La historia del hombre que fue a sacar la basura y le abrieron la
cabeza
Fuente: Acción Vegana - accionvegana.org
Muchos de vosotros habréis oído hablar de que la aseguradora mas
grande del mundo -Marsh- dejo a Huntingdon Life Sciences hara unos
tres años. A partir de entonces ninguna aseguradora quiso
relacionarse con HLS. Esto -dado que en Gran Bretaña es obligatorio
que todas las compañías estén aseguradas- debió suponer su cierre.
El gobierno británico -para no tener que enfrentarse a los ataques
de la poderosa industria farmacéutica- decidió ser su aseguradora
particular (!). Pero los trapicheos de los políticos no es lo que
pretendemos tratar en este texto, sino como el esfuerzo constante
nos hace lograr nuestros objetivos.
Pensar por un momento en Mapfre, esa aseguradora que tiene unos
edificios enormes en distintos puntos del estado; bueno, pues no os
habéis acercado ni lo mas mínimo a lo que es Marsh. Marsh, como
decíamos es la mayor aseguradora que existe. En distintos textos se
ha mencionado que los activistas por la liberación animal lograron
que rompiese sus relaciones con HLS, pero en la península pocos
saben lo que tuvieron que sudar para conseguirlo.
El proyecto en cuestión duro nada menos que un año y medio, y muchos
fueron los que durante esos meses tiraron la toalla y dijeron eso
tantas veces escuchado de "nunca lo conseguiremos". SHAC organizo
cientos de manifestaciones, mientras que el ALF se ocupo de que los
cristales de los edificios de Marsh fueran reventados incontables
veces. Pero la presión se concentraba especialmente en Estados
Unidos y en Inglaterra.
Los enormes rascacielos que Marsh tiene en la Gran Manzana de Nueva
York eran desalojados un día si y otro también por la policía; la
razón? una persona que nadie conocía en el movimiento pero que sin
duda le importaban los animales había recibido algún folleto en el
que se explicaba la relación de Marsh con HLS. En el panfleto
aparecía el número de teléfono de Marsh y en lugar de llamarles para
decirles que eran una escoria decidió telefonearles casi a diario
para comunicarles que había una bomba en sus edificios. Estas
amenazas falsas supusieron que cada día los policías tuviesen que
desalojar durante al menos una hora los rascacielos y rastrear todo
el edificio; papelera por papelera y escritorio por escritorio.
Traducido en dinero significo cientos de millones de dólares en
perdidas; por su parte, el estrés y la paranoia de los directivos de
Marsh no tenia precio.
Pero hablando de los directivos de Marsh debemos desplazarnos unos
cuantos miles de kilómetros hacia el este, concretamente a
Inglaterra. En este mismo periodo todos los directivos de la
aseguradora habían sido advertidos por la NETCU (National Extremism
Tactical Co-ordination Unit/Unidad Táctica Coordinada contra el
Extremismo Nacional) de que debían mirar debajo del coche, colocar
alarmas en sus casas, extremar la vigilancia en los edificios de
Marsh, etc. Cualquiera podría pensar que era una exageración, pero
los múltiples sabotajes que -aun siguiendo los consejos de la NETCU-
se llevaron a cabo indican lo contrario.
En una ocasión un directivo de Marsh, cuando iba a sacar la basura
por la noche se encontró una agradable sorpresa; había un grupo de
individuos con pasamontañas colocando unos artefactos incendiarios
en el edificio contiguo a su casa, el cual era una mezcla entre
garaje y caseta de herramientas o trastero. Los encapuchados, en
lugar de asustarse y huir despavoridos se miraron unos a otros con
complicidad. Sonrientes decidieron no dejar pasar esa oportunidad
que se les había presentado. Sacaron sus respectivos bates de
béisbol y se abalanzaron sobre el. El estado en el que quedo el
sujeto en cuestión es de imaginar, pero lo peor no fueron las
consecuencias físicas que esto acarreo, sino las psicológicas.
El hecho en cuestión fue acallado por los media. Al parecer el
gobierno y la propia Marsh estaba muy interesados en ocultar lo
sucedido para que no cundiese el pánico. Por su parte, los
encapuchados, como suele ocurrir, no hicieron ningún tipo de
reivindicación. Pero, tres semanas más tarde, en el Daily Mirror,
aparecía una entrevista de una página entera a la mujer del
agredido. Triste y apenada comentaba que el ataque había causado en
su esposo un trastorno de stress postraumático tal que le había
inducido a abandonarla. La vida del director de Marsh se había
arruinado aquella noche.
Sobre este hecho muchos opinamos que posiblemente fue en algún
sentido "pasarse un poco de la raya", pero lo cierto es que ocurrió.
Ocurrió y no debemos ocultarlo. Tampoco podemos negar que fue uno de
los muchos granitos de arena que hicieron que Marsh tirase la
toalla.
Dentro de las infinitas acciones contra Marsh, por sorprendente que
parezca esta no fue la gota que colmo el baso. Por el contrario, la
gota que colmo el baso nos hace pensar sobre la capacidad
estratégica que tiene SHAC. SHAC conocía a su enemigo, y sabia que
uno de sus mayores intereses era el de tener una intachable imagen
publica. Imagen que SHAC estaba tirando por la borda día tras día.
Con fines publicitarios Marsh llevaba tiempo siendo la patrocinadora
del Ballet Nacional Ingles. Aquella noche (otra distinta a la de
la "sorpresita" al director de Marsh) inauguraban una nueva obra y
el aforo estaba completo. Pocos minutos después de empezar la obra
diversas personas, dispersas entre el publico se levantaron de sus
asientos y comenzaron a arrojar folletos y flyers; sacaron sus
megáfonos y chillaron descontrolados. Los guardas de seguridad no
daban a basto. Simultáneamente, en el escenario, otro grupo de
personas encapuchadas desplegaba una pancarta enorme en la que se
leía: MARSH ASESINA ANIMALES EN HUNTINGDON LIFE SCIENCES. Una semana
después Marsh anunciaba a los cuatro vientos que no quería oír
hablar de HLS jamás.
La conclusión a la que debemos llegar aquellos que luchamos por la
liberación de todos los animales es la siguiente: podemos lograrlo;
no tiremos la toalla. La conclusión a la que deben llegar los amigos
de HLS y el resto de escoria que habita este planeta es obvia:
rendiros; tarde o temprano morderéis el polvo.