Frutarianismo vs. addicciones
Por Luciano Bonfico - frutariano@...
¿Nos falta voluntad o nos falta motivación?
¿Quién de nosotros/as no ha experimentado en el curso de su vida
eso tan difícil que es el desembarazarse de un mal hábito, incluso
transitoriamente? Por mucho que sepamos lo dañino que resulta el
consumo de ciertos alimentos, no hay caso. Siempre es la pizza, o la
fritanga, o el puré de papas, o los ravioles, o la milanesa de soja,
o los ñoquis, o el pan, o los fideos, o un alimento chatarra los que
se salen con la suya. A veces te preguntarás si eres un ser
desprovisto de voluntad. La respuesta es no: la tienes y bien fuerte.
Pero sucede que la voluntad no es un "quantum" fijo del que pueda
echarse mano como de un abrigo o de unas monedas. Se trata por el
contrario de una de las entindades más misteriosas y complejas del
universo. Su principal misterio consiste en que existe cuando
funciona, esto es, que solo mediante actualización es que puede
manifestarse. Puede alguien disponer de una poderosa energía
volitiva, y no obstante no hallar dentro suyo motivación suficiente
para usufructuarla. De modo que hay razones valederas para sospechar
que detrás de una voluntad pasiva lo que se esconde es una
correlativa ausencia de motivación. Ahora bien, cómo lograr esa
motivación es la gran pregunta. Mi respuesta es la siguiente: para
llevar adelante un proyecto que importe sacrificio es preciso estar
convencido/a de los beneficios a futuro. Si mediante explicaciones
adecuadas y fundamentos rotundos es inoculado nuestro espíritu con la
certeza profunda de que un ayuno o un régimen frutariano apareja el
mejoramiento integral de nuestra salud y rendimiento corporal,
entonces la voluntad del individuo que reciba dicha información se
activará espontáneamente y sin necesidad siquiera de que él se
lo proponga. Algo así como conocer a una hermosa mujer y querer
cortejarla.
Dicho esto, ¿cuál es la adicción que más corrientemente se alza con
la victoria cuando de derrotar voluntades humanas se trata?
Mundialmente la que más prevalece en todos los órdenes es la
proveniente de la manía humana por consumir alimentos cocinados, o
bien procesados y generosamente acompañados de todo tipo de
condimentos. A lo largo de miles de años, los seres humanos, se
han enorgullecido -¡vaya candidez!- de alterar el gusto natural de
sus comidas mediante el sazonamiento de las mismas. A eso
llaman "paladar refinado". Pero lo que en realidad hacen dichos
condimentos es asesinar, valga la metáfora, el gusto exquisito que
con toda gratuidad nos dispensa la gran Madre Natura. No es de
extrañarse, puesto que desde muy pequeños/as hemos pervertido las
facultades gustativas básicas con hábitos culinarios ajenos a nuestra
naturaleza, pero triunfantes en virtud de la costumbre y de la pereza
para cambiar. De modo que no constituye una guía confiable el paladar
de gente que no ha conocido otra cosa en la vida que alimentos
procesados. Désele la oportunidad y el tiempo necesario para revertir
su catástrofe gustativa y es muy probable que jamás regrese "motu
propio" y al rancio sabor de lo hervido y de lo magullado por el
fuego que se catapulta en tus arterias como un despiadado saqueador.
Entonces ¿te falta voluntad o te falta motivación? Si alguna de
ellas te faltaba, ya no hay más excusas.
Luciano Bonfico, Mayo 2001, Buenos Aires, Argentina.