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laudes,visperas y completas del 2 de Mayo de 2008

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  • josefina fuensanta jimenez laguna
    2 MAYO DE 2008 Viernes. Segunda semana MEMORIA OBLIGATORIA SAN ATANASIO, obispo y doctor (295-373). Obispo de Alejandría. Luchó contra los arrianos. Notable
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      2 MAYO DE 2008
      Viernes. Segunda semana
      MEMORIA OBLIGATORIA
      SAN ATANASIO,
      obispo y doctor
      (295-373). Obispo de Alejandría. Luchó contra los arrianos. Notable apologeta.
      Invitatorio
      Introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana.
      V/. Señor, ábreme los labios.
      R/. Y mi boca proclamará tu alabanza.
      Antífona: Venid, adoremos a Cristo, pastor supremo. Aleluya
      Salmo 99
      Alegría de los que entran en el templo
      El Señor manda que los redimidos
      entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
      Aclama al Señor, tierra entera,
      servid al Señor con alegría,
      entrad en su presencia con vítores.
      Sabed que el Señor es Dios:
      que él nos hizo y somos suyos,
      su pueblo y ovejas de su rebaño.
      Entrad por sus puertas con acción de gracias,
      por sus atrios con himnos,
      dándole gracias y bendiciendo su nombre:
      «El Señor es bueno,
      su misericordia es eterna,
      su fidelidad por todas las edades.»
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona: Venid, adoremos a Cristo, pastor supremo. Aleluya
      Laudes
      (del común de pastores)
      HIMNO
      Cristo, cabeza, rey de los pastores,
      el pueblo entero, madrugando a fiesta,
      canta a la gloria de tu sacerdote
      himnos sagrados.
      Con abundancia de sagrado crisma,
      la unción profunda de tu Santo Espíritu
      le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
      jefe de tu pueblo.
      Él fue pastor y forma del rebaño,
      luz para el ciego, báculo del pobre,
      padre común, presencia providente,
      todo de todos.
      Tú que coronas sus merecimientos,
      danos la gracia de imitar su vida,
      y al fin, sumisos a su magisterio,
      danos su gloria. Amén.
      SALMODIA
      Antífona 1: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados. Aleluya.
      Salmo 50
      Misericordia, Dios mío
      Renovaos en la mente y en el espíritu
      y vestíos de la nueva condición humana.
      (Ef 4,23-24)
      Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
      por tu inmensa compasión borra mi culpa;
      lava del todo mi delito,
      limpia mi pecado.
      Pues yo reconozco mi culpa,
      tengo siempre presente mi pecado:
      contra ti, contra ti solo pequé,
      cometí la maldad que aborreces.
      En la sentencia tendrás razón,
      en el juicio resultarás inocente.
      Mira, en la culpa nací,
      pecador me concibió mi madre.
      Te gusta un corazón sincero,
      y en mi interior me inculcas sabiduría.
      Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
      lávame: quedaré más blanco que la nieve.
      Hazme oír el gozo y la alegría,
      que se alegren los huesos quebrantados.
      Aparta de mi pecado tu vista,
      borra en mí toda culpa.
      Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
      renuévame por dentro con espíritu firme;
      no me arrojes lejos de tu rostro,
      no me quites tu santo espíritu.
      Devuélveme la alegría de tu salvación,
      afiánzame con espíritu generoso:
      enseñaré a los malvados tus caminos,
      los pecadores volverán a ti.
      Líbrame de la sangre, oh Dios,
      Dios, Salvador mío,
      y cantará mi lengua tu justicia.
      Señor me abrirás los labios,
      y mi boca proclamará tu alabanza.
      Los sacrificios no te satisfacen:
      si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
      Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
      un corazón quebrantado y humillado,
      tú no lo desprecias.
      Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
      reconstruye las murallas de Jerusalén:
      entonces aceptarás los sacrificios rituales,
      ofrendas y holocaustos,
      sobre tu altar se inmolarán novillos.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona 1: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados. Aleluya.
      Antífona 2: Tú, Señor, has salido con Cristo a salvar a tu pueblo. Aleluya.
      Cántico, Ha 3,2-4.13a.15-19
      Justicia de Dios
      Levantaos, alzad la cabeza:
      se acerca vuestra liberación. (Lc 21,28)
      Señor, he oído tu fama,
      me ha impresionado tu obra.
      En medio de los años, realízala;
      en medio de los años, manifiéstala;
      en el terremoto, acuérdate de la misericordia.
      El Señor viene de Temán;
      el Santo, del monte Farán:
      su resplandor eclipsa el cielo,
      la tierra se llena de su alabanza;
      su brillo es como el día,
      su mano destella velando su poder.
      Sales a salvar a tu pueblo,
      a salvar a tu ungido;
      pisas el mar con tus caballos,
      revolviendo las aguas del océano.
      Lo escuché y temblaron mis entrañas,
      al oírlo se estremecieron mis labios;
      me entró un escalofrío por los huesos,
      vacilaban mis piernas al andar;
      gimo ante el día de angustia
      que sobreviene al pueblo que nos oprime.
      Aunque la higuera no echa yemas
      y las viñas no tienen fruto,
      aunque el olivo olvida su aceituna
      y los campos no dan cosechas,
      aunque se acaban las ovejas del redil
      y no quedan vacas en el establo,
      yo exultaré con el Señor,
      me gloriaré en Dios, mi salvador.
      El Señor soberano es mi fuerza,
      él me da piernas de gacela
      y me hace caminar por las alturas.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona 2: Tú, Señor, has salido con Cristo a salvar a tu pueblo. Aleluya.
      Antífona 3: Alaba a tu Dios, Sión, que ha puesto paz en tus fronteras. Aleluya.
      Salmo 147,12-20
      Acción de gracias por larestauración de Jerusalén
      Ven acá, voy a mostrarte a la novia,
      a la esposa del Cordero (Ap 21,9)
      Glorifica al Señor, Jerusalén;
      + alaba a tu Dios, Sión:
      que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
      y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
      ha puesto paz en tus fronteras,
      te sacia con flor de harina.
      Él envía su mensaje a la tierra,
      y su palabra corre veloz;
      manda la nieve como lana,
      esparce la escarcha como ceniza;
      hace caer el hielo como migajas
      y con el frío congela las aguas;
      envía una orden, y se derriten;
      sopla su aliento, y corren.
      Anuncia su palabra a Jacob,
      sus decretos y mandatos a Israel;
      con ninguna nación obró así,
      ni les dio a conocer sus mandatos.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona 3: Alaba a tu Dios, Sión, que ha puesto paz en tus fronteras. Aleluya.
      LECTURA BREVE
      Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas. (Hb 13, 7-9a)
      RESPONSORIO BREVE
      V/. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.
      R/. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.
      V/. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
      R/. Aleluya, aleluya.
      V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
      R/. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.
      Benedictus, ant.: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Aleluya.
      Benedictus, Lc 1 68-79
      E Mesías y su precursor
      Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
      porque ha visitado y redimido a su pueblo,
      suscitándonos una fuerza de salvación
      en la casa de David, su siervo,
      según lo había predicho desde antiguo
      por boca de sus santos profetas.
      Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
      y de la mano de todos los que nos odian;
      realizando la misericordia
      que tuvo con nuestros padres,
      recordando su santa alianza
      y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
      Para concedernos que, libres de temor,
      arrancados de la mano de los enemigos, ,
      l
      le sirvamos con santidad y justicia,
      en su presencia, todos nuestros días.
      Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
      porque irás delante del Señor
      a preparar sus caminos,
      anunciando a su pueblo la salvación,
      el perdón de sus pecados.
      Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
      nos visitará el sol que nace de lo alto,
      para iluminar a los que viven en tinieblas
      y en sombra de muerte,
      para guiar nuestros pasos
      por el camino de la paz.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Benedictus, ant.: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Aleluya.
      PRECES
      Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor, que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle, diciendo:
      Apacienta a tu pueblo, Señor.
      Señor Jesucristo, que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
      — haz que por ellos continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
      Señor Jesucristo, que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu rebaño,
      —
      no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
      Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
      —haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa
      Señor Jesucristo, que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
      —haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
      Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
      Padre nuestro, que estás en el cielo,
      santificado sea tu Nombre;
      venga a nosotros tu reino;
      hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
      Danos hoy nuestro pan de cada día;
      perdona nuestras ofensas,
      como también nosotros perdonamos
      a los que nos ofenden;
      no nos dejes caer en la tentación,
      y líbranos del mal.
      Oración
      Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de tu obispo san Atanasio un preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, concédenos, en tu bondad, que, fortalecidos con su doctrina y protección, te conozcamos y te amemos cada vez más plenamente.
      —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
      R/. Amén.
      CONCLUSIÓN
      Por ministro ordenado:
      V/. El Señor esté con vosotros.
      R/. Y con tu espíritu.
      V/. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
      R/. Amén.
      Si se despide a la asamblea, se añade:
      V/. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.
      R/. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.
      Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
      V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
      R/. Amén.
      Vísperas
      (del común de Pastores)
      V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
      R/. Señor, date prisa en socorrerme.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
      HIMNO
      Cantemos al señor con alegría
      unidos a la voz del pastor santo; demos gracias a Dios, que es luz y guía, solícito pastor de su rebaño. Es su voz y su amor el que nos llama en la voz del pastor que él ha elegido, es su amor infinito el que nos ama en la entrega y amor de este otro cristo. Conociendo en la fe su fiel presencia, hambrientos de verdad y luz divina, sigamos al pastor que es providencia de pastos abundantes que son vida. Apacienta, Señor, guarda a tus hijos, manda siempre a tu mies trabajadores; cada aurora, a la puerta del aprisco, nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.
      SALMODIA
      Antífona 1: El Señor ha salvado mi vida de los lazos del abismo. Aleluya.
      Salmo 114,1-9
      Acción de gracias
      Hay que pasar mucho para entrar
      en el reino de Dios. (Hch 14,22)
      Amo al Señor, porque escucha
      mi voz suplicante,
      porque inclina su oído hacia mí
      el día que lo invoco.
      Me envolvían redes de muerte,
      me alcanzaron los lazos del abismo,
      caí en tristeza y angustia.
      Invoqué el nombre del Señor:
      «Señor, salva mi vida.»
      El Señor es benigno y justo,
      nuestro Dios es compasivo;
      el Señor guarda a los sencillos:
      estando yo sin fuerzas, me salvó.
      Alma mía, recobra tu calma,
      que el Señor fue bueno contigo:
      arrancó mi alma de la muerte,
      mis ojos de las lágrimas,
      mis pies de la caída.
      Caminaré en presencia del Señor
      en el país de la vida.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona 1: El Señor ha salvado mi vida de los lazos del abismo. Aleluya.
      Antífona 2: El Señor guarda a su pueblo como a las niñas de sus ojos. Aleluya.
      Salmo 120
      El guardián del pueblo
      Ya no pasarán hambre ni sed, no les
      hará daño el sol ni el bochorno. (Ap 7,16)
      Levanto mis ojos a los montes:
      ¿de dónde me vendrá el auxilio?
      El auxilio me viene del Señor,
      que hizo el cielo y la tierra.
      No permitirá que resbale tu pie,
      tu guardián no duerme;
      no duerme ni reposa
      el guardián de Israel.
      El Señor te guarda a su sombra,
      está a tu derecha;
      de día el sol no te hará daño,
      ni la luna de noche.
      El Señor te guarda de todo mal,
      él guarda tu alma;
      el Señor guarda tus entradas y salidas,
      ahora y por siempre.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona 2: El Señor guarda a su pueblo como a las niñas de sus ojos. Aleluya.
      Antífona 3: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.
      Cántico Ap 15,3-4
      Himno de adoración
      Grandes y maravillosas son tus obras,
      Señor, Dios omnipotente,
      justos y verdaderos tus caminos,
      ¡oh Rey de los siglos!
      ¿Quién no temerá, Señor,
      y glorificará tu nombre?
      Porque tú solo eres santo,
      porque vendrán todas las naciones
      y se postrarán en tu acatamiento,
      porque tus juicios se hicieron manifiestos.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona 3: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.
      LECTURA BREVE
      A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. (1P 5, 1-4)
      RESPONSORIO BREVE
      V/. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. Aleluya, aleluya.
      R/. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. Aleluya, aleluya.
      V/. El que entregó su vida por sus hermanos.
      R/. Aleluya, aleluya.
      V/. Gloria al Padre, al Hijo y al espíritu Santo.
      R/. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. Aleluya, aleluya.
      Magníficat, ant.: Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas. Aleluya.
      Magníficat, Lc 1, 46-55
      Aegría del alma en el Señor
      Proclama mi alma la grandeza del Señor,
      se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
      porque ha mirado la humillación de su esclava.
      Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
      l
      porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
      su nombre es santo,
      y su misericordia llega a sus fieles
      de generación en generación.
      Él hace proezas con su brazo:
      dispersa a los soberbios de corazón,
      derriba del trono a los poderosos
      y enaltece a los humildes,
      a los hambrientos los colma de bienes
      y a los ricos los despide vacíos.
      Auxilia a Israel, su siervo,
      acordándose de la misericordia
      —como lo había prometido a nuestros padres—
      en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Magníficat, ant.: Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas. Aleluya.
      PRECES
      Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:
      Salva a tu pueblo, Señor.
      Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
      — haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.
      Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
      — santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.
      Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
      — llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.
      Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores,
      — no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.
      Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
      — salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
      Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
      Padre nuestro, que estás en el cielo,
      santificado sea tu Nombre;
      venga a nosotros tu reino;
      hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
      Danos hoy nuestro pan de cada día;
      perdona nuestras ofensas,
      como también nosotros perdonamos
      a los que nos ofenden;
      no nos dejes caer en la tentación,
      y líbranos del mal.
      Oración
      Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de tu obispo san Atanasio un preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, concédenos, en tu bondad, que, fortalecidos con su doctrina y protección, te conozcamos y te amemos cada vez más plenamente.
      —Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
      R/. Amén.
      CONCLUSIÓN
      Por ministro ordenado:
      V/. El Señor esté con vosotros.
      R/. Y con tu espíritu.
      V/. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
      R/. Amén.
      Si se despide a la asamblea, se añade:
      V/. Podéis ir en paz. Aleluya, aleluya.
      R/. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.
      Si no es ministro ordenado y en la recitación individual:
      V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
      R/. Amén.
      Completas
      (Vi.)
      V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
      R/. Señor, date prisa en socorrerme.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
      EXAMEN DE CONCIENCIA
      Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos humildemente nuestros pecados.
      Tras el silencio se continúa con una de las siguientes fórmulas:
      1ª.-
      Yo confieso ante Dios Todopoderoso
      y ante vosotros, hermanos,
      que he pecado mucho
      de pensamiento, palabra, obra y omisión.
      Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
      Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
      a los ángeles, a los santos
      y a vosotros, hermanos,
      que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
      2ª.-
      V/. Señor, ten misericordia de nosotros.
      R/. Porque hemos pecado contra ti.
      V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
      R/. Y danos tu salvación.
      3ª.-
      V/. Tú que has sido enviado a sanar los corazones afligidos:
      Señor, ten piedad.
      R/. Señor, ten piedad.
      V/. Tú que has venido a llamar a los pecadores:
      Cristo, ten piedad.
      R/. Cristo, ten piedad.
      V/. Tú que estás sentado a la derecha del Padre
      para interceder por nosotros: Señor, ten piedad.
      R/. Señor, ten piedad.
      Se concluye diciendo:
      V/. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
      R/. Amén.
      HIMNO
      Antes de cerrar los ojos,
      los labios y el corazón,
      al final de la jornada,
      ¡buenas noches!, Padre Dios.
      Gracias por todas las gracias
      que nos ha dado tu amor;
      si muchas son nuestras deudas,
      infinito es tu perdón.
      Mañana te serviremos,
      en tu presencia mejor.
      A la sombra de tus alas,
      Padre nuestro, abríganos.
      Quédate junto a nosotros
      y danos tu bendición.
      Antes de cerrar los ojos,
      los labios y el corazón,
      al final de la jornada,
      ¡buenas noches!, Padre Dios.
      Gloria al Padre omnipotente,
      gloria al Hijo Redentor,
      gloria al Espíritu Santo:
      tres Personas, sólo un Dios. Amén.
      SALMODIA
      Antífona: Aleluya, aleluya, aleluya.
      Salmo 87
      Oración de un hombre gravemente enfermo
      Ésta es vuestra hora:
      la del poder de las tinieblas.
      (Lc 22,53)
      Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
      de noche grito en tu presencia;
      + llegue hasta ti mi súplica,
      inclina tu oído a mi clamor.
      Porque mi alma está colmada de desdichas,
      y mi vida está al borde del abismo;
      ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
      soy como un inválido.
      Tengo mi cama entre los muertos,
      como los caídos que yacen en el sepulcro,
      de los cuales ya no guardas memoria,
      porque fueron arrancados de tu mano.
      Me has colocado en lo hondo de la fosa,
      en las tinieblas del fondo;
      tu cólera pesa sobre mí,
      me echas encima todas tus olas.
      Has alejado de mí a mis conocidos,
      me has hecho repugnante para ellos:
      encerrado, no puedo salir,
      y los ojos se me nublan de pesar.
      Todo el día te estoy invocando,
      tendiendo las manos hacia ti.
      ¿Harás tú maravillas por los muertos?
      ¿Se alzarán las sombras para darte gracias?
      ¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
      o tu fidelidad en el reino de la muerte?
      ¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
      o tu justicia en el país del olvido?
      Pero yo te pido auxilio,
      por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
      ¿Por qué, Señor, me rechazas
      y me escondes tu rostro?
      Desde niño fui desgraciado y enfermo,
      me doblo bajo el peso de tus terrores,
      pasó sobre mí tu incendio,
      tus espantos me han consumido:
      me rodean como las aguas todo el día,
      me envuelven todos a una;
      alejaste de mí amigos y compañeros:
      mi compañía son las tinieblas.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona: Aleluya, aleluya, aleluya.
      LECTURA BREVE
      Tú estás en medio de nosotros, Señor; tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor, Dios nuestro. (Jr 14,9)
      RESPONSORIO BREVE
      V/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
      R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
      V/. Tú, el Dios leal, nos librarás.
      R/. Aleluya, aleluya.
      V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
      R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya, aleluya.
      CÁNTICO EVANGÉLICO
      Antífona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
      Nunc dimittis, Lc 2, 29-32
      Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel
      Ahora, Señor, según tu promesa,
      puedes dejar a tu siervo irse en paz.
      Porque mis ojos han visto a tu Salvador.
      a quien has presentado ante todos los pueblos:
      luz para alumbrar a las naciones
      y gloria de tu pueblo Israel.
      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
      Como era en el principio, ahora y siempre,
      por los siglos de los siglos. Amén.
      Antífona: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
      V./ Oremos:
      Oración
      Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.
      R/. Amén.
      El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa.
      Antífona final a la Santísima Virgen María
      Reina del cielo, alégrate, aleluya,
      porque el Señor,
      a quien has merecido llevar, aleluya,
      ha resucitado, según su palabra, aleluya.
      Ruega al Señor por nosotros, aleluya.



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