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VICTORIA SOBRE LA TENTACIÓN 14

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    LA PAZ JORGE CAPÍTULO CATORCE LA CÓLERA Yo pierdo los estribos pero se me pasa enseguida , dijo el estudiante. Así sucede con la bomba de hidrógeno ,
    Mensaje 1 de 1 , 7 oct 2009
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      LA PAZ

      JORGE

       

      CAPÍTULO CATORCE

       

      LA CÓLERA

       

      "Yo pierdo los estribos pero se me pasa enseguida", dijo el estudiante. "Así sucede con la bomba de hidrógeno", repliqué. "Pero ¿piensa en el daño que causa!"

                                                                                                                                                                                                                                                                                    GEORGE SWEETING

       

      ¿Qué es lo que realmente te encoleriza? No hace mucho yo salía del centro comercial donde compramos y vi a un hombre maltratando de palabra a su hijo de siete años. Su tímida esposa, con un  bebé cargado, miraba con el rostro congelado de miedo. De repente, sin avisar, el padre levantó el brazo y golpeó al hijo en la cara.

       

      El niño comenzó a llorar, la madre se puso histérica y yo me sonrojé de ira ante la injusticia hasta que pensé que las venas de mi cuello iban a estallar. Nada me indigna más que ver a un  padre pegarle a su hijo con el puño cerrado.

       

      ¿Cómo contestas la pregunta: "¿Qué te encoleriza?" Me pregunto si, como yo, pensaste en una ocasión en que la justa ira hirvió dentro de ti, o si a tu mente vino la imagen de un momento en que estuviste enojado porque no te pudiste salirte con la tuya.

       

      La cólera vive tras las puertas cerradas de la mayoría de nuestros hogares. Personalmente, jamás he perdido los estribos en la oficina. No desearía nunca que mis colegas pensaran que yo no podría controlarme. Pero raramente pasa una semana en la cual las chispas de la vida familiar no proporcionen buena leña para un devorador incendio de ira.

       

      Al final de un largo y duro día de trabajo cuando levantas el puente elevadizo de tu castillo privado, tu familia tiene que vivir con quien eres en realidad.

       

      Las palabras coléricas son como flechas disparadas desde el arco de un arquero: imposible hacerlas retroceder. Como las flechas del arquero, nuestras palabras airadas perforan como una hoja afilada, despedazando el corazón de su blanco.

       

      Cuando la cólera perfora el corazón del hogar, la sangre de la vida de nuestra familia empieza a derramarse.

       

      Siete razones para la cólera se despiertan en nuestra naturaleza pecadora y obstaculizan nuestros esfuerzos de vivir por el Espíritu.

       

      1.- Violación de derechos. Todo el mundo considera que tiene ciertos derechos.

      Sentimos que tenemos derechos: como trato cortés, libertades constitucionales, el derecho a ganarnos la vida y criar una familia como creamos conveniente. Cuando se violan nuestros derechos, nos encolerizamos. Proverbios 19:11 nos dice: "La discreción del hombre le hace lento para la ira y su gloria es pasar por alto una ofensa".

       

           2.- Desengaño por su posición en la vida. Muchas personas se amargan con una cólera sorda cuando

               empiezan a sospechar que su "ostra" no tiene la perla que ellos deseaban.

              Para otros, Proverbios 19:3 deja las cosas claras: "La insensatez del hombre pervierte su camino,

             y su corazón  se irrita contra el SEÑOR". Si no estamos contentos con lo que tenemos, el asunto no

              es conseguir más, si no aprender a contentarnos con nuestras circunstancias.

       

          3.- Objetivos bloqueados. El fijarnos y conseguir objetivos realísticos puede ser una gran fuente de   

               satisfacción personal. Cuando se nos bloquea la consecución de nuestros objetivos, sea por una 

               buena causa o no, frecuentemente reaccionamos con ira.

               El Salmo 37:5-8 nos da la mejor fórmula para fijar objetivos y reaccionar cuando quedan bloqueados:
              "
      Encomienda al SEÑOR tu camino, confía en ÉL, que ÉL actuará; hará resplandecer tu justicia como la

               luz, y tu derecho como el medio día. Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia; no te

              irrites a cause del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la

               ira y abandona el furor; no te irrites, solo harías lo malo".

       

        4.-  Irritaciones. Las pequeñas irritaciones de la vida con frecuencia parecen pesar más sobre nosotros

             que nuestros verdaderos dilemas.

              Nada me resulta más irritante que una camisa pegajosa en un caluroso día de verano. En un

              momento las gotas de sudor te corren por la cara, y la camisa se te empapa en minutos.

             Eclesiastés 7:9 te exhorta: "No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo se anida en el

             Seno de los necios".

       

       5.- Sentirse incomprendido. Cuando me siento herido en mis sentimientos, y comienza a hervir la ira

            dentro de mí, tengo que confesar que no es la otra persona la que me encoleriza, sino que solo está

            revelando el enojo que ya estaba ahí, asechando debajo de la superficie de mis pensamientos

           concientes.

           El celebrar una "orgía de autocompasión" y encolerizarnos, no nos ayuda a resolver la incomprensión.

           Benjamín Franklin comentó: "La cólera nunca aparece sin razón pero rara vez con una buena".

       

      6.- Expectativas irreales. Yo espero que los extraños queden mal conmigo. Pero cuando mis

          amigos cristianos lo hacen, puedo ponerme muy incómodo. El problema es que a menudo fijo

          expectativas irrealmente altas para mis amigos y mi familia. ¡Tendrían que ser perfectos

          para vivir de acuerdo a algunas de mis expectativas!

          Con frecuencia no dejamos suficiente "margen de holgura" en lo que esperamos de nuestros seres

           queridos. "Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia así como toda

          malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos perdonándoos unos a otros, así como

          también DIOS os perdonó en CRISTO" (Efesios 4:31-32)

       

      7.- Patológico – psicológico. Hay ocasiones en que un hombre tendrá un  problema con la ira debido a

          una enfermedad o desorden emocional. Un hombre de quien abusaron cuando era niño tiene una mayor

          probabilidad de tener el mismo problema de cólera que su propio padre.

        

       

      Francamente, la mayor parte de nuestro enojo termina como pecado. Las siete razones para la ira que acabamos de revisar tienen dos características comunes: egoísmo e impaciencia. Somos tan felices cono alondras cuando la gente está de acuerdo con nosotros, nos dejan salirnos con la nuestra y nos dan lo que queremos.

       

      Cuando presenciamos una injusticia contra otra persona, una cólera controlada, enfocada – justa indignación – puede obrar a favor de un resultado positivo. La injusticia consume a los hombres rectos con una pasión por corregir los males que han percibido.

       

      La traición de un amigo, cuando se ha hecho con malicia, es una justa causa de cólera. Un secreto contado en confianza que es traicionado parece suficiente razón para encolerizarse.

       

      "El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime" (Proverbios 29:11). "Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad" (Proverbios 16:32)

       

      "El hombre pronto a la ira obra neciamente" (Proverbios 14:17) Cuando nos encolerizamos, corremos el riesgo de hacer muchas tonterías.

       

      Nuestra ira tiene sus propias consecuencias. "El hombre de gran ira llevará el castigo, porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo" (Proverbios 19:19)

       

      Otro resultado de nuestra ira se relaciona con la salud. Los médicos estiman que la tensión emocional provoca más de 60% de todas las enfermedades.

       

      Por lo regular, la ira se abre paso hasta llegar al pecado. "Mis amados hermanos … que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira, pues la ira del hombre no obra la justicia de DIOS" (Santiago 1:19-20). Cuando somos pacientes hay paz, pero cuando estamos enojados encendemos la ira de los demás.

       

      La mejor guía para la cólera se encuentra en Efesios 4:26-27,

       

      "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo". En este pasaje encontramos tres poquitos de sabiduría: Primero, contrólate y no peques en tu cólera. Segundo, nunca te vayas a la cama airado. Debemos ir de rodillas, perdonar y pedir perdón. Tercero, cuando sentimos ira, está en riesgo nuestro dominio propio. Nunca dejes que el sol se ponga y permanezcas enojado. Es entonces cuando la cólera se convierte en pecado.

       

      He aquí algunas guías bíblicas de cómo reaccionar a la tentación de pecar en tu ira.

       

      • Mantener el control. "El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime" (Proverbios 29:11).
      • Pasar por alto las ofensas. "La discreción del hombre le hace lento para la ira, y su gloria es pasar por alto una ofensa" (Proverbios 19:11).
      • Evitar los hombres coléricos. "No te asocies con el hombre iracundo, ni andes con el hombre violento, no sea que aprendas sus maneras, y tiendas lazo para tu vida" (Proverbios 22:24-25).
      • Aplaca la ira. "La suave respuesta aparta el furor, más la palabra hiriente hace subir la ira" (Proverbios 15:1).

       

       

      ¡Eres tú un hombre iracundo? ¿Te has estado convenciendo de que eres un tipo muy bueno porque en la oficina todo el mundo te quiere? Recuerda: Tú eres en realidad tal como te comportas detrás de las puertas cerradas de tu castillo privado. Ese es el hombre que, junto conmigo, debe releer este capítulo.

       

      Si eres un hombre iracundo y te gustaría vencer tu pecado de cólera, saca aparte las razones para tu ira de la lista de siete razones para la cólera que dimos al principio del capítulo. Pídele a DIOS que te revele la profundidad de tu pecado en el área de la cólera. Pídele a ÉL que te perdone por tu pecado de ira y te cambie en un hombre paciente y sin egoísmo.

       

      Finalmente, vea a esos a quienes has lastimado con tu cólera y pídeles perdón.

       

                                                                                                    PATRICK MORLEY

       

      Que DIOS les bendiga, JORGE.

       

       

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