Los jíbaros, el conocido pueblo que reduce las cabezas de sus enemigos como objetos de prestigio, tienen una disposición legal muy terminante: Matar a toda persona que ingrese a su territorio sin las insignias y contraseñas que sólo sus amigos conocen. Puede parecernos terrible, pero si esa consigna no se respetara, ya no habría jíbaros en el Amazonas. Estarían como esclavos de tercera en las fábricas de la civilización, y sus mujeres, que siempre han vivido desnudas, estarían semi-vestidas en los burdeles de "nosotros, los civilizados".
Lo que tal vez resulte menos conocido para muchos, es que hasta hace unos doscientos años, era posible acercarse a los jíbaros sin miedo alguno. Como sucede en muchos pueblos tribales, cualquier presencia humana extraña era motivo de una gran fiesta, ocasión de entablar alianzas entre diferentes grupos. Pero los buscadores de oro y diamante, y los tratantes de mujeres, fueron suficiente motivo para dictar esa consigna que hoy hace impenetrable ciertos lugares. A pesar de no tener tecnología, se defienden. Prefieren morir antes que caer esclavos, pues no es otro el destino que puede darles nuestra sociedad.
Lo que tal vez resulte menos conocido para muchos, es que hasta hace unos doscientos años, era posible acercarse a los jíbaros sin miedo alguno. Como sucede en muchos pueblos tribales, cualquier presencia humana extraña era motivo de una gran fiesta, ocasión de entablar alianzas entre diferentes grupos. Pero los buscadores de oro y diamante, y los tratantes de mujeres, fueron suficiente motivo para dictar esa consigna que hoy hace impenetrable ciertos lugares. A pesar de no tener tecnología, se defienden. Prefieren morir antes que caer esclavos, pues no es otro el destino que puede darles nuestra sociedad.