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La palabra: prudencia

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  • David Antonio
    La palabra Alexis Márquez Rodríguez PRUDENCIA Parecido al significado de la palabra discreción, de que hablé la semana pasada, el de la palabra prudencia
    Mensaje 1 de 1 , 12 oct 2003
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      La palabra

      Alexis Márquez Rodríguez

      PRUDENCIA

      Parecido al significado de la palabra discreción, de que hablé la
      semana pasada, el de la palabra prudencia hace pareja con aquél. Se
      trata, en efecto, de una virtud también muy estimada y necesaria en
      numerosas ocasiones, no obstante lo cual es poco frecuente, y se
      echa mucho de menos en determinados casos.

      Desde el punto de vista religioso la prudencia es, incluso, de mayor
      jerarquía que la discreción, pues según la doctrina católica aquella
      es una de las cuatro virtudes cardinales, junto con la justicia, la
      fortaleza y la templanza. Lo cual no quiere decir que sólo atañen a
      los católicos, pues son virtudes necesarias para todo tipo de
      personas, incluso los creyentes de otras religiones, y aun para los
      que no creen en nada, agnósticos o ateos.

      Pero la prudencia es algo más que eso. El DRAE la define de la
      siguiente manera: "Una de las cuatro virtudes cardinales, que
      consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para
      seguirlo o huir de ello. || 2. Templanza, cautela, moderación. || 3.
      Sensatez, buen juicio".

      Un diccionario excelente y muy moderno, como es el Diccionario de
      uso del español de América y España VOX, da una definición muy
      cónsona con el uso actual de la palabra prudencia: "Capacidad de
      pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los
      riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la
      conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios".

      Julio Casares, a su vez, en su Diccionario ideológico de la lengua
      española identifica la prudencia con la cordura.

      Es muy importante no confundir las prudencia con la cobardía, ni
      siquiera con la vacilación. Antes bien, la prudencia puede ser
      indicio de valentía, cuando esta no va acompañada de la ofuscación o
      de la temeridad, que podrían anular los efectos positivos de la
      valentía, y convertirla en arrogancia o bravuconería. Y el que una
      persona vacile ante lo que debe hacer no siempre, mejor, casi nunca
      debe tomarse por prudencia, sino por inseguridad o desconcierto.
      Sobra decir que la prudencia es necesaria en cualquier actividad que
      se realice: en la economía, en la religión, en la medicina, en la
      administración de justicia, en el deporte, en la docencia, en la
      actividad legislativa, en los actos de la vida cotidiana, en la
      políticaŠ; particularmente, dentro de esta, en la conducción del
      Gobierno y del Estado, tato en lo interior, como en las relaciones
      internacionales, de suyo en extremo delicadas. Nada puede hacer más
      daño a un país, a una gestión de gobierno, a la construcción y
      conducción de un nuevo sistema político y social que la imprudencia
      y la falta de cordura de sus líderes y conductores.

      En la historia ha habido personajes señalados particularmente por su
      prudencia. En España, el rey Felipe II fue llamado El Prudente. Y
      uno de los héroes de La Ilíada, de Homero, se menciona en el famoso
      poema como el prudente Néstor, porque era el más viejo y el más
      sabio de los héroes de la Guerra de Troya. Aunque es de advertir
      que, si bien la prudencia suele atribuirse a los muchos años
      vividos, no siempre es así, y sobran los ejemplos de hombres y
      mujeres maduros, y aun viejos, que se destacan por su imprudencia en
      todos los órdenes de la vida.

      El sustantivo prudencia viene del latino prudentia.

      grealemar@...
      alemar@...
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