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9002El Sendero del Neófito - El Ri tual del Equinoccio de Primavera

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  • Edgardo Ceol
    19 jun



      Capítulo XIII

      El Sendero del Neófito
      El Ritual del Equinoccio de Primavera

      El Festival de la muerte y resurrección del humano divino, o "Hijo de Dios",
      ha sido escudriñado hasta la más temprana civilización. En todas estas antiguas
      civilizaciones, el Equinoccio de Primavera era visto como el festival más importante del año; no obstante, con el aumento del conocimiento, las estériles estaciones del otoño tardío y el invierno, también llegaron a ser apreciadas por la holganza que estas brindaban, la cual invitaba al alma a la meditación. Así, en los largos días invernales del lejano Norte, en un casi perpetuo crepúsculo, los bardos cantaron los cantos de los Misterios que perpetuaron la ciencia de los dioses antiguos. Pero los Ritos también persistieron hasta los tiempos
      cristianos, muy ligados a la vida humana como estos eran, y de éstos, los Ritos de Primavera fueron especialmente Sacros.

      El nombre del Dios resucitado variaba de clima en clima, pero el dios era el
      mismo. En Egipto, el Festival honraba la resurrección de Osiris; en Babilonia era Adonis; en Sumeria, Tammuz. Los Misterios Menores en Eleusis, Grecia, eran celebrados en marzo con una procesión de antorchas, simbolizando el regreso de la luz luego de la oscuridad del invierno.

      Aún en fecha tan tardía como el siglo segundo después de Cristo, en Roma, la
      muerte y resurrección de Attis era presentada en un drama durante el mes de marzo, cerca del Equinoccio Vernal. el día 24 de ese mes era el Día del lamento. El siguiente día era uno de regocijo por el dios resucitado. En Tracia, la tierra del culto a Dionisio, el Festival de la muerte y resurrección era también celebrado en el Equinoccio de Primavera, cuando el retornado dios era desposado a una esposa nueva, lo cual simbolizaba la unión entre el cielo y
      la tierra para la renovación de la vida.

      Aunque estos Ritos Primaverales sólo atraían la atención de las multitudes, el
      Neófito veía en los Misterios más allá de los Ritos, las Verdades que aquellos ilustraban. Para éste, significaban no solamente la renovación del año y su ciclo físico de producción, sino además la resurrección del alma inmortal de la muerte del cuerpo, tanto en la muerte simbólica de la personalidad inferior en el momento iniciático del Yo Superior, el Espíritu del Hombre – llamado hombre primario u hombre arquetípico – como un "Hijo de Dios". Un antiguo Ritual de los Vedas dice: "Aquél es el sol y la Verdad en su fuego".

      Todo Neófito debe pasar en su momento por el ceremonial de la tumba para
      ;llegar a ser Discípulo del Sendero Iluminado. Debe aprender a descorrer la piedra que cubre la tumba de las limitaciones de los sentidos y lo personal y salir a la luz de su propia mañana de Resurrección para ser alabado por los Ángeles cantando el más dulce de todos los himnos pascuales: "Ya no está aquí, Resucitó de entre los muertos".

      Habiendo salido de la tumba y colocado para la lucha bajo la gloria de su
      propia elevación o Consciencia Crística, el Neófito– que se ha convertido en Discípulo – se encuentra a sí mismo en sintonía con las tremendas fuerzas vivificantes que son derramadas sobre el mundo en la época del Sacro Festival; y él, al igual que su Maestro, el Cristo, sale a realizar el formidable trabajo de sanación. Entonces, en el Nombre de Cristo, él canta: "Venid y sed santos, como yo lo Soy".


      del libro "Portales Estelares"