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[cristianos] De la Revista Apuntes Pastorales.

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  • Pedro Lastra
    (Aprovecho la oportunidad para disculparme, pués me será imposible enviarles correspondencia esta semana hasta el Jueves, debido a que estaré en una
    Mensaje 1 de 9 , 31 dic 1969
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      (Aprovecho la oportunidad para disculparme, pués me será imposible
      enviarles correspondencia esta semana hasta el Jueves, debido a que estaré
      en una reunión llamada: "Unción y Poder" en Amistad Cristiana de Puebla.
      Muchos saludos y bendiciones).
      ___________________________________________________________________________
      Cometer errores o consolar.
      Por Patricia Palau

      ¿Qué hacer cuando alguien que tu conoces está sufriendo?

      El otro día escuché a una mujer cristiana describir como una amiga
      había «cometido varios errores» mientras trataba de consolarla durante
      un tiempo difícil. Se quejaba de que su amiga le había ofrecido
      consejo, soluciones, y aún había tenido la audacia de citar las
      Escrituras.

      Cuando me diagnosticaron el cáncer por primera vez hace varios años,
      mis amigos, familia, y aún desconocidos me brindaron amor. ¿Qué
      hubiera pasado si todos me hubieran evitado por temor a «cometer un
      error»?

      Hoy en día no sólo se nos desalienta de consolar a otros por temor a
      «cometer errores», sino también se nos descalifica del ministerio a
      menos que hayamos compartido la misma experiencia de divorcio, muerte,
      cáncer, abuso o alcoholismo. ¿Me equivoco al intentar consolar a mi
      amiga porque no he experimentado el abandono de mi esposo? ¿Es el
      consejo bueno sólo cuando viene de alguien que ha sufrido la misma
      experiencia? ¿Es esto lo mejor que podemos ofrecer ­la compasión de
      quienes andan por el mismo camino? Pienso que no.

      No hace mucho había terminado de lavar los platos del desayuno cuando
      sonó el teléfono. Era una amiga de la iglesia que me decía en voz
      temblorosa, «¿Puedo ir a verte?»

      Unos minutos más tarde ­mientras tomábamos café en la mesa de mi
      cocina­ me contó que su esposo la había dejado. El hecho de no haber
      experimentado esa clase de dolor, no me impidió decirle que me
      importaba mucho su situación. Ni me impidió decirle que el mismo Dios
      que me toca y me conforta cuando estoy al final de mis fuerzas, haría
      lo mismo por ella.

      Cuando un amigo necesita consuelo, no se retraiga, pensando que no
      tiene ni la experiencia ni las palabras. Consolar y alentar a nuestros
      hermanos y hermanas en el Señor no es una tarea reservada solamente
      para los «expertos». Es el deber y el privilegio de toda la iglesia.

      Cuanto más vivo, más doy gracias por aquellos que hicieron esfuerzos e
      intentaron consolarme cuando estaba enferma de cáncer. Nunca olvidaré
      a esos amigos, siempre serán especiales para mí, porque me brindaron
      amor y consuelo, a pesar de que eso era lo menos que querían hacer en
      ese día. No tenían miedo de «cometer un error». Algunos tenían cosas
      profundas que decir y otros respondieron con acciones atentas.

      Después de mi cirugía una amiga vino a verme al hospital. Luego me
      pregunté si yo hubiera visitado a una amiga que recién había pasado
      por el día más triste de su vida. Estoy tan agradecida de que ella no
      tuvo miedo de hacerme sentir que se preocupaba por mí.

      Era una nueva creyente con poco trasfondo cristiano. Pero mientras
      estaba sentada al lado de mi cama, Dios la usó cuando dijo, «Creo que
      vas a tener que dejar que tus amigos carguen tu dolor contigo».
      Recibí gran consuelo en su deseo de ayudarme a cargar mi dolor. Y a su
      manera, ella lo hizo.

      ¿Había ella tenido cáncer? No. Tampoco tenía un doctorado en
      consejería. Ni enfrentaba la posibilidad de dejar a su esposo e hijos,
      como yo la tenía. Pero me consoló con una sola frase de esperanza.

      Durante mi batalla con el cáncer cientos de personas se comunicaron
      conmigo. Muchos citaron Jeremías 29:11, «Porque yo sé los pensamientos
      que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no
      de mal, para daros el fin que esperáis». Me sentía confortada cada
      vez que leía éste versículo. Nunca pensé: «¡Seguramente podrían haber
      encontrado un versículo más original!». Al contrario, el hecho de que
      éste versículo me fue dado tantas veces durante mi enfermedad me dio
      un sentido de que este era en verdad un mensaje de Dios para mí.

      Sin embargo siempre habrá gente fría que citan las Escrituras con
      ligereza, sin meditar en lo que están diciendo y creen que tienen una
      respuesta para cada ocasión. No debemos olvidar que en momentos de
      dificultad y estrés, nada, absolutamente nada, reemplaza a las
      Escrituras.

      Cuando me siento débil y desanimada busco a alguien con la luz de
      esperanza en sus ojos. Alguien que me consuele y dé animo.

      Las Escrituras nos dan esperanza, no sólo para el presente, sino
      también para la eternidad. Si el mayor temor ­la muerte­ se hace
      realidad, Dios me ha prometido el cielo. Estoy segura de esto. Esta
      no es una respuesta «típica» para evitar dar consuelo. Es la fuente,
      donde encontramos las respuestas, la verdad más grande, en un mundo
      que a veces no tiene sentido.

      Mientras me sentaba a escribir estos pensamientos, mi esposo llamó a
      un amigo en México cuya madre había fallecido. Luis tenía su Biblia
      abierta en el Salmo 46 y con el permiso de su amigo, se lo leyó. No he
      conocido a nadie que rehuse escuchar a las Escrituras en un momento de
      dolor.

      Muchas veces quienes experimentan pérdidas y dificultades están solos
      porque quienes podrían consolarlos no saben qué decir. Cuando Luis y
      yo escuchamos que el hijo de unos amigos había muerto, nuestra primera
      reacción fue evitar a los dolientes. Pero como cristianos nuestro
      deber era mostrarles amor. Así que marcamos su número, respiramos
      hondo y les recordamos que estábamos pensando en ellos, y orando por
      ellos.

      Más tarde esa noche les escribí una nota para que supieran que nos
      preocupábamos por ellos. No les ofrecí consejo porque las personas que
      sufren no necesitan consejo, simplemente necesitan nuestro amor, apoyo
      y oraciones. Luego, en tarjetas escribí versículos bíblicos con
      respecto a la promesa de la presencia de Dios en tiempos difíciles.
      Escribí el versículo completo, no sólo las referencias. Las personas
      que están luchando con una pérdida están mental y físicamente
      exhaustas y puede que no busquen las referencias en sus Biblias. Me
      gusta usar versículos como «echando toda vuestra ansiedad sobre Él,
      porque Él tiene cuidado de vosotros» (1 P. 5:7) y «enseñándoles que
      guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con
      vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28:20). Esa
      experiencia me ha hecho escribir notas con versículos conteniendo
      esperanza para amigos que están enfrentando circunstancias dolorosas.

      En tiempos de sufrimiento buscamos a aquellos con una mirada de
      confianza que nos comunica que sí, Dios existe, y sí, Dios nos ama.
      El sufrimiento desarrolla un sentido especial y nos lleva a aquellos
      que tienen una íntima relación con Dios.

      Necesito a esas personas a mi alrededor. No me importa si han
      estudiado cómo comportarse con los enfermos, ni si saben mucho sobre
      consejería. Lo que me importa es si conocen a Dios personalmente y si
      están preparados para dejar que su confianza me contagie ­aún si no
      saben exactamente cómo me siento.

      No «cometería errores» si está citando la Palabra de Dios. Las
      Escrituras son lo que Dios Dice ­viva y poderosa. Cuando sienta que
      el Espíritu Santo le incita a consolar a otro, ¡hágalo! Ofrezca su
      consuelo en forma amorosa y con sensibilidad, no hablándole con
      altivez. En amor, como un compañero en el discipulado de Jesucristo,
      puede compartir a Cristo y Su Palabra con quienes sufren.
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    • Pedro Lastra
      EL SENTIMIENTO DE CULPA Como cristianos, nos regocijamos de que nuestra salvación está segura en Cristo y sabemos que nuestros pecados están por siempre
      Mensaje 2 de 9 , 3 dic 1999
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        EL SENTIMIENTO DE CULPA

        Como cristianos, nos regocijamos de que nuestra
        salvación está
        segura en Cristo y sabemos que nuestros pecados están
        por siempre
        lavados con su sangre. Nos maravillamos de su infinita
        misericordia
        pues nos perdonó aun cuando no lo merecíamos. Sin
        embargo, a menudo
        sucede que no nos perdonamos a nosotros mismos.

        Por supuesto que sabemos que "cuanto está lejos el
        oriente del
        occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones"
        (Salmo
        103:12). No obstante continuamente llevamos la pesada
        carga de la
        culpa--y es innecesario.

        Creemos estar obligados a llevar esta pesada carga,
        cuando en
        realidad ése nunca fue el propósito de Dios. Debemos
        aprender a
        liberarnos de nuestra culpa.

        A veces el peso de la culpa es simplemente falsa
        condenación.
        Cuando era muchachito, mi madre tenía la convicción de
        que si yo
        alguna vez iba al cine a ver una película--tratara de lo
        que
        tratase--el piso del cine se abriría y me llevaría
        directamente al
        infierno. Yo me sentía mal hasta si pasaba por un cine.
        Ahora bien,
        eso era culpa falsa.

        Paul Tournier, un respetado psicólogo suizo, ha dicho:
        "La falsa
        culpa viene como resultado de ideas y criterios
        humanos." La gente a
        veces quiere controlarnos o manipularnos creando reglas
        y normas que
        la Biblia nunca menciona. Debemos identificar esas
        falsas culpas con
        sumo cuidado y oración, y luego debemos librarnos de ellas.

        En otras ocasiones llevamos pesadas cargas de culpa
        porque no
        hacemos con ella lo que corresponde. Hay al menos tres
        respuestas
        inadecuadas para con la verdadera culpa:

        En primer lugar, podemos reprimirla. Tratamos de
        cubrirla y de
        negar su existencia. Ponemos la mira en nuestras faltas
        insignificantes en lugar de reconocer nuestra culpa
        real. Como
        resultado, perdemos la paz y a veces hasta sufrimos
        físicamente.

        En segundo lugar, podemos lamentar nuestro error. Pero
        el solo
        hecho de decir "lo siento" no reconoce la seriedad de
        nuestro pecado y
        la consiguiente responsabilidad.

        En tercer lugar, podemos sentir remordimiento por el
        pecado.
        "Nunca volveré a hacerlo", prometemos. El mismo Judas
        sintió
        remordimiento después de haber traicionado a Cristo
        (Mateo 27:3-4).
        Sin embargo, le faltó un paso para llegar a lo que la
        Biblia llama
        arrepentimiento.

        El arrepentimiento es la manera bíblica y correcta de
        responder al
        pecado. En el momento que entregamos nuestra vida a
        Cristo, nuestros

        pecados--pasados, presentes y futuros--fueron
        perdonados. La justicia
        de Dios fue satisfecha. Pero ahora como hijos de Dios
        debemos mantener
        comunión con El. Para lograrlo, debemos confesar
        nuestras faltas al
        Padre Celestial cuando nos damos cuenta de que hemos
        pecado.

        El escritor cristiano C. S. Lewis dijo que la verdadera
        culpa es
        un sistema de alarma interno que revela el pecado en
        nuestra vida y
        nos señala la pérdida de la comunión con Dios. El
        Espíritu Santo usa
        la culpa para instarnos a volver de nuestros pecados y
        regresar al
        Padre.

        Una vez que nos libramos de la falsa culpa y hacemos lo
        que
        debemos hacer con nuestros pecados, somos libres de la
        carga de la
        culpa. Isaías 55:6-7 nos da esta seguridad: "Busquen al
        Señor
        mientras puedan hallarlo. Invoquen su nombre ahora
        mientras está
        cercano. Dejen los hombres sus maldades; expulsen de su
        mente toda
        idea de mal. Vuélvanse al Señor para que se apiade de
        ellos; a
        nuestro Dios, pues El dará abundante perdón" (BD).

        Líbrese de su sus cargas y vuélvase a Dios ahora mismo.
        El está
        esperando.
      • Pedro Lastra
        _____________________________________________ Abuso en la iglesia: La mentalidad de los que están atrapados en una secta por Juan Antonio Edmiston Una fiel
        Mensaje 3 de 9 , 3 dic 1999
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          Abuso en la iglesia: La mentalidad de los que
          están atrapados en una secta
          por Juan Antonio Edmiston
          Una fiel pareja cristiana descubre que su hijo (o hija) -jóvenes
          con todas las luces- ya no les hace caso y está atrapado en un
          grupo que preocupa a los padres sobremanera. Los hijos ya no son
          los mismos, y cuando los padres señalan la teología equivocada o
          la baja moral, los hijos los acusan de ser «instrumentos de
          Satanás». Finalmente el joven deja el hogar y se une al grupo en
          forma permanente. Los padres sienten que han perdido
          definitivamente a su hijo.
          Este artículo habrá de considerar qué les sucede a las personas
          que se unen a sectas y por qué lo hacen. También tratará de
          ayudar al lector a implementar estrategias útiles en tales
          situaciones.
          Una secta es una trampa que tiene control sobre la mente. La
          persona que se une a la secta nunca quiso verse como parte de una
          trampa. Son personas engañadas. Creyeron estar uniéndose a algo
          maravilloso, cuando en realidad se han unido a algo sumamente
          destructivo. Las emociones, los pensamientos, el acceso a
          información y la conducta a menudo se hallan sumamente
          controlados a través del aislamiento, un rígido y ya
          preestablecido estilo de vida, adoctrinamiento, y manipulación
          emocional. Llega a ser siniestro.
          Si usted tiene un familiar o un amigo que es parte de una iglesia
          destructiva, tal vez se pregunte cómo es posible que haya
          cambiado de manera tan radical. Eso sucede porque el proceso de
          adoctrinamiento que usan las sectas produce una segunda
          personalidad; la verdadera personalidad sigue existiendo, pero
          está reprimida. La clave para ayudar al ser amado a dejar la
          secta es poder acceder a la verdadera personalidad.
          Siguen aquí algunas informaciones útiles para ayudarlo a usted a
          entender la situación.
          1. La persona que usted conoce sigue existiendo, pero
          superimpuesta se halla una segunda personalidad, la de la secta.
          Esta otra personalidad siente la gran necesidad de conformarse a
          los deseos del grupo y/o de su líder, y de ser aceptada por
          ellos.
          2. Estas personalidades adicionales son imitaciones baratas y
          parecieran artificiales. Por ejemplo, tal vez todo el grupo use
          las mismas frases gastadas, se vistan en forma similar, sonrían
          de la misma manera, se rían del mismo modo, y sientan y vivan la
          vida con la misma vehemencia. En las iglesias normales hay una
          mezcla de gente triste y alegre, gruñona y afectuosa,
          extrovertida e introvertida. Las sectas destruyen esta
          diversidad tan natural y la reemplazan con una identidad
          artificial y manejable.
          3. La personalidad que ha sido agregada no cuenta con demasiada
          fuerza fuera del grupo, mientras que la verdadera personalidad
          tiene una inmensa energía y quiere reafirmar su posición. Es
          como mantener apretado un resorte: se necesita fuerza. Por esta
          razón las sectas manipulan a la gente. Si la persona puede
          volver a ver a viejos amigos o seres queridos, a veces
          simplemente por tres días, la verdadera personalidad puede
          recibir «aire fresco» y volver a la superficie. Sin embargo,

          esto no siempre puede ser fácil de manejar. Hay también
          profundos temores que se han sembrado para que la persona en
          verdad crea que, fuera del grupo, su vida tiene muy poco valor -o
          tal vez ningún valor.
          4. La personalidad superimpuesta está cimentada en necesidades
          emocionales latentes y en el sello de aprobación de muchos, y con
          frecuencia carece de suficiente capacidad de reflexión o de
          crítica fuera del dogma de la secta. Probablemente, entonces,
          las confrontaciones directas basadas en el razonamiento no han de
          funcionar si usted está ante una personalidad adicional con
          motivo de la influencia de la secta.
          5. La verdadera personalidad es el mejor aliado, pero ha sido
          gravemente dañada por las manipulaciones coercitivas y
          esclavizantes. De modo que se ha vuelto hipersensible a la
          manipulación. Pero es probable que se sienta profundamente
          gratificada por el amor verdadero y genuino.
          6. Si bien esta otra personalidad por lo general se hace pedazos
          después que la persona deja el grupo, aún tendrá poder y control
          en ciertas áreas. La persona a menudo siente que está fuera de
          la voluntad de Dios, siente que no es salva o que ya no forma
          parte del plan de Dios para su generación. Con frecuencia siente
          que ha transigido y ha hecho concesiones al dejar la secta, y que
          de ahora en más la vida es virtualmente trivial y sin sentido.
          Esto sucede porque la secta ha plantado estas creencias en el
          subconsciente como parte del proceso de adoctrinamiento (el culto
          es bueno/el mundo es malo), y a veces lleva años erradicar estas
          creencias. Sin embargo, al explicar con cuidado las técnicas de
          control de la mente y ofrecer sanos consejos, la gente podrá
          considerar estos pensamientos y sentimientos a la luz de la
          realidad. Esto los ayudará a resistir la vuelta a la secta como
          manera de hallar significado a la vida.
          Ahora que ha comprendido esto, tal vez usted se pregunte: Pero
          ¿cómo hago para sacarlo/sacarla de la secta? Responder esa
          pregunta lleva mucho más de lo que puedo llegar a incluir en este
          artículo. Sin embargo, hay cuatro cosas fundamentales.
          A. Crear un ambiente propicio para que la persona se sienta
          bienvenida. No enojarse ni confrontarla. Las personas cambian
          como resultado del amor, no del enojo de otros. En el relato del
          viento y el sol que trataban de quitarle el abrigo a un hombre,
          mientras más fuerte soplaba el viento, el hombre más apretaba su
          abrigo, mientras que el sol simplemente sonrió y brilló, y no
          pasó mucho tiempo para que el hombre se quitara el abrigo. La
          segunda personalidad es como ese abrigo. Si usted se enoja, esa
          personalidad envolverá aún más fuertemente a la persona, quien es
          probable que lo catalogue a usted como un instrumento del
          demonio. Sin embargo, si usted muestra amor, la personalidad
          adicional casi no encuentra razones para permanecer allí. Las
          necesidades emocionales de la persona habrán sido satisfechas, y
          se quitará el abrigo.
          B. El segundo paso es parte de la creación de una atmósfera
          cariñosa y de aceptación: buscar ayuda en cuanto a dinámica
          familiar. Cuando en una familia uno de sus integrantes está

          atrapado en una secta, les aconsejo que traten de asistir a por
          lo menos tres sesiones de terapia familiar con un buen consejero.
          Esto logra varias cosas. En primer lugar, ayuda a la familia a
          enfrentar conflictos que pueda tener con quien está en la secta.
          En segundo lugar, los ayuda a entender cómo funcionan los grupos
          y les brinda un conocimiento básico de dinámica de grupo. En
          tercer lugar, si tiene éxito, ayuda a que el hogar sea un sitio
          más cómodo para que la persona regrese. Por lo general, las
          sesiones no harán daño, y potencialmente pueden hacer mucho bien.
          C. Tratar de obtener toda la información posible en cuanto a la
          secta: cómo funciona, sus técnicas de adoctrinamiento, el
          liderazgo, y demás. Hable con ex miembros de la secta. Esto es
          importante y le dará a usted una buena idea de cómo los miembros
          del grupo han sido programados en cuanto a sus reacciones, y
          además le indicará qué métodos han de funcionar mejor. Examine
          las Escrituras y busque allí información sobre las creencias de
          la secta. Así podrá demostrar, con la Palabra de Dios, que
          dichas creencias son equivocadas y que, por ejemplo, el grupo
          interpreta versículos fuera de contexto. A fin de ayudar a
          alguien a dejar una secta, hay que hablarle tanto al intelecto
          como al corazón.
          D. Formar un grupo de oración para que específicamente ore por su
          ser querido. Trate de reunirse una vez por semana a fin de orar
          por lo siguiente: (a) Que el engaño pueda ser truncado y la
          persona se dé cuenta de las incongruencias, las mentiras y el
          egoísmo que existe en el fondo de todas las sectas. Que las
          fuerzas espirituales puedan ser abatidas. Que las manipulaciones
          dejen de tener poder sobre la persona. (b) Que la persona pueda
          recordar las buenas épocas y las condiciones positivas que
          anteriormente disfrutaron en el hogar. (c) Que pueda surgir una
          profunda insatisfacción con la secta y asimismo grandes ansias de
          dejar el grupo. (d) Que puedan tener la valentía para actuar y
          que de manera soberana Dios haga surgir oportunidades para que
          abandonen la secta. (e) Por protección física, emocional y
          espiritual para usted al abordar este mal tan real. Dios puede
          llegar a las personas a través del espíritu cuando nosotros no
          podemos llegar a ellas. Él puede disponer circunstancias cuando
          lo único que sentimos nosotros es frustración. ¡Él es Señor!
          El paso siguiente para usted es hacer una investigación muy
          específica. Seguidamente encontrará preguntas que le ayudarán a
          entender por qué su ser querido ingresó a la secta, contribuirán
          a entender al grupo en sí, y ayudarán a todos los que lo están
          ayudando a usted a que la persona abandone la secta. Las
          respuestas a estas preguntas pueden servir como punto de partida
          para acción ulterior y oración.
          Emociones y relaciones interpersonales
          1. ¿Qué tipos de estrés estaba atravesando la persona en los dos
          años previos a unirse a la secta? ¿La muerte de un ser querido?
          ¿Divorcio? ¿Mudanzas? ¿Presiones laborales? ¿Enfermedad?
          ¿Complicaciones legales...?
          2. ¿Era la persona feliz y exitosa en líneas generales? ¿Acaso

          la soledad y la depresión constituían problemas?
          3. En el hogar, ¿podía la persona ser engañada a menudo con
          embustes? ¿Era bastante crédula e incauta? ¿Tenía buenas
          facultades críticas la persona? ¿Acaso hay cierto desequilibrio
          en las facultades críticas, por ejemplo, siendo muy lógicos y
          perspicaces intelectualmente, pero vulnerables y con la tendencia
          a relaciones imprudentes en lo emocional?
          4. ¿Solían tratar de escaparse de la realidad por medio de
          ilusiones, uso de drogas, fantasías, alcohol, promiscuidad sexual
          y tipos de conducta por el estilo? ¿Fueron dominados por
          terceros o sufrieron abuso de alguna clase?
          5. ¿Eran felices en el hogar? ¿Estaban constantemente peleando
          con los hermanos o los padres? ¿Expresaban amor hacia la
          familia? ¿Estaban seguros/inseguros del amor de la familia hacia
          ellos?
          La secta propiamente dicha
          6. ¿Se unieron a la secta de repente o en forma gradual a través
          de cierto período? ¿Cuánto tiempo duró el proceso?
          7. ¿Cuáles fueron los primeros cambios que usted notó?
          8. ¿Qué pasó a partir de ese momento? Escriba una detallada
          secuencia de los eventos desde su perspectiva. Compare esto con
          la secuencia de eventos desde la perspectiva de otros amigos y
          familiares. Obtenga y coteje tanta información como sea posible.
          9. ¿Cuáles son las técnicas de control mental que usted
          presiente/sabe se están utilizando?
          * Control del acceso a información -acceso restringido a
          medios de comunicación como por ejemplo diario y televisión.
          * Control del comportamiento -un estilo de vida claramente
          prescrito. Felicidad a través de realizaciones y logros.
          * Manipulación emocional -aprobación seguida de desaprobación.
          Temor y sentimiento de culpa.
          * Adoctrinamiento con una rígida estructura de creencias.
          Enseñanzas falsas.
          * Presentación de la vida fuera del grupo como algo malvado,
          temible o demoníaco.
          * Abuso de autoridad. La persona no puede hacer ni siquiera
          cosas triviales sin la autorización de un superior.
          * Recitados con cadencias monótonas, hiperventilación,
          hipnosis, largas jornadas de trabajo, inanición, falta de
          sueño.
          * ¿Acaso la persona está siendo humillada, usada sexualmente o
          degradada de alguna otra manera?
          * ¿Están las finanzas controladas en forma extrema? ¿Se
          supone que la persona debe dar todo a la secta?
          * Elitismo -¿hace la secta que la persona se sienta parte de
          un grupo elitista?
          * Voluntad grupal versus voluntad individual -¿quién tiene la
          última palabra?
          * Imitación del líder -¿parecen iguales todas las personas?
          * Estricto control del matrimonio, las prácticas sexuales, el
          régimen de comidas.
          * Las experiencias (y no las cualidades del carácter) son la
          base del status en el grupo. Visiones y sueños son el
          fundamento para la autoridad espiritual y el prestigio. Esto
          fuerza a la persona a «tener» dichas experiencias.
          10. En circunstancias normales, ¿objetaría la persona la forma
          en que es tratada ahora? Si así fuera, ¿qué es lo que más le
          molestaría? Esto podría ser una parte importante en su
          estrategia de comunicación.
          Haciendo que regresen al hogar
          11. ¿Está usted cuidándose adecuadamente y pensando en el

          futuro? ¿O acaso está reduciéndose a nada, agotándose,
          angustiándose por «la secta»? ¿Está descuidando a otros en la
          familia? No permita que esta crisis se convierta en el centro de
          su vida ni en su vida. La persona sentirá deseos de dejar la
          secta en razón del estilo de vida familiar feliz, funcional y
          propicio al retorno. Esfuércese por ser feliz, estar sano y
          vivir de manera funcional. Prepárese a sí mismo y a su familia
          para acciones constructivas.
          12. Considere la posibilidad de llamar a la policía, al
          departamento impositivo o a otras autoridades para que
          investiguen a la secta. ¿Sería un asunto de interés para los
          medios masivos? Comience con periódicos y publicaciones locales.
          Un periódico regional tendrá más interés en el caso y tal vez
          quiera dedicarle tiempo y energía. Los periódicos locales llegan
          a otras empresas más grandes y a redes de noticias mayores. Es
          asombroso lo que puede suceder cuando uno empieza a moverse en
          cosas pequeñas y deja que Dios se haga cargo de la situación.
          13. ¿Conoce usted a ex integrantes de la secta? ¿Cree que
          estarían dispuestos a ayudarlo a sacar de allí a su ser querido?
          ¿Qué le pueden decir estas personas en cuanto a las condiciones
          dentro de la secta?
          14. ¿Qué tipo de evento familiar tendría más posibilidades de
          que la persona haga una visita al hogar? ¿Hay alguna manera
          correcta de que puedan alejarse de la secta por tres días
          mientras reciben palabras de consejeros, familiares, amigos y un
          buen pastor?
          El período de seguimiento (hasta dos años)
          15. ¿Ha desarrollado el arte de saber escuchar? La capacidad
          para escuchar a fin de que haya buena comunicación y comprensión,
          es una habilidad que resulta crítica. Durante las primeras horas
          en que se establece contacto, la persona frecuentemente estará
          muy nerviosa en cuanto a lo que usted pudiera decir sobre la
          secta. Por lo tanto usted debe ser capaz de establecer con
          habilidad buenas líneas de comunicación.
          16. ¿Nota usted que la persona atrapada en la secta reacciona de
          manera extraña ante palabras claves o cierta música? Por
          ejemplo, un ex integrante de la secta «Dios es amor» podría
          pensar en la secta cada vez que se usa esa frase en contextos
          normales o en canciones. La solución está en ayudar a la persona
          a encontrar asociaciones de pensamiento que sean más
          constructivas o agradables. Es bueno enseñar a la persona a
          pensar en algo agradable cuando escuchan cierta música o palabra
          clave.
          17. ¿Tiene pesadillas la persona? ¿Sentido de culpa?
          ¿Problemas emocionales? Si así fuera, sesiones de consejo
          podrían ser la respuesta.
          18. ¿Puede la persona leer tan bien como lo hacía antes? ¿Cómo
          es la concentración y la memoria ahora? Pude llevar tiempo
          conseguir que las cosas vuelvan a la normalidad.
          19. ¿Hay algún grupo que pueda ayudarlos a volver al mundo real
          y a una vida más normal? ¿Una iglesia tradicional? ¿Un grupo de
          apoyo para ex miembros de sectas? ¿Buenos amigos, tal vez?.

          Tomado de Eternity On Line Magazine.
        • Pedro Lastra
          LA PROYECCIÓN EVANGELÍSTICA DE LA IGLESIA por Pedro Lapadjian El pueblo evangélico está interesado en acelerar el proceso de evangelización mundial y se
          Mensaje 4 de 9 , 17 ene 2000
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            LA PROYECCIÓN EVANGELÍSTICA DE LA IGLESIA

            por Pedro Lapadjian

            El pueblo evangélico está interesado en acelerar el proceso de
            evangelización mundial y se ha lanzado en innumerables proyectos. El
            año 2000 desafía a iglesias, organizaciones y movimientos a trazar
            planes para alcanzar con el evangelio a los que nunca lo han oído.

            En toda América Latina el sector de iglesias evangélicas está
            experimentando un notable crecimiento numérico y su impacto trasciende
            las fronteras del continente, por su emergente vocación misionera.
            Quienes estamos involucrados en esta proyección evangelística de la
            Iglesia debemos considerar cuatro elementos que son esenciales en la
            predicación del eterno mensaje y los desafíos de una nueva coyuntura
            histórica.

            I. PROYECCIÓN DEL MENSAJE

            Siempre tenemos presente el imperativo divino: «Id por todo el mundo y
            predicad el evangelio». Nuestros corazones responden afirmativamente y
            hay una continua pasión que nos lleva a responder al igual que Isaías
            «heme aquí, envíame a mí» (Is. 6:8). Es así que nos lanzamos en una
            vorágine de actividades con el propósito de extender el reino de Dios.

            No tenemos dificultades con el IR, ni con las actividades que derivan
            de este imperativo. Lo que plantea una revisión es lo que se nos
            encomienda predicar, es decir, el evangelio.

            Al asistir a cruzadas multitudinarias, encender el receptor de radio y
            hurgar en la literatura contemporánea podemos percibir que es
            imprescindible volver a revisar cuáles debieran ser los contenidos del
            evangelio. Se puede tomar las Escrituras, leerlas, elaborar elocuentes
            discursos, sacudir las emociones de las multitudes y aun hablar de
            Cristo, pero no estar evangelizando. Muchos movimientos que en América
            Latina son considerados cristianos evangélicos no tienen en su mensaje
            la fidelidad requerida, por lo que traen aparejadas distorsiones
            reñidas con la clara enseñanza bíblica. Es más profundo que una
            dificultad idiomática o litúrgica, es un problema de orden teológico.

            Es la comprensión de la persona de Dios, su forma de actuar y la
            respuesta que espera del hombre.

            1. ¿Cuál es el mensaje que se proyecta?

            En tiempos de la Iglesia Primitiva el apóstol Pablo señala un problema
            que parece repetirse en nuestros días. Él lo explica así: «Porque los
            judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros
            predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente
            tropezadero, y para los gentiles locura» (1 Co. 1:22-23).

            Entre estas demandas de los oyentes se señala una posición. Hoy
            también escuchamos prolijos y elocuentes discursos que levantan
            monumentos a la erudición y reciben la aprobación de la elite
            intelectual de los oyentes. El énfasis está puesto en la selección de
            las palabras y despiertan admiración, pero realmente es una oratoria
            hueca que deja insensible al receptor del mensaje. En otras ocasiones,
            el emocionalismo exacerbado de la presentación, a través de hombres
            con delirios mesiánicos, cierra las puertas a quienes están en
            búsqueda de Dios. En ambos casos hay una exaltación de la personalidad
            humana que no tiene ningún resultado en la penetración del mundo

            espiritual. Parafraseando al Apóstol podemos decir: «poco me importan
            las presiones de la gente, yo sé que debo predicar a Cristo
            crucificado, aunque esto no es lo que están esperando».

            2.¿Cuál es el mensaje que se debe proyectar?

            En Filipenses 2:15-11 se encuentra una síntesis cristológica en lo que
            se cree que fue uno de los primeros himnos entonados por la Iglesia
            Primitiva. Allí se señala la deidad de Jesucristo, su encarnación, su
            muerte de cruz, su resurrección y ascensión y la confesión de su
            señorío. Él es el Kyrios de Dios, el amo, el jefe, la máxima
            autoridad. Exige sujeción, pero el hombre se ha separado de él, a
            causa de su pecado. Por lo tanto él manda «a todo hombre, en todo
            lugar, que se arrepienta» (Hch. 17:30).

            En el Nuevo Testamento la palabra arrepentimiento es por lo general la
            traducción del vocablo griego metanoia. Es un cambio interior de
            mente, afectos, convicciones y entrega, que está arraigado en el temor
            de Dios y el pesar por las ofensas cometidas en su contra, que cuando
            es acompañado por la fe en Jesucristo, resulta en un cambio exterior
            del pecado hacia Dios y su servicio en toda la vida. En 2 Corintios
            5:18-20 Pablo explica: «Y todo esto proviene de Dios; quien nos
            reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la
            reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo, no
            tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a
            nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores
            en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os
            rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios».

            Nosotros somos embajadores de Cristo y un embajador no establece la
            política de su gobierno, sino que la ejecuta. Es por este motivo que
            no tenemos derecho a proclamar el mensaje quitando sus demandas o
            fortificándolo con sostenimientos externos. Tanta importancia reviste
            el contenido de nuestra proclamación que tiene dimensiones eternas. A
            un evangelista de la Iglesia Primitiva se le encomienda: «ten cuidado
            de ti mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto te
            salvarás a ti mismo y a los que te oyeren» (1 Ti. 4:16).

            II. PROYECCIÓN DE VIDAS

            Como nunca el mensaje ha caído en descrédito. Esto se debe a la
            dicotomía producida entre mensaje y mensajero. La gente está abierta
            al evangelio, lo que no está dispuesta es a pasar por alto nuestro
            testimonio. Entonces, ¿qué clase de vidas se deben proyectar?

            1. Hombres y mujeres santificados

            A. Motivaciones santificadas

            La Biblia enseña que algunos predican a Cristo por envidia. Esto se
            hace evidente cuando apostamos al éxito transitorio de los números.

            Hay que santificarse para vencer la tentación que está oculta detrás
            de nuestras estadísticas e informes, es decir, orgullo personal,
            sensación de éxito o prestigio denominacional. Dios está interesado en
            las personas más que en estadísticas. Sabemos que «Quiere que todos
            los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Ti.
            2:4). Asimismo «no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan
            al arrepentimiento» (2 P. 3:9).


            En el libro de Los Hechos de los Apóstoles hay varias referencias al
            crecimiento numérico, pero en ningún caso se le coloca como meta
            consciente del trabajo. Mas bien el objetivo de la Iglesia era que «la
            Palabra de Dios corra y sea glorificada» (2 Ts. 3:11). Al tener esto
            presente predicamos confiando de que su Palabra no volverá a él vacía.

            B. Relaciones santificadas

            Algunos basan su mensaje en la critica a otras denominaciones o
            mostrando las carencias de otros grupos. Eso no es evangelismo, sino
            proselitismo. Trae división, desconfianza y dolor, siendo una
            manifestación de perversión espiritual. Una duplicación de esfuerzos
            es mala administración, por eso Pablo se propuso ir donde Cristo no
            hubiera sido anunciado. Dios no nos pide competición, sino
            cooperación, para que dentro de un marco ético podamos levantar en
            alto a Jesucristo.

            2. Hombres y mujeres preparados

            A. Espiritualmente

            Todo lo señalado sería superado si la evangelización no fuera producto
            de mecánicas elaboradas por los hombres, centradas en actividades
            desgastadoras. En la visión del varón macedonio se evidencia que
            nuestros proyectos no son necesariamente los de Dios. Fue el Espíritu
            Santo quien habló a Pablo para prohibirle ir a Asia, no permitirle ir
            a Bitinia y abrirle la puerta a Macedonia, que aparentemente estaba
            fuera de sus planes. Por esto debemos buscar la acción inspiradora del
            Espíritu Santo, que habla a quienes están abiertos a su accionar y
            señala los senderos por los cuales transitar.

            B. Intelectualmente

            Alguien inventó que en la ignorancia hay virtud, esgrimiendo como
            argumento un versículo fuera de contexto: «la letra mata, mas el
            Espíritu vivifica» (2 Co. 3:6). En el Areópago ateniense, Pablo
            demuestra que en su acervo cultural estaban registrados los
            conocimientos de las dos escuelas de pensamiento dominantes en esa
            cultura, es decir, epicúreos y estoicos. No es casualidad que Dios le
            haya escogido para llevar su nombre delante «de los reyes». No somos
            llamados a intelectualizar la fe, sino a ser llenos del Espíritu
            Santo. Pero mientras vivimos en plenitud espiritual y andamos en el
            Espíritu, debemos «prepararnos para presentar defensa… ante todo aquel
            que demande razón de la esperanza que hay en nosotros» (1 P. 3:15).
            Al escuchar expresiones idiomáticas y los métodos que utilizamos para
            evangelizar, muchos nos siguen considerando aún, como una secta
            fanática y alimentados por supersticiones que no se interesa en los
            problemas reales del hombre. Los predicadores latinoamericanos debemos
            levantarnos con la autoridad de Dios para dar la opinión sobre los
            temas que importan a la sociedad, dejando olvidados los estereotipos
            gastados que mecánicamente se repiten, pero que pocos entienden.

            Debemos asumir que hoy estamos enfrentados a nuevas situaciones que
            llevan a pronunciamos sobre temas tales como el divorcio, la
            legalización del aborto, la homosexualidad, la manipulación genética,
            la violencia, el narcotráfico, la penetración de filosofías orientales
            y el avance ocultista. Para opinar sobre estos temas hay que estar
            debidamente documentados y esto presupone tiempo invertido en estudio

            y preparación. Felizmente, en casi todas las congregaciones hay una
            mayor cantidad de universitarios, profesionales y cristianos
            comprometidos en la extensión del reino de Dios, que se están
            involucrando en funciones públicas, permeando con su testimonio en las
            esferas más altas.

            3. Hombres y mujeres respaldados

            Cada vez es más frecuente la presencia de empresas y movimientos
            desvinculados de la Iglesia local. Generalmente son personas que no
            están bajo la sujeción de nadie, ni identificados plenamente con una
            congregación. Necesitan actividades paralelas para llevar adelante
            proyectos personales, convocando especialmente a los jóvenes, quienes
            regresan trayendo dificultades a las autoridades de la Iglesia.

            En Antioquía hay un modelo exacto de lo que el Señor aprueba. Cuando
            Dios llamó a Bernabé y a Saulo, estos eran contados entre los profetas
            y maestros de la iglesia. En un ambiente de espiritualidad propicio,
            claramente el Espíritu Santo separó a quienes les encomendaría una
            labor de corte evangelístico y misionero.

            En una segunda ocasión la Iglesia por medio de su liderazgo, les
            impone las manos en reconocimiento de este llamado y los envía a
            predicar. Salieron como evangelistas de la iglesia de Antioquía y al
            concluir «…navegaron a Antioquía desde donde habían sido encomendados
            a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido. Y habiendo
            llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había
            hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los
            gentiles» (Hch. 14:26-27).

            III. PROYECCIÓN A UNA SOCIEDAD

            Con qué facilidad somos miopes en cuanto a la cosmovisión. La acción
            evangelística debe hacerse efectiva en un reconocimiento del mundo
            como el escenario donde Dios quiere que despleguemos la labor. En
            este sentido somos llamados a dos desafíos geográficos:

            1. Nuestra nación

            Es imprescindible que conozcamos las costumbres y desenvolvimiento de
            quienes escuchan el mensaje. Uno de los grandes peligros que tiene
            toda labor evangelística es el de presentar el mensaje añadiéndoles
            componentes culturales propios, sin considerar los de los oyentes.
            Latinoamérica no escapa al continuo ingreso de movimientos, programas
            y evangelistas, que muchas veces llegan con una prédica y metodología
            descontextualizada y, en ocasiones, contraproducente.

            Muchos de estos predicadores responden las preguntas que nadie
            formula, evidenciando desconocer el medio en el que se mueven. Para
            una mayor identificación con los oyentes, ha llegado el tiempo de
            respaldar ministerios evangelísticos que surjan desde Latinoamérica y
            que con voz profética llamen a la nación al arrepentimiento. Que
            partiendo de la eterna e inmutable Palabra de Dios, prediquen
            mensajes, no en un vacío social, sino en respuesta a las necesidades
            de la gente.

            2. Hasta lo último de la tierra

            Dios no nos llama a que limitemos la tarea hasta el último banco de la
            iglesia, sino hasta lo último de la tierra. Hay pueblos no alcanzados,
            millones que nunca escucharon hablar de Cristo y un mundo por el que
            tendremos que responder a Dios las preguntas que formula a la Iglesia:
            «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo

            creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien
            les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?» (Ro. 10:14
            ­15).

            Los pastores y evangelistas debemos orar a Dios que nos ayude a
            ampliar nuestra visión misionera para que ésta sea trasmitida a toda
            la congregación, y que podamos ver más allá de nuestra geografía
            inmediata a fin de que toda nación, etnia y raza, haya tenido la
            oportunidad de conocer a Cristo.

            IV. PROYECCIÓN DE METODOLOGÍAS ADECUADAS

            Leí la historia de un hombre que llegó a un pueblo y encontró decenas
            de círculos para apuntar al blanco en todas las paredes de la aldea.

            Cuando preguntó por qué estaban, alguien respondió que se trataba de
            un borracho que empezaba a disparar tiros para todos lados. Al día
            siguiente venía y pintaba círculos alrededor de los tiros, para
            justificar que dio en el blanco. Tengo la sensación de que muchas de
            nuestras actividades evangelísticas se asemejan a esta historia.

            Cuántas veces fuimos deslumbrados por predicadores que vienen
            acompañados de una promoción que sigue los patrones seculares de
            comportamiento y venta, que son el reflejo de otras sociedades.

            Coincidentemente dicen sentir de parte de Dios que traerán un
            avivamiento, y sucede en algunos casos que al retirarse la Iglesia ha
            retrocedido en su imagen pública.

            Debemos observar que las iglesias que han crecido en el continente
            (por conversión y no por traslado de miembros de otras congregaciones)
            lo hicieron sin presupuestos elevados, ni exitosos predicadores.

            Son iglesias que saben cuál es su misión, y en ayuno y oración buscan
            la dirección de Dios, que siempre será clara y darán pasos de fe para
            lograr los objetivos que se han trazado.

            Lo que nos enseña el Señor es que la evangelización debe partir de una
            Iglesia que conozca su medio, que junto al pastor, por su estilo de
            vida se ganen el derecho a ser oídos dentro de su comunidad, pues
            viven, sufren y experimentan las mismas cosas.

            V. CONCLUSIÓN

            Es famoso el mensaje de Martin Luther King titulado «Tuve un sueño».
            Yo también tengo sueños y oraciones dentro de mi corazón que expuse en
            este tema y quiero recapitular en la conclusión. Sueño con una
            evangelización que venga como resultado de la proyección de la Iglesia
            y no por la actividad de organizaciones paralelas. Sueño con
            evangelistas con un llamado reconocido por la Iglesia local, que
            conozcan el texto bíblico, que tengan una sana doctrina y que llenos
            del Espíritu Santo anuncien con tono profético a esta sociedad pagana,
            la eterna e inmutable Palabra de Dios.

            Sueño con una Iglesia que crea en la dirección del Espíritu Santo para
            evangelizar y no que esté mirando hacia afuera para repetir
            mecánicamente las formas, expresiones idiomáticas y estilos,
            adoptándolos para su medio como una especie de solución mágica. Sueño
            con una Iglesia con un ministerio integral para que «Así alumbre
            vuestra luz delante de los hombres y para que al ver vuestras buenas
            obras glorifiquen al Padres que está en los cielos» (Mt. 5:16).

            Sueño que las congregaciones se unan para celebrar cruzadas
            evangelísticas en donde el acento no esté puesto en la exaltación de

            la personalidad humana, sino en aquel que «vino a buscar y a salvar lo
            que se había perdido» (Lc. 19:10).

            De este modo sin duda, la evangelización será efectiva y veremos a
            todas las naciones de nuestro continente convertidas al Rey de Reyes.

            Lic. Pedro Lapadjian es evangelista en su país natal de Uruguay.
            Además es pastor de la Iglesia Armenia en Montevideo.
          • Pedro Lastra
            _____________________________________________ CON CRISTO HASTA LA HORCA David P. Gushee Cuando Cristo llama a un hombre, hasta le pide que muera, escribió
            Mensaje 5 de 9 , 15 feb 2000
            Ver código fuente
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              _____________________________________________
              CON CRISTO HASTA LA HORCA
              David P. Gushee

              "Cuando Cristo llama a un hombre, hasta le pide que muera,"
              escribió Dietrich Bonhoeffer. Hace cincuenta años los nazis
              ejecutaron a este mártir moderno.

              En la mañana temprano del 9 de abril de 1945, hace poco
              más de 50
              años, el teólogo y pastor Dietrich Bonhoeffer fue
              ejecutado en el
              campo de concentración de Flossenbürg por su
              participación en la
              conspiración para asesinar a Adolfo Hitler. El médico de
              Flossenbürg dio testimonio de los últimos momentos de
              Bonhoeffer:
              "El Pastor Bonhoeffer, antes de quitarse el uniforme de
              prisión,
              [se arrodilló] en el suelo orando fervientemente a su
              Dios. Me
              emocioné por la manera en que este hombre oraba con tanta
              devoción y tanta certeza de que Dios había oído su
              oración.... En
              el lugar de la ejecución nuevamente hizo una breve
              oración y
              luego subió los escalones de la horca, valiente y con
              tranquilidad.... Pocas veces he visto morir a un hombre tan
              enteramente entregado a la voluntad de Dios."

              He allí Dietrich Bonhoeffer, colgado de la horca. Es
              una escena
              que ahora está profundamente grabada en la conciencia
              cristiana,
              una escena de extraordinario significado tanto para los
              días de
              Bonhoeffer como para los nuestros.

              La sala de una casa en Grunewald

              En su introducción a la vida de Dietrich Bonhoeffer (Costly
              Grace, Gracia de gran precio), el amigo y biógrafo Eberhard
              Berthge incluye una fotografía de la sala del hogar de los
              Bonhoeffer en la cómoda zona de Grunewald en Berlín.
              Espaciosa y
              llena de sol, adornada con óleos originales y tapices
              finos, la
              sala revela sofisticación, encanto y categoría.

              En este tipo de entorno nació Bonhoeffer el 4 de
              febrero de 1906.
              Fue el sexto de ocho hijos de Karl (un reconocido
              profesor de
              psiquiatría) y Paula Bonhoeffer. Ambas partes de la familia
              habían sido parte de la élite bien relacionada y culta de
              Alemania.

              A pesar de el compromiso nominal hacia Cristo por parte
              de sus
              padres, en el hogar de los Bonhoeffer se inculcó una
              gran gama de
              virtudes que más tarde producirían fruto en la vida de
              Dietrich:
              responsabilidad moral, preocupación por las necesidades
              de otros,
              objetividad intelectual, razonamiento crítico, integridad
              personal, autodisciplina, grandes expectativas de uno
              mismo y de
              otros. La familia se opuso a Hitler desde el comienzo, y
              durante

              el régimen nazi muchos familiares se involucraron en
              actividades
              de resistencia.

              En el debate contemporáneo en cuanto a los valores de
              la familia,
              el ejemplo de los Bonhoeffer nos enseña que los cristianos
              necesitan más que una actitud de "defensa" cuyo foco sea
              proteger
              a nuestros inocentes de los vicios corruptores del
              mundo. También
              debemos tener una confiada estrategia de "ofensiva" para
              vivir en
              el mundo -una forma de vida que promueva el reino de Dios y
              obstruya la obra del Maligno.

              En la universidad

              No debe sorprendernos que Dietrich Bonhoeffer, un
              estudiante
              terriblemente precoz, concluyera sus estudios con gran
              celeridad
              y completara su disertación doctoral en la Universidad
              de Berlín
              a los 21 años (Karl Barth la describió como "un milagro
              teológico), y una segunda disertación a los 23 años.
              Evidentemente era un teólogo prometedor. Como escribió
              John De
              Gruchy: "Si hubiera vivido más años, podría haber
              dominado la
              escena teológica en la segunda mitad del siglo veinte."
              En razón
              del contexto histórico y de las decisiones que tomó en ese
              contexto, sus contribuciones emergieron de maneras que
              el joven y
              brillante teólogo nunca hubiera anticipado en 1929.

              Aun en ese momento Bonhoeffer reconoció la elección
              básica a la
              que se enfrentaba -seguir la senda convencional de la
              comodidad y
              el ministerio "exitoso" en la "religión" cristiana, o en
              su lugar
              seguir a Jesucristo, el Señor viviente, en medio de una
              cultura
              que estaba en colapso y en una iglesia sin fe. Tal vez
              sea por
              eso que, a diferencia de tantos de sus colegas, en el
              comienzo de
              la era nazi estuvo preparado para abandonar la seguridad de
              iglesias y universidades aprobadas por el estado, en vez de
              transigir y permanecer en instituciones nazificadas.

              La elección de Bonhoeffer de integridad por sobre ambición
              representa un desafío a los cristianos en cualquier
              contexto. El
              desafío es particularmente crítico para quienes, como
              Bonhoeffer,
              tienen aspiraciones. Queremos hacer algo con nuestra vida;
              queremos que tenga valor para el reino de Dios. Queremos
              que
              después de nuestra muerte nos recuerden por haber hecho una
              contribución significante.

              Y sin embargo, esa ambición cristiana fácilmente puede
              estar mal
              dirigida y puede ser abusada. Por cierto que la ambición
              llevó a
              algunos colegas de Bonhoeffer a aferrarse a sus privilegios
              académicos a costa de sus propias conciencias. Si hoy se
              los

              recuerda, no es con aprecio. Pero Bonhoeffer renunció a la
              tentación del éxito a corto plazo en nombre de la
              fidelidad a
              Jesucristo.

              La Escuela Dominical en Harlem

              En 1930 y luego de sus estudios doctorales, Bonhoeffer
              decidió
              pasar un año en el Union Theological Seminary en la
              ciudad de
              Nueva York. Su correspondencia de este año refleja su
              desdén por
              el bajo nivel de sofisticación teológica que percibió en
              Norteamérica. Pero aprendió mucho, especialmente de sus
              experiencias con dos compañeros de estudios: Frank
              Fisher y Jean
              Lasserre.

              Fisher, un estudiante afro-americano, ayudó a
              Bonhoeffer a tomar
              parte activa en la afamada Iglesia Bautista Abisinia en el
              Harlem, donde Bonhoeffer regularmente estaba a cargo de
              una clase
              de Escuela Dominical. Allí Bonhoeffer fue testigo del
              histórico y
              apasionado compromiso de esta iglesia negra en cuanto a
              justicia
              social, igualdad racial y derechos humanos, inspirados
              éstos por
              una gozosa espiritualidad cristiana. Como resultado, vio
              desde
              una nueva perspectiva el creciente racismo en su propia
              nación.

              La amistad de Bonhoeffer con Lasserre, un pacifista
              francés, lo
              llevó a considerar que el Sermón de Monte era el punto
              central
              del discipulado cristiano, y a comprometerse con la
              pacificación
              internacional como un deber fundamental del cuerpo de
              Cristo en
              el mundo. Con posterioridad Bonhoeffer se convirtió en
              un activo
              líder para la paz internacional en el movimiento
              ecuménico, para
              disgusto de sus colegas teológicos en Alemania, personas
              militaristas y de tendencia nacionalista.

              Estos compromisos, tanto con la justicia social y
              racial para
              "uno de estos pequeñitos" como para con la paz
              internacional,
              colocaron a Bonhoeffer en oposición a la culturalmente
              transformada cristiandad germánica de sus días.

              Uno de los pecados que asedia a ciertas ramas de
              evangelicalismo
              en el continente americano es precisamente nuestra
              tendencia a la
              asimilación cultural de la fe cristiana al estilo de vida
              occidental. Con frecuencia confundimos ser cristiano con
              ser
              occidental, con amar a la patria, con amar a Dios. A
              menudo hemos
              mezclado normas culturales injustas y opresivas (como
              racismo e
              indiferencia a la injusticia), y el resultado es una
              desagradable
              mezcolanza que llamamos cristiana. Bonhoeffer da
              testimonio de
              que el verdadero cristianismo a veces lleva a oposición
              fundamentada a la nación y a la cultura -aun a la horca,
              o a la

              cruz.

              Un discurso a pastores alemanes

              El regresó a Alemania y comenzó a trabajar como prometedor
              conferencista en teología en la Universidad de Berlín.
              Su fama
              aumentaba, pero también la de Adolfo Hitler. El 30 de
              enero de
              1933 Hitler se convirtió en canciller de Alemania. A los
              tres
              meses había conseguido destruir la democracia en Alemania y
              establecerse como dictador de la nación.

              El 7 de abril de ese mismo año Hitler consiguió la "Ley
              para la
              restauración del servicio civil," el primer gran estatuto
              anti-judío de la nueva era. Una disposición de esta ley, la
              llamada cláusula aria, obligaba la expulsión del
              servicio civil
              (incluyendo universidades e iglesias) de todas las
              personas en la
              categoría de judíos.

              Ese mismo mes Bonhoeffer habló a un grupo de pastores
              alemanes.
              Su ponencia "La iglesia y la cuestión judía," es
              ampliamente
              reconocida como la mejor y más temprana respuesta de
              líderes
              eclesiásticos a esta temprana expresión de antisemitismo
              nazi. El
              alega que la iglesia tiene la obligación de desafiar al
              estado
              cuando éste hace mal uso de su poder; de ayudar a todos,
              incluyendo a judíos, cuando son víctimas del estado; y
              finalmente, de frustrar los propósitos del estado si éste
              continúa oprimiendo al pueblo. Algunos pastores se
              retiraron
              indignados durante la conferencia, considerándola demasiado
              "política," demasiado "radical," y demasiado favorable
              para con
              los judíos.

              Tal como han escrito los estudiosos Geffrey Kelly y Burton
              Nelson, la solidaridad con los judíos (bautizados o no)
              era la
              pregunta indicativa de la fidelidad cristiana en la era
              nazi.
              Bonhoeffer entendió esto, y bregó para que la
              resistencia masiva
              de la iglesia confrontara el antisemitismo nazi, aun si eso
              significaba una persecución extrema de la iglesia. Hasta su
              muerte Bonhoeffer apoyó a los judíos, hasta participando en
              actividades de rescate como parte de su tarea de
              resistencia
              durante la guerra. A través de ese período se dolió por los
              crímenes de su país, uno de los cuales (y por cierto no
              el menor)
              fue que la iglesia abandonara al pueblo judío.

              ¿Llama Jesucristo a los cristianos de hoy a ser
              solidarios? ¿Para
              con quién? ¿Por quién deben arriesgarse a ser perseguidos?
              Bonhoeffer nos enseñaría a fijar la mirada en "los más
              pequeñitos," y especialmente en aquellos a quienes el
              gobierno
              abandona u oprime. ¿Podrían ser inmigrantes, tal vez?
              ¿Los que

              aún no han nacido? ¿Las madres pobres con sus hijos?
              ¿Los presos?
              ¿Los judíos, incluso hoy? ¿Cómo sería posible que veamos la
              realidad de nuestro contexto tan claramente como
              Bonhoeffer vio
              la de él, y cómo sería posible que respondamos como
              respondió él,
              con "oración y acciones justas"?

              Resistencia implacable

              El compromiso mayor de Bonhoeffer en la lucha eclesiástica
              alemana tuvo lugar entre abril y octubre de 1933 (en ese
              tiempo
              dejó Alemania para dedicarse a un pastorado en Londres).
              Estaba
              horrorizado por la nazificación de las iglesias por
              parte de
              Hitler, y por la masiva cooperación que el Führer obtuvo
              en el
              protestantismo alemán, especialmente en la adopción de la
              cláusula aria como política oficial (septiembre de
              1933). Este
              racismo ordenado por el estado en la vida de la iglesia
              era, para
              Bonhoeffer, nada menos que herejía.

              La resistencia fue implacable y pública, pero ni él y
              ni sus
              aliados pudieron mantener el control de la iglesia
              evangélica
              alemana. Intentando preservar la integridad del
              protestantismo
              alemán -que la iglesia siguiera dando auténtico
              testimonio de
              Jesucristo y que la fidelidad a la Palabra de Dios
              continuara- en
              mayo de 1934 nació la Iglesia Confesante. Su famosa
              Declaración
              de Barmen denunciaba lo que Kelly y Nelson justamente
              denominan
              "el consentimiento idólatra a las políticas nazis para la
              iglesia" dentro de la iglesia protestante oficial. La
              Iglesia
              Confesante se convertiría en el centro de operaciones de la
              resistencia protestante en Alemania.

              Cuando Bonhoeffer regresó de Londres en 1935, se
              convirtió en
              director de un seminario de la Iglesia Confesante en
              Finkenwalde.
              Su liderazgo inspirado e innovador se destaca como una
              de las
              contribuciones más significantes de su carrera. (Ver
              Vida en
              comunidad, las reflexiones de Bonhoeffer sobre la
              experiencia en
              Finkenwalde, y El costo del discipulado, también concluido
              durante este período.)

              Bonhoeffer se embarcó en este nuevo proyecto
              reconociendo que el
              protestantismo alemán había demostrado estar casi en la
              ruina. El
              presintió que su contexto demandaba una revolución en la
              educación teológica que requeriría de los ministros y
              pastores de
              la Iglesia Confesante profunda disciplina espiritual,
              teología
              bíblica pura (enfatizando el Sermón del Monte), más
              servicio que
              privilegios, y una vida en comunidad enraizada en
              intimidad e
              intensidad excepcionales.


              La Gestapo clausuró el experimento de Bonhoeffer en
              Finkenwalde
              en octubre de 1937. Pero para entonces la Iglesia
              Confesante ya
              había perdido gran parte de su ímpetu debido a amenazas
              nazis y a
              la transigencia y a la fatiga por la lucha. Sólo un
              puñado de
              bravíos no conformistas como Bonhoeffer permanecieron.

              Entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, el régimen
              nazi organizó
              la vergonzosa Kristallnacht (Noche de vidrios rotos),
              una noche
              de terror y violencia contra los judíos de Alemania y sus
              instituciones. Esta acción radical requería una respuesta
              igualmente radical, y sin embargo, para consternación de
              Bonhoeffer, no se oyó ni una sola palabra de protesta
              por parte
              de la Iglesia Confesante.

              Como su nación estaba dominada por la maldad y
              preparándose para
              la guerra, y como lo que quedaba de la verdadera iglesia en
              Alemania era incapaz de responder adecuadamente por más
              tiempo,
              Bonhoeffer nuevamente se embarcó para los Estados Unidos de
              América en junio de 1939 para una segunda visita a Union
              Seminary
              pensando en la posibilidad de emigrar.

              Nunca se sintió en paz con la decisión, y pronto
              decidió regresar
              a Alemania. Su amigo norteamericano Paul Lehman, un
              moralista
              cristiano, inmediatamente se dirigió a Nueva York para
              tratar de
              persuadirlo a que se quedara, pero no lo logró. El 8 de
              julio
              Bonhoeffer se embarcó para Alemania. La imagen de
              Bonhoeffer en
              el barco, preparándose voluntariamente para regresar
              -derecho al
              infierno en que se había convertido Alemania, a la
              resistencia, a
              la gran posibilidad de su propia muerte -es una escena
              inolvidable y un momento conmovedor en la historia de la
              iglesia
              del siglo XX.

              Despidiéndose de Reinhold Niebuhr, Bonhoeffer escribió:
              "Cometí
              un error al venir a Norteamérica. Debo vivir este
              difícil período
              de nuestra historia nacional con los cristianos de
              Alemania. No
              tendré derecho de participar en la reconstrucción de la
              vida
              cristiana en Alemania después de la guerra si no soy
              parte de las
              pruebas por las que pasa mi pueblo en este momento."

              El regreso de Bonhoeffer se destaca como una acción de
              profunda
              valentía moral, de discipulado en el más profundo
              sentido de la
              palabra, y de auténtico patriotismo cristiano. Su
              ejemplo también
              nos recuerda que los objetivos de Dios van más allá de
              preservar
              nuestra comodidad, y que a veces Dios nos llama a ser sus
              testigos durante momentos oscuros, aun si el costo es
              nuestra

              propia vida.

              Un encuentro con conspiradores

              A su regreso a Alemania en julio de 1939, Bonhoeffer
              tenía toda
              la intención de participar en el derrocamiento de su
              nación. A
              través de su cuñado, Hans von Dohnanyi, pronto se unió a
              los
              esfuerzos de un pequeño pero importante grupo de
              resistencia
              centrado en el Abwehr, el servicio de contrainteligencia
              militar.
              La intención era nada menos que la derrota del nazismo
              con el
              asesinato de Adolfo Hitler. Para julio de 1940,
              Bonhoeffer se
              había asegurado participación oficial en el Abwehr, y a
              partir de
              entonces actuó como agente doble.

              Esta imagen de Bonhoeffer es profundamente
              perturbadora. Para la
              mayoría de nosotros no es fácil imaginar a un teólogo y
              pastor
              cristiano en una reunión para planear un asesinato. Muchos
              admiradores de Bonhoeffer sienten haber llegado al
              límite en este
              punto. ¿Sigue siendo esto seguir a Jesús? ¿Y qué del
              Sermón del
              Monte? ¿Qué del pacificador?

              Relacionando esto a nuestro contexto, uno no puede
              dejar de
              pensar en quienes están de acuerdo en matar a los
              médicos que
              realizan abortos. Se ha mencionado el nombre de
              Bonhoeffer: él
              conspiró para matar a fin de evitar el mal, ¿por qué no
              podemos
              hacerlo nosotros?

              La respuesta es que Bonhoeffer quiso actuar de manera
              responsable
              en un contexto que se había tornado tan pernicioso que
              ninguna
              alternativa se podía considerar totalmente "buena" o sin
              delito.
              En una situación límite tan sombría, en vez de no hacer
              nada y
              esperar hasta que aparezca algo bueno en el más absoluto
              sentido
              de la palabra, la persona responsable debe -de acuerdo a
              Bonhoeffer en Ethics (Etica)- "preferir lo que es
              relativamente
              mejor a lo que es relativamente peor." En su caso, él
              creyó que
              eso significaba participar en el complot para matar a
              Hitler en
              vez de permanecer inmóviles observando asesinatos
              masivos y una
              guerra interminable.

              La mayoría de quienes están en contra del asesinato de los
              médicos que hacen abortos, lo hacen con la premisa de
              que nuestra
              situación es significantemente distinta a la de
              Bonhoeffer. Si
              existen opciones responsables que son mejores que la
              mala opción
              de optar por la violencia, deben elegirse estas otras
              opciones.
              En el caso de quienes protestan por los abortos, existen
              tales
              opciones -consejo a mujeres embarazadas, provisión de
              hogares
              maternales, el voto por candidatos que estén en contra del
              aborto, cartas a los distintos políticos. La acción de
              Bonhoeffer

              en la Alemania nazi durante la guerra no se puede usar
              en una
              sociedad democrática como licencia para la violencia.

              De cualquier modo, el legado de Dietrich Bonhoeffer
              siempre
              incluirá su participación en la conspiración para
              asesinar a
              Hitler y en las tortuosas cuestiones morales que emergen
              de tal
              participación. Pero ésta debe ser vista en el contexto
              tanto de
              la vida de Bonhoeffer como de la situación de Alemania
              en esa
              época.

              En prisión

              El complot se descubrió, y el 5 de abril de 1943
              Bonhoeffer fue
              arrestado. Nunca volvería a ser un hombre libre.

              La publicación de posguerra de sus Letters and Papers
              from Prison
              (Cartas y escritos desde la prisión), que él escribió
              durante ese
              tiempo, creó agitación en el mundo teológico occidental. La
              naturaleza provocadora de muchos de sus escritos (que no
              estaban
              destinados para publicación) y especialmente el mal uso
              por parte
              de personas tales como los "teólogos de la muerte de
              Dios" en la
              década del 60, ha hecho que muchos evangélicos
              desconfíen del
              Bonhoeffer de prisión.

              Si bien estos temores están fuera de lugar, uno no debe
              apresurarse a suavizar los escritos de prisión. Nuevamente,
              consideremos el contexto. Bonhoeffer estaba encarcelado
              en una
              prisión nazi, como cientos de miles de seres humanos.
              Escribió en
              medio de un mundo empapado en sangre -más de 50 millones de
              personas morirían en esos seis años de guerra. Su nación
              había
              organizado el asesinato masivo del pueblo judío en
              Europa y de
              millones de otros civiles; muchos de sus amigos y
              alumnos habían
              sido apresados o matados; las bombas de los aliados
              llovían por
              doquier. Su iglesia había hecho muy poco para protestar
              contra el
              nazismo y para proteger a los inocentes. En su lugar, la
              mayoría
              de los líderes eclesiásticos había nazificado su fe por
              completo,
              mientras otros cristianos se escondían tras las consignas
              piadosas de su religión moralmente vacía, y cerraban sus
              ojos al
              mundo.

              ¿Quién puede culparlo, entonces, por criticar tan
              amargamente esa
              "religión" vacía, y por sugerir la necesidad de un
              "cristianismo
              no-religioso"? ¿Quién puede protestar por su sugerencia
              de que en
              su época uno experimentaba a Dios no como un deus ex
              machina que
              rescata a los seres humanos de su propia necedad pero
              como quien
              sufre con nosotros y por nuestra culpa, permitiendo "que lo
              alejen del mundo y lo lleven a la cruz"? ¿Quién puede
              desafiar la

              declaración de Bonhoeffer de que en vez de esperar en
              Dios para
              un rescate dramático, la iglesia es llamada a tomar parte
              responsable en el mundo -o que la iglesia es llamada a
              ser la
              iglesia "para los demás" así como Jesús fue un "hombre
              para los
              demás"? ¿Quién puede condenar porque sintió más
              solidaridad con
              el mundo secular que actuó para detener la matanza, que
              con los
              cristianos que no hicieron nada?

              Al observar a Bonhoeffer en prisión y luego camino a la
              horca, no
              podemos menos que ver otros héroes de la fe -gente como
              Pablo-
              que fueron antes que él, que estuvieron en sitios
              similares, y
              cuyas vidas terminaron de la misma manera. Vienen a
              nuestra mente
              las palabras de Bonhoeffer: "Cuando Cristo llama a un
              hombre,
              hasta le pide que muera."

              Alguien dijo que la iglesia ha sido regada con la
              sangre de los
              mártires. Poco más de cincuenta años después de su
              martirio, el
              testimonio de Dietrich Bonhoeffer continúa alentando a
              la iglesia
              que él tanto amó, y al mundo que también tanto amó, aun
              hasta la
              muerte.

              David P. Gushee es profesor de estudios cristianos en Union
              University en Tennessee. Sus escritos incluyen una
              amplia gama de
              temas de la vida y testimonio cristianos, especialmente
              en áreas
              de ética social. Gushee es especialmente reconocido por sus
              estudios sobre el holocausto, incluyendo su libro The
              Righteous
              Gentiles of the Holocaust: A Christian Perspective (Los
              gentiles
              justos del holocausto: Una perspectiva cristiana).
            • Pedro Lastra
              _____________________________________________ Jesucristo, Restaurador de Adultos Solteros por Joel Garriga La actual condición mundial atenta continuamente
              Mensaje 6 de 9 , 6 mar 2000
              Ver código fuente
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                _____________________________________________
                Jesucristo, Restaurador de Adultos Solteros
                por Joel Garriga

                La actual condición mundial atenta continuamente contra
                la primera institución creada por Dios en el huerto del Edén.

                Efectivamente la familia, órgano fundamental de la sociedad, es
                una especie que se encuentra en peligro de extinción cada día
                más, debido a que nos enfrentamos a condiciones pecaminosas que
                anteriormente no existían. Me refiero a los siguientes factores:
                Inmoralidad televisiva, sólo basta sintonizar la pantalla chica
                en el canal de preferencia, para tener acceso a todo tipo de
                actos anti-familiares llenos de perversidad. Adulterio
                cibernético, en el cual desde la comodidad del hogar con sólo
                marcar una dirección de correo electrónico, se encuentran los más
                avergonzantes actos pornográficos, como alternativa a la
                inconformidad sexual entre matrimonios. Orgías telefónicas,
                igualmente dañinas, ya que con sólo marcar los dígitos de las
                famosas líneas pornográficas (cambian de país en país), se
                trafica abiertamente con el erotismo, sin ningún tipo de
                inhibición. Asombrosamente, todo esto se practica desde la
                comodidad del hogar sin necesidad de salir a la calle.

                La pregunta a formularse es: ¿A quién le corresponde la
                labor de detener el desenfreno que atenta contra la seguridad
                familiar? De nada vale señalarnos unos a otros, es necesario
                tomar acción contra la maldad y el pecado que nos rodea. Sin
                lugar a dudas, la causa mayor que está desintegrando la familia
                de hoy se llama divorcio, una plaga que está llenando las salas
                de los tribunales diariamente. Si tomamos en consideración a los
                Estados Unidos de América (EE. UU.), lo que muchos denominan como
                la mayor potencia mundial, nos daremos cuenta claramente de la
                terrible condición en la cual vivimos. Recientemente, en el '97,
                un total de 2,384.000 parejas se casaron, mientras que 1,163.000
                se divorciaron, representando una proporción de casi un 50%.

                Quizá gran parte de ese total de parejas divorciadas pasaron por
                nuestras iglesias, pero la iglesia no pasó por ellos. Lo peor de
                todo es, el rechazo con el cual se encuentran los divorciados que
                permanecen en la Iglesia y los que a diario continúan llegando.

                ¿Qué hacer con ellos? Sencillamente lo que hizo nuestro gran
                maestro, Jesucristo.

                En las páginas bíblicas observamos diversos encuentros de
                Jesús con adultos solteros, donde se repitieron los mismos
                modelos de restauración.

                Vemos como ejemplo el caso de la mujer samaritana. Jesús
                le revela su falta de compromiso conyugal confrontándola en Juan
                4:18 con las 5 relaciones matrimoniales que había sostenido, pero
                luego de esto, ella no sólo aceptó el plan salvador, sino que
                trajo a otros a los pies del maestro. Además observamos en Lucas
                7:48,50 a una mujer de dudosa reputación (algunos creen que era
                prostituta) que ungió a Jesús con perfume y Él no sólo la perdonó
                sino que le ministró paz. Otra mujer (aunque no era soltera) fue
                tomada en acto de adulterio, según Juan 8:3,11 pero Jesús en
                lugar de condenarla, como por ley merecía, le ministró su perdón
                y la motivó a vivir en santidad. Por último Lucas 7:12, 13 nos

                muestra a una madre viuda que también fue restaurada por el Señor
                Jesucristo. En todos estos casos se demuestra el corazón
                compasivo, perdonador y amoroso de Jesús. Independientemente de
                la condición por la que atravesaban estas mujeres.

                Mi propia experiencia me lleva a entender la problemática
                del adulto soltero ya que he vivido 2 etapas diferentes de
                soltería. Antes de casarme por primera ocasión y la segunda fue
                devastadora, al quedar viudo a la edad de 28 años. Luego de 5
                años de viudez me volví a casar y actualmente junto a mi esposa
                llevamos un mensaje de restauración y bendición para la familia.

                En los pasados 5 años de ministerio hemos experimentado como
                cientos de adultos solteros (divorciados, viudos y nunca casados)
                han sido transformados por la mano del Señor, a través de
                talleres de superación, que han servido como herramienta de
                restauración en sus vidas, integrándose nuevamente a las diversas
                labores dentro de la iglesia, porque han reconocido su
                importancia ente Dios. Por lo cual, entendemos claramente que,
                «un enemigo no identificado tampoco puede ser derrotado pero un
                enemigo identificado, sí puede ser destruido».

                A manera de orientación, creo muy favorable la formación
                de grupos de apoyo encabezados por líderes competentes que puedan
                desarrollar una diversidad de actividades a favor del adulto
                soltero, grupo mayormente marginado, ignorado y desatendido en
                nuestras iglesias. Nos apoyamos en la realidad bíblica de que
                Dios no ama el divorcio, según Malaquías 2:16, pero también
                creemos que Dios está presto a restaurar al divorciado de acuerdo
                a Eclesiastés 3:15. Adelante pastores, Dios busca restauradores.

                Joel Garriga, junto a su esposa Millie son los directores
                del Ministerio de Restauración «Más que vencedores» en Orlando,
                Florida.
                _______________________________________________________
              • Pedro Lastra
                _____________________________________________ USO Y ABUSO DE LA TELEVISION por Pablo Martínez Vila «Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia
                Mensaje 7 de 9 , 23 mar 2000
                Ver código fuente
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                  _____________________________________________
                  USO Y ABUSO DE LA TELEVISION

                  por Pablo Martínez Vila

                  «Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de
                  Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual,
                  ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

                  No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante
                  la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la
                  voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:1-2).
                  Se dice que es más fácil encontrar una casa en la que falte el
                  pan que una casa sin televisor. Quizás esta afirmación no se
                  pueda tomar al pie de la letra, pero refleja bien la escala de
                  valores de muchas familias hoy: prefieren antes comer peor que
                  prescindir del televisor. La televisión se ha convertido en
                  elemento imprescindible para el «funcionamiento» familiar. El
                  extraño silencio que deja una televisión averiada en la casa
                  produce incomodidad, como si estuviera ausente un elemento vivo
                  de la familia. Protagonista destacado a la hora de comer,
                  «invitado especial» todas las noches, compañero imprescindible
                  los fines de semana, su ausencia llega a crear verdaderos
                  síndromes de abstinencia, como si de una droga se tratara.
                  ¿Droga? Sí, ahí está la clave de nuestro tema. El problema no es
                  el uso sino el abuso de la televisión. El enfoque correcto no
                  debe ser: «¿la televisión es buena o mala?» Este planteamiento
                  maniqueo nos llevaría a respuestas desequilibradas e incluso
                  farisaicas. Como muchos otros instrumentos técnicos, la
                  televisión en sí misma no es ni buena ni mala, sino que depende
                  del uso y propósito que de ella se haga. Un mal puede tener
                  consecuencias muy negativas para la salud de la persona, y no
                  solamente de los niños, El profesor Alonso Fernández, destacado
                  psiquiatra español, decía en una conferencia titulada «Televisión
                  y salud mental»: «Todo plan nacional de salud mental, debe
                  incluir el adecuado funcionamiento del ente televisivo como una
                  de sus prioridades absolutas». Todos habremos experimentado
                  alguna vez la dificultad para levantarnos del sillón cuando
                  estamos enfrente del televisor. Es como si nos «enganchara». Los
                  expertos hablan de un estado de anestesia o hipnosis televisiva,
                  consistente en un bloqueo mental que no permite al sujeto
                  alejarse de la pantalla. Sólo ciertas personas con fuerza de
                  voluntad, activas e inteligentes, se liberan de esta experiencia
                  de «enganche»- Así que, de entrada, nuestro postulado fundamental
                  es: El problema no es la televisión, el medio en sí, sino lo que
                  hacemos con ella.

                  A principios de los años sesenta, con la aparición de los
                  primeros receptores, no pocos creyentes consideraban una falta de
                  espiritualidad tener televisor en casa. Mirar la televisión y ser
                  carnal eran una misma cosa. La idea de que el demonio «entraba»
                  en las casas a través de los programas era su principal
                  argumento. ¿Estaban equivocados aquellos creyentes de hace
                  treinta años? Por supuesto que sí, si entendemos televisión y
                  demonio como sinónimos. Pero su postura tenía un trasfondo
                  correcto al entender que la televisión es un medio de penetración

                  formidable de la forma de ser de este mundo. La secularización
                  penetra por todos los poros de la vida del creyente y el medio
                  televiso no es una excepción. Hoy en día es mucho más fácil tener
                  la mente de Don Francisco o Cristina que la mente de Cristo. Es
                  simplemente una cuestión de proporciones, de porcentajes de
                  influencia. Si un creyente pasa tres horas diarias frente al
                  televisor (el promedio en España en 1993 fue de 3h. 22 minutos
                  por día, en EE.UU. 3h 45 minutos), ¿cuántos minutos recibe de
                  influencia espiritual? No podemos, por tanto, menospreciar el
                  argumento de la secularización. El televisor no es el diablo, ni
                  siquiera es del diablo, pero puede llegar a ser instrumento
                  favorito de influencia por parte del diablo. Observemos con
                  atención las declaraciones de Lolo Rico, escritora, exdirectora
                  de programas infantiles de TVE: «La pequeña pantalla dictamina e
                  impone sus modelos, impartiendo criterios —se siguen a rajatabla—
                  sobre el mundo y la mejor manera de existir en él. Se ha
                  convertido en la madre subsidiaria que distribuye afectos, ordena
                  inclinaciones y asigna gustos y aficiones como es propio de la
                  maternidad». Estas palabras cobran especial valor viniendo de
                  alguien que conoce a fondo la capacidad de influencia del medio
                  televisivo. La misma autora, que acaba de escribir el libro «El
                  buen espectador» (Espasa Calpe, 1994) afirma de modo concluyente:
                  «La televisión es el medio más manipulador y más manipulable».
                  Consideremos, ante todo, los valores positivos. En primer lugar,
                  la televisión puede ser un instrumento formidable de información.

                  Las capacidades técnicas de nuestros días son tan impresionantes
                  que la televisión ha acabado por convertir el mundo en una «aldea
                  global», como señalaba MacLuhan. Para el creyente esto tiene
                  dimensión muy buena; si queremos «examinarlo todo y retener lo
                  bueno» (1 Ts. 5:21), tal como nos exhortaba el apóstol Pablo,
                  necesitamos buenas dosis de información. El cristiano no puede
                  vivir encerrado en una torre de marfil, aislado del mundo, en su
                  iglesia local. Necesitamos conocer y auscultar bien las
                  realidades que nos rodean. Si queremos que nuestro mensaje sea
                  relevante para el mundo hemos de ser capaces de tener un ojo en
                  el televisor y otro en la Biblia. Hemos de saber ver y leer lo
                  que ocurre en nuestro mundo. Y necesitamos interpretar estas
                  realidades con los ojos y la mente de Cristo.

                  Algo parecido podríamos decir, en segundo lugar, del potencial
                  pedagógico e incluso terapéutico de la televisión. Los programas
                  documentales pueden ser un instrumento de información adecuado.

                  El beneficio cultural de ciertos contenidos es enriquecedor. El
                  televisor en un hogar de ancianos, por ejemplo, puede ser un
                  medio de apoyo psicológico excelente; pero todo ello ha de ser
                  con el contenido adecuado, en el momento adecuado, y a las dosis
                  adecuadas. Podríamos mencionar también su valor como instrumento
                  sano de distracción. A veces ciertos programas sirven para
                  «desconectar» de la tensión vivida en el trabajo. Tiene una
                  función de relax, sobre todo para algunas personas. Es para ellos
                  un lavado de cerebro que les ayuda a olvidar los problemas del

                  día. ¡Algunos incluso lo utilizan como somnífero! Vemos, por
                  tanto, que hay aspectos positivos que hemos de potenciar. En este
                  sentido la televisión es como un antibiótico: administrado a las
                  dosis adecuadas, por la vía adecuada, y en el momento adecuado
                  ¡puede ser de notable beneficio…!

                  Pero de la misma manera que un antibiótico es susceptible de
                  abuso y entonces sus efectos son negativos, lo mismo ocurre con
                  el televisor. ¿Cuáles son los peligros principales de la
                  televisión? Empezaremos considerando los efectos negativos que
                  derivan de la «dosis», la cantidad de horas de consumo de
                  televisión.

                  El abuso de tiempo delante del televisor nos plantea tres graves
                  consecuencias que afectan tanto al niño como al adulto. En primer
                  lugar, es una forma pasiva de ocio que reprime, hasta atrofiar,
                  la creatividad y la imaginación. La televisión, al ser un medio
                  fundamentalmente pasivo, implica muy poca participación, a
                  diferencia, por ejemplo, de la lectura. No estimula una facultad
                  indispensable para los niños y terapéutica para los adultos como
                  es la creatividad. Esto es vital porque el ser humano, hecho a
                  imagen y semejanza de dios, ha nacido para crear. La atrofia
                  progresiva de la creatividad humana lleva a una generación de
                  personas adocenadas, sin criterio, despersonalizadas. Hay algunas
                  formas de ocio —la lectura, la música— que cultivan la
                  imaginación. Cuando niños leíamos «El gato con botas», o de
                  adolescentes «Robinson Crusoe», nuestra imaginación caminaba
                  fecunda por senderos que fomentaban la creatividad. Este elemento
                  le falta al televisor. La participación es pasiva. Por ello se
                  habla del «receptor de televisión». En la televisión uno no puede
                  ser actor y espectador a la vez, sólo puede ser espectador. Y
                  éste es uno de los grandes riegos de una sociedad tan
                  imagocéntrica: perder la imaginación creativa.

                  En segundo lugar, la mayoría de los programas tienen un efecto
                  absorbente. Es el estado de anestesia o hipnosis televisiva a la
                  que nos referíamos al principio. Veámoslo con un ejemplo curioso.

                  Si uno de nosotros intenta leer el periódico cuando el televisor
                  está encendido, es muy probable que terminemos cerrando el
                  periódico y mirando el programa. Hay un efecto de atracción, de
                  seducción que capta la atención de la persona. Por ello, muchos
                  encuentran muy difícil apagar el televisor antes de que acabe el
                  programa iniciado. Es un efecto parecido al de la droga: cuanto
                  más la miras, tanto más necesitas seguir mirándola. Me confesaba
                  una distinguida personalidad evangélica, que tuvo que vender su
                  televisor porque era incapaz de controlar el número de horas
                  delante de la pantalla y ello había arruinado su hábito de
                  lectura. «La televisión ha empobrecido mi vida», me comentaba
                  confidencialmente y un poco avergonzado.

                  Este efecto de hipnosis puede llegar a convertir la televisión en
                  una forma de huida, un instrumento para no pensar, un verdadero
                  lavado de cerebro. Ya hemos hablado alguna vez de un fenómeno
                  preocupante: la introducción de aparatos de televisión en los
                  hospitales. La enfermedad es probablemente el último reducto que

                  le queda al hombre de hoy para pensar y para encontrarse consigo
                  mismo. La televisión en los hospitales va a acabar con el más
                  fecundo campo de reflexión que tiene la persona: El sufrimiento y
                  la tribulación. Cuando la distracción anula la reflexión, la
                  persona y la vida se trivializan, haciéndose cada vez más
                  superficiales.

                  En tercer lugar, el problema por excelencia de la televisión es
                  la alteración en la vida familiar. En este aspecto ha venido a
                  ser como un intruso que ha alterado profundamente las formas y
                  hábitos de comunicación dentro de la familia. En una encuesta
                  realizada en los Estados Unidos, se hizo una pregunta a niños
                  entre cuatro y seis años: «¿A quién quieres más, a papá o a la
                  televisión?» La respuesta, profundamente inquietante, fue que el
                  44% de los niños preferían la televisión antes que a su padre.

                  Sus argumentos eran conmovedores: «La televisión siempre está en
                  casa, mientras que papá no está nunca». «Mi televisión está
                  disponible siempre que yo quiero, mientras que mis padres están
                  siempre ocupados». Queremos llamar la atención a un fenómeno
                  particularmente importante: La televisión a la hora de la comida.

                  En las generaciones de nuestros padres y abuelos, los problemas
                  familiares se ventilaban «a la hora de comer». «Ya hablaremos en
                  la comida», era una frase sencilla pero extraordinariamente rica.

                  La comida ofrecía un foro natural donde padres e hijos, esposo y
                  esposa hablaban con espontaneidad de los avatares de la jornada.

                  Hoy en día alrededor de la mesa ya no se habla, sólo se oye la
                  voz del intruso, de la «abuela electrónica» que ha invadido la
                  intimidad familiar. Muchas tensiones podrían aliviarse si el
                  televisor estuviera apagado a la hora de comer. En la intimidad
                  de la consulta no pocos jóvenes me han compartido cuánto odiaban
                  el televisor porque les había robado a sus padres, les había
                  despojado del único momento de comunicación con ellos. Frases
                  parecidas las he escuchado de labios de esposas o esposos con
                  relación a sus cónyuges. ¿Difícil es apagar la televisión durante
                  las comidas? ¿Es que hay miedo de enfrentar con naturalidad los
                  conflictos del día? Nuestra recomendación encarecida, y muy
                  sencilla, es que ninguna familia debería tener la televisión
                  encendida a las horas de las comidas. Es más, el aparato de
                  televisión debería estar ubicado, a ser posible, en otra
                  habitación de la casa. Por desgracia, las reducidas dimensiones
                  de las viviendas actuales no permiten muchas veces esta
                  posibilidad. Pero habría que hacer lo posible por salvaguardar la
                  hora de la comida como momento supremo de comunicación familiar.

                  Un problema relacionado con el anterior es la «guerra de los
                  canales» que se da en las familias. El padre quiere ver un
                  programa, el hijo se enfada porque desea otro, y la madre
                  protesta porque su programa nunca se le respeta. Estas tensiones
                  familiares por la oferta televisiva se han solucionado en Estados
                  Unidos de una manera muy práctica: cada miembro de la familia,
                  incluso los adolescentes, tiene su propio aparato de televisión

                  en el dormitorio. De manera que al silencio durante las comidas
                  se le suma el aislamiento durante el resto de horas en casa. Así,
                  la habitación se convierte en un castillo fortificado que fomenta
                  el individualismo extremista. Los altos niveles de individualismo
                  que caracterizan a nuestra sociedad no son ajenos a la
                  interferencia de la televisión en la vida familiar. ¿Dónde están
                  aquellas reuniones familiares, aquellas tertulias espontáneas
                  pasadas? ¿No será que la televisión está influyendo poderosamente
                  en engendrar familias-pensión?

                  Debemos tomar conciencia, como cristianos, de los peligros hasta
                  aquí expuestos. Preguntémonos con sinceridad: ¿Cuántas horas al
                  día dedico a la televisión? ¿Cómo ha alterado esto mi vida
                  familiar? ¿Me es fácil levantarme y apagar el televisor o me
                  quedo «enganchado» con facilidad? ¿En mi casa es la televisión
                  sólo un mueble o se ha convertido en la tirana de la familia?
                  Todas estas preguntas pueden ser un pequeño examen para valorar
                  si nuestra relación con la televisión es de uso o de abuso.

                  Decíamos que había dos tipos de problemas. Por un lado los
                  relacionados con la cantidad de horas de televisión. Los otros
                  efectos negativos son los derivados del contenido de los
                  programas. La televisión imparte ideología, transmite una manera
                  de ver la vida. La forma de pensar, los valores de la sociedad
                  quedan plasmados en cada película, en cada anuncio publicitario.

                  De ahí el valor estratégico que la televisión puede tener para
                  una comprensión adecuada del mundo que nos rodea. El cristiano no
                  puede cerrar los ojos ante el televisor y decir «esto no me
                  interesa»; por el contrario, ha de abrir bien los ojos para
                  percibir, entender y reflexionar sobre las necesidades de
                  aquellas personas a las que queremos predicar el evangelio. Saber
                  mirar la televisión es casi imprescindible para una
                  evangelización relevante. La respuesta adecuada a la
                  secularización de nuestra sociedad pasa por una percepción
                  profunda de las enfermedades de esta sociedad. Y la televisión es
                  un escaparate formidable de las dolencias sociales de nuestro
                  mundo contemporáneo.

                  Sí, vamos por tanto a mirar la televisión, pero hagámoslo con la
                  mente de Cristo. Cada vez que encendemos nuestro receptor, a los
                  creyentes se nos brinda una oportunidad excelente para comprobar
                  si de veras tenemos esta mente de Cristo. En la práctica, ello
                  requiere saber interpretar la información recibida de acuerdo con
                  los principios morales y los valores del evangelio. En otras
                  palabras, para ver correctamente la televisión el creyente ha de
                  usar unas gafas correctoras, que podríamos llamar la cosmovisión
                  cristiana. No luchemos contra la televisión, luchemos a favor de
                  una cosmovisión cristiana de la vida. Nuestros esfuerzos no han
                  de ir encaminados tanto a reprimir, dejar de ver, como a
                  promover, enseñar a ver. Estas «gafas correctoras» nos permitirán
                  captar los mensajes que hay detrás de cada película, detrás de
                  cada anuncio publicitario o de cada debate. Esta actitud crítica
                  y correctora nos permitirá una transformación de la información.


                  Este es el mensaje básico de Romanos 12:1-2, mensaje que hemos de
                  contextualizar a cada situación práctica de la vida. Ponernos a
                  mirar un programa sin estas «gafas» nos deja expuestos a la
                  influencia mimética, a la manipulación y, en último término, a la
                  secularización.

                  A modo de conclusión podríamos elaborar una breve guía de
                  preguntas prácticas para saber evaluar mejor los programas:

                  - ¿Qué nos dice este programa acerca del dinero, las posesiones
                  materiales, el consumismo y el estilo de vida?

                  - ¿Qué nos dice sobre las relaciones humanas, la deshumanización,
                  la dignidad de toda persona?

                  - ¿Qué nos dice sobre la amistad, el sexo, la pornografía, las
                  relaciones familiares?

                  - ¿Qué nos dice sobre la violencia, la guerra, la paz?

                  - ¿Qué nos dice sobre la mentira, la honestidad, el vocabulario
                  soez y el uso de la lengua?

                  - ¿Qué nos dice sobre la comida y la bebida, el alcohol, la gula?

                  A esta lista cada uno de nosotros podría añadir sus propias
                  reflexiones. Los apóstoles le pidieron al Señor: «Enséñanos a
                  orar» (Lucas 11:1). Quizás nosotros hoy deberíamos pedirle
                  también al Señor: «Enséñanos a mirar la televisión con
                  sabiduría». Dos palabras probablemente resumirían una actitud
                  equilibrada: Dosificar y discernir. Que el Señor nos dé cada día
                  más de su Espíritu para «examinarlo todo y retener lo bueno».

                  El Dr. Pablo Martínez Vila ejerce como médico-psiquiatra en
                  Barcelona desde 1979. Realiza, además, un amplio ministerio como
                  escritor, consejero y conferenciante en España y muchos países de
                  Europa.
                • Pedro Lastra
                  EL NIDO DEL ÁGUILA por Kittim Silva «¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido? Ella habita y mora en la peña, en la cumbre del
                  Mensaje 8 de 9 , 4 may 2000
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                    EL NIDO DEL ÁGUILA

                    por Kittim Silva

                    «¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto
                    su nido? Ella habita y mora en la peña, en la cumbre del
                    peñasco y de la roca» (Job 39:27-28)

                    El águila fabrica su nido en la copa de árboles de gran tamaño, o
                    en rocas de difícil acceso. El nido del águila calva y del águila
                    dorada puede medir más de tres metros de profundidad y cerca de
                    unos dos metros de ancho. El nido más grande que se conoce
                    alcanzó los 6 metros de profundidad y un poco más de 3 de ancho.

                    El águila dorada puede ocupar nidos que hayan construído otras
                    águilas mucho tiempo antes pero continúa renovándolos. Este nido
                    lo comparte con su pareja, con la cual se aparea o une de por
                    vida. En ese nido la pareja provee cuidado, protección y
                    alimentación a los aguiluchos, hasta que éstos alcanzan su
                    autonomía, lo cual implica que tienen que mudarse a otro lugar y
                    construir su propio nido.

                    I. El águila hace su nido alto

                    El águila pertenece a las alturas. Le gusta volar alto y le gusta
                    vivir alto. Las alturas son su delicia, por eso construye su nido
                    en lugares seguros y altos. Además, por ser un ave de gran
                    tamaño, al salir de un nido alto puede tomar altura en su vuelo.

                    El creyente águila no busca refugiarse en las cosas bajas del
                    mundo, sino que se refugia en la peña, que es Cristo. Vive
                    escondido en Jesucristo y refugiado en los lugares celestiales.

                    Se ha alejado de las ofertas bajas del mundo, y ha construido su
                    nido en las promesas divinas.

                    Dice el apóstol Pablo bajo inspiración del Espíritu Santo: «Si,
                    pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba,
                    donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en
                    las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis
                    muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando
                    Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también
                    seréis manifestados con él en gloria» (Col. 3:1-4). La vida
                    espiritual tiene que profundizarse en Dios, tiene que elevarse
                    buscando siempre lo de arriba, no lo de abajo, y elevándose hacia
                    Dios.

                    II. El águila hace su nido permanente

                    Durante toda su vida el águila continúa trabajando en su nido. El
                    águila dorada puede tener 2 ó 3 nidos construidos en diferentes
                    localidades, pero sólo utiliza uno por temporada. Cuando cambia
                    de nido lo hace por razones de supervivencia, es decir, para
                    buscar caza, pero por regla general, el águila construye un solo
                    nido, que cuida, mantiene y renueva. Su nido es muy importante,
                    ya que en él habrán de nacer sus aguiluchos. En ese nido la
                    pareja de águilas cría y alimenta a los aguiluchos. Allí les
                    enseñan a desarrollar sus instintos básicos para poder
                    sobrevivir. Les ofrecen protección, cuidado y los preservan de su
                    medio ambiente, pero cuando ya están fuertes, crecidos y tienen
                    capacidad de sustentarse por sí mismos y con el instinto de
                    conservación ya bien desarrollado, papá águila o mamá águila
                    tienen que tomar la decisión de hacerlos salir.

                    Para que aprendan a volar, sus padres los tendrán que empujar
                    fuera del nido e incluso empujarlos de la peña o de la copa del

                    árbol para provocarlos a volar y a vencer el miedo a las alturas.

                    Dios muchas veces tiene que emplear situaciones especiales para
                    provocar que los creyentes inmaduros desarrollen madurez, que a
                    quienes les falta aplicar su fe la pongan en práctica, que los
                    que tienen temor lo manifiesten.

                    Dice la Biblia: «Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía,
                    sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Ti. 1:7).

                    Los aguiluchos no pueden estar toda la vida en el nido,
                    protegidos por sus padres águilas. Un día tendrán que
                    abandonarlo, pero lo harán con el permiso de los padres.

                    Es peligroso abandonar el nido espiritual antes de tiempo. Muchos
                    creyentes salen del nido de la iglesia local a desarrollar
                    ministerios, sin el permiso espiritual de sus autoridades
                    espirituales. La mayoría de los que así lo hacen, dan ese paso en
                    un espíritu de rebelión. Todo lo que se comienza en espíritu de
                    rebelión, jamás tendrá la bendición que se espera de Dios. Habrá
                    prosperidad por cierto tiempo, pero a la larga se pondrán en
                    evidencia las consecuencias de la rebelión.

                    Bernabé y Saulo salieron del nido de la iglesia de Antioquía con
                    la bendición y con el permiso espiritual: «Había entonces en la
                    iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé,
                    Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se
                    había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando
                    éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a
                    Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces,
                    habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los
                    despidieron» (Hch. 13:1-3).

                    Tomemos nota del proceso de las águilas Bernabé y Saulo, que
                    estaban en el nido de Antioquía: (1) Ministrando éstos al Señor.

                    Todo ministerio debe comenzar en la iglesia local,
                    ministrándosele primero al Señor Jesucristo. Todo lo que se hace,
                    se debe hacer para el Señor. Esta debe ser la motivación de todo
                    ministerio. (2)...dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a
                    Saulo para la obra a que los he llamado. Es por la voz del
                    Espíritu Santo, representante de Jesucristo, que Bernabé y Saulo
                    fueron llamados. Su llamado fue de origen celestial, venía del
                    cielo y no de los impulsos humanos de nadie. (3) Entonces,
                    habiendo ayunando y orando, les impusieron las manos y los
                    despidieron. Salen con el permiso de la iglesia.

                    Las águilas son monógamas, se aparean para toda la vida. Su nido
                    lo comparten de manera permanente con su pareja. En su nido no
                    tienen relaciones con ninguna otra águila.

                    En Hebreos 13:4 leemos: «Honroso sea en todos el matrimonio, y el
                    lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los
                    juzgará Dios». Los creyentes-águilas también son monógamos. Se
                    casan y se toman el uno al otro, como marido y esposa; en salud y
                    en enfermedad, en gozo y en tristeza, en todo lo que la vida da y
                    en todo lo que la vida quita y son verdaderos maridos y esposas
                    hasta que sólo la muerte los puede separar. El amor de águila no
                    cree en divorcios.

                    El gallo tiene ojos para todas las gallinas y las gallinas pelean
                    todas por un mismo gallo. Pero el águila macho y el águila hembra

                    solo tienen ojos para su pareja. Su instinto de apareamiento les
                    lleva a esa unión de por vida.

                    Así como los padres águilas enseñan a los aguiluchos que un día
                    tendrán que depender de sí mismos, los creyentes-águilas aprenden
                    en el nido de la iglesia a no ser siempre dependientes de los
                    demás en su vida espiritual.

                    Hay muchos creyentes que se resisten a transformarse en águilas y
                    actúan como aguiluchos. Pasan la vida en nidos espirituales de
                    otros, donde comen y duermen. Pero ya es tiempo de que se les
                    empuje fuera del nido y se les obligue a volar, a que se
                    conviertan en águilas de Dios.

                    Para el águila su nido es permanente, jamás cambia de nido. Es
                    constante y permanece en el mismo nido. Desde luego, un águila
                    puede encontrar un nido desocupado por años y hasta por siglos, y
                    utilizarlo, pero incluso en ese caso aporta su trabajo y no lo
                    deja en la misma condición en que lo encontró.

                    El águila respeta el nido ajeno. No roba nidos de otra águila. Lo
                    que es de su semejante lo respeta, no lo envidia y menos lo
                    codicia. No se introduce en nidos de otras águilas.

                    El creyente aprende a respetar a su prójimo. Entre sus derechos y
                    los derechos de su hermano hay una frontera que se tiene que
                    cruzar con permiso. No se mete jamás en asuntos de nidos ajenos.
                    Respeta el derecho a la privacidad de otros. Se preocupa por
                    construir su propio nido ministerial y no está codiciando el nido
                    ministerial de otros.

                    Cuando ocupa un nido que ya otro construyó y que quedó
                    desocupado, lo honra con su presencia y repara todo lo que le sea
                    posible.

                    Las posiciones espirituales y los puestos de liderazgo los deben
                    honrar quienes los ejercen. Hay que desempeñarlos, aportando
                    brillo espiritual al ministerio o a la organización que se
                    representa.

                    El águila nunca considera terminada la construcción de su nido.

                    Le añade ramas, palos de escobas, cartones, ropas y lo que menos
                    podría alguien imaginar puede aparecer en el nido de un águila.

                    En ese nido siempre hay algo nuevo cada año.

                    El creyente-águila siempre está renovando su nido espiritual.

                    Siempre se le nota algo nuevo. Nunca cree que ya ha terminado su
                    nido. Su vida espiritual es de progreso y no de retroceso; de
                    avance y no de estancamiento.

                    Dice la Biblia: «Estando persuadido de esto, que el que comenzó
                    en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
                    Jesucristo» (Col. 1:6).

                    III. El águila comparte su nido con pequeñas aves
                    El pájaro oriole de Baltimore en los Estados Unidos de América y
                    el English sparrow, son pequeñas aves que encuentran refugio y
                    habitación en el gigantesco nido del águila. En ese nido que el
                    águila hizo para sí, estas avecillas lo aprovechan sin obstáculos
                    para hacer su pequeño nido.

                    El águila no las saca, ni las ataca. Pacíficamente coexiste y
                    comparte con estos extraños vecinos, indefensos y necesitados. Es
                    muy generosa y altruista hacia su prójimo.

                    El creyente-águila no es egoísta, sino altruista; siempre piensa
                    en el bien ajeno, en ayudar a otros. En su nido, encuentran
                    refugio espiritual vidas necesitadas y desamparadas.

                    Dice la Biblia: «Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los

                    cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos,
                    resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis,
                    dad de gracia» (Mt. 10:7-8).

                    El creyente-águila es un servidor de otros. Lo que tiene lo
                    comparte con los demás. Servir a otros, sin esperar recibir nada
                    a cambio más que la aprobación del Señor Jesucristo, constituye
                    su gozo.

                    Dice la Biblia: «Mas entre vosotros no será, así, sino que el que
                    quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor» (Mt.
                    20:26).

                    ¿Qué clase de nido estamos construyendo como águilas de Dios?
                    ¿Dónde estamos construyendo nuestro nido? ¿De qué tamaño es
                    nuestro nido? ¿Compartimos nuestro nido con otros que tienen
                    necesidad?

                    Kittim Silva es un destacado evangelista. Presidente de Radio
                    Visión Cristiana Internacional y Pastor de la Iglesia Pentecostal
                    de Jesucristo de Queens, Nueva York.

                    Tomado del libro EL ÁGUILA por Kittim Silva. Publicado por
                    Editorial Portavoz, usado con permiso.
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