestión y ha suscitado una importante polémica en Francia. Quizá el dedo se meta en la llaga y esté removiendo la herida de un déficit creciente de sensibilidad -en algún arte de ahora mismo-, de pobreza de recursos para fascinar, para conmover, para emocionar con gozo estético.
Algunos contemplan la pretensión de los ready-made (objetos ya hechos que se firman y se desvinculan de su espacio cotidiano para vincularlos a espacios artísticos) de hacer realidad el anhelo de las vanguardias: llevar el arte a la vida, como la causa que ha descontextualizado y des-significado gran cantidad de obras plásticas. Esto quizá explique algunas extravagantes supremacías de valores intelectuales sobre valores sensibles, que se erigen como tiranías después de 1960, con el advenimiento del "arte conceptual". El pintor Georges Mathieu comenta que "se vive actualmente una vuelta a la estética hegeliana, donde el aspecto formal y subjetivo del arte deviene en una significación que es no-significación; esdecir: provocación, barbarie, subversión o desaire. (...) Lo sensible se cambia por el logos que genera una Weltanschauung de pseudoarte, de muerte" (Le Figaro, 7-X-99).
Existe otra razón en el discurso en torno al arte actual que anima a plantear un debate abierto, no solo cuando sobreviene una crisis, sino con regularidad y sobre cimientos fuertes y sólidos. Frente a la calificación de "arte insultante", Glen D. Lowry defiende: "El arte es un lenguaje, un medio de comunicar ideas y creencias profundamente arraigadas; y despreciar lo que no nos gusta porque no lo comprendemos tiene tan poco sentido como ignorar la literatura alemana o japonesa porque no sabemos hablar alemán ni japonés" (El Cultural, 24-30/X/99). Las ideas nuevas también requieren grandes dosis de paciencia y apertura de miras.
Philippe de Montebello define el buen arte como el fruto de una sensibilidad superior a la nuestra, capaz de representar lo concreto o lo universal, de mostrar una cuestión moral como conmovedora, de sorprender al público llevándolo más allá de los límites de las normas convencionales. Y todo ello, con un nivel formal y estético alto; como una llamada universal que trasciende el espacio y el tiempo.
Pero ¿por dónde debería pasar la navaja ockhamiana que separaría arte y no-arte, arte y anti-arte? ¿Es que debe existir un vademécum oun pretencioso "Manual de creación"? La idea de un juicio estético predeterminado, un "arte oficial", es incompatible con una saludable actitud autocrítica con respecto al arte de ahora mismo. Aunque se atribuye a Picasso la frase "arte es lo que el artista dice que es arte", me cuesta creer que Picasso no fuera exigente, despiadado consigo mismo: crecía porque investigaba, creaba porque buscaba la excelencia y cercenaba otros caminos que no le llevaban a ella.
Rehabilitar el placer estético
"El arte ha muerto, ¡que alguien lo resucite!",fue la máxima enarbolada por los dadaístas durante la primera Guerra Mundial;no sería justo exclamar lo mismo ahora. Rompo una lanza en favor del arte vivo de hoy, que busca la belleza; que emociona y aspira a alimentar nuestro gozo estético con mayor o menor contenido intelectual unido al sensible; que se aventura por distintos caminos y lenguajes sin miedo.
Parafraseando a Tomás de Aquino, la belleza del arte siempre nos llegará por los sentidos más cognoscitivos, es decir, la vista y el oído(STh 1-2, q.27, a.1, ad 3). Esto no significa que el arte que habría que resucitar fuese el realismo como algo comprensible por la vista; el gusto estético de alguien concreto nunca está autorizado a pedir a voces "café para todos", y menos en terreno de emociones libres. No parece que la belleza se detenga en categorías cerradas como abstracción, surrealismo,figuración o minimalismo. No parece que le interese demasiado.
La cuestión -en mi opinión- se sitúa más bien en los procesos de creación del objeto artístico: en el hecho de que se rehabilite el placer estético y la búsqueda de la belleza como fin del artista y de sus espectadores, en vez de buscar la provocación, la intimidación o la activación de un mundo que solo se ve feo. La cuestión, de nuevo, es la búsqueda de la belleza. La cuestión es si existen artistas castrados para la belleza, o si puede seguir siendo su meta y su musa. Ese arte bello existe: solo hay que descubrirlo.
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* María Molina Leónes presidenta de Arte XXI Mecenazgo Interartístico y comisaria del ProgramaArte Emergente de la Sociedad España Nuevo Milenio.
Hablábamos de emoción. Ese sentimiento que hace al ser humano gozar de un estado de ánimo de bienaventuranza, de una intensa y especial felicidad, ya sea anticipada, ya presente, o por el contrario sentir pesar o disgusto de carácter emocional. No obstante, y como un modo distintivo de la emoción, la emoción artística, ocasionada por la contemplación de una obra de arte inefable, sólo produce felicidad, es decir fruición, placer, y, en todo caso, como reacción negativa ante la obra, rechazo o desagrado sin emoción alguna. Hablábamos de la dificultad que tiene el arte contemporáneo de producir emoción, de conectar con ese sentimiento vital tan unido al hombre como su piel; aunque habría que admitir que en los tiempos modernos la emoción más sublime ha sido suplantada por otros sentimientos de naturaleza descarnada, prosaica y brutal. En todo caso, desde las Vanguardias Históricas hasta el momento actual, exceptuando tal vez el Expresionismo y el Fauvismo, la contemporaneidad, el arte-arte de la contemporaneidad, no el anti-arte transgresor que es parte de ese cambio brutal de la vida moderna, sólo se puede entender con la mente, con la lógica, con el intelecto; y no produce emoción.
Pues si hay algo que el arte verdadero y auténtico supo transmitir al hombre fue la emoción. Ese sentimiento que atrapa el alma y la subyuga, la eleva sobre lo terrenal y la transporta a un mundo de felicidad, de deleite y de fruición. Según el diccionario, una agitación del ánimo producida por ideas, recuerdos, sentimientos o pasiones. Sin embargo, el hombre no necesita demasiadas descripciones sobre la emoción pues simplemente le basta con vivirla. Porque todo hombre, aun el más frío, ha sentido alguna vez el sobrecogimiento de la emoción dentro de sí mismo. El arte tiene el privilegio de ser uno de los agentes que producen emoción en el ser del hombre. Y su pérdida, en el arte Contemporáneo, se resiente, se necesita hasta la nostalgia. Mas después de todo un siglo de un arte sin emociones, el hombre empieza a reclamar de nuevo su presencia, algo que no debería ignorar el artista actual, que en su búsqueda desesperada de la originalidad realiza en tantas ocasiones un arte excéntrico, efímero y brutal, que deja el alma en el más absoluto vacío.
El Matrimonio Arnolfini, Jan Van Eyck, 1434, óleo sobre tabla
Fragmento de:
NATURALIDAD DEL ARTE y artificialidad de la crítica
(PRE-TEXTOS, 1996)
Por Ramón Gaya *
Puede, eso sí, juzgarse lo que hacemos, pero no lo que somos -y aquí es donde se encuentra el nudo de la cuestión-, pues la verdad es que la poesía, la música, la pintura, la escultura, no son en absoluto, como se ha dado por descontado siempre, actividades, las muy bellas y elevadas actividades de ciertos seres de excepción -los artistas-, sino inactiva, pasiva naturaleza carnal, animal, del hombre, del hombre... común.
No haber visto, no haber comprendido el carácter "común" del arte creador, del acto creador, es lo que más contribuye a desviarnos de su naturaleza verdadera, de su verdadera identidad, de su razón de ser, ya de por sí escondidas y misteriosas. El arte ha sido visto siempre como la meritoria inclinación de unos cuantos-de esa clase especial de hombres que llamamos artistas- y se supone que esa clase de hombres se desvive por componer unas sonatas, escribir unos poemas, pintar unos cuadros; que se las ingenia como puede para fabricar unas "fantasías", unas "bellezas" con los cuales apagar las ansias de esos otros que llamamos gustadores, amadores, consumidores; todo sucedería, pues, dentro del más perfecto mecanismo económico-social de la oferta y la demanda.
Pero la realidad de verdad es muy otra; la creación artística no es un asunto personal del artista creador, ni un asunto privado entre el artista creador y el gustador o consumidor de su obra, mas tampoco se trata de nada... social, general; lo "común" de la creación no tiene ningún estrecho carácter... socialista, sino extensamente humano.
La poesía, la música, la pintura, han sido siempre realizadas por unos pocos, sí, pero en nombre de todos. Si se hubiese tenido en cuenta que el arte creador -no el arte artístico, ya que éste sí va destinado y dado a un público- no se ha hecho jamás para unas gentes, sino en lugar de ellas, nos habríamos evitado tanta palabrería sobre arte social, o minoritario, o revolucionario, o aristocrático, o burgués, o puro, o útil, o... moderno. El arte creador, hacedor de criaturas, no se dirige a nadie ni a lugar alguno conocido; podría decirse que la creación no va a ninguna parte, sino que... viene , viene de muy lejos y muy dentro hasta alcanzar una superficie real, de la realidad. Es sumamente tonto decir que la obra de Miguel Ángel se hizo al servicio de unos papas o la de Velázquez al servicio de unos reyes; Juan Van Eyck, por ejemplo, pudo él mismo, de buena fe y con ingenua modestia, pensar que trabajaba para unos comerciantes, pero hoy sabemos que no es verdad; el retrato de los esposos Arnolfini fue emprendido, no por honesto y vil encargo, sino porque necesitaba urgentemente pintarse, realizarse; pero no se trataría de una necesidad de los Arnolfini y tampoco de una más extensa necesidad medieval, histórica, ni siquiera de una íntima necesidad del pintor como pintor, del artista como artista, sino de una primaria y tiránica energía del hombre como especie pura, bruta. Escuchar esa voz originaria, antigua, perenne, sustancial, esencial, y obedecer a ella, es lo propio del creador, pero la verdad es que esa voz suena para todos, y lo que pide -porque viene a pedir, a exigir-, nos lo pide a todos; no es una voz especialmente destinada a los artistas creadores, sino una imperiosa voz que suena para el oído total humano, aunque sea, eso sí, oscura subterránea, que se oye apenas. Es entonces cuando el creador -ese vívido hombre común a quien después llamaremos creador- da un paso decidido, decisivo, hacia delante, y se destaca a pesar suyo de los demás, de todos esos demás que también son creadores, pero creadores mudos, sordo-mudos; es entonces cuando, pasivamente, el creador se decide a tomar en sus manos la enigmática acción creadora. Pero lo que hace no lo hace para sí -¡qué tontería!-, ni para los otros, sino porque... tiene que ser hecho sin remedio, porque ha de estar haciéndose continuamente, perennemente, y los demás, al parecer, viven distraídos, ofuscados. No es tanto que Fidias, Juan Van Eyck, Miguel Ángel, Cervantes, Velázquez, San Juan de la Cruz , Shakespeare, Rembrandt, Mozart, Tolstoi, hayan hecho esas obras que sabemos, como que nosotros, los demás, los demás comunes mortales hemos dejado de hacerlas; aceptando ellos, humildemente, pasivamente, ser los autores de esas obras -esas obras que no son obras, sino criaturas-, nos han dispensado de tener que llevarlas a cabo nosotros, ya que se han prestado a realizarlas en su propio nombre y en el nuestro, pues en esos instantes impersonales de la creación, de la creación absoluta, nos representan.
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* Ramón Gaya (1910-2005) Pintor y escritor español
Hay varios tipos de reconocimiemto* por los que lucha el artista a través de su obra: el que se premie su talento, reconozca la pertinencia de su obra, lugar en el medio artístico, capacidad de aportar, atacar cánones y normas…
Si este reconocimiento no llega, si ya pasa de los 35 años y no ha sido aceptado en ningún concurso, salón o exposoción, lo que se reconoce es que eres un artista "no reconocido", categoría para la que también no sólo está el limbo del olvido, tiene también sus instituciones, como el Museo de Arte Malo de Boston.
MB
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"Un museo de Boston exhibe únicamente obras de "arte malo" Ya lleva diez años funcionando y su colección permanente tiene 250 piezas.
Coleccionar, preservar, exhibir y celebrar el arte malo "en todas sus formas y en toda su gloria". Esa es la misión del MOBA (Museum of Bad Art o Museo de Arte Malo), fundado en 1993 por una pareja de Boston entusiasmada con juntar cuadros que nadie quería.
La historia comenzó cuando Scott Wilson, un anticuario que solía buscar objetos de valor en mercados de pulgas y basureros, encontró en la calle el cuadro "Lucy en el campo con flores ", un retrato de una mujer con pelo blanco sobre un fondo amarillo. Sabiendo que la obra carecía de valor, le interesó el marco, pero cuando se dio cuenta que estaba unido a la pintura decidió desecharlo. Pero antes de tirarlo a la calle, se lo mostró a su amigo Jerry Reilly, que lo aceptó considerando que la obra era tan mala que merecía ser exhibida.
"Lucy" se convirtió en el centro de atención de todas sus reuniones (hoy es el emblema del museo). Con el tiempo, Reilly y su esposa fueron recibiendo más piezas de arte malo, a la vez que aumentaba el número de personas que asistían a sus reuniones. En dos años acumularon decenas de obras sin valor, y las visitas ya resultaban molestas.
En 1995 el museo encontró nueva sede en el Teatro Comunitario de Dedham, en las afueras de Boston, donde aprovecharon un lugar público con muchos espacios vacíos. La colección siguió creciendo y el siguiente paso fue lanzar el sitio www.museumofbadart.org. Internet fue clave para concretar la misión de Reilly: "Acercarle lo peor del arte a una audiencia global."
El fundador hoy no deja de sorprenderse por los más de 6.000 suscriptores del boletín de noticias del sitio, que se reconocen como fieles devotos del "arte malo". Un público especial capaz de pagar 16 dólares por remeras del museo y agotar la 1 edición del libro MOBA: Arte demasiado malo para ser ignorado. Mike Frank, miembro del comité directivo, cree que con el dinero recaudado se podría aumentar de 6.50 a 10 dólares cada obra que adquieren.
"Pero eso aún lo tenemos que discutir con el resto del directorio", le dijo al diario Boston Globe en tono bromista; el dinero que recaudan apenas les alcanza para mantener este hobby y todos los miembros del staff tienen trabajos serios.
La mayoría de las 250 piezas de la colección permanente proviene de gente que encuentra objetos de arte abandonados en la calle, que adquieren por poca plata en negocios de reventa, o que las descuelgan de las paredes de un familiar fallecido.
Los creadores son artistas sin talento, o amateurs que aún no han desarrollado buena técnica, y quizá nunca lo hagan. Pero no todas las obras son aceptadas: "Ser un mal artista no alcanza para entrar en la colección -explica a Clarín en una charla telefónica Louise Sacco, actual directora y hermana del fundador Reilly-. El trabajo tiene que ser interesante y sincero. Por eso resulta sospechoso cuando un artista envía su propia obra."
¿Existen artistas que buscan el reconocimiento del MOBA? Sí, son muchos los que quieren mostrar lo que hacen de cualquier manera.
¿Cómo seleccionan las piezas? Formamos un staff de curadores, con quienes evaluamos las piezas y determinamos si pueden formar parte del museo o no. Una selección curada ya ha viajado a Winston, Carolina del Norte, donde compartió una galería con trabajos de Yoko Ono, y hasta tienen una obra robada, "Eileen", una tela que ha sido recortada de su marco con una navaja, y por la que ofrecen una recompensa de 6 dólares.
La pregunta obligada es si esto es una broma. "Es divertido, pero no es una broma - se defiende Sacco -. Y si nos reímos de algo, es del circuito del arte, no de los artistas. Este es un verdadero museo que ya lleva más de 10 años funcionando y que ha sido reconocido en todo el mundo."
La popularidad del museo logró que se realizara hace dos meses una subasta benéfica donde se recaudaron 1.902 dólares, destinados al Ejército de Salvación. El plato fuerte del remate fueron las pinturas y esculturas de la selección No tan malo, una serie de obras que fueron rechazadas por ser relativamente buenas. Sacco fue la ideóloga y ahora planea expandir su iniciativa a otros museos. "Creo que, al igual que el MOBA, todos los grandes museos del mundo deben tener piezas rechazadas juntando polvo en los sótanos. En este último tiempo se han reducido enormemente los subsidios para el arte y una subasta puede generar un ingreso extra para la institución, al mismo tiempo que ayuda a limpiar el depósito."
Con ese fin, Sacco lanzó el programa "De una oreja inmunda", un servicio de consultas abierto a todos los museos con el que pretende recolectar todas esas obras que, de tan feas, son abandonadas. "La meta es que el MOBA crezca, y de paso, ayudar a que otros museos ahorren plata manteniendo sus depósitos limpios." Sacco concluye señalando que "la gente que se toma el arte como una cosa seria se divierte con estas pinturas feas, porque muestran que el artista disfrutó en la creación. Nosotros mostramos arte malo, pero también único, libre y entretenido. Y ésa es, en definitiva, la verdadera función del arte".
(*) "En el Hegelianismo la fuerza motriz de la historia es una "lucha por reconocimiento" que causa competencia entre los hombres y sus estados, lo que resulta en la evolución de la democracia liberal. La historia se caracteriza por estalucha por dar a luz a algo más grande." Samson, Steven. "Modelos de interpretación histórica" 2002
por Rosa Olivares Exit Express, Información y debate sobre arte actual nº 31, Noviembre 2007
Hace unos años leía en un libro americano de
dudosa traducción que los licenciados en Bellas Artes, sólo en Nueva
York en un año, eran más que todos los artistas que conocemos del
Renacimiento italiano. En una conversación, hace unos días, un joven
crítico me comentaba lo difícil que era elegir entre la gran cantidad
de artistas que hay hoy en día, "si en la época de Greenberg había 600
artistas en Nueva York, hoy se puede hablar de un millón". Como
siempre, parece que todo sucede en Nueva York, tanto en los libros
americanos como en la crítica española. Pero la realidad es que si
transpolamos los datos neoyorquinos a los del Estado español la
situación final viene a ser similar. En cualquier caso, da igual, no
veo la necesidad de acotar un territorio para el arte y/o los artistas.
Se dice que "el artista", hoy, es cosmopolita: nace en Dubai, se forma
en Londres, vive en Nueva York y trabaja en Berlín; las vacaciones tal
vez sean en Ibiza.
La abundancia de artistas debería ser una
satisfacción, significaría un auge desmesurado de obras de arte (la
enorme oferta haría incluso que los precios bajasen...), de grandes
colecciones, de excelentes exposiciones... Sin embargo,
sorprendentemente, esto no es así. Curiosamente, a mayor cantidad menor
calidad. Esta superabundancia en la que nos ahogamos deja tras de sí
una debilidad de propuestas patética: copia sistemática, frivolidad de
planteamientos, efectismo teatral, y ansiedad desmedida por triunfar,
no tanto por hacer una gran obra. Una vez más habrá que plantearse
quién es un artista y quién un artesano, incluso quién un diletante;
tal vez habrá que ver qué es el arte, más allá de la belleza, la
decoración, el discurso pseudofilosófico o la coyuntura mercantil.
Leonel Moura planteaba hace tiempo que la idea de artista tiene que
cambiar, que no basta con hacer un objeto dentro de unos determinados
esquemas teóricos o formales, sino queartista debería ser aquel que
aportara algo nuevo, diferente, personal a lo ya creado, a lo ya dicho.
Si aplicamos este planteamiento, el número de "artistas" censados baja
de una manera impresionante pero, ¿quién se lo dice al artista?
¿Todo lo que produce alguien autodenominado
artista es arte? Es difícil decir que sí, pero tampoco es fácil saber
qué es lo que no es arte, sobre todo en un momento en que una vaca
cortada por la mitad, el vapor de los fluidos corporales, o una señora
gritando "This is so contemporary" se consideran algunas de las
demostraciones plásticas más destacadas del momento. Si el arte se
define no por el objeto artístico, el producto final de todo el proceso
creativo, sino por las ideas que lo generan, entonces ya no hay
límites: todo puede ser arte y por lo tanto, nada sería arte.
Igualmente, si hay tantos artistas como ciudadanos, la idea de artista
se devaluaría aún más. Estamos llenos de dudas, y tal vez esa sensación
de falta absoluta de certezas sea un buen punto de partida para
reconducir una situación que se nos escapa de las manos. A todos, aquí
y en Nueva York.
Gorriones en un campo dea arroz, Wang Zheng (Dinastía Qing, 1644-1840)
Razón Vital y Arte
por Ana María Preckler
Toda obra de arte, todo arte, induce o debería inducir a la reflexión a plantearse cuestiones decisivas. ¿Es posible aplicar la Razón Vital orteguiana al arte? ¿Y más concretamente al arte de nuestros días? Si el arte es un reflejo de la vida, si el arte resulta una interpretación de la realidad,y si la RazoÌn Vital es la unión de la razón y la Vida humana, siendo ésta la realidad radical personal o colectiva —Razon Vital y Razón Históricas respectivas—, la Razón Vital de Ortega puede y debe ir unida al arte. Como en toda vida, en el arte existe un presente, un pasado y un futuro. El presente abarca el momento de la creación, plasmación y exposición inmediata. El pasado consiste en la historia del arte. El futuro es la visión artística larga y duradera, proyectiva, potencial. El presente artístico sería el pensamiento, la idea, la inspiración, la imaginación y la consecución de la obra en un tiempo actual inmediato. ¿Y la vida?La vida resulta inseparable del arte.
Arte y vida son indisolubles, forman una unidad. AsiÌ la vida es arte y el arte es vida. Y al igual que la vida humana, en el concepto orteguiano, nos es dada pero hay que hacerla y elegirla en un contexto de incertidumbre y riesgo, la vida artística es azarosa, insegura, inacabada, hay que hacerla, imaginarla y proyectarla constantemente. La creación es un acto continuo e infinito que nunca se acaba, que siempre estaÌ haciéndose, que genera en sí mismo más y más creación. El artista es la cabeza pensante, creadora. La vocación, el estudio, la capacidad, el virtuosismo, las dotes, la creatividad, son el vehículo vital que ejecuta la idea creadora. La obra de arte es la concreción final, la potencia convertida en acto. ¿Arte como reflejo de la realidad radical de la vida humana? Arte como parte de la realidad radical, en tanto que el arte es vida y la vida es la realidad radical. Arte como un posible modo de la Razón Vital orteguiana. Arte, razoÌn y vida unidos otorgando los mejores y más excelsos frutos.
Lo que significa que el arte es, o debería ser, personal, social, libre, verdadero, auténtico, reflejo de la realidad patente y latente, trascendente, sacro, espiritual, evocador, sugerente, innovador, emocionante, lírico, con fealdad (en la interpretacioÌn del aspecto dionisiaco de la vida), con hermosura (en el logro del ideal apolíneo de belleza). Un arte, en suma, radical, comprometido, que parta de la realidad radical del artista, de su más hondo impulso, de su verdad más pura, de su inspiración más propia, y se conforme en Razón Vital artística y con el tiempo en Razón Historico-artística.
Arte y Razón Vital unidas. Pero para ello el arte debe ser arte-arte, y abandonar la extravagancia, la zafiedad, la vulgaridad, la banalidad, lo repulsivo, la violencia, la inconsistencia y la búsqueda de la originalidad a cualquier precio (conceptos que han invadido el arte de nuestros diÌas desde hace demasiado tiempo y que suponen algo a superar y regenerar). Porque el arte como Razón Vital tendriÌa que ser un arte de calidad, de excelencia, un arte superior, un arte esencial. Con esta perspectiva, como razón histórico-artística y como razón vital artística, se pueden apreciar, valorar o rechazar, bajo otro prisma, las obras de arte.
Ser artista oficial, alternativo o marginal? Ese es el
dilema
por Manuel Zavala y Alonso
El artista no escoge el serlo, tiene la necesidad interior
de serlo, está más allá de su voluntad; el ser artista es una cuestión de
destino o de maldición, puede tener obras buenas y malas, finalmente su
condición irreductible es la de ser artista. ¿Qué es un artista?
Es el que crea imágenes que están más allá de lo nombrable; es el que explora
las fronteras de los lenguajes y estructuras de las palabras, cuerpos, movimientos,
colores, sonidos, espacios, tecnologías, formas e historias; es el que
desarrolla discursos que señalan esto y aquello de la sociedad en proceso,
independiente de su postura política; es el que renuncia a las formas
pervertidas de mercados, marcando en su hacer, una postura de renovación
continua y no de repetición de estilos que lo lleven al éxito seguro; el ser
artista es una postura, una condición categórica en el individuo; de cierta
manera un apostolado, que se verá afectado por la diversidad de elementos de la
cotidianidad y de la manera de operar del sistema, llevándolo a elegir entre
tres opciones posibles: ser artista oficial, alternativo o marginal.
El joven que reconoce en sí su vocación de artista, primero define su área o
campo de acción, y así decide comenzar su proceso de educación a pesar de las
protestas de los padres, sean de clase acomodada o desposeída, que ven en el
artista al bohemio, al fracasado social o al vicioso; al fin, el joven se
inscribe en la escuela de artes plásticas, en la de literatura, en la de música
o en cualquiera de las demás que le den las bases para iniciar su proceso
dentro de las artes y del campo de la cultura en general. Ahí encuentra sus
primeras barreras, su primer cruce con el ogro filantrópico; escuelas
anquilosadas por programas fuera del contexto del tiempo; maestros con poca o
casi nula participación como artistas de respeto en la comunidad -salvo sus
honrosas excepciones-; tecnologías, instalaciones y recursos materiales
decadentes; y sobre todo, una estructura formativa que lo conducen más hacia el
camino del artista asimilado a la estructura del sistema, que al de ser el
artista que renueva, señala, actúa y propone nuevos horizontes.
El joven en ciernes, se da cuenta de todo esto, y es cuando inicia su saludable
proceso de rebeldía frente a todas estas condicionantes. Si tiene suerte y
logra organizarse con otros, podrá cambiar en algo esas estructuras docentes y
avanzar dentro de la escuela, si no, por seguro desertará -por rebeldía y frustración-
al poco tiempo e iniciará su producción bajo otros términos.
Aquí hay un punto importante de señalar; en estos tiempos de avalancha de
información por todos los medios, el artista joven desea incorporarse a los
nuevos lenguajes, a las nuevas tendencias, a las nuevas posturas y estilos a la
brevedad posible, y por desgracia, en su afán de renovación absoluta, descuida
la parte esencial de la formación académica, del fomento del oficio, de la
cocina de las artes, del saber el cómo hacer las cosas y aterrizar las ideas y
conceptos.
Esto nos lleva a la sentencia de que sin tradición no hay futuro, sin academia
no hay renovación, sin oficio no puede haber rompimiento de viejos estilos y
escuelas. La sabiduría del pasado es lo que hace que el artista pueda romper
con las formas, estructuras y lenguajes prevalecientes.
El joven artista empieza a formar parte de una comunidad artística y sabrá de
los placeres y sinsabores de participar en proyectos colectivos, irá probando
suerte en sus incursiones y deleitará las primeras puñaladas de traición y
admiración de sus compañeros, e igualmente se enfrentará al ogro filantrópico
que se disfraza en concursos y premios para estimular la creatividad de los
jóvenes. De esa manera el monstruo filantrópico irá detectando los artistas que
deberá cobijar, alentar y más adelante cooptar.
En esa etapa, el artista en ciernes, empezará a tomar sus decisiones sobre el
camino a seguir; si participa en concursos y premios, estará aceptando de facto
las reglas del sistema para su estímulo; si se niega a participar, habrá
iniciado la marcha hacia la alternancia o de plano marginalidad en su accionar.
Más adelante habremos de analizar las ventajas y desventajas de cada uno de
estos caminos.
Pero la vida sigue su marcha y el paso de los años le irán marcando al artista
joven y en camino a la madurez, una diversidad de circunstancias que pueden ser
mortales para su carrera como productor de arte. Estas circunstancias son:
primero, el retiro del apoyo económico por parte de su familia, después un
matrimonio, más adelante los hijos y como consecuencia el mantenimiento de un
hogar; estos elementos se aplican de una u otra manera, a los artistas hombres
y mujeres.
Pero en fin, si su vocación, por destino o maldición es lo suficientemente
fuerte, prevalecerá su compromiso de crear, no importando que tenga que
abandonar o compaginar lo que sea a fin de producir.
Ahora bien, vamos a suponer que pudo pasar la trampa mortal del desarrollo
normal de un individuo entre los veintitantos y treinta y tantos años, y que ha
podido sobrevivir a la tragedia de educar hijos, conseguir empleo, ayudar al
marido, en el caso de las mujeres, que piensa que era tan artista como ella; o
bien de que él, después de una jornada de trabajo de más de diez horas, sueña
que puede llegar al restirador por la noche, y crear la instalación,
performance, coreografía, novela, puesta en escena, pintura o dibujo más
espectacular de la cuadra, y cuando menciono el término cuadra, aludo al
término con el que los galeristas nombran a su grupo de artistas, esto es:
cuadra, como de caballos.
Ya para ese momento, estará más que definido su accionar como artista; si pudo
sortear los compromisos antes mencionados chambeando en un museo u oficina
dedicada a la promoción de la cultura, laborando en algún departamento
sospechoso de comunicación o promoción cultural de alguna secretaría que podría
ser la de agricultura; o bien, dando clases en la escuela de la cual es
egresado, o impartiendo talleres y cursos en la provincia, y soñando que algún
día su obra -ya para esos momentos menor en virtud de que no le dedica el
tiempo necesario- será reconocida y obtendrá algún fuerte presupuesto para
crear su máximo resplandor como artista; y finalmente participando en cuanto
concurso y premio le pongan enfrente, en ese momento, se habrá convertido en el
perfecto artista oficial, protegido, apapachado, y sobre todo, cooptado
tristemente por el sistema, ya sea oficial o bien de la iniciativa privada,
para ser el artista tranquilo y manso, con un buen discurso, con oficio, pero
que no incomoda a nadie y que todo mundo aplaude porque su obra es cómoda y
bella para la sociedad.
¿El artista oficial es artista? Tremenda pregunta que responder, pero en fin,
allá ellos y su mala cabeza.
Pero pasemos al segundo camino, el artista alternativo: este individuo ha
caminado su suerte como ser humano al igual que el artista oficial, pero con
más valentía, tratando de no caer en las trampas de la docencia permanente;
escapando de las chambas de tiempo completo; elaborando un discurso que está
más allá de las modas; retirándose a tiempo de concursos, exposiciones, premios
o encuentros dudosos; no escuchando los cantos de las sirenas de una familia
feliz; haciendo convivir una economía mixta de estímulos tanto privados como
oficiales; dedicándole el máximo tiempo a su obra, a fin de no menoscabar
oficio y propuesta; cultivándose con lecturas extensas a fin de reforzar su
hacer artístico; estableciendo alianzas en su comunidad y en la comunidad
cultural en general; integrándose a movimientos que tienen bases y propuestas y
alejándose de movimientos políticos y estéticos de vivales que no tienen
principios ni conceptos.
Todos esos pasos del artista alternativo, le dan como resultado una obra
vigorosa, con propuesta, con oficio, y sobre todo con calidad moral frente al
ogro filantrópico a fin de negociar lo que tenga que negociar, con tal de
fortalecer su obra y discurso como artista. Pero en el artista alternativo
también existe una trampa ética en si mismo, y es el querer convertirse a fin
de cuentas, en la otra voz que marca estéticas, grupos y mafias, esto es,
aspira a ser la otra voz oficial del sistema.
Finalmente pasemos al tercer camino, el artista marginal: este individuo desde
un principio ha sido un gladiador contra el sistema; se revela desde la escuela
contra estructuras de academia y de la sociedad en general, posiblemente ni
siquiera pasa por alguna escuela de arte; se burla de los compañeros que se
asimilan a modas, concursos, premios y estímulos sociales; abandera estéticas
marginales que hablan más de lo subterráneo y de la doliente sociedad; busca
utilizar lenguajes y técnicas de bajo presupuesto a fin de accionar su
producción; es indomable y no negocia centímetro alguno con el sistema; no le interesa
pasar a la historia en los libros de los consagrados, y finalmente, si es
verdaderamente artista marginal, no aspira jamás a convertirse en la voz
oficial marginal del ogro filantrópico. Su paso por la sociedad, será quizá el
más puro en acción tanto ética como moral, pero desafortunadamente su obra no
tendrá un impacto masivo, a menos que de el brinco por dedo y gracia del
sistema y en ese momento se convierta en artista de culto, trágico instante, ya
que dejará de tener su calidad de marginal.
Esto es, en su esencia de artista que se aleja de los mecanismos del sistema
por voluntad propia, encuentra su destino final, oscuro, poco conocido y sin
reconocimiento.
Durante estas líneas, me he referido de una manera recurrente al ogro
filantrópico, término que acuñó hace algunas décadas Octavio Paz para referirse
al estado mexicano y sus labores de filantropía; el actual sistema es el que
está compuesto por iniciativa privada y gobierno, el que promueve y difunde a
los artistas; el que crea, promociona y apapacha mafias y grupos; el que
reconoce a la diversidad de artistas con estímulos económicos; el que da foros
y estructuras museísticas; el que da teatros y espacios dancísticos; el que
edita libros y memorias que serán las bases del futuro; pero también el que
detiene iniciativas incómodas para él; el que bloquea a los individuos que no
se alinean a sus estatutos; el que es capaz desde la oscuridad de un
funcionario, aplastar la obra de uno o varios creadores simplemente por
capricho; el que impone modas y tendencias de oscura procedencia; y también,
ese ogro es el que apoya, desde diferentes trincheras, obras que pasarán a la
historia.
El ogro filantrópico no es un grupo, no es una institución en sí, no es un sólo
hombre, es el sistema, que a fin de cuentas somos todos. Todos componemos en un
momento u otro al ogro filantrópico, y su maldad y virtud está en todos, es
finalmente parte de la naturaleza mexicana. El tema del ogro filantrópico es
demasiado extenso para tratarse en unas cuantas líneas de este texto, y a
manera de conclusión, finalizo:
De cada artista depende el escoger su camino, sea el oficial, el alternativo o
el marginal, cada quien escoge su condena dentro del sistema de la mejor
manera. Eso está más allá del ogro filantrópico.
En un mundo sumido en una materialidad obsesiva, la "bella
tarea de ennoblecer con formas y colores" queda solapada muchas veces por
la desenfrenada obsesión por lo inmediato, lo escandaloso, lo primitivo, lo
pornográfico o lo visceral. Las nobles aspiraciones del espíritu parecen ser
reemplazadas por mundanos placeres terrenales que buscan la inmediatez para su satisfacción
y no conducen a una elevación del espíritu.
El "Arte"
tiene esa silenciosa pero poderosa cualidad de otorgar un refugio para el espíritu
a través de una realidad sublimada. Cuando la mirada del artista filtra la
realidad para indagar la esencia de las cosas, cuando es capaz de sentir la
manifestación misteriosa del universo hasta en el ser más aparentemente
insignificante; cuando el misterio es su motor creativo, cuando oye sinfonía en
el canto de los pájaros, o es capaz de visualizar el arco iris en una gota de
agua, es ahí cuando se habla de la gestación del espíritu artístico.
Encontré unas palabras del poeta y pintor William Blake, que a mi parecer ponen de manifiesto esa sensibilidad especial del espíritu artístico.
El árbol que mueve algunos a lágrimas de
felicidad,
en la mirada de otros no es más que un objeto verde
que se interpone en el camino.
Algunas personas ven la
Naturaleza como algo ridículo y deforme,
pero para ellos no dirijo mi discurso;
y aún algunos pocos no ven en la naturaleza nada en especial.
Pero para los ojos de la persona de imaginación, la Naturaleza
es imaginación misma.
Así como un hombre es, ve.
Así como el ojo es formado,
así es como sus potencias quedan establecidas.
William Blake - Carta al Dr. Trustler [23 agosto 1799]
Leyendo a Osvaldina y luego pasando por el texto de la armonia que nos
envió Adriana me puse a meditar en el profundo escenario del arte en
todas sus facetas y en la gente que hace ARTE, asi con mayúsculas ....
Los ARTISTAS que convencidos plantean sus respectivos caminos y asumen
su derrotero sin desviar la mirada, concentrados en un mejoramiento
contìnuo a nivel personal y artístico, cimentando su particularidad y
esbozando contenido para mejorar o plasmar ideas o sentimientos.
Que bella tarea la de ennoblecer en formas y colores . Que destacada
actitud en este mundo material !!!!
Sublimar nuestras vidas dando . que mas!!!!!
roberto manzanal
Sería sumamente interesante que cada miembro de TELA DE PINTOR coloque
su parecer sobre la condicion del artista para realizar una cadena que
luego irradiaremos en nuestro programa de radio AXIOMA.
Lo repetiré de nuevo: las leyes naturales no conocen excepciones; las leyes artísticas se componen ante todo de excepciones.
¡Espero que mis alumnos busquen! Porque han llegado a saber que se busca sólo para buscar. Que el encontrar es, en efecto, la meta, pero que muy a menudo puede significar también el final de esa tensión fructífera. … [el alumno] debe saber que en todo lo que vive está contenido su propio cambio, desarrollo y disolución. La vida y la muerte están ya en el mismo germen. Lo que hay entre ellas es el tiempo. Así, pues, nada esencial, sino sólo una medida que se llena necesariamente. Con este ejemplo aprenderá el alumno a conocer lo único que es eterno: el cambio, y lo que es temporal: la permanencia.
Una vez curados de la locura de creer que el artista crea por razones de belleza; una vez que se ha reconocido que sólo la necesidad le obliga a producir lo que quizá designaremos luego como belleza entonces es cuando se comprende que la inteligibilidad y la claridad no son condiciones que el artista necesita para instalarlas en la obra de arte, sino condiciones que el espectador espera ver satisfechas.
Y [el alumno] verá la belleza en su eterno rodeo hacia la verdad, y comprenderá que el cumplimiento es la meta del deseo, pero quizá el final de la belleza; y comprenderá que la armonía -proporción- no es la inmovilidad de unos factores inertes, sino el equilibrio de fuerzas en una tensión máxima. Y esta enseñanza debe conducir a la vida, donde se dan estas fuerzas y estas batallas. Representarse la vida en el arte con su movilidad, con sus posibilidades de cambio y sus necesidades; reconocer en la evolución y en la mutación la única ley eterna - todo esto será más fructífero que suponer un término a la evolución porque así el sistema se redondea.
… independizarse del instinto es tan difícil como peligroso. Pues junto a lo exacto y a lo equivocado, junto a las experiencias y observaciones heredadas de nuestros predecesores, junto a lo que tenemos que agradecer a su pasado y a nuestro pasado, yace quizá en el instinto una capacidad de desarrollo, un conocimiento del futuro; y quizá también otras posibilidades de las que el hombre llegará a ser consciente, y que hoy sólo puede, a lo sumo, presentir y entrever, pero no realizar. La creación del artista es instintiva. La consciencia tiene en ella poco influjo. Él siente como si le dictasen lo que hace. Como si hiciera sólo lo que procede de una fuerza interior cuyas leyes no conoce. Es el ejecutor de una voluntad oculta, de su instinto, de su inconsciente. No sabe si se trata de algo nuevo o viejo, bueno o malo, bello o feo. Siente sólo el impulso al que debe obedecer. Y en ese impulso puede expresarse lo viejo o lo nuevo. Cosas que dependen del pasado y cosas que muestran el camino del futuro. Viejas verdades o nuevos errores. Su naturaleza musical, sea heredada de un antepasado músico o adquirida estudiando las obras del pasado; pero también quizá el efluvio de una fuerza buscadora de caminos nuevos.
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* Arnold Schönberg (1874-1951) Austriaco. Uno de los músicos más grandes del siglo XX; es, junto con Ígor Stravinski , y Béla Bartók , el compositor más importante e influyente de la primera mitad del siglo XX y una figura clave, junto con Monteverdi , Bach , Beethoven y Wagner , en la evolución de la música académica occidental. Es el pionero en la composición atonal.
“Un verdadero artista es aquel que aún estando allá arriba en la cima, porque su arte es valorado por todos; por el éxito obtenido, puede también bajar para compartir y disfrutar con aquellos que están en la ladera de la montaña.”
“El verdadero artista
es humilde, es sabio,sabe que en todo lugar sea arriba o abajo siempre hay belleza y solo hay que saber verla para disfrutarla.”
“Un verdadero artista sabe, que arriba y abajo, adentro y afuera, nosotros y los otros somos uno”.
“El verdadero artista no cultiva solamente su ego sino todo su ser, es aquel que considera todo y a
todos en igual medida, considera que nadie es superior ni inferior al otro.”
“El verdadero artista valora el universo todo, porque sabe que en él está contenida toda su fuente de inspiración.”
Osvaldina Servián
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El Arte
El arte es un artículo de primera necesidad,como el pan, o el vino o
un buen abrigo para pasar el invierno.
Así como el estómago del hombre gruñe por recibir alimento, su
espíritu siente cada vez más hambre de arte.
Las demás personas están hambrientas,pero el alma de un artista está
eternamente sedienta.
Emmanuel Kant
Camino a Montecarlo, Claude Monet, 1883, Oleo sobre lienzo
Inspiración en El Camino del Artista Fragmento del libro "Inspiración en El Camino del Artista. Meditaciones y Reflexiones para el Espíritu Creativo" por Julia Cameron
Invocación
El arte es un acto del alma, no del intelecto. Cuando tratamos con los sueños de las personas –sus visiones, en realidad- nos hallamos en el terreno de lo sagrado. Estamos involucrados con fuerzas y energías más poderosas que las nuestras. Invocamos al Gran Creador cuando invocamos a nuestra propia creatividad, y esa fuerza creativa tiene el poder de cambiar nuestra vida, colmar nuestros destinos y responder a nuestros sueños.
***
Todos nosotros somos creativos. Así como la sangre es una realidad de tu cuerpo físico que no has inventado, la creatividad es un hecho de tu cuerpo espiritual y no es nada que debas inventar.
***
La creatividad pertenece al orden natural de la vida. La vida es energía: energía creativa pura. Existe una fuerza creativa fundamental que mora en nosotros y que impregna a nosotros mismos. Cuando nos abrimos a nuestra creatividad, nos abrimos a la creatividad del Creador que está dentro de nosotros y en nuestra vida.
***
Como artistas debemos aprender a autonutrirnos. Debemos estar alerta para reponer conscientemente nuestros recursos creativos a medida que los usamos, realimentar el estanque de truchas, por decirlo de algún modo. A este proceso lo llamo llenar el pozo. En su transcurso, piensa mágicamente. Piensa con gusto. Piensa divertido. No pienses en el deber. No hagas lo que tienes que hacer, por ejemplo ejercicios espirituales como leer un libro aburrido pero muy recomendado. Haz lo que te interesa, explora lo que despierta tu curiosidad, piensa en el misterio y no en la maestría.
***
Muchas personas que se encuentran bloqueadas son en realidad personalidades muy poderosas y creativas, que han sido educadas para sentirse culpables de sus fortalezas y talentos. Sin saberlo, son generalmente usadas como baterías por familiares y amigos, quienes se sienten libres de usar esas energías creativas como también para menospreciarlas. A menudo, nuestra creatividad es bloqueada porque caemos en los planes que otras personas poseen para nosotros. Queremos hacernos un tiempo para nuestro trabajo creativo, pero sentimos que deberíamos hacer otra cosa en su lugar. Como artistas bloqueados, no nos ocupamos de nuestras responsabilidades para con nosotros mismos sino de nuestra responsabilidad hacia los demás. Tendemos a pensar que esa conducta nos hace buenas personas. Pero no es así: nos hace sentir fracasados.
¡Vote hoy mismo! Vea la nueva encuesta del grupo teladepintor:
Que motiva tu condición de artista?
o Un deseo de superación
o Un encuentro espiritual
o Una acción natural
o Un desenlace
o Una aspiración
o Una insoportable levedad del ser
o Una trastienda
o Un enigma
o Una etapa
o Un juego
Para votar, visite la siguiente dirección:
http://ar.groups.yahoo.com/group/teladepintor/polls
Nota: No responda a este mensaje. Los votos de la encuesta no se
reúnen por medio de correo electrónico. Para votar, deberá ir al sitio
Web Yahoo! Grupos que se menciona arriba.
¡Gracias!
Tomado del libro La Escultura y Rodin , de Antoine Bourdelle
Tus colaboradores inmediatos e inevitables, gran obrero, arquitecto, escultor, pintor, o persona perteneciente a otro arte, son siempre las fuerzas de la naturaleza que convergen en la realización de tu obra.
Escultor, tu pensamiento advertido es el punto de partida. Tus modelos son los puntos de apoyo de la belleza. Construye trabajos de acuerdo con seres o cosas. Todo lo que quieres imaginar sin el apoyo de lo real es falso.
Para el ser o para el objeto que quiere reconstruir tu arte, debes estudiar las más pequeñas fibras, las más pequeñas facetas, los más pequeños perfiles exteriores, las más pequeñas estructuras, desde adentro hacia fuera. No es sino después de esta lenta y tenaz investigación que puedes empezar a comprender el aspecto general de tu tema.
Ama las paredes que albergan tus trabajos. El taller es la soledad de dos, tuya y de tu obra. El taller es el altar. Allí donde trabaja tu alma.
Allí tuviste grandes corajes, sentiste allí, en ese pequeño recinto sagrado, a tú corazón íntegro, fundirse, abismado de admiración delante de las jóvenes desnudas. Las amaste sin decirlo.
Penetraste en el paraíso de la contemplación y permaneciste en el umbral. Tuviste la alegría de más de una victoria. Entre la mujer naciente cuya primavera toda te embriagaba y la fuerza que debías conservar para tu obra, supiste ser valiente… ¡Oh, recuerdos, que vuelven puro tu taller!
Y además, es el lugar del retiro; es divino por los dioses que contiene. Fue allí donde leíste a Homero y los clásicos. Son los decorados de tu vida sobria y pobre, y … tú conversaste con ellos.
Cada vez que acababa la esperanza, cuando las adversidades afligían todo tu ser, cuando no creías más en ti , acudías a la páginas de sus libros y, una tras otra, se levantaban como amaneceres, para llenarte poco a poco de claridades.
Además, fue allí donde has llorado. Se te desconoció o quizás, olvidado.
¡Verdaderas lágrimas de amor, terribles llantos, llantos ardientes que jamás brotan, pero que arrugan la frente y marchitan la sonrisa!
Y bien, tendrás que dejar este querido retiro. Tendrás que abrir la puerta. Habrá que dejar que tu querida soledad se anime un poco y entonces podrás conocer la belleza.
¿Cómo harás de ti un ser totalmente renovado?
Trabaja. Erige tus retratos, tus estatuas y tus grupos según tus viejas fórmulas. Y ahora, saca tu obra a tu campo, a tu jardín o la calle.
Eleva alto tu trabajo, míralo de lejos, míralo desde abajo, míralo desde arriba y míralo en todos los horizontes.
Tu trabajo es endeble, no concuerda con el espacio. Está blandamente redondeado, la atmósfera lo comprime, Está tan tímidamente estructurado que, bajo el cielo, se derrumba?. No eres escultor.
Simplifica, ordena peso sobre peso, agranda tu dibujo.
Vuelve al taller, Ve tus modelos de nuevo. Vuelve a encontrar la trama de tus detalles en tus retoques, hechos en los grandes horizontes y bajo la grandeza del cielo. Y vuelve otra vez a pleno campo para armonizarlo todo.
Observa en las caras de tu obra dónde resbala, dónde cae, dónde se fija la luz. La luz es tu gran colaboradora: no la ignores.
Da a tu obra, bajo su consejo, el movimiento, las caras, las pendientes, la gracia o lo grandioso que tu amor te dicta. Y vuelve, vuelve al taller, hacia el sublime modelo que ofrece a tus ojos su belleza. ¿Ves qué bello es el desnudo? ¿Lo ves brillar con gracia, con simplicidad, con plenitud? Y … ¿no ves mejor , no ves que tu obra ya no es solamente la letra de tu modelo? ¿No ves que al fin lo has traducido, que has extraído su espíritu, lo esencial? ¿No ves que, partiendo de un ser humano lo has elevado al grado de vínculo con el espacio? Por tu escultura, este modelo, de ser individual se vuelve doble: permanece individual por los rasgos esenciales del modelo, y se vuelve universal por la armonización de sus planos con los planos del espacio infinito.
Me he esforzado por materializar, amigo desconocido, esta admirable fuerza escultórica: déjame decirte ahora que, si posees el espíritu, puedes obtener el cielo, los horizontes, el campo en ti.
El Museum of Fine Arts de Boston acoge la primera retrospectiva de Antonio López en Estados Unidos
Organiza: Museum of Fine Arts, Boston Comisaria: Cheryl Brutvan
El Museum of Fine Arts de Boston presenta para esta nueva temporada una iniciativa que, bajo el título "primavera española", acoge dos exposiciones sobre el arte en nuestro país. Una de ellas, la que ahora nos ocupa, es la primera muestra retrospectiva en un museo de Estados Unidos sobre una de las grandes figuras del arte español de nuestro tiempo, Antonio López García (Tomelloso, 1936). A través de cerca de 55 piezas -entre lienzos, dibujos y esculturas- prestadas por museos europeos, americanos y colecciones privadas, la exposición se propone rendir homenaje al maestro, mientras nos acerca a su delicado y detallado proceso creativo.
La genialidad artística de Antonio López despunta sorprendentemente pronto; tras trasladarse a la capital para preparar el examen de acceso a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que actualmente es miembro de número, consigue la matrícula con tan sólo 13 años. Teniendo en cuenta el realismo de su pintura y las sugerentes y misteriosas composiciones que caracterizan su trabajo durante los primeros años, su obra se relacionó con el realismo mágico . Sin embargo, con el paso del tiempo, una vez alcanzado cierto grado de madurez creativa, los lienzos del pintor comienzan a alcanzar una suerte de simbiosis en relación al motivo representado que le aleja de toda clasificación genérica posible. Otro de los adjetivos que más se han utilizado para describir sus piezas ha sido el de ultrarrealista, ya que en su obra encontramos una detallada y minuciosa descripción de la realidad, pero no debemos olvidar que también descubrimos en su producción una elevada dosis de subjetividad -aunque parezca incompatible- que está latente en la melancolía que sus atmósferas transmiten de una forma sorprendentemente lírica, más aún cuando el motivo de la obra forma parte de la más absoluta cotidianidad.
La exposición del MFA Boston está estructurada a través de tres apartados que coinciden con los más importantes temas que Antonio López trata en su obra. En primer lugar, nos encontramos con el paisaje, un género que el pintor abordará constantemente desde su traslado a Madrid, fruto de la fascinación por el entorno urbano. Se acerca a la ciudad de una forma íntima, relacionándose con el entorno a retratar siempre durante las mismas horas y estudiándolo de tal modo que el proceso de creación puede prolongarse durante años, ya que además para el pintor manchego la obra de arte siempre está en proceso y sólo se finaliza cuando el pintor llega al límite de sus posibilidades. El segundo apartado se centra en los bodegones , con los que el artista consigue dar una vuelta de tuerca a su tradicional concepción, dotando de una importancia casi sublime a los objetos aparentemente más insignificantes y plasmándolos a través de una paleta monocromática y tenue, que casi nos remite al minimalismo . Finalmente, la muestra se ocupa de las figuras , presentándonos asombrosos retratos, como el de su hija María con diez años. Sin embargo, la mayor parte de las obras que realiza en torno a este tema son esculturas, que juegan un papel muy importante dentro de la producción del artista, quien incluso pintando se considera principalmente un escultor; ya que sus preocupaciones estéticas giran en torno a cuestiones como la forma de las cosas, su volumen, la materia de la que están hechas o la distancia que las separa.
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Más obras de Antonio Lopez García en estos enlaces:
Une vocation (La vocación), William Bouguereau, 1896, Oleo sobre lienzo
La Vocación
Fragmento del libro " El arte de vivir (Reflexiones sobre la vida) " por Manuel Pérez Villanueva. Editorial: Centro Editor de América Latina
Cada hombre tiene un don que le es propio.
Un don que, al igual que en las plantas, al principio no es sino un débil indicio en la semilla, un pequeño brote que debe ser cuidado y protegido a fin de que pueda llegar a ser causa de abundante fructificación.
Si tal se hace, el don queda a la vista y se manifiesta como facilitación para determinadas acciones: específicas formas de pensamiento, maneras de captar la vida o expresiones del sentimiento.
Ya sea hacia la senda de la verdad, la de la acción o la de la belleza, hay en nosotros una tendencia que nos caracteriza, que es innata o nos ha sido instaurada en edad tan temprana que ya se establece para siempre como la estrella polar que orientará nuestra vida.
Es lo que se llama vocación, aptitud, predisposición. Es esa inclinación que a veces sorprende por su fijeza o esa pericia que ya desde muy temprano puede asombrar por su grado.
Y lo que en ella es más peculiar, lo que, sobre todo, la torna valiosa cuando la desarrollamos plenamente y nos disponemos a seguirla, es la capacidad que tiene para otorgarnos toda la felicidad que el ejercicio de las propias facultades puede dar a un ser humano, felicidad que, a su vez, suele ser el heraldo del mayor gozo posible en esta vida.
Olvidar nuestro don, dejar que el bullicio del mundo apague el interno rumor con que nos acucia, ese rumor que al principio puede ser muy débil, es un terrible mal. Dejar de analizarnos para descubrirlo, de amparar sus incipientes manifestaciones o de seguir sus dictados, en una palabra, traicionarlo en aras de otras dedicaciones, es un error tan grave que a veces se paga con la infelicidad de por vida.
Por el contrario, atenderlo, aun a despecho de que pueda llevarnos por caminos exentos de beneficio o de gloria, aun a pesar de que pueda exigirnos sacrificios y renuncias que acaso, vistos sin su luz, pudieran parecer insoportables, resulta siempre satisfactorio y causa de verdadera ganancia, tanto para el ser individual como para el mundo entero.
Tal es lo que puede decirse al hablar del don que cada uno de nosotros llevamos dentro, oculto como un regalo de nacimiento.
Tal es lo que procede hacer con respecto a sus interiores instancias en la seguridad de que, atendiéndolas, hacemos una buena elección y realizamos aquello para lo que hemos venido a la escena de la vida.
No obstante, aun así, muchas personas no consiguen instalarse en esa tendencia que les ha sido conferida.
Por ignorancia de la misma, por la sutileza de sus primeras manifestaciones, que pueden pasar desapercibidas, por falta del valor suficiente para abrirle camino o, desgraciadamente y tan a menudo, por imperativos de la vida: sociales, económicos, educacionales, imperativos de esa vida que a veces es tan dura en sus condicionamientos que parece olvidarse de las flores que ella misma siembra en nuestro corazón.
En tal caso todavía existe una salida para la felicidad.
Todavía la esperanza de buenas cosechas, tanto de frutos como de alegrías, planea sobre nuestra parcela, pues tales frutos pueden llegar a maduros por el simple camino del interés.
Interés en profundizar a fondo, con la mayor aplicación que nos sea posible, esa tarea que nos viene impuesta. Interés por explorarla, estudiarla, investigarla. Interés por comprender cuanto se pueda ese papel que nos ha tocado ejercer y que tal vez espera tal interés para ser mejorado, transformado o descubierto como embrión de un nuevo desarrollo que lo haga más gratificante para quien la ejerce y más útil para el hombre en general.
Del conocimiento profundo nace la dedicación satisfactoria. De ella deviene la creatividad, y de esa creatividad puede emerger un árbol tan bello y frondoso como lo hubiera sido el surgido de aquella planta marchita que no pudimos atender.
Del conocimiento profundo nace también el amor.
Y el amor, por ser lo que es, nos sitúa ya, a despecho del don que perdimos, en la privilegiada parcela de los hombres dichosos.
La amargura es, por tanto, tan sólo para aquellos en los que, mustio el germen original por cualquiera de las causas posibles, se niegan a explorar el perfume de las flores nuevas.
Para ellos, sin duda, la felicidad pasará de largo.
Y el amor también.
Une vocation (La vocación), William Bouguereau, 1896, Oleo sobre lienzo
La Vocación
Fragmento del libro " El arte de vivir (Reflexiones sobre la vida) " por Manuel Pérez Villanueva.
Cada hombre tiene un don que le es propio.
Un don que, al igual que en las plantas, al principio no es sino un débil indicio en la semilla, un pequeño brote que debe ser cuidado y protegido a fin de que pueda llegar a ser causa de abundante fructificación.
Si tal se hace, el don queda a la vista y se manifiesta como facilitación para determinadas acciones: específicas formas de pensamiento, maneras de captar la vida o expresiones del sentimiento.
Ya sea hacia la senda de la verdad, la de la acción o la de la belleza, hay en nosotros una tendencia que nos caracteriza, que es innata o nos ha sido instaurada en edad tan temprana que ya se establece para siempre como la estrella polar que orientará nuestra vida.
Es lo que se llama vocación, aptitud, predisposición. Es esa inclinación que a veces sorprende por su fijeza o esa pericia que ya desde muy temprano puede asombrar por su grado.
Y lo que en ella es más peculiar, lo que, sobre todo, la torna valiosa cuando la desarrollamos plenamente y nos disponemos a seguirla, es la capacidad que tiene para otorgarnos toda la felicidad que el ejercicio de las propias facultades puede dar a un ser humano, felicidad que, a su vez, suele ser el heraldo del mayor gozo posible en esta vida.
Olvidar nuestro don, dejar que el bullicio del mundo apague el interno rumor con que nos acucia, ese rumor que al principio puede ser muy débil, es un terrible mal. Dejar de analizarnos para descubrirlo, de amparar sus incipientes manifestaciones o de seguir sus dictados, en una palabra, traicionarlo en aras de otras dedicaciones, es un error tan grave que a veces se paga con la infelicidad de por vida.
Por el contrario, atenderlo, aun a despecho de que pueda llevarnos por caminos exentos de beneficio o de gloria, aun a pesar de que pueda exigirnos sacrificios y renuncias que acaso, vistos sin su luz, pudieran parecer insoportables, resulta siempre satisfactorio y causa de verdadera ganancia, tanto para el ser individual como para el mundo entero.
Tal es lo que puede decirse al hablar del don que cada uno de nosotros llevamos dentro, oculto como un regalo de nacimiento.
Tal es lo que procede hacer con respecto a sus interiores instancias en la seguridad de que, atendiéndolas, hacemos una buena elección y realizamos aquello para lo que hemos venido a la escena de la vida.
No obstante, aun así, muchas personas no consiguen instalarse en esa tendencia que les ha sido conferida.
Por ignorancia de la misma, por la sutileza de sus primeras manifestaciones, que pueden pasar desapercibidas, por falta del valor suficiente para abrirle camino o, desgraciadamente y tan a menudo, por imperativos de la vida: sociales, económicos, educacionales, imperativos de esa vida que a veces es tan dura en sus condicionamientos que parece olvidarse de las flores que ella misma siembra en nuestro corazón.
En tal caso todavía existe una salida para la felicidad.
Todavía la esperanza de buenas cosechas, tanto de frutos como de alegrías, planea sobre nuestra parcela, pues tales frutos pueden llegar a maduros por el simple camino del interés.
Interés en profundizar a fondo, con la mayor aplicación que nos sea posible, esa tarea que nos viene impuesta. Interés por explorarla, estudiarla, investigarla. Interés por comprender cuanto se pueda ese papel que nos ha tocado ejercer y que tal vez espera tal interés para ser mejorado, transformado o descubierto como embrión de un nuevo desarrollo que lo haga más gratificante para quien la ejerce y más útil para el hombre en general.
Del conocimiento profundo nace la dedicación satisfactoria. De ella deviene la creatividad, y de esa creatividad puede emerger un árbol tan bello y frondoso como lo hubiera sido el surgido de aquella planta marchita que no pudimos atender.
Del conocimiento profundo nace también el amor.
Y el amor, por ser lo que es, nos sitúa ya, a despecho del don que perdimos, en la privilegiada parcela de los hombres dichosos.
La amargura es, por tanto, tan sólo para aquellos en los que, mustio el germen original por cualquiera de las causas posibles, se niegan a explorar el perfume de las flores nuevas.
Para ellos, sin duda, la felicidad pasará de largo.
Y el amor también.
Pueblos del Mundo - 22/03/2008 | Radio axioma, desde Granada (España) es el germen de un proyecto de colaboración interactiva que pretende crear una notable galería de información sobre la cultura de nuestros pueblos, tradiciones, sueños e historia que los define
Comunicado de Radio Axioma - 22/03/2008 | Hacemos una cordial invitación para que visite el portal "RADIOAXIOMA", en su sitio web, con audio on line: www.radioaxioma.com.ar En él, usted podrá exponer su obra con nosotros y darse a conocer a nivel internacional.
Programación en Radio Axioma - 22/03/2008 | Emitir programas de radio en radio por internet para unos cientos de oyentes es asequible y barato
Negocio de Radio - 22/03/2008 | NEGOCIO DE RADIO Su mejor negocio dentro del Mundo Global de Cultura Internet es: www.radioaxioma.com.ar el cual abarca un target competitivo, efectivo y sobre todo preciso. Ofrecemos acceso a información, noticias, negocios, eventos, equipos y u
FERANTUR. Feria Andaluza de Turismo y Desarrollo Rural - 22/03/2008 | En Sevilla (España) se celebrará el 27 de Marzo la feria internacional de turismo y desarrollo Rural, con la participación de mas de 600 expositores cuyo evento está enfocado al polo de atracción turístico y a posicionar la actividad en un mercado cultura
Arte onírico de algunas tribus de Brasil - 22/03/2008 | El arte es inherente al espíritu de cada integrante de los pueblos autóctonos y se manifiesta en los objetos confeccionados, ya sean utilitarios o de adorno.
Arte litúrgico - 22/03/2008 | La Capilla pontificia Redemptoris Mater está pensada para las celebraciones pontificias, restringidas en número, pero con la posibilidad de acoger hasta un centenar de personas que pueden estar cómodamente sentadas en hermosas sedes de terciopelo blanco
Los Lagos del cielo (Mara Romero Torres) - 31/12/2008 | Una carta de suicidio hace que Lidia emprenda un viaje desesperado, para salvar al ser que ama, y tendrá que acabar enfrentándose a un enemigo con el que no contaba.
Pueblos del Mundo - 22/03/2008 | Radio axioma, desde Granada (España) es el germen de un proyecto de colaboración interactiva que pretende crear una notable galería de información sobre la cultura de nuestros pueblos, tradiciones, sueños e historia que los define
Comunicado de Radio Axioma - 22/03/2008 | Hacemos una cordial invitación para que visite el portal "RADIOAXIOMA", en su sitio web, con audio on line: www.radioaxioma.com.ar En él, usted podrá exponer su obra con nosotros y darse a conocer a nivel internacional.
Programación en Radio Axioma - 22/03/2008 | Emitir programas de radio en radio por internet para unos cientos de oyentes es asequible y barato
Negocio de Radio - 22/03/2008 | NEGOCIO DE RADIO Su mejor negocio dentro del Mundo Global de Cultura Internet es: www.radioaxioma.com.ar el cual abarca un target competitivo, efectivo y sobre todo preciso. Ofrecemos acceso a información, noticias, negocios, eventos, equipos y u
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Arte litúrgico - 22/03/2008 | La Capilla pontificia Redemptoris Mater está pensada para las celebraciones pontificias, restringidas en número, pero con la posibilidad de acoger hasta un centenar de personas que pueden estar cómodamente sentadas en hermosas sedes de terciopelo blanco
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